Sobre negociaciones y alta traición: la ‘paz’ entre Israel y Palestina

Un crudo y certero análisis del peligro que se cierne sobre la causa palestina si Kerry e Israel consiguen que los dirigentes palestinos firmen un “acuerdo transitorio”.
 
 

por Susan Abulhawa*

Traducción: María Landi
Susan Abulhawa (sin crédito)

Susan Abulhawa (sin crédito)

Nada bueno para la causa palestina puede salir de las conversaciones en curso en Medio Oriente. Peor aún, es probable que le hagan mucho daño. Estas negociaciones amenazan destruir años de esfuerzos de la sociedad civil palestina y sus aliados en todo el mundo, que han estado trabajando incansablemente por una paz justa; un trabajo realizado principalmente a través de campañas globales de resistencia noviolenta tales como la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), el Tribunal Russell, e infinidad de protestas populares locales e internacionales, entre otras acciones.

Lo que estamos escuchando ahora es que el Secretario de Estado norteamericano John Kerry ha presentado a las dos partes un acuerdo transitorio que “servirá como marco para continuar las negociaciones hacia un acuerdo definitivo”. El “acuerdo sobre el estatuto final” se basaría en “las fronteras de 1967”. A los palestinos se les está exigiendo concesiones concretas con profundas implicaciones, pero no a Israel, que está “negociando” sobre territorio, derechos y recursos que les pertenecen a las y los palestinos.

Mucha de esta retórica resulta familiar, ya que es reciclada de los fallidos Acuerdos de Oslo, donde se alcanzó un acuerdo arrancando concesiones permanentes a los palestinos a cambio de promesas de reciprocidad israelí que nunca se materializaron. Así, a los palestinos se les está vendiendo ahora la misma mentira que compraron 20 años atrás. Esta vez, las concesiones exigidas a los palestinos significan una completa renuncia a nuestros derechos como pueblo originario, a cambio de las mismas promesas vacías y de monedas de la Unión Europea y EEUU para mantener el status quo por un tiempo más; el tiempo suficiente para alterar el paisaje de forma permanente y completar la ingeniería social, política y económica tendiente a sumir al pueblo palestino en una total impotencia, a fin de que las profundas divisiones, la corrupción y la dependencia impidan la emergencia de una resistencia organizada y de impacto.

Verdades conocidas

Los detalles del acuerdo, nos dicen, “están siendo discutidos entre las partes”. Pero he aquí algunas certezas: este acuerdo no llevará a la autodeterminación palestina. Un Estado palestino viable con continuidad territorial seguirá siendo imposible, dadas las alteraciones físicas del paisaje que Israel ha hecho a través de su rapaz robo de tierras, de la colonización y judaización de Jerusalén y de vastas partes de Cisjordania. Israel no frenará la construcción de colonias ilegales, aun si lo hace temporalmente. Los palestinos no tendrán control sobre su espacio aéreo, sus recursos naturales (el agua, el recién descubierto petróleo), sus fronteras o su economía. Las carreteras, viviendas y autobuses segregados seguirán existiendo.

La demolición de casas palestinas continuará. El sitio a Gaza también, y quizás se acentúe aún más. El muro de separación seguirá allí con torres de vigilancia y francotiradores. Israel seguirá bombardeando nuestro mundo cuando le plazca. Seguirá haciendo redadas nocturnas y seguirá aterrorizando a nuestros niños. La detención administrativa seguirá siendo el precio por seguir viviendo para la juventud palestina. Nuestra Jerusalén, a poquitos kilómetros, seguirá estando tan lejana como la luna para la mayoría de las y los palestinos. Israel seguirá importando judíos de todas partes del mundo y asentándolos en nuestra tierra robada, donde empuñarán las armas contra la población palestina nativa.

Los incentivos ofrecidos a los palestinos en las actuales conversaciones son tan insignificantes que sugieren que la Autoridad Palestina aceptará fondos a costa de la libertad. Se habla de un “paquete económico sin precedentes” y otras “concesiones”, todo lo cual implica una anestesia temporal. Y por otro lado, Israel probablemente obtendrá la bendición palestina para robar el Valle del Jordán, la tierra más fértil de Cisjordania, y para controlar las vidas y recursos palestinos en forma permanente.

También se dice que podría dar mayor impulso a sus objetivos demográficos racistas -promovidos por su ministro de Relaciones Exteriores Avigdor Lieberman y por Henry Kissinger, consultor de WINEP-, transfiriendo una gran proporción de sus indeseables ciudadanos no judíos al control palestino. Pero eso es apenas el condimento. Sus objetivos inmediatos son de dos tipos: asestar un duro golpe a la creciente solidaridad con Palestina y al boicot a Israel, y finalmente ganar legitimidad como un Estado racista.

El efecto BDS

La campaña BDS, lanzada en 2005 por la sociedad civil palestina como una estrategia noviolenta para liberarse –humana y colectivamente- de la colonización y el apartheid israelíes, se ha ido expandiendo en la cultura dominante, prometiendo acciones globales a una escala similar a la que ayudó a terminar con el apartheid en Sudáfrica. Yo creo que el movimiento popular de BDS (incluyendo todas las acciones afines) es el principal factor que hoy día está motivando a Israel a buscar algún tipo de acuerdo con los palestinos.

Israel está entrando en pánico, y con razón, porque su poder reside sólo en el ámbito de los gobiernos y las élites corporativas. Israel no tiene defensa alguna contra una movilización masiva que reclama justicia y derechos humanos fundamentales. Ese fue el caso precisamente a finales de los 80, cuando la primera intifada captó la simpatía popular en todo el mundo. Incluso antes de la comunicación de masas y la información instantánea, las imágenes de niños palestinos enfrentando con piedras a tanques y soldados fuertemente armados empezaron a calar en la consciencia mundial, cuestionando la imagen de Israel como víctima, a pesar de sus afanosas campañas de relaciones públicas y hasbara.

Así, Israel, junto con EEUU, orquestaron la Conferencia de Madrid, seguida de los Acuerdos de Oslo. A pesar de que los palestinos hicieron el doloroso sacrificio de renunciar al 78% de la Palestina histórica, aceptando establecer un Estado en apenas el 22% de nuestro suelo patrio, Israel continuó actuando de mala fe, escalando sus proyectos de colonización y limpieza étnica; así creó “hechos consumados” que actualmente impiden cualquier materialización significativa de un Estado palestino tal como fue concebido en los Acuerdos de Oslo.

La “diplomacia” de Oslo no sólo consolidó el territorio que Israel se apropió mediante el terror y la guerra en 1948, y no sólo creó una nueva línea de base desde la cual expandir la empresa colonizadora israelí: también neutralizó efectivamente el único poder real que teníamos –la movilización popular- y nos quebró la espalda al darnos falsas esperanzas de que la liberación estaba a la vuelta de la esquina. A cambio, tenemos una ilusión de auto-gobierno: un contingente de “líderes” electos de por vida que ayudaron a convertir a nuestro orgulloso pueblo en una nación de mendigos que dependen de la ayuda internacional para su sustento. Vimos aumentar la colonización de nuestras tierras, que ahora son de exclusivo dominio judío. Y tenemos una fuerza de policía palestina bien entrenada que, lejos de proteger a su pueblo, colabora con Israel en reprimir la legítima resistencia contra la tiranía.

Estamos ahora en una situación semejante a la que estábamos a finales de los 80. Después de años de lucha, organización y activismo, la resistencia palestina nuevamente ha captado la simpatía popular de la sociedad civil en todo el mundo: académicos, activistas, religiosas, intelectuales, artistas, sindicalistas, universidades, ayuntamientos, iglesias y muchas personas e instituciones conscientes se están movilizando en solidaridad con las reivindicaciones palestinas por derechos humanos básicos, y para exigir que Israel rinda cuentas por sus crímenes sistemáticos e implacables contra el pueblo indígena palestino.

Alta traición

Como Israel no tiene ningún argumento legítimo contra las demandas palestinas por sus derechos básicos, está buscando acabar con el BDS como hizo con la primera intifada –ambos, movimientos populares de resistencia noviolenta-, reciclando la charada de las negociaciones. Y aunque el pueblo palestino no puede ser engañado de nuevo, el riesgo es que estos acuerdos provisionales puedan engañar a nuestros aliados de la solidaridad internacional.

Así, la apuesta de Israel es ahora mucho mayor. Limitar la expansión del BDS en realidad podría ser un mero consuelo. El verdadero premio para la ideología sionista imperialista y de supremacía es el reconocimiento palestino de Israel como un Estado judío. Muchos se preguntan por qué esto es un objetivo tan importante para Israel. La respuesta es simple: cuando el verdadero heredero de la tierra, el pueblo nativo en todos los sentidos -histórico, cultural, legal, genético- reconozca a Israel como un Estado judío, estará renunciando efectivamente al derecho a su propia patria. Al igual que el dueño de una casa que oficialmente renuncia a ella a manos de un ocupante ilegal, los palestinos le darían a Israel la única legitimidad a la que puede aspirar. Hacer una declaración de esta índole significaría no sólo renunciar a nuestro derecho a retornar a una tierra que estaríamos aceptando le pertenece a los judíos de todo el mundo, sino que también significaría abandonar a nuestros hermanos y hermanas palestinas con ciudadanía israelí [20% de la población de Israel] a un estatus permanente de segunda clase y a la desigualdad institucionalizada y racista.

Continuar las negociaciones bilaterales en el brutal desequilibrio de poder actual nos va a destruir. En palabras de Richard Falk: “La diplomacia inter-gubernamental no es el camino hacia una paz justa, sino un sumidero para los derechos palestinos”. Una puede perdonar a la OLP por haberse dejado engañar por Oslo la primera vez (a pesar de las advertencias de luminarias como Edward Said). Pero conducirnos a la misma trampa, con el mismo lenguaje y las mismas promesas vacías, es inconcebible. A esta altura, cualquier acuerdo transitorio que no acabe totalmente con la ocupación israelí, con el apartheid israelí (incluyendo la plena igualdad para los palestinos y palestinas con ciudadanía israelí) y que no garantice el retorno de las refugiadas y refugiados tiene que ser visto como un acto de alta traición contra el pueblo palestino.

* Susan Abulhawa es una científica, novelista y poeta palestina residente en Estados Unidos, autora del aclamado bestseller “Mornings in Jenin” (2010) y del reciente poemario “My voice sought the wind”. También es fundadora de “Parques infantiles para Palestina”, una ONG que construye espacios recreativos para niñas y niños en Palestina.
Publicado originalmente en Al Jazeera el 16/1/14.
Recomiendo leer también en este blog otros artículos relacionados, poniendo “Acuerdos de Oslo” en el buscador.
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Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén). Es columnista del portal Desinformémonos, corresponsal del semanario Brecha, y escribe en varios medios independientes y alternativos.
Esta entrada fue publicada en Acuerdos de Oslo, Apartheid, autodeterminación, BDS, Israel, Limpieza étnica, Proceso de paz, Refugiados/as, Valle del Jordán y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

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