Gaza al borde del colapso. Ramzy Baroud y Gideon Levy


Las noticias que llegan de Gaza son las peores desde 2014 (cuando hace justamente tres años, Israel lanzó el ataque más feroz y destructivo sobre la indefensa y bloqueada población de esa cárcel al aire libre, asesinando a 2.200 personas, dejando malheridas a más de 11.000 y destruyendo la infraestructura urbana). Parecería que Israel, Egipto, la ANP de Abbas, Estados Unidos, Arabia Saudita y sus aliados se hubieran confabulado para llevar al extremo la crisis humanitaria, energética y ambiental más grave que soportan los dos millones de personas encerradas en esos 350 kilómetros cuadrados. Estos dos textos de Gideon Levy y Ramzy Baroud (entre muchos otros posibles) tratan de dar cuenta de esta situación desesperada a la que, una vez más, la comunidad internacional elige darle la espalda.
Publico esta entrada exactamente cuando se cumplen tres años del inicio de la masacre llamada “Margen protector”. Trágicamente, el 10 de julio de 2014 fue el día que este blog tuvo más visitas en toda su historia: 8000. Israel había iniciado otra carnicería, y la gente buscaba desesperadamente información sobre lo que pasaba en Gaza.  Nunca lo olvidaré, y no precisamente porque ese record de popularidad me cause satisfacción alguna. Vaya este homenaje a las víctimas y sobrevivientes, con la promesa de que no olvidamos, no perdonamos, y no nos reconociliamos. Con los criminales de guerra y de lesa humanidad, jamás. Y a su impunidad, igual que al perverso régimen sionista, les llegará la hora.

Una familia de Gaza compartiendo la ‘cena’ de Ramadan (iftar).


Israel experimenta con el sufrimiento humano en Gaza


Gideon Levy

Uno de los mayores experimentos con seres humanos que se han llevado a cabo en cualquier lugar se está realizando justo ante nuestros ojos, y el mundo permanece en silencio.

El proyecto está en su apogeo y el mundo no muestra ningún interés. Este experimento con seres humanos, no aprobado por ninguna institución científica internacional cuya supervisión es exigida por la Declaración de Helsinki, busca examinar la conducta humana en situaciones de estrés y privación extremos.

El grupo experimental no está compuesto por unas pocas personas, ni por unas decenas o centenares, ni por algunos miles o decenas de miles, ni siquiera por algunos centenares de miles de personas. La población sometida al experimento es, al menos, de dos millones de seres humanos.

Hasta ahora, han resistido la prueba increíblemente bien. Aunque hay alguna turbulencia dentro de la olla a presión en la que están confinados, todavía no ha explotado. La Franja de Gaza está siendo vigilada para ver cuándo y de qué forma acaba explotando. Aparentemente, es solo cuestión de tiempo.

Tal como ha sido presentado por Israel, la Autoridad Palestina y Egipto, ¿qué pasa con dos millones de seres humanos cuando se les priva de electricidad casi todo el tiempo, día y noche? ¿Qué les pasa en invierno, en primavera y, sobre todo, ahora, en el espantosamente caluroso verano de Oriente Medio?

Al igual que todos los experimentos de esta clase, éste está siendo conducido de forma escalonada. La rana debe ser hervida poco a poco hasta que estire la pata.

En un principio, Gaza fue privada de electricidad durante una tercera parte del día, luego la mitad y ahora el nivel ha sido aumentado de tal manera que los dos millones de habitantes del enclave tienen electricidad solo 2,5 horas al día. Vamos a ver lo que les pasa. Vamos a ver cómo responden. ¿Y qué sucede cuando se les suministra electricidad solo una hora al día? ¿O una hora a la semana? Este experimento está todavía en sus primeras fases y nadie puede prever su final.

La ubicación de este experimento es uno de los territorios más malditos de la Tierra. Cuarenta kilómetros de largo, su anchura varía entre los 5,7 y los 12,5 kilómetros, lo que nos da un total de 365 km2. La Franja de Gaza es uno de los lugares más densamente poblados del mundo. Según la CIA, en julio de 2016 había allí 1.7 millones de personas; la Autoridad Palestina ha estimado su población en dos millones en octubre de 2016.

En cualquier caso, un millón de las personas palestinas que viven en Gaza son refugiadas o hijos y nietos de refugiados, y aproximadamente la mitad siguen viviendo en campos de refugiados. En comparación con los demás campos de refugiados que existen en otros países árabes, los de Gaza son considerados especialmente miserables, tal vez con la excepción de los que hay en Líbano y Siria. Los refugiados de Gaza fueron expulsados o huyeron del territorio ocupado por Israel en 1948 y representan aproximadamente una quinta parte de la población refugiada palestina que hay en el mundo.

Esta población no ha conocido prácticamente ningún periodo de tranquilidad, seguridad o mínimo bienestar económico. Su situación actual puede ser la peor y más desesperante, y un informe de la ONU ha concluido que, dentro de dos años y medio, para 2020, la Franja de Gaza ya no será habitable, en gran parte debido al gravísimo problema del agua. Los nuevos cortes de electricidad están agravando aún más la difícil situación en que se encuentran estos seres humanos a medida que el experimento continúa.

En la última década, esta atribulada franja de tierra se ha convertido en una jaula, la jaula más grande del planeta.

Gaza está rodeada: por Israel al norte y al este, por Egipto al sur y por el mar al oeste, donde las fuerzas navales israelíes han impuesto un bloqueo absoluto. Desde la llegada de HAMAS al gobierno en Gaza, Israel, con la colaboración de Egipto, ha impuesto un bloqueo. Aunque ha sido aliviado ligeramente con el paso de los años, sigue siendo un bloqueo, especialmente por lo que se refiere al movimiento de personas hacia y desde Gaza y la prohibición casi total de exportación de bienes.

Pero ni siquiera eso es suficiente. Los tormentos de Gaza están lejos de haber acabado. Ahora le llega el turno al suministro de electricidad.

Gaza tiene una única central eléctrica, que no puede producir toda la electricidad que se necesita. Construida en 2002 con una capacidad de producción de unos 140 MW, la planta está limitada por la capacidad de carga de su red y en 2006 tan solo producía 90 MW, por lo que importaba 120 MW adicionales suministrados por Israel, pagados en su totalidad, por supuesto.

La planta fue bombardeada por Israel tras la captura del soldado israelí Guilad Shalit, en el verano de 2006, cuando estaba produciendo el 43 por ciento de la electricidad que consumían los gazatíes. Tras su reconstrucción, la planta alcanzó una capacidad de producción de unos 80 MW. Pero también para esto depende totalmente de Israel, que es el único proveedor de repuestos y del combustible diesel que alimenta la central.

Cuando se estableció el bloqueo, Israel comenzó a restringir la cantidad de combustible que suministraba a Gaza. Los gazatíes necesitan entre 280 y 400 MW de electricidad, dependiendo de la estación del año. Aproximadamente una tercera parte de toda la electricidad requerida, unos 120 MW, provenía de Israel y otros 60–70 MW los producía la central. Había una escasez crónica de electricidad en Gaza incluso antes de esta última reducción. Los gazatíes han estado sin electricidad durante varias horas al día desde hace años.

El 11 de junio de este año, el gabinete de seguridad de Israel decidió reducir el suministro de electricidad a Gaza en respuesta a una solicitud del presidente de la Autoridad Palestina (AP), Mahmud Abás. Este es el origen inmediato del agravamiento de la crisis. La lucha por el poder entre Abás y HAMAS, que gobierna Gaza, una lucha en la que Israel colabora de manera apreciable con la AP, ha creado la crisis actual. En esta situación, no hay buenos y malos, sino solo malos.

Unas dos semanas después de la citada decisión del gabinete israelí, Tel Aviv recortó nuevamente su suministro de electricidad y eliminó otros ocho megavatios de los 120 que venía proporcionando. En consecuencia, la distribución de electricidad en algunas partes de Gaza, especialmente en el oeste y el sur, se ha reducido a solo dos horas y media al día. Dos horas y media de electricidad al día.

Resulta difícil imaginar la rutina del día a día con este calor sofocante y solo dos horas y media de electricidad al día. Resulta difícil imaginar cómo se puede mantener fresca la comida, asusta pensar en todas las tareas humanas ordinarias que se hacen sin electricidad, es horrible lo que pueden estar pasando los enfermos de los hospitales cuyas vidas dependen de la electricidad.

El 4 de junio, Mohamed Azaizeh, que trabaja en la organización israelí de derechos humanos Gisha, escribió un artículo en HAARETZ en el que describía lo que estaba pasando en el hospital Al Rantisi de Gaza.

En la unidad de cuidados intensivos infantil, los niños estaban conectados a unos respiradores que solo podían funcionar unas pocas horas al día. Sus vidas dependen ahora de un generador. A veces, el generador se estropea. El director del hospital, el doctor Mohamed Abu Sulwaya, calificaba la situación del hospital como catastrófica. Evidentemente, en los otros hospitales de Gaza la situación es parecida.

Así las cosas, los habitantes de Gaza vuelven a ser víctimas de maquinaciones políticas que se desarrollan a su costa. Las luchas desenfrenadas por el poder y los juegos ególatras entre Abás y HAMAS, entre Egipto y HAMAS, y entre Israel y todos los demás tienen consecuencias que llegan hasta los respiradores pediátricos para los niños del hospital Al Rantisi.

Mientras las partes en conflicto se dedican a afianzar sus posiciones y el mundo responde con apatía, nadie puede prever adónde llevará todo esto. La falta de electricidad se traduce en falta de agua potable y en inundaciones de aguas residuales no tratadas. Los gazatíes están acostumbrados a todo eso, pero incluso la fantástica e incomparable resistencia de los habitantes de este diminuto territorio tiene sus límites.

La principal responsabilidad por esta situación recae en Israel, por el bloqueo que impone. Pero, ciertamente, no es el único culpable.

La AP y Egipto tienen también su parte de responsabilidad en este crimen. Sí, crimen. Estamos en 2017 e impedir que millones de seres humanos reciban electricidad significa privarles de oxígeno y agua. La responsabilidad de Israel clama a los cielos porque Gaza sigue estando bajo ocupación parcial israelí.

Aunque Israel retiró a su ejército y sus colonos de la Franja de Gaza, mantiene la responsabilidad exclusiva de muchos otros aspectos de la vida en Gaza. Esto hace que el Estado judío sea responsable de suministrar electricidad a los habitantes del territorio. La AP también tiene una parte importante de responsabilidad en esta situación, tomando decisiones que perjudican a su propio pueblo. Y Egipto también: aunque le gusta referirse a sí mismo como hermano de los palestinos, su papel en el bloqueo de Gaza es intolerable.

Gaza se está muriendo, lentamente. Su sufrimiento no le importa a nadie en otras partes del mundo. Ni en Washington, ni en Jerusalén, ni en El Cairo, ni siquiera en Ramala. Es increíble que nadie se preocupe de que dos millones de personas hayan sido abandonadas a la oscuridad por la noche y al calor sofocante de los días de verano, sin ningún sitio a donde ir y sin esperanza. Nada.


Gideon Levy
, premiado periodista israelí, es columnista de Haaretz y miembro de su consejo editorial. Su último libro, The Punishment of Gaza, acaba de ser publicado por Verso. Publicado originalmente en: Gaza: Israel’s experiment on humans in situations of extreme stress and deprivation | Middle East Eye, 30/06/2017. Traducción: Javier Villate (@bouleusis). Publicado en Diferencias.


Empujando a Gaza al suicidio: las políticas de la humillación


Ramzy Baroud

 

Mohammed Abed es un taxista de 28 años del pueblo de Qarara, cerca de la ciudad de Khan Younis, en la Franja de Gaza. No tiene dientes.

La falta de cuidados médicos y de un adecuado trabajo odontológico le han llevado a perder todos sus dientes, que se pudrieron y cayeron a una edad muy temprana. Sin embargo, sus carencias económicas le impidieron comprar una dentadura postiza. Su entorno, en cierto momento, decidió echarle una mano, reuniendo los pocos cientos de dólares necesarios para que Mohammed pudiera volver a comer.

Mohammed no es desempleado. Trabaja diez horas, a veces más, al día. El viejo taxi que hace circular entre Khan Younis y la ciudad de Gaza no es propiedad suya. Su salario diario oscila entre los 20 y los 25 shekels, unos 6 dólares.

Tener que mantener a una familia con cuatro hijos con semejantes ingresos hizo que fuera imposible para Mohammed pensar en gastos aparentemente tan pueriles como comprar una dentadura postiza o ir al dentista.

Y aunque parezca raro, Mohammed es afortunado.

El desempleo en Gaza es uno de los más elevados del mundo, estimado en alrededor de un 44%. Aquellos que están “empleados”, como Mohammed, siguen teniendo que luchar para sobrevivir. Un 80% de los habitantes de la Franja dependen de la ayuda humanitaria para sobrevivir.

En 2015, la ONU advirtió que Gaza será inhabitable hacia 2020. En aquel momento, todos los hechos apuntaban a ello: la falta de electricidad, el agua contaminada, la toma de la mayor parte de las tierras cultivables por parte del ejército israelí, las restricciones al movimiento a los pescadores etc.

El bloqueo militar israelí se prolonga ya diez años, y la situación continúa empeorando.

La Cruz Roja informó el pasado mayo de otra “crisis inminente” en el sector sanitario de Gaza debido a la falta de electricidad.

La crisis energética se ha extendido hasta incluir los suministros de gas para cocinar. El pasado febrero Israel redujo a la mitad dichos suministros.

“Las gasolineras dejaron de aceptar botellas de gas vacías pues los tanques estaban vacíos”, según el director de la Asociación de propietarios de gas y petróleo de la Franja de Gaza, Mahmoud Shawa, quien describe la situación como “muy crítica”.

Hace tres meses, la Autoridad Palestina (AP), controlada por Mahmoud Abbas, decidió reducir los salarios de decenas de miles de empleados públicos de la Franja de Gaza.

El dinero que suministraba la AP jugaba un papel muy importante manteniendo a flote la precaria economía del territorio. Con la mayor parte de los empleados recibiendo la mitad o menos de sus salarios, la economía de Gaza, que apenas funciona, está muriendo.

“H” es un profesor de universidad y su esposa “S” es médica. Esta familia de clase media con 5 hijos ha vivido una vida relativamente cómoda en la Franja, incluso durante los primeros años del bloqueo. Ahora deben vigilar sus gastos cuidadosamente para no terminar como la mayoría de gazatíes.

El salario de “S” viene de Ramala. Y ahora sólo recibe 350$ de lo que un su día fue un sueldo significativamente más alto. “H” no recibe el sueldo de Cisjordania, pero también se ha reducido a la mitad, pues la mayor parte de sus estudiantes son demasiado pobres como para pagar las tasas.

Mu’min, habitante del campo de refugiados de Nuseirat, lo tiene peor. Como profesor retirado, y con una pensión que no llega a los 200$ mensuales, Mu’min debe luchar para llevar comida a la mesa cada día. Como padre educado de cuatro hijos adultos y una mujer que se recupera de un infarto y que apenas puede caminar, Mu’min sobrevive prácticamente a base de donaciones.

Sin acceso a Cisjordania por el bloqueo de los israelíes, y con severas restricciones al movimiento a través del paso de Rafah con Egipto, Gaza vive sus días más oscuros, literalmente. Desde el 11 de junio, Israel comenzó a reducir el suministro eléctrico a la empobrecida franja, algo que hizo a petición de Mahmoud Abbas.

Los resultados han sido devastadores. Ahora los hogares de Gaza reciben unas escasas 2 o 3 horas de electricidad al día, y ni siquiera a hora determinadas.

“S” me cuenta que su familia está en alerta constante. “Cuando llega la electricidad a cualquier hora del día o de la noche  todos nos ponemos en acción”. “Todas las baterías deben ser cargadas tan rápido como sea posible y debemos poner la lavadora, incluso a las 3 de la mañana”.

Pero los gazatíes son supervivientes. Han soportado estas dificultades durante años y, de alguna forma, han subsistido. Pero ciertos pacientes de cáncer no pueden sobrevivir por mera dureza del carácter.

Rania, que vive en la ciudad de Gaza, es madre de tres hijos. Ha estado luchando contra el cáncer de mama durante un año. Sin quimioterapia, y con unos hospitales que apenas funcionan, ha tenido que realizar el arduo viaje a Jerusalén cada vez que ha tenido que ser tratada para salvar la vida.

Esto, hasta que Israel decidió no conceder más permisos a los pacientes terminales de Gaza, algunos de los cuales han muerto esperando dichos permisos y otros, como Rania, siguen esperando que ocurra un milagro antes de que el cáncer se extienda por sus cuerpos.

Pero Israel y Egipto no son los únicos responsables. La AP está usando el bloqueo como moneda de cambio para presionar a sus rivales, Hamás, en control de la Franja desde hace una década.

Hamás, por su parte, está supuestamente buscando la alianza con su viejo rival, Mohammed Dahlan, nombrándole jefe del comité de Asuntos Exteriores de Gaza a cambio de aligerar el bloqueo en la frontera egipcia.

Dahlan es también rival de Abbas. Ambos han estado años compitiendo por el liderazgo de Fatah.

La petición de Abbas a Israel de presionar a Gaza por medio de la reducción del suministro eléctrico, junto con la reciente bajada de salarios, van dirigidos a presionar a Hamas para que no se alíe con Dahlan.

Los palestinos de Gaza están sufriendo, de hecho, muriendo.

Pensar que los propios líderes palestinos están involucrados en la manipulación e intensificación del bloqueo es desalentador.

A la vez que se esfuerza en promover las luchas internas palestinas, Israel sigue adelante con su política de colonización en Cisjordania y Jerusalén Este, y los palestinos mientras tanto siguen enfrascados en luchas intestinas de carácter personal y por el “control”, absurdo, de su tierra ocupada.

En esta lucha política, personas como “H”, “S” y Rania, junto a otros dos millones, parecen no tener ninguna importancia.

Magdalena Mughrabi, subdirectora regional para Oriente Medio y el Magreb de Amnistía Internacional, elevó la voz de alarma el 14 de junio cuando advirtió que “el último corte de electricidad podría convertir la ya precaria situación de la Franja en una verdadera catástrofe humanitaria”.

“Durante diez años, el bloque ha privado a la población palestina de Gaza de sus derechos y necesidades básicas. Bajo el peso de un bloqueo ilegal y de tres guerras, la economía se ha visto duramente afectada y las condiciones humanitarias han empeorado severamente”, afirma.

Omar Shakir, director de Human Rights Watch en la región, rechazó el hecho de que los cortes de electricidad a Gaza fueron realizados por petición de la AP.

“Israel controla las fronteras, el espacio aéreo y las aguas de Gaza, por lo que Israel tiene una obligación que va más allá de simplemente responder a las demandas de la AP”.

Entre el rechazo de Israel a las peticiones internacionales para poner fin al bloqueo y el patético juego de poder entre los líderes palestinos ha dejado a los gazatíes solos ante el peligro, incapaces de moverse libremente o de vivir en unas condiciones de vida mínimamente dignas.

Fátima, una madre de Rafah, de 52 años, me confiesa que intentó suicidarse unos días atrás, y que lo habría hecho si sus hijos no lo hubieran impedido.

Cuando le digo que aún tiene mucho por lo que vivir, llora, y no dice nada.

La tasas de suicidios en la Franja es siempre muy alta, y la desesperación es considerado el principal factor detrás de tan alarmante fenómeno.

Ramzy Baroud es un premiado analista, intelectual y activista nacido en Gaza de una familia palestina refugiada. Actualmente reside en Seattle. Publicado en MEMO – Monitor de Oriente.


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6000 bombardeos israelíes en 51 días produjeron estos resultados. Ni un solo político o militar israelí recibió castigo alguno. Hasta ahora. (Visualizing Palestine).

Gaza: 50 años de ocupación. Línea de tiempo. (Al Jazeera).

 

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Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén). Es columnista del portal Desinformémonos, corresponsal del semanario Brecha, y escribe en varios medios independientes y alternativos.
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