“Por primera vez Israel está pagando un precio por la ocupación de Palestina”


Con Pedro Charbel, coordinador de la campaña BDS en América Latina

 

Pedro Charbel en Montevideo (Manuela Aldabe, Brecha).

Pedro Charbel en Montevideo (Foto: Manuela Aldabe, Brecha).

 

María Landi

 

Pedro Charbel es el joven brasileño que el Comité Nacional Palestino de BDS[1] designó como Coordinador de Campañas en América Latina. Graduado en Relaciones Internacionales e investigador en la Universidad de Sao Paulo, fue voluntario internacional en Cisjordania y está involucrado en el BDS en su país. Tuvo una participación activa en la campaña para pedir a Gilberto Gil y Caetano Veloso que no actuaran en Israel, y es mencionado por Caetano en la carta donde hace poco anunció que no volverá a Israel y que hoy se siente más cerca de la lucha palestina.
En el marco de una gira por el Cono Sur, se reunió en Montevideo con legisladores, periodistas, dirigentes sindicales, estudiantes universitarios y militantes de base para interiorizarlos sobre los objetivos y avances de la campaña mundial de BDS. Esta entrevista fue realizada para el semanario Brecha[2] al final de su visita.

¿Qué es el movimiento BDS y qué tiene de particular con respecto a otras formas tradicionales de solidaridad con Palestina?

El movimiento BDS surge en 2005 con un llamado de las organizaciones palestinas a la sociedad civil internacional. Es una respuesta a muchos años de impunidad de Israel, de continua violación del derecho internacional y las resoluciones de la ONU, de inacción de los gobiernos ante el continuo proceso de ocupación, colonización y apartheid. Frente a eso, la totalidad del pueblo palestino –la población que vive dentro de Israel (que es el 20% y no tiene los mismos derechos que la población judía), la que vive bajo ocupación en Gaza, Cisjordania y Jerusalén, y la población refugiada alrededor del mundo– nos ha pedido que presionemos a nuestros gobiernos e instituciones para que rompan su complicidad con Israel.

Las tres demandas del movimiento son claras: derecho al retorno de las y los refugiados (como está estipulado desde 1948 por la ONU); fin de la ocupación y desmantelamiento del muroderechos iguales para las y los palestinos que viven en Israel.  Y propone una herramienta de presión no violenta: el boicot, el retiro de inversiones y las sanciones hasta que Israel cumpla con sus obligaciones internacionales.

El movimiento ha crecido en el mundo y ha logrado muchas victorias en estos últimos años[3], y por eso es una forma efectiva de solidaridad. Lo que distingue al BDS es que responde a un llamado del pueblo palestino,  tiene liderazgo palestino y es una manera de pasar de la solidaridad retórica a la práctica. El BDS nos ofrece herramientas concretas para superar la impotencia que nos genera la situación de Palestina, y a la vez apunta a hacerle pagar un precio a Israel por mantener el statu quo.

¿Qué está pasando hoy en Palestina y qué postura asume el BDS?

Hay un empuje de la resistencia popular; la gente está protestando en la calle porque ya no aguanta más tanta opresión. Es una generación joven que creció bajo el fallido proceso de Oslo y sus protestas no tienen liderazgo específico de ningún partido político. Nos toca apoyar esa resistencia, y el BDS es la forma más efectiva de hacerlo.

Además de ser una herramienta efectiva, el BDS es pedagógico, porque muestra lo que es la industria de represión que se desarrolla alrededor de la ocupación, la colonización y el apartheid. Por ejemplo, el muro que construyó Israel en Cisjordania –ilegal según la Corte Internacional de Justicia– fue hecho por una empresa israelí que está ahora en Uruguay: Elbit, que aquí se presenta como Noa, y tiene un contrato con el gobierno uruguayo para proveer equipos de “seguridad antiterrorista”. Uruguay, que es firmante de los Convenios de Ginebra, no está cumpliendo con su obligación de no ser cómplice de una empresa que los viola. Las casas palestinas son demolidas diariamente con topadoras Caterpillar. La seguridad de las prisiones y colonias israelíes está tercerizada a empresas como la británica G4S, que también está en Uruguay.

El BDS empodera a la gente, porque le permite hacer cosas para cambiar esa realidad. Y le está poniendo un precio real a esas violaciones de derechos humanos y del derecho internacional. La empresa francesa Veolia ha perdido en Europa más de 14 millones de dólares por su participación en la colonización y el apartheid en Cisjordania. En 2014 la inversión extranjera en Israel cayó un 46%, y según un informe de la UNCTAD se debió al ataque a Gaza y al movimiento BDS. Entonces las cifras muestran que el movimiento es efectivo.

¿Cuál ha sido la reacción del gobierno israelí al avance del BDS?

La reacción es una prueba más de que el movimiento está siendo efectivo. El primer ministro Netanyahu ha dicho que el BDS es un enemigo de Israel y una amenaza estratégica. Hay un presupuesto específico para combatir al BDS en Israel y en el mundo. Están por crear un ministerio contra el BDS, están aprobando leyes para criminalizar al BDS dentro y fuera de Israel. El argumento es que el BDS es un movimiento discriminatorio, antisemita. Eso no tiene ningún fundamento; al contrario, el BDS es por definición antirracista y pide el fin de la discriminación. Por eso Israel no va a tener éxito. El BDS tiene apoyo incluso de israelíes y de personas y organizaciones judías en todo el mundo, porque es un movimiento por los derechos humanos.  Y no apunta a los individuos, sino a instituciones cómplices de las violaciones israelíes.

¿Cómo funciona el boicot dentro de Palestina y en el mismo Israel?

 Si bien este llamado tiene 10 años, el pueblo palestino tiene una larga historia de boicot como parte de su resistencia pacífica. En la primera intifada hubo una serie de iniciativas y cooperativas que buscaban suplir los productos israelíes boicoteados, como forma de protesta y de disminuir la dependencia económica con Israel que provoca la ocupación. Hay una película genial de animación, llamada “The wanted 18” (nominada para el Oscar) sobre las vacas de una cooperativa láctea palestina en Beit Sahour (cerca de Belén), que fueron consideradas una amenaza por Israel porque los palestinos no compraban más su leche. Hoy los palestinos están organizándose en torno a boicots locales a productos israelíes (que son la mayoría en los supermercados) y buscando alternativas. Desde el año pasado, la venta de productos israelíes cayó un 24% en Cisjordania y Gaza; es un comienzo importante, porque el mercado palestino es el tercero en importancia para Israel, con un impacto potencialmente muy alto, ya que Israel –por los Acuerdos de Oslo II o Protocolo de París- controla la economía palestina.

En Israel existe “Boicot desde adentro”, que es significativo y hay israelíes muy implicados en el boicot cultural y académico, pidiendo a artistas e intelectuales que no vayan a Israel, que boicoteen sus universidades, o investigando sobre la complicidad de las empresas en el régimen de opresión.

El boicot tiene un precio, indudablemente. Y parte del discurso sionista es que perjudica a los trabajadores palestinos que se ganan la vida en las empresas boicoteadas.

Si uno conoce las condiciones de trabajo de los palestinos en las empresas israelíes, nunca lo va a utilizar como argumento. La respuesta es que sin ocupación las condiciones de vida y de trabajo en Palestina van a ser infinitamente mejores. Es un pueblo educado y capacitado para hacerse cargo de su economía, si lo dejan. Por eso, si nos preocupan los derechos de los trabajadores palestinos, lo mejor que podemos hacer es apoyar el BDS para terminar con el régimen que los explota. Además las encuestas muestran que la gran mayoría del pueblo palestino apoya el BDS.

La gente también se pregunta: ¿qué pasa con la fuente de trabajo en las empresas que están sufriendo el boicot?  Es interesante saber lo que han hecho los sindicatos de esas empresas, por ejemplo en el país vasco, donde Veolia tiene el sistema de transporte de Bilbao: se han sumado a la campaña de boicot, presionando a la empresa desde adentro para que se retire de los territorios ocupados, no sólo por solidaridad, sino también para defender su fuente de trabajo, porque si la empresa sigue perdiendo contratos, ellos también pierden.

¿Por qué se sabe tan poco sobre el BDS en América Latina, en comparación con el hemisferio Norte?

América Latina tiene un vínculo muy fuerte con Palestina, hay una solidaridad histórica, porque nuestros pueblos saben lo que es el colonialismo, el terrorismo de Estado, la limpieza étnica de los pueblos indígenas… También nuestros gobiernos han reconocido a Palestina, hablan a favor de su derecho de autodeterminación; pero es una solidaridad retórica: siguen comprando armas y haciendo negocios con Israel. Brasil es el cuarto comprador mundial de armas a Israel. Uruguay firmó el contrato con Elbit mientras Israel bombardeaba Gaza, cometiendo los crímenes de guerra más horrendos de su historia. Lo que falta entonces es hacer práctica y efectiva esa solidaridad.

Hay experiencias exitosas que no se conocen: en Brasil, el año pasado el gobierno de Rio Grande do Sul rompió un contrato con la empresa Elbit debido a la presión del movimiento social. Lo mismo hizo el gobierno de la provincia de Buenos Aires, que en 2012 canceló un contrato con la empresa israelí Mekorot, responsable del apartheid del agua en Palestina. Los sindicatos presionaron y denunciaron incluso los impactos negativos que tendría para la población ese contrato de privatización con Mekorot. Poco a poco los movimientos sociales latinoamericanos están involucrándose con el BDS. Las centrales sindicales (el PIT-CNT, las dos CTAs, la CUT) ya han planteado la ruptura del tratado de libre comercio MERCOSUR-Israel. En esto hay dos niveles: lo mejor es romperlo para aislar a Israel hasta que cumpla las resoluciones de la ONU; o por lo menos aplicar una cláusula que ya existe en el tratado para rechazar los productos provenientes de las colonias ubicadas en territorio ocupado. Al no respetar esta cláusula, el MERCOSUR queda atrás de la Unión Europea, que ya está aplicando normas al respecto.

¿Cómo ve el movimiento palestino, que te nombró coordinador en América Latina, las perspectivas para expandir el BDS en la región?

Latinoamérica tiene mucho potencial. Las empresas israelíes están apostando fuerte a esta región frente a las dificultades que están teniendo en Europa. Y a nosotros nos toca de cerca, porque las empresas que están desarrollando la industria de represión (utilizando los cuerpos palestinos como laboratorio de pruebas) la venden en Latinoamérica para usarla contra nuestros pueblos. En Brasil hay una campaña contra ISDS, que tiene un contrato con el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos 2016. Es una empresa israelí acusada de colaborar con golpes y dictaduras en Centroamérica, y entrena a la policía militar que ocupa las favelas de Rio de Janeiro y mata a negros y pobres todos los días, con racismo sistemático. Todo eso es parte de la industria de represión que Israel le vende al mundo. En Brasil decimos que los estados están globalizando la barbarie, y por eso tenemos que globalizar la resistencia. En ese sentido, el BDS tiene un significado muy importante: no es sólo practicar la solidaridad con Palestina, sino también luchar por nuestros derechos humanos –ya sea contra la represión, contra la privatización del agua, etc.

Quizás falta más claridad, más información, para ver la conexión entre las luchas; porque materialmente los gobiernos ya la han hecho.  G4S por ejemplo está vendiéndole a EEUU la tecnología para el muro de la frontera con México. Los movimientos en las favelas están empezando a hacer esas conexiones. El movimiento negro en EEUU lo está haciendo con mucha potencia…

¿Cuáles son los tipos de boicot que impulsa la campaña?

Hay distintas maneras de sumarse al BDS: desde un sindicato, un municipio, la universidad…  A nivel de sanciones, por ejemplo exigimos a los gobiernos el embargo militar a Israel. El boicot institucional implica impulsar resoluciones  anunciando que no se aceptarán vínculos de complicidad con la ocupación. El boicot económico tiene un impacto muy efectivo. La empresa Caterpillar perdió el status de “socialmente responsable” en EEUU por presión del BDS, y eso le hizo perder muchas inversiones (de iglesias, fondos de pensiones y otros). Fundaciones como la de Bill Gates retiraron inversiones de G4S. Los bancos israelíes han perdido muchas inversiones europeas debido a que todos están implicados en la ocupación y colonización. En universidades de EEUU, los estudiantes han ganado muchas mociones de desinversión.

Además del boicot institucional y económico, está el cultural, el académico y el deportivo. A nivel cultural el BDS está creciendo mucho: cada vez más artistas están diciendo que no van a actuar en Israel ni a aceptar patrocinios de su gobierno. Entre los casos más recientes de boicot cultural, está Lauren Hill en EEUU, que anunció que no actuaría en Israel respondiendo al pedido de boicot.

Cuéntanos cómo fue la campaña para pedir a Caetano y Gil que no actuaran en Israel.

Desde que se anunció su concierto en Tel Aviv les pedimos que lo cancelaran, apelando a su compromiso histórico con las luchas por derechos humanos, libertad y justicia en Brasil y en el mundo, por ejemplo su oposición al apartheid en Sudáfrica. Ellos recibieron una carta de Desmond Tutu y tres cartas de Roger Waters pidiéndoles que no fueran. Judíos de EEUU e israelíes que apoyan el boicot les escribieron. Artistas palestinos también se lo pidieron, y muchos artistas brasileños también; el ministro de Cultura dijo que en su lugar él no iría. Nosotros nos reunimos y hablamos con ellos. Fue una campaña larga que movilizó a la prensa y al ambiente cultural, todo el mundo hablaba de eso. Pero ellos igual viajaron a Israel. Antes de ir a Tel Aviv hicieron su tour europeo, y en todos los países encontraron protestas de la gente con banderas palestinas, pidiéndoles que respetaran el boicot cultural. Allá se reunieron con israelíes críticos y visitaron Susiya, una aldea palestina en Cisjordania ocupada, que está amenazada de destrucción completa por la expansión de una colonia judía. Y conocer esa realidad fue suficiente para que ahora Caetano escribiera una carta pública diciendo que cree no volverá a Israel, y que los planteos del BDS tienen fundamento. Se dio cuenta que la ‘paz’ que él encontraba en Tel Aviv no es una paz verdadera, y que ahora desea una paz más cerca de los palestinos que de Israel.

El proceso de darse cuenta que esa imagen idealizada que se tenía de Israel como un país democrático, socialista incluso –por aquello de los kibutzim– es falsa, es algo que todavía pasa con la izquierda latinoamericana, incluso con judíos o israelíes.

Ciertamente. Llegar a entender que después de la Nakba (la expulsión de la mitad de la población palestina para crear el Estado de Israel) los kibutzim fueron una herramienta de colonización del sionismo, es un proceso difícil para mucha gente de izquierda en América Latina; abrir los ojos y ver lo que realmente pasó y lo que está pasando, es una responsabilidad, sobre todo para figuras públicas como ellos. Y es un proceso de conciencia, doloroso, pero que incluso muchos judíos y judías en el mundo están haciendo, y se suman al BDS. Eso en EEUU es muy fuerte.

También es difícil ese proceso porque a nivel de sus comunidades y de Israel hay reacciones muy fuertes de represalia. Yo tengo amigos judíos muy críticos pero que no participan en protestas públicas porque tienen miedo de pelearse con su familia y con su comunidad… E Israel invierte muchos recursos en combatirlos. Y también en vincular sus políticas de Estado con la religión judía, lo cual es inaceptable: lo que pasa en Palestina ocupada no tiene nada que ver con la religión. Por eso es un proceso que implica muchas veces cuestionarse todo lo que uno recibió desde niño como parte de una identidad (la judía) y darse cuenta que no tiene nada que ver con Israel, e incluso es contradictorio con esa cultura judía.

¿Qué responde el BDS a quienes afirman que el camino hacia la paz y la solución es el diálogo y no el boicot, es construir puentes y no destruirlos? ¿Significa que estamos en una etapa distinta a la del proceso de paz?

¡Miren qué resultó de 20 años de ‘diálogo’! La situación está peor que nunca. No hay diálogo posible cuando uno es el opresor y el otro el oprimido, cuando hay un desequilibrio brutal de poder, y cuando una de las partes no tiene interés ni voluntad de cambiar: a Israel le sirve el statu quo; la no solución es lo que le sirve a Israel, porque mientras avanza con su proyecto implacable de colonización y la limpieza étnica del pueblo palestino.  El BDS en cambio da fuerza a los intentos de cambio reales. Si uno quiere la paz, quiere llegar a una solución verdadera y no violenta, hay que empezar por no vender ni comprar armas a Israel. Eso no lo dice sólo el BDS, sino premios Nobel de la paz como Desmond Tutu, Pérez Esquivel.

El ejemplo sudafricano es muy especial, porque los sudafricanos saben la importancia que tuvo la presión internacional para poner fin al régimen de apartheid. Y el BDS es una herramienta, no es un boicot dogmático a Israel; no es un fin en sí mismo, sino que existirá hasta que Israel cumpla con sus obligaciones con el derecho internacional. Y las tres exigencias del BDS no son algo negociable o discutible: están en el derecho internacional y sólo cabe que Israel las cumpla. Y mientras no lo haga, no podrá haber paz justa ni duradera.

El BDS ha acuñado el concepto de ‘normalización’; ¿qué quiere decir?

Hay muchas iniciativas que abordan esta cuestión como si se tratara de un conflicto entre dos bandos (similar a la teoría de los dos demonios en estas latitudes), o un conflicto religioso, o de civilizaciones. Entonces hay quienes piensan que poniendo a palestinos e israelíes a tomar juntos un té se va a solucionar. Se ignora que lo que divide a ambos pueblos es un régimen de apartheid; y se intenta ‘normalizar’ ese régimen. Pero Israel no es un Estado normal, y por eso no se puede mantener relaciones normales con él (como no se podía con la Sudáfrica del apartheid).

Las universidades israelíes apoyan y alimentan las políticas racistas, belicistas y colonialistas del Estado. Eso no es normal, no es democrático. Lo que el BDS hace es ‘desnormalizar’ esa imagen ficticia y abrir los ojos de la gente para que no acepten al régimen israelí como normal.

Israel hace muchos esfuerzos para mantener su imagen de país ‘normal’, lavando su imagen  internacional (el concepto de ‘whitewashing’ en inglés, y sus variantes). Por ejemplo, utiliza la causa LGBT y queer para mostrar una imagen de país amigable para las minorías sexuales , en contraste con la homofobia de los países vecinos (como si no hubiera homofobia en Israel). Eso es una estrategia de propaganda que llamamos ‘pinkwashing’, porque esa imagen –y el turismo LGBT que promueve– busca encubrir lo que hace Israel a la población palestina (cualquiera sea su orientación sexual). La comunidad LGBT palestina por supuesto está luchando por sus derechos, y rechaza la mentira del pinkwashing israelí –con el apoyo de muchas comunidades LGBT en todo el mundo. Del mismo modo que las mujeres palestinas luchan por sus derechos; hoy ellas son el 40% de la juventud que está protestando en la calle contra el ejército de ocupación. Unos y otros no necesitan que Israel les rescate de nada, al contrario: son víctimas de la opresión israelí, y luchan contra ella. No es el colonizador quien va a salvar al colonizado. Unas y otros, y sus aliados dentro de Israel, lo que piden es que apoyemos el BDS. Saben que nunca tendrán libertad verdadera en una sociedad jerarquizada por criterios étnico-religiosos. Los integrantes de una pareja donde una es de Israel y el otro de Cisjordania (o Gaza) no tienen derecho a vivir juntos, por la ‘ley de ciudadanía’ vigente en Israel.

A menudo cuesta entender las implicaciones racistas de afirmar que Israel es un estado judío, el estado de todos los judíos y judías del mundo. Sería como decir que Uruguay es el país de su población blanca, o de su población cristiana…

Exactamente. Los derechos humanos son para todas las personas de un país, no para un grupo étnico o religioso dominante. La igualdad de derechos es indiscutible en el siglo XXI. Sin embargo, esto para el sionismo es una amenaza, y sostiene que llevaría a “la destrucción de Israel”. No es cierto: la igualdad que reclama el BDS va a destruir el racismo. Estamos en contra de un régimen de apartheid que otorga derechos diferentes según la adscripción étnica o religiosa de las personas. La Suprema Corte de Israel ha dicho que se debe controlar a la población palestina para que no amenace el carácter judío del Estado. ¿Te imaginas un discurso como ese en cualquier democracia moderna? Es algo que toda la comunidad internacional rechazaría de plano, pero a Israel se le tolera. Algo tan elemental como plantear derechos iguales para todas las personas es visto por Israel como una amenaza a su existencia. ¿Qué tipo de democracia es la que se siente amenazada cuando se habla de igualdad de derechos? El BDS es temido y combatido por Israel precisamente porque ha desenmascarado la naturaleza racista de su régimen.

La pretensión israelí de tener un Estado exclusivamente judío y de hablar en nombre de todas las personas judías del mundo es inaceptable, y cada vez más gente la rechaza. La ocupación, colonización y apartheid son crímenes condenables y perseguibles, no tienen nada que ver con la religión o la identidad judías. Y eso, gracias al BDS, está quedando cada vez más claro. Ya no se admite la excepcionalidad o la impunidad de Israel: si estuvimos contra el colonialismo, las dictaduras, el terrorismo de Estado, los crímenes de lesa humanidad en América Latina, no podemos aceptarlos en Palestina. Si uno defiende los derechos humanos y el derecho internacional, no puede haber excepciones.

 

Logo del movimiento BDS.

Logo de la campaña palestina y global de BDS.


NOTAS

[1] Movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones a Israel.
[2] Ver aquí una versión más corta de la entrevista.
[3] Ver en este blog: El fantasma sudafricano recorre Israel.

 

Campaña por el boicot cultural a Israel lanzada por artistas neoyorquinos/as (subtitulada, 2:41′):
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Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén). Es columnista del portal Desinformémonos, corresponsal del semanario Brecha, y escribe en varios medios independientes y alternativos.
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3 respuestas a “Por primera vez Israel está pagando un precio por la ocupación de Palestina”

  1. alicia de la macorra dijo:

    apoyo al BDS, pero me queda poco claro donde firmo.

  2. Silvio del Valle dijo:

    Apoyo al BDS

  3. Mike Sol dijo:

    Yo apoyo a BDS, soy suramericano y no estoy de acuerdo en que las empresas sionistas se encuentren posicionadas en mi continente, ya que son un verdadero peligro para la supervivencia regional, NO ROTUNDO A ISRAEL Y A SUS POLÍTICAS EXPAN-SIONISTAS.

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