¿Cómo pueden las mujeres ‘actuar por la paz’ sin hablar de la ocupación?

Mujeres del movimiento “Women Wage Peace” participan en el acto final de la marcha por la paz en Jerusalén. 8/10/17. (Yonatan Sindel/Flash90)


Orly Noy*

 

Un mitin reciente organizado por ‘Women Wage Peace‘ puede haber parecido un evento trascendente, si no hubiera ignorado 50 años de ocupación militar, al tiempo que reciclaba los mismos viejos tropos sobre el papel de la mujer en los conflictos violentos.

 

Llegué temprano y con muchas reservas al mitin organizado por “Women Wage Peace” en el Parque de la Independencia de Jerusalén la semana pasada. Era la culminación de una “Ruta hacia la Paz” de dos semanas, en la que miles de mujeres israelíes y palestinas marcharon por Israel y Cisjordania para exigir una solución pacífica al conflicto. Había estado siguiendo al grupo desde que se formó después de la guerra de Gaza de 2014. Por un lado, un movimiento masivo de mujeres en apoyo a la paz es un cambio bienvenido. Por otro lado, ¿qué es lo que están diciendo realmente? Y aún más importante: ¿qué no están diciendo? ¿Cómo puede ser que la palabra ocupación esté completamente ausente en un grupo que aspira a poner fin al conflicto?

Llegué temprano y decidí sentarme en un café a lo largo de la ruta de la marcha. Al cabo de unos minutos, dos mujeres vestidas de blanco y hablando en árabe se sentaron a mi lado. Les pregunté si eran parte de la marcha; dijeron que sí. Después de una breve conversación, le pregunté a una de las mujeres, una palestina-israelí de Yaffa, si no le molesta que Women Wage Peace ni siquiera insinúe la palabra “ocupación”.

“Esa fue la decisión que se tomó”, respondió evasivamente. Cuando pregunté una vez más si le molesta o no, dijo: “Por supuesto que me molesta. Me molesta como mujer, como palestina, como israelí, pero esto es lo que decidieron: que debemos hablar sobre el futuro, pues ya hemos hablado mucho sobre el pasado”. Pero la ocupación no es el pasado −insistí−: es mucho más el presente. “Tienes razón, pero ¿qué podemos hacer? ¿Seguir sentadas en casa? Tenemos que hacer algo para cambiar la realidad”.

Nuestra conversación fue interrumpida por la marcha, que se acercó de pronto. Pagamos y salimos apuradas. La visión era fascinante: miles de mujeres −y hombres− vestidas todas de blanco, marchando y cantando canciones de paz en el centro de Jerusalén. Esto, por supuesto, no es una imagen común. Había tanta gente que los transeúntes simplemente se quedaron boquiabiertos; los habituales cantos de derecha, bien conocidos de otras protestas (generalmente mucho más pequeñas, especialmente en Jerusalén), apenas se escuchaban. Como habitante de Jerusalén, era extraño y emocionante ser parte de todo eso.

Mujeres israelíes y palestinas de “Women Wage Peace” marchan cerca del Mar Muerto en Cisjordania


Vientres al servicio de la paz 

Con total facilidad, unas 30.000 mujeres (la gran mayoría de ellas judías) ingresaron al parque, esperando que comenzara el mitin. Cuando la multitud estuvo congregada, el mitin comenzó con una versión trilingüe (inglés, árabe y hebreo) del clásico de Leonard Cohen, “Hallelujah”, dirigido por Yael Deckelbaum y el conjunto Oraciones de las Madres. Muy rápidamente me di cuenta de que “madres” era la palabra clave aquí. Casi todas las mujeres que hablaron en el mitin, a excepción de las más jóvenes, hablaron sobre la maternidad. Adi Altschuler, una emprendedora educativa, usó el mantra “corazón a corazón, útero a útero”, lo que me hizo brotar un sudor nervioso en el frío de Jerusalén. Vivimos en un país donde el régimen utiliza el vientre de las mujeres como una incubadora de futuros soldados (Altschuler, quien recientemente dio a luz a su primer hijo, también habló de ser madre de un futuro soldado), mientras por otro lado los úteros son aludidos para hablar sobre nuestro papel como madres que desean la paz. Esto como opuesto a las mujeres que simplemente exigen justicia, por ejemplo. Igualar femineidad y maternidad me resultó indignante, por decirlo suavemente.

Otra consigna muy repetida fue kulan, todas las mujeres. El movimiento, según parece, incluye a todo tipo de mujeres: judías y palestinas, religiosas y laicas, mizrajís y askenazíes, urbanas y las que viven lejos de los centros económicos, LGBTQs, derechistas, izquierdistas, centristas, nuevas inmigrantes e israelíes veteranas. Todo tipo de mujeres, incluida una colona que, como dijo, vive en “la bella y sangrante Samaria[1]“. Sí, incluso ella quiere la paz. ¿Pero cómo cree que vamos a lograr esa paz? “Cuando decenas de miles de mujeres seamos capaces de hablar sobre los temas difíciles, los dirigentes no podrán ignorarnos”. Pero, ¿cuáles son esos temas difíciles de los que debemos hablar? ¿Tal vez la presencia desafiante y creciente de las colonias (como en la que ella vive), que impiden cualquier posibilidad de establecer un estado palestino? No. Entonces, ¿tal vez la ocupación y los checkpoints que atraviesa todos los días de camino a casa? ¿Las violaciones de derechos humanos? ¿Los crímenes de guerra? No. Una colona de Cisjordania puede tan fácilmente subirse al escenario y hablar sobre la necesidad de “hablar de las cosas difíciles”, porque sabe que en realidad no se hablará de ellas. De lo contrario, desde el vamos ella no podría ser parte del movimiento.

Soldados israelíes arrestan a un palestino durante una redada en la ciudad cisjordana de Hebrón. 20/9/17. (Wisam Hashlamoun/Flash90)


Esa maldita palabra

De hecho, las demandas del movimiento son tan poco claras que incluso Netanyahu podría unirse, si quisiera. Esas demandas se pueden resumir así: negociaciones de paz que incluyan a las mujeres. Ya está. Pero ¿qué dirán estas mujeres cuando se sienten alrededor de la mesa de negociaciones? ¿Cuáles son sus demandas? ¿Y sus líneas rojas? Es un misterio. Ni siquiera la oradora palestina −la única que vino de los territorios ocupados, concretamente de Hebrón, una ciudad que vive bajo el apartheid− mencionó una vez la palabra ocupación. ¡Ni siquiera habló en árabe, por el amor de Dios, sino en inglés! Ni una palabra sobre los checkpoints o las dificultades que tuvo que soportar sólo para obtener el permiso del ejército israelí para entrar a Jerusalén. ¿Ocupación? Olvídalo. Estamos hablando de conflicto, una palabra mucho más agradable y simétrica que ocupación. Casi irónicamente, la única vez que la palabra ocupación fue utilizada en el escenario fue por boca del único hombre que habló, el ex parlamentario Shakib Shnaan, cuyo hijo Kamil fue asesinado en el sangriento ataque en el Monte del Templo[2] hace tres meses. Tal vez el hecho de ser hombre es lo que le permite hablar de esta manera. Las mujeres tenemos que hablar sobre el útero, vestirnos de blanco y esperar la paz. ¿Que cómo logramos la paz? Pregúntenle a los hombres.

Escribo estas palabras con una gran tristeza. En la realidad política de las últimas décadas, no hay nada trivial en el hecho de que decenas de miles de mujeres estén exigiendo cambiar esa realidad, y estén dispuestas a marchar por las calles de cada pueblo y ciudad para construir su movimiento. Que sea una iniciativa de las mujeres le da un potencial aún mayor. Y sí, existe eso que se llama política liderada por las mujeres, y puede ser revolucionaria y poderosa: una política que ante todo desafía las jerarquías y las estructuras sociales existentes.

Sin embargo, la política liderada por mujeres que vi en Jerusalén fue algo totalmente opuesto a eso. Fue de las que sólo fortalecen las estructuras de poder existentes. Una política en la que ser mujer significa vestirse de blanco, cantar y bailar. Significa ser madre y vientre, para sentarnos en casa y cuidar a nuestros hijos soldados. Significa pedir gentilmente a los hombres que hagan las paces de una vez. En lugar de una revolución de mujeres, tenemos mujeres que están exigiendo cambios, pero no pueden decidir por sí mismas qué tipo de cambio quieren ver. Mujeres que sólo afianzan la idea de que ‘política’ es una palabra sucia con la que las mujeres no deberían involucrarse, y que está reservada sólo para los hombres.

Mujeres israelíes y palestinas de “Women Wage Peace” marchan cerca del Mar Muerto en Cisjordania para exigir que sus líderes hagan más por la paz. 8/10/17. (Flash90)


Asimetría

Hay algo simplista, incluso infantil, en hablar de “negociaciones” y exigir un “acuerdo de paz” un cuarto de siglo después del fracaso de los Acuerdos de Oslo. ¿Exigir negociaciones? Al contrario: a Israel le encantaría entrar de nuevo en otra ronda interminable de conversaciones que evite la presión internacional y le permita continuar despojando al pueblo palestino, como en todas las rondas de negociaciones anteriores. Estas mujeres quieren saltar a ese vacío, llenándolo con muchas palabras emocionales y un intento desesperado por crear cierta simetría entre israelíes y palestinos.

Mientras miles de mujeres cantaban canciones de paz y hermandad en Jerusalén el domingo, un cohete fue disparado desde Gaza hacia Israel, a lo que Israel respondió atacando la Franja. ¿Podemos siquiera empezar a lidiar con esta realidad sin hablar del bloqueo? ¿Sin usar la palabra ocupación?

Sí, hablar sobre la ocupación no es popular, e incluso podría reducir drásticamente el número de participantes en la próxima marcha. Pero tal vez deberíamos escuchar las palabras de la mujer colona: mientras no seamos capaces de hablar sobre las cosas difíciles, es dudoso que podamos cambiar algo en el mundo real. Aun si todas nos vestimos de blanco y hablamos sobre nuestros úteros −en hebreo, en árabe y en inglés.

 

[1] “Judea y Samaria” es el nombre bíblico que los sionistas usan para referirse a Cisjordania ocupada. (N. de la T.).
[2] “Monte del Templo” es el término que usan los judíos israelíes para referirse a la Explanada de las Mezquitas donde se encuentra el complejo de Al Aqsa y la Cúpula de la Roca. (N. de la T.)
*Orly Noy se define como mujer activista de izquierda, mizrají y eterna migrante. Vive en Jerusalén, traduce poesía y prosa del farsi al hebreo, y aspira a contribuir a sacar de la marginalidad a la cultura persa y mizrají en el actual Israel.
Publicado el 13/10/17 en +972 Magazine. Traducción: María Landi.
Leer también:
Las mujeres israelíes marchan para “alcanzar la paz” pero se niegan a desafiar la ocupación  (Jonathan Ofir)
UPWC: Palestinian women confront normalization and the so-called “peace” deception
Leila Khaled: The women of Palestine are stronger than the conspiracy of normalization

 

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Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén). Es columnista del portal Desinformémonos, corresponsal del semanario Brecha, y escribe en varios medios independientes y alternativos.
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