Coronavirus en tiempos de apartheid israelí

Familiares de presos palestinos protestan en Ramala exigiendo libertad y protección para sus seres queridos.

 

Mussa’ab Bashir Alazaiza

 

A comienzos de este mes de marzo, la Palestina ocupada fue golpeada por la pandemia del Covid-19. Incluso en medio de una crisis como ésta, Israel, potencia ocupante en virtud del derecho internacional, sigue con sus políticas racistas y sus intentos desesperados de lavarse la cara.

 

El pasado 5 de marzo el Ministerio de Salud de la Autoridad Palestina anunciaba que siete personas habían dado positivo en el test del Covid-19 tras estar en contacto con turistas griegos. Dos semanas después se registraron los dos primeros casos en la Franja de Gaza. Se trata de dos palestinos que volvían de Pakistán.

A Israel la pandemia llegó el 21 de febrero, pero no fue por contacto con “los territorios palestinos ocupados” sino después de la llegada de once israelíes que estaban en el crucero “Diamond Princess” que había estado en cuarentena en Japón.

Recientemente me sorprendió la cuestión de que se hablase de un “acercamiento entre palestinos e israelíes” para hacer frente a esta pandemia. Dicho acercamiento sería comprensible en caso de Corea del sur y Corea del norte, o los beligerantes en Yemen, pero no en el contexto de limpieza étnica y apartheid israelí, porque el racismo en Israel es sistemático.

No solo el modo de llegada del Covid-19 a esta parte del mundo refleja una situación de segregación racista impuesta por las autoridades de la ocupación israelí, sino también las medidas tomadas por ellas en cuanto a las comunidades y localidades palestinas dentro de Israel y en la Franja de Gaza y Cisjordania. Muchas son las falacias sobre las “ayudas israelíes a los palestinos”, pero son mucho más los hechos que las refutan.

Imputar la responsabilidad a la Autoridad Palestina y Hamas por la deficiencia del sistema sanitario palestino es cierto, pero incorrecto. Cierto, porque las dos partes son sistemáticamente corruptas, e incorrecto porque el primer responsable de la situación geopolítica y humanitaria es, indudablemente, Israel.

La verdad sobre la “ayuda” israelí a la franja de Gaza y Cisjordania

Muchos medios han publicado estos días sobre la ayuda israelí de 200 tests a la Franja de Gaza y de una coordinación sanitaria con Cisjordania. De hecho, Israel es la potencia ocupante con arreglo a los instrumentos del derecho internacional y, por lo tanto, es su deber encargarse de todos los servicios básicos de la población palestina en Gaza y Cisjordania.

Israel impone un bloqueo sobre la Franja de Gaza desde hace más de 13 años. Esto ha hecho que el movimiento de las personas se limite a un solo paso fronterizo, el de Rafah con Egipto que se ha convertido en un embudo infernal.

El director del COGAT, el órgano que coordina las actividades del gobierno israelí en Gaza y Cisjordania, el general Kamil Abu Rokon, dijo a los medios israelíes que iban a dejar entrar una “ayuda médica israelí” en la Franja de Gaza. “El virus no reconoce fronteras” -dijo- “hemos permitido la entrada para bloquear el virus en Yehuda, Samaria y Gaza. Es un interés israelí superior”.

La “ayuda israelí” para la Franja de Gaza con dos millones de habitantes (Fuente: Samanews).

Es el interés israelí lo que rige aquí esa “ayuda”, no el espíritu de humanidad

Los encuentros israelíes con mandatarios de la Autoridad palestina se alinean con ese enfoque, el de interés superior israelí, no con un espíritu de apoyo y mucho menos de cooperación. Cabe mencionar que fue la Autoridad Palestina quien pidió dicha ayuda. No fue un gesto de buena voluntad israelí. Además, los test que llegaron a los territorios palestinos son donaciones de la OMS y las Naciones Unidas.

Una semana después de la llegada de dicha ayuda, el PCHR (Centro Palestino de DD.HH en sus siglas en inglés) hizo un llamamiento a la comunidad internacional para ejercer presión sobre Israel para que cumpla con sus obligaciones, ya que el bloqueo israelí sobre la Franja de Gaza y la prohibición de importar aparatos médicos necesarios están afectando gravemente al endeble sistema sanitario. Con solo 70 camas en las UCIs y 20 respiradores artificiales, dos millones de habitantes tienen que enfrentarse a la pandemia bajo bloqueo israelí.

Trabajadores palestinos pasan por un checkpoint hacia Israel donde van a residir durante un mes, el pasado miércoles. (Hazem Bader, AFP)

Israel disimula su cinismo con mano de obra palestina

Últimamente varios medios se hacían eco de que Israel ha ofrecido permisos de residencia a trabajadores palestinos. La verdad es que Israel prohíbe la residencia a los palestinos con la “Ley de entrada a Israel”. Lo que las autoridades israelíes han decidido es ofrecer a casi 40 mil trabajadores, jornaleros palestinos, poder pasar la noche en Israel y no volver a sus casas. Una oferta que viene acompañada por la prohibición de movimiento fuera de la trayectoria entre el lugar de trabajo y el dormitorio. Esta “excepcionalidad” debe contar, por supuesto, con el visto bueno de los servicios de seguridad israelíes y con que el estado de salud de los trabajadores sea óptimo.

Esta “oferta” dura solamente dos meses y está limitada a trabajadores en sectores de agricultura y construcción. El jefe del órgano rector de los Consejos de localidades en Israel, Shay Hayay, justificó la medida por significar un “esfuerzo de garantizar la producción de bienes frescos para la población israelí a pesar de la pandemia”.

Antes de esta medida, 120 mil trabajadores palestinos de Cisjordania, cuya mayoría posee trabajos informales y trabajan en condiciones laborales muy duras y sin derechos, entraban a trabajar en zonas bajo control israelí. La entrada para trabajadores de la Franja de Gaza sigue estando prohibida. La mano de obra palestina es barata, no exige ninguna cobertura o derechos y cobra en moneda israelí. Es perfecta para mantener la economía de la ocupación. Los trabajadores palestinos para no morir de hambre construyen asentamientos y cultivan campos en tierra confiscada. No es solo una alienación, también una frustración diaria de vivir en la precariedad.

El Ministro de Trabajo de la Autoridad Palestina, Nasri Abu Yeish, ha condenado en una entrevista la despreocupación israelí por la vida de los trabajadores palestinos: “Muchos trabajadores palestinos tienen que pasar la noche en el campo y en condiciones inhumanas en medio de la propagación del corona virus”, ha advertido Abu Yeish.

El caso del palestino Malek Ghanem de 29 años muestra el nivel de racismo dentro del sistema sanitario israelí y su relación con el Ejército. Este 21 de marzo, en plena expansión de pandemia del Covid-19, Ghanem, que trabajaba en Tel Aviv, tuvo fiebre; llamó a un hospital israelí y pidió una ambulancia. Como le exigían pagar 400 shekels (casi 100 euros), Ghanem fue él mismo al hospital. Ahí llamaron a la policía, que a su vez lo entregó al Ejército israelí.

En declaraciones a la Agencia Palestina de Noticias WAFA, Ghanem explicó que los soldados israelíes, antes de tirarlo al suelo fuera del checkpoint de Beit Sira, le dijeron: “En Israel no hay sitio para ti. Que la Autoridad Palestina te ponga en cuarentena”.

Ghanem finalmente dio negativo. No tenía Covid-19.

Malek Ghanem, enfermo y sospechoso de tener COVID-19, arrojado en la ruta por el ejército de Israel, estuvo tres horas así hasta que paramédicos palestinos lo recogieron.


El aspecto sanitario del apartheid israelí

La pandemia del Covid-19 ha sacado a la luz de nuevo la arquitectura racista del Estado israelí. Israel no es solo racista con los palestinos en la Franja de Gaza y Cisjordania, también con palestinos, judíos orientales y judíos africanos dentro de Israel.

El centro de derechos humanos para la minoría árabe en Israel, Adala, ha denunciado en un comunicado que las autoridades israelíes no prestan ningún servicio sanitario básico a 45 comunidades árabes en el desierto del Neguev, bajo el pretexto de que dichas comunidades, que cuentan con más de 75 mil habitantes, son ilegales. El centro destaca también la insuficiencia de información necesaria en árabe.

Las cifras del último informe anual del buró central de estadísticas en Israel deja clara una importante brecha sanitaria entre judíos y árabes dentro de Israel. Según el informe, la esperanza de vida entre judíos es de 81 años, mientras que para árabes (palestinos) es de 77 años. La mortalidad neonatal entre los árabes es de 4,8 por cada 1.000 partos árabes. En los partos judíos es menos, 2,5 por cada 1000.

En Israel el promedio de camas en hospitales por cada 1.000 habitantes es de 2,2. Está por debajo de la media de la OCDE (8,8) de la que es miembro. Esto, sin dudar, es resultado indirecto de la brecha sanitaria entre las localidades árabes (palestinas) y las judías. Los palestinos en Israel pagan los mismos impuestos, pero reciben menos servicios.

Esta brecha es premeditada. Es una consecuencia del racismo institucional israelí. Las instituciones israelíes son una de las peores versiones del modelo capitalista neoliberal y se han quedado desnudas con esta crisis del Covid-19. Israel es un régimen sionista que mata a las personas, destroza la naturaleza e intenta manipular la historia. Es incapaz de salvar vidas en este tiempo de pandemia.

 

 

Palestinos toman medidas para prevenir la pandemia en Gaza. (AFP).

 

Publicado en AraInfo el 27/3/20.

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Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania. Es columnista del portal Desinformémonos y escribe en varios medios independientes y alternativos.
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