Gaza x 2

Niños de Gaza refrescándose en el verano (Nidal-Alwaheidi 2015).

Comparto aquí dos artículos que escribí este último mes sobre Gaza:

¿Dejaremos morir a Gaza?, columna mensual en el portal mexicano Desinformémonos.

El experimento Gaza, artículo en el semanario Brecha de Uruguay. Por ser éste de lectura restringida para suscriptores, lo reproduzco abajo del video.


Video: “Gaza: can you imagine?” (Gaza: ¿puedes imaginarte?):

 

El experimento Gaza


María Landi

 

Publicado en el semanario Brecha  de Uruguay el 28/7/17


Estos días el periodista israelí Gideon Levy publicó una de sus incisivas columnas titulada “Israel experimenta con el sufrimiento humano en Gaza”, señalando que el ensayo se lleva a cabo sin aprobación científica ni interés internacional, y que el grupo experimental está compuesto por los dos millones de seres humanos que sobreviven encerrados en esa cárcel de 360 km2.

En efecto, Gaza es un laboratorio de pruebas donde Israel experimenta desde su moderno y sofisticado armamento hasta cuánto puede resistir un grupo humano hacinado, hambreado y encerrado en un pequeño pedazo de tierra sin energía eléctrica ni combustible, sin agua potable ni saneamiento, sin equipamiento hospitalario ni medicinas, sin economía funcionando, sin trabajo, sin presente ni futuro.

Un 70 por ciento de la población de Gaza son familias que huyeron o fueron expulsadas de sus ciudades y pueblos en 1948 por las milicias sionistas que crearon el Estado de Israel. La mitad de sus habitantes vive aún en campos de refugiados, y tiene una alta natalidad. Por eso la Franja es uno de los lugares más densamente poblados del mundo, y se espera que en tres años haya un 10% más de habitantes.

En siete décadas Gaza ha atravesado períodos de régimen militar, colonización, aislamiento y bombardeos periódicos. Pero el actual bloqueo que la ha sumido en la peor miseria fue impuesto por Israel hace justamente diez años, cuando Hamas se hizo con el control de la Franja, después de ganar las elecciones legislativas en 2006. Encerrada por aire, tierra y mar por Israel, Gaza sólo respiraba a través de Egipto (ya sea por el paso de Rafah o los túneles subterráneos). Pero eso se terminó cuando en 2014 el electo Presidente Al Sisi se alió con Israel para endurecer el bloqueo.

En 2015 un informe de UNCTAD alertó que para 2020 la Franja de Gaza sería inhabitable por falta de energía y agua potable, así como por la destrucción de infraestructura vital provocada por la ofensiva israelí de 2014[1]. El informe señaló que 95 por ciento del agua que bebe la población de Gaza no es potable. Tres años después de ese ataque, que dejó un saldo devastador en vidas humanas[2], Gaza atraviesa su peor crisis humanitaria, sanitaria y energética. Un nuevo informe dado a conocer este mes por el Coordinador de Asuntos Humanitarios de la ONU en Palestina muestra que ya se estaría llegando a ese límite.

Desesperación provocada

La población de Gaza es resiliente, valiente, creativa y muy culta (un porcentaje importante ha estudiado en alguna de sus tres universidades y habla varios idiomas); pero está siendo arrastrada hacia la desesperación. Ese es el objetivo más perverso del ‘experimento’.

El cerco israelí impide labrar en un 35 por ciento de la poca tierra disponible y pescar en el 85 por ciento del mar de Gaza (donde la Marina israelí con frecuencia dispara a los pescadores o les confisca sus barcas), así como exportar lo poco que se produce (40 veces menos que en 2005); por eso el desempleo juvenil es del 70 por ciento, y 80 por ciento de la población vive de la ayuda humanitaria. “Nos han convertido en un pueblo de mendigos”, dicen muchos palestinos que tienen salud, edad y formación para desempeñarse exitosamente en cualquier rama de actividad.

La joven analista gazatí Ayah Abubashir dijo estos días que la tasa de suicidio y el uso de drogas han aumentado alarmantemente, al igual que la violencia doméstica y las disputas entre familias o vecinos; la tasa de divorcio subió del 2 al 40 por ciento, y aparecen fenómenos nuevos como la prostitución y la mendicidad infantil, ambas reflejo de la desesperante situación económica.

Dejamos de soñar porque no podemos hacer nada: cada vez que tenemos un proyecto sólo cosechamos frustración, porque no podemos llevarlo a cabo. Yo no hago más planes, sólo pienso en mañana o en la semana que viene, porque no sé qué pasará en Gaza mañana, si habrá una guerra y moriré, si nos veremos todos arrastrados por las batallas políticas internas“, expresó Farah Baker, universitaria de 19 años que es muy activa en las redes sociales porque son su “única manera de trasladarme fuera de Gaza, aunque sea virtualmente“.

Rehenes del juego político

Gaza lleva mucho tiempo sobreviviendo con un déficit energético crónico. La nueva generación no sabe cómo es tener electricidad las 24 horas del día. En cada nueva ofensiva, Israel se asegura de dañar la única planta eléctrica que existe, y luego de impedir que sea reconstruida.

Gaza necesita unos 400 MW de energía, pero debido a la baja producción de su planta (unos 70-80 MW), a los constantes recortes del suministro que recibía de Israel (120 MW) y de Egipto (30 MW) y a las restricciones impuestas al ingreso de combustible, desde hace años la población ha estado viviendo sin electricidad durante ocho o más horas al día. Además de las aguas residuales que son vertidas al mar sin tratamiento, y del agua que no puede ser potabilizada, la falta de energía también hace imposible bombearla hacia las viviendas de los edificios de altura. En febrero Israel también redujo a la mitad el suministro de gas para cocinar.

Pero esta ya difícil situación se agravó aún más el mes pasado cuando el gobierno israelí, accediendo a un pedido del Presidente de la ANP (que decidió dejar de pagarle la energía destinada a Gaza) cortó el ya insuficiente suministro eléctrico, dejando a la población con dos a tres horas de electricidad al día −en un verano en el que las temperaturas están arriba de los 40 grados.

Indiscutiblemente Israel es el principal responsable de esta intolerable situación; pero no es el único. La población de Gaza está siendo rehén de la eterna disputa política entre los rivales Fatah (que controla la ANP, asentada en Cisjordania) y Hamas, que controla Gaza. Una disputa que ciertamente Israel se ha encargado de aceitar por todos los medios posibles. Ahora la ANP de Mahmud Abbas parece decidida a golpear a Hamas a cualquier precio, y no le importa sumir a dos millones de compatriotas en la desesperación. A principios de año anunció un recorte severo (entre 30 y 70 por ciento) de los salarios de sus funcionarios asentados en Gaza; un duro golpe para una economía estrangulada por el bloqueo que necesita vitalmente del consumo interno.

En el CTI infantil del hospital Al Rantisi, los pequeños están conectados a respiradores que solo funcionan unas pocas horas al día. Sus vidas dependen de un generador que a veces se estropea. Bara Ghaben, Ibrahim Tbeil y Musab Arair, menores de un año, y Yara Ismail, de tres, sufrían de insuficiencia cardíaca congénita. Están entre los 16 pacientes que murieron recientemente esperando el permiso para ser trasladados a hospitales fuera de Gaza donde podrían salvar sus vidas. Las solicitudes son tramitadas ante Israel por la ANP, que −como parte de su guerra contra Hamas− desde abril está demorándolas o ignorándolas.

Con estas medidas Abbas espera que la población de Gaza se rebele contra Hamas. Y también quiere castigar a su rival que, en la búsqueda de apoyos externos para superar la crisis insostenible, ha decidido aliarse con su antiguo enemigo Mohammed Dahlan, ex hombre fuerte de Fatah pero hoy rival de Abbas. Dahlan –que en 2007 fue el operador de Abbas para intentar derrotar a Hamas en Gaza− es el favorito del ‘cuarteto árabe’ (Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Jordania) para suceder a Abbas.

Todos contra Gaza

Esta insólita movida se explica también porque las sanciones impuestas a Qatar por Arabia Saudita y sus aliados han dejado a Hamas en un aislamiento aún mayor: Qatar era hasta ahora el único apoyo externo que le quedaba, y su contribución a la reconstrucción de Gaza fue fundamental desde 2014. Dahlan, que tiene muy buenas relaciones con los países del Golfo, puede gestionar ayudas que Hamas necesita desesperadamente. El acuerdo incluiría además que Egipto suministre combustible a Gaza y abra el paso de Rafah, también vital para aliviar el bloqueo. A cambio, Al-Sissi espera que Hamas lo ayude a combatir a los grupos yihadistas que operan en el Sinaí.

Benjamín Netanyahu dijo que la decisión de cortar el suministro eléctrico a Gaza es “un conflicto interno entre palestinos”. Pero Amnistía Internacional, Human Rights Watch y 16 organizaciones de derechos humanos le recordaron a Israel que, según el Derecho Internacional Humanitario, como potencia ocupante tiene obligaciones directas e irrenunciables hacia la población ocupada; y dejarla sin suministro eléctrico constituye un crimen de guerra.

Si algo le faltaba al gobierno ultraderechista de Netanyahu para envalentonarse aún más, era tener a Donald Trump como principal aliado. La provocación gratuita, la arrogancia racista y la violencia de palabra y de acción son la única política hacia el pueblo palestino, que desde Jerusalén hasta Gaza está siendo empujado a la desesperación sin salida. Y como también advertía Gideon Levy, “la persona sin nada que perder es el enemigo más peligroso”.

 

[1] Además de las 500.000 personas que resultaron desplazadas por el ataque, UNCTAD estimó enormes daños económicos y de infraestructura, incluyendo más de 20.000 viviendas (70 por ciento de las cuales todavía están en ruinas), 148 escuelas y 15 hospitales.
[2] 2.200 personas murieron, incluyendo 550 niñas y niños, y más de 11.000 sufrieron mutilaciones o lesiones, muchas permanentes.

Una de las infografías realizadas por Visualizing Palestine para el tercer aniversario de “Margen Protector”.

Leer más:

Han conseguido convertir Gaza en un lugar inhabitable

“Mi niño se murió ante mis ojos”

¿Está realizando Israel un nuevo “experimento” con seres humanos en Gaza?

¿Es un estado en Sinaí-Gaza una posibilidad para los palestinos?

A Palestinian walks through flood water following heavy rain in the northern Gaza Strip, February 16, 2017. MOHAMMED SALEM/REUTER

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Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén). Es columnista del portal Desinformémonos, corresponsal del semanario Brecha, y escribe en varios medios independientes y alternativos.
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