En el reino de la crueldad (II)


Sigue la mascarada de ‘justicia’ para los chicos de Hares
y las presas y presos palestinos

El 17 de febrero volví al tribunal militar de Salem, cerca de Yenín, en el norte de Cisjordania[1]. Esta vez acompañé a otros tres familiares de los Chicos de Hares: la madre de Mohammed Suleiman y los padres de Mohammed Kleib y Ammar Souf.

Al llegar a Yenín cambié de estación de ‘service’ y busqué el que lleva a los familiares de los presos a Salem. A mi lado se sentó una mujer vestida de oscuro con el rostro cubierto por un niqab blanco, que viajaba con su hijo adolescente. Me ofreció un dulce y enseguida entablamos conversación. Supe que Ibtisam es profesora de inglés y directora de escuela en una de las aldeas de Salfit. Iba a visitar a su marido, en detención administrativa desde hacía ocho meses, durante los cuales sólo pudo visitarlo una vez, recientemente.

Ante el aplomo que mostraba, le pregunté cuántas veces había estado preso su marido, y me respondió: “Con los israelíes, ésta es la tercera; con la ‘Sulta’ [la ANP], muchas veces”. De hecho esta última vez los israelíes irrumpieron en su casa para detenerlo pocas horas después de haber sido liberado, tras pasar 40 días en la cárcel de la ANP en Nablus. Estuvo un par de meses en la prisión israelí de Meggido y luego fue transferido al sur, cerca de Bersheeva. Ibtisam me contó que esta prisión es mejor porque hay menos hacinamiento, pero el viaje hasta el tribunal de Salem le lleva cuatro días (son unos 150 km) durante los cuales tiene que dormir en distintas unidades militares, siempre a merced de los abusos y arbitrariedades de los soldados.

El padre de Ammar Souf y las madres de Ali Shamlawi y Mohammed Suleiman durante una conferencia de prensa en Ramala.

El padre de Ammar Souf y las madres de Ali Shamlawi y Mohammed Suleiman durante una conferencia de prensa en Ramala.


El negocio de la no-justicia

Después de pasar los controles habituales de pasaporte, revisión física, doble detector de metales y doble puerta molinete, ingresé a la sala de espera (que ostenta la misma estética sórdida y mugrienta de los checkpoints) donde me encontré con la madre y los dos padres de los tres chicos de Hares que –se suponía- tendrían audiencia ese día.

Pero, como de costumbre, no hubo tal audiencia: apenas unos minutos en la ‘sala de sesiones’ para ver llegar a sus hijos (sonrientes y más maduros de lo que aparecen en las fotos) engrillados y esposados, con el uniforme marrón de preso, e intercambiar sonrisas, palabras y frases interrumpidas permanentemente por el grito represivo de los soldados, que pronto nos hicieron salir sin más explicaciones. Ante mi pregunta, el fiscal (un oficial druso que habla amigablemente con los familiares en su árabe nativo como si no estuviera trabajando afanosamente para condenar a sus hijos) me explicó que no se trataba de una audiencia propiamente dicha, sino de “una instancia donde las partes actualizan e intercambian información”.

A pesar de ello, la parodia burocrática se lleva todo el día, para los presos y para sus familias. En las largas horas que pasamos esperando entre una ‘no-audiencia’ y otra, tuve tiempo de conversar más con Ibtisam. Me dijo que su esposo no pertenece a ninguna de las organizaciones islamistas, pero como fue nombrado para un cargo oficial durante el gobierno de Hamas, las actuales autoridades de la ANP no le tienen confianza y buscan deshacerse de él. También me dijo que en todos los casos su prisión es puramente política, ya que ni israelíes ni palestinos le han podido acusar de cometer actos delictivos o contra la seguridad nacional. Ibtisam tenía esperanza de que ese día el abogado consiguiera una sentencia corta y una pronta liberación. Efectivamente, al salir de la audiencia sus ojos -la única parte de su rostro que podía verle- sonreían mientras me contaba que le habían dado 9 meses de condena (de los cuales ya había cumplido 8) y que sería liberado a fin de mes -previo pago, por supuesto, de una multa de 10.000 shekels (unos 2245 euros).

No se trata ni mucho menos de un caso aislado: en la sala de espera, las familias intercambiaban datos sobre cuánto habían tenido que pagar, o deberían hacerlo, para que sus presos fueran liberados. En todos los casos hablaban de cifras astronómicas para familias modestas que, además, sobreviven inmersas en una economía estrangulada por la ocupación. Un padre contó que la cifra era tan alta que el tribunal le estaba permitiendo pagarla en cuotas –la única manera posible para él- y que su hijo sólo saldría libre cuando él terminara de pagar.

Malak al-Khatib, 14-year-old Palestinian from a village in Ramallah who was kidnapped in December by the Israeli occupation army and sentenced to 2 months in prison for alleged stone-throwing and possessing a knife. The army kidnapped her on her way home from school. Malak is holding a poster of the Hares Boys and of Khaled, another 14-year-old sentenced to 4 months in prison for alleged stone-throwing. Khaled has anemia and his health in the prison is deteriorating.

Durante una conferencia de prensa en Ramala, Malak al-Khatib (14), secuestrada por el ejército israelí cuando volvía de la escuela y sentenciada a dos meses de cárcel bajo la acusación de tirar piedras, sostiene posters de los Chicos de Hares y de Khaled Sheikh (15), sentenciado a 4 meses. Khaled tiene anemia y su salud se está deteriorando en la cárcel.


Hijos de Azzun

Entre los familiares que esperaban reconocí de pronto a Maysa, una mujer envejecida antes de tiempo como todas las palestinas y con unos bellos ojos grises. La conocí hace dos años en Qalqiliya, durante una movilización de mujeres el 8 de marzo. Ese día marchamos para protestar ante uno de los checkpoints o portones agrícolas que separan a los campesinos de Qalqiliya de sus fértiles tierras, que han quedado del otro lado de la valla de separación construida por Israel para despojarlos de ellas. Durante esa actividad disfruté de conversar con ella; me pareció un espíritu libre, vital y muy crítico. A pesar de estar inmersa en la cultura tradicional de su aldea, tiene el aspecto de una mujer moderna de clase trabajadora, que fuma en público y parece estar más allá de las convenciones. Maysa trabaja con los comités populares de salud, una red dependiente del ministerio de salud de la ANP; en su larga carrera ha perdido y salvado muchas vidas jóvenes, y habla como si cada uno de los shabab que le ha tocado atender fuera su propio hijo.

Encontrarla en ese lugar no era buena noticia ni motivo de alegría: efectivamente, me contó que estaba allí con su marido porque su hijo Mohammed, de 20 años, fue arrestado en diciembre junto a otros dos, acusados de arrojar un cóctel molotov a un coche donde viajaban colonos. Si bien no hubo heridos y tampoco hay pruebas que inculpen a los jóvenes, la fiscalía presentó cargos graves, acusándolos –entre otras cosas- de acto terrorista. Maysa y su esposo temían que la condena no bajaría de los diez años… Lo decían con una desesperada resignación; una actitud que puede sonar contradictoria, pero no lo es en un lugar donde -desde la cuna hasta la sepultura- se sabe que, no importa la magnitud de la injusticia y el abuso, no habrá adónde reclamar tus derechos ni nadie que los defienda.

Maysa, Ali y sus cuatro hijas e hijos viven en Azzun, un pueblo cerca de Qalqiliya, en el noroeste de Cisjordania, rodeado por la cercana valla de separación y por siete colonias judías construidas en tierras robadas a la población de Azzun. Además se encuentra en el medio de la ruta donde el gobierno israelí quiere construir una línea férrea para conectar sus colonias con Tel Aviv. Todas las entradas al pueblo están controladas por puestos militares permanentes, y Azzun ostenta además el triste récord de tener más menores de edad en las cárceles israelíes. Las incursiones y allanamientos nocturnos del ejército para arrancar a los niños de la cama y llevárselos detenidos son casi cotidianas. La finalidad es amenazarlos para que se conviertan en informantes -y de paso lucrar con las altas cifras que las familias deben pagar al ejército de ocupación para liberar a sus hijos. “Pero no se van a librar fácilmente de nosotros: somos 14.000 personas dispuestas a resistir para defender nuestra tierra y a nuestros hijos”, me dijo Maysa.

Maisa Badwan en casa de una amiga, en Azzun.

Maisa Badwan en casa de una amiga, en Azzun.


Vuelta de tuerca con desenlace incierto

Al salir del tribunal viajé hasta Yenín con la madre de Mohammed Suleiman y el padre de Ammar Souf en el viejo coche de éste, en medio de un silencio pesado, mezcla de rabia, impotencia y dolor. En el bus hacia Nablus me perseguía la imagen de Ferial pegada al portón metálico para ver llegar a través de los orificios a su hijo esposado y engrillado, y susurrando entre lágrimas: “Habibi… habibi… habibi…”, como queriendo que las palabras hicieran lo que sus manos no pueden hacer desde hace dos años: tocarlo y abrazarlo. Y entonces sentí, una vez más, que en sólo un mes en Palestina he abrazado y enjugado demasiadas lágrimas de madres de mártires y de presos… todos ellos menores de 25 años.

Esa misma noche tuvimos la noticia de que Adele Biton, la niña colona que había resultado con daño cerebral en el accidente ocurrido hace dos años en la carretera 5, había muerto de una infección respiratoria. Los políticos israelíes no tardaron en explotar la muerte de la pequeña con fines electorales, convirtiendo el funeral en un acto político; y los medios se hicieron eco reiterando el discurso que muestra a los palestinos como feroces terroristas cuya única finalidad en la vida es matar israelíes.

La muerte de Adele se produce justo cuando los chicos de Hares están a punto de cumplir dos años de prisión -acusados sin pruebas de haber causado el accidente- y de recibir la sentencia. El temor generalizado es que el tribunal militar decida cambiar la acusación y endurecer la pena, condenando a los chicos a largos años de cárcel.

Es por eso que en este mes de marzo, familiares y activistas están movilizándose en Palestina y en el mundo para solidarizarse con los chicos de Hares y exigir su libertad. Entre otras cosas, ha habido pedidos de informes en los parlamentos europeo, británico y español, y hasta el momento se han confirmado acciones de solidaridad y denuncia en Londres, Manchester, Glasgow, Madrid, Barcelona, New York, San José de Costa Rica, Puebla, Montevideo, Santiago de Chile.

Anuncio de acciones a realizarse el 15 de marzo

Anuncio de algunas de las acciones a realizarse el 15 de marzo por los Chicos de Hares.

Éste es el comunicado emitido por la Campaña por la Libertad de los Chicos de Hares ante la muerte de Adele Biton:

Cinco adolescentes palestinos inocentes pagan el precio
por un accidente en un coche de colonos
COMUNICADO DE PRENSA
18 de febrero de 2015
El accidente de tráfico que tuvo lugar en marzo de 2013 en la Ruta 5 de Palestina ocupada se ha cobrado 6 víctimas.
Cinco de ellos son los Chicos de Hares: los adolescentes Ali Shamlawi, Mohammed Kleib, Mohammed Suleiman, Tamer Souf y Ammar Souf, que han estado encarcelados en una prisión de la ocupación israelí desde hace casi dos años, a pesar de la ausencia de pruebas de su presunta culpabilidad. Después de ser sometidos a torturas físicas y psicológicas cuando tenían sólo 16 años de edad, fueron obligados a “confesar” que habían lanzado piedras y a firmar dichas confesiones escritas en hebreo, un idioma que no leen ni escriben.
La sexta víctima es la hija de Adva Biton, una colona israelí cuyo Renault se estrelló contra un camión en el camino de Ariel a Yakir, ambas colonias israelíes ilegales en Cisjordania ocupada. Biton afirma que su coche se salió de la carretera debido a las “piedras” y “grandes bloques de construcción” lanzadas por “terroristas árabes”, pero no hay evidencia alguna que apoye esta versión.
El martes 17 de febrero de 2015, los medios de comunicación israelíes informaron que la niña Adele Biton (4), hija de la conductora del coche, murió en el hospital Infantil Schneider en Petah Tikva, adonde había ingresado unos días antes por problemas respiratorios causados ​​por una infección pulmonar, posiblemente neumonía. Adele Biton fue enterrada el día 18 en la colonia israelí ilegal de Yakir. La niña había sufrido daño cerebral en el accidente de coche y los médicos no daban mucha esperanza sobre su recuperación.
Los cinco Chicos de Hares permanecen en prisión por un crimen que no cometieron. Desde hace dos años asisten regularmente a “audiencias” en uno de los tribunales militares israelíes cuya tasa de condena a los palestinos es de 99,74%. Los adolescentes niegan haber tirado piedras ese día o cualquier otro. No obstante, según la petición del fiscal se enfrentan a largos años de cárcel, y el veredicto puede darse en cualquier momento. Sus madres y padres no han podido abrazar a sus hijos desde hace dos años, y el futuro de los chicos está seriamente comprometido, porque los tribunales militares israelíes no están hechos para hacer justicia.
Por otra parte, hay signos preocupantes de que los Chicos de Hares son víctimas de un juego político mucho más amplio, destinado a fortalecer las posiciones de derecha antes de las próximas elecciones israelíes (programadas para el 17 de marzo de 2015, exactamente dos años desde el accidente de coche) y a convencer al público israelí de la necesidad de llevar a cabo “acciones duras” contra el “terrorismo”:
– Las acusaciones alarmistas y sin fundamento repetidas por los medios de comunicación y los políticos israelíes -entre ellos el propio Primer Ministro- de que se trató de un “ataque terrorista” realizado por “terroristas árabes”, aun antes de que se iniciara cualquier investigación sobre el accidente (y cuyo resultado fue un linchamiento mediático que implica incluso un total desprecio por el papel del tribunal);
– La actual ola de acusaciones en los medios sionistas, mostrando a los chicos como culpables de la muerte de la niña, sólo porque son palestinos y alguien tiene que pagar;
– El pedido de Adva Biton al Primer Ministro israelí, Benyamin Netanyahu, para que permitiera el entierro de su hija en la colonia ilegal de Yakir, donde vivía Adele -y donde inicialmente se le había negado el permiso para enterrarla por razones formales;
– El hecho de que políticos israelíes de alto nivel, como el portavoz del Knesset Yuli Edelstein y el Ministro de Economía y presidente del partido ultraderechista Hogar Judío, Naftali Bennett, asistieran al funeral e hicieran comentarios públicos sobre este acto “terrorista”, cuando el juicio (aun en un tribunal militar) todavía está en curso.
En nombre de la campaña por libertad y justicia para los Chicos de Hares, reiteramos una vez más: los 5 adolescentes son inocentes y deben ser devueltos a sus familias sin más demora.
Hacemos un llamado a las activistas y personas de conciencia de todo el mundo a organizar acciones de solidaridad con los Chicos de Hares el 15 de marzo, cuando se cumple el 2° aniversario de su secuestro y encarcelamiento.
El accidente de coche de marzo de 2013 ya se ha cobrado una vida. Otros cinco chicos inocentes no deben pagar por un crimen que no cometieron y que, de hecho, ni siquiera fue tal.
LUCHEMOS POR LA JUSTICIA.
¡EXIJAMOS LA LIBERTAD DE LOS CHICOS DE HARES! 
From left to right: Ali's father, Ali's mother, Mohammed S.'s mother, Issa Qaraqeh (Minister of Detainees), Tamer's father, Mohammed K.'s father.

De izquierda a derecha: el padre y la madre de Ali Shamlawi, la madre de Mohammed Suleiman, Issa Qaraqeh (Ministro para los Prisioneros), el padre de Tamer Souf y el de Mohammed Kleib, después de la conferencia de prensa en Ramala.

El 1º de marzo las familias de los chicos de Hares asistieron a una conferencia de prensa convocada por el Ministerio de Prisioneros en Ramala para dar a conocer el último informe de UNICEF, donde se denuncia que -a pesar de las supuestas reformas realizadas a partir de las duras críticas de ese organismo de la ONU en su informe de 2013-, el maltrato a los niños palestinos presos continúa siendo sistemático y generalizado en el sistema penal militar de Israel.

 [1] Ver “En el reino de la crueldad (I)”.

Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén).
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Una respuesta a En el reino de la crueldad (II)

  1. Rene Zablah dijo:

    .
    Es increible que el resto del mundo no condene al cerdo de netanyahu, y su camarilla de perros martirizando a los verdaderos dueños de esa tierra, aunque parece ser que los mal llamados israelies son lo mas odiado e impopular del orbe.

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