Verdad y mentiras

Durante el mes de enero Uruguay ejercerá la Presidencia temporal del Consejo de Seguridad de la ONU, órgano que integrará como miembro no permanente en el período 2016-2017. En ese marco, el gobierno uruguayo informó que habrá dos debates abiertos este mes: uno sobre la protección de civiles en conflictos armados (19 de enero) y el debate trimestral del organismo sobre Medio Oriente (26 de enero). Con respecto al último, el Canciller anunció que Uruguay impulsará la solución de dos estados coexistiendo como vecinos y con fronteras seguras en Israel y Palestina (cuyo ‘Estado’ reconoció en 2011, al igual que los demás países del MERCOSUR).
La posición de Uruguay no es otra que la oficial de Naciones Unidas desde 1947, cuando una comisión especial de la Asamblea General recomendó (porque no tenía facultad para hacer otra cosa) la partición del territorio de Palestina y la creación en más de la mitad de él de un Estado para los colonos judíos provenientes de Europa (que constituían menos de un tercio de la población).
Si esa ‘solución’ era injusta e insólita en 1947 (no se aplicó en ningún otro proceso de descolonización del siglo XX), cualquiera que conozca empíricamente la geografía actual de la colonización sionista sabe que es absolutamente inviable. Israel se ha encargado –sobre todo desde 1967– de crear “hechos consumados” que hagan irreversible su apropiación del territorio palestino. Mientras jugaba a negociar la paz durante 20 años de tramposo proceso de Oslo, continuaba implacablemente su expansión colonial. Mientras decía que estaba dispuesto a compartir el pastel, se lo iba comiendo a la vista de una comunidad internacional que no ha hecho otra cosa que dejarle hacer, mientras unos y otros continúan proclamando su fé en la “solución de los dos estados”. No está de más recordar que después de la limpieza étnica de la población palestina en 1948, para ser admitido oficialmente como miembro de la ONU en 1949, Israel se comprometió a permitir el regreso de las y los refugiados palestinos. Hasta hoy no lo ha hecho, y no lo hará, porque nadie se lo está exigiendo. Esa complicidad hipócrita es la que perpetúa la impunidad, más allá de la retórica hueca de quienes dicen apoyar a Palestina pero continúan haciendo “business as usual” con Israel.
En este breve artículo Ben White aporta cifras y argumentos para mostrar contundentemente por qué no hay ninguna posibilidad de que Israel retire a sus colonos del territorio ocupado. Y aunque no lo dice aquí, queda clara la necesidad de que la ONU reconozca esta realidad y empiece a vislumbrar otro paradigma. Eso supondría la transformación del proyecto sionista –racista, teocrático y excluyente– en un régimen democrático, plural y secular. En otras palabras, un país en el que todas las personas que viven entre el Mediterráneo y el Jordán tengan los mismos derechos, sea cual sea su filiación étnica o religiosa.
Lamentablemente, nada parece indicar que los países de América Latina estén dispuestos o en condiciones de tomar la iniciativa en este sentido.

 

Imágenes que dicen más que cualquier análisis.

Imágenes que dicen más que cualquier análisis.

 

Por Ben White*

 

Desde que Israel comenzó la ocupación militar de Cisjordania y Gaza en 1967, los sucesivos gobiernos israelíes han aprovechado todas las oportunidades a su alcance para aumentar la población de colonos en los territorios palestinos ocupados (TPO).

La ilegalidad de las colonias israelíes ha sido ratificada por el Consejo de Seguridad de la ONU, el Comité Internacional de la Cruz Roja y la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Bajo el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, la política de colonización es un crimen de guerra.

Además de constituir una grave violación del derecho internacional –y, como afirmó Amnistía Internacional, “inherentemente discriminatorias”–, las colonias también son un obstáculo sustancial para el establecimiento de un Estado palestino viable y soberano en los TPO.

La colonización israelí de los TPO lleva a muchos a preguntarse si un Estado palestino es todavía posible o no. Pero no es sólo una cuestión de territorio; se trata también de las colonias mismas.

Aproximadamente 400.000 colonos israelíes viven ahora a lo largo y ancho de Cisjordania, y si sumamos los que viven en las colonias de Jerusalén Oriental, el total llega a los 600.000. A pesar de esta cifra enorme, los representantes de Israel en Occidente continúan cacareando sobre la meta final de un Estado palestino. Los aliados de Israel, sin embargo, insisten en que la cuestión de las colonias –y sus más de 600.000 residentes– no es razón para un ultimátum.

Para agregar a la cuadratura del círculo, algunos sugieren distinguir entre colonos ubicados al ‘oeste’ y al ‘este’ del Muro de separación israelí. Es una ironía que ahora se hable del Muro (cuyos defensores insisten en que es una medida temporal de seguridad más que un robo de tierras) casi como de una frontera futura.

Unos 82.000 colonos viven al este del Muro de Separación. Sumándole la población de Ariel (una gran colonia urbana ubicada en el norte de Cisjordania, con una población de 18.000 personas), el total asciende a unos 100.000.

Según una encuesta realizada por Blue White Future, un grupo israelí que promueve la “solución de dos estados” para preservar a Israel como un estado judío, 40 por ciento de los colonos que viven al este del Muro se rehusarían a una evacuación voluntaria, “incluso si se llegara a un acuerdo”.

Por lo tanto, aun si el Muro –que fue construido en contra del Derecho Internacional y ha anexado un 10 por ciento de Cisjordania a Israel– se convirtiera en parte de una frontera negociada, Israel todavía tendría que retirar y reubicar a unos 100.000 colonos –y a decenas de miles de ellos, por la fuerza.

El pueblo palestino, por supuesto, rechaza en su totalidad la existencia del Muro de separación, que ha destruido sus tierras agrícolas y ha destrozado sus comunidades,  y cuya ruta caprichosa fue trazada para incluir del lado ‘israelí’ la mayor cantidad posible de colonias.

Pero ¿es viable evacuar incluso esa cantidad mínima de 100.000 colonos (ni hablar de los 600.000)? Dos líneas de razonamiento sugieren que no.

Si bien todos los gobiernos israelíes –incluso los del partido Laborista– han expandido las colonias, la actual coalición está particularmente dedicada a la empresa colonizadora, tanto de palabra como de hecho.

En marzo de 2015, el Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu declaró: “No vamos a dividir a Jerusalén, no vamos a hacer concesiones, no vamos a retirarnos del territorio”. En octubre pasado, la Ministra de Justicia Ayelet Shaked dijo públicamente en Washington D.C.: “No existe y nunca existirá un Estado palestino”.

Pero no es sólo retórica. En la primera mitad de 2015, la cantidad de viviendas construidas en las colonias judías de Cisjordania aumentó un 54,8 por ciento comparada con el mismo semestre del año anterior. En noviembre de 2015, las autoridades israelíes dieron luz verde a más de 2.200 nuevas viviendas.

Bajo Netanyahu, las nuevas construcciones en las colonias ubicadas al este del Muro pasaron del 20 por ciento al 35 por ciento del total. Según la ONG israelí Yesh Din, un cuarto de los ‘puestos de avanzada’ –apropiación ‘privada’ de tierras palestinas por colonos judíos con “el apoyo de facto de las autoridades”–  han sido aprobados o esperan serlo.

El segundo problema es que la evacuación forzada de los colonos tendría que ser llevada a cabo por el ejército. Pero el aumento del componente religioso dentro del ejército israelí –que se manifiesta en la presencia creciente de nacionalistas religiosos en sus filas– pone en cuestión su capacidad y su voluntad para llevar a cabo semejante evacuación.

En 2009, un general en actividad anónimo dijo al International Crisis Group (ICG) que “la orden de retirarse [de Cisjordania] va a (…) dividir al ejército y a volcar una parte de él contra el Estado. Yo antes devolvería Tel Aviv que Hebrón[1]”. Y agregó: “Somos (…) un Estado judío defendiendo la tierra que nos fue prometida por la Biblia, por Dios. La tierra es judía. Esta ideología es la columna vertebral del ejército”.

Entre 2000 y 2012, según un segundo y más reciente informe del ICG, “la representación de los nacionalistas religiosos en los cursos de entrenamiento de los oficiales aumentó del 15 al 43 por ciento”. Los planes recientes de reducir el poder del rabinato militar –cuya “rama de identidad judía” distribuye materiales y realiza conferencias en las unidades militares– han encontrado “fuerte resistencia por parte de los rabinos, dentro y fuera del ejército”.

Retirar a 9.000 colonos de Gaza en 2005 costó 3.000 millones de dólares y requirió 10.000 soldados y policías. Los soldados religioso-nacionalistas fueron intencionalmente apartados de la ‘primera línea’. Según el profesor israelí Yagil Levy, autor de “El comandante divino: la teocratización del ejército israelí”, una evacuación similar de Cisjordania es casi impensable.

En julio de 2015, las autoridades israelíes destruyeron “dos estructuras ilegales vacías, a medio construir” en la colonia Beit El[2] –una hazaña que sólo se logró, en palabras del periodista israelí Asher Schechter, “al cabo de años de disputas legales (…) y después de días de tumulto político y violentos disturbios”. Esta “saga”, dice él, mostró por qué “Israel probablemente nunca será capaz de evacuar la mayor parte de las colonias de Cisjordania”.

Una dirigencia política profundamente comprometida con la expansión de las colonias en Cisjordania –incluyendo las más apartadas y los puestos de avanzada–, combinada con la influencia creciente del nacionalismo religioso judío dentro del ejército, hacen que la perspectiva de cualquier evacuación de colonos a gran escala sea una fantasía. ¿Cuándo van a despertar los gobiernos del mundo?

Colonización israelí de Cisjordania (todo lo azul y celeste es tierra inaccesible para la población palestina).

Colonización de Cisjordania (las áreas en azul y celeste es tierra controlada por Israel, inaccesible para la población palestina).

[1] Hebrón (Al Jalil) está ubicada en el corazón de Cisjordania (N. de la T.).
[2] La destrucción por parte de las autoridades de estructuras construidas en las colonias sin permiso oficial (“puestos de avanzada”) se da muy raramente –en comparación con la cantidad que son regularizadas poco después– y es fuertemente resistida por los colonos, que incluso suelen tomar medidas de venganza violentas (“price tag”) contra sus vecinos palestinos (N. de la T.).
* Periodista y analista británico, experto en la cuestión palestina y autor de varios libros. Ver aquí su blog.
Publicado en Newsweek Middle East el 13/1/16.  Traducción: María Landi.

La colonia Har Homa construida en el monte Jabal Abu Ghneim, en tierras de Beit Sahour (Belén).

La colonia Har Homa, construida en Jabal Abu Ghneim, en tierras de Beit Sahour (Belén).

Ver también en este blog: Del “proceso de paz” a la lucha contra el apartheid israelí: el necesario cambio de paradigma

 

Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén).
Esta entrada fue publicada en Acuerdos de Oslo, América Latina, autodeterminación, Colonias Israelíes ilegales, Derecho Internacional, Israel, Muro de Apartheid, Proceso de paz, Resoluciones de la ONU y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

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