Yerushalayim, Al Quds

Continuando con el tema del 50º aniversario de la ocupación de los territorios al este de la Línea Verde, un artículo de Joan Cañete Bayle sobre la realidad de Al Quds/Jerusalén.

Décima Avenida 2.0

Artículo publicado el 4 de junio en El Periódico de Catalunya

En las tiendas de la Ciudad Vieja de Jerusalén, da igual si es en el barrio musulmán o el judío, es frecuente encontrar una fotografía de David Rubinger en la que se ve a tres paracaidistas del Ejército israelí arrobados ante el Muro de las Lamentaciones. La fotografía fue tomada el 7 de junio de 1967, cuando las tropas israelís conquistaron la Ciudad Vieja, y con el tiempo la imagen de los tres soldados se ha convertido en icónica de la joya de aquella victoria: Jerusalén.

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50 años, 50 mentiras

Con esta breve y elocuente columna de Gideon Levy inauguro una serie de artículos de opinión y análisis relativos al nefasto 50º aniversario de la ocupación de los territorios palestinos apropiados por Israel como resultado de la Guerra de los Seis Días (hecho conocido con el término “Naksa” en árabe). Ocupación absolutamente ilegal según el Derecho Internacional y la Carta de la ONU, que no reconoce la legitimidad del territorio adquirido mediante la guerra. Pero por tratarse de Israel, se tolera.

 

Al frente, de izquierda a derecha: los generales Rehavam Zeevi y Uzi Narkiss, el Ministro de Defensa Moshe Dayan y el Comandante en Jefe Yizhak Rabin cerca del Muro de los Lamentos en Jerusalén durante la Guerra de los Seis Días. (Archivos del Ejército de Israel).


Gideon Levy

 

Supongamos que la ocupación está justificada. Digamos también que Israel no tiene elección. No le llamemos siquiera ocupación. Digamos que ha sido reconocida por el Derecho Internacional y que el mundo la ha aplaudido. Supongamos que los palestinos y palestinas están agradecidos por su presencia. No obstante, todavía hay un pequeño problema: toda ella está enteramente basada en mentiras.

Desde el principio hasta el cada vez más lejano final, todo es un paquete de mentiras. No hay una sola palabra de verdad asociada a ella. Si no fuera por estas mentiras, su podredumbre habría implosionado hace mucho tiempo. Si no fuera por estas mentiras, es dudoso que alguna vez hubiera llegado a existir. Estas mentiras, algunas de las cuales enorgullecen a la derecha (“por el bien de la Tierra de Israel está permitido mentir”), son suficientes para que cualquier persona decente retroceda con repulsión. No se necesita los otros horrores para convencerse.

Comenzó con la cuestión de cómo llamar a los territorios. En Radio Israel se decidió usar el término “territorios temporalmente retenidos”. Esa fue la mentira Nº 1, al implicar que la ocupación era temporal y que Israel tenía la intención de evacuar esos territorios, los cuales eran sólo una moneda de cambio en la búsqueda de la paz. Ésta es probablemente la mayor mentira, y ciertamente la más decisiva. Es la que ha permitido la celebración de su aniversario jubilar. La verdad es que Israel nunca pensó en acabar con la ocupación. Su supuesta temporalidad sólo sirvió para que el mundo se echara a dormir en el engaño.

La segunda gran mentira fue el argumento de que la ocupación sirve a los intereses de seguridad de Israel, que es una medida de autodefensa por parte de una nación indefensa rodeada de enemigos. La tercera mentira fue el “proceso de paz”, que en realidad nunca tuvo lugar, y que en todo caso sólo se proponía comprar más tiempo para la ocupación. Esa mentira tuvo muchas patas. El mundo fue su cómplice, mintiéndose continuamente a sí mismo. Hubo argumentos, presentaciones de mapas (todos ellos iguales), se llevaron a cabo conferencias de paz con numerosas cumbres y rondas de conversaciones, con enviados corriendo de aquí para allá, y básicamente charlatanería vacía. Todo esto estaba basado ​​en una mentira: la suposición de que Israel siquiera contemplaba poner fin a la ocupación.

La cuarta mentira, obviamente, es la empresa de colonización. Este proyecto nació y se crió en la mentira. Ni una sola colonia fue establecida honestamente: empezando por la estadía de una noche en el Park Hotel de Hebrón[1] y siguiendo por los “campos de trabajo”, los “campamentos de protección”, las “excavaciones arqueológicas”, las “reservas naturales”, las “áreas verdes”, las “zonas de tiro”, las “tierras de estudio”, los puestos de avanzada y las expansiones: todas ellas fabricaciones ejecutadas con un guiño y un ‘ajá’, culminando con la mayor mentira en ese contexto: la de las “tierras estatales”; una mentira que sólo comparable con la de los palestinos “ausentes presentes” en Israel[2].

Los colonos mintieron y los políticos mintieron; el ejército y la ‘Administración Civil’[3] en los territorios mintieron: todos mintieron, al mundo y a sí mismos. De la protección de la torre de una antena creció una mega-colonia, y de un fin de semana en ese hotel creció lo peor del lote. Los miembros del gabinete que ratificaron, los miembros del Parlamento que asintieron con un gesto y un guiño, los oficiales que firmaron y los periodistas que lo blanquearon: todos sabían la verdad. Los estadounidenses que “condenaron” y los europeos que se “enfurecieron”, la Asamblea General de la ONU que “convocó” y el Consejo de Seguridad que “decidió”: ninguno de ellos tuvo jamás la intención de pasar de la palabra a la acción. El mundo también se está mintiendo a sí mismo: es conveniente para todos que siga de esta manera.

También es conveniente promulgar las eternas mentiras cotidianas que encubren los crímenes cometidos por las Fuerzas de Defensa de Israel [Ejército], la Policía de Fronteras, el Shin Bet [servicio de inteligencia], el Servicio Penitenciario y la Administración Civil -todo el aparato de la ocupación. Es conveniente usar un lenguaje aséptico, el lenguaje del ocupante tan caro a los medios de comunicación, el mismo lenguaje que usa para describir sus excusas y autojustificaciones. No hay en Israel blanqueo semejante al que describe la ocupación, ni existe otra coalición tan amplia que lo expanda y apoye con tal devoción. ‘La única democracia de Medio Oriente’ que impone una tiranía militar brutal, y ‘el ejército más moral del mundo’ que mata a más de 500 niños y 250 mujeres en un verano: ¿puede alguien concebir una mentira más grande? ¿Puede alguien pensar en un mayor autoengaño que la opinión predominante en Israel, según la cual todo esto se nos impuso, no queríamos hacerlo, y los árabes tienen la culpa? Y no hemos mencionado todavía la mentira de los dos estados y la mentira del Israel que busca la paz, las mentiras sobre la Nakba de 1948 y la “pureza” de nuestras armas en esa guerra, la mentira de que el mundo entero está contra nosotros, y la mentira sobre que ambos bandos son culpables.

Desde las palabras de Golda Meir: “Nunca perdonaremos a los árabes por obligar a nuestros hijos a matarlos” hasta “Una nación no puede ser ocupante en su propia tierra“, las mentiras siguen sucediéndose. No han parado hasta el día de hoy. Cincuenta años de ocupación, cincuenta sombras de mendacidad. ¿Y ahora qué? ¿Otros cincuenta años?

 

NOTAS
[1] Se refiere al comienzo de la ocupación ilegal de la ciudad palestina de Hebrón/Al-Jalil. En 1968, tras la ocupación de la ciudad por los militares israelíes, un grupo de unos 30 judíos israelíes respondió a un anuncio del rabino fundamentalista Moshe Levinger para celebrar la Pascua judía en el Park Hotel del centro de Hebrón, haciéndose pasar por turistas. Cuando el grupo proclamó su intención de establecerse en la ciudad indefinidamente, el Ministro de Defensa Moshe Dayan ordenó su evacuación, pero más tarde acordó que se trasladaran a la base militar cercana, que con el tiempo se convertiría en la colonia Kiryat Arba, una de las más grandes y violentas de Cisjordania. (N. de la T.).
[2] En la legislación israelí se llama así a las personas palestinas que en 1948 fueron expulsadas o huyeron, y sus tierras y propiedades fueron apropiadas por el naciente Estado, bajo el pretexto de que estaban “ausentes”; pero aunque pudieron regresar, el Estado no les devolvió sus propiedades, declarándoles “ausentes presentes”. (N. de la T.).
[3] El nombre (otra mentira) que reciben las autoridades israelíes que gobiernan los territorios palestinos ocupados, y que en realidad son militares. (N. de la T.).
Publicado en Haaretz el 1º de junio. Traducción: María Landi.

 

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Tras 40 días de huelga de hambre, los presos palestinos alcanzaron su objetivo. Pero la lucha continúa

Mujeres manifestando en Ramala por sus presos en huelga de hambre (Atef Saladi, EPA/Newscom).


María Landi

Columna publicada en el portal Desinformémonos el 28/5/17.
Dedicada a las madres, esposas, hijas y hermanas de los presos palestinos.

 

 

Hasta este sábado 27, mi columna mensual comenzaba así:

Mientras escribo estas líneas, miles de familias palestinas, y en especial miles de mujeres, entraron en el mes de Ramadán con una angustia que les hace intolerable el diario vivir  −aun para ellas, que a lo largo de todo su ciclo vital no han conocido un solo día de normalidad y paz, gracias a esa eficaz maquinaria destinada a hacer de sus vidas un infierno cotidiano: la ocupación israelí.

No hace falta mucha empatía para comprender lo que están viviendo: imagínate que tu ser más querido –tu hijo, tu pareja, tu padre− está encerrado en una celda, alimentándose sólo con agua y sal desde hace 40 días, sin poder comunicarse con sus compañeros, con su familia, con su abogada, rodeado solamente por guardias  enemigos que lo hostigan y maltratan cotidianamente para quebrarlo y hacerlo desistir de su justa protesta. No sabes cómo se siente, cuántos kilos ha perdido, qué síntomas y dolores le provoca el ayuno prolongado: ¿estará vomitando u orinando sangre? ¿Soportará los dolores viscerales? ¿Tendrá algún órgano vital seriamente afectado?, y de ser así, ¿será reversible? Y a pesar de tu desesperación y angustia, no tienes adónde reclamar, a quién exigirle que ponga fin a esta situación antes de que sea demasiado tarde.

¿Qué familia palestina no tiene un integrante (o varios) en la cárcel? Conozco a muchas de esas mujeres; he visitado sus casas, he tomado té dulcísimo conversando con ellas sobre su espíritu de sumud (su paciencia y tenacidad para resistir y permanecer en su tierra); he visto las fotos de sus hijos presos o mártires (o ambos) en las paredes de la sala; he cosechado aceitunas con ellas, riendo y sudando bajo el implacable sol de octubre; he admirado sus jardines cuidados y sus bordados tradicionales, asombrada de su capacidad de producir belleza en medio de tanta muerte y horror. Y mi corazón está destrozado, como el de ellas. Mis hijos no están en la cárcel, pero puedo imaginar cómo me sentiría si esos seres que adoro estuvieran agonizando a manos de un enemigo cuyo único propósito es destruirlos.

 

Una anciana con la foto de su hijo durante una manifestación de apoyo a los huelguistas de hambre (foto sin crédito).

Cuando ya estaba terminando el texto, sin embargo, llegó la noticia de que los presos habían levantado la huelga de hambre por Libertad y Dignidad, tras 40 días y 20 horas de negociaciones. Según informaron las organizaciones de apoyo a las y los prisioneros, el acuerdo alcanzado contempla la gran mayoría de las demandas de los presos −que de hecho constituyen obligaciones legales de Israel bajo el derecho internacional−: habrá dos visitas familiares de 60 minutos al mes (en lugar de una de 45); se permitirá la visita de familiares de segundo grado (nietos, abuelas) y contacto físico una vez al año; se instalarán teléfonos públicos para mejorar la comunicación de las mujeres presas con sus hijos, y de los presos menores y los enfermos con sus familias; habrá mejoras en la alimentación y el acceso a ropa y bienes básicos; los presos enfermos podrán ser examinados por médicos independientes, y el hospital de la prisión de Ramle volverá a su antiguo edificio, más amplio y con espacio de recreación.

Parece increíble que 1.500 prisioneros tengan que llegar al extremo de poner sus vidas en peligro con un ayuno de 40 días para que las autoridades penitenciarias de “la única democracia de Medio Oriente” accedan a simplemente cumplir con su deber.

Habría que preguntarse por qué, de una total intransigencia y hostilidad, el régimen pasó a negociar con los dirigentes de la huelga y aceptar la mayoría de sus demandas −aunque es probable que la detención “administrativa” (sin cargos ni juicio y por tiempo indefinido) seguirá siendo práctica corriente. A lo largo de toda la huelga los presos enfrentaron una dura represión por parte de las autoridades penitenciarias: se les negó toda visita familiar y la mayoría de las visitas legales, se les trasladó repetida y abusivamente de una cárcel a otra, se les confiscaron sus pertenencias (incluida la sal que tomaban con agua para preservar su vida) en violentas requisas diarias.

Los prisioneros respondieron a la brutalidad de sus carceleros con entereza y determinación. No estaban solos en su lucha: sus madres y familiares llenaron las plazas y carpas de solidaridad en cada ciudad, aldea y campo de refugiados de Palestina. Muchas madres hicieron su propia huelga de hambre para acompañar a sus hijos. La gente resistió la represión de las fuerzas de ocupación en las calles, hubo decenas de personas detenidas y heridas, y hasta un joven pagó con su vida la solidaridad con los presos.

A medida que la huelga se prolongaba, la salud de los huelguistas empezó a deteriorarse, con cuadros de gravedad: muchos empezaron a vomitar u orinar sangre, experimentaron desmayos, fatiga severa y pérdida de más de 20 kilogramos de peso. El 24 de mayo, decenas de prisioneros fueron repentinamente trasladados a hospitales, incluyendo el popular líder de la protesta, Marwan Barguti.

Mientras el gobierno israelí mantenía una veda informativa sobre el estado de salud de los huelguistas, aumentaban las expresiones de preocupación y la presión internacional para que atendiera sus demandas: reconocidas organizaciones de derechos humanos internacionales dirigieron una carta abierta al Secretario General de la ONU urgiéndolo a exigir a Israel que respetara los derechos humanos de los huelguistas. El Alto Comisionado de la ONU para los DD.HH. también expresó su preocupación, especialmente por las acciones punitivas de Israel contra los huelguistas, y condenó la detención administrativa. El Comité Internacional de la Cruz Roja, único organismo que pudo visitar a los presos en huelga de hambre, alertó sobre “las consecuencias potencialmente irreversibles para la salud; desde el punto de vista médico, estamos entrando en una fase crítica“. Parlamentarios, centrales sindicales y movimientos sociales de todo el mundo se solidarizaron con los prisioneros en huelga, y cientos de miles de personas se movilizaron y protestaron en los seis continentes.

Es posible que esta presión, sumada a otros factores como la perspectiva de lidiar con cientos de presos hospitalizados, la amenaza de una reacción popular en caso de que alguno muriera, el comienzo del sagrado mes de Ramadán y la proximidad del 5 de junio –en que se conmemoran nada menos que 50 años de la ocupación de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este y los Altos del Golán sirios− hayan llevado al gobierno israelí a considerar necesario ‘desactivar’ la protesta antes de que se saliera de control dentro y fuera de las cárceles.

Palestinas ciudadanas de Israel protestan en apoyo a los huelguistas frente la prisión de Megiddo (Haidi Motola/Activestills).

No obstante, habrá que monitorear muy de cerca el cumplimiento de los compromisos asumidos (y la concreción de los que están pendientes de ser negociados), porque Israel tiene un largo historial de acuerdos incumplidos con el pueblo palestino, y en particular con los presos y presas. En mayo de 2012, el régimen se comprometió -tras una huelga de hambre masiva en las cárceles- a poner fin a la detención “administrativa” y el aislamiento, y a facilitar las visitas familiares. Cinco años después, hay cerca de 600 presos en detención administrativa (muchos en total aislamiento), 500 menores de edad y cientos que llevan años sin ver a sus familias (sobre todo de Gaza).

Esta medida de lucha, a diferencia de otras anteriores, fue asumida desde el comienzo por todo el espectro político palestino, y contó así con un amplísimo apoyo popular. Por eso la victoria más importante de esta huelga fue el mensaje de unidad que salió de las cárceles, puesto en práctica cuando los presos resistieron con firmeza los intentos divisionistas, exigiendo que las autoridades negociaran con los líderes electos.

El poder de la unidad para confrontar a los ocupantes quedó demostrado dentro de las cárceles y se transmitió a las calles. Una vez más, el movimiento de los prisioneros se volvió el corazón de la resistencia palestina, y su liderazgo moral. Como señaló el colectivo de apoyo a las y los presos palestinos Samidoun, esta huelga no fue sólo por visitas familiares, atención médica y derechos humanos básicos: fue, fundamentalmente, una afirmación de la unidad de la resistencia palestina, de su rechazo al ocupante y su decisión de luchar no sólo por demandas específicas, sino por la liberación.

La esposa de Marwan Barguti publicó el jueves 25 una conmovedora columna en Newsweek, combinando la denuncia con el testimonio personal. Al referirse a las restricciones inhumanas que Israel impone a las familias para visitar a sus presos, Fadwa reveló que no ha podido tocar a su compañero por más de 15 años, y que sueña con poder abrazarlo. “Marwan y yo hemos estado casados por 32 años, y durante ese tiempo él ha pasado más años en prisión que a mi lado. Ha estado luchando contra la ocupación de Palestina por más de 40 años; 22 de ellos estuvo en la cárcel, y otros 7 en el exilio tras ser deportado por Israel.”

“Marwan me dijo hace 32 años, justo antes de casarnos, que mientras estuviéramos bajo la ocupación dedicaría su vida a la lucha por la libertad. Él ha cumplido su promesa al pueblo palestino, y es por eso que confían en él. Pero también me prometió que tan pronto termine la ocupación podremos disfrutar de lo que toda persona busca y merece: una vida normal.”

Por su parte, el Comité Nacional Palestino (BNC) que lidera el movimiento global de BDS, manifestó el 26 de mayo: “El BNC pide una acción internacional inmediata para implementar un embargo militar exhaustivo sobre Israel, similar al impuesto contra el apartheid sudafricano en el pasado. Los organismos internacionales −incluidos los bancos, las corporaciones militares privadas, los centros de investigación, las universidades y los gobiernos− deben dejar de facilitar el desarrollo del aparato militar y de seguridad y la tecnología militar israelíes. Mientras los lazos militares continúen, la comunidad internacional está enviando efectivamente a Israel un claro mensaje de aprobación para continuar con sus severas violaciones del derecho internacional, incluyendo las violaciones de los derechos de los presos.”

Tras conocerse la noticia del fin de la huelga, Samidoun declaró: “Saludamos y felicitamos a los prisioneros por su victoria después de 40 días de sacrificio, firmeza y lucha sin fin. También saludamos y felicitamos a todas las personas que contribuyeron a esta victoria, a lo largo de Palestina, en los campos de refugiados vecinos, en las comunidades palestinas de todas partes y entre quienes luchan por la justicia y la liberación en todo el mundo. Al mismo tiempo, tomamos este momento como inspiración para continuar y redoblar nuestra acción organizada por la libertad de todos los prisioneros y prisioneras, de la tierra y del pueblo de Palestina.

De nosotras depende que así sea.

 

 

Mujeres celebrando en Ramala tras la noticia del fin de la huelga de hambre:

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Actualización al día 31 de la huelga de hambre

 


ACTUALIZACIÓN al día 17 de mayo

 

El día 16 de mayo, al cumplirse 30 días de la huelga de hambre, y ante la intransigencia de las autoridades israelíes para atender las demandas de los presos, el líder de la huelga de hambre Marwan Barghouti, recluido en total aislamiento en un sótano de la prisión de Yalame, anunció que, de continuar Israel con su intransigencia, dejaría de tomar agua.

Sólo a 39 de los huelguistas se les permitió recibir visitas de sus abogados/as, a pesar de una resolución de la Corte Suprema de Israel autorizándolas. El domingo 14 los abogados de los dirigentes Ahmad Sa’adat (FPLP) y del mismo Marwan Barghouti (Fatah) pudieron visitarlos por primera vez desde iniciada la huelga de hambre. Los encontraron débiles y con dificultades para moverse y caminar, habiendo perdido más de 12 kg. Los detenidos denunciaron que el hostigamiento de las autoridades carcelarias es constante, llegando en algunas prisiones a confiscarles incluso la sal.

También continúan trasladándolos continuamente en condiciones que se hacen cada vez más penosas a medida que aumenta su debilidad física: esposados de manos y pies, en vehículos cerrados y sofocantes, esperando largas horas en los checkpoints. Las visitas con familiares y cualquier comunicación con ellos siguen estando prohibidas, al igual que la revisión de los huelguistas a cargo de médicos independientes.

En el 30º día de huelga, la salud de los prisioneros sigue deteriorándose: los huelguistas están reportando muchos más casos de fatiga severa, vómitos de sangre, visión borrosa y pérdida de peso de 20 kilogramos y más. Sin embargo, siguen enfatizando su compromiso de continuar hasta lograr sus demandas. El veterano Karim Younes, preso desde hace 34 años, sometido a aislamiento y traslados continuos, envió un mensaje reafirmando el espíritu de resistencia: “Aseguramos a las masas de nuestro pueblo que las noticias de su solidaridad y apoyo nos llegan a pesar del aislamiento y del asedio, y creemos firmemente en la inevitabilidad de la victoria, no importa cuán feroz sea la batalla“.

Movilización de solidaridad en Galicia, incluyendo el desafío de tomar agua y sal, lanzado por un hijo de Marwan Barghouti:

El miércoles 17, 76 prisioneros detenidos en la prisión de Ofer fueron trasladados al denominado “hospital de campaña” en Hadarim. Los presos en huelga han denunciado a estos hospitales de campaña como una falsa cobertura  donde no se proporciona atención médica real y en su lugar se insta a los huelguistas a comer alimentos a cambio de recibir tratamiento médico, con la intención de mantener a los huelguistas fuera de hospitales civiles y fuera de vista. Un huelguista de hambre, Hafez Qundus, fue trasladado al hospital de Soroka con sangrado interno.

También el día 17, la desobediencia civil se intensificó –tal como pidió Barghouthi en su reunión con su abogado, y se hizo eco en el llamado del Comité Nacional de Apoyo a la Huelga. Las familias de prisioneros y activistas que apoyan la huelga de hambre bloquearon la sede de Naciones Unidas en Ramala y emitieron una declaración en protesta por la inacción de la organización para proteger a los prisioneros, y su silencio ante la huelga de hambre. En un comunicado titulado “No aceptaremos que nuestros presos sean mártires”, exigen la inmediata intervención del Alto Comisionado de DD.HH., el inicio de una investigación urgente sobre los crímenes de guerra y violaciones a los Convenios de Ginebra que Israel está cometiendo dentro de las cárceles, y tomar medidas contra la detención arbitraria, la tortura y la falta de atención médica que sufren los presos.  El comunicado termina diciendo:

“Nosotros, como familiares de los prisioneros palestinos, expresamos nuestra profunda preocupación por la vida de nuestros hijos, padres, hijas, hermanos y hermanas que luchan en su batalla de estómagos vacíos por nuestra libertad colectiva como nación desposeída y desplazada.

Consideramos que ésta es la primera de una escalada de acciones directas contra los que continúan siendo cómplices de los crímenes de guerra de la entidad sionista,  hasta el reconocimiento de los derechos y demandas de los presos.

Saludamos a los huelguistas que rechazan una vida de humillación.”

Mientras tanto las protestas y movilizaciones crecen en todos los territorios ocupados. El 15 de mayo, conmemorando el 69º aniversario de la Nakba (la “catástrofe” que significó la creación de Israel con la destrucción de 500 localidades palestinas, la expulsión de sus 800.000 habitantes y el asesinato de 13.000), hubo huelga general, concentraciones y marchas que fueron brutalmente reprimidas.

A medida que las protestas aumentan, la policía de la Autoridad Palestina ha atacado y dispersado las manifestaciones, especialmente a medida que crece la desobediencia civil, incluyendo bloqueos de carreteras. Al mismo tiempo, la Autoridad Palestina se ha negado a poner fin a la coordinación de seguridad con la ocupación israelí, a pesar de la demanda de los presos y el Comité Nacional de Apoyo a la Huelga. Según informó Samidoun, altos funcionarios de seguridad de la Autoridad Palestina sostuvieron reuniones con funcionarios israelíes para discutir el fin de la huelga. Los presos han subrayado que el liderazgo designado por ellos es el único órgano que debe negociar con las fuerzas israelíes en nombre de los huelguistas.

Tales acciones ocurren mientras las fuerzas de ocupación israelíes continúan atacando las protestas de apoyo a los prisioneros y deteniendo e hiriendo a manifestantes. Decenas de palestinos resultaron gravemente heridos -y Saba Obeid (22) muerto el viernes 12 en el pueblo Nabi Saleh- por las fuerzas de ocupación israelíes por protestar por la libertad y dignidad de los prisioneros en huelga de hambre.

La solidaridad popular global también continúa creciendo, paralela a la inoperancia y silencio de los gobiernos. Diariamente la organización Samidoun reseña y reporta cientos de actos de solidaridad en ciudades de los seis continentes. El día 17 Samidoun concluía su reporte diario con estas palabras:

“La Red de Solidaridad con los Presos Palestinos Samidoun insta a todos los partidarios de Palestina a continuar movilizándose, manifestándose y organizándose en plazas públicas, oficinas gubernamentales y fuera de las embajadas israelíes, como han pedido los prisioneros. Instamos también a que participen en el llamamiento urgente a presionar al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) a tomar una posición real y poner fin a su complicidad en la violación de los derechos de los presos palestinos. Hacemos hincapié en la importancia de intensificar la campaña mundial de boicot, desinversión y sanciones contra Israel y las corporaciones como HP que se benefician del encarcelamiento de palestinos. Nos unimos a las familias de los presos para enfatizar que no aceptaremos que los prisioneros huelguistas se conviertan en mártires.”

Fuente: SamidounTraducción: María Landi.

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De cómo el nacimiento violento de Israel destruyó Palestina

Refugiadas palestinas en improvisados campamentos tras ser expulsadas de sus hogares por las milicias sionistas. (Archivos de la época).


Ramzy Baroud

Mientras celebra la Nakba palestina como su victoriosa independencia, Israel se está preparando para una gigantesca celebración del 50º aniversario de la ocupación de Jerusalén Este, Cisjordania y Gaza.

Dos fechas se usan a menudo para enmarcar el llamado ‘conflicto palestino-israelí’: Nakba el 15 de mayo de 1948, y Naksa el 5 de junio de 1967.

Nakba significa “catástrofe”, un término que era usado comúnmente para describir la violencia usada contra la población árabe palestina durante el período del colonialismo británico en Palestina, que se extendió desde 1917 hasta 1948.

El término Nakba se transformó para definir el cenit de la colonización y el asentamiento británico y sionista en Palestina, que en última instancia condujo a limpiar étnicamente a la población palestina de su territorio histórico entre 1947 y 1948.

El 15 de mayo de 1948 fue el acto final de todas las “catástrofes” previas.

Naksa, por otro lado, significa “desengaño”.

En ese período había grandes esperanzas entre la población árabe de que los ejércitos árabes conseguirían derrotar a Israel, recuperar la Palestina histórica y preparar el camino para que la población refugiada –despojada durante la Nakba− regresara a sus hogares.

Para entonces, el número de refugiadas/os había crecido exponencialmente, y los campos de refugiados reventaban de miseria e indigencia.

Durante la Nakba, cerca de 500 localidades fueron destruidas, pueblos palestinos enteros fueron vaciados, y aproximadamente 800.000 personas fueron expulsadas para hacer lugar a los inmigrantes judíos que venían de todos los rincones del globo.

Imágenes de la Nakba. Archivo Palestine Remembered.

La guerra de 1967, sin embargo, fue un gran desengaño. Los árabes fueron derrotados estruendosamente.

La falta de preparación y las expectativas exageradas del lado árabe, y la enorme ayuda financiera y militar de EE.UU. y Occidente a Israel llevaron a una derrota humillante para los árabes en todos los frentes: Cisjordania, la frontera occidental de Jordania, la Franja de Gaza, el Sinaí egipcio y los Altos del Golán sirios.

La derrota definió decisivamente el marcador militar para Israel, consolidando como nunca antes sus relaciones con Estados Unidos; e −igualmente importante− condujo a un cambio fundamental en el discurso.

Después de la guerra y durante mucho tiempo, la Nakba fue relegada en gran parte a los libros de historia, y las nuevas fronteras de Israel −que adquirió enormes tierras árabes, incluyendo toda la Palestina histórica− se convirtieron en el nuevo marco de referencia.

La derrota de 1967 puso fin a un dilema anterior, en el que la lucha armada palestina era a menudo dictada por los países árabes, principalmente Egipto, Jordania y Siria.

La ocupación del 22 por ciento restante de Cisjordania desplazó el enfoque hacia Jerusalén Este, Cisjordania y Gaza, y permitió a la facción palestina Fatah redefinir su papel a la luz de la derrota árabe y la posterior división.

La Organización para la Liberación de Palestina (OLP) insistió en que la derrota en la guerra no debía comprometer la integridad de la lucha, y que Palestina −toda Palestina− seguía siendo la cuestión acuciante. El mensaje de Gamal Abdul Nasser, el presidente egipcio, parecía, por primera vez, desconcertado, aunque siguió abogando por una confrontación militar convencional con Israel.

Esa división se puso de relieve más claramente en la cumbre de agosto de 1967 en Jartum, donde los líderes árabes se enfrentaron en torno a prioridades y definiciones. ¿Deben las conquistas territoriales de Israel redefinir el estatus quo? ¿Deberían los árabes enfocarse en volver a la situación anterior a la de 1967 o a la de 1948?

Siria, por otra parte, no asistió a la cumbre.

No obstante, los árabes acordaron que no habría negociaciones, reconocimiento ni paz con Israel, cuyo comportamiento seguía siendo una fuente de pérdidas, derrotas y hostilidad en toda la región.

13/6/1967: Prisioneros de guerra egipcios arrestados por las fuerzas israelíes en el desierto del Sinaí después de la Guerra de los Seis Días. [Getty Images]

La respuesta a la guerra tampoco fue prometedora internacionalmente.

El Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la Resolución 242 el 22 de noviembre de 1967, reflejando los deseos de la administración estadounidense de Lyndon B. Johnson de capitalizar el nuevo estatus quo. La resolución exigía la retirada israelí “de los territorios ocupados” a cambio de la normalización con Israel.

El nuevo discurso del período posterior a 1967 alarmó a los líderes palestinos, pues se dieron cuenta de que cualquier arreglo político futuro probablemente ignoraría la situación que existía antes de la guerra, y sólo intentaría remediar los agravios posteriores.

La victoria de 1967 fue otra oportunidad para que Israel, empoderado por su triunfo militar, reescribiera la historia. El discurso oficial israelí reflejó esa sensación de poder recién adquirido.

De hecho, Israel se sintió lo suficientemente poderoso como para cambiar su discurso: de presentarse como un país victimizado que defendía su frontera de las hordas árabes, pasó a mostrarse como un país con supremacía sobre las ideas, la historia y el sentido común. Aunque había conquistado toda Palestina y sometido a sus millones de habitantes, seguía declarándolos inexistentes.

En efecto, la infame declaración hecha por la ex primera ministra israelí Golda Meir de que los palestinos “no existían” y que “no hay tal cosa como un pueblo palestino” era mucho más peligrosa que un simple comentario racista, como acertadamente entendieron muchos.

La declaración fue hecha dos años después de la Naksa.

Palestinas marchando en Ramala en el 65º aniversario de al-Nakba (Ahmad Mesleh).

Cuantas más tierras Israel se apropiaba ilegalmente por medios militares, y más población palestina era limpiada étnicamente de su patria ancestral, más necesidad urgente sentían los líderes israelíes de borrar de los anales de la historia al palestino como un pueblo con una identidad, una cultura y derecho a una nacionalidad.

Si los palestinos “existieran” en la imaginación israelí, no podría haber ninguna justificación moral para la creación de Israel; ningún giro sería lo suficientemente poderoso como para regocijarse con el nacimiento del “milagro” israelí que “hizo florecer el desierto”.

El nacimiento violento de Israel exigía insensiblemente la destrucción de toda una nación −una nación con una historia, un idioma, una cultura y una memoria colectiva únicas. Por lo tanto, el pueblo palestino tenía que ser aniquilado para eliminar cualquier posible sentido de culpabilidad, vergüenza y responsabilidad legal y moral por parte de Israel por lo que le había sucedido a millones de personas desposeídas.

Si un problema no existe, entonces no hay obligación alguna de solucionarlo. Así, la negación del pueblo palestino era la única formulación intelectual que permitiría a Israel sostener y promover sus mitos nacionales.

Tampoco sorprende que la lógica israelí fuera lo suficientemente convincente para quienes −impulsados ​​por la necesidad política, el celo religioso o simplemente el autoengaño− sentían la necesidad de celebrar también el “milagro” israelí.

Su nuevo mantra -tal como fue repetido hace algunos años por uno de los políticos estadounidenses más oportunistas e ignorantes: Newt Gingrich- era: “El palestino es un pueblo inventado“.

Esta lógica penetró en todas las facetas de la sociedad israelí.

A pesar de un incipiente movimiento en Israel que intenta desafiar la narrativa oficial, en la literatura israelí el palestino es una “sombra muda”, como elocuentemente lo expresó Elias Khoury.

La sombra es un reflejo de algo real, pero intangible. Es mudo para que se le pueda hablar, pero nunca pueda responder.

La “sombra muda” palestina existe y no existe.

Pero desafiar el sentido común y reescribir la historia es un viejo hábito israelí. El discurso oficial de Israel sobre lo que ocurrió durante la Nakba no fue algo acabado hasta los años ‘50 y ‘60.

En un artículo de Haaretz titulado “Pensamiento catastrófico: ¿Intentó Ben Gurion reescribir la historia?”, Shay Hazkani reveló el intrigante proceso por el cual el primer primer ministro de Israel, David Ben Gurion, trabajó en estrecha colaboración con un grupo de eruditos judío-israelíes para elaborar una versión de los acontecimientos que describiera lo que había ocurrido en 1947-48.

Ben-Gurion probablemente nunca escuchó la palabra ‘Nakba’; pero muy temprano, a fines de los años ‘50, el primer primer ministro de Israel comprendió la importancia del relato histórico“, escribió Hazkani. Ben Gurion quería propagar una versión de la historia que fuera consistente con la posición política de Israel, pero carecía aún de “evidencia” para apoyar esa posición. La “evidencia” fabricada finalmente se convirtió en “historia”, y no se permitió ninguna otra narrativa que desafiara la versión de Israel sobre la Nakba.

El líder israelí encargó a los académicos oficiales la tarea de crear una historia alternativa que continúa permeando el pensamiento israelí hasta el día de hoy.

La distracción de la historia −o de la realidad actual de la horrible ocupación de Palestina− ha estado en marcha durante casi 70 años.

“Israelíes, ¿qué hay que celebrar, exactamente: 50 años de derramamiento de sangre, abuso, despojo y sadismo? Sólo las sociedades que no tienen conciencia celebran esos aniversarios”. Gideon Levy.

El absurdo de que Israel celebre el 50º aniversario de haber ocupado Jerusalén Este, Cisjordania y Gaza no escapa a todos los israelíes, por supuesto.

Un Estado que celebra 50 años de ocupación es un Estado que ha perdido el rumbo, y cuya capacidad de distinguir el bien del mal se ha desbarrancado“, escribió el comentarista israelí Gideon Levy en Haaretz. “Israelíes, ¿qué hay que celebrar, exactamente: cincuenta años de derramamiento de sangre, abuso, despojo y sadismo? Sólo las sociedades que no tienen conciencia celebran esos aniversarios“.

Levy sostiene que Israel ha ganado la guerra de 1967, pero “ha perdido casi todo lo demás“.

Desde entonces, la arrogancia de Israel, su odio por el derecho internacional, “su desprecio continuo por el mundo, su jactancia y su bullying” han alcanzado niveles sin precedentes.

El artículo de Levy se titula “Nuestra Nakba”.

El valiente Levy tiene razón, por supuesto; pero si hay que juzgar la “Nakba” israelí en términos estrictamente morales, entonces la vergüenza debe comenzar mucho antes: por lo menos 20 años antes de la guerra de 1967.

Más voces judías están uniéndose a un movimiento intelectual palestino que durante mucho tiempo ha intentado redefinir las raíces de la lucha palestina.

Escribiendo en Forward, Donna Nevel se niega a aceptar que la discusión sobre el conflicto en Palestina empieza con la guerra y la ocupación de 1967. Nevel es crítica con los llamados “sionistas progresistas” que insisten en enfocar la conversación sólo en la cuestión de la ocupación, limitando así cualquier posibilidad de salida a la “solución de dos Estados”.

Esa “solución” no sólo está muerta y es inviable prácticamente, sino que la discusión en sí misma excluye del todo a la Nakba.

La Nakba no entra en estas conversaciones porque es el legado y la manifestación más clara del sionismo“, escribió Nevel. “Aquellos que ignoran la Nakba –como han hecho consistentemente las instituciones sionistas e israelíes− se están negando a reconocer la ilegitimidad del proyecto sionista desde el comienzo de su implementación“.

Esta es precisamente la razón por la cual la policía israelí recientemente bloqueó la Marcha del Retorno, realizada anualmente por la población palestina de Israel.

Durante años, Israel ha estado alerta ante un movimiento creciente de personas palestinas, israelíes y de todo el mundo que está presionando por un cambio de paradigma para entender las raíces del conflicto en Palestina.

Ese nuevo pensamiento fue el resultado racional del fin del “proceso de paz” y la desaparición de la “solución de dos Estados”.

Incapaz de sostener sus mitos fundacionales, pero incapaz también de ofrecer una alternativa, el gobierno israelí está utilizando medidas coercitivas para responder al movimiento en ciernes: castigar a quienes insisten en conmemorar la Nakba, multar a las organizaciones que participan en tales eventos, e incluso percibir como traidor a cualquier individuo o grupo judío que se desvíe del pensamiento oficial.

En estos casos, la coerción casi no funciona.

La Marcha [del Retorno] ha crecido rápidamente en tamaño durante los últimos años, desafiando medidas cada vez más represivas de las autoridades israelíes“, escribió Jonathan Cook en Al Jazeera.

Parece que casi 70 años después de la fundación de Israel, el pasado sigue pesando.

Afortunadamente, a las voces palestinas que han estado luchando contra la narrativa oficial israelí se les está uniendo un creciente número de voces judías.

Es a través de una nueva narrativa común que se podrá alcanzar una verdadera comprensión del pasado, con la esperanza de que la visión de un futuro de paz pueda reemplazar a la actual, que sólo puede sostenerse mediante la dominación militar, la desigualdad y la pura propaganda.

Publicado en Al Jazeera el 1º de mayo de 2017. Traducción: María Landi
Cifras de la Nakba. Fuente: IMEU
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Médicos de India, guardias de Chechenia

Gideon Levy


La crueldad es la única motivación que guía la respuesta israelí a la huelga de hambre de los presos palestinos. Todo lo demás son mentiras sobre la seguridad.

 

No lejos de casa, cientos de personas están sin comer; miles no pueden dormir de noche, preocupadas por  sus seres queridos en huelga de hambre. No tienen la menor idea de cómo están, pues nadie tiene permiso para visitarlos. Desde hace 21 días [son 24 ahora] el único alimento que ha entrado en sus bocas es agua con sal.

El Servicio Penitenciario de Israel los está torturando. Primero les quitó la sal; después los puso en aislamiento, los multó y aumentó el peso de su ya cruel carga. Los medios israelíes raramente informan sobre la huelga. Conocen el corazón de sus clientes: a la mayoría de los israelíes  no les importa la huelga, y algunos están felices: déjenlos morir.

Pronto van a empezar a tratar de alimentarlos por la fuerza. Si todos los médicos en Israel cumplen con la valiente, moral y correcta posición de la Asociación Médica Israelí –y eso es dudoso, considerando los médicos del servicio de seguridad Shin Bet y del Servicio Penitenciario Israelí-, no habrá nadie para forzar el tubo hacia adentro de sus cuerpos indefensos y desnutridos. Por eso Israel ha amenazado con traer médicos de India para que lleven a cabo la tarea. Y luego quizás también importe guardias carcelarios de Chechenia para que disparen a muerte a los presos en huelga de hambre, en caso de que la crueldad de los guardias penitenciarios israelíes no sea suficiente.

El Ministro de Seguridad Pública Gilad Erdan está orquestando esta crueldad. Erdan no es un mal tipo, ciertamente no es peor que el promedio; pero sabe que la crueldad hacia los prisioneros, al igual que toda crueldad hacia la población palestina, le ayudará en las primarias del Likud. Por eso lo está planeando; y así, Erdan termina siendo peor que los malvados.

La crueldad es la única motivación que guía la respuesta israelí a la huelga de hambre de los presos palestinos. Todo lo demás son mentiras sobre la seguridad y excusas políticas huecas destinadas sólo a ocultar la crueldad. ¿Por qué no permitir que los presos condenados a cadena perpetua se saquen una foto con sus familias? ¿Por qué no darles otro cuarto de hora de visita? Eso es maldad pura. No negociar con los líderes de la huelga de hambre es maldad. Y esperar hasta que los primeros pierdan la consciencia es maldad. Y dejar que lleguen al límite y sólo entonces empezar a negociar es maldad. Y aceptar algunas de sus demandas sólo después de que los primeros huelguistas estén casi muertos, es crueldad. Y por encima de  todo, no aceptar sus demandas (todas ellas justificadas) es una crueldad incomparable.

Las cosas son simples, en blanco y negro: los prisioneros quieren que las condiciones de reclusión vuelvan a ser como eran hace unos pocos años. Incluso entonces no eran extraordinarias. Pero este gobierno de Israel quiere torturarlos.

Difícilmente se encontrará una palabra de verdad en los medios israelíes sobre las condiciones de vida de las y los presos palestinos: sólo mentiras nefastas que describen “mansiones” y “fiestas”. Ni una palabra sobre el hecho de que la mayoría de ellos son presos de opinión; todos son “terroristas”, y por lo tanto todos merecen el mismo trato. No sólo se desdibuja maliciosamente su identidad, sino también sus demandas.

¿Quién sabe siquiera lo que quieren? Destruir al Estado de Israel, eso es lo que quieren, según la ignorancia popular. De hecho, ni una sola de sus exigencias es política. Ni una sola es exagerada; a no ser que colocar baños decentes para las familias que esperan horas afuera de las prisiones sea una exigencia exagerada, si se trata de familias palestinas.

Ahora están esperando a ver quién pestañea primero y quién la tiene más grande. Hasta entonces, los huelguistas serán torturados casi hasta la muerte. Entre ellos hay jóvenes y viejos, sanos y enfermos; y todos están siendo torturados, porque su lucha es justa y su sacrificio es grande. Incluso Israel podría permitirse apreciar esto. El final no lo decidirá el Servicio Penitenciario de Israel sino el Shin Bet, el organismo malvado que en Israel es responsable de todo lo que ocurre en árabe.

El acuerdo que se alcanzará al final de la huelga de hambre podría haber sido hecho en el segundo día. Pero entonces se les habría ahorrado a los “terroristas” una dosis de sufrimiento, y eso, por supuesto, es malo para la nación judía. Entonces primero los vamos a castigar, a poner en aislamiento, a alimentar por la fuerza, a importar médicos, a exportar crueldad; y sólo después les vamos a dar otros 15 minutos de visita con sus familias, y quizás incluso les pongamos aire acondicionado en la prisión de Nafha.

¿Por qué no ahora?

 

Publicado en Haaretz el 8/5/17. Traducción de María Landi.
Información actualizada diariamente sobre la huelga de hambre en:
Libertad y Dignidad – Información de emergencia (Javier Villate).
Palestina Libre
Samidoun
Addameer

 

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La huelga de hambre de los presos palestinos y la bancarrota moral de Israel

Imagen de Marwan Barghouti en el Muro junto al checkpoint que separa a Jerusalén de Ramala


María Landi

 

Una versión algo diferente y reducida de esta entrada fue publicada en el semanario Brecha el 6/5/17 bajo el título: “Luchando con el estómago vacío“.

 

El 17 de abril, Día Internacional de las y los Presos Políticos Palestinos, más de 1.500 prisioneros iniciaron una huelga de hambre colectiva. Se trata de la medida más numerosa y plural llevada adelante en las cárceles de la ocupación colonial israelí en muchos años, y ha recibido la adhesión de todos los partidos políticos palestinos: nacionalistas, marxistas e islamistas.

Bajo la consigna “Libertad y Dignidad”, los presos no piden otra cosa que respetar sus derechos fundamentales establecidos en el derecho internacional. Por un lado, exigen cambios en las condiciones de reclusión: acceso a lectura y estudios universitarios, dos visitas mensuales de una hora de duración (actualmente es una sola de 45 minutos), condiciones humanas en los traslados, atención médica adecuada y liberación de enfermos terminales o discapacitados; y por otro, poner fin a las inhumanas políticas de detención: la tortura, el régimen de aislamiento prolongado, la detención ‘administrativa’ (sin juicio y por tiempo indefinido) y el traslado de los detenidos a Israel −en violación de la IV Convención de Ginebra−, lo que dificulta severamente las posibilidades de visitas familiares.

Según la organización Addamir, hay unos 6.300 presos y presas, incluyendo 500 en detención ‘administrativa’, 300 menores de edad, 61 mujeres y niñas, 13 parlamentarios y 28 periodistas. Al menos 1.000 tienen prohibido recibir visitas por “motivos de seguridad” (sobre todo los de Gaza), y entre 15 y 20 permanecen en total aislamiento. En 50 años desde la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, más de 800.000 personas han sido detenidas por Israel, lo que equivale al 40 por ciento de la población masculina palestina.

Manifestación en Ramala en apoyo a la huelga de hambre de los presos políticos (Hamde Abu).


El ‘Mandela palestino’

No es la primera huelga de hambre masiva de presos palestinos; pero lo que hace especial a ésta es que su líder y vocero es Marwan Barghouti (57), dirigente y parlamentario de Fatah, preso desde hace 15 años y condenado a cinco cadenas perpetuas por su papel en la resistencia durante la segunda intifada (un juicio plagado de irregularidades, en el cual el acusado rechazó la asistencia legal y la legitimidad del tribunal del ejército de ocupación).

Barghouti es el preso más famoso y carismático dentro y fuera de las cárceles, y se lo conoce como “el Mandela palestino”. Una campaña por su libertad iniciada en 2013 −simbólicamente, desde Roben Island, la prisión sudafricana donde Mandela pasó su largo cautiverio− ha recibido el apoyo de cientos de parlamentarios y personalidades y de varios premios Nobel de la Paz. En una carta publicada en The New York Times, Barghouti explicó las razones de esta huelga de hambre y denunció las permanentes violaciones de los derechos humanos que Israel comete contra los presos y sus familias.

Tenía tan solo 15 años cuando fui encarcelado por primera vez. Apenas tenía 18 cuando un interrogador israelí me forzó a abrir las piernas mientras estaba desnudo en la sala de interrogatorio, para golpear mis genitales. Me desmayé del dolor, y la caída resultante dejó una cicatriz perenne en mi frente. El interrogador más tarde se burló de mí, diciendo que yo nunca procrearía, porque las personas como yo sólo engendran terroristas y asesinos”, escribió.

Barghouti acusa a Israel de mantener un sistema “inhumano de ocupación colonial y militar” y de “apartheid jurídico” que busca “romper el espíritu de los prisioneros y de la nación a la que pertenecen, infligiendo sufrimiento a sus cuerpos, separándolos de sus familias y comunidades, utilizando medidas humillantes para obligarnos al sometimiento. A pesar de semejante tratamiento, no nos rendiremos”.


La medida se extiende y crece el apoyo popular

El apoyo a la huelga de hambre continúa creciendo dentro y fuera de Palestina, y cada día más presos y prisiones se suman a la medida. Hasta ahora son siete las presas que se unieron a la protesta desde la cárcel de Hasharon. La huelga general convocada para el jueves 27 de abril en los territorios ocupados tuvo prácticamente un 100 por ciento de acatamiento, incluso en Jerusalén y en comunidades palestinas de Israel. El viernes 28, la población convocó a un ‘día de ira’, con numerosas protestas que fueron brutalmente reprimidas por las fuerzas israelíes; se reportaron decenas de manifestantes heridos o detenidos. Las protestas generalizadas y la respuesta represiva se repitieron el viernes 5 de mayo en todas las ciudades de Cisjordania. En las principales universidades y plazas palestinas se han levantado carpas de solidaridad, y grupos de familiares y estudiantes se han sumado al ayuno. Uno de los hijos de Marwan Barghouti convocó por las redes sociales al desafío de beber agua y sal en apoyo a los presos políticos, generando respuestas individuales y colectivas en todo el mundo.

El 1º de mayo, la Federación Sindical Mundial emitió una declaración de apoyo a los presos palestinos, a la cual se unió la Confederación Sindical Internacional. El mismo día los sindicatos palestinos llamaron a unirse al movimiento BDS, boicoteando las empresas israelíes e internacionales que son cómplices de la ocupación, el colonialismo y el apartheid, y presionando a los gobiernos para que corten relaciones militares y comerciales con Israel. “Reiteramos nuestro llamado al boicot contra Histadrut, el sindicato oficial israelí, por su complicidad con las violaciones del derecho internacional y su negativa a tomar una postura clara de apoyo a los derechos del pueblo palestino”, agregaron.

Desde las prisiones de Ramle y Ramon, también enviaron mensajes a la clase trabajadora los dirigentes del FPLP en huelga de hambre Kamil Abu Hanish y Ahmad Saadat. “Hoy les llamamos (…) a redoblar su apoyo a nuestra lucha, al pueblo palestino y a los prisioneros. Les instamos a que actúen para aislar al Estado ocupante y hacerlo responsable por 70 años de crímenes contra el pueblo palestino. Les instamos a intensificar el movimiento de boicot, desinversión y sanciones contra el Estado ocupante y contra corporaciones como Hewlett-Packard y G4S que lucran con el encarcelamiento, el apartheid y el colonialismo. Los movimientos (…) de los oprimidos pueden y deben participar en esta batalla en todo el mundo, como parte integral de la lucha contra el racismo, el imperialismo y el capitalismo.”, escribió Abu Hanish. Saadat también llamó a “enfrentar las fuerzas salvajes del capitalismo, la ocupación, el colonialismo y el racismo. (…) Una de las tareas comunes es defender los derechos de las personas refugiadas y migrantes, y de las clases empobrecidas, en cualquier parte del mundo”.

El jueves 4, al entrar en el 18º día de huelga de hambre, más prisioneros se sumaron a la protesta, incluyendo a líderes de primer nivel de todos los partidos palestinos: el secretario general del marxista FPLP, Ahmad Saadat y su compañero Ahed Abu Ghoulmeh; los líderes de Hamas: Abbas el-Sayyed, Ibrahim Hamed y Hasan Salameh; el líder de la Yihad Islámica Ziad Bseiso. También se participan en la huelga el líder del FDLP: Wajdi Jawdat, el líder del Partido del Pueblo (comunista) Bassam Kandakji, y los presos palestinos más antiguos: Nael Barghouthi y Karim Younes.

El compromiso de unidad se anunció en conferencias de prensa simultáneas en Gaza y Ramala, y fue recibido con manifestaciones populares masivas en ambos territorios ocupados. Ante miles de personas congregadas ante la estatua de Mandela en Ramala, Fadwa Barghouti leyó un mensaje de su esposo desde la cárcel:

“Israel no puede silenciarnos, ni aislarnos, ni rompernos. Nuestra voluntad es sólida e inquebrantable; la ocupación lo probó una y otra vez y fue incapaz de someternos o subyugarnos: continuamos rebelándonos contra nuestro cautiverio y los intentos de humillarnos (…)

Confiamos en que la fidelidad de los prisioneros a su pueblo y a su país será recibida con lealtad, y que esta batalla sea parte integrante de la batalla de nuestro pueblo por la libertad y la dignidad. Nos encontraremos pronto, en libertad.”

En el Reino Unido, estudiantes de la universidad de Manchester se unieron a la huelga de hambre. Cientos de instituciones y profesionales del Derecho de todo el mundo expresaron su solidaridad en una declaración iniciada en Estados Unidos por el National Lawyers Guild. También emitieron declaraciones de apoyo el bloque de izquierdas del Parlamento Europeo y la Asociación Parlamentaria del Mediterráneo. La organización Samidoun registró 161 acciones de apoyo a los presos palestinos entre el 14 de abril y el 7 de mayo en todo el mundo.


La receta israelí: más represión

Mientras el apoyo popular a la protesta crece en Palestina y en el mundo, las autoridades israelíes han respondido con la única arma que conocen: la violencia represiva, dentro y fuera de las cárceles. Los líderes de la protesta fueron puestos bajo total aislamiento y están siendo trasladados de una prisión a otra. A los huelguistas les han confiscado pertenencias personales (en algunas prisiones incluso la sal que ingieren con agua), les han prohibido ver las noticias o comunicarse y han suspendido las visitas, tanto familiares como legales. Por este motivo, los defensores de presos boicotearon los tribunales militares, negándose a asistir a las audiencias. Sólo integrantes del Comité Internacional de la Cruz Roja han sido autorizados, en algunas prisiones, a visitar a los presos en huelga de hambre.

A su vez, la amenaza de alimentación forzada se cierne sobre los huelguistas: el Ministerio de Salud Pública de Israel ha coordinado con la Policía y el Servicio de Prisiones el eventual traslado de presos a hospitales militares. Se busca así evitar que sean transferidos a centros públicos, donde el personal médico se ha negado a aplicar la ley de 2015 que permite la alimentación forzada (ratificada por la Corte Suprema), ya que viola el código de ética y es considerada tortura en las declaraciones de Malta y de Tokio de la Asociación Médica Internacional. Previendo estas dificultades, el gobierno israelí está considerando la posibilidad de traer médicos extranjeros para alimentar por la fuerza a los huelguistas.

El 4 de mayo un tribunal israelí accedió a la solicitud de organizaciones de derechos humanos y autorizó que los huelguistas pudieran recibir visitas de sus abogados -aunque no de las familias. Sin embargo, al día siguiente las abogadas de Addamir denunciaron que se les había prohibido visitar a los huelguistas, desconociendo la resolución judicial; sólo pudieron ver a otros presos que no están ayunando y obtener información indirecta a través de ellos. Los prisioneros confirmaron el aumento del hostigamiento y las agresiones de las autoridades penitenciarias contra los huelguistas: penosos traslados de una prisión a otra, requisas nocturnas, despojo de pertenencias y provocaciones constantes. Los huelguistas, cuya salud se deteriora aceleradamente, se encuentran recluidos en total aislamiento, sin comunicación alguna con el exterior, sin otra ropa que el uniforme penitenciario, sin ningún material de lectura, teniendo que tomar agua del grifo, y hasta se les ha prohibido hacer las oraciones diarias.

Por otro lado, varios dirigentes de la huelga denunciaron intentos divisionistas de negociar con ellos excluyendo a Marwan Barghouti, a lo cual todos se negaron categóricamente. Ahmad Saadat, el respetado secretario general del FPLP, rechazó dialogar con las autoridades y les remitió a Marwan Barghouti, líder de la huelga. Abdel Mayid Shadid, dirigente de Fatah, denunció que las autoridades del Servicio de Prisiones habrían ofrecido un acuerdo sólo a los huelguistas de las cárceles de Nafha y Ramon -que también fue rechazado por los presos.

Concentración en el centro de Nablus en solidaridad con los presos políticos (Ahmad Al-Bazz).


Potencial peligroso

La cuestión de los presos y presas políticas es una de las más sensibles en Palestina −un país donde el 21% de la población ha estado o está en la cárcel. La huelga de hambre y la represión despiadada que las fuerzas sionistas están desplegando dentro y fuera de las cárceles acelera el imparable deterioro de la imagen internacional de Israel, que no tiene argumentos convincentes para justificar la tortura y el encarcelamiento masivo, los tribunales militares para niños o la detención indefinida sin juicio. Como tampoco puede justificar que la mitad de los seres humanos (más de seis millones) que viven bajo su dominio carezcan de derechos fundamentales por el simple hecho de ser palestinos/as.

La lucha de los presos también tiene un potencial político: para una población tan desgastada por la brutalidad impune de la ocupación como desesperanzada por la corrupción y las divisiones de sus dirigentes, el llamado que sale de las cárceles a la unidad por encima de sectarismos puede levantar la moral y empoderar a la gente. Un movimiento de resistencia civil masiva, creciendo de abajo hacia arriba, con un liderazgo potente como el de Marwan Barghouti, estaría en las antípodas de las estériles gestiones de Mahmoud Abbas buscando el apoyo de los gobiernos occidentales. No es difícil comprender la preocupación del desprestigiado ‘Presidente’ palestino ante el aumento de la popularidad de su rival, así como de una agitación popular que difícilmente podrá controlar.

Al entrar en el día 20º, los presos en huelga de hambre hicieron un llamado a redoblar la solidaridad y la movilización, advirtiendo que muchos de ellos están sufriendo un grave deterioro de su salud. También alertaron sobre la inminencia de una embestida feroz del régimen para quebrar la resistencia de los prisioneros, incluyendo la alimentación forzada. A su vez, representantes del gobierno israelí han declarado que no importa si algunos mueren, porque no hay lugar para tantos presos en las cárceles.

Israel ciertamente tiene un historia criminal y perverso en desactivar la resistencia palestina cuando ésta alcanza niveles significativos de unidad y movilización, como está ocurriendo con esta huelga de hambre. En junio de 2014, cuando los prisioneros estaban tomando una medida similar, y los dirigentes de Fatah y Hamas habían alcanzado un histórico acuerdo de unidad, el régimen sionista desató una brutal cacería en Cisjordania (usando como pretexto el secuestro de tres colonos); y un mes después inició el ataque más sanguinario de su historia sobre la bloqueada población de Gaza, bombardeando y destruyendo la infraestructura civil de la Franja, asesinando a 2.200 personas y dejando heridas y con lesiones permanentes a más de 11.000.

¿Qué precio tuvo que pagar Israel por la masacre de 2014? En la era de Trump, ¿alguien duda de que el régimen sionista estaría dispuesto a utilizar todo su poder letal para quebrar un liderazgo palestino fuerte y unido e impedir cualquier mínima victoria de la resistencia?

Protestas y represión en la Puerta de Damasco, Ciudad Vieja de Jerusalén/Al Quds:

¿Hasta cuándo?

Israel pretende desacreditar al movimiento de prisioneros y a su líder acusándoles de “terroristas”. Dejando de lado que la mayoría de quienes han pasado por las cárceles jamás tomó un arma, o que cada año 700 niños palestinos son juzgados en tribunales militares por tirar piedras, quienes vivimos bajo dictaduras y conocimos los tribunales militares sabemos que la distinción entre unos presos políticos y otros es fútil. ¿Con qué autoridad se puede condenar la resistencia de un pueblo que viene soportando un régimen colonial por 69 años y una ocupación militar por 50? En una reciente entrevista con el Washington Post, la parlamentaria y ex presa palestina Jalida Yarrar afirmó: “El problema no son las acciones del pueblo ocupado, sino la ocupación misma. La gente sólo está reaccionando contra ella. Hay que conocer mejor lo que sufre el pueblo palestino a diario por falta de libertad, por los checkpoints, por las colonias, por no poder acceder a sus tierras, a su agua… ¿Qué esperan que haga un pueblo que soporta todo esto?” El propio Marwan Barghouti, quien en su momento censuró los atentados contra civiles israelíes, afirmó no obstante en su juicio que “no habrá paz ni seguridad sin el fin de la ocupación”.

Una verdad demasiado obvia, que sin embargo parece necesario recordar a los gobiernos occidentales que repiten como un mantra el dogma de la propaganda sionista para justificar décadas de atrocidades contra el pueblo palestino: “Israel tiene derecho a defenderse”. La afirmación carece de toda validez en el derecho internacional humanitario, que por el contrario establece claramente los deberes de la potencia ocupante hacia la seguridad y bienestar de la población ocupada. El primero de ellos, que toda ocupación debe ser temporal. Cincuenta años parece demasiado tiempo para seguir tolerando la impunidad de israelí. Y menos aún sus vanas justificaciones. Los presos palestinos están diciendo BASTA con la única arma que tienen: sus estómagos vacíos.

 

Más información actualizada diariamente sobre la huelga de hambre en:
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La sociedad civil palestina ha desarrollado innumerables muestras de apoyo a sus 1600 presos en huelga de hambre desde el 17 de abril. Para acercarlas a Latinoamerica, BDS Chile -junto a Federación Palestina de Chile – tradujo la canción “Agua y Sal” del cantautor palestino Qasem Al Najjar:
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