Palestina entre rupturas, reconciliaciones y continuidades

 por María Landi

 (Una versión ligeramente resumida de este artículo fue publicada en el semanario Brecha el 9/5/14).

 

 

Dos acontecimientos vinculados al mal llamado “conflicto” palestino-israelí han estado recientemente en los titulares: el (previsible) fracaso de la última ronda de negociaciones auspiciada por EEUU a través de su Secretario de Estado, y la ‘reconciliación’ entre las principales facciones palestinas: Hamas (que gobierna en la bloqueada y agonizante Gaza) y Fatah (cuya ficticia Autoridad Nacional Palestina gestiona los millones que recibe de Occidente para hacerle los mandados a Israel en Cisjordania).

Dejando de lado el escepticismo inevitable de quienes pensamos que la causa palestina y sobre todo sus perspectivas de liberación no dependen de estas dinámicas, tratemos de ponerlas en perspectiva; sobre todo para mirar más allá de ellas.

 

(sin crédito)

Abbas, Netanyahu y Obama (sin crédito)

La ronda Kerry y su final anunciado

Como dijimos al comienzo de esta ronda que duró de agosto a abril, las perspectivas no podían ser más sombrías, pues por primera vez los desprestigiados dirigentes de la ANP –cediendo a las presiones de EEUU- habían aceptado sentarse a negociar sin ningún tipo de pre-condiciones, es decir, sin que Israel suspendiera la imparable expansión de sus colonias en el territorio que supuestamente algún día tendrá que devolver a los palestinos.

Para evitar especulaciones estériles sobre la voluntad política de Netanyahu, estas cifras muestran que Israel no perdió el tiempo mientras ‘negociaba la paz’: en estos nueve meses, anunció la construcción de 14.000 nuevas viviendas para colonias judías en Cisjordania y Jerusalén Este; asesinó a 61 personas (incluyendo niños y mujeres) e hirió a 1751 (recordemos que actualmente no hay enfrentamientos en Palestina); arrestó a 3300 jóvenes (incluyendo cientos de niños y algunas mujeres); permitió 660 ataques impunes de colonos judíos contra personas y propiedades árabes, destruyó 508 estructuras palestinas (viviendas, escuelas, mezquitas, medios de producción) y desplazó por la fuerza a 899 personas (la mayoría familias beduinas).

El analista Ali Abunimah resumió gráficamente el accidentado y ficticio “proceso de paz” que EEUU puso en marcha hace más de 20 años con esta imagen: dos personas negocian sobre cómo repartirse una pizza mientras una de ellas, armada hasta los dientes y agrediendo a la otra, se come la pizza frente a ella. Y cuando ésta protesta porque no está quedándole nada, el agresor la acusa de no tener voluntad de dialogar.

Quizás la única novedad al final de esta ronda fue que esta vez John Kerry acusó claramente a Israel de ser responsable del fracaso. Los detalles fueron revelados por el principal diario israelí Yedioth Ahronoth en una “entrevista anónima” realizada por el prestigioso periodista Nahum Barnea  al equipo negociador norteamericano (Haaretz reveló después que se trataba de Martin Indyk, el jefe del equipo negociador (ex embajador en Israel, y un peso pesado de AIPAC). La entrevista dejaba claro que Mahmoud Abbas se había mostrado –como de costumbre– dispuesto a ceder en la mayoría de los puntos, excepto uno: reconocer a Israel como Estado judío. En cambio Netanyahu se negó a frenar la expansión de las colonias y a definir las fronteras del posible Estado palestino, y exigió mantener un control absoluto e indefinido sobre el territorio asignado al mismo.

Abbas y Netanyahu en la Casa Blanca en 2010 (AP)

Abbas y Netanyahu en la Casa Blanca en 2010 (AP)

Lo único que aceptó en estos meses fue liberar presos políticos que llevaban más de 20 años detenidos; algo que no tiene costo para Israel, porque o bien los deporta a la ‘cárcel abierta’ de Gaza o al poco tiempo vuelve a detenerlos. Y aun así, Netanyahu se negó a liberar al último grupo de presos como estaba acordado.

Kerry había anunciado dramáticamente que esta ronda era quizás “la última oportunidad de salvar la solución de dos estados”. Entiéndase bien: no es que a EEUU le interese que los palestinos tengan un Estado independiente, como tampoco le importa que los derechos palestinos más elementales sean respetados; lo que quiere asegurar es la continuidad de Israel como Estado judío (manteniendo a los árabes afuera). Asimismo, en una conferencia ofrecida enseguida de regresar a EEUU, Indyk criticó duramente la continua colonización israelí de Cisjordania, diciendo que “llevaría a Israel hacia la realidad irreversible de un Estado binacional”. Y poner en peligro mortal la idea de Israel como un Estado judío sería “una tragedia de proporciones históricas”.

Kerry con Indyk (foto sin crédito)

John Kerry con Martin Indyk (foto sin crédito)

Según revelaron algunos medios, en una reunión privada Kerry afirmó que, al negarse a permitir la existencia de un Estado palestino, Israel “arriesgaba convertirse en un Estado de apartheid”. Esto generó comentarios sarcásticos de quienes consideran que ya desde hace mucho tiempo Israel es un Estado de apartheid y la solución de dos estados está muerta. No obstante, la filtración provocó la indignación del gobierno sionista, y su habitual patoteo obligó a Kerry a retractarse. Y es que –aunque parezca broma– en los círculos más reaccionarios israelíes, Kerry e Indyk (al igual que su jefe Obama) fueron acusados de buscar la claudicación de Israel ante los intereses palestinos; y no faltó quienes los acusaran de antisemitas.

(Foto: AP)

Secretario de Estado norteamericano John Kerry (Foto: AP)

¿Movidas estratégicas o manotazos de ahogado?

Poco antes del inminente fracaso de esta ronda (concluida el 29 de abril), Mahmoud Abbas hizo dos jugadas que admiten más de una interpretación. Por un lado, haciendo uso del estatus de Estado observador en la ONU, Palestina solicitó la adhesión a 15 tratados internacionales y sus correspondientes órganos de vigilancia (incluyendo las principales convenciones de derechos humanos y derecho internacional humanitario).

Algunos analistas vieron esta movida como un paso más en el fortalecimiento de la vía diplomática a la que la ANP está apostando desde 2011 (aunque sin renunciar a las negociaciones con Israel, y siempre subordinada a ellas). Otros más escépticos calificaron la iniciativa de Abbas como un intento de presionar a Israel a último momento para evitar el fracaso de la ronda, pues se sabe que el camino de la ONU implica potencialmente denunciar a Israel ante La Haya por crímenes de guerra; una amenaza recurrente que Abbas no ha querido concretar hasta ahora para evitar la ruptura con ‘su enemigo’ y las anunciadas sanciones económicas de EEUU.

Azzam Al-Ahmed (jefe de la delegación de Fatah), Ismail Haniyeh (primer ministro del gobierno de Hamas en Gaza) y Moussa Abu Marzouq (líder veterano de Hamas) en Gaza el 23/4/14 (Reuters)

Azzam Al-Ahmed (jefe de la delegación de Fatah), Ismail Haniyeh (Primer Ministro del gobierno de Hamas en Gaza) y Moussa Abu Marzouq (veterano líder de Hamas) en Gaza el 23/4/14 (Reuters)

La otra medida de último momento –exactamente seis días antes de que venciera el plazo– fue la firma del acuerdo de unidad con Hamas, casi tan poco novedoso y creíble como el proceso de paz. Es que desde la ruptura de 2007 no han faltado anuncios y acuerdos de reconciliación (en 2011 en Cairo, en 2012 en Doha y de nuevo en Cairo) que nunca pasaron del papel.

El acuerdo incluye la formación de un gobierno de unidad en cinco semanas y elecciones nacionales seis meses después. Se espera también que Hamas se integre por fin a la OLP (hoy controlada por Fatah), y que ésta realice elecciones para reconstituir el Consejo Nacional Palestino con la pluralidad que hace años perdió.

Mucho se ha especulado sobre las razones y el momento de esta jugada, pero todos los analistas coinciden en un punto: las dos partes se encuentran en una situación de extrema debilidad y necesitaban desesperadamente tener algo que ofrecer a su gente. Hamas, porque el bloqueo impuesto por Israel y agudizado por el régimen militar egipcio (clausurando el paso de Rafah y los túneles que abastecían a Gaza), han llevado a la Franja a una situación insostenible. Y el Fatah de Abbas porque el nuevo fracaso de las negociaciones y la negativa de Israel de liberar a los presos lo dejaba con las manos vacías  y a punto de perder el último resto de legitimidad que le queda ante su pueblo (y ante su propio partido).

Azzam al-Ahmed e Ismail Haniyeh (Hatem Moussa)

Azzam al-Ahmed e Ismail Haniyeh (Foto: Hatem Moussa)

Razones para el escepticismo sobran: en primer lugar, porque hasta ahora cada parte ha demostrado tener más interés en preservar su magro poder y golpear a su rival que en reconstruir un proyecto de liberación nacional (no olvidemos que la ANP, cumpliendo el papel de agente de la ocupación que aceptó en Oslo, no ha dejado de arrestar a militantes de Hamas en Cisjordania; y otro tanto –aunque en menor medida– hace Hamas en Gaza con sus rivales de Fatah); y en segundo lugar, porque resulta difícil imaginar de qué manera ambas partes resolverán sus no pocas diferencias políticas (la principal de ellas, la colaboración de la ANP con Israel para eliminar la lucha armada, y el hecho mismo de seguir negociando; dos cosas a las que Abbas no ha renunciado).

Quienes se esfuerzan en ver señales positivas, señalan que esta vez es diferente: éste es el primer acuerdo que se firma directamente entre las partes y en terreno palestino; los anteriores fueron firmados por Khaled Meshaal, el principal representante de Hamas en el exterior, mientras que esta vez lo firmó el mismo primer ministro Ismail Haniyeh, en Gaza. La ANP incluso logró que Israel permitiera la participación de Mustafa Barghouti, dirigente del partido al-Mubadara (Iniciativa Nacional Palestina) para darle mayor representatividad al acuerdo. Y las diferencias podrían no ser tan irreconciliables después de todo, pues si bien Hamas no ha renunciado a la lucha armada como lo ha hecho la ANP (no digamos Fatah), lo cierto es que actualmente está cumpliendo el acuerdo de alto al fuego que firmó en 2012 (que el mismo Israel viola periódicamente) y tratando de controlar a las otras facciones armadas. El Hamas que gobierna en Gaza desde 2007 está lejos de ser la “organización terrorista” que Israel, EEUU y Europa han satanizado.

Mustafa Barghouti, Azzam al-Ahmed e Ismail Haniyeh (Wissam Nassar)

Mustafa Barghouti, Azzam al-Ahmed e Ismail Haniyeh (Wissam Nassar)

En definitiva, sólo una cosa podrá determinar la validez de este último acuerdo: su efectiva implementación. Habrá que esperar al menos seis meses para evaluarlo. Lo cierto es que la gente no festejó masivamente, quizás porque le suena a que esta película ya la vio; y porque sus dirigentes hace demasiado tiempo que no le dan motivo para hacerlo.

Tres de los miembros del casi difunto Cuarteto (la Unión Europea, Rusia y la ONU) recibieron positivamente la noticia, probablemente con la esperanza de que signifique la capitulación de Hamas a las tres condiciones impuestas por el Cuarteto que la OLP aceptó hace tiempo: reconocer a Israel, renunciar a la violencia y aceptar todos los acuerdos firmados anteriormente por la OLP. Sólo EEUU expresó su “decepción” por el acuerdo de unidad, mientras que Netanyahu afirmó que “Abbas eligió a Hamas en lugar de la paz”.

Pero ya nadie toma en serio sus reacciones histéricas, que no fueron diferentes cuando la ANP solicitó adhesión a los 15 tratados de la ONU: en lugar de celebrar que Palestina muestre su voluntad de ser un miembro responsable de la comunidad internacional, el gobierno israelí (secundado por el de Obama) afirmó que la iniciativa diplomática unilateral alejaba la posibilidades de una solución negociada (léase: de sometimiento a sus reglas de juego). Y por supuesto, de paso ya volvió a anunciar que no entregará a la ANP los impuestos que recauda en su nombre.

La realidad es que cualquier excusa sirve para acusar a los palestinos de hacer fracasar un acuerdo que Israel no tiene el menor interés en alcanzar. Antes Netanyahu decía que Abbas no era un interlocutor confiable porque no representaba (ni controlaba) a Hamas; ahora que la unidad palestina podría darle esas garantías, afirma que no se puede negociar con quien se alía con terroristas.

Celebraciones en Gaza después del acuerdo de unidad palestina (Mahmoud Hams, AFP/Getty Images)

Celebraciones en Gaza después del acuerdo de unidad palestina (Mahmoud Hams, AFP/Getty Images)

 

¿Y entonces qué? 

La ruptura definitiva del ‘proceso de paz’ será la mejor señal de que la causa palestina está bien encaminada y que por fin los ocupados y colonizados han decidido dejar de bailar al ritmo de su opresor. La liberación y autodeterminación del pueblo palestino sólo podrá resultar de una combinación de lo que Richard Falk, Relator Especial de la ONU para los derechos palestinos llama la guerra de legitimidad:

– en el territorio que va del Mediterráneo al Jordán, profundizar y generalizar la resistencia popular de base para exigir algo tan elemental como incuestionable: derechos humanos, libertad, igualdad y justicia (también para el retorno de las y los refugiados). La primera intifada sigue siendo la mejor referencia para esa lucha (tan efectiva fue que Israel y EEUU inventaron el proceso de Oslo para desarticularla).

– multiplicar las iniciativas diplomáticas que fortalezcan a Palestina como un actor internacional, y presionar a la ONU para que haga respetar las resoluciones y tratados que Israel viola sistemática y diariamente;

– expandir la creciente campaña global de boicot, desinversión y sanciones para aislar a Israel y hacer que el costo de mantener la ocupación colonial de Palestina sea insostenible. Los éxitos indudables de esta campaña y el impacto que ya está teniendo sobre la economía y la imagen pública de Israel indican que es una estrategia eficaz.

Y es que en términos históricos el actual Estado judío tiene los días contados. Un régimen colonial, represivo y racista, que necesita un sistema de apartheid para mantener la supremacía etno-religiosa sobre la que fue fundado, no tiene lugar en el siglo XXI. El desenlace podrá ser similar al de Argelia, Irlanda del Norte o Sudáfrica; pero llegará.

El historiador israelí Zeev Sternhell advirtió recientemente que la pretensión de su gobierno de una rendición incondicional de los palestinos (que en realidad es su única propuesta) está trazando inexorablemente “el camino hacia Sudáfrica”. Y hasta los negociadores norteamericanos reconocieron estos días: “Parecería que necesitamos otra intifada para crear las condiciones que permitan un cambio”.

 

Fuentes: Electronic Intifada, Al-Monitor, Al Jazeera, Middle East Monitor, Haaretz, Mondoweiss, The Times of Israel, YNet, Maan News, The Palestine Chronicle, Middle East Research and Information Project, +972 Magazine, Rebelión, Público.
 

Y para terminar con una sonrisa…

 Los australianos Juice Rap News nos traen este mordaz vídeo subtitulado en castellano sobre Israel, Palestina, y los agentes internacionales que juegan su propio papel en la Ocupación. Cuenta con la participación del grupo palestino DAM y el profesor Norman Finkelstein, cuyos testimonios ofrecen una visión más amplia del asunto.  Escrito y creado por Giordano Nanni y Hugo Farrant en un estudio en el patio de atrás de una casa en los suburbios de Melbourne, Australia, en la tierra de los Wurundjeri.
RAP NEWS 24: ISRAEL & PALESTINA [S02:E04]. Décadas de fallidas conversaciones de paz no han llevado a ninguna parte; pero no pierdas todavía la esperanza. Robert Foster intenta acoger el primer Rap por la Paz en Oriente Próximo, usando la rima y la razón para reunir al primer ministro israelí Benjamín “Bibi” Netanyahu, y un representante de Hamás. Investigamos los argumentos principales, contraargumentos y ad hominem de ambas partes. Pero el análisis no sería completo sin profundizar en el “último tabú de Estados Unidos”, como dijo Edward Said: el papel de EE. UU. como mejor (y único) colega de Israel (bueno, junto con Australia). Con los cameos estelares del prominente académico judío americano Dr. Norman Finkelstein, y las leyendas del rap palestino DAM, estamos ante un capítulo que pasará a la historia. Únete a nosotros mientras tratamos de forma valiente (o quizás estúpida) uno de los más amargos, divisivos y controvertidos conflictos de nuestros tiempos: Israel y Palestina.
NOTA: Gracias a la campaña BDS del estado español por los textos en castellano que acompañan este video.

Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén).
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Una respuesta a Palestina entre rupturas, reconciliaciones y continuidades

  1. HERNAN SAEZ IGLESIAS dijo:

    Es que toda la Historia de esta vergüenza mundial porque “nous sommes tous des assassins”, corresponde a la del la “creacion” de Israel en un Estado con territorio propio no, de su “Creador”, EEUU, sino a miles de kms. en tierra de los palestinos.-
    Es desde entonces que la secuela de hechos, orientados por la necesidad (???) de ciertas hegemonías no ha hecho sino en convertir algo ilegítimo y malo en algo siniestro y tiránico en que la vñictima, por el hecho de ser victima, merece castigo y hasta asesinarla.
    Como en ese refrán que no es el cerdo el culpable, sino erl que le da su afrecho, el sionismo racista y tiránico, se aprovecha de las necesidades ficticias e innecesarias, de la hegemonia del Tío Sam en el mundo.
    Curioso caso de una nación, que como los vampiros, necesita la sangre del resto del mundo para sentirse como nación.
    Tan indispensable se ha vuelto esa forma de hacerse del mundo, que Israel se convierte paulatina e inexorablemente, en el cancer interno, que está destruyendo por dentro y por fuera, precisamente lo que era el objetivo : la persistencia de los EEUU. como dueño, juez y policía del Mundo.
    Y, como consecuencia, no hay nada en lo cual sea parte EEUU que llegue, por asomo, a solucionar este problema. Porque la solución es, ni más ni menos, que EERUU deje de estar allí y en otras partes del mundo, en donde es una presencia ni respetada, i querida y, menos, necesaria.

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