En la ciudad de la furia

Nora Sub Laban mirando la Cúpula de la Roca desde la ventana de su hogar amenazado, en la Ciudad Vieja de Jerusalén.

Nora Sub Laban mirando la Cúpula de la Roca desde la ventana de la casa donde nació y de donde los colonos y el Estado de Israel quieren expulsarla, en la Ciudad Vieja de Jerusalén.


La limpieza étnica avanza en Jerusalén Este,
ante la indiferencia internacional
 

El miércoles 18 de marzo no fue un día fácil en Jerusalén (Al Quds); pero tampoco fue inusual para una población que todos los días debe luchar para sobrevivir y permanecer en su ciudad, sometida a un proceso de judaización violento y excluyente. 

Llegué a Al Quds al día siguiente de enterarme de que a un buen amigo de Belén, casado con una palestina de Jerusalén  -donde vive con ella y sus cinco hijos e hijas-, las autoridades israelíes le retiraron el permiso para vivir y entrar en la ciudad. Ahora sólo pueden verse los fines de semana, cuando su familia viene a reunirse con él en Belén. Si su esposa se mudara con él a Belén (a sólo 10 kilómetros de distancia), perdería para siempre el derecho a vivir –y a entrar- en la ciudad en la que nació y donde vive toda su familia. 

Activistas y vecinos se solidarizan con la familia visitándoles en su casa amenazada.

Activistas, periodistas y vecinas se solidarizan con la familia Sub Laban, visitándoles en su casa amenazada.

Mi visita a la ciudad respondía al llamado público de la familia Sub Laban pidiendo la presencia de acompañantes internacionales ante la amenaza de desalojo inminente de la casa donde han vivido por tres generaciones, en el corazón del barrio musulmán de la Ciudad Vieja, a dos cuadras de la Explanada de las Mezquitas. Dos días antes, colonos judíos respaldados por policías habían intentado irrumpir en la vivienda para apropiarse de ella; la rápida reacción de familiares, vecinos y activistas, sumada a la presentación de un recurso judicial, lograron evitar este segundo intento de expulsión (ya hubo otro en febrero). 

Conversando con Rafat, Ahmad, Heba y su madre Nora -mientras compartíamos té y una generosa comida- fui conociendo los detalles de una historia que se parece demasiado a tantos otros relatos de despojo sufrido por familias palestinas: tierras, viviendas, bienes, identidad, historia, cultura y espiritualidad son igualmente objeto del proyecto sionista de colonización, en el cual no hay lugar para la población nativa árabe. 

Nora con su hija e hijos leyendo las noticias sobre su caso

Nora con su hija e hijos leyendo las noticias sobre su caso (María Landi).

Antes de 1967, la familia pagaba una renta anual por la vivienda a las autoridades jordanas (que regían en Cisjordania y Jerusalén Este después de la guerra de 1948). Después de que Israel ocupara y anexara Jerusalén Este, la vivienda pasó a manos del Estado judío, con el que la familia negoció un acuerdo y siguió pagando en calidad de inquilino protegido. En 1980 la familia fue obligada por la municipalidad a realizar trabajos de reparación en la casa, así que tuvo que dejarla temporalmente;  cuando intentó regresar, los colonos –que la habían ocupado- se lo impidieron, alegando que ya no vivía allí; después de una batalla legal de 15 años, la familia Sub Laban logró finalmente regresar en 2000. 

Pero en 2010 el Estado entregó la propiedad a la organización de colonos Ateret Cohanim, una de las tantas creadas con la finalidad de expulsar a la población palestina de Jerusalén y poblarla exclusivamente con judíos. Desde ese momento empezó una nueva batalla legal que continúa hasta hoy, en la cual la familia reclama su derecho a permanecer viviendo en la casa que habita desde 1953. Aunque está prevista una audiencia decisiva para el 31 de mayo, los colonos no quieren esperar hasta entonces y se han propuesto apropiarse del inmueble por la fuerza. 

Forcejeos con la policía cuando los colonos intentan ocupar la vivienda por la fuerza.

Forcejeos con la policía cuando los colonos intentan ocupar la vivienda por la fuerza.

La casa de la familia Sub Laban está en un área de la Ciudad Vieja particularmente sensible, donde los colonos judíos se han apropiado de gran parte de las viviendas vecinas. “En la década de 1970 y 1980 comenzaron a tomar las viviendas una por una, y ahora somos la única familia palestina en el edificio”, dijo Rafat, mientras su madre me mostraba el patio adonde los colonos con frecuencia les hostigan arrojando agua y basura. Este creciente y agresivo proceso de apropiación judía de las viviendas palestinas hace que se hable de la hebronización de Jerusalén, refiriéndose al que también se da en la Ciudad Vieja de Al Khalil (Hebrón). Desde la azotea de la casa en disputa pude apreciar enfrente la enorme yeshiva (escuela religiosa) y las muchas viviendas vecinas que ya están en manos judías. 

El único argumento esgrimido por los colonos –al igual que en otros casos del también amenazado barrio de Sheik Sharrah- es que la vivienda perteneció antes de 1948 a propietarios judíos.“Pero entonces Israel debería también devolverle a las familias palestinas todas las casas que perdieron en 1948 y en 1967 y que pasaron a manos del Estado y hoy están habitadas por judíos”, afirmó Hussam, un activista local, y agregó: “Los grupos de colonos toman las casas y se las dan a familias judías, e incluso les pagan para vivir en ellas”.

Hacer click en la foto para ver toda la galería en tamaño completo:

De ser desalojada, la familia Sub-Laban no podrá seguir viviendo en Jerusalén, donde los alquileres son extremadamente altos. Tendrán que ir a vivir a Cisjordania, y una vez que hayan pasado siete años perderán su permiso de residencia, y ni ellos ni sus descendientes podrán entrar libremente o vivir en su ciudad.

El domingo 22, activistas israelíes del grupo “Free Jerusalem” convocaron a una concentración de solidaridad frente a la casa de la familia. Varias internacionales nos sumamos a la acción. Fue interesante ver cómo a medida que los tambores y consignas llenaban el callejón de la Ciudad Vieja, las pocas familias palestinas que quedan viviendo en el lugar -habitualmente recluidas para evitar las agresiones de los colonos- se animaban a asomarse a las ventanas y hasta a salir a la calle para unirse con entusiasmo a nuestro grupo.

Activistas y vecinas corean consignas contra la judaización del barrio (

Activistas y vecinas corean consignas contra la judaización del barrio (

La suerte de la familia se definirá en los próximos días, cuando la Corte Suprema de Israel determine si acepta la solicitud de congelar la orden de desalojo que el juez de Distrito ya rechazó. Activistas locales, israelíes e internacionales estaremos junto a Nora y sus hijos, cualquiera sea el desenlace.

Y los Sub Laban, honrando el espíritu palestino de sumud, no se darán por vencidos. El símbolo de su esperanza en el futuro fue la llegada de una nueva integrante a la familia: Nora -llamada así en honor de su abuela- nació el mismo día que lograron frenar el desalojo.

Ver aquí  y aquí imágenes de la manifestación del domingo 22 frente a la cada de la familia Sub Laban.
Seguir las novedades de este caso en las páginas de Facebook: Stop Nora’s Eviction y Free Jerusalem. 
Nora con la nieta nacida el día que estuvo a punto de ser desalojada por los colonos.

Nora con la nieta nacida el día que estuvo a punto de ser desalojada por los colonos.


… y del otro lado de las murallas de la Ciudad Vieja…

Mientras estaba con la familia Sub Laban me enteré que un par de horas antes los colonos habían tomado una nueva vivienda en otro de los barrios más sensibles de Jerusalén Este: Silwan, a poco más de una cuadra al sur de la muralla de la Ciudad Vieja que encierra la Explanada de las Mezquitas y el Muro de los Lamentos. 

A Silwan –que antiguamente era una aldea y hoy es una zona formada por varios pequeños barrios- fui por primera vez hace cuatro años. Desde entonces vuelvo siempre, porque ese lugar vulnerable y su población empobrecida me recuerdan las barriadas populares de las ciudades latinoamericanas (cerros de Caracas, favelas de Rio, pueblos jóvenes de Lima). Y cada vez que llego a Silwan descubro nuevas banderas israelíes ondeando sobre los techos de las viviendas tomadas por los colonos, en una guerra que se libra casa por casa, en cada metro cuadrado de tierra donde 50.000 palestinos y palestinas resisten el despojo; no por casualidad la mayor cantidad de presos de Jerusalén –menores y mayores- son de Silwan.

Parte de los barrios que componen Silwan, al sur de la Ciudad Vieja de Jerusalén.

Parte de los barrios que componen Silwan, al sur de la Ciudad Vieja de Jerusalén (María Landi).

La organización que tiene a su cargo el proceso de judaización de Silwan se llama Elad, y es tan violenta como poderosa. Wadi Hilweh es el barrio más disputado de Silwan, porque según la narrativa sionista es el lugar donde podría haber estado el  palacio del rey David. Allí se ha construido el parque temático “Ciudad de David” y –en una búsqueda desesperada de vestigios que justifiquen el pasado judío del lugar y su conexión con la colonización presente- se están realizando permanentes excavaciones ‘arqueológicas’ que han dañado gravemente innumerables viviendas de Silwan y ponen en peligro los mismos cimientos de la cercana mezquita de Al Aqsa.

En la mañana del miércoles 18, según informó el Wadi Hilweh Information Center (WHIC) –con cuyo director Jawad Siyam estuve conversando poco después de que fuera liberado por la policía israelí-, la organización de colonos Elad, protegidos por la policía israelí y sus guardias privados entraron en el predio propiedad de la familia Al-Malhi y se apoderaron de tres de las cuatro viviendas del mismo. Los colonos quitaron todo el mobiliario, cambiaron las cerraduras de las puertas y tapiaron las ventanas. Asimismo, construyeron una habitación de chapa en el terreno.

Ver aquí una secuencia fotográfica de la apropiación del predio de la familia Al-Malhi.

Para apoderarse de la vivienda de la familia Al-Malhi, la noche antes la policía citó a Muntaser Al-Malhi y a su madre para que se presentaran el miércoles por la mañana en la comisaría cercana, y cuando se dirigían hacia allí fueron detenidos. En otros dos de los apartamentos los colonos entraron cuando no había nadie en su interior.

Jawad Siyam, director del WHIC cuando es arrestado por la policía.

Jawad Siyam, director del WHIC cuando es arrestado por la policía.

La policía israelí acordonó la zona para impedir que los vecinos se acercaran a la propiedad. Esto originó una confrontación entre ellos y la policía, en la cual el niño Mohammed al-Malhi (13) fue brutalmente golpeado, arrastrado y arrestado. Jawad Siyam también fue detenido, pero ambos fueron liberados horas más tarde.

Poco después los colonos armados se apoderaron también de dos terrenos, uno de 500 metros cuadrados que funcionaba como espacio de recreación para los niños del barrio, y otro de unos 1200 metros cuadrados. Después de nivelar la tierra con una excavadora, los colonos instalaron caravanas en ellos.

En la noche del mismo miércoles 18, integrantes de la familia Al-Malhi (Um Mohammad y sus hijas) intentaron entrar en la única vivienda del predio que no fue tomada por los colonos, pero sus guardias privados se lo impidieron. Las mujeres entonces se sentaron en la calle frente a la entrada de su casa. Cuando jóvenes del lugar se acercaron para apoyarles, fuerzas especiales de la policía israelí irrumpieron lanzando granadas de gas lacrimógeno y balas de acero forradas en goma, golpeándoles y arrestando a Ibrahim Al-Malhi (15).

Ver aquí la represión sufrida por la familia Al-Malhi cuando intentó entrar en su casa.
La familia Al- en la entrada de su vivienda a la que ya no les permiten entrar.

La familia Al-Malhi en la puerta de su vivienda a la que ya no le permiten entrar.

Según informó el WHIC, el grupo Elad compró a un integrante de la familia Al-Malhi para que le facilitara la adquisición del predio falsificando documentos de propiedad.

En septiembre pasado los colonos se habían apropiado de 23 viviendas más en Silwan, expulsando por la fuerza a los residentes de uno de los apartamentos. Y en octubre ocuparon otros dos edificios. En la mayoría de los casos la apropiación se produjo porque Elad usó a un intermediario palestino para comprar las viviendas a las familias, aprovechándose de la situación de extrema necesidad en que se encuentran la mayoría de los habitantes de Silwan -que además se ven forzados a vender ante la amenaza de que, de no hacerlo, serán expulsados por la fuerza y perderán sus viviendas.

Mohammed    cuando es arrestado y arrastrado por las policía israelí

Mohammed al-Malhi (13) cuando es arrestado y arrastrado por las policía israelí


Casa por casa, metro a metro…

El mismo grupo que se concentró en apoyo a la familia Sub Laban convocó para el viernes 27 de marzo a una marcha que partirá desde su casa en la Ciudad Vieja hacia Sheik Sharrah, otro barrio palestino de Jerusalén Este que es objeto de judaización violenta desde hace una década. Allí varias familias palestinas ya han perdido sus viviendas, que fueron transferidas a colonos judíos con los mismos artilugios legales.

La marcha será en solidaridad también con la familia Shamasneh, que está a punto de perder su hogar en Sheik Sharrah. La disputa legal comenzó en 2009, cuando una organización de colonos impulsó el reclamo de la casa donde los Shamasneh han vivido por más de 40 años como inquilinos protegidos, alegando que la misma pertenecía a un propietario judío antes de 1948.

La realidad es que la guerra que dio origen al Estado de Israel generó desplazamientos y reacomodos de población en Jerusalén: así como las familias palestinas fueron expulsadas del oeste de la ciudad, las familias judías abandonaron los barrios del este, y la ciudad quedó dividida. Pero la legislación discriminatoria de Israel permite sólo a los judíos reclamar la propiedad que dejaron tras las líneas enemigas en 1948, y no a los palestinos. Es el caso de los Sub Laban, que no pueden recuperar la propiedad que tenía en Jerusalén Oeste antes de 1948.

Banderas de Israel en casas del barrio musulmán tomadas por los colonos.

Banderas de Israel en casas del barrio musulmán de la Ciudad Vieja tomadas por los colonos (María Landi).

Varias organizaciones derechistas de colonos se dedican a rastrear el pasado judío de las viviendas palestinas en Jerusalén Este y a entablar demandas judiciales para ‘liberar’ la propiedad y entregarla a manos judías (que ni siquiera son los antiguos propietarios, sino nuevos colonos, en muchos casos inmigrantes procedentes de EEUU o Rusia).

En agosto de 2013, la Corte Suprema de Israel confirmó que el inmueble pertenecía a una familia judía antes de 1948 y ordenó el desalojo de los 10 integrantes de la familia Shamasneh. Sin embargo, por ‘razones humanitarias’ –atendiendo a que el padre de familia tiene más de 80 años y ha vivido allí la mitad de su vida- ordenó que el desalojo se postergara por 18 meses, que se cumplieron a fines de febrero de este año.

Integrantes de la familia a punto de ser desalojados de su hogar en Sheik Sharrah
Integrantes de la familia Shamasneh a punto de ser desalojados de su hogar en Sheik Sharrah


Las muchas formas de la guerra demográfica

Los casos mencionados arriba son sólo ejemplos de una política más amplia impulsada por el movimiento de colonos, con pleno apoyo del Estado, para consolidar el anillo de colonias que rodean a Jerusalén (y en particular a su Ciudad Vieja) a fin de garantizar el control judío sobre la totalidad de la ciudad y hacer imposible que Jerusalén Este sea la futura capital de Palestina.

El régimen sionista –que ocupó y anexó la ciudad a Israel en 1967, a pesar de la condena de la comunidad internacional- quiere forzar una mayoría demográfica en una ciudad que es santa para tres religiones, además de capital histórica y centro político, social y espiritual de Palestina. Para ello ha diseñado diversas políticas que, sumadas, resultan en un proceso gradual y silencioso -pero implacable- de expulsión de la población árabe de la ciudad. Éstas son sólo algunas de ellas:

  • La población palestina de Jerusalén no tiene ciudadanía israelí ni palestina: apenas tiene un ‘permiso’ para vivir en la ciudad donde nació, que las autoridades israelíes pueden retirarle en cualquier momento (por ejemplo, si se ausenta de la ciudad por más de siete años, aunque sea para vivir a pocos kilómetros).

  • Jerusalén está rodeada por un Muro de 8 metros de alto y 120 km de largo, y ‘cerrada’ por ocho checkpoints que impiden el acceso a la ciudad a la población palestina de Cisjordania o Gaza. Sólo mediante permisos especiales (otorgados con criterios sumamente restrictivos que excluyen a los hombres menores de 50 años, a los activistas y otros perfiles) algunos miles de palestinos pueden acceder a Jerusalén (permisos que también pueden ser retirados en cualquier momento).

  • A pesar de que sus habitantes pagan los mismos impuestos que la población judía, los barrios palestinos de Jerusalén Este reciben un presupuesto deliberadamente inferior en materia de servicios públicos, escuelas y centros de salud, y las políticas de planeamiento urbano están designadas para impedir el crecimiento y la estabilidad en las áreas palestinas; en ellas la calidad de vida es pésima, mientras Jerusalén Oeste luce como una ciudad de Primer Mundo.

  • Para las familias palestinas es prácticamente imposible obtener permisos de construcción, de modo que al construir sin permiso arriesgan que su casa sea demolida. Más aun: cuando las autoridades israelíes ordenan la demolición de una vivienda, el propietario debe hacerse cargo de llevarla a cabo por sí mismo, o de lo contrario pagar sumas exorbitantes a la municipalidad de Jerusalén por el ‘servicio’ de demolición.

  • Israel prohíbe a los y las palestinas de Jerusalén vivir en la ciudad con cónyuges procedentes de Cisjordania. Así, innumerables parejas palestinas tienen que vivir separadas a uno y otro lado del Muro, o uno de los cónyuges debe vivir clandestinamente en Jerusalén, sin acceso a ningún servicio como residente de la ciudad. Y si el cónyuge de Jerusalén se traslada a vivir en Cisjordania, arriesga perder para siempre su permiso de residencia en la ciudad en la que nació. Las solicitudes de “unificación familiar” son cada vez más difíciles de obtener; y para éste como para muchos trámites más, las familias palestinas invierten enormes sumas de dinero en abogados y burocracia, a menudo con un resultado negativo.

Banderas de Israel en viviendas ocupadas por colonos. Detrás, la Cúpula de la Roca.

Banderas de Israel en viviendas ocupadas por colonos. Detrás, la Cúpula de la Roca (María Landi)

FUENTES:
TeleSur
Ma’an News

Haaretz
Silwanic (en inglés y en castellano)
Alternative Information Center 

 NOTA: El título de este artículo está tomado de la canción de la banda argentina Soda Stereo.
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Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén). Es columnista del portal Desinformémonos, corresponsal del semanario Brecha, y escribe en varios medios independientes y alternativos.
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2 respuestas a En la ciudad de la furia

  1. Reno Vegas dijo:

    Estas son las cosas que nos llevan a sentir una fuerte indignación y rabia no contra el pueblo de Israel, sino contra el Régimen Sionista…Al realizar estas acciones escupen y deshonran la memoria de aquellos que murieron en los campos de concentración Nazis en Europa durante la Segunda Guerra Mundial…y lo mas triste es la Indiferencia de la mal llamada “Comunidad Internacional” Que,con su actitud permiten que estos atropellos contra el pueblo palestino continúen, aunado a ello la complicidad de EE.UU y Europa apoyando abiertamente al Régimen Sionista nos hace “Hervir” la sangre de rabia e indignación…Que bueno es ver y escuchar que hay gente como ud comprometidas con la verdad y la noble causa del pueblo palestino…Un Gran Abrazo para ud y para nuestros hermanos y hermanas Palestinas!!

  2. Salaamdres dijo:

    Todos apoyando de una manera u otra a Palestina!

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