Articular las Luchas por un Mundo sin Muros

Columna publicada en el portal Desinformémonos el 25/11/18

Actividades por el Día de Acción Global por un Mundo sin Muros


María Landi

 

Después de un paréntesis demasiado largo, retomo esta columna que busca tender puentes entre nuestras resistencias en esta parte del mundo (Abya Yala) y la lucha palestina contra la colonización y la ocupación de su tierra.

En estos meses hemos asistido a un recrudecimiento de las agresiones israelíes. Dos lugares han estado en el foco de atención pública:

– En la Franja de Gaza, desde el 30 de marzo cada viernes han continuado las protestas masivas cerca de la valla impuesta por Israel, con un saldo de más de 200 manifestantes desarmados/as asesinados/as por los francotiradores israelíes (incluyendo periodistas, paramédicas, y muchos menores de edad), y decenas de miles de personas gravemente heridas, muchas de ellas mutiladas o lisiadas de por vida.

– En la periferia de Jerusalén, la comunidad beduina de Khan Al-Ahmar se ha convertido en el símbolo de otras aldeas palestinas que resisten las políticas de limpieza étnica (en el Valle del Jordán, en las Colinas del Sur de Hebrón, en el desierto del Naqab/Negev). El anuncio de su inminente expulsión −para entregar su tierra a  colonias judías en expansión− generó una ola de solidaridad dentro y fuera de Palestina. Gobiernos y organismos internacionales exigieron a Israel detener la destrucción de Khan Al-Ahmar. Activistas palestinas/os, israelíes e internacionales acamparon en la aldea para resistir a las topadoras, logrando que una decisión judicial postergara la demolición. Mientras se abría un incierto compás de espera, las topadoras siguieron destruyendo instalaciones palestinas en el Valle del Jordán y en el campo de refugiados de Shu’fat (también en Jerusalén).

Según Defensa de los Niños Internacional, en lo que va del año Israel mató a 52 niños y adolescentes palestinos. La semana pasada, bombardeos israelíes sobre Gaza mataron a 14 personas, hirieron a decenas y destruyeron edificios y un canal de televisión. La escalada se desató cuando un comando israelí se infiltró en la Franja para matar a dirigentes palestinos; al ser descubiertos se produjo un enfrentamiento que resultó en siete palestinos y un israelí muertos. La resistencia palestina respondió lanzando cohetes hacia territorio israelí, que causaron daños menores. La mediación egipcia logró un alto el fuego, pero el brutal e inhumano bloqueo israelí sobre Gaza continúa y ya lleva 11 años, con la complicidad de gobiernos, instituciones y corporaciones en todo el mundo.

Este año el Parlamento israelí aprobó la Ley Fundamental de Israel como Estado Nacional del Pueblo Judío, otorgándole carácter constitucional a sus leyes, políticas y prácticas de apartheid contra la población palestina. La ‘única democracia de Medio Oriente’ mostró así su verdadero rostro: es un régimen supremacista y etnocrático (o teocrático, según cómo se entienda el carácter judío del Estado), en el cual solo la población de origen judío tiene derecho a la autodeterminación y a la nacionalidad. Esta norma racista es incompatible con cualquier estándar de democracia en el siglo XXI, pues niega el principio fundamental de igualdad de todas las personas ante la ley. Se trata de la más acabada formulación del proyecto sionista, el cual hace un siglo se propuso establecer un Estado exclusivamente judío en la tierra de Palestina, vaciándola para ello de su población árabe nativa.

Adalah, organización palestina de derechos humanos en Israel, afirmó: “Esta ley sanciona constitucionalmente la discriminación institucionalizada”. Najwan Berekdar, ciudadana palestina de Israel, declaró: “Como ciudadana palestina de este Estado, este proyecto de ley ratifica mi ciudadanía de tercera clase en la tierra donde generaciones de mi familia han vivido desde mucho antes de que existiera el Estado de Israel. La mayoría judeo-israelí nos está recordando en voz alta a las y los ciudadanos palestinos indígenas de Israel que no somos bienvenidos en nuestra propia patria ancestral.”

Paradójicamente, estas atrocidades, junto a los esfuerzos de la sociedad civil palestina y global por impulsar el boicot, la desinversión y las sanciones a Israel están haciendo mella en su imagen internacional. En palabras del analista Sheldon Richman: “después de tantas décadas de guerras, masacres, represión y deshumanización brutal rutinaria, la marea ha comenzado a cambiar de dirección. Israel ha pulverizado a Gaza y a su gente demasiadas veces; ha disparado y roto los huesos de demasiados niños ante demasiadas cámaras de vídeo. Así, la opinión pública, especialmente entre los estadounidenses más jóvenes, y en particular entre los judíos estadounidenses más jóvenes, se ha vuelto en contra de Israel. Entonces surgió el movimiento BDS para lograr lo que un movimiento similar ayudó a lograr contra el apartheid en Sudáfrica: llamar la atención del mundo sobre una situación intolerable y tomar medidas concretas para cambiarla.”

Entre los notables avances del movimiento BDS en lo que va del año, el Comité Nacional Palestino (BNC) destacó que 40 organizaciones judías de justicia social en todo el mundo reconocieron que el BDS “lucha contra el antisemitismo y todas las formas de racismo e intolerancia”. Colectivos judíos de las Américas, Europa y Oceanía, así como 35 intelectuales y artistas israelíes rechazaron los intentos de acallar las críticas a Israel asimilándolas con antisemitismo.

Además, el llamado palestino al embargo militar fue respaldado por Amnistía Internacional, así como por partidos políticos y parlamentarios de varios países, incluyendo Irlanda, el Reino Unido, España y otros. Ciudades y ayuntamientos (desde Dublín hasta Valdivia, pasando por Valencia) continúan declarándose Espacio Libre de Apartheid Israelí. Más gremios estudiantiles y universidades han votado en favor del BDS. En el mismo Estados Unidos, las congresistas electas Rashida Tlaib (palestina-americana) e Ilhan Omar (de origen etíope) se declararon a favor del BDS y de cortar los vínculos militares con Israel. En el Reino Unido, los Cuáqueros se convirtieron en la primera denominación cristiana en declarar el boicot a compañías que lucran con el apartheid israelí, siguiendo los pasos de varias iglesias de los Estados Unidos. Y recientemente, tras años de presión del movimiento BDS, la conocida plataforma de alquileres turísticos Airbnb retiró de su lista los alojamientos israelíes ubicados en el territorio palestino ocupado.

 

En mi columna de junio reseñaba las victorias del movimiento BDS durante el primer semestre del año en América Latina. En este segundo semestre el énfasis ha estado en articular nuestras luchas.

En julio tuvo lugar en Brasil la segunda reunión de grupos BDS del continente, con la presencia de activistas israelíes y palestinos. El encuentro se realizó en la favela Maré de Rio de Janeiro, en el marco de Julio Negro, una semana de actividades contra el racismo y la violencia policial que cada año llevan adelante los movimientos negros y favelados de esa ciudad. Las visitas, intercambios y debates permitieron vincular las luchas contra la militarización y la criminalización de la protesta en Palestina y en nuestros territorios. En una Audiencia Popular realizada el último día, los grupos BDS presentaron un informe sobre las relaciones militares y policiales de los gobiernos latinoamericanos con Israel, y exigieron un embargo militar de doble vía.

Entre octubre y noviembre, y en el marco de la gira “Us+Them” de Roger Waters por la región, grupos BDS de Brasil, Uruguay, Argentina, Chile y Perú organizaron actos masivos con el principal referente del boicot cultural a Israel para denunciar sus políticas de apartheid[1]. El músico se convirtió en un aliado clave para dar visibilidad y legitimidad a las campañas de BDS que los distintos colectivos están impulsando, conectándolas con las luchas locales por los derechos indígenas, contra la impunidad, la militarización, el saqueo de los territorios, el neofascismo y el racismo. A pesar de los esfuerzos de las organizaciones sionistas en esos países para acusarlo de antisemita por criticar las políticas de Israel, el mensaje humanista de Roger Waters llegó a las multitudes.

Palestina también estuvo presente el VIII Foro Social Mundial de las Migraciones realizado en Ciudad de México. En el Centro Cultural Universitario de Tlatelolco tuvo lugar el 3 de noviembre el panel “Globalización del control de las fronteras y resistencias de los pueblos”, con representantes de Stop the Wall, la Via Campesina, el Observatorio de DD.HH. de los Pueblos, el Movimiento Migrante Mesoamericano, la Plataforma Migrante Transnacional-Europa (TMP-E), el Transnational Institute (TNI) y la Coordinadora de Solidaridad con Palestina (México).

Además, en el marco de las jornadas internacionales por un Mundo sin Muros, entre el 7 y el 10 de noviembre el dirigente palestino de Stop the Wall Jamal Juma dictó conferencias en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y en la Biblioteca Central de Oaxaca, junto a representantes de la Asamblea de Pueblos en Defensa del Territorio, la Educación Pública y los DD.HH −integrantes del Observatorio de DD.HH. de los Pueblos−. Entre el 16 y el 18, la ciudad de Nogales en la frontera Sonora/Arizona fue el escenario de un encuentro que, bajo la consigna ¡Abajo los Muros de la Infamia, Viva la Unidad de los Pueblos! reunió a activistas de ambos países, internacionales y palestinos para denunciar y rechazar los muros que violentan a los pueblos y la complicidad de los gobiernos con las violaciones de derechos humanos, desde Palestina hasta Mesoamérica.

También este mes, pero en el sur del continente, la lucha palestina estuvo presente en el Foro Mundial del Pensamiento Crítico y 8ª Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales organizada por CLACSO. El día 21, el foro especial “Palestina y América Latina” abordó −entre otros temas como la situación de los derechos humanos y de las mujeres palestinas− los avances del movimiento BDS en la región, así como la injerencia del Estado de Israel en América Latina. El periodista Germán Romano afirmó: “El embargo militar a Israel no sólo es una cuestión de ética para no sostener un régimen de apartheid y limpieza étnica contra Palestina, sino por nuestros propios pueblos, ya que son las mismas armas las que luego reprimen y asesinan los pueblos en lucha de Latinoamérica”.

Con la consigna “Las balas que asesinan palestinxs reprimen argentinxs” como trasfondo, en el Foro se presentó el libro El militarismo Israelí en América Latina. El extenso informe elaborado por los grupos BDS del continente (y publicado por el Comité Argentino de Solidaridad con Palestina) examina los acuerdos militares entre Israel y los gobiernos de la región, desde los períodos dictatoriales hasta hoy[2]. Ese vínculo se está profundizando con el ascenso de gobiernos de ultraderecha: desde Guatemala y Honduras hasta Wallmapu y el Brasil de Bolsonaro, las armas, sistemas de vigilancia y control israelíes están utilizándose para reprimir violentamente las resistencias de nuestros pueblos. Más aún, con la complicidad de organizaciones sionistas locales, se está criminalizando a militantes populares y personas ‘de perfil terrorista’.

Pero estas alianzas del ‘arriba’ solo revelan cuánto preocupa a los poderosos que ‘el abajo’ se organice y articule sus luchas. A pesar de sus millonarios esfuerzos, Israel está perdiendo la batalla de la opinión pública en todo el mundo, y también en Abya Yala. El lobby sionista (incluido el evangélico) sigue moviendo millones, pero no logra frenar al BDS. Como observó el analista palestino Ramzy Baroud: “Sin embargo, para los partidarios del BDS, cada estrategia israelí ofrece una oportunidad para crear conciencia sobre los derechos palestinos y para movilizar a la sociedad civil en todo el mundo contra la ocupación y el racismo de Israel. El éxito del BDS es atribuible a la razón misma por la que Israel no está consiguiendo contrarrestar sus esfuerzos: es un modelo disciplinado de resistencia popular civil basado en el compromiso, el debate abierto y las opciones democráticas, fundamentado a su vez en el Derecho Internacional y Humanitario”.

 

[1] La gira de Roger Waters terminará en diciembre con varias actuaciones en México, donde también participará en encuentros con la sociedad civil para impulsar el BDS y la solidaridad con Palestina.
[2] El libro será presentado también el 26 de noviembre en el marco de la Cumbre de los Pueblos #FueraG20FMI organizada por la confluencia Fuera G20, en Buenos Aires.
Anuncios
Publicado en América Latina, Apartheid, Armamento israelí, BDS, Derecho Internacional, Gaza, Limpieza étnica, Muro de Apartheid, Represión/protestas noviolentas, Valle del Jordán | Etiquetado , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Desplazamiento y despojo en el Área C de Cisjordania


Dos artículos sobre la situación de las familias y comunidades palestinas que resisten para no ser expulsadas de las tierras que el régimen israelí pretende vaciar de población árabe para instalar en ellas colonos judíos. Como acompañante internacional, me tocó muchas veces visitar comunidades de la llamada ‘área C’ en el Valle del Jordán y en las Colinas del Sur de Hebrón.

 

Omar Arif Bisharat frente a los escombros de su casa en Al-Hadidiya (Annelies Verbeek).

Ningún lugar adonde ir, ningún lugar donde vivir

 

Annelies Verbeek

 

Con la atención enfocada en la demolición planificada de la aldea de Khan al-Ahmar, otras áreas del valle del Jordán han caído fuera del radar. Sin embargo, fuera de la vista, la consolidación de Israel sobre el valle del Jordán continúa a ritmo acelerado. El mes pasado el ejército israelí demolió varias estructuras palestinas en las comunidades de al-Hadidiya y en el área de al-Musafa al este de la aldea de Jiftlik.

En al-Hadidiya, en el norte del valle del Jordán, las excavadoras llegaron la mañana del 11 de octubre dejando a Omar Arif Bisharat y ocho familiares, entre ellos cinco niños, sin hogar. Las palomas se posaron sobre los escombros de su casa. Levantó las manos, luchando por transmitir la calamidad de lo que le había sucedido. Además de su hogar, el ejército demolió otras seis estructuras, incluyendo varios corrales de animales. Las palomas, explicó Bisharat, habían sido criadas por su familia. Las jaulas con las palomas en su interior, habían sido demolidas junto con las otras estructuras y las aves ahora rodeaban su antiguo hogar. Las ovejas de la familia también estaban sin hogar.

“No tenía idea de que venían”, dijo Bisharat a The Electronic Intifada. “Cuando vi el jeep militar, pensé que iban a venir a la casa de mi vecino”, agregó, y dijo que si bien había recibido una orden de demolición, pensó que el caso estaba pendiente y nunca recibió una notificación de que su hogar iba a ser demolido.

La amenaza de demolición de viviendas es un peligro siempre presente para los palestinos en el Valle del Jordán, parte de la llamada Área C de la Cisjordania ocupada sobre la cual Israel mantiene el control civil y militar completo. Como consecuencia, a los palestinos no se les permite construir casas, instalar carpas, cavar pozos de agua a más de 100 metros, construir carreteras o instalar paneles solares o tuberías de agua sin los permisos expedidos por Israel. Estos casi nunca se otorgan.

Bisharat y la comunidad de 112 miembros de al-Hadidiya se quedan ahora tratando de forjarse una vida con los pocos recursos que tienen estos ganaderos. Los aldeanos viven en chozas y carpas de chapa metálica debido a la falta de permisos de construcción y recursos limitados.

Las autoridades israelíes también se niegan a conectar la red eléctrica o de agua a la comunidad. Incluso acceder al pueblo se ha convertido en un gran reto. Se podía llegar al pueblo a través de un camino pavimentado. Pero cuando se construyó la cercana colonia ilegal de Roi en 1976, los colonos levantaron barreras para bloquear el acceso de la población palestina.

Un niño rodeado por los escombros de Al-Musafa, una comunidad agrícola pobre en el norte del valle del Jordán (A. Verbeek).


Lucha constante

La comunidad se vio obligada a cavar un camino de tierra desde la carretera principal hasta su aldea. Sin un vehículo con tracción en las cuatro ruedas, esta carretera solo se puede bajar a un ritmo extremadamente lento. En invierno, el camino se vuelve embarrado y los autos a menudo se atascan. En partes, la carretera se atasca por pilas de tierra que las autoridades israelíes tiraron allí en un intento de bloquear el acceso.

Los lados de la carretera están llenos de restos de tuberías de agua que el ejército israelí cortó después de que los aldeanos intentaran conectarse a la red de agua de la aldea cercana de Tamoun.

Bisharat no sabe qué hacer. Los soldados le dijeron que no podía reconstruir su casa. Pero no tiene otra opción. Por el momento él y su familia se alojan en la casa de un vecino.

El valle del Jordán siempre ha sido un área de importancia estratégica. Los planificadores militares israelíes consideran que la franja de tierra en el este de Cisjordania proporciona una capacidad territorial estratégica vital, que la separa de sus vecinos árabes en el este. Como resultado -independientemente de si el proceso de Oslo estaba en marcha o no- los líderes de Israel nunca consideraron renunciar al control del área después de su ocupación en 1967.

Geográficamente el valle del Jordán divide Cisjordania en dos. La inminente demolición de Khan al-Ahmar se debe en parte a su ubicación junto a la autopista Jerusalén-Jericó. Israel desea utilizar esta área para la expansión de colonias como parte de un plan general, el plan E1, para conectar la parte de Jerusalén ilegalmente anexada con el valle del Jordán, rodeando la ciudad con colonias y dividiendo Cisjordania en dos.

El área también posee un tercio de las reservas de agua de Cisjordania. En un pasado la zona más rica de Palestina, tiene un gran potencial para el desarrollo y sería esencial en la construcción de cualquier futuro Estado palestino.

Pero alrededor del 90 por ciento del valle del Jordán está en el Área C, bajo el control administrativo y militar de Israel. Israel utiliza estas áreas para la expansión de colonias ilegales y obstruye todo tipo de desarrollo palestino.

Las palomas vuelan sobre los escombros de la casa de Bisharat en la pequeña comunidad de al-Hadidiya en el Valle del Jordán. Annelies Verbeek


Al-Musafa

El mismo día en que se demolió la casa de Bisharat, las fuerzas de ocupación israelíes también demolieron la casa y varios corrales de animales más al sur, en el área de al-Musafa. La casa y los corrales pertenecían a Odeh Naji Abu Saoud, de 23 años, quien se casó recientemente y tiene un hijo de 14 meses, Khaled.

“Tengo mucho que decir”, dijo a The Electronic Intifada, “pero no sé cómo”. Abu Saoud se esfuerza por encontrar las palabras mientras prepara una tienda de campaña donada por la Cruz Roja, dijo, para su familia, sin hogar por segunda vez. La casa anterior de Abu Saoud fue destruida el año pasado.

“Era una buena casa de concreto, con un techo de chapa de hojalata”, dijo. Las autoridades israelíes le habían dicho entonces que vivía en una zona de tiro, una zona militar cerrada, y le dijeron que se moviera 100 metros hacia abajo. Abu Saoud y su esposa se mudaron a este lugar y vivían en una caravana donada por la Unión Europea, dijo Abu Saoud. Sólo dos meses después de la mudanza recibieron un nuevo aviso de demolición.

“La Unión Europea, la Cruz Roja… Sería fantástico si pudieran proteger realmente los materiales que nos entregan”, dijo a The Electronic Intifada Rashid Sawafta, coordinador del grupo de activistas Solidaridad con el Valle del Jordán que hace campaña por los derechos de los palestinos en el área.

Desde 1970 hasta 2012, Israel designó aproximadamente el 56 por ciento del Valle del Jordán como una zona militar cerrada. Según Sawafta, esto tiene poco que ver con las necesidades militares y todo con la apropiación de tierras. Declarar un área zona militar, dijo, a menudo precede al establecimiento de una colonia ilegal.

Se prohíbe formalmente la presencia palestina en zonas militares cerradas. Aún así, y de acuerdo con el grupo de derechos humanos Al-Haq , 38 comunidades palestinas viven en esas áreas en Cisjordania, de las cuales el 80 por ciento están en el área del valle del Jordán y el Mar Muerto o en las colinas del sur de Hebrón. 

El ejército israelí organiza regularmente ejercicios de combate en estas áreas, durante los cuales el ejército expulsa temporalmente a los palestinos de sus hogares. Fátima, que prefiere que no se use su nombre real, recibió un aviso en septiembre para que ella y su familia abandonaran su hogar en la comunidad de Ein al-Hilweh antes de los ejercicios militares.

Cuando regresaron, la familia encontró varias de sus vacas fusiladas. Dos murieron, otras dos murieron después de sus heridas. La muerte del ganado fue una enorme pérdida financiera para la familia de Fátima. Una de las vacas aún no había tenido terneros y valía 3.800 dólares, dijo Fátima. Aún visiblemente preocupada por lo que sucedió, Fátima dijo que estaba segura de que el ejército israelí planeaba -eventualmente- expulsarla a ella y a su familia.

“Pero no tenemos otro lugar para ir”, dijo. Las familias Bisharat y Abu Saoud expresaron sentimientos similares.

“¿Qué puedo hacer?”, Preguntó Bisharat. “Donde quiera que me mueva habrá una ocupación racista”. Los israelíes no están interesados ​​en los derechos palestinos sobre la tierra, agregó. “Los israelíes no quieren la convivencia. Sólo quieren un Estado judío”.

Abu Saoud ahora planea construir una casa por tercera vez. Esto no es solo un acto de resistencia, sino de necesidad. No hay ningún lugar al que moverse y ningún lugar con espacio para que los animales pasten.

“Reconstruiré mi casa y tal vez vendrán y la demolerán por tercera vez”, dijo, sacudiendo la cabeza. “¿En qué daña mi casa a Israel, que necesita destruirla?”

 

Annelies Verbeek es una periodista belga que vive en Ramallah. Publicado en inglés el 5/11/18 en Electronic Intifada. Traducido por J.M. para Rebelión.

 

Foto tomada del sitio web de B’Tselem.

Comunidades palestinas enfrentan expulsión inminente

 

A pesar de que este artículo tiene un año de antigüedad, no ha perdido en absoluto su vigencia y validez, pues habla de hechos que siguen teniendo lugar hoy

 

Decenas de comunidades de pastores y agricultores, que albergan a miles de palestinos, salpican el paisaje del Área C, que comprende alrededor del 60 por ciento de Cisjordania. Durante décadas, las autoridades israelíes han aplicado una política destinada a expulsar a algunas de estas comunidades. Han hecho que las condiciones de vida sean miserables e intolerables en un intento de conseguir que los residentes se marchen, ostensiblemente por su propia voluntad.

Como parte de esta política, las autoridades prohíben cualquier construcción de estructuras residenciales o públicas en estas comunidades, se niegan a conectarlas a las redes de agua y electricidad, y se niegan a pavimentar los caminos de acceso a las comunidades. Cuando, a falta de otra alternativa, los residentes construyen sin permiso, la Administración Civil (AC) emite órdenes para demoler las estructuras. Aunque estas órdenes no siempre se cumplen, la amenaza de demolición se cierne sobre los residentes. En algunas comunidades, las casas de las familias han sido demolidas varias veces. La AC también destruye las infraestructuras construidas o instaladas por los propios residentes, como pozos, carreteras y paneles solares para la generación de electricidad, y confisca los tanques de agua o corta las tuberías de agua.

A lo largo de los años, los funcionarios israelíes han declarado su intención de obligar a ciertas comunidades a trasladarse a los llamados “sitios permanentes”, con el supuesto objetivo de mejorar su nivel de vida. De hecho, los planes — cuyos detalles completos no se han revelado — tienen por objeto recluir a los residentes palestinos a los estrechos confines de las zonas urbanas, limitando así su capacidad para ganarse la vida como pastores y agricultores. Esto, a su vez, logrará el objetivo israelí de desposeer a los residentes de sus tierras y utilizarlas en beneficio de Israel. Como en la mayoría de los demás aspectos de la vida bajo la ocupación, los planes fueron elaborados por las autoridades israelíes sin consultar ni implicar a los residentes de las comunidades, que no tienen poder político — ni siquiera representación como mera formalidad — en los procesos de toma de decisiones. Esta conducta es particularmente deplorable con respecto a estos planes en particular, ya que dictan un cambio radical en el estilo de vida de los residentes y en su capacidad para ganarse la vida. Hasta la fecha no se ha llevado a cabo ninguno de los planes declarados.

Los esfuerzos de las autoridades se centran en tres áreas de Cisjordania:

  • Las colinas del sur de Hebrón: Alrededor de mil palestinos, la mitad de los cuales son niños y adolescentes, se enfrentan a la amenaza de ser expulsados de sus hogares y a la destrucción de sus aldeas. Los militares habían expulsado a los residentes de esta zona a finales de 1999, alegando que la zona había sido declarada “zona de fuego” en la década de 1980. Sin embargo, Israel, como potencia ocupante, no tiene autoridad para declarar zonas de fuego dentro del territorio ocupado. De conformidad con las peticiones de los residentes al Tribunal Superior de Justicia (TSJ), se permitió a los aldeanos regresar a sus hogares en espera de una decisión. Sin embargo, el permiso concedido era temporal, por lo que no se eliminó la amenaza de expulsión. Nuevas peticiones sobre la expulsión están actualmente pendientes ante el TSJ.

  • Zona de Maale Adumim: En los decenios de 1980 y 1990, con el fin de establecer y ampliar el asentamiento de Maale Adumim, la Administración Civil expulsó a cientos de beduinos de la tribu Al Yahalin de las zonas en las que vivían. Fueron reubicados en un “sitio permanente” que había sido establecido para ellos cerca del vertedero de Abu Dis. Incluso después de esta transferencia, alrededor de 3.000 personas en la zona todavía se enfrentan a la amenaza de expulsión. Alrededor de 1.400 residentes que se enfrentan a la expulsión viven en la zona definida como E1, que Israel asignó a la jurisdicción municipal de Maale Adumim a fin de crear un bloque urbano contiguo entre Maale Adumim y Jerusalén.

  • El Valle del Jordán: Unos 2.700 palestinos viven en unas veinte comunidades de pastores en el Valle del Jordán y sus alrededores que los militares han declarado “zonas de fuego”. La AC está empleando varias medidas para evitar que estas comunidades permanezcan en el área, incluyendo repetidas demoliciones de casas, reubicaciones temporales con la excusa de ejercicios militares y confiscación de camiones cisterna que abastecen de agua a estas comunidades.

La conducta ilícita de las autoridades israelíes a este respecto está motivada por una ambición política declarada públicamente por varios funcionarios en varias ocasiones. Su objetivo es establecer hechos consumados y hacerse cargo de esas zonas a fin de crear condiciones que faciliten su anexión efectiva a Israel como parte de un acuerdo sobre el estatuto definitivo y, hasta ese momento, anexionarlas de facto. Mientras tanto, durante decenios, Israel ha estado violando de manera sistemática, repetida y flagrante los derechos humanos de los residentes de esas comunidades.

Esta política es contraria a las disposiciones del derecho internacional humanitario, que prohíben el traslado forzoso de personas protegidas (a menos que se lleve a cabo para su propia protección o por una necesidad militar imperativa, excepciones que no se aplican a estas comunidades palestinas). La prohibición de los traslados forzosos no se limita a los traslados por la fuerza física, sino que se aplica también a los casos en que las personas abandonan sus hogares involuntariamente o porque ellas o sus familias han sido presionadas para que lo hagan. La salida debido a condiciones de vida imposibles creadas por las autoridades — por ejemplo, mediante la demolición de viviendas o la desconexión de la electricidad y el agua corriente — se considera una transferencia forzosa ilícita. Esto constituye un crimen de guerra por el que todos los implicados son responsables personalmente.


B’Tselem es una reconocida ONG israelí de DD.HH. Publicado originalmente en inglés el 9/11/17 por B’Tselem. Traducido por Javier Villate en Disenso Noticias Palestina.

 

Publicado en Acuerdos de Oslo, Apartheid, Colinas del Sur de Hebrón, Colonias Israelíes ilegales, Demoliciones, Derecho Internacional, Jerusalén Este, Limpieza étnica, Pran Prawer-Negev/Naqab, Valle del Jordán | Etiquetado , , , , , , , , | Deja un comentario

Gaza: una guerra exprés de tres días (por ahora)

Como siempre, Gaza es el teatro de operaciones -o la válvula de escape- de las crisis políticas internas de Israel. En este caso, la disputa entre Netanyahu y Lieberman (coalición en crisis mediante, y de cara a unas elecciones que el Primer Ministro necesita adelantar para tapar los escándalos de corrupción) casi desatan una nueva ofensiva a gran escala contra la población sitiada de Gaza. Por el momento la mediación egipcia -y los cálculos de equilibrios de poder- parece haber puesto freno a la escalada. Pero analistas más cautelosos señalan que se trata de un compás de espera; y -sobre todo- que el estatus de la Franja de Gaza difícilmente cambie a corto plazo (a pesar incluso de las ofertas de ayuda de Qatar). El alto al fuego, como siempre, pende de un equilibrio volátil. La población rehén de Gaza, una vez más, paga con muerte y destrucción. Y la comunidad internacional, más allá de la retórica, le sigue permitiendo a Israel mantener el control y tener la última palabra.

Una selección de lecturas e imágenes sobre esta última crisis (la mayoría tomadas del portal Palestina Libre).

 

Ruinas del edificio comercial y residencial Yaziji (donde vivían 40 familias) en ciudad de Gaza tras los bombardeos israelíes. Foto: Mohammad Zaanoun/Activestills (13/11/18).


LECTURAS:

12 de noviembre:

Israel se prepara para ‘operar con fuerza’ en la Franja de Gaza

Israel ataca edificios civiles en Gaza

13 de noviembre:

Gaza vuelve al punto de mira

Las facciones palestinas anuncian un alto el fuego con Israel tras la mediación de Egipto

A pesar de las conversaciones de alto el fuego: 1 palestino muerto y 3 heridos por ataques aéreos israelíes sobre Gaza

14 de noviembre:

Bombardeos de Israel contra Palestina: Gaza en crisis

Netanyahu defiende el alto el fuego alcanzado con las facciones palestinas

Dimite el ministro de Defensa israelí por la ‘rendición’ de Netanyahu en Gaza

Marina israelí mata a tiros a un pescador palestino en Gaza

Hoy llegan los mediadores para avanzar en el cese al fuego en Gaza

Fracasa reunión en ONU sobre situación entre Palestina e Israel

Lo que quiere Gaza

Gaza, otra vez: Los precarios análisis de la prensa y la construcción de la noticia

Cosecha de muerte en la Franja de Gaza: Una incursión donde los atacantes son los defensores y los agredidos los victimarios

Calma en Gaza y el sur de Israel tras dos días de gran violencia

La ONU alerta de la ‘insostenible’ situación que atraviesa el mayor hospital de la Franja de Gaza

Israel pays dearly for botched raid on Gaza

Joy in Gaza, anger in Israel after ceasefire

Will Israel Respect the Gaza Ceasefire it Broke?

15 de noviembre:

¿Por qué acordó Netanyahu un alto el fuego en Gaza?

16 de noviembre:

La Resistencia Palestina ha vencido, el ente sionazi ha perdido y Lieberman ha caído

El fin de una imprudente excursión israelí en Gaza

Ministro israelí: ‘Si entramos en Gaza volveremos con 500 ataúdes’

 

Niña y niños palestinos tras la destrucción del edificio que albergaba la estación de Al Aqsa TV, tras ser bombardeado por Israel. Foto: Mohammed Zaanoun/Activestills (13/11/18).


IMÁGENES

Israel bombardea objetivos civiles de Gaza

Video: Según informes las fuerzas israelíes están preparándose para una ofensiva masiva terrestre en Gaza

Fotos: Así quedó Gaza tras el masivo ataque con misiles de Israel

Gaza in photos: ceasefire, mourning and protests of the destruction of a television station

In photos: The aftermath of a 24-hour war, told from both sides

 

Algunos vidrios rotos es todo el saldo de “una noche de ataques de cohetes palestinos” en la ciudad sureña de Ashkelon (hoy Israel). Foto Oren Ziv/Activestills.

 

Publicado en Armamento israelí, Gaza, Hamas, Masacres israelíes | Etiquetado , , | Deja un comentario

Elogio fúnebre de un criminal de guerra y un Nobel de Química incómodo: el pánico israelí al movimiento no violento BDS

Reblogueado desde Mentiras Sionistas.

Mentiras sionistas

NobelQuímica2018 George Smith, premio Nobel de Química 2018

Hace dos semanas el científico estadounidense George Smith recibió el Premio Nobel de Química. Fuera del ámbito académico, el hecho habría pasado desapercibido (¿quién recuerda de memoria al ganador del Nobel de Química del año pasado?) de no ser por un pequeño detalle: Smith está casado con una mujer judía, pertenece a la asociación Voz Judía por la Paz, y es un prominente activista del movimiento no violento de Boicot, Desinversiones y Sanciones a Israel (BDS).

En la prensa israelí saltaron unas cuantas alarmas, y la figura de Smith ha sido objeto de análisis, no por su trayectoria científica, si no por su activismo político. El diario insignia de la derecha supremacista judía en Israel, The Jerusalem Post, se apresuró, el mismo día en que se conoció el fallo de la Academia, a criminalizar a Smith por su postura supuestamente anti-israelí

Ver la entrada original 1.364 palabras más

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Los papeles secretos de Sabra y Chatila


Jeremy Salt*

 

Si los falangistas ultraderechistas del Líbano fueron los ejecutores directos de las masacres de Sabra y Chatila, el ejército israelí al mando de Ariel Sharon fue el coordinador y organizador de la matanza.

 

 

Sabra y Chatila, en septiembre de 1982, es una de las peores atrocidades de la historia moderna. Hasta 3.500 palestinos fueron masacrados cuando los falangistas aliados de Israel cayeron sobre los dos campos de refugiados palestinos de Beirut en septiembre de 1982. Israel intentó echar la culpa a los falangistas. “Los gentiles matan a los gentiles y vienen a culpar a los judíos”, se quejó el primer ministro de Israel, Menájem Beguin. Lo cierto es que Israel comandó y controló toda la operación. El castigo impuesto por la comisión de investigación de Kahan fue irrisorio. Ariel Sharon, el “ministro de defensa” israelí, fue degradado pero permaneció en el gobierno, después de que Beguin se negara a despedirlo. A pesar de su propia complicidad, Beguin no fue castigado y tampoco lo fue ninguno de los políticos que habían acordado que había que “limpiar” los campos. La opinión mundial estaba indignada, pero ni siquiera este terrible acontecimiento fue suficiente para que Israel rindiera cuentas. Israel, sin restricciones, sigue siendo libre de matar a su antojo.

Unos documentos secretos de la Comisión Kahan ha salido recientemente a la luz. (Ver Rashid Khalidi, “The Sabra and Shatila Massacres: New Evidence”, Palestine Square, Institute of Palestine Studies, 25 de septiembre de 2018). Los hechos básicos están bien establecidos, por lo que el interés radica en lo que estos documentos nos dicen sobre la interacción entre los israelíes y los falangistas, y por qué, en última instancia, Sabra y Chatila fueron atacados.

Ya antes de 1948 los sionistas se habían propuesto convertir el Líbano en un estado satélite, aprovechando los temores de la comunidad cristiana maronita del país. En 1958, el Líbano sufrió su segunda guerra civil (después del conflicto druso-maronita de 1860). Esta guerra formaba parte de un drama regional que incluía el antinaserismo, el anticomunismo, el derrocamiento de la monarquía en Irak y un intento de golpe de estado planeado en Jordania. Ningún acontecimiento en el Líbano es simplemente interno, pero mientras que “Occidente” e Israel tenían un gran interés en lo que sucedió en 1958, la guerra se desarrolló en gran medida como causa y efecto entre facciones internas. Para cuando Estados Unidos intervino, enviando la Sexta Flota y desembarcando marines en las playas de Beirut, estas facciones habían resuelto sus diferencias, al menos momentáneamente.

En 1968, en un contexto de resistencia palestina del sur del Líbano, Israel destruyó 13 aviones comerciales que se encontraban en la pista del aeropuerto internacional de Beirut. Se le advirtió al Líbano que controlara a los palestinos, o de lo contrario…. Por supuesto, dada su naturaleza altamente sectaria, el Líbano no puede controlar a los palestinos.

En abril de 1973, los israelíes se infiltraron en el oeste de Beirut desde el mar y mataron a cuatro destacadas personalidades políticas y culturales palestinas, y en 1975 el país estaba al borde del colapso. El 13 de abril se produjo un tiroteo en una iglesia maronita en el este de Beirut. Entre los muertos había miembros del Kataeb, la Falange libanesa, un partido fundado según el modelo español en la década de 1930. Los pistoleros falangistas respondieron disparando a un autobús lleno de palestinos. La guerra estaba en marcha.

Israel ya estaba pringado con los falangistas, pues quería que el caos en el Líbano terminara con la derrota de los palestinos y la destrucción de sus instituciones, así que es muy probable que el tiroteo de la iglesia fuera una provocación deliberada de Israel. Los papeles secretos de la Comisión Kahan revelan que en 1975 Israel estaba celebrando reuniones secretas con líderes falangistas, con el objetivo de coordinarse política y militarmente. Con ese fin, Israel les dio a los falangistas 118,5 millones de dólares en ayuda militar (esta es la cifra dada en el documento de la Comisión Kahan, la cifra real posiblemente fue mucho mayor) y entrenó a cientos de sus combatientes, como preparación para la guerra que Israel quería que lanzaran los falangistas.

Israel mantuvo su relación con los falangistas durante la guerra civil. En 1982 existía una “alianza en principio”, como se describe en los documentos del anexo de la Comisión Kahan. Entrenado en Israel de acuerdo con las normas militares israelíes, independientemente de cómo se entienda esto, Tel Aviv confiaba en que el duro falangista Bachir Gemayel, la figura dominante en las Fuerzas Libanesas (FL), hubiera pasado “de ser el líder emocional de una banda, llena de odio, a ser un líder político relativamente prudente y cauteloso”. Sin duda, así fue como Gemayel se presentó en las reuniones con los israelíes, pero sus acciones en el pasado y en el futuro indicaban que estaba ocultando la brutalidad que todavía se escondía en su interior.

En enero de 1976, las FL atacaron el barrio marginal del puerto de Karantina en Beirut, matando al menos a 1.000 combatientes y civiles palestinos. En junio, los falangistas, junto con otras facciones de las FL, incluidos los Tigres Libaneses de la familia Chamoun y los Guardianes de los Cedros, asediaron el campamento palestino de Tal al Zaatar. Su equipo militar incluía tanques y carros blindados estadounidenses. El campamento resistió 35 días antes de ser invadido. Unas 3.000 personas civiles palestinas fueron asesinadas.

 

Los documentos de la Comisión Kahan incluyen un interesante intercambio entre Ariel Sharon y Simón Peres, ministro de defensa en 1976, quien le preguntó a Sharon si un oficial del ejército israelí le había advertido que no enviara a los falangistas a Sabra y Chatila. Sharon respondió que el mismo gobierno de Tel Aviv (el de Rabin de 1976, del que formaba parte Peres) había establecido la relación con los falangistas y la mantuvo incluso después de la masacre de Tal al Zaatar:

Usted [Peres] habló de la imagen moral del gobierno. Después de Tal al Zaatar, señor Peres, usted no tiene el monopolio de la moral. Nosotros no le acusamos, usted nos ha acusado. El mismo principio moral que se planteó en el incidente de Tal al Zaatar sigue existiendo. Los falangistas asesinaron en Chatila y los falangistas asesinaron en Tal Zaatar. El vínculo es moral: ¿deberíamos pringarnos con los falangistas o no? Usted los apoyó y continuó haciéndolo después de Tal Zaatar. Sr. Rabin y Sr. Peres, no había oficiales de las FDI [Fuerzas de Defensa de Israel] en Chatila, de la misma manera que no estuvieron en Tal Zaatar.

Lo que no se dice es que Israel tenía una “oficina de enlace” en Tal al Zaatar, aunque sea cierto que no hubo oficiales de las FDI en el interior del campo.

“De gran estatura”

El estribillo repetido constantemente por el personal de inteligencia y militar israelí en 1982 fue que nadie esperaba que los falangistas se comportaran tan mal. Eran gente de gran nivel, gente de calidad, “hombres de una estatura personal mucho más alta que la común entre los árabes”, según las declaraciones hechas a la Comisión Kahan.

Estas son las palabras de Ariel Sharon:

Interrogué a los comandantes libaneses [todos los “comandantes” libaneses operaban bajo el mando directo israelí]. Les pregunté, ¿por qué lo han hecho? Me miraron a los ojos, como yo le miro a usted y sus ojos no se movieron. Dijeron: “Nosotros no hicimos eso, no fuimos nosotros”. No estoy hablando de vagos, estamos hablando de personas que son ingenieros y abogados, de toda la élite joven, de una intelectualidad, y me miraban a los ojos y decían: “nosotros no lo hicimos”.

De hecho, no sólo durante la larga guerra civil, sino a lo largo de su invasión del Líbano en 1982, Israel tuvo abundantes pruebas de la brutalidad de los falangistas, no sólo en la masacre de musulmanes capturados en los puestos de control o de drusos en las montañas, sino también en las declaraciones de los líderes falangistas. El 12 de septiembre, dos días antes de ser asesinado, Bachir Gemayel le dijo a Sharon que debían crearse las condiciones para que los palestinos abandonaran el Líbano.

En la misma reunión se descubrió que los israelíes tenían pruebas de que, “como consecuencia de las actividades de Elie Hobeika”, 1.200 personas habían “desaparecido”. Hobeika, un falangista de alto rango y extremadamente brutal, implicado en el intento de la CIA en 1985 de asesinar al líder espiritual chiíta, el jeque Mohamed Husein Fadlalá, fue asesinado en 2002 poco después de que anunciara que estaba dispuesto a testificar ante un tribunal belga sobre el papel de Sharon en las masacres de Sabra y Chatila. Su coche explotó y su cabeza cayó en el balcón de un apartamento cercano.

El 8 de julio, Gemayel habló de su deseo de derribar los campos palestinos del sur del Líbano. En una reunión posterior, Sharon le preguntó: “¿Qué harías con los campos de refugiados?”. Él contestó: “Estamos planeando un zoológico de verdad”.

Un coronel de las FDI dio pruebas a la Comisión Kahan de que era “posible deducir de los contactos con los líderes falangistas” cuáles eran sus intenciones. Si Sabra se convirtiera en un zoológico, el destino de Chatila sería un estacionamiento.

 

Ariel Sharon en una visita a las unidades del ejército israelí que invadieron el Líbano en 1982.

El coronel de las FDI habló de las masacres de aldeanos drusos perpetradas por Elie Hobeika y sus hombres. Un documento fechado el 23 de junio se refiere a que “unas 500 personas” detenidas por cristianos en Beirut han sido “aniquiladas”. Nahum Admoni, jefe del Mossad, que conocía bien a Gemayel y se había reunido con él con frecuencia en 1974 y 1975, dijo que “cuando hablaba de cambio demográfico, siempre lo hacía en términos de muerte y eliminación. Este era su estilo instintivo”. El “cambio demográfico” se refería a la preocupación de Gemayel por el tamaño de la población chiíta del Líbano y su elevada tasa de natalidad en comparación con los cristianos. Para resolver este problema, dijo Gemayel, “serán necesarios varios Deir Yasins”.

Al referirse a las brutales palabras de Gemayel, Admoni dijo que “al mismo tiempo era un hombre político y, como tal, tenía un proceso de pensamiento extremadamente cauteloso y evitaba participar en diversas actividades bélicas”. Las pruebas no confirman la última parte de esta afirmación, ya que Gemayel tenía un largo historial, incluso antes de 1982, de participación en “actividades bélicas” extremadamente brutales.

La violencia imperante durante la invasión israelí del Líbano se extendía desde los falangistas, en un extremo del espectro, hasta la violencia desmedida de Ariel Sharon, que incluía las masacres de civiles en Gaza y Cisjordania, en el otro extremo. Los dos extremos se encontraron en el centro en Sabra y Chatila y el resultado fue previsiblemente catastrófico.

“Totalmente servil”

Lo que hay que reafirmar es que la “limpieza” o “peinado” de Sabra y Chatila fue planeada, coordinada y comandada por el ejército israelí. No fue una operación falangista en la que Israel desempeñara un papel de supervisión poco estricto. Fue una operación israelí, en la que participaron las agencias de inteligencia y que fue aprobada por el gobierno israelí. Los falangistas fueron entrenados y armados por Israel y los comandantes de las FL estaban “totalmente subordinados” al comandante de la fuerza israelí enviada a los campos, la 96ª división. A los falangistas se les dijo cuándo entrar en los campos y cuándo salir. Los israelíes iluminaron los campos por la noche con bengalas para que los falangistas pudieran ver lo que estaban haciendo (o a quién estaban matando) y estaban dispuestos para proporcionar asistencia médica a los heridos e intervenir si se metían en problemas.

Toda suposición de que Menahem Beguin, el primer ministro israelí, no tenía idea de lo que estaba ocurriendo hasta una etapa posterior tiene que ser descartada. Como comentó Sharon en una reunión del gabinete el 12 de agosto, “decir que hablo con el Primer Ministro cinco veces al día sería quedarse corto”.

Israel había acordado en negociaciones con los estadounidenses no entrar en Beirut occidental. El asesinato de Bachir Gemayel el 14 de septiembre precipitó la invasión de Beirut al día siguiente, la toma de posiciones clave y el cerco de Sabra y Chatila, según un plan bien preparado. Los falangistas entraron en los campos la tarde del 16 de septiembre por órdenes israelíes, y no se retiraron hasta el 18 de septiembre, de nuevo por órdenes israelíes.

No había “terroristas” en los campos, por no hablar de los 2.500 que Sharon afirmaba que habían quedado atrás tras la retirada de la OLP de Beirut en agosto. Sólo había civiles, y no hubo resistencia armada por parte de ellos. Los falangistas hacían su trabajo en silencio, sobre todo con cuchillos, para que la siguiente víctima no se enterara de la suerte de la anterior hasta que fuera demasiado tarde (muchas de las personas muertas eran mujeres y niños, e incluso los animales del campo fueron masacrados).

La oficina de enlace falangista se estableció en la sede de la 96ª división israelí, donde las escuchas a escondidas arrojaron “pruebas importantes” no especificadas, según el anexo de la Comisión Kahan. Se mantuvo la interceptación electrónica profesional de la red de comunicaciones falangistas dentro de los campos, además de la interceptación “improvisada” de las conversaciones dentro del cuartel general de la 96ª división. Según el citado anexo, el oficial de enlace falangista informó a varios oficiales sobre unos “sucesos anormales” en los campos sólo unas pocas horas después de que los falangistas entraran en ellos.

Claramente, las declaraciones de los servicios de inteligencia y del personal militar según las cuales no sabían lo que estaba ocurriendo, o no lo supieron hasta que fue demasiado tarde, no pueden ser tomadas al pie de la letra. No hubo disparos desde los campos y no hubo resistencia como cabría esperar de unos “terroristas” armados. En este silencio mortal, sin disparos y sin la más mínima señal o sonido de combate armado, ¿pensaron realmente los israelíes que los falangistas sólo estaban matando a hombres armados? Además, Sharon había dejado claro que quería desmantelar todos los campos palestinos y dispersar a sus habitantes. Una figura cruel y brutal era perfectamente capaz de hacerlo. ¿Qué podría hacer que la población civil palestina huyera sino un Deir Yasin aún más monstruoso? Puede que haya muchas más pruebas al respecto, tanto textuales como gráficas, que no hayan llegado ni siquiera a estos documentos secretos.

 

Milicias cristianas maronitas del Líbano saludando al estilo fascista. El fundador de la Falange libanesa, Pierre Gemayel, era admirador de Hitler, pero eso no impidió que el ejército sionista se aliara con ellos en Sabra y Chatila para masacrar palestinos/as.

Sharon insultó y degradó libremente a los dos principales representantes de Estados Unidos en Beirut, el embajador Morris Draper, a quien acusó de insolencia cuando pidió a Israel que se retirara del oeste de Beirut, y al enviado especial del presidente Reagan, Philip Habib. “¿Fui claro?”, “No te quejes todo el tiempo” y “Estoy harto de esto” son ejemplos de su agresividad cuando estuvo en su presencia. Como ya dijo de los estadounidenses en otra ocasión, “los odio”.

Ciudades fantasmas

Este mentiroso impenitente afirmó que no había civiles en los campos. “Quiero que sepan que Burch Barachneh y sus alrededores, así como la zona de Chatila y otros lugares similares son ciudades fantasmas”, insistió, según los papeles secretos de la Comisión Kahan. En agosto, cuando el bombardeo aéreo y terrestre de Beirut se acercaba a su punto álgido, dijo al gabinete que “no estamos atacando la zona donde reside la población sunita libanesa”. El 18 de agosto volvió a mentir: “Hoy no hay nadie viviendo en los campos de refugiados. Sólo los terroristas permanecen en ellos. Ahí es donde mantienen sus posiciones, en los campos de refugiados. Allí es donde se encontraban sus posiciones, búnkeres y cuarteles generales; todos los civiles habían huido”. De hecho, los campos estaban repletos de civiles que no tenían adónde ir, mientras que en el oeste de Beirut, miles de musulmanes sunitas, cristianos y todos los que vivían allí estaban siendo asesinados en ataques aéreos.

Al mismo tiempo, Sharon tuvo el extraordinario descaro de presentarse como una especie de salvador de la población civil. Después de entrar en Beirut Oeste comentó que “en realidad, no buscamos los elogios de nadie, pero si los elogios fueran necesarios, entonces serían para nosotros, ya que salvamos a Beirut de la anarquía total”. El 21 de septiembre, pocos días después de las masacres de Sabra y Chatila, dijo al gabinete: “Evitamos un baño de sangre”. De hecho, la invasión había sido un baño de sangre desde el principio. A finales de año, unas 19.000 personas habían sido asesinadas, casi todas ellas civiles palestinos o libaneses.

Dos asuntos ocupan numerosas páginas en el anexo del informe Kahan. Uno es la velocidad con la que el ejército israelí se trasladó al oeste de Beirut tras el asesinato de Bachir Gemayel. La razón fue que el asesinato “amenazó con derribar toda la estructura política y socavar un plan militar elaborado a lo largo de los años y en preparación durante largos meses”. Después de haber prometido pleno apoyo, Gemayel finalmente se negó a enviar a los falangistas al oeste de Beirut y, una vez muerto, los israelíes temieron que su invasión fuera a fracasar en el momento crítico. Sin nadie que los detuviera, los imaginarios “terroristas” de Sharon serían libres para reconstruir su infraestructura.

“El valor supremo”

El otro asunto trata de las razones por las que Israel no envió sus propias tropas a los campos. Como se expresa en los documentos de la Comisión Kahan, “la naturaleza esperada de los combates en los campos no despertó mucho entusiasmo por el despliegue de las FDI”. Habría combates difíciles “que podrían resultar en un gran derramamiento de sangre en una zona densamente poblada, donde los terroristas que deben ser localizados se disfrazan de civiles en un ambiente hostil”. Tal acción implicaría un gran número de bajas y el ejército israelí no quería involucrarse “en un movimiento militar tan desagradable pero necesario”.

El despliegue de los falangistas, en cambio, causó un “gran alivio” a los militares: el “valor supremo” que gobernó la decisión fue el deseo de no causar bajas en las filas militares israelíes. Por lo tanto, los protegidos de Israel fueron enviados para hacer el trabajo sucio.

Después de ser elegido presidente, cuando se encontró en una situación delicada en el mes de agosto, Bachir Gemayel había demostrado que se daba cuenta de que tendría que actuar como tal, lo que significaba anteponer el consenso libanés a la alianza con Israel. Tendría que trabajar con los suníes y los chiíes y reparar las relaciones fracturadas con otras facciones maronitas. Tendría que tener en cuenta los intereses de los estados árabes. No podía ser simultáneamente presidente del Líbano y presidente de Israel. Como figura falangista de alto rango, Antun Fattal comentó a Morris Draper el 13 de diciembre de 1982: “Nuestra economía depende del mundo árabe y no podemos sacrificarla por un tratado de paz [como exige Israel]”.

El 14 de diciembre, el sucesor de Gemayel, y hermano menor, Amin, pidió a Israel que cesara toda relación con el Líbano, diciendo que tenía la intención de anunciar en la ONU que el Líbano estaba ocupado por Israel. Al igual que Bachir, sabía que tenía que respetar el consenso libanés. A finales de 1982, Israel había demostrado hasta la saciedad que simplemente no entendía al Líbano. Todo lo que sabía hacer era fuerza bruta. La invasión, ciertamente, logró cambiar la situación geopolítica estratégica, pero no para beneficio de Israel. Sí, la OLP se fue, pero sólo para que Hezbolá ocupara su lugar. En 2000, Hezbolá había expulsado a Israel del sur ocupado, en 2006 volvió a frenar a Israel y en 2018 tiene misiles que pueden causar daños sin precedentes a Israel si los sionistas vuelven a entrar en guerra. El país que Israel considera el eslabón más débil de la cadena árabe ha resultado ser uno de los más duros.

 


*Jeremy Salt ha enseñado en la Universidad de Melbourne, en la Universidad de Bósforo (Estambul) y en la Universidad de Bilkent (Ankara), especializándose en la historia moderna de Oriente Medio. Su libro más reciente es The Unmaking of the Middle East. A History of Western Disorder in Arab Lands (University of California Press, Berkeley, 2008.)
Traducción: Javier Villate (@bouleusis). Publicado en Diferencias.

 

Publicado en Armamento israelí, Israel, Limpieza étnica, Masacres israelíes, Refugiados/as | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Un cuarto de siglo perdido

A 25 años de los Acuerdos de Oslo

 

 

Cómo Oslo nos ha aislado de la lucha de liberación, por Abir Kopty

Los Acuerdos de Oslo, una excusa para llevar a cabo crímenes de guerra, por Diana Buttu

La intención de Israel en Oslo nunca contempló la paz ni un estado palestino, por Amira Hass

La era de Oslo finalmente ha terminado, pero a partir de aquí sólo se pone peor, por Michael Schaeffer Omer-Man  

Camp David creó Oslo y acabó con la lucha palestina, por Ahmed Abu Artema

De las ruinas de Oslo puede nacer un Estado democrático para todos sus ciudadanos y ciudadanas, por Awad Abdelfattah

El problema de Oslo es que sigue vigente, por Jamal Juma

La ayuda como instrumento de anulación de los palestinos: recuperemos el control, por Alaa Tartir

El engaño de los dos Estados, por Marcelo Svirsky

 

El precio de Oslo“, documental realizado por la cineasta Rawan Damen para Al Jazeera en 2013, al cumplirse 20 años de los Acuerdos. (En dos partes, en inglés).

 

Publicado en Acuerdos de Oslo, Apartheid, autodeterminación, Colonias Israelíes ilegales, Derecho Internacional, Normalización, Proceso de paz | Etiquetado , , , , , | 1 Comentario

Israel no tiene derecho a la autodefensa contra Gaza

Israel no tiene ningún derecho legal a utilizar la fuerza en Gaza, en ninguna circunstancia

 

Norman G. Finkelstein / Jamie Stern-Weiner

 

Lior Mizrahi / Getty Images

Desde que comenzaron las manifestaciones no-violentas en Gaza el 30 de marzo de 2018, la comunidad internacional ha condenado enérgicamente los ataques armados de Israel.

Una resolución de la Asamblea General de la ONU “deplora el uso de fuerza excesiva, desproporcionada e indiscriminada de las fuerzas israelíes contra civiles palestinos”, mientras que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU denunció “el uso desproporcionado e indiscriminado de la fuerza” por parte de Israel. Después de que francotiradores israelíes mataran a Razan al Nayar, una voluntaria palestina de enfermería, desarmada, de 21 años, el coordinador especial de la ONU para el proceso de paz en Oriente Medio advirtió a Israel que “necesita calibrar su uso de la fuerza”. En un informe devastador, el Observatorio de Derechos Humanos concluyó que “el uso reiterado de fuerza letal por parte de las fuerzas israelíes en la Franja de Gaza […] contra manifestantes que no representaban una amenaza inminente para la vida puede constituir un crimen de guerra”.

Aunque estas condenas son bienvenidas, la cuestión sigue siendo si van lo suficientemente lejos. En pocas palabras, ¿tiene Israel derecho a utilizar la fuerza bajo cualquier circunstancia contra la gente de Gaza?

El debate jurídico se ha centrado en un par de cuestiones interrelacionadas:

  • ¿recurrieron los francotiradores israelíes a una fuerza “excesiva” o “desproporcionada” contra los manifestantes (como alegan los críticos) o fue la fuerza que utilizaron algo necesario para impedir que los manifestantes rompieran la valla fronteriza (como alega Israel)?

  • ¿está regida la conducta de Israel hacia las protestas de Gaza por las normas de derechos humanos (como alegan los críticos) o por el derecho internacional humanitario (como alega Israel)? El derecho internacional humanitario se aplica en situaciones de conflicto armado, mientras que las normas de derechos humanos regulan la aplicación de la legislación nacional. La diferencia es importante, ya que las normas de derechos humanos imponen limitaciones más estrictas al uso de la fuerza.

Todas las partes en estas dos controversias parten de una premisa común: que Israel tiene derecho a utilizar la fuerza para impedir que los gazatíes rompan la valla fronteriza. La disputa se limita a la cantidad de fuerza. Los críticos que denuncian el uso de fuerza “desproporcionada” o “excesiva” legitiman tácitamente el uso de la fuerza “proporcionada” o “moderada” por parte de Israel, mientras que los que insisten en la aplicabilidad de las normas de derechos humanos reconocen que el recurso de Israel a la fuerza es legítimo si los manifestantes representan una “amenaza inminente” para la vida del francotirador.

Esta presunción es sostenida incluso entre los sectores más críticos del debate sobre Gaza. El grupo israelí de derechos humanos B’Tselem condenó como “ilegal” el recurso de Israel a la fuerza letal contra personas desarmadas que “se acercan a la valla, la dañan o intentan cruzarla”. Pero admitió que “obviamente, se permite a los militares impedir tales acciones e incluso detener a las personas que intentan llevarlas a cabo”. Un destacado miembro del Observatorio de Derechos Humanos argumentó que el uso de munición real por parte de Israel era “ilegal”. Pero sugirió que “medios no letales, tales como gases lacrimógenos, agua sucia y pelotas de goma” habrían pasado la prueba de la legalidad. El Comité Internacional de la Cruz Roja advirtió a Israel de que “la fuerza letal solo puede utilizarse como último recurso y cuando sea estrictamente inevitable para proteger la vida”. Incluso las principales organizaciones palestinas de derechos humanos caracterizaron el uso de la fuerza por parte de Israel como “excesivo”, “indiscriminado” y “desproporcionado”, en lugar de denunciarlo como abiertamente ilegal.

Pero lo cierto es que Israel no puede reclamar el derecho a usar cualquier clase de fuerza en Gaza, ya sea moderada o excesiva, proporcionada o desproporcionada, ya sea que los manifestantes estén armados o desarmados, representen una amenaza inminente para la vida o no. Si se niega esto es porque se ignoran las advertencias críticas del derecho internacional y se hace abstracción de la situación específica de Gaza.


Lo que dice el derecho internacional

Para justificar el uso de la fuerza en Gaza, Israel reivindica el derecho a impedir la intrusión de extranjeros en su territorio soberano. Un experto jurista israelí ha observado que esta supuesta preocupación por la santidad de la “frontera” de Gaza es oportunamente selectiva: Israel invade Gaza a voluntad; solo cuando los palestinos intentan cruzar en la otra dirección, la valla se convierte en sacrosanta. Dejando de lado esta hipocresía, el supuesto derecho de Israel a la autodefensa carece de base legal. Por el contrario, el recurso de Israel a la fuerza contraviene el derecho internacional.

El pueblo palestino de Cisjordania, incluyendo Jerusalén Este, y Gaza está luchando por lograr su “derecho a la autodeterminación”, validado internacionalmente (por la Corte Internacional de Justicia). Como señala el eminente jurista James Crawford, el derecho internacional prohíbe el uso de la fuerza militar “por una potencia administradora para reprimir la insurrección popular generalizada en una unidad de autodeterminación”, mientras que “el uso de la fuerza por una entidad no estatal en pos del ejercicio del derecho a la autodeterminación es jurídicamente neutro, es decir, no está regulado en absoluto por el derecho internacional”.

Los manifestantes de Gaza han optado por utilizar la no-violencia en la búsqueda de sus derechos internacionalmente reconocidos, una táctica que, por supuesto, el derecho internacional tampoco prohíbe. Pero esa decisión prudencial no es un requisito legal. Incluso si los habitantes de Gaza optaran por utilizar armas contra los francotiradores israelíes que obstruyen su derecho a la libre determinación, el recurso de Israel a la fuerza militar seguiría estando legalmente prohibido.

La asignación de derechos y obligaciones en el discurso occidental corriente — que otorga, efectivamente, a Israel el derecho a utilizar la fuerza violenta en legítima defensa contra los habitantes de Gaza, mientras que obliga al pueblo de Gaza a librar sin violencia su lucha por la autodeterminación — ignora el derecho internacional.

Cabe objetar que, en la medida en que Israel es un ocupante beligerante en Gaza, tiene derecho, en virtud del Cuarto Convenio de Ginebra de 1949, a utilizar la fuerza para mantener el orden público. Esta objeción se basa en tres consideraciones.

Primera, el Cuarto Convenio de Ginebra obliga a un ocupante beligerante a mantener y garantizar el bienestar de la población ocupada. De hecho, la “protección de las personas civiles en tiempo de guerra” es la razón de ser de la convención. Sin embargo, Israel ha sometido a la población civil de Gaza a un prolongado asedio que equivale a un “castigo colectivo” ilegal, según el Comité Internacional de la Cruz Roja, y que ha hecho que Gaza sea físicamente “inhabitable”, según la ONU. El Cuarto Convenio de Ginebra no apoya el derecho de Israel a preservar el orden en Gaza, ya que viola flagrantemente su obligación complementaria de proteger el bienestar de la población civil del enclave. De hecho, el desorden que Israel dice tener que suprimir ha sido provocado directamente por el criminal bloqueo que ha impuesto en el territorio.

Segunda, aun cuando Israel fuera considerado como un ocupante beligerante en Gaza, el derecho de un pueblo a la libre determinación es una norma imperativa (ius cogens) del derecho internacional que no admite derogación. Si, como en este caso, la ley de la ocupación beligerante se superpone al derecho de autodeterminación, entonces el derecho de Gaza a la autodeterminación prevalece sobre el derecho de Israel a mantener el orden. Y si, como en este caso, la lucha por la libre determinación se libra de manera no-violenta, entonces el supuesto derecho de Israel a utilizar la fuerza armada para mantener el orden está manifiestamente infundado.

Tercera, la ocupación de Gaza por parte de Israel es ilegal y, por consiguiente, ha perdido sus derechos como ocupante beligerante. La Corte Internacional de Justicia dictaminó en 1971 que desde el momento en que Sudáfrica se negó a celebrar negociaciones de buena fe para poner fin a su ocupación de Namibia, esa ocupación se convirtió en ilegal. El hecho de que Israel se haya negado durante más de medio siglo a celebrar negociaciones de buena fe, sobre la base del derecho internacional, para retirarse de Cisjordania, incluyendo Jerusalén Este, y Gaza, ha deslegitimado su ocupación.

Hay también otra dimensión legal esencial que ha sido ignorada. Es un principio fundamental del derecho internacional que ningún estado puede recurrir a medidas enérgicas a menos que se hayan agotado todos los “medios pacíficos” (Carta de las Naciones Unidas, artículo 2). Este principio es tan sagrado para el estado de derecho como el análogo juramento hipocrático primum non nocere (primero, no hacer daño) lo es para la medicina. Lo que ha motivado las protestas palestinas ante la valla fronteriza de Gaza es el bloqueo ilegal de Israel, y su objetivo es ponerle fin. Incluso el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu lo reconoció: “Se están asfixiando económicamente y por eso decidieron estrellarse contra la valla”.

Si Israel quiere proteger su frontera, no necesita recurrir a la violencia letal ni no letal. Solo tiene que levantar el bloqueo. El equipo A del presidente Donald Trump para la diplomacia en Oriente Medio (formado por su yerno Jared Kushner, el ex abogado de quiebras David Friedman, el ex asesor jurídico de la Organización Trump Jason Greenblatt y la exgobernadora de Carolina del Sur Nikki Haley) alega, por el contrario, que es HAMAS quien “mantiene cautivos a los palestinos de Gaza” y quien es “el principal responsable […] del mantenimiento del sufrimiento del pueblo de Gaza”. Pero si ellos se tiran por el precipicio, los demás no tenemos por qué seguirles. “Israel, como potencia ocupante — señaló con autoridad la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU — , debe levantar el bloqueo, que contraviene […] el Cuarto Convenio de Ginebra, donde se prohíben los castigos colectivos, e impide la realización de una amplia gama de derechos humanos”.

HAMAS ha ofrecido sistemáticamente a Israel una tregua a largo plazo (hudna) a cambio de poner fin al bloqueo, y la ha reiterado en todas las últimas manifestaciones. El 7 de mayo, una semana antes de que Israel matara a tiros a más de sesenta manifestantes en Gaza, HAARETZ informó que “los líderes de HAMAS” habían “transmitido a Israel mensajes que indicaban su voluntad de negociar un alto el fuego a largo plazo” a cambio, entre otras cosas, de “aliviar el bloqueo”. Unos días más tarde, un veterano periodista militar israelí reveló que “HAMAS sigue enviando mensajes al sistema de defensa en el sentido de que está interesado en una hudna”. Y añadió que “HAMAS transmitió a Israel el año pasado diferentes versiones de una hudna restringida y más amplia, incluyendo no solo a Gaza sino también a Cisjordania”.

El ejército israelí se tomó en serio estas ofertas de alto el fuego: “según los servicios de inteligencia, HAMAS está dispuesto a llegar a un acuerdo”. De hecho, un alto oficial del ejército afirmó que “ahora es el momento de llegar a un acuerdo con HAMAS” y, así, “evitar nuevas rondas de combates”. Pero el gobierno de Israel no estaba interesado en ello: las “demandas y condiciones de HAMAS nunca han sido discutidas, ya que Israel se niega a hablar con HAMAS”. El rechazo de Israel a dar este paso preliminar y pacífico representa una doble violación del derecho internacional: la imposición de un bloqueo ilegal y el recurso ilegal a la fuerza armada cuando no se han agotado los medios pacíficos.

¿Un derecho a envenenar a niños?

Es un principio del derecho que no se pueden derivar derechos de actos ilegales (ex injuria non oritur ius) y es obvio que el derecho a la legítima defensa no existe en todas las situaciones. Un violador no puede reclamar el derecho a la defensa propia si la víctima le golpea. El dueño de un teatro no tiene derecho a la autodefensa si los clientes le atacan después de que él haya prendido fuego al edificio e impedido su huida. La conducta de Israel con respecto a Gaza pertenece a esta categoría de actos que anulan el derecho a la legítima defensa. Si no fuera así, equivaldría a un derecho a utilizar la fuerza militar para mantener una ocupación ilegal agravada por un bloqueo ilegal.

Se dice a menudo que Israel tiene derecho a usar la fuerza para impedir que los habitantes de Gaza traspasen su “valla fronteriza”. Esto se debe a que las disquisiciones aprendidas sobre los tecnicismos de la ley han oscurecido los intereses humanos en juego.

¿Qué es Gaza?

La estrecha franja costera es una de las zonas más densamente pobladas del planeta. Más del 70 por ciento de sus dos millones de residentes son refugiados, mientras que más de la mitad son niños menores de 18 años. Durante más de una década, Israel ha impuesto un bloqueo devastador a este trozo de tierra. El 50 por ciento de la población activa de Gaza está desempleada. El 80 por ciento depende de la ayuda alimentaria internacional. El 96 por ciento del agua del grifo está contaminada.

A comienzos de julio, Israel endureció aún más sus restricciones de los productos cuya importación a Gaza es permitida y prohibió totalmente las exportaciones. Posteriormente, bloqueó la entrada de combustible, causando una emergencia humanitaria, ya que los hospitales, desbordados [por los heridos en la frontera], tuvieron que cerrar. Según la organización israelí de derechos humanos Gisha, esta “amplia medida de castigo colectivo” constituye un retorno a “los periodos más duros del bloqueo” y equivale a una “guerra económica abierta contra la población civil de Gaza”. A esto le siguieron, a mediados de julio, ataques aéreos israelíes contra docenas de objetivos en Gaza.

 

Israel justificó el endurecimiento del bloqueo y los ataques aéreos como respuesta a las cometas inflamables que los manifestantes de Gaza lanzaron a través de la valla perimetral. Pero estas llamadas “cometas del terror” han causada una destrucción estimada en dos millones de dólares y, según fuentes militares israelíes, “no representan una amenaza inmediata o grave”. Como informó un corresponsal militar israelí, “el daño psicológico que causan los incendios a lo largo de la frontera es peor que cualquier daño real”. Por otro lado, un oficial israelí de alto rango dijo: “Todos los lloriqueos por las cometas me vuelven loco”. Y añadió: “Es todo lo contrario de lo que se oye decir a la mayoría de la gente que vive aquí […] La gente dice: nos gusta estar aquí, queremos vivir aquí, a pesar de los incendios”.

“No somos terroristas”, dijo un lanzador de cometas. “Somos una generación sin esperanza ni horizonte, que vive bajo un bloqueo asfixiante, y ese es el mensaje que estamos tratando de enviar al mundo. En Israel lloran por los campos y bosques que se quemaron. ¿Qué hay de nosotros, que morimos todos los días?”. La mayoría de los lanzadores de cometas prometen “continuar hasta que se elimine el bloqueo”.

A finales de julio se restableció parcialmente el status quo anterior, ya que Israel permitió que entrara en Gaza una pequeña cantidad de mercancías, mientras HAMAS controlaba las cometas. Pero hay una gran probabilidad de que una repetición de los acontecimientos recientes (protestas no violentas en Gaza → violentas provocaciones israelíes → represalias de HAMAS → endurecimiento del bloqueo) culmine en otra importante agresión israelí que, en palabras del ministro de defensa israelí Avigdor Lieberman, será “más dolorosa que la Operación Margen Protector”.

Cuando se produzca la nueva conflagración e Israel proclame que simplemente está defendiendo su frontera, la respuesta retóricamente correcta es que la valla que separa Gaza de Israel no es una “frontera”, de la misma forma que Gaza no es un estado. El distinguido profesor de la Universidad Hebrea Baruj Kimmerling calificó a Gaza como “campo de concentración”, mientras que el primer ministro del Reino Unido, David Cameron, la calificó de “prisión al aire libre”. El consejo editorial de HAARETZ lo llamó “gueto”, THE ECONOMIST dijo que es un “montón de basura humana”, el Comité Internacional de la Cruz Roja se refirió a ese territorio como un “barco que se hunde”. Gaza es lo que el jefe de derechos humanos de la ONU llamó un “tugurio tóxico”, en el que toda una población civil está “enjaulada desde el nacimiento hasta la muerte”.

¿Tiene Israel derecho a utilizar la fuerza para encerrar al millón de niños y niñas de Gaza en un “gueto” o “tugurio tóxico”? ¿No tiene el pueblo de Gaza el derecho a liberarse de un “campo de concentración”?

¿Acaso discute alguien ahora si la Alemania nazi utilizó o no fuerza “excesiva” o “desproporcionada” para reprimir el levantamiento del gueto de Varsovia? ¿Quién se pregunta ahora si la Alemania nazi tenía “derecho a la autodefensa” contra la Organización Judía de Combate, que resistió con las armas en la mano? ¿Son siquiera concebibles estas preguntas?

Podría decirse que Gaza no es el gueto de Varsovia. Pero como reflexionó un periodista israelí que sirvió en Gaza durante la primera intifada, “el problema no está en la similitud […] sino en que no hay suficiente falta de similitud”. La Organización Mundial de la Salud ha afirmado que “más de un millón de personas en la Franja de Gaza corren el riesgo de contraer enfermedades transmitidas por el agua”, mientras que un experto israelí ha predicho que Gaza pronto será invadida por epidemias de tifus y cólera como las que diezmaron a los judíos en el gueto de Varsovia.

El objetivo principal del derecho internacional humanitario es proteger a los civiles de los estragos de la guerra. El objetivo principal de las leyes internacionales de derechos humanos es proteger la dignidad de las personas. Entonces, ¿cómo se puede utilizar cualquiera de estos cuerpos de ley para justificar el uso de la fuerza — cualquier fuerza — , que está diseñada para atrapar a los civiles en un infierno en el que están siendo degradados, atormentados y asesinados?

Si por coherencia argumental se concediera a Israel el derecho legal a usar la fuerza para impedir que el pueblo de Gaza escape de su “prisión”, esto simplemente pondría de manifiesto la profunda insuficiencia de la ley.

En su voto particular en desacuerdo con la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de 1996 sobre la legalidad de la amenaza o del uso de armas nucleares, el juez Christopher Weeramantry señaló lo irónico que resulta que, mientras que la ley condena el uso de balas dum-dum, la CIJ no condene el uso de armas nucleares. “Parecería extraño — escribió — que la expansión dentro del cuerpo de un solo soldado de una sola bala sea una crueldad excesiva que el derecho internacional no ha podido tolerar desde 1899, y que la incineración en un segundo de cien mil civiles no lo sea”. El juez Weeramantry escribió:

Cada rama del conocimiento se beneficia de un proceso de retroceso ocasional y de escrutinio objetivo de anomalías y absurdos. Si una anomalía flagrante o absurda se hace evidente y permanece incuestionada, esa disciplina corre el riesgo de ser vista como un fracaso en medio de sus propios tecnicismos.

La idea de que Israel tiene derecho a encerrar por la fuerza a un millón de niños y niñas en un espacio inhabitable es absurda. Y los abogados que debaten si Israel utilizó o no una fuerza “excesiva” para impedir que los habitantes de Gaza escaparan de su gueto se encuentran presos de tecnicismos.

“Seres humanos inocentes, la mayoría jóvenes — observó Sara Roy, del Centro de Estudios de Oriente Medio de la Universidad de Harvard — , están siendo envenenados lentamente por el agua que beben y, probablemente, por el suelo en el que plantan”.

La única pregunta moralmente sensata que presenta la situación en Gaza es: ¿tiene Israel derecho, en nombre de la “autodefensa”, a envenenar a un millón de niños?

Es muy triste que esta simple pregunta no solo se haya eludido, sino que ni siquiera sea visible en el debate actual.

 


Norman G. Finkelstein es autor de muchos libros sobre el conflicto entre Israel y Palestina. El más reciente es Gaza: An Inquest Into its MartyrdomJamie Stern-Weiner es editor de Moment of Truth: Tackling Israel-Palestine’s Toughest Questions.
Publicado en Jacobin el 27/7/2018. Traducido y publicado por Javier Villate en Diferencias (@bouleusis).

 

Publicado en Armamento israelí, autodeterminación, Derecho Internacional, Gaza, Hamas, Israel, Niños y niñas palestinas, Represión/protestas noviolentas, Resoluciones de la ONU | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario