La policía israelí destrozó los huesos de este anciano palestino, y luego se marchó

Haj Suleiman Hathalin protestando en Masafer Yatta, en las Colinas del Sur de Hebrón, Cisjordania. (Emily Glick)


Un anciano activista palestino lucha por su vida después de que una grúa de la policía israelí lo atropellara. Este tipo de violencia podría ocurrirle a cualquiera de nosotros en Masafer Yatta.

 

Ali Awad y Awdah Hathalin*

 

En la tarde del 5 de enero, las fuerzas de ocupación israelíes entraron en la aldea palestina de Umm al-Jeir, en la región de Masafer Yatta, en las Colinas del Sur de Hebrón −donde vivimos nosotros−, para confiscar coches palestinos no registrados. Un anciano de la aldea, Haj Suleiman al-Hathalin, trataba de impedir pacíficamente que se llevaran los coches cuando una grúa de la policía israelí lo atropelló y le causó graves heridas en todo el cuerpo; se encuentra en estado crítico en el hospital, más cerca del martirio que de la vida.

Son muchas las políticas conocidas que utiliza la ocupación israelí para desplazarnos de nuestras aldeas en Masafer Yatta; por ejemplo, declarar que la tierra de doce aldeas es una zona de tiro militar, o confiscar tierras de propiedad palestina invocando leyes de la época otomana para construir en ellas colonias judías. Pero últimamente, parece que la política de “romper huesos” −una estrategia infamemente promovida por el entonces Ministro de Defensa Isaac Rabin durante la primera Intifada− de nuevo se ha vuelto un método central para desplazarnos y aplastar cualquier esperanza de resistencia popular palestina.

Haj Suleiman es un activista anti-ocupación de casi 70 años, al que conocemos de toda la vida. Cada vez que vamos a su casa en Umm al-Jeir, nos recibe con una taza de té y una sonrisa. Todo el mundo en las Colinas del Sur de Hebrón lo conoce bien, especialmente los soldados de la ocupación israelí.

Mientras Suleiman resistía pacíficamente a la confiscación de los coches de sus vecinos, la grúa de la policía israelí lo atropelló y lo arrastró durante diez metros mientras estaba atrapado debajo del vehículo. La policía, sin embargo, se limitó a abandonar la escena del crimen, dejando a Suleiman tendido en el suelo, sangrando y gravemente herido. Sus vecinos fueron los que llamaron a la ambulancia, y fue trasladado a un hospital de Hebrón.

Haj Suleiman Hathalin en el suelo tras los enfrentamientos con soldados israelíes durante una protesta en Masafer Yatta, en las Colinas del Sur de Hebrón, Cisjordania. (Emily Glick)

El médico informó que Suleiman tenía dos fracturas en el cráneo y otras en el cuello, el pecho, las costillas y la pelvis, una grave hemorragia en el cerebro y el abdomen, y lesiones en el bazo y los intestinos. Nosotros, junto con toda la comunidad de Umm al-Jeir y toda Masafer Yatta, estamos sufriendo una gran conmoción y dolor, y rezamos para que siga con vida.

Suleiman y su familia son beduinos palestinos que llegaron a Umm al-Jeir para empezar una nueva vida después de haber sido desplazados del Naqab/Negev por las fuerzas sionistas durante la Nakba de 1948. Su mundo volvió a trastocarse después de que Israel ocupara Cisjordania en 1967; y en los años 1980, la colonia Carmel fue construida directamente en las tierras de su aldea. Hay menos de diez metros entre el hogar de Suleiman y las casas de los colonos judíos; solo una alambrada separa una vida con todos los lujos del siglo XXI de una vida que carece de las necesidades más básicas.

Un agricultor ara su tierra en Umm Al-Jeir. Al fondo se ve la colonia judía Carmel. (Alex Levac).

Tras los Acuerdos de Oslo, la aldea de Umm al-Jeir fue clasificada como parte de la Zona C, lo cual la colocó bajo total control israelí. Como la ‘Administración Civil’ (el brazo del ejército israelí que gobierna los territorios ocupados) se niega a conceder permisos a la comunidad de Suleiman para construir cualquier tipo de casa o refugio en su propia tierra, toda la infraestructura de la aldea es considerada ilegal.

Por ello, las autoridades de ocupación han llevado a cabo repetidas demoliciones de viviendas y estructuras de la aldea. Por el oeste, se permite la expansión de las viviendas y los proyectos agrícolas de la colonia judía; por el este, cualquier desarrollo en la aldea palestina Umm al-Jeir −con su camino escarpado y sus carpas desperdigadas− es destruido o amenazado con la demolición.

El ejército israelí destruye una modesta vivienda en la aldea Jalat Al-Daba, al sur de Hebrón (17/6/2019, Wissam Hashlamon).

Esta situación impulsó a Suleiman a convertirse en un activista hace décadas, no solo en su propia comunidad, sino también en las aldeas vecinas. Es conocido por resistir mediante la desobediencia civil, llevando la bandera palestina y poniéndose delante de las excavadoras israelíes que destruyen los hogares de los niños. Ante cada incursión militar o demolición, él se planta con su bastón de pastor para desafiar a las máquinas de la ocupación; eso lo convirtió en un destacado icono beduino.

Casi siempre los soldados israelíes responden a Suleiman con violencia. Ha sido detenido muchas veces; incluso antes de este último incidente, fue hospitalizado después de que soldados que no tienen ni 20 años y la Policía de Fronteras lo tiraran al suelo. Es probable que debido a su continua resistencia, a Suleiman –cuya edad debería permitirle obtener un permiso para entrar en Jerusalén a través de los checkpoints militares− se le impida entrar para rezar en la mezquita de Al-Aqsa.

Palestinas en duelo ante la demolición de sus vividendas en la zona de Masafer Yatta, el 12/1/22.


Peligro constante

Lo que le ocurrió a Haj Suleiman la semana pasada podría pasarnos a cualquiera de nosotros, o a cualquiera de nuestros familiares o amigos de Masafer Yatta. Vivimos en medio de un peligro constante. En cualquier momento, en medio de nuestra rutina diaria, podríamos acabar perdiendo un miembro o paralizados de por vida. Cada vez que el cuerpo de alguno de nosotros es lastimado, siempre nos imaginamos que podíamos estar en su lugar. No nos sentimos diferentes de los que han sido heridos y discapacitados. Nosotros también vivimos lo que ellos experimentan: la confrontación directa y diaria con la ocupación.

Suleiman no es el único palestino de las Colinas del Sur de Hebrón cuyos huesos fueron destrozados este último año. Desde enero de 2021, la violencia de la ocupación israelí provocó directamente discapacidades a corto y largo plazo a al menos otras tres personas de diferentes aldeas de la zona.

Marcha desde A-Rakeez, Massafer Yatta, hacia la nueva colonia Abigail, una semana después que Harun Abu Aram fuera baleado y quedara tetrapléjico (8/1/21, Keren Manor/Activestills).

El primer día de enero del año pasado, soldados israelíes le dispararon e hirieron en el cuello a Harun Abu Aram (25) durante una reyerta debida a la confiscación por parte del ejército del generador eléctrico de su vecino. En un lugar donde se niegan todos los servicios básicos, un generador es una fuente de vida para Harun y sus vecinos. Como muestra el vídeo del tiroteo, Harun intentaba de forma no violenta impedir que se llevaran el generador. La bala disparada por el soldado dejó a Harun completamente paralizado del cuello para abajo.

Aquí en Masafer Yatta no hace falta estar en el medio de una incursión del ejército o la policía para perder un miembro: también puede ocurrir durante un día de rutina en el campo. El 8 de enero del año pasado, Mohammad Majamra (18), de la aldea de al-Mirkiz, corría siguiendo a su rebaño de ovejas cuando pisó una bomba sin explotar dejada por el ejército israelí a sólo cien metros de su casa, La explosión resultante le causó una fractura en la pierna derecha, desparramó metralla a pocos milímetros de su corazón y su estómago y, lo peor de todo, le hizo perder una de sus manos.

Mohammad Makhamra, que resultó herido y perdió la mano a causa de una bomba israelí sin explotar, en su casa de al-Mirkiz, en las Colinas del Sur de Hebrón, Cisjordania. (Kochav Shachar)

También puede ocurrir que te rompan el cráneo mientras estás en casa acostado en tu cama, incluso si eres un niño. Durante un pogromo llevado a cabo por colonos en la aldea de Mufagarah en septiembre, a Muhammad Hamamdah, de cuatro años, una piedra lanzada por un colono a través de la ventana de su habitación lo hirió en la cabeza mientras dormía y le fracturó el cráneo. Esto ocurrió en presencia de soldados israelíes, que dispararon gases lacrimógenos y granadas de aturdimiento contra la población palestina, e incluso arrestaron a varios residentes, en lugar de detener el ataque de los colonos, que además apuñalaron y mataron cabras, rompieron ventanas de casas y coches e hirieron a otros pobladores.

Aunque [en el Derecho Internacional] se supone que la seguridad de la población ocupada es responsabilidad de la potencia ocupante, la conducta de las fuerzas israelíes hacia la población palestina es todo lo opuesto. Israel ha declarado que nuestras aldeas son una zona de tiro, y los soldados utilizan regularmente munición real que hiere sistemáticamente a niños y adultos hasta el punto de dejarles con discapacidades permanentes.

Agentes de la policía fronteriza israelí detienen a un palestino en la aldea de Surora, cerca de la localidad cisjordana de Yatta, al sur de Hebrón, el 25 de mayo de 2017. (Wisam Hashlamoun/Flash90)

En cada uno de estos incidentes −Harun Abu Aram, que quedó tetrapléjico; Muhammad Majamra, que perdió la mano; y Muhammad Hamamdah, cuyo cráneo fue fracturado− las autoridades israelíes cerraron rápidamente la investigación sin procesar a nadie.

Del mismo modo, en el atropello de la semana pasada a Haj Suleiman, la policía israelí deslindó cualquier responsabilidad, alegando que el anciano había “corrido hacia la grúa” en medio de un “violento disturbio” y que, debido a que “una turba agitada trataba de causar un daño real a la fuerza [militar armada a guerra], fue imposible detenerse para asistir al herido.”

El ejército, la policía y los colonos israelíes trabajan juntos y sistemáticamente para ejecutar la limpieza étnica de nuestra tierra. Todas estas políticas violan el derecho internacional y los acuerdos internacionales que deberían salvaguardar nuestros derechos humanos. Tendríamos que poder sentirnos seguros en nuestros propios hogares y comunidades, pero la ocupación está diseñada para privarnos incluso de ese derecho tan básico.

 

*Ali Awad es un activista de la aldea de Tuba, en las Colinas del Sur de Hebrón. Awdah Hathalin es un activista comunitario de la aldea de Umm al-Khair, en la misma zona. Estudió profesorado de inglés en la Universidad de Hebrón y lo enseña en su comunidad.
Publicado el 11/1/22 en +972 Magazine. Traducción: María Landi.

 

ACTUALIZACIÓN [N. de la T.]: El lunes 17 de enero, tras resistir dos semanas en cuidados intensivos, Haj Suleiman dejó de existir. Una multitud acongojada acompañó su procesión fúnebre en Umm Al Jeir y Masafer Yatta. Las redes se inundaron de su imagen profética e icónica para honrar su espíritu inquebrantable. El Haj vivirá por siempre en la memoria y la resistencia de su comunidad y de su pueblo.

 

 

 

 

 

 

 

Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania. Es columnista del portal Desinformémonos, corresponsal del semanario Brecha y escribe en varios medios independientes y alternativos.
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