La carga del ‘New York Times’ – Uri Avnery

El escritor y activista israelí (fundador de Gush Shalom, una de las ONGs calificadas recientemente como “terrorista” por el gobierno fascista de Lieberman y Netanyahu) escribe sobre la Flotilla, la Flytilla, la ley anti-boicot, Grecia, Estados Unidos, el New York Times y el creciente malestar interno y externo hacia las políticas de Israel.

Adivinanza: ¿Qué flota no llegó a su destino pero cumplió su misión?

Respuesta: la flotilla de solidaridad con Gaza de este año.

Naturalmente, también se podría decir que otra candidata razonable es la “pequeña flota” (eso es lo que la palabra ‘flotilla’ significa en castellano, igual que “guerrilla” significa “pequeña guerra”) del año pasado. Nunca llegó a Gaza, pero el comandante de la marina israelí podría hacer suyas perfectamente las palabras de Pirro, rey de Epiro, cuya victoria sobre los romanos fue tan costosa que se dice que exclamó: “¡Otra victoria como ésta y estoy perdido!

La Flotilla nº 1 no llegó a Gaza, pero el ataque de un comando naval contra ella, que costó la vida a nueve activistas turcos, provocó tal oleada de indignación que nuestro gobierno se vio obligado a suavizar significativamente el bloqueo terrestre de la Franja de Gaza.

Las repercusiones de esta acción aún no han cesado. Las vitales relaciones entre los militares israelíes y turcos siguen rotas y Turquía sigue exigiendo una disculpa e indemnizaciones. Los familiares de las víctimas están promoviendo demandas penales y civiles en varios países. Un dolor de cabeza continuo.

La Flotilla nº 2 llegó a su fin esta semana cuando una colosal acción naval condujo a la captura de 1 (¡uno!) pequeño yate francés y a la detención de sus marineros, periodistas y activistas, un total de 16 (¡dieciséis!) personas. Ni siquiera nuestros dóciles comentaristas pudieron evitar comentar sardónicamente: “¿Por qué no envían un portaviones?

Los 14 barcos a los que se impidió zarpar y el único que consiguió hacerlo no sólo mantuvieron en jaque a toda nuestra armada durante semanas sino que además lograron que el bloqueo de Gaza se mantuviera en el candelero informativo. Y ése era, al fin y al cabo, el propósito de toda la empresa.

* * *

¿Qué pasó con los 14 barcos que no pudieron navegar?

Por increíble que parezca, la marina y la guardia costera griegas les impidió zarpar de los puertos griegos. No hubo ningún motivo legal que justificara esa decisión y tampoco existió la menor pretensión de legalidad.

No sería exagerado decir que la armada griega actuó a las órdenes del Jefe del Estado Mayor israelí. Una orgullosa nación marinera con una historia náutica de miles de años (hasta la palabra “náutica” es de origen griego) se degradó para llevar a cabo acciones ilegales en beneficio de Israel.

Igualmente, [Grecia] hizo la vista gorda a los actos de sabotaje que perpetraron comandos navales –adivinen de qué país– contra los barcos [de la Flotilla] anclados en puertos griegos.

Al mismo tiempo, el gobierno turco, el desafiante patrocinador del Mavi Mármara -la nave a bordo de la cual los comandos israelíes asesinaron a los activistas turcos el año pasado-, impidió que esa embarcación se hiciera a la mar este año.

Al mismo tiempo también, grupos de activistas pro-palestinos que intentaron llegar a Cisjordania vía aérea [la “Flytilla”] fueron detenidos en el camino. Dado que no hay ninguna manera de entrar en Cisjordania por tierra, mar o aire excepto atravesando territorio israelí o cruzando puestos de control israelíes, [los activistas internacionales] no tenían más opción que entrar por el aeropuerto internacional Ben Gurion, la puerta de acceso de Israel al mundo. La mayoría no lo consiguieron: obedeciendo instrucciones de nuestro gobierno, todas las aerolíneas internacionales bloquearon a esos pasajeros en el check-in, utilizando para ello “listas negras” proporcionadas por nuestro gobierno.

Parece que el largo brazo de nuestro diligente servicio de seguridad llega a todas partes y que sus órdenes son obedecidas por los países grandes y pequeños.

* * *

Hace cien años la policía secreta del zar ruso, la temida Okhrana, falsificó un documento llamado “Los Protocolos de los Sabios de Sión“.

(En aquellos tiempos a la policía secreta de todo el mundo todavía se la llamaba “policía secreta”, antes de que se la dignificara con el término de “servicios de seguridad”.)

El documento daba cuenta de una reunión secreta de rabinos celebrada en el viejo cementerio judío de Praga para decidir sobre la estrategia a seguir para asegurar el dominio judío sobre el mundo. Se trataba de una burda falsificación que copiaba literalmente pasajes enteros de una novela escrita décadas antes.

En sus páginas la situación real de los judíos aparecía distorsionada grotescamente. Lo cierto es que los judíos no tenían ningún poder. De hecho, cuando Adolf Hitler -que utilizó los Protocolos para su propaganda- puso en marcha la solución final, prácticamente nadie en todo el mundo movió un dedo para ayudar a los judíos. Hasta los judíos de EEUU temían alzar la voz.

Pero si los autores de la falsificación volvieran hoy a la escena de su crimen se frotarían los ojos de pura incredulidad: aquella excrecencia de su imaginación enferma parece que se está convirtiendo en realidad. El Estado judío -como les gusta llamarlo a los sionistas- puede dictar órdenes a las autoridades navales griegas, obligar a Turquía a recular y hacer que media docena de países europeos detengan a pasajeros en sus aeropuertos.

¿Cómo lo hacemos?

La respuesta es sencilla y tiene cuatro letras: EEUU.

* * *

Israel se ha convertido en una especie de portero kafkiano de la única superpotencia que queda en el mundo.

Gracias a la inmensa influencia que ejerce sobre el sistema político estadounidense, especialmente en el Congreso, Israel puede imponer un impuesto político a todo aquel que necesite algo de los EEUU. Grecia está en bancarrota y necesita desesperadamente la ayuda estadounidense y europea. Turquía es socio de los EEUU en la OTAN. Ningún país europeo quiere malquistarse con EEUU. Ergo: todos tienen que darnos una pequeña propina política.

Para consolidar esta relación, Glenn Beck, el desagradable protegido de Rupert Murdoch, nos hizo una visita y fue recibido con entusiasmo en el Knesset, donde nos instó a “no tener miedo”, porque él (y, por ende, la Fox y todos los EEUU) nos apoyarían hasta el final.

* * *

Es por eso que unas pocas líneas, aparecidas esta semana en el New York Times, casi han desatado el pánico en Jerusalén.

El New York Times es tal vez el periódico más pro-israelí de todo el mundo, incluyendo al propio Israel. Los antisemitas lo llaman el Jew York Times. Muchos de sus editorialistas son sionistas acérrimos. Las posibilidades de que se publique en sus páginas una noticia que critique a Israel son prácticamente nulas. El NYT jamás menciona el movimiento pacifista. Tampoco mencionó las decenas de manifestaciones que tuvieron lugar en Israel contra la Segunda guerra del Líbano y contra la operación Plomo Fundido. La autocensura impera.

Sin embargo, esta semana el New York Times ha publicado un virulento editorial criticando a Israel. La causa: la ley anti-boicot, aprobada por la mayoría parlamentaria derechista, que prohíbe a los israelíes promover boicots contra los asentamientos. El editorial prácticamente repite lo que dije en mi artículo de la semana pasada: que la ley es claramente antidemocrática y que viola derechos humanos básicos. Tanto más cuanto que viene a sumarse a toda una serie de leyes antidemocráticas que han sido promulgadas en los últimos meses. Israel corre el riesgo de perder su título de “única democracia de Oriente Medio”.

De repente, todas las luces rojas en Jerusalén comenzaron a parpadear con furia. ¡Socorro! ¡Vamos a perder nuestro único activo político en el mundo, el pilar de nuestra fuerza, la base de nuestra seguridad nacional, la roca de nuestra existencia!

* * *

El resultado fue inmediato. El miércoles, la camarilla ultraderechista que actualmente controla el Knesset bajo la dirección de Avigdor Lieberman llevó a su votación final una resolución para nombrar dos comisiones de investigación que inspeccionarán los recursos financieros de las ONGs de derechos humanos. No los de todas las ONG, sino sólo los de las “izquierdistas”. Este era otro elemento más de la larga lista de medidas macartistas, muchas de las cuales ya han sido adoptadas mientras que otras aguardan su turno para ser aprobadas.

El día anterior, Benjamín Netanyahu compareció expresamente ante el Knesset para asegurar a sus seguidores que aprobaba completamente –y que de hecho había patrocinado- la ley anti-boicot. Sin embargo, tras la publicación del editorial del New York Times, el día de la votación de la resolución sobre la comisión de investigación Netanyahu y casi todos sus ministros votaron en contra. Las facciones religiosas desaparecieron del Knesset. La resolución fue rechazada por una mayoría de 2 a 1.

Pero se produjo un hecho ominoso: aparte de Netanyahu y de ​​sus ministros cautivos, todos los miembros presentes del Likud votaron a favor de la resolución. Eso comprende a todos los jóvenes líderes del partido, es decir, a la próxima generación de líderes del Likud.

Si el Likud se mantiene en el poder, este grupo de ultraderechistas será el gobierno de Israel dentro de diez años. Y al diablo con el New York Times.

* * *

Afortunadamente, hay señales de que un nuevo fenómeno está tomando cuerpo.

Comenzó inocentemente con un exitoso boicot contra el requesón promovido por consumidores que buscaban obligar a un cártel de peces gordos a reducir el precio de ese producto. Tras eso se ha producido una acción de masas desarrollada por parejas jóvenes, en su mayoría estudiantes universitarios, para protestar contra el precio desorbitado de la vivienda.

Un grupo de manifestantes instaló sus tiendas de campaña en el centro de Tel Aviv y allí han permanecido durante más de una semana. Posteriormente, campamentos similares han surgido por todo el país, desde Kiryat Shmona en la frontera libanesa, hasta Beer Sheva en el Neguev.

Es demasiado pronto para decir si esto es una protesta a corto plazo o el comienzo de una versión israelí del fenómeno plaza Tahrir. Sin embargo, muestra claramente que la toma del poder de Israel por un grupo neo-fascista no es un suceso inevitable. La lucha continúa.

Tal vez -¡sólo tal vez!- incluso el New York Times podría estar empezando a informar sobre la realidad de nuestro país.

Versión en español publicada por Rebelión (traducción de LB)

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Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén). Es columnista del portal Desinformémonos, corresponsal del semanario Brecha, y escribe en varios medios independientes y alternativos.
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