Palestinas: desamparadas por la ley y la ocupación


Isabel Pérez (Franja de Gaza)

El sistema jurídico palestino desprotege a las mujeres en los procedimientos de divorcio y de denuncia de malos tratos. Los estudios sobre violencia de género obvian un contexto marcado también por las agresiones sionistas.
 

El movimiento de mujeres en Palestina exige la igualdad ante la ley. (Isabel Pérez)-

El movimiento de mujeres en Palestina exige la igualdad ante la ley (Foto: Isabel Pérez)

 

En la franja de Gaza, una nueva orden del jefe del Tribunal Supremo de Cortes de Sharia’ (Cortes Islámicas) ha provocado el desconcierto entre el movimiento de mujeres. A partir de ahora, los hombres que se declaren víctimas de violencia doméstica podrán abrir un caso para conseguir el divorcio. Las organizaciones que trabajan para proteger los derechos de las mujeres, mejorar su estatus legal y social o proveer ayuda psicológica han expresado su descontento ante un sistema patriarcal que tiende a defender más al hombre. En Palestina, la vida de las mujeres está constreñida a una legislación obsoleta, heredada del imperio otomano, la colonización británica, la administración egipcia o jordana, la ocupación israelí, con algunas tentativas de cambio que no se aplican en la vida real.

En las comisarías hay docenas de casos de asesinatos de mujeres y miles de quejas de mujeres que sufren violencia en casa. Este año dos mujeres han matado a sus maridos y se ha hecho una ley”, denuncia Nadia Abu Nahla, directora de la rama de los Comités Técnicos de Asuntos de la Mujer en Gaza.La decisión del Jefe del Tribunal Supremo de Cortes de Sharia’ en Gaza, Hassan el-Yuyu, ha indignado a las defensoras de los derechos de las mujeres palestinas. Con esta ley, la perspectiva de violencia de género queda totalmente anulada. “Lo que buscan es que el hombre que quiera divorciarse no tenga que pagar nada a su mujer”, asegura Abu Nahla señalando que la mayoría de las mujeres divorciadas dependen económicamente del dinero que, por derecho y según el contrato matrimonial, aporta el marido que desee el divorcio. “Y este dinero, 3.000 dinares jordanos o 4.000, no se lo dan de una sola vez a las mujeres, sino a plazos —añade—. Los juzgados de sharia’ son juzgados machistas, como mujer no sientes que se haga justicia”.

Varios estudios indican que la posguerra en Gaza y el aumento de la pobreza -que ya afecta a más del 65% de la población en la franja de Gaza, con una inseguridad alimentaria del 72%- acarrea un incremento de la violencia contra las mujeres. Sin embargo, ni estos indicadores ni las recomendaciones de algunas organizaciones hicieron cambiar de parecer al jefe de los tribunales de sharia’ en Gaza. Desde la Asociación Aisha para la protección de la mujer, Reem Frainah cuenta que un mes antes de ser proclamada dicha ley, varios jueces de las cortes de sharia’ y el propio el-Yuyu acudieron a uno de sus talleres. “Discutimos sobre el daño que sufre la mujer frente al que sufre el hombre —explica Frainah—. El dinero que pierde el hombre [en caso de divorcio] no es comparable a lo que pierde la mujer. Ella pierde su familia, la sociedad no la mira con el mismo respeto que mira a un hombre divorciado. Está claro que esta decisión es en favor del hombre”.

Frainah insiste en que ella dejó claro que el dinero que paga el hombre a su mujer por el divorcio no es una “venganza” sino una protección y un derecho. “La mujer divorciada no busca hacerse millonaria —apunta Frainah—. Son mujeres destrozadas psicológicamente. De hecho, mi experiencia de más de veintitrés años trabajando con mujeres me dice que las mujeres aquí prefieren soluciones pacíficas, no llegar a los juzgados, porque no quieren perder a sus hijos e hijas”.

Cuando la ley es tu enemiga

La legislación es diferente en la Franja de Gaza y en Cisjordania. En Jerusalén, donde los palestinos son considerados por la ocupación israelí como “inmigrantes” en su propia tierra, algunas parejas casadas no pueden residir en dicha ciudad. Con sus políticas y leyes de ciudadanía, Israel viola el derecho a tener una vida familiar.

La historia de colonización y ocupación de Palestina todavía está presente en el sistema legal. Palestina estuvo gobernada por el imperio otomano desde 1516 hasta 1917, después llegó el Mandato Británico hasta 1948, año de la Nakba en el que se creó el Estado de Israel y el pueblo palestino fue expulsado. En ese momento, Egipto se hizo cargo de la administración de la franja de Gaza y Jordania se anexionó Cisjordania. En 1967 Israel ocupó el resto de Palestina y no fue hasta los Acuerdos de Oslo que se creó una Autoridad Palestina (1994) que asumió el poder para promulgar una nueva legislación que, sin embargo, no cambió significativamente los aspectos que afectan a la mujer. Desde 2007, la división política entre Hamas en Gaza y Fatah en Cisjordania es otro factor que afecta a la unificación de la legislación.

En la franja existe la Ley de la Familia (1954), en Cisjordania la Ley jordana de Estatuto Personal (1976); junto a otras leyes, abordan temas matrimoniales, divorcios, custodia, poligamia, obediencia, adulterio (que también se establece como caso criminal) o herencias.

Hemos estado luchando desde que se conformó el primer parlamento palestino para cambiar la ley y tener una nueva —explica Muna Ashawa del Departamento de Asuntos de la Mujer del Centro Palestino para los Derechos Humanos, PCHR—. En Egipto o Jordania ya se han desarrollado las leyes, pero aquí existe una gran discriminación contra la mujer”.

La Ley Básica palestina, que funciona como una constitución temporal, establece que la principal fuente de legislación es la ley islámica (sharia’). La escuela suní de jurisprudencia en Palestina es la escuela Hanafi del Imam Abu Hanifah Annua’man; aun así, movimientos feministas de palestinas defienden que las leyes son más bien una herramienta usada para someter a la mujer con una base religiosa bastante cuestionable.

Ashawa menciona que muchas veces los casos de violencia de género, violaciones o incluso incesto se soliviantan a través del sistema de “justicia informal”: “Todo esto es tabú en nuestra sociedad y difícilmente las víctimas se presentan ante una comisaría o un juez. Se mantiene todo en silencio. Las familias acuden a un mokhtar [un anciano patriarca] y a veces decide que la víctima, sobre todo si es violada y se queda embarazada, se case con el violador”, asegura.

Los casos de crímenes de honor son tratados por el Código Penal, no por el Islámico. En Gaza, mientras la persona que roba se enfrenta a pena de muerte, el esposo que mata a su esposa es encerrado unos años en la cárcel y puede quedar libre con el pago de una multa. El adulterio, entendido como relación sexual de mutuo acuerdo, es contemplado tanto bajo el Código de la Sharia’ como el Penal. En estos casos, la mujer adúltera -casada- pierde todos sus derechos económicos y sociales y el hombre adúltero recibe una advertencia por parte del juez.

En cuanto al divorcio, existe el talaq, divorcio unilateralmente requerido por el marido tan solo pronunciando verbalmente esta intención. Cuando es ella quien pide el divorcio se trata de tafriq y solo puede realizarse por ciertas razones y presentando pruebas: “Si él está ausente y nadie sabe donde está, si no la mantiene económicamente, si se va de viaje y pasa un año, si es encarcelado mínimo tres años, si está loco o si tiene problemas sexuales. La esposa también puede pedir divorcio si hay un conflicto, es decir, si ella es golpeada por su marido. En todos casos ella tiene que presentar pruebas y es complicado”, apunta Ashawa.

Muy pocas mujeres pueden optar por la khula’ para divorciarse, esto es, devolver al marido la cantidad que él pagó por ella para contraer matrimonio. Ante la impotencia, muchas renuncian a sus derechos solo por conseguir el divorcio, pero incluso este margen se ve bloqueado por las normas sociales, más fuertes que la propia ley: “La sociedad culpa a la mujer del divorcio. La cultura afecta más que el sistema legal para que la mujer hable y denuncie. Se normaliza, no hay conciencia acerca de la violencia de género”, lamenta Ashawa.

Mujeres protestan contra la ocupación israelí y la destrucción de hogares palestinos en el desierto del Negev  (Isabel Pérez).

Mujeres protestan contra la ocupación israelí y la destrucción de hogares palestinos en el desierto del Negev (Isabel Pérez).

La violencia de la ocupación israelí contra la mujer palestina

Según estudios del Instituto de la Mujer de la Universidad de Birzeit, el aumento de la violencia de género está relacionado con el aumento de la violencia israelí y sus políticas de ocupación. “La mayoría de los informes sobre violencia de género no contextualizan y es un fallo teórico y metodólogico grave —afirma Eileen Kuttab, directora del Instituto—. Las mujeres, y luego los niños y niñas, son las víctimas de los hombres que son víctimas de la ocupación israelí”.

Kuttab subraya que la mujer palestina es objetivo del proyecto de ocupación israelí. El Ejército israelí detiene y humilla a las mujeres palestinas, así como los habitantes de los asentamientos de Cisjordania. “Apuntan contra la mujer palestina porque es la que da a luz. Este es un asunto central en el modo de pensamiento sionista. Saben que en el año 2020 seremos más que ellos, demográficamente hablando —clama Kuttab—. La mujer es símbolo de resistencia y perseverancia y quieren romper con ello. También utilizan a la mujer para presionar al hombre en los interrogatorios cuando lo detienen”.

En Cisjordania o Jerusalén donde, a diferencia de la franja de Gaza, hay presencia continua del Ejército israelí, la mujer palestina es diariamente despreciada en los controles militares israelíes: “Las inspecciones no son respetuosas —asegura Kuttab—. Rompen el espacio privado de la mujer. Hay mujeres que incluso murieron asesinadas bajo pretextos falsos o en ambulancias mientras esperaban cruzar para dar la luz”.

Soraida Hussein, fundadora y directora de los Comités Técnicos de Asuntos de la Mujer, sentencia que todas las mujeres experimentan violencia y que la mayor es la ejercida por la ocupación israelí. “Es violencia militar, sangrienta, colonialista. Su plan es echarnos de aquí, como lo que está sucediendo desde octubre del pasado año”, apunta.

Las activistas del movimiento de mujeres en Palestina insisten en que su causa debe ser tan prioritaria tanto como la lucha por el establecimiento de un Estado soberano palestino.

Publicado el 19/7/16 en Pikara Magazine

Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén).
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