Libertad y Dignidad: los presos políticos palestinos en huelga de hambre masiva

Columna publicada en el portal Desinformémonos el 23/4/17.

Muro junto al checkpoint de Qalandiya con el rostro de Marwan Barghouti y el reclamo de libertad.

El 17 de abril, Día Internacional de las y los Presos Políticos Palestinos, más de 1.500 prisioneros iniciaron una huelga de hambre colectiva. Se trata de la medida más numerosa y plural llevada adelante en las cárceles de la ocupación colonial israelí en muchos años, y ha recibido la adhesión de todos los partidos políticos palestinos, incluyendo los marxistas y los islamistas. El día 19, las presas políticas anunciaron que se unían a la huelga de sus compañeros –en principio por diez días.

Hay una larga historia de huelgas de hambre colectivas organizadas por los presos palestinos, con hitos importantes en 2004 y 2012. Con frecuencia concluyeron con el compromiso de las autoridades de aceptar sus demandas; el problema es que el régimen sionista también tiene una larga historia de incumplimiento y traición de los compromisos negociados con el pueblo palestino.

Esta huelga de hambre, iniciada bajo la consigna “Libertad y Dignidad”, exige cambios en las condiciones de reclusión, tales como: tener libros, periódicos y acceso a los estudios universitarios; volver al régimen de dos visitas mensuales de una hora de duración (actualmente es una sola de 45 minutos) y permitir la visita de familiares de segundo grado. Pero la protesta apunta también a denunciar y exigir el fin de las políticas de detención arbitrarias y violatorias del derecho internacional humanitario: el régimen de aislamiento prolongado, las detenciones ‘administrativas’ (sin cargos ni juicio, por tiempo indeterminado) y el traslado de los prisioneros a Israel -en violación del IV Convenio de Ginebra-, lo que restringe severamente las posibilidades de visitas familiares. Además, denuncian la negligencia médica que provoca la muerte de detenidos y exigen la liberación de discapacitados y enfermos terminales (se estima que más de 1.000 se encuentran en graves condiciones de salud, sin recibir atención médica adecuada).

El vocero de la protesta es el dirigente y líder del partido Fatah, Marwan Barghouti, preso desde hace 15 años y condenado a cinco cadenas perpetuas por su papel en la resistencia armada durante la segunda intifada (un juicio en el que el acusado rechazó la asistencia legal y declaró que no reconocía la legitimidad de un tribunal militar integrado por el ejército de ocupación).

Barghouti es el preso más famoso y carismático dentro y fuera de las cárceles, y hay quienes lo han bautizado “el Mandela palestino”. Su popularidad sin duda aumentará al liderar esta huelga, y a la vez puede ser garantía de su éxito, en un país donde el 21% de la población ha estado o está en la cárcel. De hecho en Cisjordania la gente ya se ha volcado a las calles y ha habido incidentes con el ejército en varias ciudades –sobre todo Belén y Ramala-, donde varios manifestantes fueron heridos y detenidos.

Según cifras oficiales palestinas, hay alrededor de 6.500 palestinos en 22 cárceles israelíes (todas -menos una- dentro del territorio de Israel), incluyendo 600 en detención administrativa, 300 menores de edad, 60 mujeres y niñas, 12 parlamentarios y 28 periodistas. Al menos 1000 presos tienen prohibido recibir visitas familiares por “motivos de seguridad” (sobre todo los de Gaza), y entre 15 y 20 permanecen en total aislamiento, sin contacto con otros presos o familiares. Según la organización palestina Addameer, en estas cinco décadas desde la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, más de 800.000 palestinos han sido detenidos o encarcelados por Israel, lo que equivale a alrededor del 40 por ciento de la población masculina de Palestina.

El portavoz del Comité de Asuntos de los Prisioneros y Ex-prisioneros de la ANP, Akram Atalah Alayasa, dijo que las autoridades israelíes han comenzado a poner bajo aislamiento a quienes participan en la huelga, les han confiscado pertenencias personales, prohibido ver la televisión o comunicarse, y han suspendido todas las visitas. El Comité informó que el Servicio de Prisiones Israelí ha tomado medidas principalmente contra los presos que lideran la acción: por ejemplo, Marwan Barghouti fue trasladado desde la prisión de Hadarim a la de Jalame y puesto en régimen de aislamiento, al igual que otros dirigentes. Las autoridades también anunciaron que “será procesado en un tribunal disciplinario”, pues lo acusan de utilizar a su esposa para sacar una carta de la cárcel y hacérsela llegar al New York Times.

A su vez, la amenaza de alimentación forzada se cierne sobre los huelguistas: el Ministerio de Salud Pública de Israel ha coordinado con la Policía y el Servicio de Prisiones el eventual traslado de presos a hospitales militares. Se busca así evitar que sean transferidos a centros públicos, donde el personal médico se ha negado a aplicar la ley que permite la alimentación forzada (ratificada por la Corte Suprema), ya que viola su código de ética y es considerada tortura en el derecho internacional de los derechos humanos.

En la carta publicada en el NYT el día 16 como columna de opinión, Marwan Barghouti explica de manera elocuente las razones de esta medida de lucha colectiva, al tiempo que denuncia las permanentes violaciones del derecho internacional de los derechos humanos que Israel comete diariamente contra los prisioneros y sus familias, con el único fin de quebrar su resistencia y su misma existencia como pueblo.

Tenía tan solo 15 años cuando fui encarcelado por primera vez. Apenas tenía 18 cuando un interrogador israelí me forzó a abrir las piernas mientras estaba desnudo en la sala de interrogatorio, para golpear mis genitales. Me desmayé del dolor, y la caída resultante dejó una cicatriz perenne en mi frente. El interrogador más tarde se burló de mí, diciendo que yo nunca procrearía, porque las personas como yo sólo engendran terroristas y asesinos”, escribió.

Barghouti acusa a Israel de mantener un sistema “inhumano de ocupación colonial y militar” y de “apartheid jurídico” que busca “romper el espíritu de los prisioneros y de la nación a la que pertenecen, infligiendo sufrimiento a sus cuerpos, separándolos de sus familias y comunidades, utilizando medidas humillantes para obligarnos al sometimiento. A pesar de semejante tratamiento, no nos rendiremos”.

En efecto, el pueblo palestino lleva 100 años resistiendo la colonización sionista y 50 años la ocupación militar israelí. Este año de aniversarios significativos, es una oportunidad para redoblar la solidaridad con la justa lucha por sus derechos. Desde 2005 esa solidaridad tiene nombre y apellido, y es la campaña palestina y global de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) a Israel hasta que respete el derecho internacional y ponga fin al régimen de ocupación, colonización y apartheid que impone sobre el pueblo palestino.

La campaña es exitosa y crece cada día en todos los continentes, a pesar de los intentos israelíes de deslegitimarla y criminalizara. Y es que cuando la justicia y la razón están del lado de los pueblos, la Historia avanza en esa dirección. Mientras los presos palestinos resisten con la única arma que tienen: sus estómagos vacíos, y se avecinan tiempos de represión muy dura dentro y fuera de las cárceles, sólo nos queda preguntarnos qué podemos hacer para apoyar su lucha por libertad y dignidad. Permanecer indiferentes no es una opción.

 

Fuentes: Samidoun, Addameer, Huffington Post, The New York Times, El Economista, Palestina Libre.
Colonos y soldados sionistas celebran con una barbacoa frente a la prisión de Ofer la huelga de hambre de los presos palestinos:
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Aunque no les guste, es APARTHEID

Columna mensual publicada en el portal Desinformémonos.
 

Poster de la SAI 2017 en América Latina, con espacio para inscribir las actividades de cada país.

 Entre marzo y abril se está realizando en muchos países, por décimo tercer año consecutivo, la Semana del Apartheid Israelí (SAI). Surgida en 2004 en la universidad de Toronto, la iniciativa se ha extendido por todo el mundo y más allá del ámbito universitario. En más de 200 ciudades de los 6 continentes se realizan cada año mesas redondas, talleres, proyección de películas, exposición de fotos, publicaciones y movilizaciones. El objetivo de la SAI es mostrar la naturaleza del régimen colonial y de apartheid que Israel impone sobre el pueblo palestino, y así contribuir al avance del movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS).

Este año la Semana tuvo como marco una tormenta desatada en el seno de la ONU. La Comisión Económico-Social para Asia Occidental (CESPAO) dio a conocer un informe de 75 páginas titulado “Las prácticas israelíes hacia el pueblo palestino y la cuestión del apartheid”. Elaborado por dos reconocidas figuras expertas de la academia estadounidense: Virginia Tilley y Richard Falk, el informe describe y analiza minuciosamente el régimen israelí y concluye que “más allá de toda duda razonable, Israel es culpable de políticas y prácticas que constituyen el delito de apartheid, definido jurídicamente en instrumentos internacionales” tales como la Convención Internacional para la Supresión y Castigo del Crimen de Apartheid (1973), la Convención Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial (1966), y la misma Declaración Universal de DD.HH.

El informe confirma la existencia de un régimen institucionalizado para la dominación y la discriminación, que se materializa en la doctrina del Estado Judío (donde la nacionalidad sólo es otorgada a las personas judías, independientemente de dónde hayan nacido); en un conjunto de leyes discriminatorias (como la ley militar que se aplica a la población palestina en los territorios ocupados pero no a los colonos judíos); en la “ingeniería demográfica” que, buscando garantizar una mayoría judía, otorga la nacionalidad a cualquier persona judía del mundo mientras se la niega a la población palestina y prohíbe el retorno de las personas refugiadas; la discriminación en el acceso a la educación, la salud, el empleo, la vivienda, los permisos de residencia y de construcción a las 300.000 personas palestinas que viven en Jerusalén Este; la desigualdad en el acceso a la tierra, el agua y otros recursos entre la población judía y la palestina; la existencia de espacios segregados entre ambas (localidades, viviendas, carreteras, sistemas de transporte y hasta matrículas de vehículos). Finalmente, llama a gobiernos y sociedad civil en todo el mundo a aplicar medidas de boicot, desinversión y sanciones para presionar a Israel hasta que ponga fin a este régimen de discriminación y opresión.

Rima Jalaf, Secretaria Ejecutiva de la CESPAO, anunciando su renuncia. (M. Ali Akman/Anadolu).

Que las políticas israelíes cumplen con la definición legal de apartheid ya había sido dicho. Un estudio realizado en 2009 por el Consejo de Investigación de Ciencias Humanas de Sudáfrica llegó a la conclusión de que Israel practica el apartheid en Cisjordania y la Franja de Gaza. En 2012, el Comité de la ONU para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD, que vigila el cumplimiento de la Convención del mismo nombre) criticó a Israel por violar el derecho a la igualdad en muchas de sus políticas. Dentro de Israel, el comité criticó la “segregación entre las comunidades judías y no judías”, la falta de “igual acceso a la tierra y la propiedad”, y “la persistente política de demoliciones de casas y desplazamiento forzado de las comunidades indígenas beduinas”. En los territorios ocupados, las colonias judías fueron consideradas parte de un régimen de “segregación de facto” que llevó al CERD a recordarle a Israel la “prohibición” de emplear políticas de “apartheid”.

Pero el informe de la CESPAO va más allá, afirmando que el sistema de apartheid domina a todo el pueblo palestino, y que el método principal para implementarlo es la “fragmentación estratégica” de la población en unidades territoriales separadas y regímenes jurídicos distintos (como ciudadanos con derechos limitados dentro de Israel, como apátridas en los territorios ocupados, como “residentes permanentes” en Jerusalén Este, o como refugiados sin derecho al retorno).

Inmediatamente después de publicado el informe, los gobiernos de EE.UU. e Israel comenzaron a presionar al Secretario General de la ONU para que lo retirara. Gutèrres, a su vez, transmitió la orden a la Secretaria Ejecutiva de la CESPAO, la jordana Rima Jalaf, quien debido a las presiones decidió presentar la renuncia a su cargo. En su carta de dimisión la funcionaria reafirmó las conclusiones del informe que acusa a Israel de fundar un régimen de segregación racial con la intención de imponer a un grupo étnico sobre otro, y afirmó: “Resulta lógico que el criminal agreda a todo el que defienda la causa de la víctima. A pesar de todo yo no estoy dispuesta a someterme a estas presiones. (…) Estoy absolutamente convencida de que la discriminación entre seres humanos por razón de su religión, color de piel, género o raza, es inaceptable. Estoy persuadida de que decir la verdad ante el opresor no es solo es un derecho de todos sino también un deber. (…) La dolorosa realidad es que el régimen de apartheid sigue vigente en el siglo XXI.”

Aunque Jalaf dejó su puesto y el informe fue retirado del sitio web de la CESPAO, cada vez más analistas advierten que el genio ha salido de la botella y ya no podrá ser controlado. Cuando todavía resuenan los ecos de la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad (diciembre 2016) condenando la incesante colonización israelí del territorio palestino, esta semana el Consejo de DD.HH. de la ONU aprobó cuatro resoluciones –a pesar de los denodados esfuerzos del representante de Israel para impedirlo− reiterando dicha condena. El organismo exhortó a los Estados a abstenerse de mantener relaciones comerciales o de cualquier tipo con las colonias asentadas en el territorio ocupado, y a advertir a sus empresas y ciudadanos de los riesgos legales, financieros y de reputación que correrán al involucrarse en actividades con dichas colonias.

Folleto de la Red Internacional Judía Antisionista (IJAN) distinguiendo entre antisionismo y antisemitismo.

Todo esto se da mientras el régimen sionista extrema su ofensiva para criminalizar y deslegitimar al movimiento BDS, que sigue creciendo en el mundo. El parlamento israelí aprobó una ley que prohíbe la entrada al país (y por lo tanto, también a los territorios palestinos, que no tienen soberanía alguna) de personas que integren o apoyen al movimiento BDS. Políticos, activistas, académicas y líderes religiosos ya han sido víctimas de la norma al aterrizar en Tel Aviv. En Europa la ofensiva se centra en presionar para que se apruebe legislación que penalice y asimile cualquier crítica a Israel con antisemitismo −considerado delito de odio. Misteriosas ONG aparecidas de la nada se encargan de monitorear dichas críticas y de entablar demandas judiciales o campañas mediáticas para descalificar al movimiento BDS con falsas acusaciones. Esta semana, y apostando fuerte, las autoridades israelíes citaron al fundador y principal vocero palestino del BDS, Omar Barghouti, sometiéndolo −con pretextos impositivos− a prolongados interrogatorios durante días. Dirigentes políticos y sociales de muchos países han criticado esta persecución contra el activista.

Y aunque pueda tener algún resultado puntual, esta ofensiva no parece destinada a tener éxito. A largo plazo, la hora sudafricana llegará también para el apartheid israelí. “Pueden arrestar a quien quieran, pero no van a impedirle a la gente usar el BDS como una herramienta de lucha por la libertad de Palestina”, afirmó Adnan Ramadan, co-fundador del movimiento en Palestina. “No va a funcionar porque el BDS no es una persona, ni dos, ni diez; es un movimiento de cientos de miles de personas, que se toman muy en serio la lucha contra la ocupación y tienen fuertes motivaciones para resistir. Llevamos más de 60 años resistiendo; Israel puede matar gente, asesinar y arrestar a los líderes, pero no podrá detener la lucha”.

Mientras tanto, la Semana del Apartheid sigue creciendo a la par de la campaña de BDS, también en América Latina. Este año habrá actividades en Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Costa Rica, Ecuador, México y Uruguay.

El músico Roger Waters definió bien el momento presente al referirse a los debates existentes en EE.UU. acerca del BDS: “Una cita de uno de mis héroes, Mahatma Gandhi, viene a mi mente. Proféticamente dijo: ‘Primero te ignoran, luego se ríen de ti, después te atacan; y entonces ganas’. El movimiento BDS está cumpliendo con su promesa y se ajusta a la descripción de Gandhi. Antes descartado por muchos como una estrategia inútil que “nunca funcionaría”, el BDS ha ganado mucho terreno últimamente, trayendo consigo la reacción esperada.”

Video oficial de la 13ª Semana del Apartheid Israelí.

 

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Palestina. Histórico informe de la ONU respalda el Boicot a Israel

Esta semana otra vez asistimos a un nuevo ataque de histeria sionista (y yanqui) por el informe de un organismo de la ONU que afirmó que Israel aplica un régimen de apartheid sobre el pueblo palestino.
¿Qué es lo que tiene que escandalizarnos: el nombre, o la realidad? Si no les gusta que les acusen de apartheid y genocidio, NO LOS PRACTIQUEN, como bien ha dicho Miko Peled (israelí antisionista, de cuna super sionista).
Ya en 2012, el Comité CERD de la ONU, que vigila la aplicación de la Convención para la Eliminación de la Discriminación Racial, emitió un informe lapidario sobre las leyes y políticas de segregación aplicadas por Israel.

Artículo de Ali Abunimah en Electronic Intifada, traducido y publicado por Palestina Libre, reblogueado desde Los Otros Judíos.

Los otros judíos

end-israeli-apartheid.jpgNuevo informe de la ONU concluye que “Israel ha establecido un régimen de apartheid que domina al pueblo palestino en su conjunto” y pide un amplio apoyo al Movimiento de Boicot. Foto: Ryan Rodrick Beiler, ActiveStills

Por Ali Abunimah.

Un nuevo informe de la ONU ofrece un apoyo explícito a la campaña dirigida por palestinos Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) para poner fin al Apartheid de Israel y apoyar una paz justa.

El histórico informe de respaldo al boicot, sanciones económicas y otras iniciativas de base se produce en un momento en que Israel está tratando desesperadamente de criminalizar y reprimir el apoyo internacional a los derechos de los palestinos.

Publicado por la Comisión Económica y Social para Asia Occidental (Cespao) de las Naciones Unidas, el informe concluye que “Israel ha establecido un régimen de apartheid que domina al pueblo palestino en su conjunto”.

Se encuentra “más allá de…

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Un ingenuo editorial de Haaretz sobre el BDS.

“… el editorial aborda únicamente las dificultades a las que Israel puede enfrentarse con la aprobación de la ley, obviando los efectos que esta medida tendrá sobre los palestinos que malviven en los Territorios Ocupados. Los activistas a los que se prohibirá la entrada no suelen tener la más mínima intención de viajar a Israel; lo hacen para poder entrar a los Territorios Ocupados, cuya única vía de acceso es Israel. La ley impedirá que cientos de personas que trabajan, por ejemplo, en proyectos de cooperación con ONGs o instituciones oficiales en Palestina puedan seguir haciéndolo. Se trata, en definitiva, de aislar todavía más a la población palestina ocupada. Aunque Haaretz no se dé por enterado, la medida está pensada principalmente para mandar un mensaje bien claro a los palestinos: no podéis salir del gueto en el que os hemos encerrado y, a partir de ahora, solo vamos a dejar entrar a quienes no se muestren demasiado activos contra nuestra política de apartheid. Olvidaos, pues, de la solidaridad internacional efectiva.”

Compartido desde el blog Mentiras sionistas.

Mentiras sionistas

Fotoeditorialhaaretz

A propósito de la nueva ley que el Parlamento israelí ha aprobado prohibiendo la entrada a Israel de activistas del movimiento internacional de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS), el diario israelí Haaretz ha publicado hoy un editorial que puede parecer muy crítico a quienes no estén familiarizados con la realidad de la ocupación, la colonización y el régimen de apartheid que Israel impone a millones de palestinos, o con la ideología racista que impregna al gobierno,  a gran parte la opinión pública y a la práctica totalidad de los medios de comunicación israelíes. Por el contrario, el artículo peca, cuando menos, de ingenuo.

En primer lugar, el editorial habla de modo genérico de aquellos que “buscan la destrucción de Israel”, sin especificar quiénes son. Está imprecisión resulta difícil de entender en un artículo en el que ninguno de los actores nombrados (activistas del BDS…

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¿Vamos a seguir permitiendo esto por 100 años más?


María Landi

 

Columna mensual publicada en el portal Desinformémonos

 

¿Cómo elegir un tema para escribir cada mes sobre Palestina, cuando un simple escaneo de las noticias del día sería motivo para armar con cada una de ellas un expediente entero en la Corte Penal Internacional?

OCHA (la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU) informa que en lo que va de 2017 Israel ha demolido más de 170 estructuras palestinas a lo largo de Cisjordania, incluyendo 40 hogares,  desplazando a unas 300 personas y afectando los medios de vida de otras 4.000 más. A su vez, en todo 2016 Israel demolió o confiscó 1.093 propiedades palestinas, desplazando a 1.600 personas  –la mitad de ellas, menores de edad− y afectando los medios de vida de unas 7.000. Estas cifras son casi el doble que las de 2015.

La desesperación, el dolor y la impotencia de 4 familias que perdieron sus viviendas, demolidas en la localidad de Isawiyah (Jerusalén Este), el 28/2/17.  30 personas quedaron sin techo (Ma’an News Agency):

 

En Jerusalén Este, Israel comenzó a construir una autopista que partirá la zona de Jabal al-Mukaber, para lo cual confiscará las tierras de 12 barrios palestinos; unas 57 viviendas que albergan a 500 personas serán demolidas. La finalidad de la autopista segregada será conectar las colonias judías (todas ilegales según el derecho internacional), al tiempo que elimina todos los caminos que comunican a los barrios palestinos, dejándolos como islas desconectadas geográfica y económicamente, lo cual hará aún más difícil para la población palestina acceder a sus centros educativos, de salud y religiosos.

 “Vivimos en un estado de miedo perpetuo”, dijo Mohammed al-Sawahra, un residente de la zona. “Es como si viviéramos en [dos mundos diferentes]. En las zonas palestinas, es como vivir en el tercer mundo, mientras a los israelíes que viven en las colonias construidas en las tierras de Jabal al-Mukaber se les ofrece una vida de confort como en los países del primer mundo
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Israeli authorities uproot olive trees in order to pave a settler bypass road, Izbat Tabib, West Bank, January 16, 2017. (Keren Manor/Activestills.org)

El ejército israelí arranca olivos en tierras privadas palestinas para construir una carretera exclusiva para los colonos en Izbat Tabib, Cisjordania, el 6/1/17. (Keren Manor/Activestills.org)

También en las afueras de Jerusalén Este viven comunidades beduinas que fueron desplazadas por la construcción de la enorme colonia-ciudad judía Ma’ale Adumim. Sus precarias estructuras están constantemente amenazadas de demolición y sus habitantes de desplazamiento por la expansión de la colonia. Este mes, la totalidad de las 40 estructuras precarias de la comunidad Khan Al-Ahmar, incluida su escuelita (construida según criterios ecológicos y con fondos de la cooperación europea), recibieron órdenes de demolición que, de hacerse efectivas, podrían borrarla enteramente del territorio.

El 20 de febrero, las autoridades israelíes destruyeron por segunda vez en el mes una tubería de agua de ocho kilómetros y medio que unía las humildes comunidades pastoriles de al-Hadidiya y Ras al-Ahmar, en el árido Valle del Jordán, y brindaba agua a 47 familias palestinas. La tubería fue financiada por UNICEF y costó 12.500 euros. Según las autoridades israelíes, “fue desconectada por ser ilegal”, es decir, construida sin permiso, por la simple razón de que los permisos de construcción son imposibles de obtener en más del 60 por ciento del territorio palestino ocupado.

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Si se trata de detenciones, es casi imposible mantener un registro de las decenas de arrestos que el ejército israelí lleva a cabo cada noche en distintas localidades y campos de refugiados de Palestina. La organización Samidoun informa cada día sobre adolescentes procesados por tirar piedras, presos que tras cumplir sentencias de 12 o 15 años son re-arrestados a los pocos días de ser liberados, o de las numerosas detenciones arbitrarias. Es el caso de Mohammed Al-Qiq, un periodista que el año pasado estuvo 94 días en huelga de hambre, al borde de la muerte, protestando por su detención ‘administrativa’ (sin cargos ni juicio); liberado finalmente en mayo, fue detenido nuevamente este mes, también sin cargos. Al-Qiq inició hace dos semanas una nueva huelga de hambre, y ha sido hospitalizado por el rápido deterioro de su salud, debido a las secuelas de su prolongada huelga anterior. Actualmente hay más de 6.500 presos y presas políticas en las cárceles israelíes; más de 500 están en detención ‘administrativa’, y más de 300 son menores de edad. Un caso reciente particularmente escandaloso es el de Ahmad al-Jadur (15), sentenciado a tres meses (y una multa de 800 dólares) por tirar piedras a los soldados, a pesar de que es un enfermo crónico que sufre de epilepsia y leucemia desde hace tres años y requiere tratamiento especializado por su frágil estado de salud.

En Gaza, los modestos pescadores que intentan ganar el sustento para sus familias adentrándose en las poquísimas millas náuticas que les permiten, aun así son rutinariamente hostigados y agredidos por la marina israelí. Esta semana, cinco jóvenes pescadores del clan Bakr fueron arrestados y sus barcas confiscadas; uno de ellos, Muhammad Sabri Bakr, recibió además un disparo por la espalda y se encuentra en estado crítico.

Estos hechos ocurren con demasiada frecuencia como para ser noticia en los medios. La bloqueada, bombardeada y nunca reconstruida Gaza, donde se hacinan dos millones de personas en 350 km2, donde las pacientes de cáncer mueren por no poder salir para recibir tratamiento y los bebés dejan de respirar en las incubadoras (hay cuatro horas de electricidad por día), sólo es noticia cuando algún inofensivo cohete casero sale disparado hacia el territorio israelí.

Fuerzas israelíes vigilando la costa desde el mar de Gaza.

Fuerzas israelíes vigilando Gaza a pocas millas náuticas  de la costa (Ma’an News Agency).

En medio de la sucesión interminable de atrocidades y afrentas rampantes a la más básica humanidad, esta semana un hecho se convirtió en el símbolo perfecto del régimen de apartheid racista: el legendario sistema de ‘in-Justicia’ israelí dio a conocer la sentencia para el soldado Elor Azarya, quien en marzo de 2016 en Hebrón ejecutó de un disparo en la cabeza al joven palestino Abdelfattah Al-Sharif, que yacía desarmado y herido en el suelo –tras intentar un ataque con cuchillo. Azarya, que a esta altura es un héroe nacional en Israel, fue sentenciado a 21 meses de prisión por “homicidio culposo” (involuntario).

Elor Azarya (foto de Twitter).

Elor Azarya (foto de Twitter).

La ejecución extrajudicial habría pasado desapercibida y permanecido en la impunidad –entre tantas cometidas por las fuerzas sionistas desde 2015− si no fuera porque un testigo palestino la filmó  y el video se hizo viral (y por ello está amenazado de muerte por los colonos de Hebrón)[1]. Ante esto, las autoridades tuvieron que arrestar al soldado e iniciar una investigación; un año después, la sentencia constituye una afrenta a todas las víctimas palestinas y a sus familias.

El caso ilustra cómo las leyes, políticas y prácticas del Estado de Israel se aplican de manera radicalmente diferenciada según la identidad étnico-religiosa de las personas. Mientras un soldado que viste uniforme y ejecuta a corta distancia a un palestino indefenso −a la vista de todo el mundo y registrado en video− recibe una condena de un año y medio sólo por ser de nacionalidad judía, hace justamente un año cinco adolescentes palestinos conocidos como los Chicos de Hares fueron sentenciados también por ‘homicidio culposo’ a 15 años de prisión, sin absolutamente ninguna evidencia ni testigo[2].

Fuerzas israelíes encubiertas arrestan a un niño palestino (Foto del sitio web de Samidoun).

Fuerzas israelíes encubiertas arrestan a un niño palestino (Foto del sitio web de Samidoun).

A partir de este caso ‘ejemplarizante’, más adolescentes palestinas/os han recibido en el último año largas sentencias, no tanto por agredir a israelíes, sino apenas por la presunción de que intentaban hacerlo: en febrero, Huzaifa Taha (17) fue condenado a 12 años, acusado de intentar apuñalar a un colono residente ilegal en Jerusalén Este; Nurhan Awad (17) fue sentenciado a 13 años y Muawiya Alqam (14) a 6 años, ambos de Jerusalén y por la misma acusación; las adolescentes Manar Shweiki (16), Nurhan Awad (17) y Marah Bakir (17) fueron condenadas a 6, 13 y 8,5 años respectivamente, acusadas de portar cuchillos con la intención de atacar a israelíes; a la joven Malak Salman (17) le espera en marzo una condena similar por la misma acusación; y por lo mismo, los niños Shadi Farrah y Ahmad al-Zaatari (13) fueron sentenciados a tres años en enero. Dentro de ‘Israel’, la joven Shatila Abu Aida (23) fue condenada a 16 años por atacar con un cuchillo a un israelí. En 2016, Ahmad Manasrah (14) recibió una sentencia de 12 años porque con 13 años se supone que pretendía agredir con un cuchillo a colonos en Jerusalén, hecho que no llegó a cometer; y cinco adolescentes recibieron sentencias más largas que la del asesino Azarya sólo por tirar piedras a los soldados de ocupación: Saleh Ishtayya (16), Muhammad Jaber (14) y Murad Alqam (14) recibieron 3 años; Muhammad Tayeh (17) y Zaid al-Tawil (16) recibieron 2 años y 4 meses[3]. Y la lista podría seguir…

Y seguirá, mientras los gobiernos, los organismos multilaterales y las personas de a pie sigamos permitiéndole a Israel violar los derechos humanos sistemáticamente, día tras día, desde hace casi siete décadas. La ‘comunidad internacional’ (EE.UU. y sus aliados) sabe cómo aplicar sanciones efectivas cuando quiere que en un país haya un cambio de régimen. Pero a Israel se le condena sólo de palabra. El ejemplo más reciente es la Resolución Nº 2334 del Consejo de Seguridad (aprobada en diciembre) que condenó la incesante colonización sionista de Palestina, pero no fue acompañada de ninguna medida para hacerla aplicable.

La respuesta de Israel fue la de siempre: amenazar a los países que la votaron, y anunciar que no va a respetarla y que seguirá expandiendo y construyendo nuevas colonias en el territorio palestino. Y para doblar la apuesta, a principios de febrero el Parlamento aprobó una polémica ley para regularizar las colonias no autorizadas en Cisjordania ocupada, lo que permitirá legalizar de manera retroactiva unas 4.000 viviendas construidas en tierras privadas palestinas. Como declaró la dirigente de la OLP Hanan Ashrawi, esta nueva ley “es la anexión final de Cisjordania” y dará libertad a los colonos “para embarcarse en el robo de tierra con total impunidad”.

Obras de expansión en varias colonias israelíes de Cisjordania a pesar de la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de la ONU (Ahmad Al-Bazz/Activestills.org).

 
2017 es un año clave para la memoria histórica palestina
, al cumplirse varios aniversarios: 100 años de la Declaración Balfour, por la cual el Imperio Británico le prometió a los sionistas la tierra de Palestina, ignorando la existencia e intereses de la población árabe nativa; 70 años de la Resolución 181 de la ONU, que recomendó la partición de Palestina para darle la mitad del territorio a los colonos sionistas recién llegados de Europa; 50 años (¡medio siglo!) de la ocupación de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este y los Altos del Golán sirios por la maquinaria bélica israelí; 10 años del bloqueo inhumano a la Franja de Gaza; y también 30 años de la primera intifada. En todo el mundo se preparan iniciativas para marcar estos aniversarios con acciones significativas y efectivas encaminadas a terminar con la impunidad de Israel y decir ¡Ya basta! Cualquier persona puede vincularse a las actividades que se realicen en su territorio.

La primera será, entre marzo y abril, la 13ª edición de la Semana contra el Apartheid Israelí, con eventos previstos en más de 200 lugares de cinco continentes para fortalecer y expandir el movimiento BDS, que llama a presionar y aislar a Israel hasta que respete el derecho internacional y los derechos del pueblo palestino. La Semana tendrá un impulso especial en América Latina, donde se espera que éste sea un año clave para el despegue del BDS, un movimiento de base y liderazgo palestino, donde el protagonismo está en manos de la gente y de quienes creemos firmemente que los cambios duraderos se gestan desde abajo.

 

Video de la 13ª Semana contra el Apartheid Israelí:

 

[1] En el video puede verse además cómo el soldado agredido levemente es atendido por paramédicos y llevado a una ambulancia, mientras el joven palestino yace herido en el suelo sin que nadie se moleste en atenderlo, antes de ser ejecutado.
[2] Fueron acusados sin pruebas de haber lanzado piedras y provocado un accidente cerca del pueblo de Hares, en el cual una colona incrustó su coche contra un camión, resultando herida de gravedad una de sus hijas, la cual murió dos años después por complicaciones derivadas de una neumonía.
[3] Fuentes: Samidoun y The Independent.

 

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La campaña Desmontemos el gueto. Colonos fuera de Hebron! ( أخرجوا المستوطنين من قلب الخليل) 

Hebrón/Al Jalil, la ciudad palestina más grande de Cisjordania, es un microcosmos de la ocupación colonial y el apartheid israelíes. El Comité para la Defensa de Hebrón lanzó esta campaña (continuación de la que pedía la apertura de la calle segregada Shuhada: Open Shuhada Street) para luchar contra la guetización y apropiación de la ciudad por parte de los colonos judíos fanáticos y violentos.

Reblogueado desde Los Otros Judíos.

Origen: La campaña Desmontemos el gueto. Colonos fuera de Hebron! ( أخرجوا المستوطنين من قلب الخليل) 

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Jerusalén no es Israel

Pero el régimen sionista está arrasando con la ciudad

 

 María Landi

 

Publicado en el portal Desinformémonos el 29/1/17
El Muro de los Lamentos y detrás la Explanada de las Mezquitas, con la dorada Cúpula de la Roca. Jerusalén Este, Palestina ocupada. (Lonely Planet).

El Muro de los Lamentos y detrás la Explanada de las Mezquitas, con la dorada Cúpula de la Roca. Ciudad Vieja de Jerusalén Este, Palestina ocupada. (Lonely Planet).

Hacía tiempo que quería escribir sobre Jerusalén. La noticia reciente de que Trump podría trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén me decidió a hacerlo.

Quizás al público poco informado esa noticia le resulte ajena, extraña o irrelevante. O incluso el título de esta columna deje perplejo a más de uno. El hecho es que no existe en el llamado conflicto palestino-israelí un tema más sensible ni trascendente que el estatus y control sobre esta ciudad, considerada santa por las tres religiones monoteístas, y capital histórica, política y espiritual del pueblo palestino. Un pueblo árabe que estaba formado –cuando el Estado de Israel fue creado en 1948- por la mayoría musulmana y las minorías cristiana y judía.

Pero la cuestión de Jerusalén no es solamente un debate ideológico-religioso o político: las vidas de miles de familias palestinas están en juego; no sólo su destino, sino su cotidianeidad más fundamental, desde la posibilidad de vivir, estudiar y trabajar en la ciudad donde nacieron, de conservar la vivienda que construyeron con mucho esfuerzo, de ir a rezar a sus lugares sagrados, de dormir bajo el mismo techo con la persona que aman, o simplemente de seguir vivas.

¿Quién sabe que la población palestina no puede entrar libremente a su capital histórica y espiritual, porque Israel la ha rodeado de un muro de ocho metros de alto y 142 kilómetros de extensión, y que sólo pueden entrar a ella, pasando por alguno de los varios checkpoints militares, quienes tienen el privilegio de obtener un permiso (negado a la gran mayoría de solicitantes)?.

¿Quién sabe, cuando recorre la inmensa explanada frente al Muro de los Lamentos, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, que toda esa extensión era el barrio marroquí, destruido y reducido a escombros cuando Israel ocupó la ciudad en 1967? ¿O que toda la Ciudad Vieja está en Jerusalén Este, de modo que según la demarcación reconocida históricamente por la ONU, es territorio ocupado, y correspondería a la capital del supuesto Estado palestino? Cuando los políticos de todo el mundo visitan el Muro de los Lamentos junto a sus pares israelíes ¿tienen en cuenta que están otorgándole legitimidad a un territorio ocupado, y desconociendo el derecho internacional?

Que Jerusalén no es Israel es una verdad tan indiscutible como ignorada. Desde la publicidad de las agencias de viaje, pasando por los anuncios de peregrinaciones cristianas a Tierra Santa, hasta las noticias en los medios de comunicación, todas dan por hecho que Jerusalén es la capital de Israel. La ironía es que este presupuesto sólo es ‘verdad oficial’ para el régimen sionista, que ha construido esa exitosa narrativa. Más allá de la hipocresía y el doble discurso de los gobiernos, el hecho es que ningún país ha reconocido formalmente la soberanía de Israel sobre Jerusalén, porque es inadmisible según el derecho internacional, y así lo han reiterado numerosas resoluciones de la ONU. Y por eso ningún país –ni siquiera sus aliados incondicionales, como Estados Unidos- ha establecido su embajada en Jerusalén (donde Israel tiene su gobierno): todas están en Tel Aviv. De ahí que la noticia del posible traslado tenga tal gravedad.

Imagen antigua de una de las entradas a Jerusalén. (Casa Árabe, España).

Jerusalén, una de las ciudades más antiguas del mundo, ha estado en la encrucijada de culturas y civilizaciones, de peregrinos y conquistadores. A diferencia de lo que afirma el relato sionista, antes de 1948 la ciudad era compartida por las tres religiones; las huellas de esa convivencia perviven en las piedras antiguas y en la memoria de las personas que la evocan. Pero la disputa por Jerusalén (Al Quds en árabe) fue una constante durante la tormentosa primera mitad del siglo XX, con numerosos incidentes entre la población palestina nativa y los colonos sionistas recién llegados de Europa.

La sensibilidad del lugar fue reconocida incluso en la (absurda) propuesta de partición recomendada por la ONU en 1947[1], que preveía para Jerusalén -y su vecina Belén- un estatus especial como ‘zona internacional’. Eso fue ignorado por las milicias sionistas, que en 1948 invadieron la ciudad y expulsaron a la población árabe de la parte occidental, de la cual se apropiaron. Y en 1967 el ejército de Israel ocupó también la parte oriental, anexándola a su territorio, aunque sin darle a su población palestina la ciudadanía israelí, sino apenas un “permiso de residencia” en la ciudad donde nacieron, el cual puede ser revocado cuando el ocupante colonial lo decida.

En 1980 Israel aprobó una ley proclamando que Jerusalén es su “capital única e indivisible”. Sucesivas resoluciones de la ONU han condenado esa ley, reafirmando la ilegitimidad del territorio adquirido mediante la guerra. Pero el hecho es que hasta hoy no se ha tomado ninguna medida efectiva para revertir el control israelí sobre Jerusalén, que aumenta cada día.

Banderas israelíes en el barrio musulmán de la Ciudad Vieja, y detrás la Cúpula de la Roca. (M. Landi).

Banderas israelíes en el barrio musulmán de la Ciudad Vieja, y la Cúpula de la Roca. (M. Landi).

Israel tiene un único propósito: colonizar y judaizar toda la ciudad (así como su historia, su cultura y su identidad) y garantizar una mayoría de población judía[2] del 70 por ciento. Para ello lleva décadas implementando diversas políticas de limpieza étnica que buscan expulsar a la población palestina de Jerusalén: negación de permisos de construcción, y consecuente demolición de las viviendas levantadas sin permiso; desalojos de familias mediante argucias jurídicas para entregar sus viviendas a colonos judíos; negación de permisos de unificación familiar a personas cuyo cónyuge no es de Jerusalén; revocación definitiva de miles de permisos de residencia a quienes están viviendo temporalmente fuera de la ciudad, aunque sea por motivos justificados; constante represión y detenciones de jóvenes y niños; clausura de organizaciones sociales, medios de comunicación y proyectos comunitarios; revocación de permisos de trabajo a personas provenientes de Cisjordania; negación de servicios básicos a los barrios palestinos (a pesar de que sus habitantes pagan impuestos como la parte occidental) y estrangulamiento del espacio público, al punto que la circulación de vehículos hoy es casi imposible, y desplazarse al trabajo o la escuela, aun en transporte público, es una verdadera tortura. Sin mencionar el alto costo de vida, en una ciudad donde la población palestina tiene menos y peores empleos.

El Muro en Jerusalén, separando a barrios y familias palestinas. (S/C.).

El Muro en Jerusalén, separando a barrios y familias palestinas. (S/C.).

Este conjunto de políticas perversas tiene una finalidad simple, perfectamente coherente con el origen del proyecto sionista: vaciar de árabes la tierra de Palestina; y en particular su capital histórica. Jerusalén es una ciudad ocupada, donde la ‘Autoridad Palestina’ no puede entrar ni tiene jurisdicción alguna sobre sus 300.000 habitantes árabes (que tampoco tienen ciudadanía palestina). Su parte oriental está rodeada y asfixiada por colonias israelíes en permanente expansión, que buscan desplazar a las comunidades palestinas, así como ‘cortar’ definitivamente al norte del sur de Cisjordania y hacer imposible establecer allí una futura capital palestina. Además, el muro que la rodea (adicional al que atraviesa Cisjordania de norte a sur) es en su mismo trazado un instrumento de limpieza étnica: incluye dentro del perímetro de la ciudad las colonias israelíes y deja fuera los suburbios palestinos que antes eran parte de Jerusalén[3].

Pero el centro de la tensión es la Ciudad Vieja. Allí se encuentra el complejo de Al Aqsa y la Cúpula de la Roca -tercer lugar más sagrado del mundo para el Islam- en el lugar donde los judíos sostienen que estaba emplazado el segundo templo -destruido por los romanos hace dos mil años-, y por lo tanto también sagrado para su religión.

El complejo de las mezquitas, con la Cúpula de la Roca y Al Aqsa al frente. Tercer lugar más sagrado para el Islam en el mundo. (S/C).

El complejo de las mezquitas, con la Cúpula de la Roca y Al Aqsa. A la izquierda, el Muro de los Lamentos, lugar sagrado para el judaísmo. (S/C).

En una resolución de octubre de 2016, la UNESCO mantuvo a la Ciudad Vieja en la lista de lugares declarados patrimonio de la humanidad en peligro, y criticó las políticas de Israel en la Explanada de las Mezquitas (Haram al-Sharif). Entre ellas, impedir el acceso de expertos para determinar el estado de conservación y los riesgos que corre el lugar debido a las excavaciones arqueológicas que desde 1968 llevan a cabo las autoridades israelíes en su afanosa búsqueda de restos del segundo templo.

Excavaciones arqueológicas en Silwan, barrio palestino pegado a la Ciudad Vieja.

Excavaciones arqueológicas en Silwan, barrio palestino pegado a la Ciudad Vieja. (A. Herrera).

En el complejo de Haram al-Sharif, además, con frecuencia los colonos judíos hacen incursiones y actos de vandalismo dentro de las mezquitas, destruyendo mobiliario y ejemplares del Corán -sin que nadie ponga el grito en el cielo, como ocurriría si bandas musulmanas hicieran incursiones violentas en una sinagoga. A menudo van acompañados de políticos israelíes (varios de los cuales han manifestado explícitamente su deseo de destruir las mezquitas para construir allí su tercer templo), y siempre de la policía, que sólo actúa para reprimir a los palestinos que resisten la agresión.

Y es que la significación de ese lugar va mucho más allá de la fe religiosa: es un poderoso símbolo de identidad para todo el pueblo palestino, incluyendo a cristianas, seculares y agnósticos. Un símbolo tan venerado como añorado, ya que la gran mayoría de la población palestina no tiene permitido visitar Jerusalén. La dorada Cúpula de la Roca aparece en todos los posters de los mártires y los presos políticos, y es el tema recurrente en la infinidad de manualidades hechas en la cárcel que se exhiben en el museo de los prisioneros (en la vecina Abu Dis). No por casualidad allí se inició la segunda intifada, cuando en 2000 el dirigente Ariel Sharon, en un acto de provocación inaudita, entró en la Explanada de las Mezquitas rodeado de soldados armados a guerra.

Barrio palestino de Jerusalén Este. (CEDOC).

Barrio palestino de Jerusalén Este. (CEDOC).

La era Trump promete ser particularmente dura para la causa palestina, considerando el nombramiento de su yerno Jared Kushner (donante millonario del ejército y los colonos israelíes) como Enviado Especial para Medio Oriente, y de David Freeman (un fanático defensor de la colonización y anexión de Cisjordania) como embajador.

Analistas y dirigentes han advertido que el potencial traslado de la embajada de EE.UU. a Jerusalén podría “abrir las puertas del infierno”. Pero los gestos de Trump dan a entender que no teme incendiar el planeta. Y como ha dicho estos días el gran Chris Hedges: ante el advenimiento de una era fascista, “la revuelta es la única barrera”. En eso los palestinos y palestinas tienen bastante que enseñar.

Mujeres palestinas observan la demolición de su vivienda en el barrio palestino Beit Hanina, en febrero de 2013. (WAFA).

Mujeres palestinas observan la demolición de su vivienda en el barrio palestino Beit Hanina, en febrero de 2013. (WAFA).

  NOTAS:
[1] Ver mi columna de noviembre 2016.
[2] Al usar el término “judío/a” en relación a las políticas israelíes, no me refiero a la religión o la identidad cultural judías, sino a la única nacionalidad oficial del Estado de Israel, que por ello puede ser definido como etnocracia o Estado confesional.
[3] Sugestivamente, empresas israelíes han expresado interés en el muro que Trump quiere levantar en la frontera con México.
Ver también en este blog:
Demoliciones, desplazamiento y limpieza étnica en Jerusalén Este 
En la ciudad de la furia 
Silwan: una geografía de la ocupación en Jerusalén Este
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