Rania Jalek y Ali Abunimah sobre el ataque a la familia Dawabsha


Dos análisis que ponen en contexto una violencia terrorista de la que rara vez se habla en Occidente: la de los colonos judíos en Palestina ocupada, producto y reflejo del régimen sionista. El odio racista a ‘los árabes’ desde su más tierna infancia es incitado y practicado desde los más altos niveles del gobierno y permea a toda la sociedad israelí.

Ali Dawabsha (foto familiar).

Ali Dawabsha (foto familiar).


Los dirigentes israelíes encendieron la mecha que quemó vivo
al bebé Ali Dawabsha


Rania Jalek*

El asesinato del bebé de 18 meses Ali Dawabsha, salvajemente quemado vivo en la aldea de Duma, Cisjordania ocupada, ha suscitado enérgicas condenas de los dirigentes israelíes.

A cualquiera que preste atención a las expresiones generalizadas de odio que emanan desde todos los rincones de la sociedad judía israelí, esta charlatanería no sólo no es convincente, sino que se trata obviamente de un lavado de manos público para consumo externo.

Es difícil encontrar un solo ministro israelí que no haya perpetrado o exhortado a la violencia racista contra las y los palestinos, especialmente porque este tipo de incitación –y otros peores- les hacen ganar votos.

Ali fue asesinado en la madrugada del viernes, cuando individuos –que después fueron vistos por testigos huyendo de regreso a la colonia Maale Efraim- rompieron la ventana del cuarto del bebé y arrojaron cocteles Molotov y líquido inflamable al interior de la casa. Su padre, su madre y su hermanito de 4 años apenas sobrevivieron al ataque y están luchando por sus vidas, con quemaduras severas en casi la totalidad del cuerpo.

La autopsia arrojó que el cuerpo de Ali “estaba completamente carbonizado, sus extremidades desintegradas y parte de los pulmones y la caja torácica, al igual que sus facciones, se habían derretido”, informó la agencia de noticias Ma’an.

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Quemando niños, de Gaza a Duma

Los atacantes pintaron una estrella de David y la palabras en hebreo “Venganza” y “Larga vida al  Mesías Rey” en las paredes de una casa vecina, que también incendiaron –aunque nadie resultó herido-, dejando bien clara su motivación[1]. Similares grafitis racistas y nacionalistas fueron encontrados en las paredes de casas ocupadas por los soldados israelíes durante la ofensiva militar del año pasado en Gaza.

Ésta es una de las muchas razones por las que el premio a la mayor hipocresía va para el ejército israelí, que publicó declaraciones condenando “este bárbaro acto de terrorismo” y jurando intensificar los esfuerzos “para encontrar a los responsables”. La idea de que el mismo ejército israelí que protege y permite a los colonos hostigar y atacar con impunidad a los palestinos va a hacerle rendir cuentas a los agresores de la familia Dawabsha es descabellada.

Es el mismo ejército que destruyó completamente o dañó severamente más de 25.000 viviendas en Gaza el año pasado, aniquilando a familias enteras refugiadas en ellas, “incluyendo 19 bebés y 108 preescolares de 1 a 5 años”, según una investigación de AP. Lo único que separa a los soldados israelíes responsables de esos asesinatos de los colonos que quemaron vivo a Ali es un uniforme y órdenes explícitas del gobierno.

Menos de 24 horas después de jurar que llevaría a los asesinos ante la justicia, el ejército israelí disparó a matar a dos adolescentes palestinos: Mohammed Hamid al-Masri en Gaza y Laith al-Khalidi, en Cisjordania (ambos de 17 años), mientras los asesinos del bebé Ali siguen en libertad.

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De asesinos a líderes

En cuanto a los gobernantes israelíes que corrieron a denunciar el ataque en Duma como “terrorismo”, todos tienen historias bien documentadas de incitación anti-palestina. Algunos incluso han matado palestinos y se han jactado de ello.

El primer ministro Benjamín Netanyahu, arquitecto del ataque de 51 días que mató a 551 niñas y niños en Gaza el año pasado, respondió al ataque de los colonos afirmando que su gobierno está “unido en el firme rechazo a esos actos deplorables y atroces”.

Es el mismo que, después de que hace un año se hallaran los cuerpos de tres colonos adolescentes, emitió un llamamiento a la venganza de sangre, encendiendo así la mecha que quemó vivo al adolescente palestino Mohammed Abu Jdeir (16). Como señaló el periodista Dan Cohen, tal parece que quemar a niños palestinos se ha convertido en un ritual anual israelí.

Mohammed y Ali. Dibujo de Sami Eldeek.

Mohammed y Ali. Dibujo de Sami Eldeek.


“Auto-genocidio”

El ministro de educación Neftalí Bennett, líder del partido ultra-nacionalista Habeyit Hayehudi (Hogar Judío), dijo: “El incendio provocado de una vivienda en Duma y el asesinato de un bebé es un acto de terror repugnante”. Es el mismo Bennett que se jactó: “Yo he matado a cantidad de árabes en mi vida; y no hay ningún problema con eso”.

Tal vez los colonos que asesinaron al bebé Ali seguían los pasos de Bennett, quien alcanzó notoriedad después de jugar un papel decisivo en provocar la masacre de más 100 civiles y cascos azules refugiados en la sede la ONU en Qana, Líbano, durante la invasión israelí de 1996. Más de la mitad de los muertos en ese ataque eran niñas y niños.

Si los colonos que quemaron vivo al bebé Ali hubieran vestido uniformes del ejército israelí cuando prendieron fuego al hogar de los Dawabsha, Bennett probablemente los habría elogiado en lugar de condenarlos, tal como lo hizo en respuesta a la indignación internacional ante la masacre de los cuatro niños Bakr en la playa de Gaza el año pasado. En ese momento Bennett, hablando por CNN, acusó a los palestinos y palestinas de llevar a cabo “un auto-genocidio masivo” para dañar la imagen de Israel.

Ahmad, Ali, su madre y su padre, víctimas del terrorismo sionista.

Ahmad, Ali, su madre y su padre, víctimas del terrorismo sionista.


“Quimioterapia”

El ministro de Defensa Moshe Yaalon se refirió al asesinato del bebé Ali como “horribles actos de terror que no podemos permitir” y prometió “perseguir a los asesinos hasta llevarlos ante la justicia”.

Es el mismo Yaalon que aseguró que Israel no dudaría en matar civiles palestinos y libaneses –incluyendo niñas y niños- si consideraba que debía hacerlo en cualquier guerra futura con sus vecinos.

Como muchos líderes israelíes, Yaalon tiene un patrón de incitación a y participación en actos violentos. Durante su período como jefe del Estado Mayor, comparó a los palestinos con una amenaza cancerosa que sólo puede ser eliminada “aplicando quimioterapia”.

Si los asesinos del bebé Ali son como Yaalon, van a evadir la justicia y así ascender en sus carreras, como hizo exitosamente Yaalon en más de una ocasión, a pesar de su participación en crímenes de guerra.

En Israel, matar palestinos y exhortar al genocidio hace avanzar una carrera política. Demagogos violentos ocupan puestos claves en el gobierno, no a pesar de su incitación contra las y los palestinos o de los crímenes que han perpetrado, sino debido a ellos.

La parlamentaria Ayelet Shaked, después de exhortar el año pasado a asesinar a las madres palestinas cuando duermen para evitar que den a luz “pequeñas serpientes”, fue recompensada siendo nombrada este año ministra de Justicia.


Está permitido matar bebés

Eli Ben-Dahan, el rabino que vive en una colonia en Jerusalén Este ocupada, quien decretó que “[las y los palestinos] son bestias, no son humanos” ha sido recientemente nombrado viceministro de Defensa. Ahora está a cargo de la “Administración Civil”, el nombre que Israel le da al órgano militar que gobierna a la población palestina en la ocupada Cisjordania.

No es accidental que clérigos como Ben-Dahan hayan permanecido en gran medida silenciosos sobre el bebé Ali. Después de todo, ellos inspiran una versión del judaísmo extremista, mesiánica y aniquiladora que guía la violencia de los colonos.

Dos de los más notorios son Yitzhak Shapira y Yosef Elitzur, quienes en 2009 escribieron Torat Hamelech (la Torá del Rey), una guía que enseña cuándo está permitido matar a no-judíos. Los autores afirman que la ley judía permite “matar bebés si está claro que van a crecer para hacernos daño; en ese caso se les puede hacer daño deliberadamente, y no solamente en situación de combate con adultos”.

Elitzur y Shapira dirigen una yeshiva (escuela religiosa judía) radical en la colonia Yitzhar, donde viven algunos de los colonos más violentos de Cisjordania, ubicada cerca de la aldea de Duma.

En julio de 2014, Dov Lior, un rabino colono de Cisjordania que adhirió a la Torat Hamelech, emitió su propio dictamen afirmando que la completa “destrucción de Gaza” estaba permitida. “En tiempo de guerra, la nación atacada puede castigar a la población enemiga con las medidas que considere adecuadas, tales como bloquear el suministro de víveres o electricidad, así como bombardear toda el área (…) tomar medidas disuasorias para aplastar y exterminar al enemigo”, escribió Lior.

Los colonos israelíes, que se consideran en estado de guerra perpetua contra una “población enemiga”, ciertamente seguirán las orientaciones de esos clérigos.

En febrero el ejército israelí allanó Yitzhar y confiscó armamento que los colonos planeaban usar contra los palestinos y palestinas, incluyendo líquidos inflamables, granadas de gas lacrimógeno y máscaras negras.

A pesar del horror expresado por los principales políticos israelíes, no han dicho una sola palabra contra los rabinos que incitan a atacar a la población palestina en nombre de su versión extremista del judaísmo.

Meir Ettinger (nieto del siniestro rabino Meir Kahane y residente en Yitzhar, fue arrestado como principal sospechoso del ataque, pero hasta ahora sólo está siendo interrogado, no acusado (Imagen: Tazpit).

Meir Ettinger (nieto del rabino terrorista Meir Kahane y residente en Safed), fue arrestado como principal sospechoso del ataque, pero hasta ahora no ha sido acusado y sólo está siendo interrogado (Foto: Tazpit).


Racismo en ascenso

Mientras tanto, este amplio espectro ideológico del odio tiene consecuencias que se extienden más allá de las colonias.

Un informe reciente de la Coalición contra el Racismo en Israel reveló un aumento drástico de los ataques antiárabes desde 2013, coincidente con la incitación racista de los políticos israelíes durante el último ataque a Gaza y las elecciones de febrero pasado.

El informe documentó en el último año 237 ataques racistas en Israel, 192 de ellos dirigidos contra árabes (en 2013 se registraron 113). Esta cifra excluye los ataques de colonos en Jerusalén Este y Cisjordania ocupadas. La cultura de odio y extremismo que llevó al asesinato de Ali Dawabsha está enraizada no sólo en las colonias, sino en el tejido mismo de la cultura política israelí, en su régimen de discriminación y en el sionismo que lo sustenta.

Los políticos que gobiernan una sociedad donde los bebés palestinos son sistemáticamente considerados “amenaza demográfica” y donde muchos celebran con júbilo su matanza, no pueden pretenderse inocentes ni afirmar sentirse “escandalizados” cuando los colonos queman vivos a niños palestinos.

*Rania Jalek es una periodista independiente residente en EEUU que escribe sobre los grupos marginados y desposeídos. Es colaboradora habitual y miembro del consejo editor de The Electronic Intifada y ha publicado en Truthout, Al Jazeera America, The Nation, AlterNet y más. Bloguea en Dispatches from the underclass y tuitea en @RaniaKhalek.
Publicado en The Electronic Intifada el 1º de agosto de 2015. Traducción: María Landi
[1] N. de la T.: En alusión a la reciente destrucción por parte de las autoridades israelíes de algunas estructuras construidas ilegalmente en un ‘puesto de avanzada’ de la colonia judía Beit El (un fenómeno que se da esporádicamente, en contraste con las permanentes demoliciones de viviendas palestinas, y del cual obviamente no son responsables las comunidades palestinas que son castigadas ‘en venganza’).
Ahmad (4 años), hermanito de Ali, luchando por su vida.

Ahmad (4 años), hermanito de Ali, luchando por su vida.

Cómo Israel protege a sus colonos que queman vivos a niños palestinos

Ali Abunimah*

Antes del amanecer del viernes por la mañana, Alí Dawabsa, un bebé palestino de 18 meses, murió quemado vivo en un ataque contra dos casas de la aldea de Duma, en el norte de Cisjordania. Ésta no ha sido la primera vez que colonos judíos han quemado vivo a un palestino.

Dada la impunidad que Israel concede a sus colonos, ¿qué posibilidades hay realmente de que los asesinos de Alí sean llevados ante la justicia?

“Vimos a cuatro colonos huyendo a toda prisa”, ha dicho Musalam Dawabsha, uno de los aldeanos que intentó ayudar, a la agencia de noticias palestina Ma’an. “Tratamos de cogerles, pero huyeron hacia el asentamiento cercano de Maaleh Efraim”.

Los atacantes también dejaron unas pintadas hechas en las paredes de la casa: junto a una estrella de David, decían “Venganza” y “Larga vida al Mesías Rey”.

La madre de Alí está ahora en estado crítico, con graves quemaduras en el 90 por ciento de su cuerpo. El padre tiene quemaduras en el 80 por ciento y el hermano, de 4 años, en el 60 por ciento de su cuerpo.

Ali con su madre y padre (foto familiar).

Ali con su madre y padre (foto familiar).


Lágrimas de cocodrilo

Tras este horror, las autoridades israelíes, desde el primer ministro Benjamín Netanyahu hacia abajo, han puesto en escena una ostentosa demostración de condena y pena, comprometiéndose a llevar a los asesinos ante la justicia.

Estoy conmocionado por el asesinato de Alí Dawabsha. Es un acto reprobable y horrible de terrorismo en todos los sentidos. pic.twitter.com/m9JXsk7YHg
— Benjamín Netanyahu (@netanyahu) 31 julio 2015
Es alentador ver a líderes de todo el espectro político y social de Israel –de derechas y de izquierdas, religiosos y laicos– levantarse en contra del asesinato del niño palestino.
Avi Mayer (@AviMayer) 31 julio 2015

Al mismo tiempo, la ocupación ha comenzado su operación de castigo colectivo contra los palestinos, desplazando refuerzos a Cisjordania para reprimir posibles protestas e impedir la entrada de los palestinos a la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén Este.

Resulta difícil imaginar una muestra más hipócrita que las lágrimas de cocodrilo de los mismos líderes que perpetraron la masacre de 2.200 palestinos en Gaza el año pasado, de los cuales más de 500 eran niños, fingiendo ahora indignación por el asesinato de uno más.

Evidentemente, las declaraciones israelíes tienen un objetivo concreto: tratar de presentar el asesinato de Alí Dawabsha como algo excepcional y oscurecer la realidad de que la violencia de los colonos forma parte consustancial de la estructura de la ocupación y el apartheid israelíes.

Para Israel, esto es meramente una crisis de relaciones públicas y las expresiones de indignación y “tristeza” no son más que la hasbara (propaganda) prescrita por los asesores de imagen.

Igualmente hipócritas son las condenas del gobierno de EEUU, que se jacta regularmente de lo mucho que ha hecho para armar y financiar a Israel y protegerle de cualquier rendición de cuentas.

Como ha dicho una satírica cuenta de Twitter,

Mi mensaje a los vigilantes que mataron a Alí Dawabsha es claro: si quieren asesinar a bebés palestinos, pónganse un uniforme. #Duma
— Benjamín Netanyahu (@Ask_Netanyahu) 31 julio 2015

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‘Era cuestión de tiempo’

“El que quemaran a un niño era solo cuestión de tiempo”, ha declarado esta mañana, después del ataque, el grupo israelí de derechos humanos B’Tselem.

“Esto se debe a la política de las autoridades que consiste en no aplicar la ley a los israelíes que atacan a los palestinos y sus propiedades”, ha añadido el grupo. “Esta política crea impunidad para los crímenes de odio y anima a los agresores a seguir adelante, lo cual tiene consecuencias tan horribles como las de esta mañana”.

“En los últimos años, civiles israelíes han prendido fuego a gran cantidad de casas, mezquitas, empresas, tierras agrícolas y vehículos palestinos en Cisjordania”, ha dicho B’Tselem. “La gran mayoría de estos casos nunca se han resuelto y en muchos de ellos, la policía israelí ni siquiera se ha molestado en investigar”.

La impunidad y la pasividad es la norma, incluso en los casos más brutales y atroces.

Hace poco más de un año, un grupo de jóvenes israelíes secuestró y quemó vivo a Mohammed Abu Jdeir en Jerusalén Este.

En ese caso, la policía israelí se tomó todo el tiempo del mundo para encontrar a los sospechosos, a pesar de que tenía una cinta de vídeo que mostraba sus rostros y el coche con el que lo secuestraron (video publicado en primera instancia por The Electronic Intifada).

Posiblemente, fue debido a la ola de indignación internacional que se molestaron en arrestar a los sospechosos.

El caso sigue su lento caminar por los tribunales israelíes y hay pocas razones para confiar en un sistema que trata a los israelíes que atacan o asesinan a los palestinos con extrema indulgencia.

Este mes, dos israelíes que quemaron una escuela mixta de Jerusalén, con escolares judíos y árabes,  han recibido una leve condena, a pesar de que no mostraron el menor arrepentimiento. Al salir del juicio, declararon que el crimen “valió la pena” con el fin de disuadir la “convivencia” de judíos y árabes.

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Quemados en un taxi

El 16 de agosto de 2012, unos colonos quemaron viva a una familia palestina que viajaba en un taxi.

Yamila Hassan, su marido Ayman y sus hijos Iman, de cuatro años, y Mohammed, de seis, viajaban en un taxi por el sur de Belén, en la Cisjordania ocupada, junto con otro pasajero y el taxista.

El coche fue golpeado por un cóctel Molotov. Ayman y los dos niños resultaron gravemente heridos. Mohamed sufrió quemaduras muy graves en todo su cuerpo.

“Estamos perdidos, nuestras vidas se han vuelto del revés. El padre, el hijo y la hija están en mundos diferentes, nuestra vida es difícil y miserable”, dijo Yamila a la agencia de noticias palestina Ma’an dos semanas después del ataque.

Mohammed acababa de salir de la agonía de una nueva intervención quirúrgica. “Él grita de dolor”, dijo.

Todo este tiempo, ha habido promesas israelíes de “justicia”, pero, ¿qué ha sucedido?

La policía arrestó a tres menores de un asentamiento judío cercano y dijo al juez que había encontrado huellas dactilares en el lugar de los hechos que vinculaban a los sospechosos con el ataque.

Según Haaretz, el juez Yaron Mintkevich dictó prisión preventiva para los chicos, “con gran dolor de corazón, debido a su edad”. Al parecer, tenían entre 12 y 13 años. Pero en enero de 2013, los fiscales israelíes retiraron el caso por “falta de pruebas”.

Si hubieran sido niños palestinos, acusados de arrojar piedras a los soldados de ocupación, les habrían mantenido en prisión preventiva durante meses, sometiéndoles a todo tipo de abusos y torturas para obligarles a confesar.

Evidentemente, no es así como Israel trata a sus propios colonos, que están sujetos a la ley civil israelí, mientras que los palestinos, incluidos los niños, están sometidos a tribunales militares israelíes ilegítimos.

Desmantelar el ‘apartheid’ israelí

Esta discriminación colonial es un recordatorio de que los colonos no son la causa, sino meramente una fea manifestación de la violencia colonial israelí, que tiene sus raíces en el sionismo y que es alimentada desde las altas esferas.

¿Quién puede creer que un ministerio de “justicia” dirigido por Ayelet Shaked –que en una destacada apología del genocidio el año pasado llamaba a matar a las madres palestinas para que no dieran a luz “pequeñas serpientes”– vaya a hacer justicia?

Tal vez los colonos que asesinaron a Alí tomaron en serio las palabras de Shaked o de cualesquiera otros políticos israelíes que, una y otra vez, incitan a la violencia contra los palestinos.

La conclusión es esta: el asesinato de centenares de niños en Gaza el verano de 2014, el asesinato de Mohammed Abu Jdeir, quemado vivo, el ataque que acabó con la vida de Alí Dawabsha… forman parte del precio que los palestinos deben pagar para que Israel siga existiendo y expandiendo sus fronteras como un autodeclarado “estado judío” y racista.

Alí Dawabsha o cualquier otro palestino solo podrán conseguir algo de justicia de un sistema israelí de apartheid cuando este sea completamente desmantelado.

*Alí Abunimah es cofundador de The Electronic Intifada y autor de The Battle for Justice in Palestine y One Country: A Bold-Proposal to End the Israeli-Palestinian Impasse.
Publicado en Blog sobre Palestina. Original en inglés: The Electronic Intifada, 31/7/15. Traducción: Javier Villate.

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Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén). Es columnista del portal Desinformémonos, corresponsal del semanario Brecha, y escribe en varios medios independientes y alternativos.
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2 respuestas a Rania Jalek y Ali Abunimah sobre el ataque a la familia Dawabsha

  1. Rene Salvador Zablah dijo:

    Que gran desgracia , nos damos cuenta , que el pensamiento judeo israeli , es de exterminio a todo lo palestino , con el proposito de eliminar toda traza de Palestinos en el poco territorio que les han arrebatado, para confirmar que ese territorio les pertenecia , y que no habia habitantes y ahora con medidas diabolicas, perversas y propia de los salvajes canibales que ellos son amedrentan a la poblacion, para perpetuar su delirio que de ahi son , si ellos europeos descendientes de una mistura de tribus tartaras, turcas, caucasicas y eslabas , que emigraron a europa del este y despues al resto del mundo , no son de Palestina son de todas partes menos de ahi, lo mejor que no se han mezlado con arabes palestinos, por lo tanto ojala que el mundo vea esa terrible injusticia y que castige a ese pueblo mejor dicho horda de salvajes canibales y les oblige a tragar sus propias maldades , por eso han sido expulsados y masacrados porque las vivoras son ellos.

  2. Fernando Bermúdez López dijo:

    Las organizaciones de Derechos Humanos estamos al lado del heroico pueblo palestino y condenamos las acciones terroristas del estado de Israel. La solidaridad es la ternura de los pueblos, dice Pedro Casaldáliga.

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