Colonialismo israelí, puro y duro

María Landi:

Amira Hass muestra una vez más (usando los recientes ejemplos de las aldeas de Susia, en el sur de Cisjordania, y Atir/Um al Hiran, en el Naqab/Neguev) que el colonialismo y el apartheid israelíes no tienen límite de tiempo ni de espacio. La Nakba nunca se detuvo, y continúa hoy a ambos lados de la Línea Verde (y no se va a detener con la ilusoria “solución de dos estados” mientras el régimen sionista permaneza intacto):

Con su aprobación de la demolición de Susia y Um al Hiran, los jueces han trazado una línea recta que vincula 1948 con el presente. Han confirmado lo que los críticos más virulentos de Israel dicen sobre el país: que es una entidad colonial y usurpadora. Los jueces han repetido como loros lo que el estado ha estado vociferando constantemente: se trata de mi derecho a robar, a expulsar, a demoler y a desplazar a la gente y amontonarla en jaulas. He demolido y seguiré haciéndolo. He expulsado y seguiré haciéndolo. He amontonado a gente y seguiré haciéndolo. Nunca me importó lo más mínimo y nunca me importará.”

Traducido por Javier Villate en su “Blog sobre Palestina”.
Reblogueado desde el blog “Los otros judíos”.

Originalmente publicado en Los otros judíos:

ee79311f-e33e-462e-90d3-b21acc9dfbecPor Amira Hass.

Hay una línea recta que conecta la aldea palestina de Susia, en el sur de Cisjordania, y Atir/Um al Hiran, una comunidad beduina del Neguev. Esto fue subrayado la semana pasada por los jueces de la Corte Suprema. Se trata de dos comunidades de palestinos que el estado judío expulsó de sus casas y tierras hace décadas, y cuyas familias han vivido, desde entonces, en pueblos “no reconocidos” en condiciones vergonzosas, forzados a ello por el gobierno israelí. Una comunidad se instaló en sus tierras agrícolas y la otra en un área a la que el gobierno les trasladó durante los primeros años del Estado de Israel, cuando los ciudadanos árabes vivían bajo un régimen militar de excepción.

Las dos comunidades carecen, por decisión del gobierno de Israel, de poderes para planificar su desarrollo. En su lugar, Israel les exige que se hacinen dentro de los límites…

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El Holocausto Palestino: A 67 años de la Nakba

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Originalmente publicado en Los otros judíos:
Puede parecer extraño este encabezado, por la inevitable reminiscencia que trae respecto de la situación vivida por los judíos durante el régimen nazi. Sin embargo,invitamos al lector a reflexionar acerca de los hechos…

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Todas las máscaras han caído


…y la hora sudafricana ha llegado para Palestina

 

En estos días Israel ha sido noticia por dos hechos igualmente lesivos para la dignidad humana -no ya solamente para el pueblo palestino que padece y resiste al régimen de ocupación colonial más brutal, racista y prolongado de la historia moderna. Esos hechos son:

Relatives mourn the death of 3-year-old Palestinian boy Moayad al-Araj, who hospital officials said were killed in an Israeli air strike, during his funeral in Khan Younis in the southern Gaza Strip, July 13, 2014. The deadliest strike was in Gaza City just before midnight (2100 GMT) in the eastern Tuffah district where 18 people were killed in strikes that hit the house of Hamas police chief Tayseer al-Batsh and a mosque, medics said. Photo by Ramadan El-Agha

Familia llorando la muerte de sus miembros en Khan Younis, Gaza, 13/7/14. (Foto: Ramadan El-Agha).


1. La revelación de 111 testimonios de soldados israelíes que participaron en el último ataque genocida sobre Gaza
(la operación Margen Protector, de julio-agosto 2014), difundidos por la organización Breaking the Silence (Rompiendo el Silencio), que recopila testimonios de ex soldados/as israelíes sobre las violaciones de derechos humanos cometidas contra la población palestina durante sus años de servicio.

En el informe “This is how we fought in Gaza. Soldiers’ testimonies and photos from Operation “Protective Edge” (2014)“, la ONG denuncia que las normas de combate que recibieron los soldados que participaron en la mencionada operación fueron “las más permisivas que jamás se han oído”, lo que explica el elevado número de víctimas, así como la destrucción de millares de viviendas. Muchos de los soldados entrevistados afirman que las órdenes eran disparar a matar a cualquier persona.

Según la periodista Yolanda Álvarez: “El exoficial Yehuda Shaul le pone nombre a ese comportamiento: es la doctrina “Dahia”. Así se llamaba un barrio de Beirut que Israel redujo a cenizas en la segunda guerra del Líbano: “Otra cosa que se ha desarrollado en los últimos años en la forma en que el Ejército opera en Gaza es esta idea de infligir un daño y una destrucción masivos en las propiedades e infraestructuras civiles para crear disuasión. La idea es que si les enseñamos a los palestinos que cuando se meten con nosotros pagan un precio alto, se lo pensarán dos veces antes de empezar otra nueva lucha“, asegura Shaul.”

Más información:

Teníamos permiso para disparar a todo el que quisiéramos y siempre que quisiéramos, por Yolanda Álvarez para RTVE. (Incluye un testimonio filmado y traducido al castellano).

‘Romper el silencio’ expone los abusos de Israel, en Palestina Libre (tomado de AFP).

Soldados israelíes confiesan ataques indiscriminados contra civiles en la última ofensiva en Gaza, por Ana Garralda en el diario.es.

 Militares israelíes confiesan que las matanzas en Gaza fueron intencionadas, por Eugenio García Gascón, en Público.

Ver aquí una serie de fragmentos de testimonios filmados, subtitulados en castellano.

Ver aquí en la web de Breaking the Silence los testimonios en video, el cuadernillo con los testimonios, y fotos y videos tomados por los soldados durante la operación Margen Protector.

 Un fragmento de uno de los testimonios sobre la destrucción de las casas (1:31′, subtitulado):
“Para nosotros no hay tal cosa como civiles” (fragmento de testimonio, 0:56′, subtitulado):
“Tienen permitido disparar a cualquier cosa que vean” (testimonio de 0:53′, subtitulado):
 NOTA: La organización Breaking the Silence ha sido criticada por mantener el anonimato de los responsables de crímenes de guerra y de lesa humanidad, y más en general por participar de una cultura que ha sido llamada sarcásticamente por la misma izquierda israelí “disparan y lloran” (yorim vebojim, en hebreo). El tema es complejo y no hay espacio para desarrollarlo aquí. En este fragmento (3:45′) el historiador también israelí Ilan Pappé resume su posición sobre la obligación de perseguir penalmente a los responsables de dichos crímenes:


2. El por cuarta vez electo primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu dio a conocer su flamante gabinete
(resultado de una dificilísima y frágil coalición de último minuto e incierto futuro), que según todos los analistas será el más fascista y extremista de toda la historia de Israel.

Apenas algunos ejemplos de los personajes (de alguna manera hay que llamarlos) que tendrán en sus manos las vidas de unos seis millones de palestinas y palestinos a ambos lados de la Línea Verde:

  • Ayelet Shaked, nueva ministra de Justicia, quien siendo diputada en el Knesset afirmó el año pasado:

Hay que matar a las madres de todos los terroristas palestinos“.

Tienen que morir y sus casas deben ser demolidas. Ellos son nuestros enemigos y nuestras manos deberían estar manchadas de su sangre. Esto también se aplica a las madres de los terroristas fallecidos“, escribió en su página en Facebook Ayelet Shaked, cuando era diputada del partido ultranacionalista Hogar Judío.

“Detrás de cada terrorista hay decenas de hombres y mujeres sin los cuales no podrían cometer atentados. Ahora todos son combatientes enemigos, y su sangre caerá sobre sus cabezas. Incluso las madres de los mártires, que los envían al infierno con flores y besos. Nada sería más justo que siguieran sus pasos”, publicó la política el pasado 7 de julio.

Referiéndose a las mujeres palestinas, Shaked señaló: “Deberían desaparecer junto con sus hogares, donde han criado a estas serpientes. De lo contrario, criarán más pequeñas serpientes“.

Fuente: RT.
  • Naftali Bennett, nuevo ministro de Educación: Líder del partido racista “Hogar Judío”, ha llamado abiertamente a la destrucción de Gaza, la anexión de Cisjordania y la expulsión de la población palestina. En 2013, siendo ministro de Economía, afirmó:

Si capturamos a terroristas, hay que matarlos, sencillamente”.

Yo he matado a muchísimos árabes (hamon arabim) en mi vida, y no he tenido ningún problema por ello”.

Fuente: PalestinaLibre.org
  • El Rabino Eli Ben-Dahan, vice-ministro de Defensa y nuevo Jefe de la “Administración Civil” (nombre que Israel le da desde los Acuerdos de Oslo al régimen militar que gobierna a la población palestina en los territorios ocupados). Siendo miembro del Knesset, afirmó en 2013:

“[Los palestinos] son bestias, no son humanos”. 

“Un judío siempre tiene un alma muy superior a la de un gentil, incluso si es homosexual”.

Como escribió un analista judío: “Los israelíes tienen razón al preocuparse porque Ayelet Shaked será la próxima ministra de Justicia, y Naftali Bennett el ministro de Educación. Pero prueben a ser palestino en Cisjordania, donde el que está a cargo de controlar tu vida cotidiana ni siquiera te ve como un ser humano”. 

Fuente: +972 Magazine
  • Moshe Yaalon (del Likud), que continuará como Ministro de Defensa, dijo recientemente en una conferencia en Jerusalén que Israel destruirá barrios enteros de población civil en cualquier futuro ataque a Gaza o al Líbano.

Vamos a herir a los civiles libaneses, incluyendo a los niños de las familias (…) lo hicimos entonces, lo hicimos en la Franja de Gaza, y lo vamos a hacer en cualquier otra ronda de hostilidades en el futuro”, afirmó. También amenazó con lanzar una bomba nuclear sobre Irán, aunque dijo que  “todavía no hemos llegado a ese momento.”

Fuente: Electronic Intifada


Desde Netanyahu hasta el último de sus ministros han manifestado explícita y abiertamente que no tienen la menor intención de permitir la existencia de un Estado palestino, y que seguirán ocupando el territorio palestino y habitándolo con más población judía. Y seguirán cometiendo crímenes de guerra como vienen haciéndolo desde hace siete décadas. El derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas les son indiferentes, porque saben que hasta ahora han podido desconocerlas y violarlas con total impunidad.

Las últimas máscaras han caído, pues, y el nuevo gobierno electo por la ciudadanía israelí revela claramente, sin tapujos ni medias tintas, la verdadera naturaleza del proyecto sionista -que fue siempre el mismo, pero durante décadas se presentó con ropajes liberales y civilizados.  A la comunidad internacional no le queda ya ningún pretexto -excepto su propia hipocresía y complicidad- para continuar justificando al régimen sionista ni para seguir apostando a su buena fe.

Este mes en que conmemoramos el 67º aniversario de al-Nakba, y este año en que se cumple el 10º aniversario de la fundación del movimiento palestino de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), está más claro que nunca que el único camino que le queda a la sociedad civil internacional es continuar profundizando y expandiendo este movimiento global hasta que el precio de mantener el actual status quo sea intolerable e Israel se convierta en un Estado paria.

Lo dice con abrumadora elocuencia la académica y activista israelí Nurit Peled Elhanan en un texto hecho público después que el 15 de abril pasado la Suprema Corte de Israel ratificara la ley que define como delito el llamado a boicotear las instituciones y organizaciones israelíes o que cooperan con la ocupación:

Publicidad del BDS en buses urbanos de San Francisco, EEUU:

Publicidad del BDS en buses urbanos de San Francisco, EEUU: “Boicotear a Israel hasta que los palestinos tengan iguales derechos”.


El deber de apoyar el movimiento BDS

 

Nurit Peled-Elhanan (Foto: Pierre-Yves Ginet).

Nurit Peled-Elhanan (Foto: Pierre-Yves Ginet).

El 15 de abril de 2015, la Corte Suprema israelí aprobó el proyecto de ley que define como delito penal el llamado a boicotear las instituciones y organizaciones israelíes o a las personas que colaboran con la ocupación. Quienes llamen al boicot de los productos de los asentamientos o apoyen el BDS son susceptibles de ser sometidas a juicio en Israel. El 16 de abril, la Corte aprobó el proyecto de ley que permite al Estado confiscar casas y bienes palestinos en Jerusalén Este si esa población opta por vivir en otra parte durante más de 3 meses. Esta ley, que ha permitido a Israel confiscar la mayoría de las propiedades palestinas desde 1948, se llama “la ley de apropiación de las propiedades en ausencia”. Es hora de que el mundo sepa que todas las “ausencias” de los palestinos no son tales, ellos están presentes, y que robarles sus propiedades y su tierra es un crimen contra la humanidad. Pero los palestinos “ausentes” también pueden estar presentes según la ley israelí. Es por eso que Israel ignora cerca de 180 aldeas en las cuales las personas, que están legalmente definidas como “ausentes presentes”, viven allí, y se les niega la infraestructura, la electricidad y el agua. Estas aldeas son constantemente acosadas ​​ y destruidas por las autoridades israelíes, sus cultivos y rebaños son envenenados constantemente, y sus casas demolidas, todo esto con la intención de robarles las tierras.

Estos son sólo algunos ejemplos de la vida de los palestinos que son ciudadanos/as de Israel. Israel, que se ha publicitado exitosamente como una democracia mientras mantiene un régimen de segregación etnocrático, impidiendo a la mitad de la población bajo su control satisfacer necesidades básicas como el agua en el verano y la electricidad en invierno, se está convirtiendo rápidamente en un Estado fascista, donde la libertad de elección, de expresión, de movimiento y de afiliación son eliminadas, y el derecho de propiedad no es respetado si no eres judío. Los no judíos han estado viviendo en un “estado de excepción” por 67 años. Giorgio Agamben dijo recientemente: “El Estado de Israel es un buen ejemplo de cómo, cuando el estado de excepción se prolonga, todas las instituciones democráticas colapsan. Eso es lo que sucedió en la república de Weimar” [1].

El sociólogo Stanley Cohen escribió hace unos años sobre el vergonzoso silencio y la complicidad de las universidades israelíes ante la injusticia, la tortura y los asesinatos de palestinos. Estas universidades, que confiscaron las tierras palestinas para instalar sus edificios financiados por los ricos estadounidenses o australianos, no reaccionan en modo alguno cuando los palestinos son desalojados de sus hogares, expulsados de su ciudad Jerusalén o torturados de muchas formas, ni cuando sus hijos son deliberadamente atropellados por los coches de los colonos.

“La campaña de BDS en todo el mundo presenta la forma más prometedora para superar el fracaso de los gobiernos del mundo en hacer frente a la intransigencia de Israel y su comportamiento fuera de la ley”.  Stephan Hessel

“La campaña de BDS en todo el mundo presenta la forma más prometedora para superar el fracaso de los gobiernos del mundo en hacer frente a la intransigencia de Israel y su comportamiento fuera de la ley”. Stephan Hessel

La industria israelí prospera debido a la ocupación de Palestina, violando todas las leyes y resoluciones internacionales. Pero estas prácticas ilegales benefician no sólo a Israel y sus empresas. Tal como lo demuestran las conclusiones del Tribunal Russell sobre Palestina [2], también se benefician todos los países occidentales que violan las leyes y resoluciones internacionales que ellos mismos firmaron. Por lo tanto oponerse a esas prácticas, luchar contra ellas y denunciarlas es una acción legal y justa, y no puede ser considerada ilegal. Stephane Hessel -el último presidente del Tribunal Russell sobre Palestina, el hombre que fue llamado “la conciencia del siglo XX” y uno de los redactores de la declaración universal de los derechos humanos en 1947– llamó a los jóvenes de todo el mundo -en su best-seller “Indignaos” (2011)- a manifestar su ira contra el dominio del dinero y la corrupción política, contra la corrosión de los derechos humanos y los medios de comunicación corruptos y engañosos, contra el avance del fascismo en el siglo XXI, del cual el régimen de ocupación israelí es el ejemplo más asombroso.

Oponerse al orden existente, dice Hessel, es el deber moral de los jóvenes. Stephane Hessel, al igual que todos los miembros del Tribunal Russell sobre Palestina -que yo misma integré, junto con juristas de renombre mundial, luchadores por la libertad, laureados con el premio Nobel y figuras públicas- apoyó el movimiento del BDS sin reservas, por la sencilla razón de que apoyar el movimiento BDS es apoyar la justicia.

La lucha por la justicia debe abordar dos cuestiones esenciales: el mal y la negación del mal. Debe impulsar un flujo incesante de cargos contra Israel y sus colaboradores en la Corte Penal Internacional por violar el derecho internacional y mantener un Estado de apartheid donde diariamente se cometen crímenes racistas; y debe presentar cargos contra aquellos que se benefician de la ocupación de Palestina y no se oponen a ella. En este grupo podemos encontrar a las grandes empresas de Occidente, a las instituciones que se benefician de los productos de las colonias israelíes, como SodaStream o Ahava, y a personas que se benefician de los servicios y bienes producidos en las colonias. Estos partidarios pasivos ayudan a Israel no sólo a violar el derecho internacional, sino también su propia ley de dignidad y libertad humanas, y a violar el credo judío sobre el trato a los extranjeros, esclavos y otras personas que dependan de ellos. El crimen de la indiferencia, del silencio y la colaboración debe ser expuesto y castigado. Como dijo Bertrand Russell: “El silencio ante el mal es un crimen contra la humanidad”, y para luchar contra este silencio son necesarias la suprema indignación y el compromiso de la gente. Como las grandes instituciones mundiales no son capaces de apoyar a las víctimas ni castigar a los criminales, es deber de la sociedad civil hacerlo.

1520 niñas y niños palestinos fueron asesinados en los últimos 13 años por el ejército de Israel, armado por Occidente; 6.000 niñas y niños palestinos han sido heridos y mutilados por las bombas vendidas a Israel durante estos años.

En el último ataque a Gaza, como en los anteriores, el ejército israelí apuntó a la zona más poblada del mundo con las armas más feroces e ilegales, que exterminaron a familias enteras y causaron el máximo daño localizado, y ​​ no el mínimo daño colateral como afirma la propaganda israelí; armas que cortan a los niños en pedazos o los queman por completo.

again day fiftyEl resultado del ataque dejó más de 2.000 muertos, 600 de los cuales eran ancianos, niñas y niños y 200 mujeres; 20.000 personas discapacitadas, ciegas, parapléjicas, y muchos más con daños cerebrales, o 100% de quemaduras; periodistas y profesores universitarios, paramédicos y médicos fueron asesinados; 50.000 casas, 200 escuelas, más de 200 mezquitas, 17 hospitales y centros de rehabilitación fueron destruidos deliberadamente, dejando a más de 600.000 personas indigentes, sin hogar ni medios de subsistencia, y a 1.800.000 personas -toda la población de la Franja de Gaza– con el mínimo de infraestructura eléctrica, de agua y de saneamiento -por no hablar de suministros médicos, de alimentos o de libertad-, sólo porque pertenecen a un determinado grupo racial, religioso o cultural.

Esto no es una guerra. Esto es un sociocidio: “la destrucción de la cultura, la devastación de la economía autóctona, la imposición forzada de nuevas formas de organización sociopolítica, los derechos ciudadanos selectivos. Israel es culpable de exterminar la capacidad de una sociedad para sobrevivir y reproducirse a sí misma, […] de asesinar, y herir a sus miembros […] de privar a las personas de las necesidades básicas para la supervivencia, de su bienestar, de su identidad, su libertad y su seguridad contra la violencia, de privarla de su sustentabilidad económica contra el hambre y la enfermedad. Y de privarlos de autonomía para ser los dueños de su propio hogar”.

300.000 niños palestinos no pueden asistir a la escuela en Gaza, se ahogan en las aguas residuales y mueren en una muerte lenta privados de sus derechos humanos básicos a salud, alimentación y educación; desde hace años la vida en Gaza ha sido peor que en el peor gueto, y el estado de la sanidad está en peligro. Gaza ha estado sin sistema de saneamiento, electricidad y agua potable por más de cinco años, debido a que Israel destruyó sus centrales eléctricas y no permitió su reconstrucción, a pesar de que afirma lo contrario. Creo que todos han visto las fotografías de este invierno y el anterior, donde se ve a los habitantes de Gaza abriéndose camino en las calles que se habían convertido en ríos de aguas negras, llevando sobre sus hombros a sus hijos a la escuela, yendo al trabajo o al mercado hundidos hasta las rodillas o la cintura en el agua residual contaminada y cubierta de fango. Estas condiciones causan enfermedades, plagas y crisis de todo tipo.

Los médicos palestinos e internacionales afirman que las incursiones de 2008-2009 y el último ataque despiadado del verano de 2014 fueron los más crueles y violentos de los que ellos fueron testigos en la historia de la agresión israelí contra Gaza. También estos doctores y expertos revelaron el uso de armas desconocidas hasta ahora. Los soldados que salen de Gaza dicen que es un laboratorio para todo tipo de armas letales.

Yo misma vi a niños y adultos con sus cuerpos llenos de agujeros y heridas causadas por esquirlas. Familias enteras sin piernas, bebés quemados, una niña cuyos ojos estaban borrados. Niños y adultos que no son más que trozos de carne sin vida, con columnas vertebrales rotas y cerebros quemados. Vi a una mujer cuya pierna explotó y a un joven cuyos órganos interiores estallaron.

Según el doctor Haitham Al Hassan –presidente del Departamento de Cirugía General en el Hospital Makassed, y especialista en cirugía vascular-, y de acuerdo con el médico que trató a pacientes de Gaza durante el ataque israelí 2008-2009 y también el del último verano, y según el doctor Erik Fosse, que atendió a los heridos en Gaza durante la incursión israelí de 2008-2009, las heridas inusuales fueron causadas por bombas DIME [Dense Inert Metal Explosive], que están prohibidas en las zonas densamente pobladas. También el doctor Haitham Al Hassan dijo que las bombas y su contenido probablemente habrán desaparecido en la arena para el momento que la comunidad internacional consiga el permiso de los perpetradores para enviar comités y observadores a buscarlas. Desafortunadamente las heridas no se curan tan rápido. Muchos de los sobrevivientes, dicen los médicos, difícilmente puedan ser curados, por las múltiples infecciones causadas por bacterias que son resistentes a los antibióticos, y la deficiencia de su sistema inmunológico. El hospital Makassed, que visité durante el pogromo israelí de 2014 en Gaza, gastó alrededor de medio millón de dólares al mes sólo en medicación para intentar curar a esas personas. Sin duda, éste es un negocio rentable para algunos.

En otras partes de Palestina ocupada, cada semana cientos de niños son gaseados o rociados con materia fecal por los soldadoes israelíes en sus casas, en sus escuelas y en la calle; más de 500 pequeños fueron secuestrados de sus hogares este mes, interrogados en las condiciones más crueles, forzados a hacer falsas confesiones, y encarcelados en prisiones militares israelíes; apartados de sus padres y familiares, traumatizados de por vida, por nada o por tirar piedras o cruzar una carretera sólo para judíos, o por entrar a su aldea al volver de la escuela a través de un agujero en el muro de apartheid. UNICEF define esto como abuso infantil grave. Y no nos olvidemos de los cientos de niños refugiados que son arrojados a una cárcel israelí por el delito de ser negros y con deseos de vivir.

Estos niños y sus padres y madres  no pueden ser escuchados en ningún tribunal del mundo. Su discurso no tiene validez en el sistema judicial occidental. Su sentencia ya está formulada: son criminales por el simple hecho de ser palestinos. Y este hecho por sí solo permite a sus opresores tratarlos como seres “a quienes se les niega por la fuerza toda condición social o legal, y cuyas vidas son precindibles impunemente” (Agamben).

Israel tiene dos sistemas de justicia y dos conjuntos de valores: uno para los selectos judíos y otro para los no-judíos, especialmente los palestinos y los africanos que buscan asilo. Estas leyes permiten que el grupo dominante -el judío– robe la tierra de los palestinos, demuela sus casas, destruya sus familias, encarcele y torture a sus hijos tanto como los servicios secretos consideren oportuno sin necesidad de intervención judicial. Éste es el significado de la democracia judía que, como nuestros ministros repiten interminablemente, es primero judía y sólo después democracia. Éste es el significado del nacionalismo judío israelí, que se desarrolló a partir del nacionalismo liberador de una minoría perseguida para llegar a ser una sociedad opresiva racista, del nacionalismo de Gandhi y Mandela al nacionalismo de los tiranos totalitarios; un nacionalismo que predica la pureza de la raza y la erradicación de los elementos foráneos, la protección de la patria contra los extranjeros, ya sean los nativos originarios de la tierra, o los que mueren de hambre y solicitan asilo, procedentes de Sudán y Eritrea.

Hace sólo unos meses, la ley contra la infiltración fue aprobada en el Knesset; una ley que le permite al Estado encarcelar a los refugiados y sus hijos por 3 años antes de deportarlos para que vuelvan a morir en el infierno del que escaparon. Muchos de ellos han muerto desde su deportación; muchos fueron asesinados, el último hace unos días a manos del Daesh. Este hombre, que fue expulsado por judíos fanáticos por no ser judío, fue asesinado por fanáticos musulmanes por no ser musulmán. Recordemos al gran erudito y piadoso judío, el profesor Yeshayahu Leibovitch, quien dijo: el judaísmo nacionalista tiene de judío lo que el nacionalsocialismo tuvo de socialismo.

“Decirle a alguien que odia a los judíos porque no apoya a Israel es como decirle que odia a los blancos porque no apoya al Ku Klux Klan”.

Lo que impulsa el comportamiento israelí es puro racismo nacionalista y colonialista, y debe ser tratado como tal. Pero en lugar de ser incriminado, el criminal Estado de Israel sostiene este régimen de ocupación y opresión con el pleno apoyo de Europa y EE.UU. a quienes este tipo de prácticas de limpieza, despojo y erradicación no les son ajenas. Recordemos que Europa ha exterminado a muchos millones de indígenas, y que tanto América del Norte como del Sur no se quedaron atrás, exterminando a más de 20 millones de indígenas.

Por lo tanto, la pregunta es ¿quiénes serán los jueces una vez que se acepten los cargos contra el apartheid y el sociocidio israelí? ¿Los carceleros de Guantánamo? ¿Los franceses, que han aceptado la ocupación con su aprobación a la colaboración de Veolia? ¿Los suizos, que han firmado algunos acuerdos provechosos con la industria de armas de Israel? ¿Los británicos y los alemanes, que lograron que no se aceptara a Palestina en el consejo de países productores de olivos?

Sin embargo, aún más importante que llevar a los criminales a juicio es el hecho de que haya personas que se preocupen. Las personas que sobrevivieron a Auschwitz a menudo dicen que una de las cosas más exasperantes era la certeza de que nadie sabía de su sufrimiento, nadie veía su desgracia. En general, los países occidentales nunca se han interesado por el sufrimiento humano, especialmente cuando sucede en su propio patio trasero o delantero, y siempre han calificado estos hechos como “Política”. Hoy en día casi nadie estudia o enseña realmente sobre el sufrimiento palestino o sobre cualquier otro sufrimiento humano causado por la codicia y la megalomanía de Occidente.

Por lo tanto, saber que hay un movimiento que es consciente de su miseria y está luchando por su vida, por su dignidad y su libertad, es un incentivo para que los palestinos y los activistas israelíes que resisten el mal de Israel sigan luchando y sigan viviendo. Como concluyó el fiscal de la última sesión del Tribunal Russell sobre Palestina: “A cualquier persona víctima de la brutalidad diaria, saber del apoyo internacional a su lucha por la autodeterminación le proporciona una fortaleza perdurable. La solidaridad ayuda a desechar el sentimiento natural de soledad y de indiferencia ajena”.

Hasta ahora, con la débil excusa de que no se puede criticar a Israel sin ser llamado antisemita, y de que Europa le debe un apoyo incondicional al pueblo judío a fin de expiar sus crímenes, Occidente niega su responsabilidad en el poderoso régimen de apartheid de Israel y se comporta como si no existiera.

“El sionismo usa a los judíos como escudos humanos”

Permítanme decirle dos cosas a estas personas. En primer lugar, no hay nada judío en la cruel conducta racista de Israel hacia los palestinos, por lo que criticar esta política no es anti judío, por el contrario: los pensadores judíos más ilustres están y siempre han estado denunciando la despiadada dominación israelí de Palestina. Albert Einstein fue uno de ellos. Hanna Arendt otra, y Stéphane Hessel fue otro, por nombrar sólo unos pocos. Muchos distinguidos rabinos y eruditos judíos están hoy en este grupo. La segunda cosa es: señoras y señores, ustedes no pueden permitirse utilizar esta excusa cuando los niños están siendo sacrificados; no pueden darse el lujo de preocuparse por cómo otras personas les apodan cuando se está cometiendo un horrendo holocausto. Al igual que yo no me puedo permitir tener miedo de las personas que me llaman traidora por haberme puesto del lado de los oprimidos, a pesar de que muchas más personas han muerto por ser llamadas traidoras que por ser llamadas antisemitas. De hecho, nadie ha muerto nunca por ser llamado antisemita, o incluso por ser un antisemita; pero muchos niños, sus madres, padres y abuelos están muriendo mientras escribo por ser palestinos, no por ninguna otra razón, al igual que los judíos fueron exterminados sólo porque eran judíos. Y el mundo que le dio la espalda a los judíos entonces, le está dando la espalda a los palestinos ahora.

Israel ha alcanzado un pico inimaginable de maldad. Y, de hecho, a muchas personas de todo el mundo les resulta difícil imaginar que esto es así. Israel sigue siendo tratado por el mundo como un “caso especial”, y la pregunta es ¿por qué? ¿Por qué es que en otros casos los criminales de guerra son arrastrados a los tribunales y se invita a las víctimas a declarar, mientras que en este caso, las víctimas están siendo culpadas constantemente por su propia desgracia y los culpables gozan de total impunidad? ¿Por qué, en lugar de castigar a los criminales de guerra que gobiernan sobre Israel y Palestina como mafiosos, contra todas las leyes y convenciones internacionales -arrasar barrios enteros y asesinar a las esposas e hijos de los comandantes enemigos, infligiendo un castigo colectivo a millones de personas por pura venganza-, los Estados de la Unión Europea hicieron todo lo posible para evitar que las víctimas presentaran cargos contra sus verdugos? ¿Por qué, en lugar de preguntarse qué tipo de educación racista hace que buenos chicos y chicas judías se conviertan en asesinos uniformados sin escrúpulos y de corazón frío, el Parlamento Europeo supervisa, controla y censura el sistema educativo de las víctimas, y ni siquiera mira al de los perpetradores?

A los niños israelíes se les inculca el más descarado tipo de racismo, cuyos mejores alumnos andan sueltos por las calles amedrentando, golpeando y en un caso incluso quemando vivo a un niño palestino, instigados por rabinos, ministros, miembros del parlamento y por el mismo primer ministro. Este racismo es el terreno en el que los soldados y pilotos israelíes son educados para creer que los niños palestinos no son seres humanos como nosotros, sino un problema que debe ser eliminado. Pero esto no parece interesarle a la comunidad internacional. ¿Por qué es que en lugar de proporcionarle a los oprimidos medios de vida y protección, en lugar de luchar por su libertad y sus derechos humanos fundamentales, el mundo occidental ilustrado sigue armando a sus ocupantes, estableciendo con ellos más alianzas después de cada masacre, elevando su estatus en la Unión Europea y poniendo a sus representantes en los comités de derechos humanos? Si eso no es cinismo entonces ¿qué es?

“Derecho internacional humanitario”

La gente siempre dice que el mundo, es decir, Occidente, no ha aprendido la lección del holocausto, o la del 9/11, para el caso. La lección debería haber sido Nunca Más en ninguna parte, para Nadie. Pero me parece que el mundo ha aprendido otra lección importante: ha aprendido que se puede explotar, robar y asesinar en masa, siempre y cuando se trate de exterminar a la gente adecuada y a la raza indicada. Cuando las víctimas son los palestinos, los perpetradores se pueden salir con la suya y el mundo permanece en silencio. El régimen de apartheid israelí y sus prácticas malvadas no habrían sido aceptadas por Occidente si no hubieran sido empleadas contra los árabes. El derecho internacional no es desconocido para estos Estados, pero no se aplica cuando las víctimas son árabes musulmanes. Los árabes son las víctimas de este moderno antisemitismo occidental que ha cambiado su objetivo de los judíos a los musulmanes. Y el derecho internacional es muy claro sobre el delito de antisemitismo.

Israel, con la ayuda de las más ilustres instituciones de Occidente, priva a los palestinos de su pasado y de su futuro y les obliga a vivir en su tierra sin monumentos ni símbolos propios en los espacios públicos. El presente es para ellos un tormento interminable; su destino carece de futuro. “Al ser impredecible, el futuro se reduce a la supervivencia”. (Johan Gutlang).

Como explica Ilan Pappé, la eliminación simbólica de los palestinos, el borrarlos de la narrativa, de la economía y la cultura, de los libros de texto y de los mapas, representa el punto donde la limpieza étnica se convierte en genocida. Cuando te eliminan de los libros de historia y del discurso de los principales políticos, siempre existe el peligro de que el siguiente paso sea la eliminación física. Todos estos crímenes se cometen con excusas derivadas de lo que el difunto sociólogo Stanley Cohen llama la cursilería sionista. Es hora de exponer esta cursilería como lo que es y de llamar crimen al crimen, tal como hace el movimiento BDS.

El 17 de marzo los ciudadanos de Israel votaron a favor de continuar el sociocidio -por no decir el genocidio- del pueblo palestino, de continuar con la limpieza étnica de las y los ciudadanos árabes y beduinos, y de continuar el etnocidio de otros grupos dentro de la población israelí. Con este voto han dado permiso al primer ministro para continuar con la destrucción de Palestina , y de ese modo también de Israel.

Es por eso que me gustaría dedicar mis palabras a los 14 niños que fueron secuestrados brutalmente en diferentes partes del este de Jerusalén por soldados monstruosamente armados el día de las elecciones, y encarcelados en condiciones condenadas por UNICEF como abuso infantil. Éstos y otros crímenes contra la humanidad son la manera en que Israel le dice al mundo que vamos a seguir practicando el terrorismo de Estado mientras la comunidad internacional lo permita. Y hasta el momento lo ha permitido.

Como los resultados del tribunal Russell prueban, la comunidad internacional seguirá permitiéndolo siempre que se beneficie del mismo. Sin embargo, tal parece que a los colaboradores occidentales lo único que les interesa es el beneficio económico. Por suerte para nosotros, no tienen ninguna ideología, ninguna visión y ningún otro interés, excepto obtener riqueza y poder. Y esto puede ser combatido a través del BDS.

El Estado de Israel, que ha venido mostrando el mayor desprecio por toda ley, resolución o valoración internacional, ha demostrado por medio de la ley contra el llamado al boicot, hasta qué punto el movimiento BDS ha logrado aterrar a los Señores de la tierra santa. No podría haber mayor premio que ese.


Notas

[1] Giorgio Agamben, The State of Exception – Der Ausnahmezustand. Conferencia en la European Graduate School. Augost0 2003 (transcripción de Anton Pulvirenti).
[2] Conclusiones de la Sesión Final del Tribunal Russell sobre Palestina – 17/3/2013.
Nurit Peled-Elhanan fue galardonada por el Parlamento Europeo con el premio Sajarov a los Derechos Humanos y la Libertad de Expresión, en 2001. Su libro “Palestina en los textos escolares de Israel“, aparecerá proximamente editado por la Editorial Canaán, Buenos Aires. Ver en este blog un video sobre ese trabajo. (Nurit perdió a su hija de 12 años en un atentado suicida palestino en 1997).
Traducido para Rebelión por Julia Majlin y Saad Chedid, y editado por María Landi.
Video de 3:56′ sobre la Sesión Extraordinaria del Tribunal Russell sobre Palestina en el Parlamento Europeo, 25/9/14, después de la masacre israelí en Gaza, en julio-agosto 2014:
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El Teatro de la Libertad vive y lucha

A cuatro años de la muerte de Juliano Mer-Khamis

 

María Landi

Quien viene una vez al Teatro de la Libertad, regresa siempre”, me aseguró Faisal Abu Alhayjaa, uno de sus principales actores y docentes. Tenía razón: un mes después de mi primera visita a Yenín viajé desde el sur de Cisjordania para asistir a la nueva obra del grupo, estrenada el 4 de abril en homenaje a Juliano Mer-Khamis, asesinado en esa fecha hace cuatro años frente al teatro que él fundó en 2006 en memoria de su madre, Arna Mer[1].

 Ciertamente El Teatro de la Libertad (TL) ejerce una poderosa atracción para cualquiera que crea en la relación entre cultura y resistencia, y en el teatro como vehículo de denuncia y transformación de las personas y la sociedad. En el contexto palestino, esa relación es inseparable: la cultura como resistencia está en el ADN de un pueblo que desde hace siete décadas lucha por preservar su memoria, su identidad y su territorio robados.

 El teatro está ubicado a la entrada del campo de refugiados de Yenín, donde viven unas 17.000 personas (la mitad de ellas menores de 20 años) en un kilómetro cuadrado de estrechos pasadizos y viviendas de varios pisos, ya que las familias sólo pueden expandirse hacia arriba. Conocido por algunos como ‘el corazón de la resistencia palestina’ y por otros como ‘la capital de los mártires’, durante la brutal incursión del ejército israelí en abril de 2002 buena parte del campo fue reducido a escombros y decenas de personas fueron asesinadas. No hay habitante del mujayyam que no tenga familiares, vecinas o amigos muertos, en muchos casos ante sus ojos. Ese trauma está presente en la mayoría de la población. De ahí que la propuesta cultural del TL sea una tabla salvavidas para muchísimos jóvenes del lugar.


Una historia dentro de la historia

 El día del estreno el teatro desbordaba de un público tan entusiasta como heterogéneo, que incluía activistas y artistas locales, de otras partes de Cisjordania, de las localidades palestinas dentro de Israel, periodistas y un gran número de internacionales -cuya edad promedio superaba ampliamente la del jovencísimo público palestino.

Público a la entrada del teatro el día del estreno de El Sitio.

Público a la entrada del teatro el día del estreno de “El Sitio”
(Facebook del TL).

 “El Sitio” recrea el cerco que en abril de 2002 el ejército israelí mantuvo sobre la emblemática iglesia de la Natividad (considerado el lugar del nacimiento de Cristo), donde un grupo de combatientes se refugió después que Israel invadiera Belén y las principales ciudades palestinas[2]. Durante los 39 días del sitio, ocho combatientes y un sacerdote fueron asesinados y 37 resultaron heridos; el grupo resistió sin comida, electricidad ni agua, hasta que por un controvertido acuerdo entre Israel y la ANP, los civiles (curas, monjas y feligreses) fueron liberados y los combatientes fueron deportados (26 a Gaza y 13 a Europa), sin que hasta ahora se les haya permitido regresar a su tierra. La destrucción causada por las fuerzas israelíes a la iglesia de la Natividad fue considerable.

Imágenes de “El Sitio” el día del estreno en Yenín (click en la imagen para ver la galería en tamaño grande):

La obra, escrita por Nabil Al Raee -director artístico del TL- y co-dirigida por él junto a la británica Zoe Lafferty, se basó en entrevistas realizadas a los protagonistas reales en sus países de exilio (Grecia, España, Irlanda, Italia, Portugal) y en Gaza (mediante Skype). Según Al Raee, la elección del tema se debió a que es un episodio no resuelto y en gran medida olvidado, sobre todo por las nuevas generaciones; y es también un símbolo de los muchos ‘sitios’ bajo los cuales vive la gente en Palestina: el israelí, el de la misma sociedad, el de la propia mente… “La ocupación tiene muchas capas”, dice Nabil (que fue amigo personal de tres de los combatientes sitiados).

 La pieza busca recuperar la memoria de ese hecho, y también es una invitación a la unidad por encima de sectarismos, en un momento en que es tan necesaria en Palestina. “Todos los protagonistas que entrevistamos durante la elaboración de la obra, de distintas facciones, hablaron de eso. Fue la primera vez que los musulmanes rezaron en una iglesia, y que compartieron la celebración de Pascua –que se dio durante el sitio- con los cristianos… Pero la gente se ha olvidado de esto, y los jóvenes no lo saben… Por eso nosotros, los artistas locos, venimos a contárselo y a recordárselo”, sostuvo Faisal.

 “El Sitio” es una puesta en escena de rigor profesional e indudable calidad artística. Después de estrenarse en Yenín -donde fue largamente aplaudida de pie- se presentó en Ramala y en la propia Belén, donde un público de más de 350 personas desbordó la sala y mucha gente quedó afuera. Tenían intención de llevarla también a Jerusalén, pero las autoridades israelíes no les dieron permiso para entrar. En mayo el TL por primera vez visitará el Reino Unido, donde ya hay más de 10 funciones programadas.

Nabil Al Raee en un video de 4′ hablando del Teatro de la Libertad y de “El  Sitio“: 


Cuatro años sin Juliano

Al preguntarle a Nabil cuál es su evaluación cuatro años después de la muerte de Juliano, responde que el solo hecho de que el teatro esté vivo y produciendo obras es un gran logro, “a pesar de todas las dificultades y del golpe de perder a Juliano… algo que nos dejó llenos de dolor y de rabia”.

Según Nabil, el momento más difícil fue poco después del asesinato. ”Tuvimos miedo de no poder continuar… Pero nos dijimos: no podemos dejar que los asesinos ganen. Tenemos que seguir, a pesar del miedo, de la desconfianza, las sospechas… Cuatro de nosotros estuvimos detenidos en distintos períodos (y el presidente del comité directivo fue detenido el mes pasado). Vivir bajo la ocupación nos hace sentir que nada es estable, nunca se sabe en qué momento la situación va a cambiar ni en qué direcciónCuando ocurren invasiones, arrestos, ejecuciones, nosotros estamos allí, en el medio del mujayyam. Ese es nuestro ambiente natural de vida, de trabajo y de creación”.

Juliano Mer Khamis. Foto sin crédito en 972 Magazine

Juliano Mer-Khamis (foto sin crédito en la web +972 Magazine)

Y Faisal agrega: “El teatro pasó por un período muy difícil después de la muerte de Juliano, de mucha inestabilidad e incertidumbre. Gente que venía y se iba… el ejército invadiendo y arrestando… los periodistas preguntando qué iba a pasar… Pero tres meses después igual estrenamos una nueva obra y la llevamos a Alemania. Teníamos la certeza de que si parábamos, sería para siempre; pero si persistíamos, también sería para siempre. ¿Qué cosa peor podía ocurrirnos? Pero por supuesto que no es fácil… Estos últimos tres años para mí han sido como 30…largos y duros.” 

Hacer teatro político en el contexto palestino es muy peligroso en muchos sentidos. Juliano era peligroso, tanto para los israelíes como para ciertos sectores de la comunidad palestina, afirman Nabil y Faisal.

Somos una comunidad conservadora y que está jodida (“fucked up” fue la expresión usada por Faisal). Y cuando vives bajo ocupación, tienes miedo de todo y sospechas de todo el mundo”. Pero él, que conoce bien a sus paisanos, no cree que haya sido asesinado por decisión de algún grupo o facción local. Más bien adhiere a la hipótesis de “mente israelí, mano palestina” (en referencia a los traidores y colaboradores reclutados por los servicios israelíes). Lo curioso, dice, es que cuatro años después no se haya encontrado al culpable, a pesar de que tanto israelíes como palestinos dijeron que iban a investigar el crimen. “Cuando un niño tira piedras, a la media hora los israelíes lo saben y vienen a arrestarlo… Pero nadie tiene interés en descubrir quién mató a Juliano”.

Juliano en El Teatro de la Libertad (2007).

Juliano en El Teatro de la Libertad (2007).

Le pregunto a Nabil sobre las relaciones entre el teatro y la comunidad local. “Desde el comienzo fueron de amor-odio”, responde. “Cuando comenzamos la gente estaba encantada. Pero cuando nos volvimos críticos, empezamos a ser odiados por algunos… Ahora hemos demostrado que estamos aquí y seguiremos aquí. Eso no se discute más. La división persiste entre quienes creen en nosotros y quienes ni siquiera creen en el teatro como tal. Pero no estamos aquí para complacer a todo el mundo; creemos en lo que hacemos y seguimos adelante, pese a quien pese”.


Una razón para vivir

Como todo palestino nacido en un campo de refugiados (en su caso en Aroub, en el sur), Nabil dice que es originario de la aldea cerca de Yaffa de donde su familia fue expulsada en 1948. Después de estudiar teatro en una famosa escuela de Jerusalén, siguió su formación en Túnez, trabajó en Europa y regresó a Cisjordania. En 2006 estaba en Ramala cuando Juliano –a quien no conocía- lo llamó para pedirle que fuera a dirigir en Yenín. Desde entonces, el TL se convirtió en el proyecto de su vida. Allí conoció también a su compañera, la portuguesa Micaela Miranda (quien llegó como docente temporal y no se fue más), con la que tiene una hija y espera un varón.

Nabil y su hija Mina el día de su primer cumpleaños. Foto sin crédito

Nabil y su hija Mina el día de su primer cumpleaños (Foto sin crédito).

Empezamos a trabajar con los niños y jóvenes que estaban creciendo durante la segunda intifada, viviendo las invasiones de los tanques, la demolición de sus casas, el toque de queda, la muerte cotidiana de sus familiares y amigos… Todo eso lo traían al teatro y empezamos a crear las historias con ellos; y era difícil, porque no sabían qué hacer con su bronca, cómo canalizarla. Y al preguntarles qué era lo que más deseaban, era ver el mar”. Así surgió la primera obra del TL, que trataba sobre cinco chicos del mujayyam que querían ir a conocer el mar “porque como sabes, nosotros tenemos tres mares en nuestra tierra: el Mediterráneo, el Muerto y el Rojo, pero Israel no nos permite ir a ninguno”. La obra mostraba los recursos que los chicos desplegaban para imaginar que iban al mar sin salir del campo. “La imaginación es un gran componente de nuestra vida como palestinos. Si mantenemos viva la imaginación, mantenemos los sueños, y ellos nos ayudan a alcanzar la meta que nos proponemos”.

Micaela Miranda con los 5 alumnos y las 3 alumnas de la escuela de actuación (Página de Facebook de la directora).

Micaela Miranda con los alumnos y alumnas de la escuela de actuación (foto de la docente).

“El TL no es solamente un teatro –dice Nabil-: es un lugar que salva vidas, que ofrece alternativas a resistir solamente con piedras o convirtiéndote en mártir. Si peleas con armas, puedes morir en un minuto (y con esto no quiero decir que no tengamos derecho a resistir la ocupación por todos los medios, incluyendo las armas). La resistencia cultural te da la posibilidad de desarrollar un pensamiento crítico, y de contar las historias –tuyas y de los otros- en ese proceso de resistencia. Y en el teatro te puedes sentir libre, ser tú mismo; es el único lugar, porque la cultura aquí es muy tradicional, y el sistema educativo tampoco desarrolla el espíritu crítico. Lo que importa no es salir del teatro siendo actor, sino encontrando quién eres y qué quieres hacer con tu vida”.

En efecto, en uno de los videos del TL[3] las alumnas dicen que es el único lugar donde no se las hace callar ni se las manda a la cocina; un alumno dice que la resistencia cultural es importante porque Israel no quiere que sean un pueblo educado. “Antes de que el teatro existiera, todos queríamos ser mártires; pero ahora sentimos que tenemos una razón para vivir”, dice otro. 

Niños con armas de juguete en el campo de refugiados de Yenín (María Landi).

Niños con armas de juguete en el campo de refugiados de Yenín (María Landi).

Faisal es un ejemplo viviente de ese milagro. Este joven de 27 años –que nació y vive en el campo de refugiados- sonríe siempre y está lleno de energía. Habla con pasión del TL, al que se unió con 18 años y ahora es su vida. El teatro lo cambió para siempre. Allí descubrió la importancia de la resistencia cultural, porque “la verdadera ocupación está en la mente”.

“Yo tenía 13 o 14 años cuando el campo fue invadido, y recuerdo absolutamente todo: entraron a mi casa, destrozaron todo, y nos obligaron a salir… En la calle todo era destrucción, tanques por todos lados… recuerdo hasta las caras de la gente. En esa situación las opciones eran: volverse loco, tomar las armas, o elegir el camino del arte. Yo era un buen estudiante, tenía otras oportunidades; la policía palestina quería reclutarme, porque soy alto y fuerte, y me ofrecían ascender, entrenar a otros… Podría haber tenido dinero, armas, un coche, una buena vida… pero me dije: ese no soy yo. Este lugar para mí es especial porque aquí soy yo mismo. Lo que elegí hacer, lo hago desde el corazón. Nunca soñé que iba a ser actor, enseñar, viajar por el mundo con el teatro”. Reconoce que ser combatiente es el sueño de muchos niños y jóvenes del campo, pero viviendo allí ha visto lo fácil que mueren, y lo poco que pueden hacer contra los F16 y los misiles israelíes. “Y yo no quiero terminar así. Este país nos necesita vivos, no muertos. Lo mío es la resistencia cultural. Estamos construyendo la tercera intifada”.

Faisal con Juliano durante una gira por Alemania.

Faisal (21) con Juliano durante una gira por Alemania en 2009 (página de Facebook del actor).


Desafíos y sueños
 

Nabil se siente orgulloso de lo que hacen y de seguir los pasos de Juliano, aunque afirma su convicción de que el teatro es un proyecto colectivo, no de una persona. “La generación que empezó en 2006 ahora enseña en el teatro, y son líderes en su medio”.  Además de la escuela de actuación, el área Multimedia del TL ofrece cursos de cine, fotografía y escritura creativa para impulsar a las y los jóvenes de Yenín a explorar su potencial expresivo.

Le pregunto por la participación de las mujeres, que siempre es un problema en una sociedad conservadora. Me dice que está creciendo. “En la primera generación egresada había dos; en la generación posterior a la muerte de Juliano, ninguna; en la actual, hay tres en un grupo de ocho[4]. Igual sigue siendo un desafío”, afirma.

El TL se propone llegar al resto de Palestina y también a la comunidad internacional. Para eso han desarrollado varios proyectos. El más novedoso es el Bus de la Libertad, que cada año durante una semana recorre diferentes localidades de Cisjordania llevando internacionales a conocer e interactuar con comunidades afectadas de distinta forma por la ocupación, desde agricultores en el Valle del Jordán hasta pastores en las Colinas del Sur de Hebrón, pasando por un campo de refugiados o una aldea que resiste la confiscación de su tierra y su agua.

En ese encuentro el grupo recoge y representa las situaciones de la comunidad (ver aquí un ejemplo de ese playback en la aldea Al-Tuwani) y también la apoya realizando tareas concretas. “El principal objetivo es romper la fragmentación y el aislamiento que nos quieren imponer, conectarnos con la gente en los lugares de mayor opresión y sufrimiento, y ayudar a devolver la esperanza, a crear algo juntos, más allá de los discursos vacíos de los políticos”, decía en otra entrevista Alia Al Rosan, ex coordinadora del Bus de la Libertad y actual alumna de la escuela de teatro.

Galería de imágenes del Bus de la Libertad durante su travesía anual por el Valle del Jordán, las Colinas del Sur de Hebrón, Nabi Saleh y otros lugares de Cisjordania (fotos del blog del Freedom Bus):

Nabil afirma que su sueño es poder desarrollar más relaciones con América Latina y aprender del intercambio mutuo sobre la producción artística bajo opresión, de la que hay tanta experiencia en nuestro continente. “Yo sueño con que en algún momento seamos verdaderamente independientes y nuestras relaciones no dependan de la financiación europea. Yo quiero conocer América Latina, porque sé que tenemos mucho más en común que con otros países…”.

El año pasado el TL actuó en Sao Paulo. América Latina y sus teatristas tienen la palabra para seguir haciendo realidad este sueño.

Equipo del TL con una profesora visitante.

Equipo del Teatro de la Libertad con la holandesa Katrien van Beurden en un taller sobre Commedia Dell’arte.

[1] Arna Mer, teatrista y activista israelí casada con un comunista palestino de Israel, había creado el “Stone Theatre” durante la primera intifada para ofrecer un espacio de expresión a los jóvenes del campo de refugiados de Yenín. El teatro –construido sobre la vivienda de una familia del mujayyam, y en el que su hijo Juliano era docente- fue destruido por las bombas israelíes durante la segunda intifada, y la mayoría de los alumnos de Arna fueron asesinados. Este proceso fue magistralmente documentado por Juliano en su film “Arna’s Children” (2003).
[2] Ver un video promocional elaborado por el TL.
[3] “From Stones to Freedom“, en el canal de YouTube de The Freedom Theatre.
[4] A diferencia de otros cursos del TL, la escuela de teatro es sumamente exigente: se trata de un programa de 3 años y 8 horas diarias, enfocado en actuación, dirección y resistencia cultural; por eso cada generación tiene pocos alumnos y alumnas. Hay cinco docentes fijos y muchos temporales que vienen del exterior –sobre todo de Europa.
Juliano Mer-Khamis hablando sobre el origen y el proyecto del Teatro de la Libertad (video de 8′):
 Tributo a Juliano Mer-Khamis por el grupo palestino de rap DAM:
 Entrevista de Katie Miranda a Faisal Abu Alhayjaa sobre el pasado y el presente del Teatro de la Libertad (40′):

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La mujer que rescata sonrisas en el checkpoint

El checkpoint de Qalandiya, entrada norte a Jerusalén.

El checkpoint de Qalandiya, entrada norte a Jerusalén.


María Landi

(Publicado en el semanario  Brecha el 27/3/15)

No fue difícil reconocerla en medio de la multitud de palestinas brutalmente reprimidas en la víspera del Día Internacional de las Mujeres: es alta, delgadísima, rubia y bien entrada en años (“Gracias por no preguntarme la edad”, me dice). Como todas las israelíes de su generación, habla inglés con un marcado acento hebreo (pronuncia la ‘r’ como ‘g’). En la calle todos la conocen: la saludan, le sonríen, le preguntan o le cuentan cosas. La llaman Tamara, y a ella parece gustarle la versión árabe de su nombre.

Desde hace 12 años, ella viaja desde su hogar cerca de Tel Aviv para estar cada domingo (el equivalente a nuestro lunes) en uno de los lugares más horribles y sórdidos del territorio ocupado: el enorme checkpoint de Qalandiya, la entrada norte a Jerusalén. Por allí pasan cada mañana, después de hacer colas inhumanas durante varias horas desde la madrugada, varios miles de palestinos –la gran mayoría obreros, pero también estudiantes, mujeres y personas enfermas- que constituyen la minoría ‘privilegiada’ con permiso para entrar en Jerusalén a trabajar, estudiar o ir al hospital. Allí es donde también confluyen las manifestaciones que terminan siempre con gran violencia represiva. En Ramadán ella va todos los viernes, y también en fechas especiales, cuando hay manifestaciones: 1º de enero (día de Fatah), 8 de marzo, 15 de mayo (al-Nakba), 5 de junio (al-Naksa).

“¡Tengo una foto con Marwan Barghouti!”, me dijo orgullosa. La foto fue tomada por ella misma frente a un espejo que reflejaba la imagen del preso palestino más famoso, pintada en el Muro contiguo al checkpoint de Qalandiya.


“No quiero ser la hoja de parra de la ocupación”

Tamar Fleishman es judía israelí, de origen azkenazí; sus padres emigraron muy jóvenes desde una región que era Polonia y hoy es Ucrania. “Yo llevo el nombre de mi abuela, que fue asesinada en el Holocausto, y eso es algo muy significativo para mí: no quiero que mi pueblo haga lo mismo que nos hicieron a nosotros”.

Dice que el cambio fue un proceso que se dio a lo largo del tiempo: “Yo era la típica niña y joven israelí sionista”. Ya casada y con tres hijos, el trabajo de su esposo la llevó a vivir en otros países. Y fue la primera vez en su vida que conoció personas que no eran judías. “La sociedad israelí en esa época era totalmente homogénea y cerrada. Yo crecí cerca de Haifa, donde hay mucha población árabe. Pero nunca les vi. Los israelíes no ven al otro. Nunca tuve una amiga que no fuera como yo. En Bangkok empecé por primera vez a hacer amistad con personas no judías y a mirarlas como seres humanos, no por su raza o su color de piel”.

Cuando volvió a Israel sintió que tenía que cambiar algo en su vida. “Y entonces Rabin fue asesinado; y la derecha se hizo muy fuerte. Sentí que tenía que actuar…” La primera organización con la que se vinculó fue Courage to refuse (objetores que se negaban a hacer el servicio militar en los territorios ocupados); y luego pasó a Machsom Watch, un grupo de mujeres que desde hace años monitorean los abusos y arbitrariedades en los checkpoints y tratan de intervenir para aliviar la situación de la población palestina.

Tamar empezó yendo al checkpoint como integrante de Machsom Watch, y los horrores que conoció en estos 12 años le hacen afirmar: “He cambiado muchísimo desde aquella primera vez que vine a Qalandiya”. Al principio trataba de ‘ayudar’ a los palestinos haciendo llamadas a las autoridades; ahora ya no lo hace “porque no quiero suavizar el rostro de la ocupación, no quiero que el checkpoint sea más ‘humano’. La ocupación es inhumana, el checkpoint es inhumano; y yo no quiero lavarle la cara: quiero que todo el mundo lo vea como es. Es mucho más fácil ayudar, porque te sientes bien; es un sentimiento muy reconfortante, y la gente te lo agradece mucho…”

Ver aquí una serie de fotos del checkpoint tomadas por Tamar (click en la imagen para ver la galería en tamaño grande):


Rompiendo estereotipos

Alrededor del checkpoint –obviamente del lado palestino- se mueve un universo de vendedores callejeros que ofrecen desde café y falafel hasta aspirinas, ropa, fruta, almohadas o lo que se pueda vender. La gran mayoría son niños y jóvenes pobres del vecino campo de refugiados que da el nombre al checkpoint.

Como parte de su tarea, Tamar toma fotos de lo que ocurre, lo cual le ha traído muchos problemas con los soldados. Pero desde hace un tiempo empezó a tomar fotos de los niños y jóvenes que venden en los alrededores del checkpoint. Al principio se encontró con mucha hostilidad y resistencia. Pero poco a poco, como ella misma dice con orgullo, se fue ganando las sonrisas que ahora retrata.

Parte del secreto es que todos la ven ya como una amiga; y también que tuvo la buena idea de imprimir y regalarles las fotos que les toma. “¡Eso les encanta! Porque es lo único que tienen, lo único verdaderamente suyo: todo el dinero que ganan tienen que entregárselo a su padre, y al final del día no tienen nada para ellos; las fotos se vuelven así el único tesoro que pueden conservar”. Y agrega: “Todos tenemos álbumes de fotos de nuestra infancia, de nuestra vida… pero ellos no tienen nada; ¡no tienen infancia!” Y no sólo los niños: ahora también los adultos se lo piden. Y cuando me muestra las fotos, los va nombrando a cada uno.

Algunos de los vendedores amigos de Tamar.

Algunos de los vendedores amigos de Tamar.

Empezó a hacerlo después de una de las veces que fue al tribunal militar de Ofer: “Yo siempre pensaba: por favor, que no sea ninguno de los que conozco…; pero ese día ví llegar engrillado y esposado a uno de los niños de Qalandiya. No había ningún familiar suyo en la sala (viene de una familia muy, muy pobre del campo de refugiados). Yo lo miré fijo, pero él no me veía. Y yo seguí mirándolo intensamente, hasta que él levantó la cabeza y me vio: y entonces empezamos a conectarnos, y estuvimos así durante toda la audiencia. Lo que ese chico había hecho era simplemente sacudir una tela metálica del checkpoint, y por eso lo acusaron de “tratar de dañar una instalación militar”. Entonces pensé: a él lo arrestaron, pero podrían haberlo matado. Tamar, tienes que empezar a tomar fotos de los chicos de Qalandiya.” En efecto, más adelante un joven le pidió que tomara una foto de él y de su amigo, y dos meses después el amigo fue asesinado por el ejército en el campo de refugiados. Y la foto de Tamar fue la última que la familia tuvo de él. “Se llamaba Ali Jalifa”, dice.

Algunas de las fotos que Tamar regala a sus amigos.

Algunas de las fotos que Tamar regala a sus amigos de Qalandiya.

Las fotos de Tamar están tomadas con una cámara sencilla (“para poder esconderla en el bolsillo”); no son profesionales ni de una gran calidad. Pero ella logra captar el alma de cada niño o joven en la sonrisa que le regalan. Esas sonrisas suelen iluminar unos bellos ojos oscuros y expresivos, llenos de vida en un lugar que sólo inspira pesadumbre y desaliento. Ella dice que esas sonrisas rompen los estereotipos, sobre todo en Israel: “La sonrisa no es el símbolo de Palestina. Y entonces de pronto la gente ve esos rostros sonrientes… y algo los hace sentir incómodos… Y funciona, de alguna manera funciona. Los niños son niños; están allí, y no van a desaparecer: ¡míralos!” Le pregunto si siempre sonríen para su cámara: “¡Oh sí… oh sí!”, dice con orgullo, sonriendo ella también.

A menudo va al campo de refugiados de Qalandiya, donde conoce a muchas familias; pero no entra en las casas, porque siente que no es una relación justa: la gente le ofrece generosamente comida y bebida, pero ella no puede invitarles a su casa. Entonces cuando insisten, les dice: “¡Cuando la ocupación se termine, voy a venir a todas las casas!”.

Ver aquí una colección de las sonrisas retratadas por Tamar:



Contar las historias

Además de sacar fotos, Tamar siente que su deber es contar -desde su punto de vista como mujer judía israelí- las historias de las que es testigo. No le importa si la sociedad israelí o el mundo no quieren conocerlas: están ahí, escritas, y las fotos las documentan; es importante como registro para la historia, dice. “No soy ingenua: yo escribo en hebreo, pero la mayoría de la sociedad israelí no quiere ver, no quiere oír, elige no saber, no quieren hacerse responsables. Nunca logré traer a mis amigas para que por lo menos vieran lo que es Qalandiya”.

Las historias de Tamar hablan de ambulancias demoradas durante seis o siete horas con pacientes graves, de pacíficos vendedores de café arrestados durante una manifestación y juzgados por “arrojar bombas molotov”, de niños detenidos por andar por la calle en una moto de juguete, de soldados adolescentes aburridos, portando armas automáticas y entrenados para odiar y humillar a todos los árabes, de una niña enferma con su madre a las que no se les permite pasar el checkpoint porque no tienen el original del permiso para vivir en su ciudad, de un bebé prematuro en riesgo de vida que es sacado de la incubadora para ser revisado en el checkpoint antes de pasarlo a otra ambulancia (las ambulancias palestinas no pueden entrar en Jerusalén y por eso en el checkpoint los enfermos deben ser transferidos a una ambulancia israelí, sea cual sea su estado), de un niño grave a cuyo padre no se le permite ir con él al hospital, de un hombre que acaba de ser operado del corazón y colapsa después de esperar un día entero sin poder pasar, de las multitudes de hombres y mujeres que cada viernes de Ramadán soportan horas de espera, humillaciones y gritos de los soldados, bajo el calor y en ayunas, para intentar ir a rezar en Al Aqsa, sabiendo que probablemente no lo lograrán…

Y transmiten, también, su culpa y su impotencia ante la monstruosa maquinaria cuyo único objetivo es destruir el espíritu y la vida cotidiana del pueblo palestino. Y así como las fotos buscan ponerles rostros concretos a esa masa abstracta llamada “los palestinos”, las historias les ponen nombre, porque Tamar quiere que los lectores sepan cómo se llama el protagonista de cada una: “Tiene un nombre, no es simplemente ‘un palestino’: se llama Jaled, o Hisham…”. A través de esas historias concretas, ella consigue eficazmente mostrar el rostro despiadado y brutal de la ocupación, así como la tenaz voluntad de vivir y resistir que hace invencible a ese pueblo.

Galería de imágenes de ambulancias registradas por Tamar en Qalandiya:


El corazón en Gaza

Tamar reconoce que sí interviene en el checkpoint en dos tipos de casos: cuando se trata de un asunto de vida o muerte, o cuando son personas de Gaza. “Gaza para mí es un asunto muy sensible; es la mayor cárcel del mundo. Los israelíes dicen que se retiraron de Gaza, pero es mentira: controlamos todo, cada nacimiento y cada muerte en Gaza; hasta el número de documento de identidad que recibe cada recién nacido, todo está bajo control de Israel”.

Además en Gaza vive su gran amigo Adnan. Cuando habla de él, sus ojos brillan y sonríe enigmáticamente. Al preguntarle cómo es esa relación, responde de inmediato: “Es mi alma gemela. No sé cómo describirlo… Me hace reír, me calma cuando estoy desesperada o furiosa… Él está en la cárcel que es Gaza y es el que me consuela a mí, que soy la privilegiada”. Lo conoció en Qalandiya hace años. Él había ido a Ramala por unos estudios médicos, y para volver a Gaza hay que pasar por el checkpoint; pero no lo dejaban, por alguna arbitrariedad burocrática. “Era el último día del año, con un clima horroroso: una neblina densa y un frío mortal. Empecé a hacer llamadas a los contactos que tenía, pero nada funcionó; tuvieron que volverse a Ramala” (eso ocurre con mucha frecuencia, me dice). Al día siguiente hizo otra llamada a una persona muy poderosa, y a los 15 minutos el permiso estaba listo. “Desde entonces estamos en contacto frecuente y cercano. Cuando hay un ataque a Gaza, llamo varias veces al día para saber cómo están él y su familia… Es muy duro…” dice, y guarda silencio.

Galería de imágenes  de represión registradas por Tamar en Qalandiya:


“Algunos elegirán cambiar y otros serán forzados a hacerlo”

Le pregunto a Tamar si su proceso personal ha afectado las relaciones con su propia gente. “Corté un montón de relaciones. Mi marido y mis hijos comprenden y están orgullosos de mí; mi hija es mi traductora al inglés. También mi marido cambió muchísimo… y no es fácil para los hombres, porque están más aferrados a los esquemas machistas”.

Tamar cree que la sociedad israelí puede cambiar, así como cambió en el pasado; y si cambió para peor, se puede revertir. “Los israelíes tendrán que ser forzados a cambiar, a aceptar convivir con los palestinos; pero con el tiempo se acostumbrarán. Va a llevar mucho tiempo, generaciones seguramente”, como pasó en todos los lugares donde hubo conflicto: Sudáfrica, Irlanda, Alemania (actual destino preferido de los emigrantes israelíes).

Los muros de Qalandiya hablan

En el muro de Qalandiya: “Basta de matar a mis hijos, esposos, padres“.

Pero se niega a especular sobre el porvenir: “No tengo una visión del futuro, porque para mí eso es un desperdicio de energía; mi energía debo emplearla en lo que hago. Yo no soy política. Lo único que quiero es que las cosas sean un poco menos malas, que la gente no sufra tanto, que esta ocupación se termine; quiero que la gente pueda vivir una vida normal, moverse libremente, mantener a su familia, vivir con decencia y justicia. Y no quiero que controlemos a otro pueblo. Yo no puedo decir qué es mejor, no sé cuál será la solución final, y no importa cuál es mi idea. Creo que hay que trabajar en todos los frentes posibles, y así ir sumando gota tras gota hasta llenar el océano”.

De algo está segura: el cambio se va a dar después de que los israelíes tengan que pagar un precio más alto que hasta ahora. “No hemos pagado con sangre ni con dinero, y en cambio lucramos con este sistema. Todos, todos lucramos con la ocupación. Tal vez el cambio vendrá con la próxima intifada. Junto con la presión exterior”.

Por eso también colabora editando testimonios de Breaking the Silence (la organización de ex soldados(as) israelíes) y con el proyecto “Who profits?”, de la Coalition of Women for Peace, de la que es integrante. Esto significa que apoya el BDS (movimiento global de boicot y sanciones a Israel), pero no quiere abundar en los motivos: “Simplemente porque es la estrategia correcta -dice-: si funcionó en Sudáfrica, tiene que funcionar en Palestina”.

Tamar con uno de sus amiguitos (foto sin crédito).

Tamar en Qalandiya con uno de sus amiguitos vendedores (Foto: Nurit Yarden).


NOTAS
– Todas las fotos (salvo la última) pertenecen a Tamar Fleishman.
– Las historias de Tamar se pueden leer en inglés en The Palestine Chronicle.
– Sus fotos están publicadas en su página de Facebook.
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En la ciudad de la furia

Nora Sub Laban mirando la Cúpula de la Roca desde la ventana de su hogar amenazado, en la Ciudad Vieja de Jerusalén.

Nora Sub Laban mirando la Cúpula de la Roca desde la ventana de la casa donde nació y de donde los colonos y el Estado de Israel quieren expulsarla, en la Ciudad Vieja de Jerusalén.


La limpieza étnica avanza en Jerusalén Este,
ante la indiferencia internacional
 

El miércoles 18 de marzo no fue un día fácil en Jerusalén (Al Quds); pero tampoco fue inusual para una población que todos los días debe luchar para sobrevivir y permanecer en su ciudad, sometida a un proceso de judaización violento y excluyente. 

Llegué a Al Quds al día siguiente de enterarme de que a un buen amigo de Belén, casado con una palestina de Jerusalén  -donde vive con ella y sus cinco hijos e hijas-, las autoridades israelíes le retiraron el permiso para vivir y entrar en la ciudad. Ahora sólo pueden verse los fines de semana, cuando su familia viene a reunirse con él en Belén. Si su esposa se mudara con él a Belén (a sólo 10 kilómetros de distancia), perdería para siempre el derecho a vivir –y a entrar- en la ciudad en la que nació y donde vive toda su familia. 

Activistas y vecinos se solidarizan con la familia visitándoles en su casa amenazada.

Activistas, periodistas y vecinas se solidarizan con la familia Sub Laban, visitándoles en su casa amenazada.

Mi visita a la ciudad respondía al llamado público de la familia Sub Laban pidiendo la presencia de acompañantes internacionales ante la amenaza de desalojo inminente de la casa donde han vivido por tres generaciones, en el corazón del barrio musulmán de la Ciudad Vieja, a dos cuadras de la Explanada de las Mezquitas. Dos días antes, colonos judíos respaldados por policías habían intentado irrumpir en la vivienda para apropiarse de ella; la rápida reacción de familiares, vecinos y activistas, sumada a la presentación de un recurso judicial, lograron evitar este segundo intento de expulsión (ya hubo otro en febrero). 

Conversando con Rafat, Ahmad, Heba y su madre Nora -mientras compartíamos té y una generosa comida- fui conociendo los detalles de una historia que se parece demasiado a tantos otros relatos de despojo sufrido por familias palestinas: tierras, viviendas, bienes, identidad, historia, cultura y espiritualidad son igualmente objeto del proyecto sionista de colonización, en el cual no hay lugar para la población nativa árabe. 

Nora con su hija e hijos leyendo las noticias sobre su caso

Nora con su hija e hijos leyendo las noticias sobre su caso (María Landi).

Antes de 1967, la familia pagaba una renta anual por la vivienda a las autoridades jordanas (que regían en Cisjordania y Jerusalén Este después de la guerra de 1948). Después de que Israel ocupara y anexara Jerusalén Este, la vivienda pasó a manos del Estado judío, con el que la familia negoció un acuerdo y siguió pagando en calidad de inquilino protegido. En 1980 la familia fue obligada por la municipalidad a realizar trabajos de reparación en la casa, así que tuvo que dejarla temporalmente;  cuando intentó regresar, los colonos –que la habían ocupado- se lo impidieron, alegando que ya no vivía allí; después de una batalla legal de 15 años, la familia Sub Laban logró finalmente regresar en 2000. 

Pero en 2010 el Estado entregó la propiedad a la organización de colonos Ateret Cohanim, una de las tantas creadas con la finalidad de expulsar a la población palestina de Jerusalén y poblarla exclusivamente con judíos. Desde ese momento empezó una nueva batalla legal que continúa hasta hoy, en la cual la familia reclama su derecho a permanecer viviendo en la casa que habita desde 1953. Aunque está prevista una audiencia decisiva para el 31 de mayo, los colonos no quieren esperar hasta entonces y se han propuesto apropiarse del inmueble por la fuerza. 

Forcejeos con la policía cuando los colonos intentan ocupar la vivienda por la fuerza.

Forcejeos con la policía cuando los colonos intentan ocupar la vivienda por la fuerza.

La casa de la familia Sub Laban está en un área de la Ciudad Vieja particularmente sensible, donde los colonos judíos se han apropiado de gran parte de las viviendas vecinas. “En la década de 1970 y 1980 comenzaron a tomar las viviendas una por una, y ahora somos la única familia palestina en el edificio”, dijo Rafat, mientras su madre me mostraba el patio adonde los colonos con frecuencia les hostigan arrojando agua y basura. Este creciente y agresivo proceso de apropiación judía de las viviendas palestinas hace que se hable de la hebronización de Jerusalén, refiriéndose al que también se da en la Ciudad Vieja de Al Khalil (Hebrón). Desde la azotea de la casa en disputa pude apreciar enfrente la enorme yeshiva (escuela religiosa) y las muchas viviendas vecinas que ya están en manos judías. 

El único argumento esgrimido por los colonos –al igual que en otros casos del también amenazado barrio de Sheik Sharrah- es que la vivienda perteneció antes de 1948 a propietarios judíos.“Pero entonces Israel debería también devolverle a las familias palestinas todas las casas que perdieron en 1948 y en 1967 y que pasaron a manos del Estado y hoy están habitadas por judíos”, afirmó Hussam, un activista local, y agregó: “Los grupos de colonos toman las casas y se las dan a familias judías, e incluso les pagan para vivir en ellas”.

Hacer click en la foto para ver toda la galería en tamaño completo:

De ser desalojada, la familia Sub-Laban no podrá seguir viviendo en Jerusalén, donde los alquileres son extremadamente altos. Tendrán que ir a vivir a Cisjordania, y una vez que hayan pasado siete años perderán su permiso de residencia, y ni ellos ni sus descendientes podrán entrar libremente o vivir en su ciudad.

El domingo 22, activistas israelíes del grupo “Free Jerusalem” convocaron a una concentración de solidaridad frente a la casa de la familia. Varias internacionales nos sumamos a la acción. Fue interesante ver cómo a medida que los tambores y consignas llenaban el callejón de la Ciudad Vieja, las pocas familias palestinas que quedan viviendo en el lugar -habitualmente recluidas para evitar las agresiones de los colonos- se animaban a asomarse a las ventanas y hasta a salir a la calle para unirse con entusiasmo a nuestro grupo.

Activistas y vecinas corean consignas contra la judaización del barrio (

Activistas y vecinas corean consignas contra la judaización del barrio (

La suerte de la familia se definirá en los próximos días, cuando la Corte Suprema de Israel determine si acepta la solicitud de congelar la orden de desalojo que el juez de Distrito ya rechazó. Activistas locales, israelíes e internacionales estaremos junto a Nora y sus hijos, cualquiera sea el desenlace.

Y los Sub Laban, honrando el espíritu palestino de sumud, no se darán por vencidos. El símbolo de su esperanza en el futuro fue la llegada de una nueva integrante a la familia: Nora -llamada así en honor de su abuela- nació el mismo día que lograron frenar el desalojo.

Ver aquí  y aquí imágenes de la manifestación del domingo 22 frente a la cada de la familia Sub Laban.
Seguir las novedades de este caso en las páginas de Facebook: Stop Nora’s Eviction y Free Jerusalem. 
Nora con la nieta nacida el día que estuvo a punto de ser desalojada por los colonos.

Nora con la nieta nacida el día que estuvo a punto de ser desalojada por los colonos.


… y del otro lado de las murallas de la Ciudad Vieja…

Mientras estaba con la familia Sub Laban me enteré que un par de horas antes los colonos habían tomado una nueva vivienda en otro de los barrios más sensibles de Jerusalén Este: Silwan, a poco más de una cuadra al sur de la muralla de la Ciudad Vieja que encierra la Explanada de las Mezquitas y el Muro de los Lamentos. 

A Silwan –que antiguamente era una aldea y hoy es una zona formada por varios pequeños barrios- fui por primera vez hace cuatro años. Desde entonces vuelvo siempre, porque ese lugar vulnerable y su población empobrecida me recuerdan las barriadas populares de las ciudades latinoamericanas (cerros de Caracas, favelas de Rio, pueblos jóvenes de Lima). Y cada vez que llego a Silwan descubro nuevas banderas israelíes ondeando sobre los techos de las viviendas tomadas por los colonos, en una guerra que se libra casa por casa, en cada metro cuadrado de tierra donde 50.000 palestinos y palestinas resisten el despojo; no por casualidad la mayor cantidad de presos de Jerusalén –menores y mayores- son de Silwan.

Parte de los barrios que componen Silwan, al sur de la Ciudad Vieja de Jerusalén.

Parte de los barrios que componen Silwan, al sur de la Ciudad Vieja de Jerusalén (María Landi).

La organización que tiene a su cargo el proceso de judaización de Silwan se llama Elad, y es tan violenta como poderosa. Wadi Hilweh es el barrio más disputado de Silwan, porque según la narrativa sionista es el lugar donde podría haber estado el  palacio del rey David. Allí se ha construido el parque temático “Ciudad de David” y –en una búsqueda desesperada de vestigios que justifiquen el pasado judío del lugar y su conexión con la colonización presente- se están realizando permanentes excavaciones ‘arqueológicas’ que han dañado gravemente innumerables viviendas de Silwan y ponen en peligro los mismos cimientos de la cercana mezquita de Al Aqsa.

En la mañana del miércoles 18, según informó el Wadi Hilweh Information Center (WHIC) –con cuyo director Jawad Siyam estuve conversando poco después de que fuera liberado por la policía israelí-, la organización de colonos Elad, protegidos por la policía israelí y sus guardias privados entraron en el predio propiedad de la familia Al-Malhi y se apoderaron de tres de las cuatro viviendas del mismo. Los colonos quitaron todo el mobiliario, cambiaron las cerraduras de las puertas y tapiaron las ventanas. Asimismo, construyeron una habitación de chapa en el terreno.

Ver aquí una secuencia fotográfica de la apropiación del predio de la familia Al-Malhi.

Para apoderarse de la vivienda de la familia Al-Malhi, la noche antes la policía citó a Muntaser Al-Malhi y a su madre para que se presentaran el miércoles por la mañana en la comisaría cercana, y cuando se dirigían hacia allí fueron detenidos. En otros dos de los apartamentos los colonos entraron cuando no había nadie en su interior.

Jawad Siyam, director del WHIC cuando es arrestado por la policía.

Jawad Siyam, director del WHIC cuando es arrestado por la policía.

La policía israelí acordonó la zona para impedir que los vecinos se acercaran a la propiedad. Esto originó una confrontación entre ellos y la policía, en la cual el niño Mohammed al-Malhi (13) fue brutalmente golpeado, arrastrado y arrestado. Jawad Siyam también fue detenido, pero ambos fueron liberados horas más tarde.

Poco después los colonos armados se apoderaron también de dos terrenos, uno de 500 metros cuadrados que funcionaba como espacio de recreación para los niños del barrio, y otro de unos 1200 metros cuadrados. Después de nivelar la tierra con una excavadora, los colonos instalaron caravanas en ellos.

En la noche del mismo miércoles 18, integrantes de la familia Al-Malhi (Um Mohammad y sus hijas) intentaron entrar en la única vivienda del predio que no fue tomada por los colonos, pero sus guardias privados se lo impidieron. Las mujeres entonces se sentaron en la calle frente a la entrada de su casa. Cuando jóvenes del lugar se acercaron para apoyarles, fuerzas especiales de la policía israelí irrumpieron lanzando granadas de gas lacrimógeno y balas de acero forradas en goma, golpeándoles y arrestando a Ibrahim Al-Malhi (15).

Ver aquí la represión sufrida por la familia Al-Malhi cuando intentó entrar en su casa.
La familia Al- en la entrada de su vivienda a la que ya no les permiten entrar.

La familia Al-Malhi en la puerta de su vivienda a la que ya no le permiten entrar.

Según informó el WHIC, el grupo Elad compró a un integrante de la familia Al-Malhi para que le facilitara la adquisición del predio falsificando documentos de propiedad.

En septiembre pasado los colonos se habían apropiado de 23 viviendas más en Silwan, expulsando por la fuerza a los residentes de uno de los apartamentos. Y en octubre ocuparon otros dos edificios. En la mayoría de los casos la apropiación se produjo porque Elad usó a un intermediario palestino para comprar las viviendas a las familias, aprovechándose de la situación de extrema necesidad en que se encuentran la mayoría de los habitantes de Silwan -que además se ven forzados a vender ante la amenaza de que, de no hacerlo, serán expulsados por la fuerza y perderán sus viviendas.

Mohammed    cuando es arrestado y arrastrado por las policía israelí

Mohammed al-Malhi (13) cuando es arrestado y arrastrado por las policía israelí


Casa por casa, metro a metro…

El mismo grupo que se concentró en apoyo a la familia Sub Laban convocó para el viernes 27 de marzo a una marcha que partirá desde su casa en la Ciudad Vieja hacia Sheik Sharrah, otro barrio palestino de Jerusalén Este que es objeto de judaización violenta desde hace una década. Allí varias familias palestinas ya han perdido sus viviendas, que fueron transferidas a colonos judíos con los mismos artilugios legales.

La marcha será en solidaridad también con la familia Shamasneh, que está a punto de perder su hogar en Sheik Sharrah. La disputa legal comenzó en 2009, cuando una organización de colonos impulsó el reclamo de la casa donde los Shamasneh han vivido por más de 40 años como inquilinos protegidos, alegando que la misma pertenecía a un propietario judío antes de 1948.

La realidad es que la guerra que dio origen al Estado de Israel generó desplazamientos y reacomodos de población en Jerusalén: así como las familias palestinas fueron expulsadas del oeste de la ciudad, las familias judías abandonaron los barrios del este, y la ciudad quedó dividida. Pero la legislación discriminatoria de Israel permite sólo a los judíos reclamar la propiedad que dejaron tras las líneas enemigas en 1948, y no a los palestinos. Es el caso de los Sub Laban, que no pueden recuperar la propiedad que tenía en Jerusalén Oeste antes de 1948.

Banderas de Israel en casas del barrio musulmán tomadas por los colonos.

Banderas de Israel en casas del barrio musulmán de la Ciudad Vieja tomadas por los colonos (María Landi).

Varias organizaciones derechistas de colonos se dedican a rastrear el pasado judío de las viviendas palestinas en Jerusalén Este y a entablar demandas judiciales para ‘liberar’ la propiedad y entregarla a manos judías (que ni siquiera son los antiguos propietarios, sino nuevos colonos, en muchos casos inmigrantes procedentes de EEUU o Rusia).

En agosto de 2013, la Corte Suprema de Israel confirmó que el inmueble pertenecía a una familia judía antes de 1948 y ordenó el desalojo de los 10 integrantes de la familia Shamasneh. Sin embargo, por ‘razones humanitarias’ –atendiendo a que el padre de familia tiene más de 80 años y ha vivido allí la mitad de su vida- ordenó que el desalojo se postergara por 18 meses, que se cumplieron a fines de febrero de este año.

Integrantes de la familia a punto de ser desalojados de su hogar en Sheik Sharrah
Integrantes de la familia Shamasneh a punto de ser desalojados de su hogar en Sheik Sharrah


Las muchas formas de la guerra demográfica

Los casos mencionados arriba son sólo ejemplos de una política más amplia impulsada por el movimiento de colonos, con pleno apoyo del Estado, para consolidar el anillo de colonias que rodean a Jerusalén (y en particular a su Ciudad Vieja) a fin de garantizar el control judío sobre la totalidad de la ciudad y hacer imposible que Jerusalén Este sea la futura capital de Palestina.

El régimen sionista –que ocupó y anexó la ciudad a Israel en 1967, a pesar de la condena de la comunidad internacional- quiere forzar una mayoría demográfica en una ciudad que es santa para tres religiones, además de capital histórica y centro político, social y espiritual de Palestina. Para ello ha diseñado diversas políticas que, sumadas, resultan en un proceso gradual y silencioso -pero implacable- de expulsión de la población árabe de la ciudad. Éstas son sólo algunas de ellas:

  • La población palestina de Jerusalén no tiene ciudadanía israelí ni palestina: apenas tiene un ‘permiso’ para vivir en la ciudad donde nació, que las autoridades israelíes pueden retirarle en cualquier momento (por ejemplo, si se ausenta de la ciudad por más de siete años, aunque sea para vivir a pocos kilómetros).

  • Jerusalén está rodeada por un Muro de 8 metros de alto y 120 km de largo, y ‘cerrada’ por ocho checkpoints que impiden el acceso a la ciudad a la población palestina de Cisjordania o Gaza. Sólo mediante permisos especiales (otorgados con criterios sumamente restrictivos que excluyen a los hombres menores de 50 años, a los activistas y otros perfiles) algunos miles de palestinos pueden acceder a Jerusalén (permisos que también pueden ser retirados en cualquier momento).

  • A pesar de que sus habitantes pagan los mismos impuestos que la población judía, los barrios palestinos de Jerusalén Este reciben un presupuesto deliberadamente inferior en materia de servicios públicos, escuelas y centros de salud, y las políticas de planeamiento urbano están designadas para impedir el crecimiento y la estabilidad en las áreas palestinas; en ellas la calidad de vida es pésima, mientras Jerusalén Oeste luce como una ciudad de Primer Mundo.

  • Para las familias palestinas es prácticamente imposible obtener permisos de construcción, de modo que al construir sin permiso arriesgan que su casa sea demolida. Más aun: cuando las autoridades israelíes ordenan la demolición de una vivienda, el propietario debe hacerse cargo de llevarla a cabo por sí mismo, o de lo contrario pagar sumas exorbitantes a la municipalidad de Jerusalén por el ‘servicio’ de demolición.

  • Israel prohíbe a los y las palestinas de Jerusalén vivir en la ciudad con cónyuges procedentes de Cisjordania. Así, innumerables parejas palestinas tienen que vivir separadas a uno y otro lado del Muro, o uno de los cónyuges debe vivir clandestinamente en Jerusalén, sin acceso a ningún servicio como residente de la ciudad. Y si el cónyuge de Jerusalén se traslada a vivir en Cisjordania, arriesga perder para siempre su permiso de residencia en la ciudad en la que nació. Las solicitudes de “unificación familiar” son cada vez más difíciles de obtener; y para éste como para muchos trámites más, las familias palestinas invierten enormes sumas de dinero en abogados y burocracia, a menudo con un resultado negativo.

Banderas de Israel en viviendas ocupadas por colonos. Detrás, la Cúpula de la Roca.

Banderas de Israel en viviendas ocupadas por colonos. Detrás, la Cúpula de la Roca (María Landi)

FUENTES:
TeleSur
Ma’an News

Haaretz
Silwanic (en inglés y en castellano)
Alternative Information Center 

 NOTA: El título de este artículo está tomado de la canción de la banda argentina Soda Stereo.
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Sobre las elecciones israelíes: Ilan Pappé, Gideon Levy, Amira Hass, Yousef Munayyer, Yara Hawari, Stop the Wall, Comité Nacional Palestino del Movimiento BDS

María Landi:

Netanyahu será recordado por contar la verdad sobre Israel: No habrá Estado palestino

Las elecciones israelíes –convocadas por el reelecto primer ministro Netanyahu cuando decidió disolver el gobierno a fines del año pasado, calculando que podría constituir uno con más apoyos del que tenía- han dado lugar a muchos comentarios y análisis, que pueden resumirse en lo siguiente:
– los israelíes una vez más eligieron la peor opción, en este caso un gobernante con una pésima imagen internacional, responsable además del acelerado deterioro de la imagen de Israel en el mundo;
– demostraron que no les importa en absoluto la ocupación y colonización de Palestina, y que están dispuestos a continuarla indefinidamente, apoyando a un candidato que dos días antes declaró explícitamente que jamás existirá un Estado palestino;
– las alternativas como el viejo laborismo reciclado, la llamada ‘izquierda’, la ultra-ultra derecha y los partidos religiosos perdieron votos a favor de Netanyahu;
– la única novedad fue la unidad de todos los partidos árabes (representantes del 20% de la población palestina con ciudadanía israelí), cuya “Lista unificada” les permitió conseguir más sitios en el parlamento y constituirse en la tercera fuerza política del país. Si bien su impacto dentro de la política israelí será muy limitado, la unidad alcanzada entre sectores muy diversos puede ser un ejemplo inspirador para la profunda división política que los palestinos de Cisjordania y Gaza no han podido superar.

A continuación una sarcástica opinión del periodista Gideon Levy (traducida por el blog Los Otros Judíos), y una lista de otros análisis recomendables sobre las elecciones, en general coincidentes en que el triunfo de Netanyahu es la mejor opción para la causa palestina. En palabras del coordinador del movimiento BDS en Palestina, Mahmoud Nawajaa: “Al declarar que no entrará en ningún tipo de negociación con los palestinos, Netanyahu ha eliminado todas las excusas para que los gobiernos no impongan sanciones a Israel y para que continúen apoyando su régimen de apartheid.”


Ilan Pappé: Los mensajes de las elecciones israelíes

Ali Abunimah: Why I’m relieved Netanyahu won

Gideon Levy: Netanyahu merece al pueblo israelí e Israel se merece a Netanyahu

Comité Nacional Palestino del movimiento BDS: Israel vota por la ocupación permanente y el apartheid: debe enfrentar el aislamiento internacional

Stop the Wall: Votación hacia un Estado paria

Yousef Munayyer: Netanyahu’s Win Is Good for Palestine

Amira Hass: Among Joint List’s many tasks: Convincing Arabs it was worth voting

Yara Hawari: Israel is supposedly the only democracy in the Middle East, yet 4.5 million Palestinians under its control can’t vote

Originalmente publicado en Los otros judíos:

Palestina colgantePor Gideon Levy.

Quisiera decirle gracias, Primer Ministro Benjamin Netanyahu. Gracias por decir la verdad. La semana pasada Ud. se reveló como el primer primer ministro israelí que dice la verdad. Hace por los menos 25 años que la mayoría de los estadistas israelíes mienten, engañan al mundo, a los israelíes y a sí mismos. Hasta que apareció Netanyahu – justo él entre todos los estadistas – y dijo la verdad. Si tan solo esta verdad hubiera sido contada por un primer ministro hace 25 años, incluso tal vez hace 50,  cuando nació la ocupación. Aun así, es mejor tarde que nunca. El público lo recompensó por esta verdad, y Netanyahu fue elegido para un cuarto mandato.

Netanyahu dijo la semana pasada que si era reelegido, con él no habría Estado. Simple y claro. Esta  verdad pura y simple también fue el caso para todos sus predecesores –…

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