El movimiento BDS, nuevo enemigo de Israel

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Publicado en el semanario Brecha el 22/4/16.

 

Conectando las luchas en la Semana contra el Apartheid Israelí
en Latinoamérica

 

María Landi

 

Los crímenes de Israel son infinitamente peores que el apartheid de Sudáfrica
John Dugard (jurista sudafricano, ex Relator Especial de la ONU sobre Palestina).

 

¿Qué tienen en común un palestino, una sudafricana y un brasileño? Mucho, si los tres están dedicados a luchar contra el apartheid. Así quedó demostrado el martes 19 en la Universidad de la República de Uruguay, donde Mahmud Nawajaa, Kwara Kekana y Pedro Charbel expusieron los argumentos y fundamentos de la Semana contra el Apartheid Israelí (SAI). La reunión fue convocada por la Comisión de Apoyo al Pueblo Palestino. Los tres activistas participaron en actividades de la SAI en Brasil, Argentina, Uruguay, Chile y Colombia, además de entrevistarse con organizaciones sociales y grupos políticos.

La SAI, surgida en 2004 en la Universidad de Toronto para denunciar el régimen de discriminación que Israel impone sobre el pueblo palestino, se ha extendido y multiplicado por todo el mundo. En más de 150 ciudades –y principalmente en el ámbito universitario– se realiza cada año mesas redondas, proyección de películas, exposiciones y movilizaciones. El objetivo es educar al público sobre la naturaleza del apartheid israelí y así contribuir al movimiento global de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS)[1].

Esta iniciativa de grupos de solidaridad, universitarios y sindicatos ha llevado a que asambleas estudiantiles y docentes de muchas universidades debatan y aprueben resoluciones de boicot similares a las que en su momento se tomaron contra el régimen de apartheid de Sudáfrica. Numerosas universidades, gremios estudiantiles y asociaciones académicas han adherido al boicot académico en Europa, Canadá, Estados Unidos, Sudáfrica y otros países.

En su presentación, Mahmud Nawajaa (Coordinador del BDS en Palestina) explicó que el movimiento tiene un enfoque de derechos humanos, es independiente de los partidos políticos y de la ANP, y busca ejercer una presión ciudadana y no violenta sobre Israel para obligarlo a respetar el Derecho Internacional y las resoluciones de la ONU. También explicó que una prioridad del BDS es el llamado mundial a un embargo militar a Israel, al igual que se hizo en su momento con Sudáfrica.

Kwara Kekana (vocera de BDS Sudáfrica) explicó que, más allá de las similitudes entre su país e Israel, el régimen sionista se ajusta a la definición de apartheid de la ONU[2]. También recordó el papel clave que tuvo el boicot internacional para aislar y debilitar al apartheid en su país (“llegó un momento en que Sudáfrica estaba excluida de todos los torneos y ligas deportivas del mundo”), y destacó la importancia de conectar las luchas populares entre nuestros países “pues los poderosos ya lo hacen: las mismas corporaciones que violan los derechos humanos en Palestina lo hacen en Brasil o Sudáfrica”.

Pedro Charbel (coordinador del BDS en América Latina; ver entrevista) ilustró eso hablando de las campañas en Brasil contra las empresas militares israelíes Elbit (con la cual el gobierno de Rio Grande do Sul canceló un contrato en 2014) e ISDS (encargada de la seguridad de los Juegos Olímpicos) y de la reciente victoria al lograr que el gobierno de Bahía cancelara un contrato con la empresa israelí Mekorot (responsable del apartheid del agua en Palestina), después de una campaña cuyo lema fue “Del Nordeste a Palestina, tenemos sed de justicia”. También recordó que el gobierno uruguayo le compra a Elbit equipos de vigilancia antiterrorista, y que ISDS entrena a la policía militar brasileña que todos los días mata a negros y pobres en las favelas.

 

Cambio de narrativa

En Cisjordania es común encontrar a activistas, intelectuales y religiosos de Sudáfrica. Es uno de los países donde la solidaridad con la causa palestina es más fuerte. A menudo les oímos referirse a las similitudes entre el apartheid sudafricano y el israelí, e incluso decir que el primero era “un picnic” comparado con la sofisticación del segundo: “Nunca en Sudáfrica imaginamos un sistema de carreteras, de líneas de transporte público, de matrículas de coches segregadas”. También se asombran ante la diversidad de leyes y políticas en que se materializa, desde la distribución desigual del agua (80% versus 20%) hasta la existencia de dos sistemas jurídicos distintos en Cisjordania: civil para los colonos judíos y militar para la población palestina.

La discriminación institucionalizada no sólo existe al otro lado del Muro, sino dentro mismo de las ‘fronteras’ de Israel. Allí, el abismo en el acceso a la tierra, a servicios públicos, vivienda, salud y educación, a infraestructura y planeamiento urbano, etc. entre las comunidades judías y las palestinas es inmenso; por eso aun quienes conocieron el apartheid sudafricano no dejan de sorprenderse.

Pero de todo esto no se hablaba hasta hace poco. Quizás el mayor logro del movimiento BDS en una década de existencia es haber desafiado la narrativa sionista para presentar la cuestión palestina como lo que realmente es: no un conflicto entre dos naciones disputándose el mismo territorio, sino un proyecto colonial racista que durante siete décadas ha despojado de su tierra y de todos sus derechos a la población nativa de Palestina para implantar allí un Estado judío[3].

Al plantear la cuestión en términos de derechos humanos y derecho internacional, señalando la excepcionalidad de Israel como un país al que se le permite violar sistemáticamente todos los tratados y resoluciones de la ONU, el BDS ha revelado su verdadero rostro: “la única democracia de Medio Oriente” es un régimen de apartheid que considera inaceptables las tres demandas del BDS: libertad para quienes viven bajo la ocupación en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este; igualdad para quienes viven bajo el apartheid dentro de Israel; y justicia para la población refugiada o exiliada en todo el mundo (y sus descendientes) a la que desde 1948 se le prohíbe volver a su tierra. Que Israel se sienta amenazado por estas demandas dice mucho sobre la naturaleza del régimen sionista.

Poster de BDS Colombia

Poster de BDS Colombia citando al diplomático sueco Mats Svensson.


Amenaza estratégica y criminalización

Y  vaya si tiene motivos para sentirse amenazado. La inversión extranjera directa en Israel cayó un 43% en 2014, como resultado del ataque a Gaza y la campaña de BDS. Entre los importantes éxitos obtenidos por el BDS mediante la movilización y organización de la gente, destacan algunos recientes: las empresas israelíes SodaStream y Ahava decidieron salir del territorio ocupado, y las multinacionales Orange, Veolia y G4S resolvieron vender todos sus negocios y retirarse de Israel.  En todos los casos, después de campañas de boicot y desinversión que les reportaron pérdidas millonarias.

Iglesias de EE.UU. retiraron inversiones millonarias en empresas israelíes o multinacionales cómplices de la ocupación (recientemente la Iglesia Metodista Unida puso en lista negra a los cinco principales bancos israelíes). En universidades de EE.UU. y el Reino Unido no cesan de aprobarse nuevas mociones de boicot o desinversión. En el estado español, más de 40 administraciones públicas (y una cantidad de entidades privadas) votaron por adherir a una campaña popular y declararse “espacio libre de apartheid israelí” (ELAI).

Este año la celebración de la SAI tiene lugar en medio de una intensificación de la ofensiva mediática y diplomática del gobierno israelí para frenar el avance del BDS. El lobby sionista está destinando recursos millonarios para combatir al movimiento por diversos medios, desde la presión sobre los gobiernos para que criminalicen al BDS hasta ataques a sus sitios web en varios países. Mahmud Nawajaa comentó en su presentación que el gobierno israelí ha incluido al BDS en la cartera del Ministerio de Asuntos Estratégicos, junto a las relaciones con EE.UU. y el proyecto nuclear de Irán.

El 28 de marzo el principal diario de Israel, Yedioth Ahronoth, y su plataforma online Ynet organizaron en Jerusalén la conferencia de alto perfil “Stop BDS”, con el patrocinio de las poderosas organizaciones sionistas StandWithUs y el Congreso Mundial Judío. El Presidente de Israel Reuven Rivlin, ministros, parlamentarios, expertos en seguridad, empresarios y periodistas expresaron su preocupación por el avance global del BDS y el daño que está causando a Israel: “sin cuchillos o misiles, pero con una carga explosiva de mentiras (…) el BDS está conquistando cada vez más bastiones en Europa, Estados Unidos y otros lugares. Desde los campus de California hasta los supermercados de París, el boicot académico, económico y cultural se está convirtiendo en una amenaza palpable al estatus internacional del Estado de Israel”.

El editor jefe del Yedioth dijo a los más de mil asistentes que no debe subestimarse el poder del BDS, y que Israel no quiere encontrarse dentro de cinco o diez años en la situación en la que estaba Sudáfrica durante el apartheid. El ministro de Inteligencia Israel Katz llamó incluso a la “eliminación civil selectiva” de líderes y activistas del BDS (usando un juego de palabras con el término que en hebreo designa el asesinato selectivo, una práctica habitual de Israel), nombrando incluso a Omar Barghouti –vocero más visible del BDS.

Quienes conocen bien la política y la sociedad israelíes saben que hay razones fundadas para preocuparse, especialmente en el clima de extremismo que impera en Israel. No sería la primera vez que desde arriba se incita a cometer actos violentos –baste recordar el asesinato de Isaac Rabin hace 20 años. Recientemente Amnistía Internacional exigió a Israel poner fin a las intimidaciones y ataques a defensores de derechos humanos palestinos e israelíes que luchan contra la ocupación.

También Sudáfrica conoció estos esfuerzos por combatir el boicot. El movimiento sudafricano tardó décadas en obtener victorias y legitimarse ante gobiernos y opinión pública, mientras que el palestino parece ir más rápido. De hecho, Israel y sus aliados están teniendo cada vez más trabajo, y gastando más dinero, para mantener su control sobre la narrativa[4].

Pero ni las amenazas ni los intentos de criminalización están teniendo éxito. En marzo la reunión anual de AIPAC (el poderoso lobby sionista) en la capital de EE.UU. fue repudiada con una marcha masiva en solidaridad con Palestina, donde incluso la presencia judía era notoria. El mismo candidato demócrata Bernie Sanders eligió no asistir al evento –por primera vez en la historia electoral del país– , y en un debate presidencial criticó públicamente a Israel, diciendo que viola los derechos del pueblo palestino y que en Gaza hay un desastre humanitario. En otra medida insólita el veterano senador Patrick Leahy y otros diez congresistas pidieron en una carta al Secretario de Estado John Kerry que investigue las denuncias de graves violaciones de derechos humanos cometidas por Israel (y Egipto) que, de probarse, podrían afectar la ayuda militar de EE.UU. a esos países.

La rama del movimiento Students for Justice in Palestine del Brooklyn College defendiendo su derecho al BDS.

La rama de Students for Justice in Palestine del Brooklyn College defendiendo su derecho al BDS.


Haciendo méritos

También es cierto que al gobierno de Israel le corresponde buena parte del mérito por el avance del BDS, que crece a la par de las críticas a sus permanentes violaciones del derecho internacional y los derechos humanos.
– En marzo Robert Piper, representante de la ONU en Palestina consideró “alarmante” el aumento de demoliciones de hogares en Cisjordania. Sólo en los tres primeros meses del año, Israel destruyó unas 500 viviendas (en comparación con 447 en todo 2015); y hay más de 11.000 órdenes de demolición pendientes.
– El propio Secretario General de la ONU dijo que los ataques de jóvenes palestinos a soldados o colonos israelíes son la reacción “humana natural” a la ocupación que ese pueblo ha soportado por generaciones y que lleva a los jóvenes a una profunda desesperación. Las continuas actividades de colonización son una afrenta al pueblo palestino y a la comunidad internacional, dijo.
– El gobierno de Brasil mantuvo firme su negativa a aceptar al líder colono Dani Dayan como embajador de Israel. Después de varios meses de forcejeos diplomáticos, el gobierno israelí desistió y terminó nombrando a Dayan representante consular en Nueva York.
El Consejo de DD.HH. de la ONU resolvió elaborar una base de datos de las empresas que operan en las colonias ubicadas en Cisjordania[5]. Por su parte,  la Unión Europea aprobó nuevas medidas para el etiquetado de los productos israelíes provenientes de dichas colonias.
– Human Rights Watch dio a conocer dos informes lapidarios: en uno sostiene que las empresas ubicadas en las colonias judías contribuyen a las violaciones israelíes de los derechos humanos, y el otro condena el trato abusivo a los niños palestinos detenidos (cuyo número se duplicó en el último semestre). Informes similares fueron publicados por UNICEF en 2013 y 2015, por el Comité de los Derechos del Niño de la ONU y por Defensa de los Niños Internacional.
– Hasta el Departamento de Estado de EE.UU. criticó a Israel en su informe anual sobre derechos humanos por las más de 100 ejecuciones extrajudiciales de palestinos desde octubre pasado, afirmando que la mitad de ellos no habían cometido agresiones ni presentaban un peligro, como dice el gobierno israelí.

La reacción en Israel ante las críticas demuestra una vez más la miopía de la clase política y el autismo de la sociedad que la vota. Muy lejos de ensayar una mínima autocrítica, los dirigentes israelíes fustigan a todos los que osan criticar sus políticas de colonización, desde Ban Ki Moon para abajo, incluyendo al mismo embajador norteamericano en Israel. Las pocas voces que alertan de que este camino lleva inexorablemente a un aislamiento cada vez mayor son acalladas por una mayoría que opta por la negación y el fanatismo[6].

Como dijo el analista Ramzy Barud, “’El mundo entero está contra nosotros’, es una justificación muy común en Israel ante el rechazo internacional a sus prácticas de apartheid. No importa cuántas  empresas se retiren del país (…) ni cuántas universidades e iglesias voten por el boicot: la sociedad israelí sigue atrincherada detrás de ese slogan y de su inaudito sentido de victimización.”

Los esfuerzos desesperados de Israel para criminalizar al BDS y acallar toda crítica son el último recurso para revertir el cambio acelerado que se está dando en la opinión pública mundial en favor de los derechos palestinos. Muchos comparan este proceso con los años finales del apartheid en Sudáfrica: el régimen cayó solo cuando el costo económico de mantenerlo se hizo insostenible. La campaña internacional de boicot está subiendo ese costo también para Israel.

ACTUALIZACIÓN: El 25 de abril las y los estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile votaron a favor del boicot académico contra el Estado de Israel, resolviendo no permitir en la facultad actividades que cuenten con participación o patrocinio israelíes ni mantener vínculos institucionales con universidades de ese país.
 

Mahmud Nawajaa en Santiago (BDS Chile) Cartel de BDS Colombia.

Mahmud Nawajaa en Santiago (Foto: BDS Chile). Cartel de BDS Colombia.

 

Con Mahmud Nawajaa: “Israel está perdiendo la batalla
de la opinión pública

Mahmud Nawajaa (30, casado y con dos hijos) tiene la difícil tarea de articular los diferentes sectores (políticos, religiosos, sindicales, ecologistas, de mujeres, derechos humanos, campesinos, ONGs) representados en el Comité Nacional de BDS (BNC), la coalición más grande y plural de la sociedad civil palestina que en 2005 lanzó la campaña de boicot a Israel.

Cuenta que el reciente quinto encuentro anual del BNC fue el más grande de todos: más de 1200 participantes celebraron los éxitos recientes mencionados arriba. “Fue una celebración de la esperanza que representa el BDS”. Ochenta por ciento del evento fue financiado por la gente: el transporte, el local, el registro en video y otros gastos fueron brindados sin costo por particulares. “El BDS está por encima de las disputas partidarias, y eso da esperanza y une a la gente en lugar de dividirla. Y además nos da proyección global”, afirma.

Dice también que el movimiento está presionando sobre el sistema político: “La OLP ya adhirió al BDS, y cada vez está hablando más y llamando públicamente al boicot. Y está presionando a la ANP, que aún con su debilidad y desprestigio (por su colaboración con Israel) está siendo influida por la campaña”. Hace poco la ANP vetó a cinco grandes compañías israelíes y ordenó destruir más de 150 toneladas de sus productos comercializados en toda Cisjordania. Aunque lo hizo como represalia por la negativa de Israel a dejar entrar productos palestinos en Jerusalén, la medida tiene un impacto económico y simbólico. Eso por supuesto afecta también a grandes empresarios palestinos que se enriquecen haciendo negocios con Israel.

Mahmud deja claro que no hay ningún tipo de relación entre el BNC y la ANP. Ésta no habla públicamente contra el BDS, pero tampoco lo impulsa (aunque Abbas sí ha hablado contra el boicot a Israel). “Pero incluso la ANP está cambiando con respecto a este tema; y tiene que ver con la creciente legitimidad y expansión del BDS”, dice.

Hay un cambio cultural: aunque el boicot es muy difícil en Palestina porque somos una economía  cautiva, la gente está tomando más y más conciencia y surgen iniciativas a nivel local. Las encuestas reflejan que hay una caída de los productos israelíes en el mercado palestino. En el encuentro hubo un panel sobre 14 experiencias locales de boicot.

La ofensiva del gobierno israelí no está frenando al movimiento, asegura. Por ejemplo, hace poco se realizó en Nazaret el primer encuentro de BDS dentro de Israel, donde ya hay leyes que penalizan a quienes llamen al boicot. Por otra parte, están asesorándose y actuando jurídicamente en el tema ‘derecho al BDS’ como libertad de expresión para contrarrestar las iniciativas de criminalización en Europa y EE.UU. Mahmud no tiene dudas de que la resolución del Consejo de DD.HH. de la ONU y la declaración de Amnistía Internacional mencionadas arriba también son resultados –directos o indirectos– del trabajo del BDS[7].

Están perdiendo, y por eso tienen miedo. Saben que su propaganda ya no funciona como antes; que ya no pueden representar eficazmente el papel de víctima que tiene derecho a defenderse. De nuevo, el desafío es cambiar la narrativa. Cuando la gente empieza a escuchar y a conocer la realidad, su mente se abre.

El BDS también está creciendo en el mundo árabe. “Está fuerte en Egipto y Jordania, y está empezando en el Golfo y en el norte de África. En Egipto y Jordania la prioridad es frenar la exportación de gas israelí a esos países. En Jordania se enfocan en G4S y en el acuerdo del gas (que todavía se está negociando). Hay incluso un grupo grande de parlamentarios que impulsan el BDS”.

Respecto a las relaciones con América Latina, dice que en esta gira encontraron mucha apertura e interés por conocer y hacer más. Falta pasar a la acción con campañas concretas, como se ha hecho en algunos casos y de manera exitosa en Brasil, Argentina y Colombia[8].

Para nosotros el Sur Global es fundamental, porque hacia allí está apuntando Israel tras el deterioro de su imagen internacional en el Norte, como resultado del BDS. Tenemos que dar a conocer el papel que juegan las universidades israelíes en sostener el proyecto colonizador y de apartheid, para que las universidades y movimientos estudiantiles de América Latina se sumen al boicot académico.

La falta de recursos para trabajar en esta región es un desafío a superar; en eso es muy distinto a Europa o EE.UU., donde sí tienen recursos para montar campañas, mandar delegaciones, financiar viajes nuestros, etc. Tenemos que promover más intercambios entre esas campañas de BDS avanzadas y los grupos que están empezando en América Latina. ¡Y seguir trabajando para conectar las luchas! En Brasil empezamos con el movimiento negro, en Chile con el pueblo mapuche… Estamos en camino.

Anuncio de la 5ª Conferencia del BDS en Palestina

Anuncio de la 5ª Conferencia Nacional del BDS realizada en Ramala el 9 de abril.


NOTAS

[1] El movimiento BDS fue iniciado por la sociedad civil palestina en 2005. Inspirado en el que contribuyó a la caída del apartheid en Sudáfrica, promueve el boicot económico, académico, cultural, deportivo e institucional.
[2] Como demostró rigurosamente la sesión del Tribunal Russell sobre Palestina celebrada en Ciudad del Cabo en 2011.
[3] Según la legislación israelí, cualquier persona judía de cualquier parte del mundo tiene derecho a emigrar a Israel y recibir la nacionalidad y todos los derechos asociados en forma automática, mientras que a las palestinas se les niega ese derecho, aun si nacieron allí.
[4] El año pasado el gobierno israelí destinó casi 25 millones de euros al Ministerio de Asuntos Estratégicos para combatir el BDS. La mayor parte del dinero se dedica a recabar información sobre el BDS y sus líderes, y a sabotear y desprestigiar sus actividades.
[5] Todas las colonias israelíes en territorio palestino ocupado son ilegales según la ONU y el derecho internacional humanitario (IV Convenio de Ginebra y Estatuto de Roma).
[6] El 20 de abril, 6000 israelíes manifestaron en Tel Aviv en apoyo al soldado procesado por ‘homicidio culposo’ por haber ejecutado a sangre fría a un palestino que yacía herido en el suelo. La gente coreaba “Muerte a los árabes” y portaba carteles con consignas nazis y textos como “Mátenlos a todos”. (Este insólito procesamiento se debió únicamente a que la ejecución fue filmada y se hizo viral; ha habido más de un centenar de ejecuciones similares en los últimos meses sin otra consecuencia para los autores que recibir felicitaciones).
[7] Ver aquí la campaña iniciada a nivel europeo contra la criminalización del BDS y por el derecho al boicot ciudadano.
[8] El colectivo BDS Colombia logró recientemente que una importante cadena de restaurantes de alcance nacional terminara su contrato con la empresa de seguridad G4S.
Reporte de Annur TV sobre la Semana contra el Apartheid en Argentina:
Video del grupo BDS de la Universidad de Chile para promover el boicot académico en su Facultad de Derecho:
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Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén). Es columnista del portal Desinformémonos, corresponsal del semanario Brecha, y escribe en varios medios independientes y alternativos.
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