La mujer que rescata sonrisas en el checkpoint

El checkpoint de Qalandiya, entrada norte a Jerusalén.

El checkpoint de Qalandiya, entrada norte a Jerusalén.


María Landi

 

(Publicado en el semanario  Brecha el 27/3/15)

No fue difícil reconocerla en medio de la multitud de palestinas brutalmente reprimidas en la víspera del Día Internacional de las Mujeres: es alta, delgadísima, rubia y bien entrada en años (“Gracias por no preguntarme la edad”, me dice). Como todas las israelíes de su generación, habla inglés con un marcado acento hebreo (pronuncia la ‘r’ como ‘g’). En la calle todos la conocen: la saludan, le sonríen, le preguntan o le cuentan cosas. La llaman Tamara, y a ella parece gustarle la versión árabe de su nombre.

Desde hace 12 años, ella viaja desde su hogar cerca de Tel Aviv para estar cada domingo (el equivalente a nuestro lunes) en uno de los lugares más horribles y sórdidos del territorio ocupado: el enorme checkpoint de Qalandiya, la entrada norte a Jerusalén. Por allí pasan cada mañana, después de hacer colas inhumanas durante varias horas desde la madrugada, varios miles de palestinos –la gran mayoría obreros, pero también estudiantes, mujeres y personas enfermas- que constituyen la minoría ‘privilegiada’ con permiso para entrar en Jerusalén a trabajar, estudiar o ir al hospital. Allí es donde también confluyen las manifestaciones que terminan siempre con gran violencia represiva. En Ramadán ella va todos los viernes, y también en fechas especiales, cuando hay manifestaciones: 1º de enero (día de Fatah), 8 de marzo, 15 de mayo (al-Nakba), 5 de junio (al-Naksa).

"¡Tengo una foto con Marwan Barghouti!", me dijo orgullosa. La foto fue tomada por ella misma frente a un espejo que reflejaba la imagen del preso palestino más famoso pintada en el Muro contiguo al checkpoint de Qalandiya.

“¡Tengo una foto con Marwan Barghouti!”, me dijo orgullosa. La foto fue tomada por ella misma frente a un espejo que reflejaba la imagen del preso palestino más famoso, pintada en el Muro contiguo al checkpoint de Qalandiya.


“No quiero ser la hoja de parra de la ocupación”

Tamar Fleishman es judía israelí, de origen azkenazí; sus padres emigraron muy jóvenes desde una región que era Polonia y hoy es Ucrania. “Yo llevo el nombre de mi abuela, que fue asesinada en el Holocausto, y eso es algo muy significativo para mí: no quiero que mi pueblo haga lo mismo que nos hicieron a nosotros”.

Dice que el cambio fue un proceso que se dio a lo largo del tiempo: “Yo era la típica niña y joven israelí sionista”. Ya casada y con tres hijos, el trabajo de su esposo la llevó a vivir en otros países. Y fue la primera vez en su vida que conoció personas que no eran judías. “La sociedad israelí en esa época era totalmente homogénea y cerrada. Yo crecí cerca de Haifa, donde hay mucha población árabe. Pero nunca les vi. Los israelíes no ven al otro. Nunca tuve una amiga que no fuera como yo. En Bangkok empecé por primera vez a hacer amistad con personas no judías y a mirarlas como seres humanos, no por su raza o su color de piel”.

Cuando volvió a Israel sintió que tenía que cambiar algo en su vida. “Y entonces Rabin fue asesinado; y la derecha se hizo muy fuerte. Sentí que tenía que actuar…” La primera organización con la que se vinculó fue Courage to refuse (objetores que se negaban a hacer el servicio militar en los territorios ocupados); y luego pasó a Machsom Watch, un grupo de mujeres que desde hace años monitorean los abusos y arbitrariedades en los checkpoints y tratan de intervenir para aliviar la situación de la población palestina.

Tamar empezó yendo al checkpoint como integrante de Machsom Watch, y los horrores que conoció en estos 12 años le hacen afirmar: “He cambiado muchísimo desde aquella primera vez que vine a Qalandiya”. Al principio trataba de ‘ayudar’ a los palestinos haciendo llamadas a las autoridades; ahora ya no lo hace “porque no quiero suavizar el rostro de la ocupación, no quiero que el checkpoint sea más ‘humano’. La ocupación es inhumana, el checkpoint es inhumano; y yo no quiero lavarle la cara: quiero que todo el mundo lo vea como es. Es mucho más fácil ayudar, porque te sientes bien; es un sentimiento muy reconfortante, y la gente te lo agradece mucho…”

Ver aquí una serie de fotos del checkpoint tomadas por Tamar (click en la imagen para ver la galería en tamaño grande):


Rompiendo estereotipos

Alrededor del checkpoint –obviamente del lado palestino- se mueve un universo de vendedores callejeros que ofrecen desde café y falafel hasta aspirinas, ropa, fruta, almohadas o lo que se pueda vender. La gran mayoría son niños y jóvenes pobres del vecino campo de refugiados que da el nombre al checkpoint.

Como parte de su tarea, Tamar toma fotos de lo que ocurre, lo cual le ha traído muchos problemas con los soldados. Pero desde hace un tiempo empezó a tomar fotos de los niños y jóvenes que venden en los alrededores del checkpoint. Al principio se encontró con mucha hostilidad y resistencia. Pero poco a poco, como ella misma dice con orgullo, se fue ganando las sonrisas que ahora retrata.

Parte del secreto es que todos la ven ya como una amiga; y también que tuvo la buena idea de imprimir y regalarles las fotos que les toma. “¡Eso les encanta! Porque es lo único que tienen, lo único verdaderamente suyo: todo el dinero que ganan tienen que entregárselo a su padre, y al final del día no tienen nada para ellos; las fotos se vuelven así el único tesoro que pueden conservar”. Y agrega: “Todos tenemos álbumes de fotos de nuestra infancia, de nuestra vida… pero ellos no tienen nada; ¡no tienen infancia!” Y no sólo los niños: ahora también los adultos se lo piden. Y cuando me muestra las fotos, los va nombrando a cada uno.

Algunos de los vendedores amigos de Tamar.

Algunos de los vendedores amigos de Tamar.

Empezó a hacerlo después de una de las veces que fue al tribunal militar de Ofer: “Yo siempre pensaba: por favor, que no sea ninguno de los que conozco…; pero ese día ví llegar engrillado y esposado a uno de los niños de Qalandiya. No había ningún familiar suyo en la sala (viene de una familia muy, muy pobre del campo de refugiados). Yo lo miré fijo, pero él no me veía. Y yo seguí mirándolo intensamente, hasta que él levantó la cabeza y me vio: y entonces empezamos a conectarnos, y estuvimos así durante toda la audiencia. Lo que ese chico había hecho era simplemente sacudir una tela metálica del checkpoint, y por eso lo acusaron de “tratar de dañar una instalación militar”. Entonces pensé: a él lo arrestaron, pero podrían haberlo matado. Tamar, tienes que empezar a tomar fotos de los chicos de Qalandiya.” En efecto, más adelante un joven le pidió que tomara una foto de él y de su amigo, y dos meses después el amigo fue asesinado por el ejército en el campo de refugiados. Y la foto de Tamar fue la última que la familia tuvo de él. “Se llamaba Ali Jalifa”, dice.

Las fotos de Tamar están tomadas con una cámara sencilla (“para poder esconderla en el bolsillo”); no son profesionales ni de una gran calidad. Pero ella logra captar el alma de cada niño o joven en la sonrisa que le regalan. Esas sonrisas suelen iluminar unos bellos ojos oscuros y expresivos, llenos de vida en un lugar que sólo inspira pesadumbre y desaliento. Ella dice que esas sonrisas rompen los estereotipos, sobre todo en Israel: “La sonrisa no es el símbolo de Palestina. Y entonces de pronto la gente ve esos rostros sonrientes… y algo los hace sentir incómodos… Y funciona, de alguna manera funciona. Los niños son niños; están allí, y no van a desaparecer: ¡míralos!” Le pregunto si siempre sonríen para su cámara: “¡Oh sí… oh sí!”, dice con orgullo, sonriendo ella también.

A menudo va al campo de refugiados de Qalandiya, donde conoce a muchas familias; pero no entra en las casas, porque siente que no es una relación justa: la gente le ofrece generosamente comida y bebida, pero ella no puede invitarles a su casa. Entonces cuando insisten, les dice: “¡Cuando la ocupación se termine, voy a venir a todas las casas!”.

Ver aquí una colección de las sonrisas retratadas por Tamar:



Contar las historias

Además de sacar fotos, Tamar siente que su deber es contar -desde su punto de vista como mujer judía israelí- las historias de las que es testigo. No le importa si la sociedad israelí o el mundo no quieren conocerlas: están ahí, escritas, y las fotos las documentan; es importante como registro para la historia, dice. “No soy ingenua: yo escribo en hebreo, pero la mayoría de la sociedad israelí no quiere ver, no quiere oír, elige no saber, no quieren hacerse responsables. Nunca logré traer a mis amigas para que por lo menos vieran lo que es Qalandiya”.

Las historias de Tamar hablan de ambulancias demoradas durante seis o siete horas con pacientes graves, de pacíficos vendedores de café arrestados durante una manifestación y juzgados por “arrojar bombas molotov”, de niños detenidos por andar por la calle en una moto de juguete, de soldados adolescentes aburridos, portando armas automáticas y entrenados para odiar y humillar a todos los árabes, de una niña enferma con su madre a las que no se les permite pasar el checkpoint porque no tienen el original del permiso para vivir en su ciudad, de un bebé prematuro en riesgo de vida que es sacado de la incubadora para ser revisado en el checkpoint antes de pasarlo a otra ambulancia (las ambulancias palestinas no pueden entrar en Jerusalén y por eso en el checkpoint los enfermos deben ser transferidos a una ambulancia israelí, sea cual sea su estado), de un niño grave a cuyo padre no se le permite ir con él al hospital, de un hombre que acaba de ser operado del corazón y colapsa después de esperar un día entero sin poder pasar, de las multitudes de hombres y mujeres que cada viernes de Ramadán soportan horas de espera, humillaciones y gritos de los soldados, bajo el calor y en ayunas, para intentar ir a rezar en Al Aqsa, sabiendo que probablemente no lo lograrán…

Y transmiten, también, su culpa y su impotencia ante la monstruosa maquinaria cuyo único objetivo es destruir el espíritu y la vida cotidiana del pueblo palestino. Y así como las fotos buscan ponerles rostros concretos a esa masa abstracta llamada “los palestinos”, las historias les ponen nombre, porque Tamar quiere que los lectores sepan cómo se llama el protagonista de cada una: “Tiene un nombre, no es simplemente ‘un palestino’: se llama Jaled, o Hisham…”. A través de esas historias concretas, ella consigue eficazmente mostrar el rostro despiadado y brutal de la ocupación, así como la tenaz voluntad de vivir y resistir que hace invencible a ese pueblo.

Galería de imágenes de ambulancias registradas por Tamar en Qalandiya:


El corazón en Gaza

Tamar reconoce que sí interviene en el checkpoint en dos tipos de casos: cuando se trata de un asunto de vida o muerte, o cuando son personas de Gaza. “Gaza para mí es un asunto muy sensible; es la mayor cárcel del mundo. Los israelíes dicen que se retiraron de Gaza, pero es mentira: controlamos todo, cada nacimiento y cada muerte en Gaza; hasta el número de documento de identidad que recibe cada recién nacido, todo está bajo control de Israel”.

Además en Gaza vive su gran amigo Adnan. Cuando habla de él, sus ojos brillan y sonríe enigmáticamente. Al preguntarle cómo es esa relación, responde de inmediato: “Es mi alma gemela. No sé cómo describirlo… Me hace reír, me calma cuando estoy desesperada o furiosa… Él está en la cárcel que es Gaza y es el que me consuela a mí, que soy la privilegiada”. Lo conoció en Qalandiya hace años. Él había ido a Ramala por unos estudios médicos, y para volver a Gaza hay que pasar por el checkpoint; pero no lo dejaban, por alguna arbitrariedad burocrática. “Era el último día del año, con un clima horroroso: una neblina densa y un frío mortal. Empecé a hacer llamadas a los contactos que tenía, pero nada funcionó; tuvieron que volverse a Ramala” (eso ocurre con mucha frecuencia, me dice). Al día siguiente hizo otra llamada a una persona muy poderosa, y a los 15 minutos el permiso estaba listo. “Desde entonces estamos en contacto frecuente y cercano. Cuando hay un ataque a Gaza, llamo varias veces al día para saber cómo están él y su familia… Es muy duro…” dice, y guarda silencio.

Galería de imágenes  de represión registradas por Tamar en Qalandiya:


“Algunos elegirán cambiar y otros serán forzados a hacerlo”

Le pregunto a Tamar si su proceso personal ha afectado las relaciones con su propia gente. “Corté un montón de relaciones. Mi marido y mis hijos comprenden y están orgullosos de mí; mi hija es mi traductora al inglés. También mi marido cambió muchísimo… y no es fácil para los hombres, porque están más aferrados a los esquemas machistas”.

Tamar cree que la sociedad israelí puede cambiar, así como cambió en el pasado; y si cambió para peor, se puede revertir. “Los israelíes tendrán que ser forzados a cambiar, a aceptar convivir con los palestinos; pero con el tiempo se acostumbrarán. Va a llevar mucho tiempo, generaciones seguramente”, como pasó en todos los lugares donde hubo conflicto: Sudáfrica, Irlanda, Alemania (actual destino preferido de los emigrantes israelíes).

Los muros de Qalandiya hablan

En el muro de Qalandiya: “Basta de matar a mis hijos, esposos, padres“.

Pero se niega a especular sobre el porvenir: “No tengo una visión del futuro, porque para mí eso es un desperdicio de energía; mi energía debo emplearla en lo que hago. Yo no soy política. Lo único que quiero es que las cosas sean un poco menos malas, que la gente no sufra tanto, que esta ocupación se termine; quiero que la gente pueda vivir una vida normal, moverse libremente, mantener a su familia, vivir con decencia y justicia. Y no quiero que controlemos a otro pueblo. Yo no puedo decir qué es mejor, no sé cuál será la solución final, y no importa cuál es mi idea. Creo que hay que trabajar en todos los frentes posibles, y así ir sumando gota tras gota hasta llenar el océano”.

De algo está segura: el cambio se va a dar después de que los israelíes tengan que pagar un precio más alto que hasta ahora. “No hemos pagado con sangre ni con dinero, y en cambio lucramos con este sistema. Todos, todos lucramos con la ocupación. Tal vez el cambio vendrá con la próxima intifada. Junto con la presión exterior”.

Por eso también colabora editando testimonios de Breaking the Silence (la organización de ex soldados(as) israelíes) y con el proyecto “Who profits?”, de la Coalition of Women for Peace, de la que es integrante. Esto significa que apoya el BDS (movimiento global de boicot y sanciones a Israel), pero no quiere abundar en los motivos: “Simplemente porque es la estrategia correcta -dice-: si funcionó en Sudáfrica, tiene que funcionar en Palestina”.

Tamar con uno de sus amiguitos (foto sin crédito).

Tamar en Qalandiya con uno de sus amiguitos vendedores (Foto: Nurit Yarden).


NOTAS
– Todas las fotos (salvo la última) pertenecen a Tamar Fleishman.
– Las historias de Tamar se pueden leer en inglés en The Palestine Chronicle.
– Sus fotos están publicadas en su página de Facebook.
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En la ciudad de la furia

Nora Sub Laban mirando la Cúpula de la Roca desde la ventana de su hogar amenazado, en la Ciudad Vieja de Jerusalén.

Nora Sub Laban mirando la Cúpula de la Roca desde la ventana de la casa donde nació y de donde los colonos y el Estado de Israel quieren expulsarla, en la Ciudad Vieja de Jerusalén.


La limpieza étnica avanza en Jerusalén Este,
ante la indiferencia internacional
 

El miércoles 18 de marzo no fue un día fácil en Jerusalén (Al Quds); pero tampoco fue inusual para una población que todos los días debe luchar para sobrevivir y permanecer en su ciudad, sometida a un proceso de judaización violento y excluyente. 

Llegué a Al Quds al día siguiente de enterarme de que a un buen amigo de Belén, casado con una palestina de Jerusalén  -donde vive con ella y sus cinco hijos e hijas-, las autoridades israelíes le retiraron el permiso para vivir y entrar en la ciudad. Ahora sólo pueden verse los fines de semana, cuando su familia viene a reunirse con él en Belén. Si su esposa se mudara con él a Belén (a sólo 10 kilómetros de distancia), perdería para siempre el derecho a vivir –y a entrar- en la ciudad en la que nació y donde vive toda su familia. 

Activistas y vecinos se solidarizan con la familia visitándoles en su casa amenazada.

Activistas, periodistas y vecinas se solidarizan con la familia Sub Laban, visitándoles en su casa amenazada.

Mi visita a la ciudad respondía al llamado público de la familia Sub Laban pidiendo la presencia de acompañantes internacionales ante la amenaza de desalojo inminente de la casa donde han vivido por tres generaciones, en el corazón del barrio musulmán de la Ciudad Vieja, a dos cuadras de la Explanada de las Mezquitas. Dos días antes, colonos judíos respaldados por policías habían intentado irrumpir en la vivienda para apropiarse de ella; la rápida reacción de familiares, vecinos y activistas, sumada a la presentación de un recurso judicial, lograron evitar este segundo intento de expulsión (ya hubo otro en febrero). 

Conversando con Rafat, Ahmad, Heba y su madre Nora -mientras compartíamos té y una generosa comida- fui conociendo los detalles de una historia que se parece demasiado a tantos otros relatos de despojo sufrido por familias palestinas: tierras, viviendas, bienes, identidad, historia, cultura y espiritualidad son igualmente objeto del proyecto sionista de colonización, en el cual no hay lugar para la población nativa árabe. 

Nora con su hija e hijos leyendo las noticias sobre su caso

Nora con su hija e hijos leyendo las noticias sobre su caso (María Landi).

Antes de 1967, la familia pagaba una renta anual por la vivienda a las autoridades jordanas (que regían en Cisjordania y Jerusalén Este después de la guerra de 1948). Después de que Israel ocupara y anexara Jerusalén Este, la vivienda pasó a manos del Estado judío, con el que la familia negoció un acuerdo y siguió pagando en calidad de inquilino protegido. En 1980 la familia fue obligada por la municipalidad a realizar trabajos de reparación en la casa, así que tuvo que dejarla temporalmente;  cuando intentó regresar, los colonos –que la habían ocupado- se lo impidieron, alegando que ya no vivía allí; después de una batalla legal de 15 años, la familia Sub Laban logró finalmente regresar en 2000. 

Pero en 2010 el Estado entregó la propiedad a la organización de colonos Ateret Cohanim, una de las tantas creadas con la finalidad de expulsar a la población palestina de Jerusalén y poblarla exclusivamente con judíos. Desde ese momento empezó una nueva batalla legal que continúa hasta hoy, en la cual la familia reclama su derecho a permanecer viviendo en la casa que habita desde 1953. Aunque está prevista una audiencia decisiva para el 31 de mayo, los colonos no quieren esperar hasta entonces y se han propuesto apropiarse del inmueble por la fuerza. 

Forcejeos con la policía cuando los colonos intentan ocupar la vivienda por la fuerza.

Forcejeos con la policía cuando los colonos intentan ocupar la vivienda por la fuerza.

La casa de la familia Sub Laban está en un área de la Ciudad Vieja particularmente sensible, donde los colonos judíos se han apropiado de gran parte de las viviendas vecinas. “En la década de 1970 y 1980 comenzaron a tomar las viviendas una por una, y ahora somos la única familia palestina en el edificio”, dijo Rafat, mientras su madre me mostraba el patio adonde los colonos con frecuencia les hostigan arrojando agua y basura. Este creciente y agresivo proceso de apropiación judía de las viviendas palestinas hace que se hable de la hebronización de Jerusalén, refiriéndose al que también se da en la Ciudad Vieja de Al Khalil (Hebrón). Desde la azotea de la casa en disputa pude apreciar enfrente la enorme yeshiva (escuela religiosa) y las muchas viviendas vecinas que ya están en manos judías. 

El único argumento esgrimido por los colonos –al igual que en otros casos del también amenazado barrio de Sheik Sharrah- es que la vivienda perteneció antes de 1948 a propietarios judíos.“Pero entonces Israel debería también devolverle a las familias palestinas todas las casas que perdieron en 1948 y en 1967 y que pasaron a manos del Estado y hoy están habitadas por judíos”, afirmó Hussam, un activista local, y agregó: “Los grupos de colonos toman las casas y se las dan a familias judías, e incluso les pagan para vivir en ellas”.

Hacer click en la foto para ver toda la galería en tamaño completo:

De ser desalojada, la familia Sub-Laban no podrá seguir viviendo en Jerusalén, donde los alquileres son extremadamente altos. Tendrán que ir a vivir a Cisjordania, y una vez que hayan pasado siete años perderán su permiso de residencia, y ni ellos ni sus descendientes podrán entrar libremente o vivir en su ciudad.

El domingo 22, activistas israelíes del grupo “Free Jerusalem” convocaron a una concentración de solidaridad frente a la casa de la familia. Varias internacionales nos sumamos a la acción. Fue interesante ver cómo a medida que los tambores y consignas llenaban el callejón de la Ciudad Vieja, las pocas familias palestinas que quedan viviendo en el lugar -habitualmente recluidas para evitar las agresiones de los colonos- se animaban a asomarse a las ventanas y hasta a salir a la calle para unirse con entusiasmo a nuestro grupo.

Activistas y vecinas corean consignas contra la judaización del barrio (

Activistas y vecinas corean consignas contra la judaización del barrio (

La suerte de la familia se definirá en los próximos días, cuando la Corte Suprema de Israel determine si acepta la solicitud de congelar la orden de desalojo que el juez de Distrito ya rechazó. Activistas locales, israelíes e internacionales estaremos junto a Nora y sus hijos, cualquiera sea el desenlace.

Y los Sub Laban, honrando el espíritu palestino de sumud, no se darán por vencidos. El símbolo de su esperanza en el futuro fue la llegada de una nueva integrante a la familia: Nora -llamada así en honor de su abuela- nació el mismo día que lograron frenar el desalojo.

Ver aquí  y aquí imágenes de la manifestación del domingo 22 frente a la cada de la familia Sub Laban.
Seguir las novedades de este caso en las páginas de Facebook: Stop Nora’s Eviction y Free Jerusalem. 
Nora con la nieta nacida el día que estuvo a punto de ser desalojada por los colonos.

Nora con la nieta nacida el día que estuvo a punto de ser desalojada por los colonos.


… y del otro lado de las murallas de la Ciudad Vieja…

Mientras estaba con la familia Sub Laban me enteré que un par de horas antes los colonos habían tomado una nueva vivienda en otro de los barrios más sensibles de Jerusalén Este: Silwan, a poco más de una cuadra al sur de la muralla de la Ciudad Vieja que encierra la Explanada de las Mezquitas y el Muro de los Lamentos. 

A Silwan –que antiguamente era una aldea y hoy es una zona formada por varios pequeños barrios- fui por primera vez hace cuatro años. Desde entonces vuelvo siempre, porque ese lugar vulnerable y su población empobrecida me recuerdan las barriadas populares de las ciudades latinoamericanas (cerros de Caracas, favelas de Rio, pueblos jóvenes de Lima). Y cada vez que llego a Silwan descubro nuevas banderas israelíes ondeando sobre los techos de las viviendas tomadas por los colonos, en una guerra que se libra casa por casa, en cada metro cuadrado de tierra donde 50.000 palestinos y palestinas resisten el despojo; no por casualidad la mayor cantidad de presos de Jerusalén –menores y mayores- son de Silwan.

Parte de los barrios que componen Silwan, al sur de la Ciudad Vieja de Jerusalén.

Parte de los barrios que componen Silwan, al sur de la Ciudad Vieja de Jerusalén (María Landi).

La organización que tiene a su cargo el proceso de judaización de Silwan se llama Elad, y es tan violenta como poderosa. Wadi Hilweh es el barrio más disputado de Silwan, porque según la narrativa sionista es el lugar donde podría haber estado el  palacio del rey David. Allí se ha construido el parque temático “Ciudad de David” y –en una búsqueda desesperada de vestigios que justifiquen el pasado judío del lugar y su conexión con la colonización presente- se están realizando permanentes excavaciones ‘arqueológicas’ que han dañado gravemente innumerables viviendas de Silwan y ponen en peligro los mismos cimientos de la cercana mezquita de Al Aqsa.

En la mañana del miércoles 18, según informó el Wadi Hilweh Information Center (WHIC) –con cuyo director Jawad Siyam estuve conversando poco después de que fuera liberado por la policía israelí-, la organización de colonos Elad, protegidos por la policía israelí y sus guardias privados entraron en el predio propiedad de la familia Al-Malhi y se apoderaron de tres de las cuatro viviendas del mismo. Los colonos quitaron todo el mobiliario, cambiaron las cerraduras de las puertas y tapiaron las ventanas. Asimismo, construyeron una habitación de chapa en el terreno.

Ver aquí una secuencia fotográfica de la apropiación del predio de la familia Al-Malhi.

Para apoderarse de la vivienda de la familia Al-Malhi, la noche antes la policía citó a Muntaser Al-Malhi y a su madre para que se presentaran el miércoles por la mañana en la comisaría cercana, y cuando se dirigían hacia allí fueron detenidos. En otros dos de los apartamentos los colonos entraron cuando no había nadie en su interior.

Jawad Siyam, director del WHIC cuando es arrestado por la policía.

Jawad Siyam, director del WHIC cuando es arrestado por la policía.

La policía israelí acordonó la zona para impedir que los vecinos se acercaran a la propiedad. Esto originó una confrontación entre ellos y la policía, en la cual el niño Mohammed al-Malhi (13) fue brutalmente golpeado, arrastrado y arrestado. Jawad Siyam también fue detenido, pero ambos fueron liberados horas más tarde.

Poco después los colonos armados se apoderaron también de dos terrenos, uno de 500 metros cuadrados que funcionaba como espacio de recreación para los niños del barrio, y otro de unos 1200 metros cuadrados. Después de nivelar la tierra con una excavadora, los colonos instalaron caravanas en ellos.

En la noche del mismo miércoles 18, integrantes de la familia Al-Malhi (Um Mohammad y sus hijas) intentaron entrar en la única vivienda del predio que no fue tomada por los colonos, pero sus guardias privados se lo impidieron. Las mujeres entonces se sentaron en la calle frente a la entrada de su casa. Cuando jóvenes del lugar se acercaron para apoyarles, fuerzas especiales de la policía israelí irrumpieron lanzando granadas de gas lacrimógeno y balas de acero forradas en goma, golpeándoles y arrestando a Ibrahim Al-Malhi (15).

Ver aquí la represión sufrida por la familia Al-Malhi cuando intentó entrar en su casa.
La familia Al- en la entrada de su vivienda a la que ya no les permiten entrar.

La familia Al-Malhi en la puerta de su vivienda a la que ya no le permiten entrar.

Según informó el WHIC, el grupo Elad compró a un integrante de la familia Al-Malhi para que le facilitara la adquisición del predio falsificando documentos de propiedad.

En septiembre pasado los colonos se habían apropiado de 23 viviendas más en Silwan, expulsando por la fuerza a los residentes de uno de los apartamentos. Y en octubre ocuparon otros dos edificios. En la mayoría de los casos la apropiación se produjo porque Elad usó a un intermediario palestino para comprar las viviendas a las familias, aprovechándose de la situación de extrema necesidad en que se encuentran la mayoría de los habitantes de Silwan -que además se ven forzados a vender ante la amenaza de que, de no hacerlo, serán expulsados por la fuerza y perderán sus viviendas.

Mohammed    cuando es arrestado y arrastrado por las policía israelí

Mohammed al-Malhi (13) cuando es arrestado y arrastrado por las policía israelí


Casa por casa, metro a metro…

El mismo grupo que se concentró en apoyo a la familia Sub Laban convocó para el viernes 27 de marzo a una marcha que partirá desde su casa en la Ciudad Vieja hacia Sheik Sharrah, otro barrio palestino de Jerusalén Este que es objeto de judaización violenta desde hace una década. Allí varias familias palestinas ya han perdido sus viviendas, que fueron transferidas a colonos judíos con los mismos artilugios legales.

La marcha será en solidaridad también con la familia Shamasneh, que está a punto de perder su hogar en Sheik Sharrah. La disputa legal comenzó en 2009, cuando una organización de colonos impulsó el reclamo de la casa donde los Shamasneh han vivido por más de 40 años como inquilinos protegidos, alegando que la misma pertenecía a un propietario judío antes de 1948.

La realidad es que la guerra que dio origen al Estado de Israel generó desplazamientos y reacomodos de población en Jerusalén: así como las familias palestinas fueron expulsadas del oeste de la ciudad, las familias judías abandonaron los barrios del este, y la ciudad quedó dividida. Pero la legislación discriminatoria de Israel permite sólo a los judíos reclamar la propiedad que dejaron tras las líneas enemigas en 1948, y no a los palestinos. Es el caso de los Sub Laban, que no pueden recuperar la propiedad que tenía en Jerusalén Oeste antes de 1948.

Banderas de Israel en casas del barrio musulmán tomadas por los colonos.

Banderas de Israel en casas del barrio musulmán de la Ciudad Vieja tomadas por los colonos (María Landi).

Varias organizaciones derechistas de colonos se dedican a rastrear el pasado judío de las viviendas palestinas en Jerusalén Este y a entablar demandas judiciales para ‘liberar’ la propiedad y entregarla a manos judías (que ni siquiera son los antiguos propietarios, sino nuevos colonos, en muchos casos inmigrantes procedentes de EEUU o Rusia).

En agosto de 2013, la Corte Suprema de Israel confirmó que el inmueble pertenecía a una familia judía antes de 1948 y ordenó el desalojo de los 10 integrantes de la familia Shamasneh. Sin embargo, por ‘razones humanitarias’ –atendiendo a que el padre de familia tiene más de 80 años y ha vivido allí la mitad de su vida- ordenó que el desalojo se postergara por 18 meses, que se cumplieron a fines de febrero de este año.

Integrantes de la familia a punto de ser desalojados de su hogar en Sheik Sharrah
Integrantes de la familia Shamasneh a punto de ser desalojados de su hogar en Sheik Sharrah


Las muchas formas de la guerra demográfica

Los casos mencionados arriba son sólo ejemplos de una política más amplia impulsada por el movimiento de colonos, con pleno apoyo del Estado, para consolidar el anillo de colonias que rodean a Jerusalén (y en particular a su Ciudad Vieja) a fin de garantizar el control judío sobre la totalidad de la ciudad y hacer imposible que Jerusalén Este sea la futura capital de Palestina.

El régimen sionista –que ocupó y anexó la ciudad a Israel en 1967, a pesar de la condena de la comunidad internacional- quiere forzar una mayoría demográfica en una ciudad que es santa para tres religiones, además de capital histórica y centro político, social y espiritual de Palestina. Para ello ha diseñado diversas políticas que, sumadas, resultan en un proceso gradual y silencioso -pero implacable- de expulsión de la población árabe de la ciudad. Éstas son sólo algunas de ellas:

  • La población palestina de Jerusalén no tiene ciudadanía israelí ni palestina: apenas tiene un ‘permiso’ para vivir en la ciudad donde nació, que las autoridades israelíes pueden retirarle en cualquier momento (por ejemplo, si se ausenta de la ciudad por más de siete años, aunque sea para vivir a pocos kilómetros).

  • Jerusalén está rodeada por un Muro de 8 metros de alto y 120 km de largo, y ‘cerrada’ por ocho checkpoints que impiden el acceso a la ciudad a la población palestina de Cisjordania o Gaza. Sólo mediante permisos especiales (otorgados con criterios sumamente restrictivos que excluyen a los hombres menores de 50 años, a los activistas y otros perfiles) algunos miles de palestinos pueden acceder a Jerusalén (permisos que también pueden ser retirados en cualquier momento).

  • A pesar de que sus habitantes pagan los mismos impuestos que la población judía, los barrios palestinos de Jerusalén Este reciben un presupuesto deliberadamente inferior en materia de servicios públicos, escuelas y centros de salud, y las políticas de planeamiento urbano están designadas para impedir el crecimiento y la estabilidad en las áreas palestinas; en ellas la calidad de vida es pésima, mientras Jerusalén Oeste luce como una ciudad de Primer Mundo.

  • Para las familias palestinas es prácticamente imposible obtener permisos de construcción, de modo que al construir sin permiso arriesgan que su casa sea demolida. Más aun: cuando las autoridades israelíes ordenan la demolición de una vivienda, el propietario debe hacerse cargo de llevarla a cabo por sí mismo, o de lo contrario pagar sumas exorbitantes a la municipalidad de Jerusalén por el ‘servicio’ de demolición.

  • Israel prohíbe a los y las palestinas de Jerusalén vivir en la ciudad con cónyuges procedentes de Cisjordania. Así, innumerables parejas palestinas tienen que vivir separadas a uno y otro lado del Muro, o uno de los cónyuges debe vivir clandestinamente en Jerusalén, sin acceso a ningún servicio como residente de la ciudad. Y si el cónyuge de Jerusalén se traslada a vivir en Cisjordania, arriesga perder para siempre su permiso de residencia en la ciudad en la que nació. Las solicitudes de “unificación familiar” son cada vez más difíciles de obtener; y para éste como para muchos trámites más, las familias palestinas invierten enormes sumas de dinero en abogados y burocracia, a menudo con un resultado negativo.

Banderas de Israel en viviendas ocupadas por colonos. Detrás, la Cúpula de la Roca.

Banderas de Israel en viviendas ocupadas por colonos. Detrás, la Cúpula de la Roca (María Landi)

FUENTES:
TeleSur
Ma’an News

Haaretz
Silwanic (en inglés y en castellano)
Alternative Information Center 

 NOTA: El título de este artículo está tomado de la canción de la banda argentina Soda Stereo.
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María Landi:

Netanyahu será recordado por contar la verdad sobre Israel: No habrá Estado palestino

Las elecciones israelíes –convocadas por el reelecto primer ministro Netanyahu cuando decidió disolver el gobierno a fines del año pasado, calculando que podría constituir uno con más apoyos del que tenía- han dado lugar a muchos comentarios y análisis, que pueden resumirse en lo siguiente:
– los israelíes una vez más eligieron la peor opción, en este caso un gobernante con una pésima imagen internacional, responsable además del acelerado deterioro de la imagen de Israel en el mundo;
– demostraron que no les importa en absoluto la ocupación y colonización de Palestina, y que están dispuestos a continuarla indefinidamente, apoyando a un candidato que dos días antes declaró explícitamente que jamás existirá un Estado palestino;
– las alternativas como el viejo laborismo reciclado, la llamada ‘izquierda’, la ultra-ultra derecha y los partidos religiosos perdieron votos a favor de Netanyahu;
– la única novedad fue la unidad de todos los partidos árabes (representantes del 20% de la población palestina con ciudadanía israelí), cuya “Lista unificada” les permitió conseguir más sitios en el parlamento y constituirse en la tercera fuerza política del país. Si bien su impacto dentro de la política israelí será muy limitado, la unidad alcanzada entre sectores muy diversos puede ser un ejemplo inspirador para la profunda división política que los palestinos de Cisjordania y Gaza no han podido superar.

A continuación una sarcástica opinión del periodista Gideon Levy (traducida por el blog Los Otros Judíos), y una lista de otros análisis recomendables sobre las elecciones, en general coincidentes en que el triunfo de Netanyahu es la mejor opción para la causa palestina. En palabras del coordinador del movimiento BDS en Palestina, Mahmoud Nawajaa: “Al declarar que no entrará en ningún tipo de negociación con los palestinos, Netanyahu ha eliminado todas las excusas para que los gobiernos no impongan sanciones a Israel y para que continúen apoyando su régimen de apartheid.”


Ilan Pappé: Los mensajes de las elecciones israelíes

Ali Abunimah: Why I’m relieved Netanyahu won

Gideon Levy: Netanyahu merece al pueblo israelí e Israel se merece a Netanyahu

Comité Nacional Palestino del movimiento BDS: Israel vota por la ocupación permanente y el apartheid: debe enfrentar el aislamiento internacional

Stop the Wall: Votación hacia un Estado paria

Yousef Munayyer: Netanyahu’s Win Is Good for Palestine

Amira Hass: Among Joint List’s many tasks: Convincing Arabs it was worth voting

Yara Hawari: Israel is supposedly the only democracy in the Middle East, yet 4.5 million Palestinians under its control can’t vote

Originalmente publicado en Los otros judíos:

Palestina colgantePor Gideon Levy.

Quisiera decirle gracias, Primer Ministro Benjamin Netanyahu. Gracias por decir la verdad. La semana pasada Ud. se reveló como el primer primer ministro israelí que dice la verdad. Hace por los menos 25 años que la mayoría de los estadistas israelíes mienten, engañan al mundo, a los israelíes y a sí mismos. Hasta que apareció Netanyahu – justo él entre todos los estadistas – y dijo la verdad. Si tan solo esta verdad hubiera sido contada por un primer ministro hace 25 años, incluso tal vez hace 50,  cuando nació la ocupación. Aun así, es mejor tarde que nunca. El público lo recompensó por esta verdad, y Netanyahu fue elegido para un cuarto mandato.

Netanyahu dijo la semana pasada que si era reelegido, con él no habría Estado. Simple y claro. Esta  verdad pura y simple también fue el caso para todos sus predecesores –…

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Diez hechos sobre las elecciones israelíes y el voto de los palestinos

María Landi:

Por Ben White, traducido por Javier Villate en su blog Disenso.

Originalmente publicado en Disenso:

Ben White

Fuente: 10 facts about Israel’s elections and the Palestinian vote, Middle East Monitor, 11/03/2015

La parlamentaria palestina de la Knesset Hanin Zoabi es sistemáticamente perseguida por sus ideas políticas y su lucha en defensa de los derechos de los palestinos.

El 17 de marzo, los israelíes acudirán a las urnas para elegir un nuevo gobierno. He aquí diez hechos sobre las elecciones parlamentarias y el voto de los palestinos.

1. Solo uno de cada siete palestinos puede votar en las elecciones israelíes.  Solo uno/a de cada siete palestinos/as vive dentro de las fronteras israelíes anteriores a 1967 y tienen ciudadanía israelí. Una tercera parte vive bajo el control militar israelí en Cisjordania y la Franja de Gaza y no puede votar (aunque los colonos judíos que viven entre ellos sí pueden hacerlo). Por otra parte, alrededor de la mitad de todos los palestinos son refugiados…

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Elecciones en Israel: gane quien gane, perderán los palestinos

María Landi:

Otro artículo esclarecedor sobre las perspectivas -y peligros- que se presentan para la cuestión de los derechos palestinos en el escenario electoral israelí. Un certero análisis de Jamie Stern-Weiner, traducido por Javier Villate en su blog Disenso.

Originalmente publicado en Disenso:

Jamie Stern-Weiner

Fuente: No matter who wins the Israeli elections, Palestinians lose, Mondoweiss, 24/02/2015

Carteles de la campaña electoral de Unión Sionista y del partido de Netanyahu, el Likud. El primero dice “Nosotros o él” y el segundo, “Nosotros o ellos”.

Si Benjamín Netanyahu no hubiera entrado en política, estaría en Broadway sobreactuando como un villano de pantomima. El primer ministro de Israel, halcón entre los halcones, es teatralmente insoportable, hasta el punto de que incluso los más firmes aliados de Israel en la comunidad judía estadounidense le han pedido que baje el tono. Es ese tipo de persona que no solo se presenta en tu casa sin ser invitado, sino que trae consigo su ropa sucia, para que se la laves, vacía tu nevera, orina en el fregadero y, luego, bruscamente, se va hecho una furia, quejándose del servicio.

Pocos políticos estadounidenses y europeos derramarán…

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El plan de la ‘oposición’ israelí para un pseudoestado palestino

María Landi:

Por si alguien tiene alguna -ingenua- esperanza de que un triunfo de la oposición laborista en las próximas elecciones de Israel podría traer algún cambio para el futuro de Palestina, el excelente Ben White se encarga de mostrar cuál es el plan del laborismo para un futuro ‘Estado’ palestino.

Conviene recordar, además, que el partido Laborista históricamente fue responsable -más aun que el Likud- de la limpieza étnica y la colonización imparable de Paletina. Traducido por Javier Villate en su blog Disenso.

Originalmente publicado en Disenso:

Ben White

Fuente: The Zionist Union’s plan for a Palestinian Bantustan, Middle East Monitor, 10/03/2015

Isaac Herzog, presidente del Partido Laborista israelí y líder de la Unión Sionista.

Cuando los israelíes acudan a las urnas la semana que viene, el único rival serio del primer ministro Benjamín Netanyahu será el laborista Isaac Herzog. Este encabeza la coalición electoral Unión Sionista, de la que forman parte el Partido Laborista y Hatnuah, de Tzipi Livni.

Desde 2009, Netanyahu y sus aliados en el parlamento han frustrado los esfuerzos de EEUU y la comunidad internacional para avanzar en el proceso de paz. Hace apenas dos días, Netanyahu aclaró que, en caso de ganar las elecciones, no habrá “ninguna concesión y ninguna retirada” de los territorios palestinos ocupados.

¿Pero qué dicen Herzog y Livni? ¿Qué pasaría si, cuando escampe, la Unión Sionista es invitada a encabezar el próximo gobierno israelí? ¿Cuál es…

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En el reino de la crueldad (II)


Sigue la mascarada de ‘justicia’ para los chicos de Hares
y las presas y presos palestinos

El 17 de febrero volví al tribunal militar de Salem, cerca de Yenín, en el norte de Cisjordania[1]. Esta vez acompañé a otros tres familiares de los Chicos de Hares: la madre de Mohammed Suleiman y los padres de Mohammed Kleib y Ammar Souf.

Al llegar a Yenín cambié de estación de ‘service’ y busqué el que lleva a los familiares de los presos a Salem. A mi lado se sentó una mujer vestida de oscuro con el rostro cubierto por un niqab blanco, que viajaba con su hijo adolescente. Me ofreció un dulce y enseguida entablamos conversación. Supe que Ibtisam es profesora de inglés y directora de escuela en una de las aldeas de Salfit. Iba a visitar a su marido, en detención administrativa desde hacía ocho meses, durante los cuales sólo pudo visitarlo una vez, recientemente.

Ante el aplomo que mostraba, le pregunté cuántas veces había estado preso su marido, y me respondió: “Con los israelíes, ésta es la tercera; con la ‘Sulta’ [la ANP], muchas veces”. De hecho esta última vez los israelíes irrumpieron en su casa para detenerlo pocas horas después de haber sido liberado, tras pasar 40 días en la cárcel de la ANP en Nablus. Estuvo un par de meses en la prisión israelí de Meggido y luego fue transferido al sur, cerca de Bersheeva. Ibtisam me contó que esta prisión es mejor porque hay menos hacinamiento, pero el viaje hasta el tribunal de Salem le lleva cuatro días (son unos 150 km) durante los cuales tiene que dormir en distintas unidades militares, siempre a merced de los abusos y arbitrariedades de los soldados.

El padre de Ammar Souf y las madres de Ali Shamlawi y Mohammed Suleiman durante una conferencia de prensa en Ramala.

El padre de Ammar Souf y las madres de Ali Shamlawi y Mohammed Suleiman durante una conferencia de prensa en Ramala.


El negocio de la no-justicia

Después de pasar los controles habituales de pasaporte, revisión física, doble detector de metales y doble puerta molinete, ingresé a la sala de espera (que ostenta la misma estética sórdida y mugrienta de los checkpoints) donde me encontré con la madre y los dos padres de los tres chicos de Hares que –se suponía- tendrían audiencia ese día.

Pero, como de costumbre, no hubo tal audiencia: apenas unos minutos en la ‘sala de sesiones’ para ver llegar a sus hijos (sonrientes y más maduros de lo que aparecen en las fotos) engrillados y esposados, con el uniforme marrón de preso, e intercambiar sonrisas, palabras y frases interrumpidas permanentemente por el grito represivo de los soldados, que pronto nos hicieron salir sin más explicaciones. Ante mi pregunta, el fiscal (un oficial druso que habla amigablemente con los familiares en su árabe nativo como si no estuviera trabajando afanosamente para condenar a sus hijos) me explicó que no se trataba de una audiencia propiamente dicha, sino de una instancia donde las partes actualizan e intercambian información.

A pesar de ello, la parodia burocrática se lleva todo el día, para los presos y para sus familias. En las largas horas que pasamos esperando entre una ‘no-audiencia’ y otra, tuve tiempo de conversar más con Ibtisam. Me dijo que su esposo no pertenece a ninguna de las organizaciones islamistas, pero como fue nombrado para un cargo oficial durante el gobierno de Hamas, las actuales autoridades de la ANP no le tienen confianza y buscan deshacerse de él. También me dijo que en todos los casos su prisión es puramente política, ya que ni israelíes ni palestinos le han podido acusar de cometer actos delictivos o contra la seguridad nacional. Ibtisam tenía esperanza de que ese día el abogado consiguiera una sentencia corta y una pronta liberación. Efectivamente, al salir de la audiencia sus ojos -la única parte de su rostro que podía verle- sonreían mientras me contaba que le habían dado 9 meses de condena (de los cuales ya había cumplido 8) y que sería liberado a fin de mes -previo pago, por supuesto, de una multa de 10.000 shekels (unos 2245 euros).

No se trata ni mucho menos de un caso aislado: en la sala de espera, las familias intercambiaban datos sobre cuánto habían tenido que pagar, o deberían hacerlo, para que sus presos fueran liberados. En todos los casos hablaban de cifras astronómicas para familias modestas que, además, sobreviven inmersas en una economía estrangulada por la ocupación. Un padre contó que la cifra era tan alta que el tribunal le estaba permitiendo pagarla en cuotas –la única manera posible para él- y que su hijo sólo saldría libre cuando él terminara de pagar.

Malak al-Khatib, 14-year-old Palestinian from a village in Ramallah who was kidnapped in December by the Israeli occupation army and sentenced to 2 months in prison for alleged stone-throwing and possessing a knife. The army kidnapped her on her way home from school. Malak is holding a poster of the Hares Boys and of Khaled, another 14-year-old sentenced to 4 months in prison for alleged stone-throwing. Khaled has anemia and his health in the prison is deteriorating.

Durante una conferencia de prensa en Ramala, Malak al-Khatib (14), secuestrada por el ejército israelí cuando volvía de la escuela y sentenciada a dos meses de cárcel bajo la acusación de tirar piedras, sostiene posters de los Chicos de Hares y de Khaled Sheikh (15), sentenciado a 4 meses. Khaled tiene anemia y su salud se está deteriorando en la cárcel.


Hijos de Azzun

Entre los familiares que esperaban reconocí de pronto a Maysa, una mujer envejecida antes de tiempo como todas las palestinas y con unos bellos ojos grises. La conocí hace dos años en Qalqiliya, durante una movilización de mujeres el 8 de marzo. Ese día marchamos para protestar ante uno de los checkpoints o portones agrícolas que separan a los campesinos de Qalqiliya de sus fértiles tierras, que han quedado del otro lado de la valla de separación construida por Israel para despojarlos de ellas. Durante esa actividad disfruté de conversar con ella; me pareció un espíritu libre, vital y muy crítico. A pesar de estar inmersa en la cultura tradicional de su aldea, tiene el aspecto de una mujer moderna de clase trabajadora, que fuma en público y parece estar más allá de las convenciones. Maysa trabaja con los comités populares de salud, una red dependiente del ministerio de salud de la ANP; en su larga carrera ha perdido y salvado muchas vidas jóvenes, y habla como si cada uno de los shabab que le ha tocado atender fuera su propio hijo.

Encontrarla en ese lugar no era buena noticia ni motivo de alegría: efectivamente, me contó que estaba allí con su marido porque su hijo Mohammed, de 20 años, fue arrestado en diciembre junto a otros dos, acusados de arrojar un cóctel molotov a un coche donde viajaban colonos. Si bien no hubo heridos y tampoco hay pruebas que inculpen a los jóvenes, la fiscalía presentó cargos graves, acusándolos –entre otras cosas- de acto terrorista. Maysa y su esposo temían que la condena no bajaría de los diez años… Lo decían con una desesperada resignación; una actitud que puede sonar contradictoria, pero no lo es en un lugar donde -desde la cuna hasta la sepultura- se sabe que, no importa la magnitud de la injusticia y el abuso, no habrá adónde reclamar tus derechos ni nadie que los defienda.

Maysa, Ali y sus cuatro hijas e hijos viven en Azzun, un pueblo cerca de Qalqiliya, en el noroeste de Cisjordania, rodeado por la cercana valla de separación y por siete colonias judías construidas en tierras robadas a la población de Azzun. Además se encuentra en el medio de la ruta donde el gobierno israelí quiere construir una línea férrea para conectar sus colonias con Tel Aviv. Todas las entradas al pueblo están controladas por puestos militares permanentes, y Azzun ostenta además el triste récord de tener más menores de edad en las cárceles israelíes. Las incursiones y allanamientos nocturnos del ejército para arrancar a los niños de la cama y llevárselos detenidos son casi cotidianas. La finalidad es amenazarlos para que se conviertan en informantes -y de paso lucrar con las altas cifras que las familias deben pagar al ejército de ocupación para liberar a sus hijos. “Pero no se van a librar fácilmente de nosotros: somos 14.000 personas dispuestas a resistir para defender nuestra tierra y a nuestros hijos”, me dijo Maysa.

Maisa Badwan en casa de una amiga, en Azzun.

Maisa Badwan en casa de una amiga, en Azzun.


Vuelta de tuerca con desenlace incierto

Al salir del tribunal viajé hasta Yenín con la madre de Mohammed Suleiman y el padre de Ammar Souf en el viejo coche de éste, en medio de un silencio pesado, mezcla de rabia, impotencia y dolor. En el bus hacia Nablus me perseguía la imagen de Ferial pegada al portón metálico para ver llegar a través de los orificios a su hijo esposado y engrillado, y susurrando entre lágrimas: “Habibi… habibi… habibi…”, como queriendo que las palabras hicieran lo que sus manos no pueden hacer desde hace dos años: tocarlo y abrazarlo. Y entonces sentí, una vez más, que en sólo un mes en Palestina he abrazado y enjugado demasiadas lágrimas de madres de mártires y de presos… todos ellos menores de 25 años.

Esa misma noche tuvimos la noticia de que Adele Biton, la niña colona que había resultado con daño cerebral en el accidente ocurrido hace dos años en la carretera 5, había muerto de una infección respiratoria. Los políticos israelíes no tardaron en explotar la muerte de la pequeña con fines electorales, convirtiendo el funeral en un acto político; y los medios se hicieron eco reiterando el discurso que muestra a los palestinos como feroces terroristas cuya única finalidad en la vida es matar israelíes.

La muerte de Adele se produce justo cuando los chicos de Hares están a punto de cumplir dos años de prisión -acusados sin pruebas de haber causado el accidente- y de recibir la sentencia. El temor generalizado es que el tribunal militar decida cambiar la acusación y endurecer la pena, condenando a los chicos a largos años de cárcel.

Es por eso que en este mes de marzo, familiares y activistas están movilizándose en Palestina y en el mundo para solidarizarse con los chicos de Hares y exigir su libertad. Entre otras cosas, ha habido pedidos de informes en los parlamentos europeo, británico y español, y hasta el momento se han confirmado acciones de solidaridad y denuncia en Londres, Manchester, Glasgow, Madrid, Barcelona, New York, San José de Costa Rica, Puebla, Montevideo, Santiago de Chile.

Anuncio de acciones a realizarse el 15 de marzo

Anuncio de algunas de las acciones a realizarse el 15 de marzo por los Chicos de Hares.

Éste es el comunicado emitido por la Campaña por la Libertad de los Chicos de Hares ante la muerte de Adele Biton:

Cinco adolescentes palestinos inocentes pagan el precio
por un accidente en un coche de colonos
COMUNICADO DE PRENSA
18 de febrero de 2015
El accidente de tráfico que tuvo lugar en marzo de 2013 en la Ruta 5 de Palestina ocupada se ha cobrado 6 víctimas.
Cinco de ellos son los Chicos de Hares: los adolescentes Ali Shamlawi, Mohammed Kleib, Mohammed Suleiman, Tamer Souf y Ammar Souf, que han estado encarcelados en una prisión de la ocupación israelí desde hace casi dos años, a pesar de la ausencia de pruebas de su presunta culpabilidad. Después de ser sometidos a torturas físicas y psicológicas cuando tenían sólo 16 años de edad, fueron obligados a “confesar” que habían lanzado piedras y a firmar dichas confesiones escritas en hebreo, un idioma que no leen ni escriben.
La sexta víctima es la hija de Adva Biton, una colona israelí cuyo Renault se estrelló contra un camión en el camino de Ariel a Yakir, ambas colonias israelíes ilegales en Cisjordania ocupada. Biton afirma que su coche se salió de la carretera debido a las “piedras” y “grandes bloques de construcción” lanzadas por “terroristas árabes”, pero no hay evidencia alguna que apoye esta versión.
El martes 17 de febrero de 2015, los medios de comunicación israelíes informaron que la niña Adele Biton (4), hija de la conductora del coche, murió en el hospital Infantil Schneider en Petah Tikva, adonde había ingresado unos días antes por problemas respiratorios causados ​​por una infección pulmonar, posiblemente neumonía. Adele Biton fue enterrada el día 18 en la colonia israelí ilegal de Yakir. La niña había sufrido daño cerebral en el accidente de coche y los médicos no daban mucha esperanza sobre su recuperación.
Los cinco Chicos de Hares permanecen en prisión por un crimen que no cometieron. Desde hace dos años asisten regularmente a “audiencias” en uno de los tribunales militares israelíes cuya tasa de condena a los palestinos es de 99,74%. Los adolescentes niegan haber tirado piedras ese día o cualquier otro. No obstante, según la petición del fiscal se enfrentan a largos años de cárcel, y el veredicto puede darse en cualquier momento. Sus madres y padres no han podido abrazar a sus hijos desde hace dos años, y el futuro de los chicos está seriamente comprometido, porque los tribunales militares israelíes no están hechos para hacer justicia.
Por otra parte, hay signos preocupantes de que los Chicos de Hares son víctimas de un juego político mucho más amplio, destinado a fortalecer las posiciones de derecha antes de las próximas elecciones israelíes (programadas para el 17 de marzo de 2015, exactamente dos años desde el accidente de coche) y a convencer al público israelí de la necesidad de llevar a cabo “acciones duras” contra el “terrorismo”:
– Las acusaciones alarmistas y sin fundamento repetidas por los medios de comunicación y los políticos israelíes -entre ellos el propio Primer Ministro- de que se trató de un “ataque terrorista” realizado por “terroristas árabes”, aun antes de que se iniciara cualquier investigación sobre el accidente (y cuyo resultado fue un linchamiento mediático que implica incluso un total desprecio por el papel del tribunal);
– La actual ola de acusaciones en los medios sionistas, mostrando a los chicos como culpables de la muerte de la niña, sólo porque son palestinos y alguien tiene que pagar;
– El pedido de Adva Biton al Primer Ministro israelí, Benyamin Netanyahu, para que permitiera el entierro de su hija en la colonia ilegal de Yakir, donde vivía Adele -y donde inicialmente se le había negado el permiso para enterrarla por razones formales;
– El hecho de que políticos israelíes de alto nivel, como el portavoz del Knesset Yuli Edelstein y el Ministro de Economía y presidente del partido ultraderechista Hogar Judío, Naftali Bennett, asistieran al funeral e hicieran comentarios públicos sobre este acto “terrorista”, cuando el juicio (aun en un tribunal militar) todavía está en curso.
En nombre de la campaña por libertad y justicia para los Chicos de Hares, reiteramos una vez más: los 5 adolescentes son inocentes y deben ser devueltos a sus familias sin más demora.
Hacemos un llamado a las activistas y personas de conciencia de todo el mundo a organizar acciones de solidaridad con los Chicos de Hares el 15 de marzo, cuando se cumple el 2° aniversario de su secuestro y encarcelamiento.
El accidente de coche de marzo de 2013 ya se ha cobrado una vida. Otros cinco chicos inocentes no deben pagar por un crimen que no cometieron y que, de hecho, ni siquiera fue tal.
LUCHEMOS POR LA JUSTICIA.
¡EXIJAMOS LA LIBERTAD DE LOS CHICOS DE HARES! 
From left to right: Ali's father, Ali's mother, Mohammed S.'s mother, Issa Qaraqeh (Minister of Detainees), Tamer's father, Mohammed K.'s father.

De izquierda a derecha: el padre y la madre de Ali Shamlawi, la madre de Mohammed Suleiman, Issa Qaraqeh (Ministro para los Prisioneros), el padre de Tamer Souf y el de Mohammed Kleib, después de la conferencia de prensa en Ramala.

El 1º de marzo las familias de los chicos de Hares asistieron a una conferencia de prensa convocada por el Ministerio de Prisioneros en Ramala para dar a conocer el último informe de UNICEF, donde se denuncia que -a pesar de las supuestas reformas realizadas a partir de las duras críticas de ese organismo de la ONU en su informe de 2013-, el maltrato a los niños palestinos presos continúa siendo sistemático y generalizado en el sistema penal militar de Israel.

 [1] Ver “En el reino de la crueldad (I)”.
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