“Recuerdo la rodilla en el punto de mira, abriéndose de golpe”: los francotiradores israelíes se jactan de disparar como a “patos” en Gaza

 

Jugadores de fútbol en Gaza en diciembre de 2018 muestran los resultados de los disparos de los francotiradores israelíes. (Foto: Mohammed Asad)

 

Jonathan Ofir*

 

 

Hace dos días (viernes) salió un artículo de Hilo Glazer en Haaretz, con historias de seis francotiradores anónimos que cuentan cómo abatieron a manifestantes desarmados en la Gran Marcha del Retorno, cerca de la valla perimetral de Gaza.

Estos relatos son una gota en el océano, y constituyen una de las lecturas más indignantes y deprimentes que puedo recordar. El lenguaje utilizado por los autores de estas masacres muestra la depravación moral de estos jóvenes soldados, que aún parecen creer que cumplen con el deber sagrado de defender a su país, así como del Estado y la sociedad que apoyan sus crímenes.

No son confesiones avergonzadas: los francotiradores parecen estar jactándose de sus “golpes certeros”, compitiendo por el número de rodillas que pueden probar que hicieron pedazos. Y los oficiales israelíes a menudo dicen que el suyo es “el ejército más moral del mundo”…

Empecemos por las rodillas.

Palestinos amputados compiten en una carrera local en la Franja de Gaza, el 5/12/19 (Ibrahim Abu Mustafa, REUTERS).


Las rodillas son un trofeo difícil de acumular

“Guardé el casquillo de cada bala que disparé”, dice uno de ellos. “Los tengo en mi habitación. Así que no tengo que hacer una estimación. Lo sé: 52 disparos definitivos”.

¿Son muchos 52?, pregunta Hilo Glazer.

“No he pensado realmente en ello. No son cientos de muertos como en la película ‘American Sniper’: Estamos hablando de rodillas. No me lo tomo a la ligera: disparé a un ser humano, pero aun así…”

¿Cuál es su ubicación en comparación con otros que sirvieron en su batallón?

“Desde el punto de vista de los tiros acertados, soy el que más tiene. En mi batallón decían: “Mira, aquí viene el asesino”. Cuando volvía del terreno, me preguntaban: “Bueno, ¿cuántas hoy?” Tienes que entender que antes de que apareciéramos nosotros, las rodillas eran lo más difícil de acertar. Había una historia sobre un francotirador que tenía 11 rodillas, y la gente pensaba que nadie podía superarlo. Y entonces traje siete u ocho rodillas en un día. En pocas horas, casi rompí su record”.

Francotiradores israelíes en la valla limítrofe de Gaza, el 3/4/18. (Eliyahu Hershkovitz).


Nada de “disparar y llorar”

Glazer señala que esto no es lo que se conoce como “dispara y llora”, una referencia al libro que salió a luz tras la guerra de 1967, titulado “El Séptimo Día” (Amos Oz fue uno de los principales entrevistadores allí), donde los kibbutzniks [soldados provenientes de los kibbutzim] se desahogaban con historias de la guerra. Este tipo de examen de conciencia solía considerarse un signo de fortaleza moral en Israel, porque nuestros soldados no sólo disparan, sino que también lloran, y por lo tanto somos los más morales del mundo. No, aquí no. Escribe Glazer:

“Más de medio siglo después, se sigue escuchando el lamento de los soldados que regresan del campo de batalla, pero al menos según las voces citadas aquí, sus fundamentos ideológicos y morales se han dado vuelta. El examen de conciencia sobre el costo en sangre ha sido reemplazado por la crítica a la debilidad del ejército y el sentimiento de que está atando las manos a sus combatientes.”

Tampoco es Breaking the Silence, señala Glazer, refiriéndose a la organización que reúne historias de ex soldados israelíes para crear una oposición moral a la ocupación de 1967: “No hablan para ‘romper el silencio’ o expiar sus actos, sólo para relatar lo que pasó desde su punto de vista.”

Manifestantes palestinos huyen del fuego israelí y el gas lacrimógeno durante una protesta en la valla al sur de Gaza, el 15/2/19. (Ibrahim Abu Mustafa, Reuters).


El Ejército transforma a muchachos en macacos

De hecho, no hay casi ningún sentido de contrición en estos relatos, que celebran sus éxitos.

Glazer hace notar que “un videoclip que circuló en 2018 mostraba a un palestino acercándose a la valla y siendo ejecutado por un francotirador, mientras los soldados celebraban el golpe directo con gritos de ‘¡Eso es!’ y ‘¡Qué clip fabuloso!’”.

Captura de pantalla del video grabado a través del visor del francotirador israelí que disparaba a un palestino desarmado en la valla de Gaza y luego celebraba. 2018.

Resultó que el clip había sido filmado en diciembre de 2017, antes de que comenzara la Gran Marcha del Retorno. El video filmado a través del visor del francotirador mostraba que el objetivo era un manifestante completamente inmóvil. El hecho de apuntar con munición real a manifestantes desarmados que no representan un peligro inmediato es, por supuesto, un crimen de guerra. Pero según los francotiradores, había una lógica en apuntarles cuando estaban inmóviles:

“En ese período [al principio de las protestas], sólo se permitía disparar a un incitador importante si estaba quieto”, dice un francotirador. “Eso significa que, aunque estuviera caminando tranquilamente, estaba prohibido disparar, para no fallar y desperdiciar municiones.”

Imaginen. Según las leyes y la ética normales, una persona tiene que estar amenazándote mortalmente para que le apuntes con munición letal. Pero aquí todo es al revés: tienen que estar parados, ni siquiera “caminando con calma”, porque lo importante es no desperdiciar esas balas al disparar a lo que ellos llaman “patos”. No importan esas piernas, esas vidas, esos “patos”: simplemente importa no desperdiciar las balas.

Después de conocerse ese video, el Ministro de Defensa Avigdor Lieberman opinó que los soldados deberían recibir una medalla por cumplir con su deber militar –admitiendo al mismo tiempo que no se debería haber filmado las celebraciones−. Esa misma lógica es inherente a los francotiradores citados por Glazer. Un francotirador dice que la celebración de los soldados en el video simplemente “demuestra una falta de profesionalismo y demasiado entusiasmo.”

“Por otro lado, creo que es humano”, dice. “Cuando tienes un objetivo determinado, incluso si estás disparando flechas a un objetivo, obviamente hay alegría al dar en el blanco. El error de los soldados fue su comportamiento. Déjalos reírse en algún lugar por atrás, pero no hagas un clip de eso. También existen las apariencias.”

Glazer se maravilla: “¿Tienes que celebrarlo? ¿No hay otra manera?”

Francotirador: “No. Toma al tipo más macaco que conoces (…) y eso es lo que hace el Ejército: transforma a chicos en macacos… Y trata de evitar que te cuente sobre su primera vez. Es un caos allí, todo el mundo está disparando, dando golpes… ¿Esperas que no abra una botella de champán? En ese momento se siente realizado, es un momento único. En realidad, cuantas más veces lo haga, más indiferente se volverá. Ya no estará especialmente feliz o triste. Simplemente estará.”

Francotiradores israelíes en la valla de Gaza. (UPI Alamy).


Pornografía de la violencia

Así que para estos francotiradores israelíes, apuntar a un manifestante palestino desarmado e inmóvil que no supone un peligro inmediato es como el sexo, y no se puede evitar que un francotirador lo celebre la primera vez. Destruir la vida de la gente destrozándole las rodillas es aparentemente excitante y muestra la hombría; y ahí está otra vez el conteo:

“Ese día [14 de mayo de 2018, cuando se inauguró la embajada de EE.UU. en Jerusalén] nuestro dúo tuvo el mayor número de objetivos alcanzados: 42 en total. Mi localizador[1] no debía disparar, pero yo le di una chance, porque nos estábamos acercando al final de nuestro periodo, y no tenía rodillas en su haber. Y al final tú quieres irte con la sensación de que hiciste algo, de que no fuiste francotirador sólo durante los ejercicios. Así que, después de acertar unos cuantos blancos, le sugerí que cambiáramos. Yo diría que consiguió alrededor de 28 rodillas allí”.

Manifestantes palestinos trepan sobre la valla de Gaza durante una protesta, el 15/10/18. (Khalil Hamra, AP).

También hay grandes expectativas que llenar:

“De pie sobre mí está el comandante del batallón, a mi izquierda su ayudante, a la derecha el comandante de la compañía, su esposa; los soldados a mi alrededor y el mundo entero me observan en mi primera salida. Es muy estresante. Recuerdo claramente la visión de la rodilla en el punto de mira, abriéndose de golpe”.

Estos francotiradores saben que sus disparos pueden “arrancar una pierna”. Glazer cita a un francotirador que dice haber usado rifles M24 y Barak (HTR-2000): “Con el Barak, si le disparas a alguien en la rodilla, no lo incapacitas: le arrancas la pierna. Podría morir por la pérdida de sangre.”

También hay historias de tales muertes. Glazer cita a Tuly Flint, un oficial de salud de las reservas, quien describe cómo un francotirador de una unidad de élite apuntó a la rodilla de un manifestante, pero le dio demasiado alto, y el manifestante murió por pérdida de sangre:

“Ese soldado, un francotirador muy dedicado a su misión, describe cómo vio al manifestante desangrarse hasta morir. No puede olvidar los gritos del hombre pidiendo que no lo dejaran solo”.

Y parece que no se cansan de eso: “¿Puedo añadir otra rodilla para esta tarde?”, le preguntan a veces al comandante.

Francotiradores vistos desde el lado israelí de la valla. (Eliyahu Hershkovitz).


Un francotirador pide permiso para “abrir” la cabeza de un niño de 14 años delante de su familia.

Uno de los soldados cuenta que preguntó si podía volarle la cabeza al chico:

“Después de un tiempo (…) en una reunión, dije: ‘Déjenme por una vez abatir a un chico de 16, incluso 14 años, pero no con una bala en la pierna: déjenme volarle la cabeza delante de toda su familia y de todo su pueblo. Dejar que chorree sangre. Y entonces tal vez por un mes no tendré que romper otras 20 rodillas.’ Es una matemática impactante, al borde de lo inimaginable; pero cuando no usas tus capacidades, no está claro qué es lo que estás intentando hacer allí. ¿Me preguntas cuál era mi misión? De verdad, es difícil para mí responderte. ¿Qué era lo que consideraba un éxito desde mi punto de vista? Incluso el número de rodillas que rompí no dependía de mí: derivaba del número de ‘patos’ que decidían cruzar la línea.”

¿Pero matar a un niño al azar? ¿Realmente crees que esa es la solución?

“Obviamente, no deberíamos liquidar a los niños. Lo decía para hacer una observación: que si matas a uno podrías estar salvando a otros 20.”

Así que estos francotiradores creen que se están autocontrolando, y que son controlados por el ejército. Con esta lógica podrían haber salvado vidas matando a un “pato”, y sería humano.

Captura de pantalla del vídeo del futbolista palestino Mohammed Khalil filmándose a sí mismo en el momento en que las fuerzas israelíes le disparan a la rodilla, poniendo fin a su carrera. Abril de 2018.


Apuntando a los “principales incitadores”

“Incitador importante” es un término utilizado para justificar el hecho de apuntar con munición letal a un manifestante desarmado, porque supuestamente está liderando la protesta y por lo tanto es clave para detenerla. Un francotirador explica:

“Los incitadores mayores son, por ejemplo, personas que se paran en la retaguardia, coordinando las cosas. No son necesariamente un objetivo pero, para hacerles saber que vemos lo que están haciendo, yo dispararía al aire alrededor de ellos. El que organiza a otros no es una amenaza concreta para mí, al menos no directamente, pero hace que las cosas sucedan. Así que apuntarle es un problema, pero también no apuntarle es un problema. Por eso, en el momento en que se canse de activar a los demás y empiece a tomar parte activa en el caos, será el primero al que le demos, porque es el más importante en términos del grupo que le rodea. Él es la clave para detener el brote.”

Y por supuesto, el “aire alrededor” de un “incitador importante” puede estar lleno de otros civiles palestinos desarmados, y si el francotirador le da a uno de ellos… bueno, eso es sólo colateral.

La paramédica palestina Razan al-Najjar antes de ser asesinada por un francotirador cerca de la valla de Gaza, el 1/4/18. (Ibrahim Abu Mustafa, REUTERS).

Israel sostiene que los disparos son básicamente hacia las piernas, y que las directivas también han sido cambiadas a tiempo, para disparar más abajo de la rodilla. El relato dice que si disparas más alto es un error. Pero uno de los francotiradores dice que “hay francotiradores, no muchos, que ‘eligen’ cometer errores”. Como si no fuera suficiente con volarle la pierna a una persona, siempre puedes cometer ese ‘error’, y… qué lástima. Y cuando se dispara este tipo de munición letal a multitudes de civiles, también pueden ocurrir errores de verdad, y mueren niños. El oficial de salud es citado hablando de un caso así:

 “Hay historias horribles, espantosas, sobre soldados que apuntaron a un manifestante y le dieron a alguien más. Conozco a uno que apuntó a uno de los líderes de una manifestación, que estaba de pie sobre una caja y que instaba a la gente a seguir marchando. El soldado le apuntó a la pierna, pero en ese momento el hombre se movió y la bala no le alcanzó; en cambio le dio a una niña pequeña, que murió en el acto.”

El francotirador que apuntaba a “incitadores principales” nos dice sin querer la verdad sobre la naturaleza de estas protestas:

“No se le dispara a los que azuzan a la multitud por lo que están haciendo. No viene de una causa emocional, porque ‘Él es el que está causando el levantamiento, así que vamos a derribarlo’. Esto no es una guerra, es una AO [alteración del orden] del viernes por la tarde.”

Exactamente. No es una guerra. Es una protesta civil no violenta. Pero Israel la está presentando como una guerra contra los terroristas para justificar sus crímenes de guerra (aunque no haya una guerra).

Francotiradores y manifestantes en una protesta de la GMR. (Ilan Assayag)


Disparar a las ovejas

Esta lectura revuelve el estómago, realmente. Y sigue y sigue. Y básicamente incluye todas las modalidades de la política asesina de Israel, que la mayoría de los israelíes aceptan. ¿Pero saben qué cosa no está bien para el ejército israelí? Dispararle a una oveja. Glazer cita una historia en la que un francotirador fue llamado a patrullar en la valla debido a la presencia de unos pastores de ovejas, que según él “trabajan para Hamas y la Jihad Islámica”:

“Incluso cuando no hay ninguna manifestación y todo parece tranquilo, te mandan rápidamente a la valla con la patrulla cuando los pastores se acercan. Tienes que entender que no son pastores inocentes, trabajan para Hamas y la Jihad Islámica para volverte loco.”

 “Un día, uno de los novatos me dijo: ‘Basta, no podemos seguir así, derribemos una de sus ovejas, vale unos cuantos miles’. Piensa en lo que lleva a un soldado, un músico de un buen colegio secundario, el último tipo de chico que dirías que está buscando sangre, a hablar por radio con el vigía y decirle: “¿Ves una oveja, hacia el norte? Vas a verla caer.” Después de eso, el pastor no volvió. ¿Cuál es la conclusión? La disuasión funcionó.”

El ejército israelí respondió al artículo de Haaretz diciendo que “en el caso en que se disparó indebidamente a una oveja (…) el subcomandante de la compañía fue juzgado por violar la disciplina militar y sentenciado a siete días de detención.”

Si los palestinos tuvieran tan solo los mismos derechos que las ovejas…

 

[1] Los francotiradores suelen trabajar en pareja con un localizador, que también es francotirador de formación, cuya tarea es dar a su compañero datos precisos: distancia del objetivo, dirección del viento, etc. (N. de la T., tomado del artículo de Haaretz).

 

Un amputado palestino que perdió su pierna a manos de un francotirador israelí durante una protesta en la valla de Gaza, el 2/10/19. (Adel Hana, AP).

*Jonathan Ofir es israelí antisionista, residente en Dinamarca, músico y analista. Escribe habitualmente en Mondoweiss. Publicado el 8/3/20 en Mondoweiss. Traducción: María Landi. Fotografías tomadas de Mondoweiss y del artículo de Haaretz citado por el autor.
Leer también: El ejército israelí no tiene francotiradores en la frontera de Gaza. Tiene cazadores, de Gideon Levy.

Un amputado palestino camina con muletas camino a la manifestación en la valla de Gaza, el 30/3/19 (Anas Baba, AFP).

 

Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania. Es columnista del portal Desinformémonos, corresponsal del semanario Brecha y escribe en varios medios independientes y alternativos.
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