Combatir a las fuerzas de ocupación israelíes es “terrorismo”. Boicotear a Israel es “antisemitismo”. ¿Qué es lo que está permitido entonces?  

 

Soldados israelíes junto al cuerpo de un palestino asesinado a tiros por un soldado mientras yacía herido en el suelo después de un ataque con cuchillo en Hebrón, Cisjordania,  el 24/3/16. (AP).


Glenn Greenwald*

 

Que “terrorismo” es un término de propaganda maleable, sin significado fijo o aplicación coherente, es algo ahora bastante reconocido. Aun así, su reciente aplicación para referirse a la ola de violencia contra los soldados de ocupación israelíes en Cisjordania es una manipulación tan extrema que merece la pena destacarlo.

Israel ha ocupado militarmente Cisjordania durante décadas (técnicamente también sigue ocupando Gaza, como lo demuestra este video de dos minutos). La “ocupación [de Cisjordania] es ilegal según el derecho internacional, y la ONU le ha dicho en repetidas ocasiones a Israel que debe retirarse del territorio palestino”. Aun los ardientes defensores de Israel admiten que “Cisjordania está bajo un régimen de ocupación beligerante” y “la empresa colonizadora de Israel es, y siempre ha sido, incuestionablemente ilegal según el derecho internacional”. A pesar de este consenso mundial, las colonias israelíes continúan creciendo aceleradamente. Israel no participa en ningún esfuerzo significativo para negociar un acuerdo destinado a poner fin a la ocupación, y los principales ministros israelíes hoy en día se oponen abiertamente a tales esfuerzos.

En respuesta a esto, en el último año ha habido una serie de ataques de palestinos y palestinas contra soldados de la ocupación en Cisjordania. En la prensa israelí y estadounidense, los palestinos que atacan a los soldados ocupantes son invariablemente llamadosterroristas“, y sus ataques son denunciados como “terrorismo” (“Los dos soldados fueron apuñalados mientras estaban en un puesto de guardia en la colonia de Har Bracha, situada en el norte de Cisjordania (…) Las tropas estaban buscando a los terroristas”).

Extracto del portal israelí de noticia Ynet (versión digital del diario Yedioth Aharonot).

Extracto del portal israelí de noticia Ynet (versión digital del diario Yedioth Aharonot).

Para aquellos (como yo) que durante mucho tiempo hemos sostenido que el término “terrorismo” significa hoy en día muy poco más que “la violencia de los musulmanes contra Occidente y sus aliados”, y no tiene otro propósito que deslegitimar la violencia de un lado mientras se legitima la del otro lado, ¿puede haber mejor prueba que esto?

Por supuesto, ha habido ataques palestinos contra civiles israelíes[1] (aunque muchos más civiles palestinos han muerto a manos del ejército israelí); pero en esos casos específicos, los palestinos están atacando objetivos puramente militares, no civiles. Esos objetivos militares son soldados desplegados en su territorio como miembros de un ejército de ocupación ilegal. ¿En qué sentido se puede concebir como “terrorismo”? Si ahora luchar contra un ejército de ocupación es “terrorismo” simplemente porque el ejército pertenece a Israel y los atacantes son palestinos, ¿no resulta tremendamente obvio que se está explotando el término?

EE.UU. frecuentemente ha hecho lo mismo: invade y ocupa países como Irak y Afganistán, y luego etiqueta a todos los que luchan contra su ejército de ocupación como “terroristas”, incluso poniendo a algunos en Guantánamo. Del mismo modo, los ataques contra bases militares de EE.UU., del Reino Unido y otros países occidentales son calificados rutinariamente como “terrorismo“.

No hace falta decirlo: los estadounidenses y los israelíes (junto con muchos otros países) se reservan para sí el derecho absoluto de luchar contra cualquier ejército extranjero que ocupe su tierra. En efecto, en los años Ochenta Hollywood produjo una película llamada Amanecer Rojo, que imaginaba la ocupación de los EE.UU. por la Unión Soviética y sus aliados nicaragüenses y cubanos. Contaba la historia de los heroicos ciudadanos estadounidenses, liderados por estudiantes de secundaria, que libraban una guerra de guerrillas contra las tropas de ocupación, matando a docenas y docenas de ellas. Imaginen la confusión generalizada y la indignación resultante si alguien hubiera acusado a los realizadores de glorificar el “terrorismo”, satanizando a los ficticios estadounidenses de la resistencia como “terroristas”:

La película fue actualizada en 2012 con una secuencia que presenta a “un grupo de héroes [estadounidenses]” que libran una guerra de guerrillas contra fuerzas de Corea del Norte que invadieron y ocuparon EE.UU. (la película originalmente presentaba a los héroes locales atacando y matando a un ejército de ocupación chino, pero en la posproducción los productores cambiaron la procedencia de los ocupantes por Corea del Norte, a fin de asegurarse el acceso a los cines chinos):

Cuando los estadounidenses resisten una ocupación militar luchando contra las tropas de ocupación en su suelo, son nobles héroes. Pero cuando los palestinos hacen lo mismo, son “terroristas”. Este discurso equipara por decreto con Al Qaeda y el Dáesh a los palestinos que resisten luchando contra un ejército de ocupación, y por lo tanto postula que cualquier uso de la fuerza por parte de los palestinos para resistir la ocupación israelí es ilegítimo –incluso cuando se hace en suelo palestino y dirigido exclusivamente a objetivos militares israelíes.

Así que si la resistencia violenta es “terrorismo” ilegítimo, ¿qué pasa con las otras alternativas para resistir una ocupación ilegal que lleva ya muchas décadas y está en permanente expansión? La vía no violenta abrazada por las y los activistas palestinos y sus aliados anti-ocupación en todo el mundo es una campaña de boicot, desinversión y sanciones (BDS) dirigida hacia Israel, y está inspirada en la campaña que ayudó a terminar con el régimen de apartheid en Sudáfrica en la década de 1980 (un régimen que, por cierto, era un aliado cercano tanto de EE.UU. como de Israel).

Pero también hay una campaña muy exitosa de Israel y sus aliados en EE.UU. no sólo para decretar que esta campaña no violenta de boicot es ilegítima, sino para literalmente ilegalizarla. Los gobiernos están promulgando normas para censurarla y suprimirla oficialmente, asimilándola con “antisemitismo”;  y eso a pesar de que, como escribió el ferviente partidario de Israel Eric Alterman en el New York Times esta semana, la campaña “está llena de jóvenes judíos”.

The Intercept y otros medios han informado reiteradamente sobre las acciones oficiales de gobiernos y universidades para prohibir el activismo por BDS, igualándolo con “antisemitismo”[2]. En California, los dirigentes del sistema universitario más grande del país acaban de promulgar una resolución dando a entender claramente que el BDS es antisemita, y por lo tanto viola las normas universitarias. En Nueva York la semana pasada, decenas de legisladores estatales, de ambos partidos, han exigido que se le quite la financiación a un grupo pro-palestina en CUNY [Universidad de la Ciudad de Nueva York], una movida denunciada por el grupo de libertad de expresión FIRE en el campus. Estando en campaña electoral, el primer ministro canadiense Justin Trudeau anunció que el BDS “no tiene lugar en las universidades canadienses”. En Francia, las personas están siendo literalmente arrestadas como delincuentes bajo la ley que penaliza el “discurso de odio” por vestir camisetas que llaman al BDS. En el Reino Unido se han aprobado medidas para prohibir legalmente el apoyo a tales movimientos de boicot. Leyes y proyectos de ley en Israel prohíben promover el BDS, y a sus simpatizantes se les prohíbe entrar en Israel.

Así que miren lo que pasa aquí. Cuando los palestinos luchan contra las tropas de ocupación en su suelo, son denunciados  –y a menudo asesinados –  como “terroristas”. Mientras tanto, la campaña no violenta para poner fin a la ocupación a través de un boicot al estilo de Sudáfrica  es demonizada como “antisemitismo” y oficialmente prohibida  –censurada–  de muchas formas, en muchos países del mundo.

Entonces si la lucha contra las fuerzas de ocupación israelíes es prohibida como “terrorismo”, y los boicots no violentos contra Israel son prohibidos como “antisemitismo”, ¿cuál sería la forma legítima para que el pueblo palestino y sus aliados resistan y acaben con décadas de ocupación ilegal israelí? La respuesta es: ninguna. A las y los palestinos se les quiere obligar a someterse a la ocupación israelí, cuando ninguna de las personas que se los exige aceptaría jamás la ocupación de su tierra. Todas las formas de resistencia a la ocupación israelí están consideradas ilegítimas. Ese es, claramente, el punto central de todo este asunto.

 

Protesta ciudadana en el Estado de Nueva York contra el decreto de ilegalización del BDS:

NOTAS de la traductora
[1] Esto fue escrito antes del atentado del 7 de junio en Tel Aviv, que dejó a cuatro personas civiles muertas.
[2] Este artículo es anterior también a la resolución del gobernador del Estado de Nueva York, Andrew Cuomo, quien el 5 de junio (cuando se conmemoraban 49 años de la ocupación ilegal israelí de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este) prohibió a todas las instituciones públicas del estado que aportar dinero público a quienes pretendan imponer un boicot o sanciones económicas contra Israel. La medida ha sido duramente calificada como macartista y en violación del derecho constitucional a la libre expresión, y como tal ya está siendo impugnada legalmente. En el Estado de Nueva York vive la mayor comunidad judía de EE.UU.
* Glenn Greenwald es un abogado constitucionalista y periodista estadounidense, co-fundador de The Intercept y autor de cuatro best-sellers sobre derecho y política. Su libro más reciente, No place to hide, trata sobre la vigilancia gubernamental en EE.UU. y su experiencia informando sobre los documentos de Snowden en todo el mundo. Ha recibido numerosos premios de periodismo de investigación (incluido el Pulitzer en 2014 por su trabajo de investigación para The Guardian).
 Publicado en The Intercept el 3/4/16. Traducción: María Landi.

Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén).
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