Demoliciones, desplazamiento y limpieza étnica en Jerusalén Este

Hace dos días que las imágenes de las niñas y el niño de la familia Kiswani llorando desconsoladamente y gritando su furia impotente a las fuerzas israelíes que destruyeron su hogar dejándoles en la calle en el frío del invierno palestino dan la vuelta al mundo en las redes sociales (no en los grandes medios masivos, por supuesto).
 Pero ninguno de los 138 países que votaron fervorosamente por Palestina el 29 de noviembre de 2012 en la ONU hará nada contra Israel, la potencia ocupante; un Estado que comete diariamente crímenes de guerra (según los Convenios de Ginebra -el IV en especial-, y el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional), pero al que ninguno de esos estados llevará ante la CPI, ni aplicará sanciones de ningún tipo. Las demoliciones continuarán, igual que el desplazamiento forzado, las detenciones arbitrarias, los asesintos extrajudiciales, la construcción del Muro, las políticas segregacionistas y las leyes de apartheid. Hasta que la gente común y corriente, los pueblos, unidos al pueblo palestino, digan “BASTA” y actúen para obligar a sus gobiernos. Cuando esos gobiernos sientan que apoyando a Israel pierden votos, quizás las cosas empiecen en serio a cambiar. Está en nuestras manos.
 La impotencia, el dolor y la indignación son tan grandes, que cuando supe la noticia me sorprendí reaccionando de manera instintiva e infantilmente egoísta: “Menos mal que no estaba en Jerusalén para verlo”. Porque asistir a una demolición sin poder hacer nada para evitarla, y ver la violencia impune del despojo, y el desamparo de las familias palestinas que en unos minutos ven sus hogares reducidos a escombros, es la peor experiencia que cualquier testigo puede tener en esta tierra ultrajada. Y es más intolerable cuando ese Estado criminal se sigue presentando ante la comunidad internacional como “la víctima que tiene que defenderse del terrorismo árabe” y cuenta con la aquiescencia (si no la complicidad o el apoyo incondicional) de los gobiernos del mundo.  
La hipocresía hace aún más indignante el argumento burocrático esgrimido por Israel para justificar su práctica criminal: “estaba construida sin permiso”. Aun cuando por supuesto esa no es razón para privar a familias enteras, a niñas y niños del derecho fundamental a la vivienda, todo el mundo sabe además que para los palestinos es imposible obtener un permiso de construcción, sobre todo en Jerusalén (pero también en el resto de Cisjordania, e incluso dentro del Estado de Israel); y por eso el único recurso que les queda es construir sin permiso y arriesgarse a que en cualquier momento sus viviendas sean destruidas. 
Un 94% de las solicitudes de permiso de construcción palestinas son rechazadas, según el Comité israelí contra las demoliciones de casas. La organización estima que las autoridades israelíes han demolido unas 27.000 estructuras palestinas en Cisjordania desde 1967.
 A continuación, el relato crudo de los hechos por la agencia palestina WAFA (traducción mía del inglés), y un marco político a cargo del Comité Israelí contra las demoliciones de casas. 
En un próximo post, incluiré una reflexión aguda e irónica de Amira Hass (periodista israelí residente en Ramala) sobre el papel de las agencias humanitarias y los gobiernos a los que responden ante estas tragedias que, a diferencia de las catástrofes naturales, en Palestina tienen “100% de responsabilidad humana”; al igual que la Nakba de 1947-49, porque esto no es más que una continuación del proyecto de colonización sionista para limpiar étnicamente la tierra de Palestina de sus habitantes árabes originarios.
 
Video sobre la demolición del hogar de la familia Kiswani

Bulldozers de la municipalidad israelí de Jerusalén Oeste demolieron el martes 5 de febrero dos complejos de viviendas en el barrio de Al-Ashqariyeh, en la zona de Beit Hanina, al norte de Jerusalén, bajo el pretexto de “haber construido sin permiso”, según se le informó a los propietarios. Las familias residentes habían recibido la notificación 50 días atrás.

Ibrahim al-Kiswani dijo a la agencia WAFA que los bulldozers israelíes, protegidos por la policía,  entraron al área en la madrugada, rodearon la casa y le dieron a la familia diez minutos para evacuar sus pertenencias antes de demoler la vivienda con todo en su interior.

Kiswani, que es un pequeño productor, dijo que había pagado más de 160.000 dólares tratando de obtener un permiso de la municipalidad de Jerusalén para su vivienda de 170 metros cuadrados, en la que vivía con su esposa y sus cuatro hijas e hijos, cuyas edades están entre los 8 y los 12 años. Su esposa, embarazada, se desmayó mientras presenciaba la demolición de su casa.

El hijo de Kiswani, de 10 años de edad, dijo: “Estoy muy triste porque las fuerzas israelíes destruyeron nuestra casa, donde nos criamos, sin darnos tiempo de sacar nuestras cosas, la ropa, las computadoras y todo lo que usábamos para entretenernos y para  la escuela“.

Poco más tarde, el mismo martes y en la misma zona, las fuerzas israelíes demolieron otro complejo de cuatro apartamentos de 420 metros cuadrados, construído hace seis años. Las cuatro familias residentes en el complejo habían contratado a un abogado para tratar de frenar la demolición, que dejó a 30 personas sin hogar en el frío del invierno.

Nos han dejado en la calle ahora, no tenemos ningún refugio. ¿Adónde vamos a ir con nuestros niños y nuestras ancianas ahora que nuestra casa fue demolida?” preguntó Muhammad Castero, de 52 años, residente en el edificio. Y agregó no obstante: “Esta es nuestra tierra y no vamos a dejarla a pesar de todos los intentos de la ocupación por arrancarnos de ella”.

La semana pasada, las fuerzas israelíes entregaron avisos de demolición a 200 familias palestinas en el barrio Fuheidat, al este de la aldea de Anata, en el norte de Jerusalén.

Ziad Hamouri, Director del Centro de Jerusalén para los Derechos Sociales y Humanos, dijo a WAFA que Jerusalén, en particular, está siendo testigo de una “guerra demográfica” por las fuerzas de ocupación, para convertir a los palestinos en una minoría.

La ocupación está aumentando su ritmo de demolición de viviendas, acaparamiento de tierras, incremento de los impuestos, detenciones de niños y asfixia económica“, dijo.

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No muy lejos de allí, dos días después, el 7 de febrero, las fuerzas israelíes demolieron una casa en al-Khas, una aldea al este de Belén, también bajo el pretexto de “construir sin un permiso”, según le dijeron al dueño de casa.

Sbatein Ahmad dijo que los trabajadores municipales acompañados por soldados israelíes demolieron su casa de 150 metros cuadrados. Dijo que la orden de demolición que había recibido hace un mes fue anulada por el tribunal israelí de Beit Eil, la colonia judía ilegal vecina, cerca de Ramallah. Sbatein agregó que trató de impedir la demolición de su casa mostrándoles la documentación, pero los soldados continuaron demoliendo su casa.

La vivienda de Sbatein estaba situada en el área ‘B’, que se encuentra –teóricamente, según los Acuerdos de Oslo- bajo administración civil palestina y bajo supervisión de la seguridad israelí.

Video sobre la demolición del hogar de la familia Castero.
El Comité israelí contra las demoliciones de casas afirmó hace un año en su informe La Judaización de Palestina: tendencias del desplazamiento forzado en 2011:

Las demoliciones de casas y los desalojos forzados están entre las prácticas más atroces de Israel en los territorios palestinos ocupados.

(…) Israel controla más del 40% del territorio de Cisjordania, a través de 149 colonias y 102 “outposts” [expansiones que en realidad son nuevas colonias, construidas sin permiso y por tanto ilegales incluso para la ley israelí], albergando a más de 500.000 judíos israelíes, así como también a través de las llamadas “zonas militares cerradas” y “reservas naturales”. Además, las demoliciones de casas, los desalojos forzados y la expropiación de tierras, exacerbadas por la violencia de los colonos y los efectos económicos de las restricciones de movimiento, han dejado a las comunidades palestinas en graves dificultades para subsistir. La población palestina vive bajo el miedo constante del desplazamiento y la dispersión, mientras Israel afirma su dominio y control.

La demolición de casas palestinas está políticamente motivada y estratégicamente informada. El objetivo es confinar a los 4 millones de habitantes de Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza en pequeños enclaves, impidiendo efectivamente un futuro Estado palestino y asegurando el control israelí para continuar la expropiación de tierras, el desplazamiento étnico de la población y la judaización de Palestina ocupada.”

En su más reciente informe Forced evictions, demolitions and displacement in the West Bank in 2012 (dado a conocer el 9/2/13), el ICAHD sostiene: “Los desalojos forzosos, la demolición y el desplazamiento continuaron en 2012 en toda Cisjordania a un ritmo similar al del año pasado. En total, se registró la demolición de más de 600 estructuras palestinas, incluidas al menos 189 estructuras residenciales. Las demoliciones fueron en muchos casos precedidas por el desalojo forzoso y el consiguiente desplazamiento de 880 personas, más de la mitad de ellas (468) niños y niñas, que van desde unos pocos meses de edad a 18 años. Otras 4102 personas fueron afectadas de otra manera, por ejemplo, debido a la demolición de refugios de animales, cisternas de agua y otras estructuras relacionadas con sus medios de vida, o por la destrucción de la infraestructura, incluyendo carreteras.”

Ver en este enlace otros tres breves videos desgarradores sobre las demoliciones en Beit Hanina.

A continuación una galería de imágenes: la primera es de Al-Khas (Belén) y las demás de Beit Hanina (Jerusalén Este). Las fotos son de WAFA, AHMAD GHARABLI/AFP/Getty Images, AP Photo/Bernat Armangue, REUTERS/Ammar Awad, Ediz Tiyanşan.

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Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén).
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