El Teatro de la Libertad vive y lucha

A cuatro años de la muerte de Juliano Mer-Khamis

 

María Landi

Quien viene una vez al Teatro de la Libertad, regresa siempre”, me aseguró Faisal Abu Alhayjaa, uno de sus principales actores y docentes. Tenía razón: un mes después de mi primera visita a Yenín viajé desde el sur de Cisjordania para asistir a la nueva obra del grupo, estrenada el 4 de abril en homenaje a Juliano Mer-Khamis, asesinado en esa fecha hace cuatro años frente al teatro que él fundó en 2006 en memoria de su madre, Arna Mer[1].

 Ciertamente El Teatro de la Libertad (TL) ejerce una poderosa atracción para cualquiera que crea en la relación entre cultura y resistencia, y en el teatro como vehículo de denuncia y transformación de las personas y la sociedad. En el contexto palestino, esa relación es inseparable: la cultura como resistencia está en el ADN de un pueblo que desde hace siete décadas lucha por preservar su memoria, su identidad y su territorio robados.

 El teatro está ubicado a la entrada del campo de refugiados de Yenín, donde viven unas 17.000 personas (la mitad de ellas menores de 20 años) en un kilómetro cuadrado de estrechos pasadizos y viviendas de varios pisos, ya que las familias sólo pueden expandirse hacia arriba. Conocido por algunos como ‘el corazón de la resistencia palestina’ y por otros como ‘la capital de los mártires’, durante la brutal incursión del ejército israelí en abril de 2002 buena parte del campo fue reducido a escombros y decenas de personas fueron asesinadas. No hay habitante del mujayyam que no tenga familiares, vecinas o amigos muertos, en muchos casos ante sus ojos. Ese trauma está presente en la mayoría de la población. De ahí que la propuesta cultural del TL sea una tabla salvavidas para muchísimos jóvenes del lugar.

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Una historia dentro de la historia

 El día del estreno el teatro desbordaba de un público tan entusiasta como heterogéneo, que incluía activistas y artistas locales, de otras partes de Cisjordania, de las localidades palestinas dentro de Israel, periodistas y un gran número de internacionales -cuya edad promedio superaba ampliamente la del jovencísimo público palestino.

Público a la entrada del teatro el día del estreno de El Sitio.

Público a la entrada del teatro el día del estreno de “El Sitio”
(Facebook del TL).

 “El Sitio” recrea el cerco que en abril de 2002 el ejército israelí mantuvo sobre la emblemática iglesia de la Natividad (considerado el lugar del nacimiento de Cristo), donde un grupo de combatientes se refugió después que Israel invadiera Belén y las principales ciudades palestinas[2]. Durante los 39 días del sitio, ocho combatientes y un sacerdote fueron asesinados y 37 resultaron heridos; el grupo resistió sin comida, electricidad ni agua, hasta que por un controvertido acuerdo entre Israel y la ANP, los civiles (curas, monjas y feligreses) fueron liberados y los combatientes fueron deportados (26 a Gaza y 13 a Europa), sin que hasta ahora se les haya permitido regresar a su tierra. La destrucción causada por las fuerzas israelíes a la iglesia de la Natividad fue considerable.

Imágenes de “El Sitio” el día del estreno en Yenín:

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La obra, escrita por Nabil Al Raee -director artístico del TL- y co-dirigida por él junto a la británica Zoe Lafferty, se basó en entrevistas realizadas a los protagonistas reales en sus países de exilio (Grecia, España, Irlanda, Italia, Portugal) y en Gaza (mediante Skype). Según Al Raee, la elección del tema se debió a que es un episodio no resuelto y en gran medida olvidado, sobre todo por las nuevas generaciones; y es también un símbolo de los muchos ‘sitios’ bajo los cuales vive la gente en Palestina: el israelí, el de la misma sociedad, el de la propia mente… “La ocupación tiene muchas capas”, dice Nabil (que fue amigo personal de tres de los combatientes sitiados).

 La pieza busca recuperar la memoria de ese hecho, y también es una invitación a la unidad por encima de sectarismos, en un momento en que es tan necesaria en Palestina. “Todos los protagonistas que entrevistamos durante la elaboración de la obra, de distintas facciones, hablaron de eso. Fue la primera vez que los musulmanes rezaron en una iglesia, y que compartieron la celebración de Pascua –que se dio durante el sitio- con los cristianos… Pero la gente se ha olvidado de esto, y los jóvenes no lo saben… Por eso nosotros, los artistas locos, venimos a contárselo y a recordárselo”, sostuvo Faisal.

 “El Sitio” es una puesta en escena de rigor profesional e indudable calidad artística. Después de estrenarse en Yenín -donde fue largamente aplaudida de pie- se presentó en Ramala y en la propia Belén, donde un público de más de 350 personas desbordó la sala y mucha gente quedó afuera. Tenían intención de llevarla también a Jerusalén, pero las autoridades israelíes no les dieron permiso para entrar. En mayo el TL por primera vez visitará el Reino Unido, donde ya hay más de 10 funciones programadas.

Nabil Al Raee en un video de 4′ hablando del Teatro de la Libertad y de “El  Sitio“: 


Cuatro años sin Juliano

Al preguntarle a Nabil cuál es su evaluación cuatro años después de la muerte de Juliano, responde que el solo hecho de que el teatro esté vivo y produciendo obras es un gran logro, “a pesar de todas las dificultades y del golpe de perder a Juliano… algo que nos dejó llenos de dolor y de rabia”.

Según Nabil, el momento más difícil fue poco después del asesinato. ”Tuvimos miedo de no poder continuar… Pero nos dijimos: no podemos dejar que los asesinos ganen. Tenemos que seguir, a pesar del miedo, de la desconfianza, las sospechas… Cuatro de nosotros estuvimos detenidos en distintos períodos (y el presidente del comité directivo fue detenido el mes pasado). Vivir bajo la ocupación nos hace sentir que nada es estable, nunca se sabe en qué momento la situación va a cambiar ni en qué direcciónCuando ocurren invasiones, arrestos, ejecuciones, nosotros estamos allí, en el medio del mujayyam. Ese es nuestro ambiente natural de vida, de trabajo y de creación”.

Juliano Mer Khamis. Foto sin crédito en 972 Magazine

Juliano Mer-Khamis (foto sin crédito en la web +972 Magazine)

Y Faisal agrega: “El teatro pasó por un período muy difícil después de la muerte de Juliano, de mucha inestabilidad e incertidumbre. Gente que venía y se iba… el ejército invadiendo y arrestando… los periodistas preguntando qué iba a pasar… Pero tres meses después igual estrenamos una nueva obra y la llevamos a Alemania. Teníamos la certeza de que si parábamos, sería para siempre; pero si persistíamos, también sería para siempre. ¿Qué cosa peor podía ocurrirnos? Pero por supuesto que no es fácil… Estos últimos tres años para mí han sido como 30…largos y duros.” 

Hacer teatro político en el contexto palestino es muy peligroso en muchos sentidos. Juliano era peligroso, tanto para los israelíes como para ciertos sectores de la comunidad palestina, afirman Nabil y Faisal.

Somos una comunidad conservadora y que está jodida (“fucked up” fue la expresión usada por Faisal). Y cuando vives bajo ocupación, tienes miedo de todo y sospechas de todo el mundo”. Pero él, que conoce bien a sus paisanos, no cree que haya sido asesinado por decisión de algún grupo o facción local. Más bien adhiere a la hipótesis de “mente israelí, mano palestina” (en referencia a los traidores y colaboradores reclutados por los servicios israelíes). Lo curioso, dice, es que cuatro años después no se haya encontrado al culpable, a pesar de que tanto israelíes como palestinos dijeron que iban a investigar el crimen. “Cuando un niño tira piedras, a la media hora los israelíes lo saben y vienen a arrestarlo… Pero nadie tiene interés en descubrir quién mató a Juliano”.

Juliano en El Teatro de la Libertad (2007).

Juliano en El Teatro de la Libertad (2007).

Le pregunto a Nabil sobre las relaciones entre el teatro y la comunidad local. “Desde el comienzo fueron de amor-odio”, responde. “Cuando comenzamos la gente estaba encantada. Pero cuando nos volvimos críticos, empezamos a ser odiados por algunos… Ahora hemos demostrado que estamos aquí y seguiremos aquí. Eso no se discute más. La división persiste entre quienes creen en nosotros y quienes ni siquiera creen en el teatro como tal. Pero no estamos aquí para complacer a todo el mundo; creemos en lo que hacemos y seguimos adelante, pese a quien pese”.


Una razón para vivir

Como todo palestino nacido en un campo de refugiados (en su caso en Aroub, en el sur), Nabil dice que es originario de la aldea cerca de Yaffa de donde su familia fue expulsada en 1948. Después de estudiar teatro en una famosa escuela de Jerusalén, siguió su formación en Túnez, trabajó en Europa y regresó a Cisjordania. En 2006 estaba en Ramala cuando Juliano –a quien no conocía- lo llamó para pedirle que fuera a dirigir en Yenín. Desde entonces, el TL se convirtió en el proyecto de su vida. Allí conoció también a su compañera, la portuguesa Micaela Miranda (quien llegó como docente temporal y no se fue más), con la que tiene una hija y espera un varón.

Nabil y su hija Mina el día de su primer cumpleaños. Foto sin crédito

Nabil y su hija Mina el día de su primer cumpleaños (Foto sin crédito).

Empezamos a trabajar con los niños y jóvenes que estaban creciendo durante la segunda intifada, viviendo las invasiones de los tanques, la demolición de sus casas, el toque de queda, la muerte cotidiana de sus familiares y amigos… Todo eso lo traían al teatro y empezamos a crear las historias con ellos; y era difícil, porque no sabían qué hacer con su bronca, cómo canalizarla. Y al preguntarles qué era lo que más deseaban, era ver el mar”. Así surgió la primera obra del TL, que trataba sobre cinco chicos del mujayyam que querían ir a conocer el mar “porque como sabes, nosotros tenemos tres mares en nuestra tierra: el Mediterráneo, el Muerto y el Rojo, pero Israel no nos permite ir a ninguno”. La obra mostraba los recursos que los chicos desplegaban para imaginar que iban al mar sin salir del campo. “La imaginación es un gran componente de nuestra vida como palestinos. Si mantenemos viva la imaginación, mantenemos los sueños, y ellos nos ayudan a alcanzar la meta que nos proponemos”.

Micaela Miranda con los 5 alumnos y las 3 alumnas de la escuela de actuación (Página de Facebook de la directora).

Micaela Miranda con los alumnos y alumnas de la escuela de actuación (foto de la docente).

“El TL no es solamente un teatro –dice Nabil-: es un lugar que salva vidas, que ofrece alternativas a resistir solamente con piedras o convirtiéndote en mártir. Si peleas con armas, puedes morir en un minuto (y con esto no quiero decir que no tengamos derecho a resistir la ocupación por todos los medios, incluyendo las armas). La resistencia cultural te da la posibilidad de desarrollar un pensamiento crítico, y de contar las historias –tuyas y de los otros- en ese proceso de resistencia. Y en el teatro te puedes sentir libre, ser tú mismo; es el único lugar, porque la cultura aquí es muy tradicional, y el sistema educativo tampoco desarrolla el espíritu crítico. Lo que importa no es salir del teatro siendo actor, sino encontrando quién eres y qué quieres hacer con tu vida”.

En efecto, en uno de los videos del TL[3] las alumnas dicen que es el único lugar donde no se las hace callar ni se las manda a la cocina; un alumno dice que la resistencia cultural es importante porque Israel no quiere que sean un pueblo educado. “Antes de que el teatro existiera, todos queríamos ser mártires; pero ahora sentimos que tenemos una razón para vivir”, dice otro. 

Niños con armas de juguete en el campo de refugiados de Yenín (María Landi).

Niños con armas de juguete en el campo de refugiados de Yenín (María Landi).

Faisal es un ejemplo viviente de ese milagro. Este joven de 27 años –que nació y vive en el campo de refugiados- sonríe siempre y está lleno de energía. Habla con pasión del TL, al que se unió con 18 años y ahora es su vida. El teatro lo cambió para siempre. Allí descubrió la importancia de la resistencia cultural, porque “la verdadera ocupación está en la mente”.

“Yo tenía 13 o 14 años cuando el campo fue invadido, y recuerdo absolutamente todo: entraron a mi casa, destrozaron todo, y nos obligaron a salir… En la calle todo era destrucción, tanques por todos lados… recuerdo hasta las caras de la gente. En esa situación las opciones eran: volverse loco, tomar las armas, o elegir el camino del arte. Yo era un buen estudiante, tenía otras oportunidades; la policía palestina quería reclutarme, porque soy alto y fuerte, y me ofrecían ascender, entrenar a otros… Podría haber tenido dinero, armas, un coche, una buena vida… pero me dije: ese no soy yo. Este lugar para mí es especial porque aquí soy yo mismo. Lo que elegí hacer, lo hago desde el corazón. Nunca soñé que iba a ser actor, enseñar, viajar por el mundo con el teatro”. Reconoce que ser combatiente es el sueño de muchos niños y jóvenes del campo, pero viviendo allí ha visto lo fácil que mueren, y lo poco que pueden hacer contra los F16 y los misiles israelíes. “Y yo no quiero terminar así. Este país nos necesita vivos, no muertos. Lo mío es la resistencia cultural. Estamos construyendo la tercera intifada”.

Faisal con Juliano durante una gira por Alemania.

Faisal (21) con Juliano durante una gira por Alemania en 2009 (página de Facebook del actor).


Desafíos y sueños
 

Nabil se siente orgulloso de lo que hacen y de seguir los pasos de Juliano, aunque afirma su convicción de que el teatro es un proyecto colectivo, no de una persona. “La generación que empezó en 2006 ahora enseña en el teatro, y son líderes en su medio”.  Además de la escuela de actuación, el área Multimedia del TL ofrece cursos de cine, fotografía y escritura creativa para impulsar a las y los jóvenes de Yenín a explorar su potencial expresivo.

Le pregunto por la participación de las mujeres, que siempre es un problema en una sociedad conservadora. Me dice que está creciendo. “En la primera generación egresada había dos; en la generación posterior a la muerte de Juliano, ninguna; en la actual, hay tres en un grupo de ocho[4]. Igual sigue siendo un desafío”, afirma.

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El TL se propone llegar al resto de Palestina y también a la comunidad internacional. Para eso han desarrollado varios proyectos. El más novedoso es el Bus de la Libertad, que cada año durante una semana recorre diferentes localidades de Cisjordania llevando internacionales a conocer e interactuar con comunidades afectadas de distinta forma por la ocupación, desde agricultores en el Valle del Jordán hasta pastores en las Colinas del Sur de Hebrón, pasando por un campo de refugiados o una aldea que resiste la confiscación de su tierra y su agua.

En ese encuentro el grupo recoge y representa las situaciones de la comunidad (ver aquí un ejemplo de ese playback en la aldea Al-Tuwani) y también la apoya realizando tareas concretas. “El principal objetivo es romper la fragmentación y el aislamiento que nos quieren imponer, conectarnos con la gente en los lugares de mayor opresión y sufrimiento, y ayudar a devolver la esperanza, a crear algo juntos, más allá de los discursos vacíos de los políticos”, decía en otra entrevista Alia Al Rosan, ex coordinadora del Bus de la Libertad y actual alumna de la escuela de teatro.

Galería de imágenes del Bus de la Libertad durante su travesía anual por el Valle del Jordán, las Colinas del Sur de Hebrón, Nabi Saleh y otros lugares de Cisjordania (fotos del blog del Freedom Bus):

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Nabil afirma que su sueño es poder desarrollar más relaciones con América Latina y aprender del intercambio mutuo sobre la producción artística bajo opresión, de la que hay tanta experiencia en nuestro continente. “Yo sueño con que en algún momento seamos verdaderamente independientes y nuestras relaciones no dependan de la financiación europea. Yo quiero conocer América Latina, porque sé que tenemos mucho más en común que con otros países…”.

El año pasado el TL actuó en Sao Paulo. América Latina y sus teatristas tienen la palabra para seguir haciendo realidad este sueño.

Equipo del TL con una profesora visitante.

Equipo del Teatro de la Libertad con la holandesa Katrien van Beurden en un taller sobre Commedia Dell’arte.

[1] Arna Mer, teatrista y activista israelí casada con un comunista palestino de Israel, había creado el “Stone Theatre” durante la primera intifada para ofrecer un espacio de expresión a los jóvenes del campo de refugiados de Yenín. El teatro –construido sobre la vivienda de una familia del mujayyam, y en el que su hijo Juliano era docente- fue destruido por las bombas israelíes durante la segunda intifada, y la mayoría de los alumnos de Arna fueron asesinados. Este proceso fue magistralmente documentado por Juliano en su film “Arna’s Children” (2003).
[2] Ver un video promocional elaborado por el TL.
[3] “From Stones to Freedom“, en el canal de YouTube de The Freedom Theatre.
[4] A diferencia de otros cursos del TL, la escuela de teatro es sumamente exigente: se trata de un programa de 3 años y 8 horas diarias, enfocado en actuación, dirección y resistencia cultural; por eso cada generación tiene pocos alumnos y alumnas. Hay cinco docentes fijos y muchos temporales que vienen del exterior –sobre todo de Europa.
Juliano Mer-Khamis hablando sobre el origen y el proyecto del Teatro de la Libertad (video de 8′):
 Tributo a Juliano Mer-Khamis por el grupo palestino de rap DAM:
 Entrevista de Katie Miranda a Faisal Abu Alhayjaa sobre el pasado y el presente del Teatro de la Libertad (40′):

Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén).
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