Entrevista con Omar Barghouti

Kevin Van den Panhuyzen

Omar Barghouti (Foto: Kevin Van den Panhuyzen)


El hombre detrás del movimiento BDS

 

  Rami Younis

 

 A medida que crece el movimiento de boicot, desinversión y sanciones, su co-fundador, Omar Barghouti, se ha convertido en blanco de la satanización israelí. Rami Younis, de +972 Magazine, se sentó con él para discutir sobre los objetivos del BDS, sus éxitos recientes y las frecuentes acusaciones de que el movimiento es antisemita.

Omar Barghouti es en este momento uno de los nombres más denostados en los círculos del gobierno israelí y sus aliados. Los funcionarios han calificado a este activista de derechos humanos palestino y líder del movimiento BDS –que él ayudó a fundar hace una década- como una amenaza al Estado de Israel. ¿Qué tan grande es esa amenaza? Bueno, apenas la semana pasada el periódico de más venta en el país, Yedioth Ahronot, publicó un artículo sobre él en primera página, apodándolo “el Explosivo Omar”. Y si él y el movimiento de boicot le están provocando un ataque de pánico a los políticos y a los medios israelíes, uno solo puede concluir que están haciendo las cosas bien.

Sin embargo Barghouti (51) se rehúsa a responder a sus acusadores, porque mantiene un boicot a la prensa israelí. Aceptó dar esta inusual entrevista debido a mi identidad palestina y a condición de que primero se publicara en árabe en el sitio palestino Bokra, además de publicarse aquí en inglés y en hebreo en Local Call, donde yo blogueo. Antisionismo trilingüe unitario en su máxima expresión, se podría decir.

Barghouti explica su decisión de no hablar con los medios israelíes y la lógica del llamado más general al boicot, la desinversión y las sanciones a Israel en su conjunto: “En cualquier otra situación de opresión prolongada, los grupos de derechos humanos piden medidas punitivas contra el Estado y sus instituciones, no solo contra un sector del Estado que es directamente responsable de la injusticia. Nadie pidió que se prohibiera los productos de compañías ubicadas en Darfur en respuesta a los crímenes de guerra cometidos por Sudán: la medida se planteó para Sudán como país.

 “Como dijo una vez el arzobispo Desmond Tutu: en Occidente ponen a Israel en un pedestal y lo tratan como si estuviera por encima del derecho internacional. El BDS busca terminar con esta excepcionalidad y su impunidad criminal. Israel debe ser tratado como cualquier otro país que comete crímenes igualmente escandalosos.

El movimiento BDS se puso en marcha el 9 de julio de 2005, cuando una amplia alianza de más de 170 organizaciones sociales y de base, sindicatos, ONGs, partidos políticos y redes de refugiados palestinos hicieron llamamiento abierto al boicot, dirigido a las organizaciones de la sociedad civil internacional y a las personas de conciencia. Llamaban a “imponer amplios boicots e implementar iniciativas de desinversión contra Israel, similares a las aplicadas contra Sudáfrica en la era del apartheid”, dice Barghouti. “Hoy, el movimiento global de BDS es liderado por la mayor coalición de la sociedad palestina: el Comité Nacional de BDS” [BNC por sus siglas en inglés].

El movimiento BDS exige: el fin de la ocupación de los territorios palestinos y árabes desde 1967, incluyendo el desmantelamiento del muro y las colonias; el fin del sistema de discriminación racial contra las y los palestinos con ciudadanía israelí; y respetar el derecho fundamental –reconocido por la ONU- de las y los refugiados palestinos de retornar a su tierra.

 “Estos tres derechos básicos corresponden a los tres principales componentes del pueblo palestino: los que están en la Franja de Gaza y Cisjordania (incluyendo Jerusalén Este); las que están en el territorio de 1948 y viven bajo el apartheid israelí, y los que están en el exilio”, dice Barghouti. Él sostiene que cualquiera que sea la forma que adopte la solución política al conflicto, debe basarse en estos tres principios.

La herramienta que esas 170 organizaciones de la sociedad civil palestina eligieron para reclamar esos derechos y luchar contra la ocupación israelí se apoya enteramente en el discurso de los derechos humanos y en la acción noviolenta –en oposición a la violencia de la ocupación. Al menos por esa razón es importante escuchar y entender lo que Barghouti tiene para decir.

La campaña ha tenido una cantidad de éxitos recientemente; dos buenos ejemplos son: la cancelación de Lauryn Hill de su show en Israel, y la compañía Orange que amenazó con retirarse del país. ¿De qué otros casos exitosos que no hayan tenido tanta atención mediática me puedes hablar?

El gigantesco fondo de pensiones danés PGGM, cuyas inversiones internacionales están cerca de los 200.000 millones de dólares, decidió el año pasado retirar inversiones de los cinco principales bancos israelíes, debido a su implicación en financiar la ocupación. A eso le siguió la decisión de la Iglesia Presbiteriana de EEUU de retirar inversiones de Caterpillar, HP y Motorola por su complicidad en la ocupación, y lo mismo hizo [la fundación de] Bill Gates con G4S, la compañía de seguridad más grande del mundo, involucrada en los crímenes de Israel contra el pueblo palestino. El BDS está teniendo éxito en revelar la toxicidad de la “Marca Israel”.

Algunos activistas del BDS eligen boicotear a Israel en su conjunto, no simplemente a las compañías o instituciones que lucran con la ocupación. ¿Por qué?

La distinción –artificial e insostenible– entre Israel y ‘la ocupación’ es política e ideológica; no se basa en consideraciones prácticas, legales o morales. Es a Israel al que el Derecho Internacional considera el poder ocupante, y por lo tanto, es el responsable de la construcción y el mantenimiento de no solo los asentamientos coloniales, sino también todo el sistema de ocupación.

Israel también es responsable de lo que incluso el Departamento de Estado de EEUU ha criticado como discriminación institucional, legal y social hacia las y los ciudadanos palestinos de Israel, y ese sistema se ajusta a la definición de apartheid de la ONU.”

Pero la mayor injusticia de Israel, alega Barghouti, es negar el derecho al retorno a los refugiados y refugiadas palestinas. Esos refugiados, desarraigados y despojados en 1948, comprenden el 68% del pueblo palestino. Ellas y ellos también merecen iguales derechos humanos, insiste.

Una acusación frecuente contra la campaña internacional de BDS es que alimenta el antisemitismo. ¿Qué dice sobre eso?

El BDS es un movimiento noviolento de derechos humanos que aspira a la libertad, la justicia y la igualdad para el pueblo palestino, basado en el derecho internacional y los principios universales de derechos humanos. Como tal, el BDS rechaza categórica y consistentemente toda forma de discriminación y racismo, incluyendo el antisemitismo, así como docenas de leyes racistas israelíes.

 “Nuestra lucha noviolenta nunca ha sido contra los judíos o contra los israelíes en tanto judíos, sino contra un régimen injusto que esclaviza a nuestro pueblo con la ocupación, el apartheid y la negación de los derechos de las y los refugiados, reconocidos por la ONU. Estamos orgullosos del número desproporcionadamente alto de activistas judías y judíos en el movimiento BDS, especialmente en EEUU.

Confundir acciones puntuales y basadas en los derechos humanos con el racismo anti-judío no sólo es falso, sino que es un intento racista de poner a todos los judíos y judías en la misma canasta y de implicarles en los crímenes de Israel contra el pueblo palestino. Israel acusando de racismo al movimiento BDS es equivalente al Ku Klux Klan acusando de racismo a Martin Luther King y a Rosa Parks. ¡Es tan descaradamente propagandístico!

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Omar Barghouti con el Arzobispo Desmond Tutu (Foto: Yazeed Kamaldien)


¿Cómo identifican a una persona, una organización o cualquier otra entidad como objeto de boicot? Y una vez que los han identificado, ¿cómo proceden a partir de allí?

Los tres criterios generales que el BNC palestino recomienda para elegir objetivos estratégicos son:
– primero, el nivel de complicidad: enfocarse en las compañías y productos que están más directa y claramente involucrados en las violaciones israelíes de los derechos humanos, y por lo tanto son más fáciles de explicar a un público amplio;
– segundo, la posibilidad de hacer alianzas entre movimientos: priorizar las compañías o productos que permitan la creación de alianzas transversales. Por ejemplo, una campaña para frenar los contratos con Mekorot, la compañía israelí de agua, puede involucrar a un amplio espectro de grupos ecologistas y anti-privatización;
– tercero, el potencial de éxito: una campaña de BDS debería tener una posibilidad realista de éxito, más allá de la simple concientización; por ejemplo, persuadir a una compañía o institución internacional de que corte vínculos con una compañía israelí”.

Hace un par de meses facilité una discusión pública con Barghouti ante 400 ciudadanas y ciudadanos palestinos de Israel en la ciudad de Ara’ra. Antes de empezar, pedí a los asistentes que levantaran la mano si alguna vez habían oído sobre el movimiento BDS. Solo 20 personas lo hicieron. Miré a Barghouti: sonreía. Él sabía lo que yo iba a preguntar. Ahora le recuerdo ese momento. (Una nota sobre lo que sigue: los términos “palestinos/as del ‘48” y “región del ‘48” se refieren a las y los palestinos ciudadanos de Israel y a los territorios ubicados dentro de Israel según las fronteras anteriores a 1967).

Los acuerdos de Oslo excluyeron a los palestinos de la región del ‘48, provocando una ruptura grave“, explica. “Por el contrario, el movimiento BDS insiste en el derecho de todos los palestinos y palestinas a ejercer su libre determinación como pueblo unificado y, como tal, insiste en los derechos de todos los palestinos y palestinas, incluidos los del ’48. Muchos grupos importantes dentro del ’48 fueron parte del lanzamiento del BDS en 2005, pero el movimiento no ha hecho lo suficiente para darse a conocer allí.

Además, la lucha por descolonizar nuestras mentes es una lucha cuesta arriba en la región del ’48, porque el proceso de ‘israelización’, o colonización de nuestras mentes, se ha arraigado en las últimas siete décadas. Una parte esencial de lo que hace el movimiento BDS diariamente es combatir la desesperación y alimentar la esperanza y la convicción de que nosotros, los oprimidos, somos capaces de terminar con la opresión“.

Es probable que cada vez más empresas vayan a retirarse de Israel en los próximos años, como resultado de los esfuerzos del BDS, y eso sería un éxito para el movimiento. Sin embargo, ¿qué le dice a los ciudadanos palestinos de Israel que podrían enfrentar despidos u otras consecuencias económicas si las empresas multinacionales abandonan el mercado israelí?

El régimen de opresión israelí, y no la resistencia a la ocupación y el apartheid, es el responsable de eso y de cualquier otra consecuencia que tenga esta resistencia a la opresión.

Quienes afirman que el BDS perjudica a los palestinos no solamente están haciendo afirmaciones infundadas y carentes de ética, sino además no parecen entender que la resistencia siempre tiene un costo al principio. También están siendo paternalistas al decirnos que ellos entienden mejor que nosotros nuestros intereses. Rechazamos completamente esta actitud colonial. Nada afecta tanto al pueblo palestino, ya sea en los territorios del ’67’, del ’48 o en el exilio, como la opresión racista y colonial de Israel.”

Como ciudadano palestino de Israel que no puede apoyar públicamente el BDS debido a la legislación criminalizadora, siento que no puedo unirme a vuestro movimiento popular no violento. ¿Cómo podemos apoyar los y las activistas locales?

Esa es una mala interpretación de la ley israelí anti-BDS -draconiana y antidemocrática. Mala como es, la ley no impide en realidad apoyar el BDS. Sólo hace ilegal abogar públicamente por el boicot a Israel o a cualquier institución israelí. Cualquier ciudadano judío o palestino de Israel que desee apoyar al movimiento BDS puede declarar públicamente su apoyo sin violar la ley -siempre y cuando no exhorte directamente al boicot.[1]

Hay maneras de burlar esta ley represiva. Por ejemplo, yo puedo explicar por qué la empresa X es cómplice de violaciones del derecho internacional y luego decir: ‘Yo estoy boicoteando los productos de esta compañía, pero debido a la represiva ley anti-boicot, no se me permite exhortarles a ustedes a boicotearla también’. De esa manera estoy indirectamente llamando al boicot sin violar la ley.

Pero en última instancia, necesitamos una desobediencia civil generalizada en contra de ésta y todas las demás leyes draconianas de Israel, como hizo el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos y el movimiento anti-apartheid sudafricano. Las leyes injustas y contrarias a la ética no deben ser obedecidas. Las personas de conciencia deben desobedecerlas colectiva y activamente, y eventualmente repudiarlas“.

Otro éxito reciente de la campaña BDS, que llenó los titulares en Israel y en todo el mundo, no fue –sorprendentemente- organizado por Barghouti y el BNC, sino por la Autoridad Palestina. Como miembro de la FIFA, la Asociación Palestina de Fútbol logró amenazar a Israel con ser expulsado de torneos deportivos internacionales, y al final lo forzó a cambiar las políticas que afectan al fútbol palestino. Quise entender qué piensa Barghouti de esto, y de la misma ANP.

El BDS es un movimiento de derechos humanos de base y de la sociedad civil, totalmente independiente de las estructuras oficiales palestinas y de cualquier gobierno”, enfatiza. “Jugó un papel decisivo en la campaña para expulsar a Israel de la FIFA, y muchos observadores reconocen ese papel. Las y los activistas de solidaridad con Palestina, que en su casi totalidad apoyan el BDS, estuvieron luchando durante meses para concientizar sobre las violaciones a los derechos de los atletas palestinos cometidas por Israel en el contexto general de ocupación y opresión.

El hecho de que funcionarios palestinos lideraran el esfuerzo público en este sentido fue nuestro talón de Aquiles, porque la Autoridad Palestina está encadenada a los humillantes Acuerdos de Oslo, y no está concebida para resistir al régimen de opresión israelí de ninguna manera significativa o estratégica.”

El movimiento BDS se está volviendo más y más popular. ¿Hacia dónde ve que va el movimiento, tanto en el futuro cercano como lejano?

Estamos en camino de volvernos mainstream. Ese es nuestro desafío. Y no estamos pidiendo caridad: estamos apelando a la solidaridad efectiva. Como dijo Martin Luther King Jr., el boicot en un nivel básico implica ‘retirarle la cooperación a un sistema perverso’. Cuando le pedimos a instituciones y organizaciones que retiren inversiones de compañías involucradas en los crímenes de Israel no estamos pidiendo nada heroico: estamos simplemente pidiendo a esas organizaciones que cumplan con una profunda obligación moral. Esa es la lógica persuasiva y ética del BDS, y es un factor fundamental en el impresionante crecimiento del movimiento en la última década.

“El movimiento BDS está llegando a un punto de inflexión, principalmente debido a que su estrategia funciona -y funciona bien-, y a que Israel se ha desplazado hacia la derecha fanática, con elementos fascistas en el gobierno, dejando caer la última máscara de su engañosa ‘democracia’. Quizás nuestro logro más importante es haber unido a los palestinos de todo el espectro político e ideológico en una plataforma de derechos humanos y en torno a una forma no violenta de resistencia que está anclada en el derecho internacional“.

A juzgar por las victorias que el BDS ha estado acumulando recientemente parecería que, finalmente, esta estrategia basada en una lógica de presión sostenida y creciente sobre Israel en todos los campos -académico, cultural, económico y militar- está empezando a tener un efecto real y serio. O como dice Omar Barghouti: “todavía no estamos allí, pero nuestro momento sudafricano está llegando“.

[1] Nota del editor: La ley anti-boicot en Israel no penaliza al que exhorta a boicotear a Israel o a sus instituciones, pero sí permite a los ciudadanos particulares demandar por daños económicos a cualquiera que haga un llamamiento público a boicotearlos.
Publicada en +972 Magazine. Traducción del inglés: María Landi.
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Ilan Pappé en Chile

El historiador y activista israelí antisionista estuvo recientemente en Chile. Compartimos las conferencias realizadas en la Universidad de Chile y en el Club Palestino, donde Pappé explica didácticamente la naturaleza del proyecto sionista -racista y supremacista- desde sus mismos orígenes y el proceso de limpieza étnica de Palestina que continúa hasta hoy. También cuestiona el paradigma vinculado al tramposo proceso de Oslo, además de abogar por la estrategia de BDS para poner fin al régimen de ocupación, colonización y apartheid israelí.

Versiones originales en inglés, sin traducción simultánea:

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El fantasma sudafricano recorre Israel


Al celebrar sus 10 años de existencia, el movimiento palestino y global de BDS se ha convertido en el nuevo enemigo del régimen sionista

María Landi

 El escándalo de corrupción que estalló en el reciente Congreso de la FIFA le restó visibilidad a otra polémica desatada en la reunión: la solicitud formal de la Federación de Fútbol Palestina de suspender a Israel por violar la normativa de la FIFA al encarcelar, mutilar y matar a futbolistas palestinos y negarles la libertad de movimiento en su territorio[1].

La iniciativa había generado una importante campaña internacional de presión sobre la FIFA (“Tarjeta roja para el apartheid”), que ocupó espacios incluso en los medios masivos. Cerca de 20.000 personas –incluyendo conocidas personalidades, artistas e intelectuales- habían adherido a la campaña, imitando la primera iniciativa de boicot internacional que se realizó contra la Sudáfrica del apartheid. Además, organizaciones internacionales convocaron a protestar en Zúrich ante la sede del 65º congreso de la FIFA.

De ahí que la frustración de la sociedad civil palestina y sus aliados en el mundo fuera grande cuando en el último minuto, cediendo una vez más a la presión de Israel y sus cómplices, el representante de la ANP en la FIFA, Jibril Rajoub, retirara la solicitud a cambio de vagas promesas de mejora que, como todos saben, Israel no va a cumplir.

Pero si bien esta vez Israel ‘zafó’, no le va tan bien en su millonario empeño por detener la creciente y exitosa campaña mundial de boicot, desinversión y sanciones (BDS). Aun los más incrédulos han tenido que admitir ese avance, no solo por sus éxitos notorios[2], sino también por la preocupación que suscita en las más altas esferas del gobierno israelí.

Afiche de la campaña

Afiche de la campaña “Tarjeta roja al Apartheid”.

Guerra frontal al BDS

Lanzado en 2005 por la mayor coalición de la sociedad civil palestina, el BDS pide el fin de la ocupación israelí de 1967, el fin de la discriminación racial institucionalizada (que se ajusta a la definición de apartheid de Naciones Unidas) y el derecho al retorno de los refugiados palestinos desarraigados y desposeídos en 1948. Se trata de una medida pacífica que busca ejercer una presión efectiva, ante la sistemática negativa de Israel a acatar las resoluciones de la ONU.

La campaña fue iniciada al cumplirse -el 9 de julio de 2005- el primer aniversario del dictamen de la Corte Internacional de Justicia que declaró ilegales el Muro y todo el sistema asociado de ocupación y colonización israelíes, y llamó a los miembros de la ONU a tomar medidas para ponerles fin. La falta de voluntad política de la comunidad internacional llevó a la sociedad civil palestina a convocar a sus pares de todo el mundo, siguiendo el ejemplo del movimiento que puso fin al apartheid en Sudáfrica. Al celebrar su 10º aniversario, el BDS puede jactarse de estar ganando la batalla de la opinión pública.

En efecto, de ignorado durante años, el BDS pasó a ser un asunto de Estado en Israel. El año pasado, en su discurso ante AIPAC (el poderoso lobby judío norteamericano) Netanyahu nombró 18 veces al BDS. El Presidente, el Parlamento y el flamante gabinete del nuevo gobierno de Netanyahu –el más extremista de toda la historia del país- han calificado a la campaña de boicot como “amenaza existencial y estratégica”. Netanyahu encargó a Gilad Erdan, nuevo ministro de Asuntos Estratégicos y Diplomacia, el cometido especial de combatir al BDS, asignándole un presupuesto adicional a las ya millonarias sumas que el país invierte en su industria de propaganda (hasbara). Sin contar los 50 millones de dólares comprometidos a principios de junio por varios magnates judío-norteamericanos como Sheldon Adelson y Haim Saban en una reunión celebrada en Las Vegas para discutir y financiar estrategias de combate al BDS en las universidades del país.

Por otro lado, este mes la Suprema Corte de Israel ratificó la ley -fuertemente criticada por su carácter antidemocrático- que criminaliza a quienes inciten o adhieran al boicot. Es decir, los israelíes pueden boicotear –y de hecho lo hacen- productos turcos, tapados de piel animal o comida no kosher, pero no los productos de las colonias. Como escribió el periodista Noam Sheizaf, “hoy en Israel se puede boicotear cualquier cosa, excepto la ocupación”.

La cuestión es cuánto dinero será necesario para frenar la bola de nieve en que se ha convertido la campaña de BDS. Desde que en 2013 Stephen Hawking canceló un viaje a Israel adhiriendo públicamente al boicot académico, los éxitos han ido en aumento. Recientemente, la Unión Nacional de Estudiantes británica (que agrupa a 600 gremios) se sumó al BDS, siguiendo los pasos de unos 700 artistas de ese país que en febrero adhirieron al boicot cultural. Y en mayo, más de 300 investigadores y docentes belgas se unieron al boicot académico.

En el mismo EE.UU., asociaciones académicas, prestigiosas universidades, iglesias cristianas y hasta organizaciones judías vienen cuestionando con fuerza las políticas israelíes y aprobando mociones de boicot o de retiro de inversiones en empresas israelíes o multinacionales que lucran con la ocupación. En Europa han hecho lo mismo importantes fondos de pensiones, con pérdidas millonarias para los bancos israelíes; varios ayuntamientos cancelaron contratos con empresas multinacionales involucradas con la ocupación, y tiendas y supermercados han retirado productos israelíes fabricados en territorio ocupado.

Varias compañías ya vienen sintiendo el impacto del boicot y han empezado a cerrar sus negocios o a anunciar su retiro de Israel. Así lo han hecho la británica G4S y las francesas Veolia y Orange. Aunque aún está por verse si esos anuncios se materializan, es indiscutible que “El movimiento BDS ha mostrado que debe pagarse un precio por la participación israelí en la colonización de los territorios palestinos”, como declaró Mahmud Nawayaa, coordinador del Comité Nacional Palestino del BDS.

El año pasado la campaña alcanzó un pico importante cuando firmar un contrato publicitario con la empresa israelí SodaStream (ubicada en Jerusalén Este ocupada) le costó a la actriz Scarlett Johansson su puesto como embajadora de Oxfam. Pero mayor fue el precio pagado por la misma SodaStream, que vio desplomarse sus acciones y terminó anunciando el traslado de su planta al desierto del Negev. En situación similar se encuentra la empresa Ahava que produce cosméticos en una colonia ubicada en la parte ocupada del Mar Muerto, y que es objeto desde hace años de la campaña de boicot “Belleza robada”. Este mes se supo que Ahava está considerando trasladar su planta para frenar las pérdidas que sufre cada año como consecuencia del boicot.

Las directivas tomadas por la Unión Europea en 2013 ya están afectando exportaciones agrícolas de las colonias ubicadas en el Valle del Jordán palestino. La situación amenaza agravarse con nuevas disposiciones anunciadas por el bloque que obligarían a etiquetar los productos provenientes del territorio ocupado, prohibiendo que se exporten como “Made in Israel”.

Los gobiernos y empresas que toman medidas de presión hacia Israel no lo hacen impulsados por códigos éticos, sino cediendo a la presión de consumidores y electores. Fue muy claro en el caso de la francesa Orange, después que su rama israelí, además de operar en las colonias, apareció patrocinando directamente unidades militares que participaron en el último ataque a Gaza. Esto no hace sino demostrar la fuerza del boicot como herramienta que está en las manos de ciudadanas y ciudadanos comunes.

La preocupación que estas semanas ha llenado los titulares de los medios israelíes no es exagerada. El Financial Times reseñó un informe filtrado del gobierno israelí donde se estima que el BDS podría costarle a su economía unos 1.400 millones de dólares al año, principalmente por la caída de exportaciones de las colonias si se concretara el etiquetado anunciado por la Unión Europea. Sin embargo un estudio de la estadounidense Rand Corporation afirma que las pérdidas serían más de tres veces superiores, llegando a unos 47.000 millones de dólares en 10 años.

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Cavándose su propia fosa

Es indudable que el nuevo gobierno fascista de Israel, y las declaraciones explícitas del gabinete de que hay que anexar directamente los territorios ocupados, han contribuido al acelerado avance del BDS. Como escribió Omar Barghouti en el New York Times: “Un Gobierno dirigido por un primer ministro que rechaza un Estado palestino, que convierte a los ciudadanos palestinos de Israel en el objetivo de sus comentarios racistas y cuyo aliado principal, el partido Hogar Judío, defiende la creación de bantustanes palestinos, hará muy difícil la defensa de Israel ante el tribunal de la opinión pública mundial”.

El mismo Barak Obama (que ya tuvo un choque con Netanyahu cuando en marzo éste habló en el Congreso de EE.UU. contradiciendo la voluntad del presidente) declaró recientemente: “El mundo ya no cree que Israel sea serio acerca de los dos Estados“, recordando la afirmación de Netanyahu antes de las elecciones de marzo sobre que el Estado de Palestina no existirá mientras él sea primer ministro.

La sociedad israelí, sin embargo, no puede entender las razones de este creciente aislamiento internacional. Ante el avance del BDS, el establishment israelí reacciona de la única manera que sabe hacerlo: culpando a las víctimas. Mientras la clase política esgrime la gastada muletilla del “antisemitismo”, la Corte Suprema equipara a los partidarios del BDS con los que niegan el Holocausto, el ‘opositor liberal’ Yair Lapid dice que son los mismos que atacaron las Torres Gemelas y los medios masivos los comparan con Al Qaeda e ISIS, una encuesta reciente reveló que tres cuartas partes de la opinión pública israelí considera que “el mundo entero está contra nosotros”.

Es el resultado inevitable de un narcisismo victimista inculcado desde el jardín de infantes, por el cual los israelíes se vuelven incapaces de sentir compasión por el sufrimiento palestino y de admitir que su país es en realidad el victimario. La violación sistemática del Derecho Internacional y de numerosas resoluciones de la ONU son irrelevantes para la sociedad israelí, educada en una ideología supremacista que le otorga derechos territoriales exclusivos derivados de un texto religioso.

Solo unas pocas voces críticas –entre ellas, periodistas como Gideon Levy, Amira Hass, Dahlia Scheindlin, consideradas traidoras por la mayoría- intentan inútilmente alertar a sus compatriotas sobre el derrotero suicida por el que se está llevando al país. Esas voces señalan que la incapacidad de la gente de preguntarse por las causas del boicot es coherente con la postura de su gobierno, para el cual todas las estrategias son válidas para acabar con el BDS… menos poner fin a la ocupación.

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¿Y en América Latina?

Es indiscutible que los vientos del hemisferio Norte son apenas una brisa en nuestra región. De hecho Israel trata de aprovechar la relativa legitimidad que le queda por aquí avanzando distintas propuestas de normalización[3] en los planos comercial, cultural y diplomático. Así, no solo gobiernos, sino también sindicatos, universidades, artistas, instituciones culturales y deportivas de América Latina aceptan de buen grado las ofertas de patrocinio, viajes, festivales, becas y cursos, desconociendo –por ignorancia o indiferencia- el llamado de la sociedad civil palestina a poner fin a las relaciones de normalidad con Israel.

Sin embargo las cosas están empezando a cambiar, aunque lentamente. Brasil es el país que ofrece los mejores ejemplos de ello: – En agosto 2014, la presión de artistas participantes consiguió que la 31ª edición de la Bienal de São Paulo retirara el patrocinio de la embajada israelí. – En diciembre del mismo año, movimientos sociales y de solidaridad lograron que el gobierno de Rio Grande do Sul cancelara un importante acuerdo de cooperación con la empresa militar israelí Elbit Systems. – En mayo de este año, el gobierno brasileño anunció que no adjudicará a la empresa de seguridad israelí ISDS un contrato por 2200 millones de euros para las Olimpíadas de 2016 en Río de Janeiro. – Estos días los grandes medios brasileños están difundiendo la creciente campaña para que Caetano Veloso y Gilberto Gil cancelen su concierto en Israel; una presión que se ha vuelto internacional: el británico Roger Waters (ex líder de Pink Floyd y abanderado del boicot cultural) ya les escribió dos cartas públicas, y el obispo sudafricano Desmond Tutu (también partidario del BDS) les pidió que no actúen en Israel.

En Argentina, 2013 fue un año significativo para el despegue del BDS: – El gobierno de la Provincia de Buenos Aires suspendió un acuerdo por 170 millones de dólares con la firma estatal israelí Mekorot, después de una campaña de sindicatos y grupos de derechos humanos que conectaron el apartheid del agua que Israel practica en Palestina con evidencia de que el proyecto perjudicaría a los consumidores argentinos. – Docentes universitarios de todo el país iniciaron una campaña de boicot académico que ya recibió más de 400 adhesiones.

A nivel regional, las últimas Cumbres de la Sociedad Civil del MERCOSUR han aprobado en sus declaraciones finales la moción de suspender el tratado de libre comercio con Israel (el único que el bloque firmó con un país de fuera de la región). Pero aún no se han tomado medidas para pasar del discurso a los hechos.

En cuanto al boicot cultural, en varios países de la región se han hecho campañas contra la actuación de compañías israelíes o para pedir a nuestros artistas que no actúen en Israel[4]. Hasta ahora los resultados han sido escasos, aunque es bueno señalar una campaña exitosa que pasó desapercibida: el año pasado, en pleno ataque sobre Gaza, la popular murga uruguaya Agarrate Catalina canceló su actuación en Tel Aviv; aunque no explicó las razones, se supo que lo hizo atendiendo a las fuertes presiones que recibió desde ambas orillas del Plata. Incluso Joaquín Sabina fue repudiado cuando actuó en tres países del Cono Sur por haberse negado a cancelar dos actuaciones previas en Israel.

Más allá de los limitados alcances de estas iniciativas, el mensaje se está haciendo sentir con claridad: el precio de hacer negocios o mantener vínculos ‘normales’ con Israel es cada vez más alto. El fantasma de Sudáfrica está en la memoria de todos, y muchos sienten que es hora de marcar distancia, antes que sea demasiado tarde. Como expresó Omar Barghouti en una reciente entrevista: “Todavía no estamos allí, pero nuestro momento sudafricano está llegando”.

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Con Omar Barghouti *

– ¿Qué potencial y desafíos ve el movimiento BDS en América Latina?

– Nosotros vemos a América Latina como una gran inspiración para las redes de derechos humanos y movimientos sociales en todo el mundo. También la vemos como una región clave para el trabajo de solidaridad con Palestina, dado el rápido crecimiento allí de la influencia de Israel.

Años atrás, esa influencia se limitaba mayormente a apoyar dictadores y escuadrones de la muerte, y a hacer el trabajo sucio para Estados Unidos en su patio trasero. Hoy, la influencia de Israel alcanza incluso a gobiernos que simbólicamente apoyan los derechos palestinos en Naciones Unidas y en todas partes, pero sin embargo no tienen problema en invertir cientos de millones de dólares para comprarle a Israel equipamiento militar y de seguridad que ha sido “testeado” en la población civil de Palestina y Líbano.

El BDS en América Latina se ha vuelto más urgente que nunca. Tenemos que construir un movimiento de base que sea inclusivo, no sectario, opuesto a toda forma de racismo y discriminación y capaz de construir alianzas con otros movimientos de derechos humanos y por la justicia socio-económica en el continente.

Las alianzas con movimientos que luchan por los derechos colectivos: indígenas, negros, mujeres, trabajadoras, campesinos, sin tierra, estudiantes, LGBTQ, ecologistas, teólogos de la liberación, etc., están en el foco de nuestra estrategia en construcción. El hecho de haber nombrado recientemente a un coordinador de campañas para América Latina es un indicador de la importancia que le damos a esa región.

– ¿Qué espera el Comité Nacional Palestino de BDS de activistas y sociedad civil de América Latina?

Esperamos ver que las campañas estratégicas de BDS se desarrollen de manera efectiva en todo el continente, repitiendo victorias como la de Brasil contra Elbit Systems y aprendiendo de ella para obtener otras en el futuro cercano. Esperamos que se desafíe a Israel y sus cómplices y se les haga rendir cuentas, y que los movimientos sociales de América Latina trabajen junto al movimiento BDS para frenar la creciente militarización del continente.

Nuestras hermanas y hermanos de América Latina conocen el apoyo que Israel le dio a todos y cada uno de los dictadores, y cómo ha entrenado y armado a los escuadrones de extrema-derecha y fuerzas de seguridad. Esa es la herencia de Israel en el continente. Por eso, la campaña de BDS es buena para los pueblos de América Latina tanto como lo es para el pueblo palestino.

* Entrevista realizada por María Landi al final de una charla reciente en el campo de refugiados de Aida (Belén, Cisjordania ocupada).

 

 Más información: boicotisrael.net

[1] Ya el año pasado, la Unión de Federaciones de Fútbol Europeas (UEFA) había rechazado la candidatura israelí para albergar partidos de la Eurocopa de fútbol 2020. Esta decisión fue fruto de la campaña llevada a cabo por equipos deportivos palestinos y grupos de activistas de toda Europa.
[2] Ver aquí los éxitos de la campaña en 2013 y en 2014 en el mundo.
[3] Por “normalización” se entiende la pretensión israelí de proyectar una imagen de país occidental, democrático, respetuoso de las libertades y los derechos humanos (“la única democracia de Medio Oriente”), mientras busca ocultar la realidad de ocupación, colonización y apartheid a la que somete al pueblo palestino.
[4] Las compañías israelíes Mayumana y Bersheva, los argentinos Piero y Kevin Johansen, el colombiano Juanes son algunos de los artistas que han sido o son objeto de campañas de boicot o de presión en la región. La red de BDS en España ha fundamentado las razones en una Guía de Boicot Cultural (basada en las directivas del comité palestino de BDS).
Publicado en el semanario Brecha el 19/6/15.
Ver también en este blog:
El BDS funciona. También en Estados Unidos
¿Qué quedó del Año Internacional de Solidaridad con Palestina?
América Latina tiene que encabezar la lucha contra el apartheid israelí
Palabras del historiador Ilan Pappé en su reciente visita a Chile (2:45′):
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La vida de Jader Adnan está en peligro


El líder palestino lleva 40 días en huelga de hambre, casi un año en detención administrativa, y se encuentra hospitalizado desde del 9 de junio

El viernes 12 de junio, Rafat Hamduna, director del Centro de Estudios sobre los Prisioneros Palestinos, informó que la salud de Jader Adnan continúa deteriorándose: el prisionero está perdiendo peso a un ritmo alarmante y ya no puede moverse ni mantenerse en pie.
Hamduna llamó a los actores palestinos, árabes e internacionales a tomar medidas para apoyar la lucha de Adnan, quien –agregó- está defendiendo los derechos humanos de alrededor de 500 presos palestinos que hoy se encuentran en detención administrativa (sin cargos ni juicio).
Jader Adnan, casado y con seis hijos e hijas, fue detenido el 8 de julio de 2014 y sentenciado a detención administrativa por décima vez en su vida.

FIRMA AQUÍ la petición de Samidoun demandando el fin de la detención administrativa de Jader Adnan.

El padre y la hija mayor de Jader Adnan (Foto: Alex Levac)

El padre y la hija mayor de Jader Adnan (Foto: Alex Levac)

Jader Adnan está otra vez en huelga de hambre por su libertad

Budour Youssef Hassan*

Traducción: María Landi

 

Maali tenía sólo 4 años cuando su padre, Jader Adnan, se embarcó en una huelga de hambre de 66 días en protesta por estar detenido sin cargos ni juicio -una práctica conocida como detención administrativa-, después que las fuerzas de ocupación israelíes lo arrestaron en diciembre de 2011.

Lo único que ella podía comprender en aquel entonces era que su padre estaba dejando de alimentarse por decisión propia para poder reunirse con ella y su hermana Bisan, y para estar al lado de su madre cuando diera a luz a su hermanito Abd al-Rahman.

Adnan fue liberado en abril de 2012. Tres años más tarde, a los 37 años, está nuevamente bajo detención administrativa, y ha entrado en el segundo mes de una nueva huelga de hambre.

Maali, que ahora tiene 7 años, explica que su padre lo hace para “exigir su libertad y defender los derechos de los presos“. Usa palabras que normalmente uno no espera oír de una niña pequeña, pero la ‘vida normal’ es un lujo que Maali y sus cinco hermanas/os nunca han conocido.

Un arduo camino

La historia de persecución y detenciones de Jader Adnan se remonta a 1999, cuando el entonces estudiante de matemáticas en la Universidad de Birzeit fue detenido por las fuerzas de ocupación israelíes, que lo acusaron ​​de estar afiliado al partido político de la Yihad Islámica.

Fue la primera de una serie de detenciones -que en total suman más de seis años en las cárceles israelíes- en las cuales Adnan nunca ha sido acusado formalmente ni juzgado, aun por los tribunales militares israelíes, que son conocidos por no cumplir con las mínimas normas internacionales.

Dos personas que han estado junto a él en este arduo camino son su padre Adnan Mousa y su madre Nawal. Viven en Arraba, cerca de Yenín, en el norte de Cisjordania. Nawal solía visitar a su hijo en las numerosas cárceles israelíes donde estuvo, hasta que perdió la movilidad y ya no pudo caminar.

En 2012, Nawal asistió a una de las audiencias en silla de ruedas, pero desde hace poco su salud se ha deteriorado y ya no puede salir de su casa. Su padre, ahora de 78 años, va de una protesta a otra  en apoyo de su hijo y de los otros presos políticos. El anciano acompaña a la esposa de Jader, Randa, a conferencias de prensa y vigilias.

Cuando Adnan Mousa dijo a The Electronic Intifada que estaba planeando ir a Jerusalén para una protesta en apoyo de su hijo -que tuvo lugar el 5 de junio-, su esposa lo interrumpió: “Pero tengo miedo de que [los soldados israelíes] te hagan daño“, dijo. Él se encogió de hombros, insistiendo en que no tenía nada que perder.

El padre y las hijas de Adnan en Yenín el 12 de junio (The Palestinian Information Center).

El padre y las hijas de Adnan en un acto en Yenín el 12 de junio (The Palestinian Information Center).

“La huelga de hambre como un arma”

Para Randa, la difícil situación de su marido no es nada nuevo. “Él usó la huelga de hambre como un arma, tanto en las cárceles israelíes como en las de la Autoridad Palestina, donde estuvo detenido dos veces, y en ambas ocasiones recurrió a la huelga de hambre“, dijo.

La huelga de hambre de 66 días -que comenzó el 18 de diciembre de 2011- desembocó en su eventual liberación, gracias a que logró concitar un considerable apoyo popular y la atención internacional.

También sirvió para llamar la atención sobre el tema de la detención administrativa -una reliquia de la dominación colonial británica heredada por Israel-, usada por las autoridades de ocupación para intimidar y desgastar a los palestinos, manteniendo a cientos de detenidos sin cargos ni juicio. Generalmente se detiene en esas condiciones por seis meses, pero la detención pueden ser renovada indefinidamente.

En 2012 Amnistía Internacional publicó un informe detallando los abusos contra los derechos humanos relacionados con la detención administrativa, utilizada por Israel para “reprimir las actividades legítimas y pacíficas de activistas en los territorios palestinos ocupados”. A.I. pidió la “liberación inmediata e incondicional” de los prisioneros detenidos bajo esta práctica.

Según B’Tselem, la organización israelí de derechos humanos, a finales de marzo había 412 presos palestinos bajo detención administrativa en las cárceles israelíes.

The Palestinian former prisoner Khader Adnan works at his bakery in the West Bank Village of Qabatiya near Jenin, June 21, 2013.

Jader Adnan  en su panadería en la aldea de Qabatiya, cerca de Yenín, en junio de 2013 (Ahmad Al-Bazz).

Escalada

La anterior huelga de hambre de Jader Adnan también jugó un papel clave para desencadenar otras huelgas de hambre de prisioneros palestinos; las más notables, de Hana Shalabi, Thaer Halaleh y Bilal Diab. A ellas les siguió una huelga de hambre masiva que comenzó el 17 de abril de 2012.

No obstante, la huelga de hambre como táctica ha ido perdiendo eficacia para movilizar a la opinión pública palestina. Esto se debe en parte al hecho de que ha sido utilizada por individuos, siendo habitualmente más eficaz cuando se implementa en masa. Su modalidad también ha variado: la mayoría de los huelguistas de largo plazo han pasado por huelgas de hambre parciales, rechazando algunas comidas al principio y después recibiendo vitaminas y otros suplementos nutricionales, pero no comida sólida.

En el caso de Adnan, sin embargo, su abogado y su familia han confirmado que está llevando a cabo una huelga de hambre completa, que comenzó solo con agua y sal. Desde entonces ha intensificado la medida, ingiriendo solamente agua.

El padre de Adnan dijo a The Electronic Intifada que Jawad Boulos, jefe de la unidad jurídica del Club de Prisioneros Palestinos, visitó a su hijo el 3 de junio. Boulos trató de convencerlo de poner fin a la huelga de hambre, pero Adnan se negó firmemente, a pesar de que ha sufrido una pérdida drástica de peso y su salud se ha deteriorado mucho.

Actualmente está recluido en régimen de aislamiento -y esposado a la cama- en la clínica de la prisión de Ramla, después de haber sido trasladado desde la prisión Hadarim (ambas en Israel). Adnan se niega a recibir cualquier tratamiento por parte de los médicos de la autoridad penitenciaria israelí, e insiste en que sólo aceptará ser tratado por un médico independiente.

Su esposa Randa lamenta la falta de movilización social en apoyo a Jader, aunque ya hace más de 30 días que comenzó la huelga. “La vez pasada, las protestas grandes comenzaron después de 45 días de huelga de hambre, y cuando ya su vida estaba en peligro. Esta vez no podemos esperar tanto tiempo“, dijo.

Randa y su hija M en 2012 (AFP)

Randa y su hija Bisan en una visita a su esposo en huelga de hambre, en 2012 (AFP).

“Amenaza”

El padre de Adnan cree que uno de los factores que contribuyen al relativo silencio es el miedo. No a Israel, sino a la Autoridad Palestina. “La ANP ve a mi hijo como una amenaza, porque mientras él apoya todas las formas de resistencia, la ANP apoya todas las formas de normalización“, dijo.

La ANP corrió a abrazar a Adnan cuando fue liberado en abril de 2012. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que fuera marginado -e incluso amenazado- por la ANP. Su presencia continua en la primera línea de las protestas, su carisma y la admiración que se ganó entre los jóvenes palestinos, independientemente de su filiación política, hizo de él un líder y un símbolo.

Activo y comprometido, visitaba regularmente a las familias de los presos y de los asesinados por la ocupación, por lo general acompañado de Randa. Visitó los hogares de más de 500 familias de prisioneros y se consagró a la causa de los presos, sin importar si estaban afiliados a las facciones islamistas, a los partidos de izquierda o a Fatah, el partido de la ANP.

Él volvió a su trabajo en la panadería sólo una semana después de ser liberado”, recordó Randa. “Iba a la panadería a las 2 AM y volvía a casa al mediodía; pero siempre que había una protesta en [la cárcel de] Ofer o en Ramala, dejaba su trabajo para participar en ella“.

Mientras se celebraba una oración por un palestino asesinado por Israel, fue acosado por las fuerzas de seguridad palestinas, que trataron de echarlo de la mezquita. En otro incidente, lo detuvieron durante una hora”, explicó.

El padre de Adnan dice que ni un solo miembro de la ANP lo ha llamado para expresar su apoyo. “Hemos recibido mensajes de solidaridad de personas que están bajo los bombardeos en Alepo. Hemos recibido mensajes de apoyo desde el campamento de refugiados de Yarmuk y desde Homs; y de Irlanda, donde saben muy bien lo que significa morir de hambre por la libertad. Pero no recibimos ni una sola palabra de la ANP o del ministerio de prisioneros”, dijo.

Durante la entrevista, Randa recibió una llamada de la madre de un preso cuyo hijo ha estado en las cárceles de la ocupación durante 13 años. Estas llamadas significan mucho para la familia, ya que muestran cuán admirado es Jader.

Adnan durante un acto por los presos políticos en Nablus (Ahmad Al-Bazz

Adnan en un acto por los presos políticos celebrado en Nablus, en agosto de 2012 (Ahmad Al-Bazz).

“Compañero de lucha”

Jader no es sólo mi marido“, dijo Randa. “Él es un compañero de lucha. He ido con él a las protestas, y juntos hemos apoyado a las familias de los presos. Nunca consideré su activismo como una carga, sino como algo valioso“.

Randa hizo cuestión de subrayar lo amoroso y gentil que es su esposo: “Él siempre me ayudó a criar a los niños, cambiándoles los pañales y haciendo cosas que muchos hombres no están dispuestos a hacer. Cuando estaba embarazada de los trillizos, Jader limpiaba la casa y hacía todo lo posible para que yo me sintiera cómoda y feliz”, dijo.

A pesar de estar extremadamente preocupada por su bienestar, la familia apoya la decisión de Adnan de seguir con la huelga de hambre, y tienen confianza de que saldrá victorioso.

Discutimos el tema antes de que fuera arrestado de nuevo en julio del año pasado“, explicó su madre. “Yo le dije: ‘por favor, si te arrestan de nuevo, no hagas huelga de hambre’. Él permaneció en silencio, pero me clavó una mirada que atravesó mi corazón como una bala… como pidiéndome que respetara su decisión y no lo privara de la única arma que tendría”.

Jader Adnan informó a su esposa y a su padre de su plan de empezar una huelga de hambre si las autoridades israelíes renovaban su detención administrativa. “Jader no es un nihilista“, dijo su padre. “Él no está haciendo esto porque quiera morir o hacerse daño a sí mismo. Por el contrario, él está pasando por todo esto porque ama la vida y cree que ésta es la única manera de alcanzar la libertad“.

Adnan con sus dos hijas poco después de ser liberado en 2012. (Ahmad Al-Bazz)

Adnan con sus dos hijas poco después de ser liberado en 2012. (Activestills).

*Budour Youssef Hassan es una activista palestina licenciada en Derecho que vive en Jerusalén. Bloguea en: http://budourhassan.wordpress.com y tuitea en: @Budour48.
Publicado en Electronic Intifada el 6/6/15.

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Dos textos de Ramzy Baroud

Foto sin crédito en el blog del autor

Foto sin crédito en el blog del autor

Ramzy Baroud es uno de los analistas palestinos más prolíficos y lúcidos de la actualidad. Su pensamiento se caracteriza por su independencia política, su crítica a la ANP de Mahmoud Abbas, al proceso de Oslo y al paradigma que lo sustenta, y su llamado a la unidad de las y los palestinos en torno a un proyecto de liberación por encima de diferencias y sectarismos, basado en un enfoque de derechos y con el movimiento global de BDS como principal estrategia de lucha a nivel internacional.

 Nacido en un campo de refugiados de Gaza, actualmente vive en Seattle (EEUU), es Doctor en Historia de los Pueblos por la universidad de Exeter, analista y consultor internacional. Ha publicado varios libros y es fundador de dos excelentes portales informativos y de análisis: The Palestine Chronicle y Middle East Eye.

Ver aquí su sitio web personal Politics for the People.
Y aquí sus artículos en castellano publicados en Rebelión.

En el mes del 48º aniversario de al-Naksa, compartimos dos de sus recientes artículos (publicados en Rebelión y traducidos por Sara Plaza) que discuten las estrategias en juego para avanzar en la lucha por los derechos palestinos:

Los “deberes” urgentes de los palestinos. 

Lo bueno, lo malo y lo incierto de reconocer a Palestina

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Lo que realmente sucedió en la guerra árabe-israelí de 1967

María Landi:

Al conmemorarse 48 años de la ocupación israelí de Cisjordania, Gaza, Jerusalén Este, el Sinaí y los Altos del Golán sirios, un texto necesario del periodista británico Alan Hart que desmiente el mito sionista de la “amenaza existencial” como justificación para el ataque a los vecinos árabes. Una agresión que Israel llamó “la Guerra de los Seis Días” y que tuvo como verdadera finalidad continuar su expansión y comenzar a colonizar el territorio en el que, se suponía, algún día el pueblo palestino tendría su Estado. Esa colonización que empezó hace 48 años con gobiernos laboristas continúa hoy con los gobiernos de la ultraderecha; porque el proyecto colonial sionista fue siempre el mismo.

En palabras del difunto general israelí Mati Peled, protagonista de los hechos:

Todas esas historias sobre el enorme peligro que enfrentábamos a causa del tamaño pequeño de nuestro territorio, argumento utilizado cuando terminó la guerra, nunca fueron consideradas en nuestros cálculos. Mientras procedíamos hacia la completa movilización de nuestras fuerzas, nadie en su sano juicio podía pensar que toda esta fuerza era necesaria para nuestra ‘defensa’ de la amenaza egipcia. Esta fuerza era para aplastar a los egipcios de una vez por todas en el nivel militar y a sus amos soviéticos en el nivel político. Fingir que las fuerzas egipcias concentradas en nuestras fronteras eran capaces de amenazar la existencia de Israel no solo era un insulto para la inteligencia de cualquier persona capaz de analizar este tipo de situación, sino que es básicamente un insulto al ejército israelí.

Traducido por Tali Feld Gleiser para el blog “Los Otros Judíos“.

Originalmente publicado en Los otros judíos:

Guerra de los Seis Días. Itzjak Rabin (izquierda) Moshe Dayan, Uzi Narkis (derecha) entrando en Jerusalén, junio de 1967

“A veces algunos líderes israelíes dicen la verdad”

Por Alan Hart.

Aún hoy en día, a 48 años, existen relativamente pocas personas que conocen toda la verdad sobre cómo Israel preparó el camino para la guerra de junio de 1967, con el objetivo de apoderarse de más tierra árabe. El evento decisivo que hizo que la guerra fuera inevitable sucedió el jueves 1º de junio, cuatro días antes de que Israel lanzara sus ataques. ¿Cuál fue?

Ese día hubo un golpe organizado y llevado a cabo por los generales israelíes más importantes y otros jefes de seguridad sin que hubiera ni un tiro. Estos le exigieron al primer ministro Levi Eshkol que formara un gobierno de unidad y nombrara ministro de Defensa al adalid tuerto de la guerra: el general…

Ver original 2.877 palabras más

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Jerusalén, una ciudad de pobreza y división

La dramática situación humanitaria de la población palestina en Jerusalén -al igual que en el resto de Cisjordania y en Gaza- es producto de políticas sistemáticas de limpieza étnica, discriminación, exclusión y expulsión practicadas por el régimen sionista a lo largo de muchas décadas. Estas cifras surgen del reciente informe de la ONG israelí Association for Civil Rights in Israel (ACRI):

“Más de una cuarta parte de los palestinos de Jerusalén viven detrás del muro de separación. Israel ha revocado la residencia a más de 14.000 jerosolimitanos palestinos desde que se “reunificó” la ciudad en 1967, 107 de ellos solo el año pasado.

Tres cuartas partes de los 300.200 palestinos residentes de Jerusalén Este viven por debajo del umbral de la pobreza, incluyendo el 83,9 por ciento de los niños  (…) Este estado de cosas es atribuido, en buena parte, a la falta de inversiones del Estado, así como al hecho de que más del 25 por ciento de los residentes palestinos de Jerusalén viven al otro lado del muro de separación.”

Jerusalén, una ciudad de pobreza y división.

Artículo de Natasha Roth en +972 Magazine, traducido y publicado por Javier Villate en su Blog sobre Palestina.

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