Cantando en la última colonia europea de Oriente Medio (Eurovisión 1)

 

Cuando el año pasado la representante de Israel Netta Barzilai ganó el concurso Eurovisión con su canción Toy, su país fue automáticamente seleccionado para organizar la siguiente edición, en la que participan representantes de 41 países. Tan solo dos días después de esa victoria de 2018, Israel volvió a bombardear la Franja de Gaza, con un saldo de 62 personas asesinadas, seis de ellas niños/as. Esa misma noche la cantante se reunió y bailó con Netanyahu, y protagonizó un concierto en Tel Aviv para celebrar su victoria, asegurando que tenían “razones para ser felices”.
Inmediatamente se gestó la campaña Boicot Eurovisión 2019, liderada por el movimiento BDS (boicot, desinversión y sanciones). Artistas israelíes, de Palestina e internacionales (incluso de la talla de Roger Waters, Peter Gabriel, Braian Eno, Alice Wolf, Ken Loach) pidieron a los gobiernos de los países participantes y a sus artistas que no concursasen y respetaran el llamado palestino al boicot cultural, denunciando que Israel utiliza la cultura para lavar encubrir sus crímenes contra el pueblo palestino. También se dirigieron a la Unión Europea de Radiodifusión (UER), organizadora del concurso, explicando que Israel iba a politizar el certamen utilizándolo como una gran operación de propaganda y relaciones públicas para limpiar su imagen internacional mediante el arte (‘artwashing‘).
Además, más de 100 colectivos LGTBQ+ que adhieren al BDS en solidaridad con sus pares de Palestina, denunciaron las maniobras israelíes para convertir al certamen Eurovisión (tradicionalmente muy popular entre el público de la diversidad sexual) en una operación de ‘pinkwashing’ (lavado rosa), mostrándose como un país amigable con las minorías sexuales para normalizar su régimen de apartheid y ocupación colonial. Colectivos queer de Barcelona, Copenhague y Melbourne cancelaron las fiestas que suelen organizar con motivo de Eurovisión.
Posteriormente la campaña se enfocó en pedir a las televisoras públicas que no transmitieran el certamen (hubo fuerte presión sobre la BBC y RTVE), y en la última etapa se invitó al público en general a no asistir al festival en Tel Aviv ni a ver su transmisión televisada. En las redes sociales, activistas del BDS  instaron a participar en una “semana de acción contra Eurovisión” organizando “protestas y acciones ruidosas, visibles, masivas y no violentas”.
Algunos colectivos BDS organizaron festivales paralelos (como Globalvision) y acciones de protesta y repudio, tanto en Tel Aviv esta semana en la inauguración del concurso como en varias ciudades europeas. Incluso Gaza realizó un festival alternativo junto a las ruinas de los bombardeos recientes. El estado español fue uno de los territorios donde más prendió la campaña; grupos integrantes de la RESCOP (red de BDS) organizaron festivales alternativos en Barcelona, Madrid, Valladolid, Valencia, y hubo manifestaciones a favor del boicot en Asturias, Euskadi y otros lugares. BDS Madrid difundió una carta a Miki, el representante español en el concurso, y realizó una acción de protesta durante la charanga con la que se despidió al cantante en el centro de la ciudad. El humorista y animador español Gran Wyoming, en su popular programa El Intermedio de La Sexta de TVE, criticó la celebración del certamen en Israel..
La campaña se intensificó después de que Israel lanzara su último ataque sobre Gaza. Entre el 3 y el 6 de mayo, en más de 250 bombardeos por aire y tierra el régimen sionista mató a 27 personas (incluyendo menores y bebés), hirió a unas 200, desplazó a más de 500 y destruyó 75 hogares, una mezquita, 5 oficinas de medios de comunicación, 4 centros de salud y 10 edificios civiles, incluyendo 3 bibliotecas.
Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores de la ANP remitió una carta a la UER para evitar que Israel utilice Eurovisión para legitimar la ocupación militar de los territorios palestinos. En concreto, pidió retirar los materiales grabados en Jerusalén Este (bajo ocupación militar desde 1967) de las piezas promocionales del festival. “El material promocional para el concurso de Eurovisión y aprobado por la UER es inaceptable por el rol cultural que normaliza la ocupación ante la opinión pública europea y mundial”. Además, la ANP denunció que la propaganda del certamen “borra del mapa al Estado de Palestina”. La UER “está reconociendo y apoyando las políticas ilegales de Israel, que viola sistemáticamente las leyes internacionales y de Derechos Humanos, incluido el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación, en contradicción con la política exterior de la Unión Europea”. Por ello, la ANP afirmó que “el mensaje del arte y de Eurovisión deberían ser incompatibles con prácticas como el colonialismo y la ocupación”.
Una semana antes del concurso se informó que la venta de entradas y las reservas turísticas estaban muy por debajo de las expectativas, y algunos políticos israelíes sugirieron regalar entradas a los soldados y a los habitantes del sur del país (que sufrieron por los cohetes lanzados desde Gaza). Esta semana, con el festival en curso, se supo que solo llegaron 5000 visitantes (de los 50.000) que se esperaba. Los hoteles bajaron los precios y las entradas se están regalando solo para poder llenar el estadio. “Esta edición de Eurovisión será recordada (…) como un fracaso total para la maquinaria de propaganda de Israel”, aseguró Alia Malak, de la Campaña Palestina contra el Boicot Académico y Cultural de Israel (PACBI),  grupo que forma parte del BDS.
El gobierno israelí también expresó su inquietud ante la campaña de boicot y las protestas. “Es un tema de imagen internacional, y hay una clara intención de desprestigiarnos”, dijo a la agencia Reuters Tzahi Gavrieli, jefe del grupo de trabajo anti-BDS del Gobierno israelí en el Ministerio de Asuntos Estratégicos. Esta preocupación de Israel por abortar cualquier imagen negativa ha hecho que el presupuesto en seguridad del certamen represente el 10% del total del festival, una cifra inusualmente alta, según reconocen los organizadores.
Eurovisión está promocionando el festival con el lema “Atrévete a soñar“. En su página web se explica que el eslógan y el logo del certamen “simbolizan la inclusión, la diversidad y la unidad que marcan los valores fundamentales del Festival”. Por eso los colectivos BDS han parafraseado el eslogan realizando pancartas, plantones, videos y piezas de difusión con la consigna: “Atrévete a soñar el fin del apartheid”.
En esta primera entrega, comparto un agudo análisis crítico de Mariam Barghouti sobre el origen y carácter ‘europeo’ de Israel y algunos videos de los muchos que han realizado los colectivos BDS en Europa. En la segunda entrega,  más videos de la campaña Boicot a Eurovisión 2019.

 

 


Cantando en la última colonia europea de Oriente Medio

¿Por qué Israel forma parte del concurso de canciones Eurovisión?

 

Mariam Barghouti*

 

A menos de dos meses del inicio del concurso de canciones Eurovisión en Tel Aviv, la controversia en torno al país anfitrión se ha intensificado. El evento es una gran oportunidad para que Israel ‘lave con arte’ (artwashing) sus crímenes contra la población palestina, y activistas pro Palestina están decididas/os a desafiarlo con un boicot.

Celebridades como Roger Waters y Wolf Alice ya han pedido a los medios de comunicación y a los y las artistas que se nieguen a participar, mientras que el movimiento de Boicot, Disinversión y Sanciones (BDS) ha intensificado su campaña contra el evento.

La provocativa decisión de celebrar la gala de apertura de Eurovisión el 14 de mayo es particularmente mortificante para la población palestina, ya que coincide con la fecha en que Israel conmemora su declaración de independencia de 1948. Al día siguiente, mientras las y los cantantes europeas/os compiten en Tel Aviv, Palestina conmemorará el 71º aniversario de lo que llama la Nakba (la catástrofe), recordando a las víctimas de la campaña israelí de limpieza étnica.

Pero más allá de la cuestión obvia de que Israel utilice otro evento cultural para lavar su sangrienta reputación, el próximo evento de Eurovisión es también una oportunidad para reflexionar sobre cuán europeo es realmente Israel.

La pregunta que pocos europeos parecen plantearse es por qué un país situado en Oriente Medio (lejos de las fronteras naturales e imaginarias de Europa) participa desde 1973 en un concurso fundado con la visión de una Europa culturalmente unificada. Se trata de un país que, al definirse como un “Estado judío” construido sobre la “tierra prometida”, y “la única democracia en Oriente Medio”, afirma tener un origen y unas raíces firmemente establecidas en Oriente Medio.

¿Por qué entonces artistas israelíes cantan en Eurovisión? ¿Por qué los equipos de fútbol israelíes juegan en los campeonatos de la UEFA, y compiten con los equipos europeos por la clasificación para la Copa Mundial de la FIFA? ¿Por qué los médicos israelíes son miembros del Foro Europeo de Asociaciones Médicas, que actualmente está encabezado por un funcionario israelí?

La respuesta es simple: porque Israel se fundó como un asentamiento colonial europeo, y sigue siéndolo.

Una colonia europea en Palestina

Israel es una de las últimas colonias europeas que quedan en el mundo, junto con lugares como la Guayana Francesa, Nueva Caledonia, las Bermudas y las Islas Caimán. Consiguió sobrevivir a la ola de descolonización del siglo XX elaborando cuidadosamente un mito fundacional de excepcionalismo, mediante la premisa ideológica sionista de que los judíos deben regresar a la “tierra prometida” y que sólo pueden estar “seguros” dentro de un Estado exclusivamente judío.

A pesar de utilizar una lectura sionista de las escrituras hebreas para afirmar que Palestina era “originalmente” judía y la “patria” legítima de todos los judíos y judías, y de reivindicar la continuidad territorial histórica con el Israel precristiano, los padres fundadores del Estado de Israel (todos judíos europeos y en su mayoría asquenazíes) se embarcaron en una campaña sistemática para europeizar los espacios que estaban colonizando.

Empezaron a construir el nuevo Estado basándose en la misma premisa que los colonialistas europeos usaron durante siglos: se estaban embarcando en una misión civilizatoria. Y mientras los imperios europeos se desmoronaban, Israel floreció, solidificando su mito fundacional de una “isla de estabilidad” en una región turbulenta.

Los colonizadores sionistas adoptaron fácilmente los puntos de vista que los proyectos coloniales europeos habían desarrollado hacia las poblaciones nativas. Poco después de publicada la declaración Balfour en 1917, el líder sionista Chaim Weizmann, por ejemplo, escribió en una carta a Lord Balfour que los árabes, por ser “superficialmente listos y de ingenio rápido” y “traicioneros” por naturaleza, no podrían establecer su propio Estado en Palestina “porque el fellah (campesino) tiene al menos cuatro siglos de retraso, y el effendi (miembro de la clase urbana) (…) es deshonesto, inculto, codicioso y tan antipatriótico como ineficiente.”

Al igual que los europeos, los colonizadores israelíes también emprendieron una combinación de limpieza étnica y sometimiento para “limpiar” la tierra que estaban colonizando de la población nativa “inferior”.

Pero los constructores del Estado israelí se enfrentaron a un gran desafío ideológico con la población judía de Oriente Medio, a la que animaron a emigrar en masa hacia Palestina y la utilizaron como mano de obra barata para construir colonias sionistas. Lo que los colonizadores europeos encontraron particularmente “perturbador” en los judíos mizrahis fue su “carácter árabe”.

Como declaró Golda Meir, la primera mujer en ocupar el cargo de Primera Ministra de Israel: “Todo judío leal debe hablar yiddish, porque el que no sabe yiddish no es judío”.

Es decir, la única identidad judía auténtica era la que la élite askenazí había traído de Europa; el judaísmo de los mizrahis (o de los sefardíes) era “impuro”. Por ello se les consideró susceptibles a la “influencia árabe” y se cuestionó su lealtad. Había que actuar rápidamente para controlar a esta comunidad judía “sospechosa”, que pronto se convirtió en la mitad de la población israelí.

En 1951, durante un debate del Knesset sobre educación, el primer Primer Ministro de Israel, David Ben-Gurion, fue bastante explícito: “Un judío yemenita es ante todo judío, y queremos convertirlo, en la medida de lo posible y lo antes posible, de yemenita a judío”.

En otra ocasión, también declaró: “No queremos que los israelíes se conviertan en árabes. Nos corresponde luchar contra el espíritu del Levante, que corrompe a los individuos y a las sociedades”.

Por lo tanto, la élite askenazí israelí se embarcó en un ambicioso proyecto para “civilizar” −es decir, “europeizar”− a sus hermanos orientales mediante la reeducación, el lavado de cerebro ideológico y el secuestro masivo de niños.

El resultado de esta “campaña civilizatoria” es la continua discriminación sistemática contra la población judía mizrahi −que sigue estando en el fondo mismo de la sociedad israelí− y, por extensión, contra cualquier persona no judía y no blanca.

La jerarquía racial de Israel es muy similar a la establecida en Europa, Estados Unidos y Canadá: la élite y la clase media blanca en la cima y el resto en la parte inferior.

Culpabilidad europea y antisemitismo

Los movimientos de descolonización que estallaron en Asia, África y Oriente Medio obligaron a Europa a desmantelar gradualmente sus operaciones coloniales. Sin embargo, Israel se salvó de este proceso. Con el tiempo, parte de la élite intelectual europea empezó a hablar de “pos colonialismo”, a pesar de que una importante colonia europea permanecía en su vecindad inmediata.

De hecho, hasta el día de hoy los gobiernos europeos se niegan a reconocer a Israel como uno de sus proyectos coloniales, al cual hace mucho que se le pasó la hora.

Irónicamente, la culpabilidad del Holocausto ha empujado a los gobiernos europeos a apoyar el proyecto sionista de enviar colonos judíos a colonizar Palestina, a pesar de que la idea de que las y los judíos –por ser judíos− deberían abandonar Europa para irse a otra tierra es intrínsecamente antisemita.

El apoyo incondicional a la continua colonización de Palestina por parte de Israel y la victimización de su población nativa ha sido a menudo justificado (especialmente por países como Alemania y Austria) como expiación por crímenes del pasado.

Pero el antisemitismo no es cosa del pasado en Occidente. Está escalofriantemente vivo y activo, y es parte de la incapacidad de Occidente para abordar las cuestiones del racismo, la supremacía blanca y el colonialismo dentro de su sociedad y su cultura.

En este sentido, los gobiernos europeos que apoyan a Israel en su uso persistente de prácticas de sometimiento colonial –usadas por Europa en el siglo XX− contra la población nativa palestina dan prueba de que nunca han tenido realmente en cuenta su propio pasado colonial criminal y, de hecho, no han rechazado plenamente las ideas que permitieron el colonialismo y el antisemitismo.

Por eso las élites europeas no ven ningún problema en que artistas europeos/as actúen en Israel, o que los consumidores europeos disfruten de bienes producidos en colonias israelíes ilegales, o que los gobiernos europeos compren tecnología de vigilancia israelí mientras las y los palestinos son oprimidos, expulsados de sus hogares y tierras, mutilados y masacrados a diario.

Cualquier cambio radical en su postura sólo puede venir en paralelo con el pleno reconocimiento y la reparación por los crímenes coloniales, la compensación a las poblaciones afectadas, la descolonización y desracialización de las estructuras de poder, y la condena de la supremacía blanca. Sólo entonces los europeos (y por extensión los estadounidenses) podrán reconocer a Israel como su creación colonial y admitir la vergüenza histórica de su fundación y crecimiento.

Sólo entonces Occidente podrá hacer que Israel rinda cuentas de sus crímenes.

 

*Mariam Barghouti es una escritora, periodista y activista palestina del movimiento BDS, residente en Ramala. Publicado en Al Jazeera el 21/3/2019. Traducción: María Landi.

 

Video de Jewish Voice for Peace (JVP):

Performance de London Palestine Action invitando al boicot cultural y de Eurovisión:
Madonna Don’t Go, un cover de London Palestine Action del tema Papa Don’t Preach, pidiéndole a Madonna que no actúe como estrella invitada en el concurso Eurovisión:

 

Anuncios

Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania. Es columnista del portal Desinformémonos y escribe en varios medios independientes y alternativos.
Esta entrada fue publicada en Apartheid, BDS, Eurovisión, Gaza, Israel, Masacres israelíes, Normalización y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s