¿Qué harías si los soldados sacaran a tu hijo de la cama en mitad de la noche?


Orly Noy*

 

Después de más de medio siglo de ocupación, la mayoría de los israelíes ya no puede ponerse en el lugar de los palestinos. Pero si no podemos imaginar lo que es vivir bajo la ocupación, al menos debemos enfrentarnos a su brutal realidad.

 

Captura de pantalla del video de B’Tselem sobre la invasión nocturna del hogar de la familia Da’na en Hebrón/Al Jalil. Junio 2018.

Hace veinte años, en marzo de 1998, el periodista de Haaretz Gideon Levy preguntó al líder del Partido Laborista Ehud Barak qué haría si fuera un joven palestino viviendo bajo ocupación. “Si yo fuera un palestino con la edad indicada, en algún momento me uniría a uno de los grupos terroristas”, respondió Barak.

Hoy en día, no sólo es difícil imaginar a un político judío israelí haciendo una declaración similar; la pregunta en sí suena irreal. ¿Podemos imaginarnos como palestinos? Qué idea tan extraña. Si hay algo que 50 años de brutal dominación militar sobre otro pueblo han inculcado en la conciencia israelí es que hay una ley para nosotros y otra para los palestinos: que como seres humanos estábamos destinados a ser diferentes.

Cuando consistente y sistemáticamente abusas del Otro por décadas, este distanciamiento de la conciencia se convierte en una especie de mecanismo de sobrevivencia. El hecho de que no podamos imaginarnos a nosotros mismos en el lugar de la gente que vive en Gaza -por ejemplo, sometida a un bloqueo que les obliga a vivir una vida de sufrimiento y pobreza extrema– nos permite seguir adelante sin sentimientos de culpa.

Este mecanismo funciona no sólo en los casos más extremos como Gaza, sino quizás incluso mejor cuando se trata de lo que hemos aprendido a llamar “la rutina de la ocupación”.

Veamos el video que aparece a continuación, publicado el jueves por la organización israelí de derechos humanos B’Tselem: soldados invaden la casa de la familia Da’na en Hebrón en medio de la noche, despertando a toda la familia, incluyendo a niños y ancianas, para buscar ‘lanzapiedras’. A los soldados israelíes se les permite, por decreto militar, llevar a cabo redadas en cualquier hogar, a cualquier hora, sin una orden de allanamiento. Irrumpen con las armas desenfundadas. “Si entran en nuestra casa, entren respetuosamente”, dice uno de los integrantes de la familia a los soldados. Una sentida súplica a soldados con cascos de guerra. ¿Qué tiene que ver la ocupación con el respeto?

Los soldados registran toda la casa. En una de las habitaciones, una mujer aterrorizada sostiene a un niño pequeño, diciéndoles a los soldados que está sola con los niños. “Está todo okey”, le dicen los soldados. ¿Qué tiene de okey su presencia forzada en medio de la noche? Después de eso, los soldados ordenan a los adultos que les traigan a los niños. Se despierta a los niños pequeños para que se pongan de pie ante los soldados. Los uniformados hacen otra ronda dentro de la casa, otra ronda de conversaciones con los adultos, y continúan su camino. ¿Cuál fue el propósito de la redada? ¿Qué estaban buscando? ¿A quién buscaban? ¿Los mismos soldados lo sabían? ¿El propósito de la redada era en sí mismo el miedo sistemático que provoca?

La arbitrariedad es otra piedra angular de la ocupación. Las familias palestinas no deben saber cuándo serán allanadas sus casas, a qué hora, o cuándo terminará la redada. Nadie puede atestiguar esto mejor que la familia Da’na: una de las hijas, voluntaria de B’Tselem, ha documentado una larga cadena de abusos cometidos por el ejército israelí contra su familia, incluyendo el arresto de niños aun después de que los soldados admitieran no estar seguros de que los niños que habían arrestado fueran los que estaban buscando. En marzo de 2015, B’Tselem publicó un video que mostraba a soldados enmascarados despertando a niños aterrorizados que dormían en el suelo y forzándolos a entrar en la sala de estar de la familia. Miren la cara de uno de los niños, tan conmocionado y confundido cuando los soldados le preguntan su nombre.

Y la familia Da’na no sólo sufre abusos por parte de los soldados. Los colonos también les han atacado, y más de una vez ante soldados y policías israelíes que permanecieron inmóviles. Esta es la rutina de la ocupación.

¿Cómo se siente vivir de esta manera, expuesto y completamente vulnerable a  soldados que pueden allanar tu casa en cualquier momento, ladrarte órdenes y hurgar entre tus pertenencias personales? ¿Qué se siente al estar indefenso mientras los soldados sacan a tus hijos de sus camas en medio de la noche y los amenazan con los cañones de sus rifles? ¿Qué haríamos si tuviéramos que vivir así?

Veinte años después de que Gideon Levy le hiciera la pregunta a Ehud Barak, ésta se ha vuelto irrelevante para la sociedad israelí. No tiene sentido hacer el ejercicio hipotético. Bajo un régimen de apartheid, no tiene sentido preguntar a los blancos qué harían en lugar de los negros. Imaginarse que las cosas puedan darse vuelta se ha vuelto imposible. Pero si no podemos imaginarnos lo que es vivir como la familia Da’na y tantas otras bajo la ocupación, al menos podemos mirar las fotos y ver los videos de vez en cuando, para que no podamos decir: “No lo sabíamos”.

 

*Orly Noy se define como mujer activista de izquierda, mizrají y eterna migrante. Vive en Jerusalén, traduce poesía y prosa del farsi al hebreo, y aspira a contribuir a sacar de la marginalidad a la cultura persa y mizrají en el actual Israel.
Publicado el 8/6/18 en +972. Traducción: María Landi.
NOTA: El incidente relatado en este artículo está lejos de ser aislado: es el procedimiento habitual, y en todas las localidades de Cisjordania ocurren estas invasiones nocturnas de hogares palestinos por las fuerzas de ocupación. Especialmente en los campos de refugiados y en Hebrón/Al Jalil, pero también en Nabi Saleh, Bil’in y otras aldeas. Aquí hay apenas una muestra de los muchos incidentes de este tipo que puede encontrarse en YouTube, algunos también en el hogar de la familia Da’na.

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Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén). Es columnista del portal Desinformémonos, corresponsal del semanario Brecha, y escribe en varios medios independientes y alternativos.
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