¿Qué harías si los soldados sacaran a tu hijo de la cama en mitad de la noche?


Orly Noy*

 

Después de más de medio siglo de ocupación, la mayoría de los israelíes ya no puede ponerse en el lugar de los palestinos. Pero si no podemos imaginar lo que es vivir bajo la ocupación, al menos debemos enfrentarnos a su brutal realidad.

 

Captura de pantalla del video de B’Tselem sobre la invasión nocturna del hogar de la familia Da’na en Hebrón/Al Jalil. Junio 2018.

Hace veinte años, en marzo de 1998, el periodista de Haaretz Gideon Levy preguntó al líder del Partido Laborista Ehud Barak qué haría si fuera un joven palestino viviendo bajo ocupación. “Si yo fuera un palestino con la edad indicada, en algún momento me uniría a uno de los grupos terroristas”, respondió Barak.

Hoy en día, no sólo es difícil imaginar a un político judío israelí haciendo una declaración similar; la pregunta en sí suena irreal. ¿Podemos imaginarnos como palestinos? Qué idea tan extraña. Si hay algo que 50 años de brutal dominación militar sobre otro pueblo han inculcado en la conciencia israelí es que hay una ley para nosotros y otra para los palestinos: que como seres humanos estábamos destinados a ser diferentes.

Cuando consistente y sistemáticamente abusas del Otro por décadas, este distanciamiento de la conciencia se convierte en una especie de mecanismo de sobrevivencia. El hecho de que no podamos imaginarnos a nosotros mismos en el lugar de la gente que vive en Gaza -por ejemplo, sometida a un bloqueo que les obliga a vivir una vida de sufrimiento y pobreza extrema– nos permite seguir adelante sin sentimientos de culpa.

Este mecanismo funciona no sólo en los casos más extremos como Gaza, sino quizás incluso mejor cuando se trata de lo que hemos aprendido a llamar “la rutina de la ocupación”.

Veamos el video que aparece a continuación, publicado el jueves por la organización israelí de derechos humanos B’Tselem: soldados invaden la casa de la familia Da’na en Hebrón en medio de la noche, despertando a toda la familia, incluyendo a niños y ancianas, para buscar ‘lanzapiedras’. A los soldados israelíes se les permite, por decreto militar, llevar a cabo redadas en cualquier hogar, a cualquier hora, sin una orden de allanamiento. Irrumpen con las armas desenfundadas. “Si entran en nuestra casa, entren respetuosamente”, dice uno de los integrantes de la familia a los soldados. Una sentida súplica a soldados con cascos de guerra. ¿Qué tiene que ver la ocupación con el respeto?

Los soldados registran toda la casa. En una de las habitaciones, una mujer aterrorizada sostiene a un niño pequeño, diciéndoles a los soldados que está sola con los niños. “Está todo okey”, le dicen los soldados. ¿Qué tiene de okey su presencia forzada en medio de la noche? Después de eso, los soldados ordenan a los adultos que les traigan a los niños. Se despierta a los niños pequeños para que se pongan de pie ante los soldados. Los uniformados hacen otra ronda dentro de la casa, otra ronda de conversaciones con los adultos, y continúan su camino. ¿Cuál fue el propósito de la redada? ¿Qué estaban buscando? ¿A quién buscaban? ¿Los mismos soldados lo sabían? ¿El propósito de la redada era en sí mismo el miedo sistemático que provoca?

La arbitrariedad es otra piedra angular de la ocupación. Las familias palestinas no deben saber cuándo serán allanadas sus casas, a qué hora, o cuándo terminará la redada. Nadie puede atestiguar esto mejor que la familia Da’na: una de las hijas, voluntaria de B’Tselem, ha documentado una larga cadena de abusos cometidos por el ejército israelí contra su familia, incluyendo el arresto de niños aun después de que los soldados admitieran no estar seguros de que los niños que habían arrestado fueran los que estaban buscando. En marzo de 2015, B’Tselem publicó un video que mostraba a soldados enmascarados despertando a niños aterrorizados que dormían en el suelo y forzándolos a entrar en la sala de estar de la familia. Miren la cara de uno de los niños, tan conmocionado y confundido cuando los soldados le preguntan su nombre.

Y la familia Da’na no sólo sufre abusos por parte de los soldados. Los colonos también les han atacado, y más de una vez ante soldados y policías israelíes que permanecieron inmóviles. Esta es la rutina de la ocupación.

¿Cómo se siente vivir de esta manera, expuesto y completamente vulnerable a  soldados que pueden allanar tu casa en cualquier momento, ladrarte órdenes y hurgar entre tus pertenencias personales? ¿Qué se siente al estar indefenso mientras los soldados sacan a tus hijos de sus camas en medio de la noche y los amenazan con los cañones de sus rifles? ¿Qué haríamos si tuviéramos que vivir así?

Veinte años después de que Gideon Levy le hiciera la pregunta a Ehud Barak, ésta se ha vuelto irrelevante para la sociedad israelí. No tiene sentido hacer el ejercicio hipotético. Bajo un régimen de apartheid, no tiene sentido preguntar a los blancos qué harían en lugar de los negros. Imaginarse que las cosas puedan darse vuelta se ha vuelto imposible. Pero si no podemos imaginarnos lo que es vivir como la familia Da’na y tantas otras bajo la ocupación, al menos podemos mirar las fotos y ver los videos de vez en cuando, para que no podamos decir: “No lo sabíamos”.

 

*Orly Noy se define como mujer activista de izquierda, mizrají y eterna migrante. Vive en Jerusalén, traduce poesía y prosa del farsi al hebreo, y aspira a contribuir a sacar de la marginalidad a la cultura persa y mizrají en el actual Israel.
Publicado el 8/6/18 en +972. Traducción: María Landi.
NOTA: El incidente relatado en este artículo está lejos de ser aislado: es el procedimiento habitual, y en todas las localidades de Cisjordania ocurren estas invasiones nocturnas de hogares palestinos por las fuerzas de ocupación. Especialmente en los campos de refugiados y en Hebrón/Al Jalil, pero también en Nabi Saleh, Bil’in y otras aldeas. Aquí hay apenas una muestra de los muchos incidentes de este tipo que puede encontrarse en YouTube, algunos también en el hogar de la familia Da’na.

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Israel quiere a Palestina muerta

En el programa Fort Apache, conducido por Pablo Iglesias en HispanTV, Carlos Prieto (New Left Review), Ana Sánchez (BDS-BNC), Jaldía Abubakra (Al Karama), Teresa Aranguren (periodista) Héctor Grad y Liliana Córdova Kaczerginski (IJAN) analizan y debaten la coyuntura actual después de los graves acontecimientos de Jerusalén y Gaza.

 

 

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¡Victoria! Argentina no va, la camiseta no se mancha

Los otros judíos

Por BDS Argentina.

Ante la suspensión del partido de la selección de fútbol masculino con Israel, queremos expresar nuestra inmensa alegría y agradecimiento a todas las personas y organizaciones que apoyaron, adhirieron y difundieron la campaña #ArgentinaNoVayas, como así también a las diversas manifestaciones civiles en distintos países.
Agradecemos también al cuerpo técnico y a los jugadores de la selección por haber escuchado nuestro pedido. Es necesario aclarar que no existieron amenazas que pusieran en peligro su integridad física y que los medios que difundieron tales noticias mintieron o tergiversaron los hechos, en complicidad con Israel para ocultar la legitimidad del reclamo. 
El pueblo palestino sufre a diario violaciones a los derechos humanos de todos tipo, por ejemplo: bombardeos y asesinatos indiscriminados, incluyendo niñas y niños, demoliciones de viviendas con el sólo objetivo de apropiarse de más tierras palestinas, bloqueo de acceso a los alimentos, medicamentos e insumos…

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Nakba en Gaza

Dibujo de Carlos Latuff.

 

Imágenes y palabras para poner un poco de luz -y de sentido- en medio de este tiempo aciago de masacre en la Franja de Gaza, 70° aniversario de al-Nakba y traslado de la embajada de EE.UU. a Jerusalén/Al Quds, celebrada con una carnicería sionista.

 

PALABRAS

Con la Gran Marcha del Retorno los palestinos reivindican una vida digna, por  Ahmad Abu Rtemah

Los soldados israelíes han herido de bala a más de 250 menores en las protestas de Gaza

Mi derecho palestino al retorno es sagrado, por Ramzy Baroud

70 años de Nakba: la injusticia más larga en la historia moderna, por Fadi Atta

La Nakba de las mujeres palestinas, por Carolina Bracco

Descolonización, no paz, por Ilan Pappé

El espejo de Gaza, por Joan Cañete Bayle

Nacer, vivir y morir como refugiado: la vida de miles de palestinos, por Naher al Bared

Declaración de Kairos Palestina sobre Gaza y Jerusalén ocupada.

Cuando Israel cumple 70 años, es hora de que los judíos abandonemos el sionismo por el bien de todos, por Robert A.H.Cohen

La “nación judía” es el mito central del sionismo. Es necesario desmantelarlo, por Jonathan Ofir

“Cinismo enraizado en impunidad”: Judíos antisionistas denuncian falsedades dichas por la embajadora de Israel (20 firmas)

Los verdaderos motivos por los que Guatemala también traslada su embajada a Jerusalén, por Maren Mantovani

Guatemala lo sigue, por Sandra Xinico Batz

Debunking 18 claims justifying this week’s Gaza massacre, por Riham Darwish

Kill and Kill and Kill, por Saree Makdisi

Eclipsing Factionalism: The Missing Story from the Gaza Protests, por Ramzy Baroud

Israel celebrates ‘pyrrhic’ victory as it turns 70, por Jonathan Cook

Undemocratic from the river to the sea, por Gideon Levy

At 70: Let’s let Israel implode, por Marcelo Svirsky

For we are God’s special victims (an ode to the state of Israel), por Howard Cohen

70 years later: Why Palestinians are marching back home, por Maha Hussaini

 

Dibujo de Carlos Latuff


IMÁGENES

 

Gaza not through gun sights: preciosa galería de fotos de la población gazatí en el campamento de la Gran Marcha del Retorno.

Tent city nights: Gaza’s dance of resistance unites Palestinians: imágenes de la vida cotidiana en el campamento de protesta de Gaza.

 

Mini reportaje de RT:
Mini reportaje de TRT:
Reportaje más extenso de Vice News/HBO:

Nombres y rostros de las 62 personas asesinadas en Gaza el 14 de mayo:

 

Protestas en Gaza y en toda Cisjordania en el 70° aniversario de al-Nakba:
El corresponsal de Democracy Now, Sharif Abdel Kouddous, desde ciudad de Gaza, describe cómo Israel lanza gas lacrimógeno desde drones sobre las y los manifestantes palestinos y los francotiradores disparan balas de fragmentación que explotan al penetrar en el cuerpo humano:
Testimonio de Tarek Loubani, el médico canadiense que fue baleado por los francotiradores sionistas cuando atendía a las personas heridas en Gaza. El 14 de mayo él y otros 18 paramédicos fueron heridos, y 1 asesinado. Todos llevaban chalecos identificados y proporcionados por el propio gobierno israelí a la Cruz Roja Internacional.
La activista palestina-estadounidense Linda Sarsour sobre el tratamiento y el lenguaje engañoso de los medios para describir lo que ocurre en Gaza:
El parlamentario y activista irlandés Richard Boyle Barrett sobre la naturaleza premeditamente, calculadamente criminal del ataque israelí sobre las y los manifestantes desarmados en Gaza, y la necesidad de sancionar a Israel:
Mujeres gazatíes en la Gran Marcha del Retorno:
Represión policial en la ciudad de Haifa a una manifestación de apoyo a Gaza. Hubo además una veintena de personas arrestadas:
Video de la organización palestina Badil: “Ongoing Nakba“:
Nakba 70: cuatro generaciones en crisis.
La Nakba continúa: comunidades beduinas que están siendo desplazadas hoy en Cisjordania.
Chronologies“, un poema de Rafeef Ziadah (con música de Phil Mansour):

“The return plan”: conferencia del académico, geógrafo y refugiado palestino Salman Abu Sitta sobre la Nakba, y su propuesta para hacer realidad la ‘demografía del retorno’ de las y los refugiados palestinos a su patria:

 

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Médicos de Gaza: FF de ocupación de Israel causaron heridas no vistas desde la masacre de 2014

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Los otros judíos

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Culpar a las víctimas

 

30 de marzo en la valla de separación entre Gaza e Israel. (JACK GUEZ/AFP/Getty Images)

A propósito de la última masacre israelí en Gaza


Columna publicada el 4/4/18 en el portal Uy.press

Como suele hacer después de cada masacre periódica de palestinos/as, el Estado de Israel ha puesto en marcha su campaña mediática de autojustificación. En realidad la puso en marcha ya antes de cometer la masacre, para preparar a la opinión pública internacional y predisponerla a que aceptara sus razones. Se trata de una operación muy conocida (si sabremos quienes vivimos bajo dictaduras) por la cual el accionar del terrorismo de Estado se convierte en “medidas defensivas” para garantizar la “seguridad”. Palabra sacrosanta en el léxico sionista, que desde hace 70 años es utilizada para justificar arbitrariedades y violencia criminal contra la población palestina, así como violaciones sistemáticas del Derecho Internacional e incumplimiento de innumerables resoluciones de la ONU.

Esta vez el relato oficial sionista tiene dos “talking points” para justificar la masacre de 17 personas desarmadas e indefensas que participaban en una manifestación pacífica en Gaza (además de las casi 2000 que resultaron heridas o mutiladas, al menos 20 de ellas, de extrema gravedad):
1. La protesta fue organizada por Hamas (el cuco de turno, como antes lo fueron Arafat, la OLP, la Liga Árabe, etc. etc.);
2. Ningún Estado puede permitir una amenaza a su soberanía y fronteras.

Y la hasbara (propaganda) funciona. Estos días, hasta medios considerados de izquierda han repetido como loros que la protesta fue organizada por Hamas, y los manifestantes pretendían cruzar la valla y penetrar en territorio israelí.

Para creerse esa doble mentira, hay que estar mal informado o inclinado a aceptar la versión israelí de los hechos sin contrastarla con fuentes independientes. En Occidente, y en nuestro país muy especialmente, es preocupante la gran cantidad de personas y medios de comunicación dispuestos a replicar como verdades axiomáticas todo lo que Israel les diga sin siquiera cotejar mínimamente la información. Ni siquiera se molestan en hacer las pesquisas más elementales para poder afirmar algo con fundamento (ni hablemos ya de practicar un periodismo de investigación). Y la realidad, como de costumbre, contradice completamente el relato sionista. Veamos:

Viñeta de Ismail Al-Bozom


Uno

La acción del viernes 30 fue convocada, cuidadosamente organizada y explicada con anticipación por un conjunto amplio y plural de organizaciones sociales y políticas palestinas. El anuncio de la “Gran Marcha del Retorno” fue claro sobre los objetivos y características que tendría la acción no violenta: sería un campamento de seis semanas, entre el 30 de marzo (Día de la Tierra Palestina[1]) y el 15 de mayo, en que se cumplen 70 años de la Nakba (la limpieza étnica de Palestina[2]). El objetivo era exigir el cumplimiento —70 años después— de la Resolución 194 de la ONU que en 1948 afirmó el derecho de la población palestina de regresar a sus hogares y tierras de donde fue expulsada. La acción pacífica no incluiría cruce de fronteras, ni corte de alambradas de la valla limítrofe, ni se permitiría siquiera tirar piedras.

Los medios complacientes con el relato oficial sionista hablan de los “enfrentamientos” que tuvieron lugar y dejaron ese saldo sangriento. Pero ¿cuántos palestinos armados confrontaron a los cientos de francotiradores israelíes que les disparaban desde la valla? ¿Cuántos israelíes resultaron muertos o heridos por la violencia palestina? La respuesta a ambas preguntas es: cero. Ni un solo israelí, civil o militar, armado o desarmado, corrió el más mínimo peligro, pues se trató de una protesta pacífica dentro del territorio de Gaza. Pero un ejército patológicamente adicto a ejecutar personas desarmadas (niños, niñas, adolescentes, mujeres, hombres, jóvenes, ancianos) y a considerarlas amenazas por el solo hecho de ser palestinas, necesita obviamente elaborar justificaciones.

Y aun si hubiera sido una movilización convocada por Hamas, ¿es legítimo, legal o humano ordenar a un ejército armado a guerra que dispare contra una multitud desarmada, congregada a cielo abierto y al descampado, en su propia tierra? Esa multitud que manifestaba con banderas y pancartas fue tiroteada con munición letal por francotiradores y fue rociada profusamente con gas lacrimógeno lanzado por drones desde el aire. En los múltiples registros en video se les ve cayendo mientras rezaban de rodillas, mientras hacían ondear una bandera, mientras corrían huyendo de los disparos que a muchos les llegaron por la espalda. Las ambulancias no daban abasto para trasladar a los miles de heridos hacia hospitales gazatíes que están desabastecidos de medicamentos, equipamiento y energía eléctrica, en un sistema sanitario que a principios de año fue declarado en emergencia por causa del inhumano bloqueo que Israel impone sobre Gaza desde hace 11 años.

Como coreamos por estas tierras: “No hubo errores, no hubo excesos”. El tuit del ejército israelí inmediatamente después de la masacre es la mejor prueba de que la matanza fue deliberada y planificada: “Ayer avistamos a 30.000 personas. Llegamos preparados y con refuerzos precisos. Nada se hizo de manera descontrolada. Todo fue certero y medido, y sabemos dónde cayó cada bala”. El comunicado fue quitado de las redes cuando el Secretario General de la ONU reclamó una investigación independiente y transparente. A lo cual el Ministro de Defensa de Israel, Abigdor Lieberman, respondió que su país no realizará ninguna investigación y que a los soldados que mataron a los manifestantes “hay que darles una medalla”.

La pregunta ineludible es: ¿qué quiere Israel que hagan los dos millones de habitantes de Gaza, hacinados, bloqueados y sumidos en una crisis humanitaria que ha disparado todas las alarmas: sin electricidad, ni agua potable, ni saneamiento, ni medicamentos, ni trabajo, sin presente ni futuro? Si unos pocos expresan su desesperación lanzando cohetes caseros al territorio israelí, son condenados por terroristas y toda la población es bombardeada. Si organizan una manifestación pacífica para reclamar el cumplimiento de las resoluciones de la ONU, los masacran. ¿Acaso ha habido algún pueblo en la historia que, sometido a una opresión brutal y prolongada, no haya resistido para liberarse? ¿Era legítimo cavar túneles y resistir con armas en el gueto de Varsovia, pero no lo es en el gueto de Gaza?

Como dijo estos días la organización judío-árabe Tarabut-Hithabrut, la lógica detrás de esta masacre es la decisión política de matar; para convencer a la sociedad israelí (con la habitual complicidad de los medios) de que las manifestaciones no violentas palestinas también son una ‘amenaza existencial’, y sobre todo “para enseñarles a los palestinos una lección: el gobierno israelí prefiere la confrontación armada en la que siempre tiene superioridad a las manifestaciones masivas. ¿Martin Luther King? Aquí no.  Aquí les disparamos”. Y es que el único idioma que Israel conoce es el de la fuerza. En 2011 el Gral. Amos Gilad (poderoso jefe del Ministerio de Defensa) le confesó a diplomáticos estadounidenses: “No nos va muy bien con Gandhi”.


Dos

La valla con la que los israelíes han cercado (en 1994) y bloqueado a Gaza (desde 2007) no es una frontera oficial soberana reconocida internacionalmente. Es una de las tantas imposiciones unilaterales y arbitrarias con las que Israel separa y domina a la población palestina, al igual que el Muro construido no en el límite con Cisjordania, sino dentro del territorio palestino, y declarado ilegal por la Corte Internacional de Justicia en 2004. Israel es un Estado que no tiene Constitución y que no ha definido, en 70 años de vida, cuáles son sus fronteras; por la sencilla razón de que no le reconoce al pueblo palestino ningún tipo de soberanía territorial. En el proyecto sionista, “Eretz Israel” se extiende desde el Mediterráneo hasta el Jordán. Y quien quiera verificarlo, puede mirar los mapas oficiales de Israel, desde los escolares hasta los turísticos. O buscar dónde están ubicadas sus más de 200 colonias diseminadas por toda Cisjordania y en permanente expansión (todas ilegales, según la ONU y el Derecho Internacional), y luego evaluar si Israel tuvo alguna vez intención de permitir la soberanía palestina en ese territorio. La respuesta evidente es no.

Ya dijimos que las personas manifestantes fueron atacadas adentro del terreno de Gaza, no en la valla limítrofe. Para quienes no conocen la geografía de Gaza, se trata de una estrecha franja de tierra de 51 km de largo por 11 km de ancho. A lo largo de esos ya escasos 11 km, Israel ha impuesto (también ilegal y unilateralmente) una “zona de exclusión” de 1 km y medio (17% de la superficie de Gaza), afectando gravemente la subsistencia de los agricultores, que ya no pueden plantar en esa zona. Incluso cuando van a trabajar a sus tierras cercanas a la valla arriesgan ser heridos o asesinados por los francotiradores —como ocurre frecuentemente[3]—. Fue en esa zona de exclusión donde fueron baleados los manifestantes.

También es oportuno preguntarse: ¿con qué autoridad moral el Estado de Israel habla de defender su soberanía supuestamente amenazada cuando es el primero que viola sistemáticamente la soberanía de sus vecinos?, ya sean esas 200 colonias en Cisjordania y Jerusalén Este (donde residen ilegalmente 600.000 israelíes), o el espacio aéreo y marítimo de Gaza, o el Sinaí egipcio, ocupado hasta 1982, o el sur del Líbano, ocupado hasta el 2000, o los Altos del Golán, ocupados desde 1967 hasta hoy, u otras zonas del territorio sirio en las que actualmente Israel bombardea para derrocar al régimen de Assad y sus aliados iraníes y libaneses. ¿Será que según su jerarquía racista la soberanía es un atributo exclusivo del autodeclarado “Estado Judío”, pero no de sus despreciables vecinos árabes?

Y ya que hablamos de jerarquías de derechos entre distintos grupos de población, es importante ponerle contexto histórico a los hechos del viernes. El 75% de la población de Gaza es refugiada. Son parte de las 750.000 personas expulsadas entre 1947 y 1949 (o sus descendientes), cuando las milicias sionistas destruyeron más de 500 localidades palestinas para fundar sobre sus ruinas el Estado de Israel en 1948. En verdad, lo que en mayo de este año se celebra es el 70º aniversario del comienzo de la limpieza étnica de la tierra y el pueblo de Palestina; un proceso que continúa hasta el día de hoy mediante ocupación militar, colonización territorial y apartheid jurídico.

Esa población refugiada de Gaza, sumada a la que está en los campos de refugiados de Cisjordania y los países vecinos, o repartida por todo el mundo, constituyen unos siete millones de personas. Son tres o cuatro generaciones palestinas a las que Israel les prohíbe regresar, o incluso visitar la tierra de sus abuelos, por el solo hecho de no ser judías. En cambio, la Ley del Retorno israelí (1950) le permite a cualquier persona judía, nacida en cualquier parte del mundo, emigrar a Israel y convertirse automáticamente en ciudadana con todos los derechos. Porque el derecho al “retorno” se aplica con 2000 años de retroactividad si se es judío, pero no se aplica 70 años para atrás si se es árabe. Es una de las tantas facetas del apartheid israelí, que tan bien han analizado expertas/os como Virginia Tilley, Richard Falk, Ben White, John Dugard, Liliana Coconi[4]. No por casualidad hay quienes estos días han comparado lo ocurrido el 30 de marzo en Gaza con la masacre de Soweto el 16 de junio de 1976, cuando la policía sudafricana le disparó a una multitud de estudiantes negros que marchaban por su libertad, su dignidad y su tierra.

El 31 de marzo, el Consejo de Seguridad de la ONU se reunió de urgencia para analizar la masacre del día anterior, y, como es habitual, Estados Unidos utilizó una vez más su poder de veto para bloquear una resolución condenatoria a Israel. Cinco días antes de esta masacre, el Consejo de DD.HH. de la ONU volvió a llamar a los países miembros a aplicar un embargo militar a Israel. Es lo que desde hace años viene pidiendo el movimiento palestino y mundial que llama a aplicar medidas de boicot, desinversión y sanciones (BDS) a Israel hasta que acate las resoluciones de la ONU y respete el Derecho Internacional.

Quienes integramos ese movimiento no llamamos a la destrucción de ese país ni de sus habitantes —como la lucha antiapartheid no llamaba a la desaparición de Sudáfrica—. Sí luchamos para que ese régimen de ocupación colonial (la más larga de la época moderna), que afirma la supremacía de las personas judías sobre las no judías, y que condena a la mitad de la población que vive entre el Mediterráneo y el Jordán a vivir sin ningún derecho en pleno siglo XXI, se transforme en una democracia donde todas las personas que habitan en ese territorio tengan los mismos derechos ante la ley, independientemente de su origen étnico, nacional o religioso.

Israel y sus aliados nos seguirán acusando de antisemitas (a pesar de la gran cantidad de personas judías que integran el movimiento); los victimarios seguirán cacareando que tienen derecho a defenderse de sus víctimas, y vendiendo sus mentiras a quienes quieran comprárselas; nuestros gobiernos seguirán mirando hacia el costado y haciendo negocios con los criminales de guerra. Pero la lucha palestina por libertad, justicia e igualdad va a prevalecer finalmente. Porque la razón, la verdad y la legalidad internacional están de su lado. Y cuando llegue ese día, cada quien sabrá si se colocó del lado correcto de la Historia, o eligió la complicidad con los opresores.

 

Alejandra de Bittencourt – Comité Palestina Libre
Ana de León – Colectivo Contraimpunidad
Liliana Córdova-Kaczerginski – Red Internacional Judía Antisionista (IJAN)
María Landi – Palestina en el corazón

 

Ver aquí y aquí galerías de fotos de El País sobre la represión a la Gran Marcha del Retorno (nótese que el periódico español habla de “enfrentamientos”, siguiendo la narrativa dominante en los medios corporativos).
NOTAS
[1] El Día de la Tierra recuerda el asesinato en 1976 de seis palestinos/as que protestaban en Galilea por el despojo de sus tierras para entregárselas a colonos judíos.
[2] La limpieza étnica de Palestina ejecutada por las milicias sionistas (futuro ejército de Israel) ya no es un tema controversial para la historiografía seria. Sólo la hasbara sionista continúa negándola. Historiadores palestinos (Nur Masalha, Walid Khalidi, Salman Abu Sitta) e israelíes (Ilan Pappé, Tom Segev, Avi Shlaim) han investigado y escrito extensamente sobre el tema.
[3] Es lo mismo que hace la marina israelí en el mar de Gaza donde, en violación de las disposiciones internacionales y los Acuerdos de Oslo, no permite a los pescadores palestinos adentrarse más de seis millas náuticas en sus propias aguas territoriales, y a menudo les dispara causándoles heridas o muerte, y les confisca o destruye sus barcas.
[4] También el documental “Roadmap to Apartheid” (2012), de la sudafricana Ana Nogueira y el israelí Eron Davidson).
Las protestas en la Franja de Gaza vistas desde un dron:

Leer también:
El espejo de Gaza, por Joan Cañete Bayle
Un día de protesta en Gaza, por Rana Shubair
La matanza de Gaza, por Teresa Aranguren
Gaza, o la lucha por liberarse de todas las cadenas, por Isabel Pérez
No es Netanyahu, es la nación, por Gideon Levy
Gaza screams for life, por Rawan Yaghi
No Massacre Can Stop The Palestinian Right Of Return, por Vacy Vlazna
With the Great Return March, Palestinians Are Demanding a Life of Dignity, por Ahmad Abu Rtemah

Momento en el que Abdulfattah Abdul-Nabi (18) es asesinado por la espalda por un francotirador israelí cuando huía de los disparos cargando un neumático:

Un francotirador israelí se filma a sí mismo ejecutando a un manifestante palestino y luego celebra la puntería con sus compañeros:

Las imágenes tomadas a distancia muestran a varios palestinos desarmados que se aproximan a la verja fronteriza, sin llegar a alcanzarla, mientras se escucha la voz del comandante israelí dando la siguiente orden al francotirador: “Tan pronto como se detenga, le derribas. ¿Tienes una bala en la recámara? ¿Le tienes a tiro?”. El tirador de élite responde afirmativamente y su superior da la orden: “¡Adelante!”. Pero inmediatamente la cancela: “Espera. Hay un niño pequeño allí”. Una vez el área queda despejada, el francotirador anuncia que va a disparar al manifestante que lleva una camisa rosa. Después se oye un disparo y se observa como el palestino de la camisa rosa cae desplomado y decenas de jóvenes manifestantes acuden a evacuarlo para que sea atendido por un médico. Los gritos de admiración y entusiasmo surgen entonces en las filas militares. “Le ha dado en la cabeza”, dice un soldado. “Sí… hijo de puta… Guau”. “Vaya videoclip legendario, hijo de puta”, asegura otro. “¿Lo has grabado?”, comenta un tercero, mientras varios militares discuten sobre en qué pierna ha impactado la bala.

“Detrás de la razón”, programa de HispanTV emitido el 9/4/18:

 

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Sacale la ROJA al Apartheid Israelí

Después de la exitosa campaña en las dos orillas del Río de la Plata para pedirle a Natalia Oreiro que no cantara en Tel Aviv, BDS Argentina inició la campaña para pedirle a la selección argentina de fútbol que no juegue un partido amistoso pre-Mundial en Israel. Lean la carta dirigida a Jorge Sampaoli, su director técnico.

Reblogueado desde “Los Otros Judíos”.

 

Jorge Sampaoli, desde el #BDS apelamos a tu sensibilidad y compromiso al pedirte que nos ayudes a sacarle la #RojaAlApartheid Israelí. Te pedimos que no avales con tu presencia un régimen segregacionista y criminal que ha sido culpable del asesinato de muchos de tus colegas palestinos, así como también de miles de personas inocentes y que ha […]

a través de #ArgentinaNoVayas Sacale tarjeta roja al apartheid israelí — Los otros judíos

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