El Teatro de la Libertad vive y lucha

A cuatro años de la muerte de Juliano Mer-Khamis

 

María Landi

Quien viene una vez al Teatro de la Libertad, regresa siempre”, me aseguró Faisal Abu Alhayjaa, uno de sus principales actores y docentes. Tenía razón: un mes después de mi primera visita a Yenín viajé desde el sur de Cisjordania para asistir a la nueva obra del grupo, estrenada el 4 de abril en homenaje a Juliano Mer-Khamis, asesinado en esa fecha hace cuatro años frente al teatro que él fundó en 2006 en memoria de su madre, Arna Mer[1].

 Ciertamente El Teatro de la Libertad (TL) ejerce una poderosa atracción para cualquiera que crea en la relación entre cultura y resistencia, y en el teatro como vehículo de denuncia y transformación de las personas y la sociedad. En el contexto palestino, esa relación es inseparable: la cultura como resistencia está en el ADN de un pueblo que desde hace siete décadas lucha por preservar su memoria, su identidad y su territorio robados.

 El teatro está ubicado a la entrada del campo de refugiados de Yenín, donde viven unas 17.000 personas (la mitad de ellas menores de 20 años) en un kilómetro cuadrado de estrechos pasadizos y viviendas de varios pisos, ya que las familias sólo pueden expandirse hacia arriba. Conocido por algunos como ‘el corazón de la resistencia palestina’ y por otros como ‘la capital de los mártires’, durante la brutal incursión del ejército israelí en abril de 2002 buena parte del campo fue reducido a escombros y decenas de personas fueron asesinadas. No hay habitante del mujayyam que no tenga familiares, vecinas o amigos muertos, en muchos casos ante sus ojos. Ese trauma está presente en la mayoría de la población. De ahí que la propuesta cultural del TL sea una tabla salvavidas para muchísimos jóvenes del lugar.


Una historia dentro de la historia

 El día del estreno el teatro desbordaba de un público tan entusiasta como heterogéneo, que incluía activistas y artistas locales, de otras partes de Cisjordania, de las localidades palestinas dentro de Israel, periodistas y un gran número de internacionales -cuya edad promedio superaba ampliamente la del jovencísimo público palestino.

Público a la entrada del teatro el día del estreno de El Sitio.

Público a la entrada del teatro el día del estreno de “El Sitio”
(Facebook del TL).

 “El Sitio” recrea el cerco que en abril de 2002 el ejército israelí mantuvo sobre la emblemática iglesia de la Natividad (considerado el lugar del nacimiento de Cristo), donde un grupo de combatientes se refugió después que Israel invadiera Belén y las principales ciudades palestinas[2]. Durante los 39 días del sitio, ocho combatientes y un sacerdote fueron asesinados y 37 resultaron heridos; el grupo resistió sin comida, electricidad ni agua, hasta que por un controvertido acuerdo entre Israel y la ANP, los civiles (curas, monjas y feligreses) fueron liberados y los combatientes fueron deportados (26 a Gaza y 13 a Europa), sin que hasta ahora se les haya permitido regresar a su tierra. La destrucción causada por las fuerzas israelíes a la iglesia de la Natividad fue considerable.

Imágenes de “El Sitio” el día del estreno en Yenín (click en la imagen para ver la galería en tamaño grande):

La obra, escrita por Nabil Al Raee -director artístico del TL- y co-dirigida por él junto a la británica Zoe Lafferty, se basó en entrevistas realizadas a los protagonistas reales en sus países de exilio (Grecia, España, Irlanda, Italia, Portugal) y en Gaza (mediante Skype). Según Al Raee, la elección del tema se debió a que es un episodio no resuelto y en gran medida olvidado, sobre todo por las nuevas generaciones; y es también un símbolo de los muchos ‘sitios’ bajo los cuales vive la gente en Palestina: el israelí, el de la misma sociedad, el de la propia mente… “La ocupación tiene muchas capas”, dice Nabil (que fue amigo personal de tres de los combatientes sitiados).

 La pieza busca recuperar la memoria de ese hecho, y también es una invitación a la unidad por encima de sectarismos, en un momento en que es tan necesaria en Palestina. “Todos los protagonistas que entrevistamos durante la elaboración de la obra, de distintas facciones, hablaron de eso. Fue la primera vez que los musulmanes rezaron en una iglesia, y que compartieron la celebración de Pascua –que se dio durante el sitio- con los cristianos… Pero la gente se ha olvidado de esto, y los jóvenes no lo saben… Por eso nosotros, los artistas locos, venimos a contárselo y a recordárselo”, sostuvo Faisal.

 “El Sitio” es una puesta en escena de rigor profesional e indudable calidad artística. Después de estrenarse en Yenín -donde fue largamente aplaudida de pie- se presentó en Ramala y en la propia Belén, donde un público de más de 350 personas desbordó la sala y mucha gente quedó afuera. Tenían intención de llevarla también a Jerusalén, pero las autoridades israelíes no les dieron permiso para entrar. En mayo el TL por primera vez visitará el Reino Unido, donde ya hay más de 10 funciones programadas.

Nabil Al Raee en un video de 4′ hablando del Teatro de la Libertad y de “El  Sitio“: 


Cuatro años sin Juliano

Al preguntarle a Nabil cuál es su evaluación cuatro años después de la muerte de Juliano, responde que el solo hecho de que el teatro esté vivo y produciendo obras es un gran logro, “a pesar de todas las dificultades y del golpe de perder a Juliano… algo que nos dejó llenos de dolor y de rabia”.

Según Nabil, el momento más difícil fue poco después del asesinato. ”Tuvimos miedo de no poder continuar… Pero nos dijimos: no podemos dejar que los asesinos ganen. Tenemos que seguir, a pesar del miedo, de la desconfianza, las sospechas… Cuatro de nosotros estuvimos detenidos en distintos períodos (y el presidente del comité directivo fue detenido el mes pasado). Vivir bajo la ocupación nos hace sentir que nada es estable, nunca se sabe en qué momento la situación va a cambiar ni en qué direcciónCuando ocurren invasiones, arrestos, ejecuciones, nosotros estamos allí, en el medio del mujayyam. Ese es nuestro ambiente natural de vida, de trabajo y de creación”.

Juliano Mer Khamis. Foto sin crédito en 972 Magazine

Juliano Mer-Khamis (foto sin crédito en la web +972 Magazine)

Y Faisal agrega: “El teatro pasó por un período muy difícil después de la muerte de Juliano, de mucha inestabilidad e incertidumbre. Gente que venía y se iba… el ejército invadiendo y arrestando… los periodistas preguntando qué iba a pasar… Pero tres meses después igual estrenamos una nueva obra y la llevamos a Alemania. Teníamos la certeza de que si parábamos, sería para siempre; pero si persistíamos, también sería para siempre. ¿Qué cosa peor podía ocurrirnos? Pero por supuesto que no es fácil… Estos últimos tres años para mí han sido como 30…largos y duros.” 

Hacer teatro político en el contexto palestino es muy peligroso en muchos sentidos. Juliano era peligroso, tanto para los israelíes como para ciertos sectores de la comunidad palestina, afirman Nabil y Faisal.

Somos una comunidad conservadora y que está jodida (“fucked up” fue la expresión usada por Faisal). Y cuando vives bajo ocupación, tienes miedo de todo y sospechas de todo el mundo”. Pero él, que conoce bien a sus paisanos, no cree que haya sido asesinado por decisión de algún grupo o facción local. Más bien adhiere a la hipótesis de “mente israelí, mano palestina” (en referencia a los traidores y colaboradores reclutados por los servicios israelíes). Lo curioso, dice, es que cuatro años después no se haya encontrado al culpable, a pesar de que tanto israelíes como palestinos dijeron que iban a investigar el crimen. “Cuando un niño tira piedras, a la media hora los israelíes lo saben y vienen a arrestarlo… Pero nadie tiene interés en descubrir quién mató a Juliano”.

Juliano en El Teatro de la Libertad (2007).

Juliano en El Teatro de la Libertad (2007).

Le pregunto a Nabil sobre las relaciones entre el teatro y la comunidad local. “Desde el comienzo fueron de amor-odio”, responde. “Cuando comenzamos la gente estaba encantada. Pero cuando nos volvimos críticos, empezamos a ser odiados por algunos… Ahora hemos demostrado que estamos aquí y seguiremos aquí. Eso no se discute más. La división persiste entre quienes creen en nosotros y quienes ni siquiera creen en el teatro como tal. Pero no estamos aquí para complacer a todo el mundo; creemos en lo que hacemos y seguimos adelante, pese a quien pese”.


Una razón para vivir

Como todo palestino nacido en un campo de refugiados (en su caso en Aroub, en el sur), Nabil dice que es originario de la aldea cerca de Yaffa de donde su familia fue expulsada en 1948. Después de estudiar teatro en una famosa escuela de Jerusalén, siguió su formación en Túnez, trabajó en Europa y regresó a Cisjordania. En 2006 estaba en Ramala cuando Juliano –a quien no conocía- lo llamó para pedirle que fuera a dirigir en Yenín. Desde entonces, el TL se convirtió en el proyecto de su vida. Allí conoció también a su compañera, la portuguesa Micaela Miranda (quien llegó como docente temporal y no se fue más), con la que tiene una hija y espera un varón.

Nabil y su hija Mina el día de su primer cumpleaños. Foto sin crédito

Nabil y su hija Mina el día de su primer cumpleaños (Foto sin crédito).

Empezamos a trabajar con los niños y jóvenes que estaban creciendo durante la segunda intifada, viviendo las invasiones de los tanques, la demolición de sus casas, el toque de queda, la muerte cotidiana de sus familiares y amigos… Todo eso lo traían al teatro y empezamos a crear las historias con ellos; y era difícil, porque no sabían qué hacer con su bronca, cómo canalizarla. Y al preguntarles qué era lo que más deseaban, era ver el mar”. Así surgió la primera obra del TL, que trataba sobre cinco chicos del mujayyam que querían ir a conocer el mar “porque como sabes, nosotros tenemos tres mares en nuestra tierra: el Mediterráneo, el Muerto y el Rojo, pero Israel no nos permite ir a ninguno”. La obra mostraba los recursos que los chicos desplegaban para imaginar que iban al mar sin salir del campo. “La imaginación es un gran componente de nuestra vida como palestinos. Si mantenemos viva la imaginación, mantenemos los sueños, y ellos nos ayudan a alcanzar la meta que nos proponemos”.

Micaela Miranda con los 5 alumnos y las 3 alumnas de la escuela de actuación (Página de Facebook de la directora).

Micaela Miranda con los alumnos y alumnas de la escuela de actuación (foto de la docente).

“El TL no es solamente un teatro –dice Nabil-: es un lugar que salva vidas, que ofrece alternativas a resistir solamente con piedras o convirtiéndote en mártir. Si peleas con armas, puedes morir en un minuto (y con esto no quiero decir que no tengamos derecho a resistir la ocupación por todos los medios, incluyendo las armas). La resistencia cultural te da la posibilidad de desarrollar un pensamiento crítico, y de contar las historias –tuyas y de los otros- en ese proceso de resistencia. Y en el teatro te puedes sentir libre, ser tú mismo; es el único lugar, porque la cultura aquí es muy tradicional, y el sistema educativo tampoco desarrolla el espíritu crítico. Lo que importa no es salir del teatro siendo actor, sino encontrando quién eres y qué quieres hacer con tu vida”.

En efecto, en uno de los videos del TL[3] las alumnas dicen que es el único lugar donde no se las hace callar ni se las manda a la cocina; un alumno dice que la resistencia cultural es importante porque Israel no quiere que sean un pueblo educado. “Antes de que el teatro existiera, todos queríamos ser mártires; pero ahora sentimos que tenemos una razón para vivir”, dice otro. 

Niños con armas de juguete en el campo de refugiados de Yenín (María Landi).

Niños con armas de juguete en el campo de refugiados de Yenín (María Landi).

Faisal es un ejemplo viviente de ese milagro. Este joven de 27 años –que nació y vive en el campo de refugiados- sonríe siempre y está lleno de energía. Habla con pasión del TL, al que se unió con 18 años y ahora es su vida. El teatro lo cambió para siempre. Allí descubrió la importancia de la resistencia cultural, porque “la verdadera ocupación está en la mente”.

“Yo tenía 13 o 14 años cuando el campo fue invadido, y recuerdo absolutamente todo: entraron a mi casa, destrozaron todo, y nos obligaron a salir… En la calle todo era destrucción, tanques por todos lados… recuerdo hasta las caras de la gente. En esa situación las opciones eran: volverse loco, tomar las armas, o elegir el camino del arte. Yo era un buen estudiante, tenía otras oportunidades; la policía palestina quería reclutarme, porque soy alto y fuerte, y me ofrecían ascender, entrenar a otros… Podría haber tenido dinero, armas, un coche, una buena vida… pero me dije: ese no soy yo. Este lugar para mí es especial porque aquí soy yo mismo. Lo que elegí hacer, lo hago desde el corazón. Nunca soñé que iba a ser actor, enseñar, viajar por el mundo con el teatro”. Reconoce que ser combatiente es el sueño de muchos niños y jóvenes del campo, pero viviendo allí ha visto lo fácil que mueren, y lo poco que pueden hacer contra los F16 y los misiles israelíes. “Y yo no quiero terminar así. Este país nos necesita vivos, no muertos. Lo mío es la resistencia cultural. Estamos construyendo la tercera intifada”.

Faisal con Juliano durante una gira por Alemania.

Faisal (21) con Juliano durante una gira por Alemania en 2009 (página de Facebook del actor).


Desafíos y sueños
 

Nabil se siente orgulloso de lo que hacen y de seguir los pasos de Juliano, aunque afirma su convicción de que el teatro es un proyecto colectivo, no de una persona. “La generación que empezó en 2006 ahora enseña en el teatro, y son líderes en su medio”.  Además de la escuela de actuación, el área Multimedia del TL ofrece cursos de cine, fotografía y escritura creativa para impulsar a las y los jóvenes de Yenín a explorar su potencial expresivo.

Le pregunto por la participación de las mujeres, que siempre es un problema en una sociedad conservadora. Me dice que está creciendo. “En la primera generación egresada había dos; en la generación posterior a la muerte de Juliano, ninguna; en la actual, hay tres en un grupo de ocho[4]. Igual sigue siendo un desafío”, afirma.

El TL se propone llegar al resto de Palestina y también a la comunidad internacional. Para eso han desarrollado varios proyectos. El más novedoso es el Bus de la Libertad, que cada año durante una semana recorre diferentes localidades de Cisjordania llevando internacionales a conocer e interactuar con comunidades afectadas de distinta forma por la ocupación, desde agricultores en el Valle del Jordán hasta pastores en las Colinas del Sur de Hebrón, pasando por un campo de refugiados o una aldea que resiste la confiscación de su tierra y su agua.

En ese encuentro el grupo recoge y representa las situaciones de la comunidad (ver aquí un ejemplo de ese playback en la aldea Al-Tuwani) y también la apoya realizando tareas concretas. “El principal objetivo es romper la fragmentación y el aislamiento que nos quieren imponer, conectarnos con la gente en los lugares de mayor opresión y sufrimiento, y ayudar a devolver la esperanza, a crear algo juntos, más allá de los discursos vacíos de los políticos”, decía en otra entrevista Alia Al Rosan, ex coordinadora del Bus de la Libertad y actual alumna de la escuela de teatro.

Galería de imágenes del Bus de la Libertad durante su travesía anual por el Valle del Jordán, las Colinas del Sur de Hebrón, Nabi Saleh y otros lugares de Cisjordania (fotos del blog del Freedom Bus):

Nabil afirma que su sueño es poder desarrollar más relaciones con América Latina y aprender del intercambio mutuo sobre la producción artística bajo opresión, de la que hay tanta experiencia en nuestro continente. “Yo sueño con que en algún momento seamos verdaderamente independientes y nuestras relaciones no dependan de la financiación europea. Yo quiero conocer América Latina, porque sé que tenemos mucho más en común que con otros países…”.

El año pasado el TL actuó en Sao Paulo. América Latina y sus teatristas tienen la palabra para seguir haciendo realidad este sueño.

Equipo del TL con una profesora visitante.

Equipo del Teatro de la Libertad con la holandesa Katrien van Beurden en un taller sobre Commedia Dell’arte.

[1] Arna Mer, teatrista y activista israelí casada con un comunista palestino de Israel, había creado el “Stone Theatre” durante la primera intifada para ofrecer un espacio de expresión a los jóvenes del campo de refugiados de Yenín. El teatro –construido sobre la vivienda de una familia del mujayyam, y en el que su hijo Juliano era docente- fue destruido por las bombas israelíes durante la segunda intifada, y la mayoría de los alumnos de Arna fueron asesinados. Este proceso fue magistralmente documentado por Juliano en su film “Arna’s Children” (2003).
[2] Ver un video promocional elaborado por el TL.
[3] “From Stones to Freedom“, en el canal de YouTube de The Freedom Theatre.
[4] A diferencia de otros cursos del TL, la escuela de teatro es sumamente exigente: se trata de un programa de 3 años y 8 horas diarias, enfocado en actuación, dirección y resistencia cultural; por eso cada generación tiene pocos alumnos y alumnas. Hay cinco docentes fijos y muchos temporales que vienen del exterior –sobre todo de Europa.
Juliano Mer-Khamis hablando sobre el origen y el proyecto del Teatro de la Libertad (video de 8′):
 Tributo a Juliano Mer-Khamis por el grupo palestino de rap DAM:
 Entrevista de Katie Miranda a Faisal Abu Alhayjaa sobre el pasado y el presente del Teatro de la Libertad (40′):

Publicado en América Latina, Colinas del Sur de Hebrón, Niños y niñas palestinas, The Freedom Theatre, Valle del Jordán | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

La mujer que rescata sonrisas en el checkpoint

El checkpoint de Qalandiya, entrada norte a Jerusalén.

El checkpoint de Qalandiya, entrada norte a Jerusalén.


María Landi

 

(Publicado en el semanario  Brecha el 27/3/15)

No fue difícil reconocerla en medio de la multitud de palestinas brutalmente reprimidas en la víspera del Día Internacional de las Mujeres: es alta, delgadísima, rubia y bien entrada en años (“Gracias por no preguntarme la edad”, me dice). Como todas las israelíes de su generación, habla inglés con un marcado acento hebreo (pronuncia la ‘r’ como ‘g’). En la calle todos la conocen: la saludan, le sonríen, le preguntan o le cuentan cosas. La llaman Tamara, y a ella parece gustarle la versión árabe de su nombre.

Desde hace 12 años, ella viaja desde su hogar cerca de Tel Aviv para estar cada domingo (el equivalente a nuestro lunes) en uno de los lugares más horribles y sórdidos del territorio ocupado: el enorme checkpoint de Qalandiya, la entrada norte a Jerusalén. Por allí pasan cada mañana, después de hacer colas inhumanas durante varias horas desde la madrugada, varios miles de palestinos –la gran mayoría obreros, pero también estudiantes, mujeres y personas enfermas- que constituyen la minoría ‘privilegiada’ con permiso para entrar en Jerusalén a trabajar, estudiar o ir al hospital. Allí es donde también confluyen las manifestaciones que terminan siempre con gran violencia represiva. En Ramadán ella va todos los viernes, y también en fechas especiales, cuando hay manifestaciones: 1º de enero (día de Fatah), 8 de marzo, 15 de mayo (al-Nakba), 5 de junio (al-Naksa).

"¡Tengo una foto con Marwan Barghouti!", me dijo orgullosa. La foto fue tomada por ella misma frente a un espejo que reflejaba la imagen del preso palestino más famoso pintada en el Muro contiguo al checkpoint de Qalandiya.

“¡Tengo una foto con Marwan Barghouti!”, me dijo orgullosa. La foto fue tomada por ella misma frente a un espejo que reflejaba la imagen del preso palestino más famoso, pintada en el Muro contiguo al checkpoint de Qalandiya.


“No quiero ser la hoja de parra de la ocupación”

Tamar Fleishman es judía israelí, de origen azkenazí; sus padres emigraron muy jóvenes desde una región que era Polonia y hoy es Ucrania. “Yo llevo el nombre de mi abuela, que fue asesinada en el Holocausto, y eso es algo muy significativo para mí: no quiero que mi pueblo haga lo mismo que nos hicieron a nosotros”.

Dice que el cambio fue un proceso que se dio a lo largo del tiempo: “Yo era la típica niña y joven israelí sionista”. Ya casada y con tres hijos, el trabajo de su esposo la llevó a vivir en otros países. Y fue la primera vez en su vida que conoció personas que no eran judías. “La sociedad israelí en esa época era totalmente homogénea y cerrada. Yo crecí cerca de Haifa, donde hay mucha población árabe. Pero nunca les vi. Los israelíes no ven al otro. Nunca tuve una amiga que no fuera como yo. En Bangkok empecé por primera vez a hacer amistad con personas no judías y a mirarlas como seres humanos, no por su raza o su color de piel”.

Cuando volvió a Israel sintió que tenía que cambiar algo en su vida. “Y entonces Rabin fue asesinado; y la derecha se hizo muy fuerte. Sentí que tenía que actuar…” La primera organización con la que se vinculó fue Courage to refuse (objetores que se negaban a hacer el servicio militar en los territorios ocupados); y luego pasó a Machsom Watch, un grupo de mujeres que desde hace años monitorean los abusos y arbitrariedades en los checkpoints y tratan de intervenir para aliviar la situación de la población palestina.

Tamar empezó yendo al checkpoint como integrante de Machsom Watch, y los horrores que conoció en estos 12 años le hacen afirmar: “He cambiado muchísimo desde aquella primera vez que vine a Qalandiya”. Al principio trataba de ‘ayudar’ a los palestinos haciendo llamadas a las autoridades; ahora ya no lo hace “porque no quiero suavizar el rostro de la ocupación, no quiero que el checkpoint sea más ‘humano’. La ocupación es inhumana, el checkpoint es inhumano; y yo no quiero lavarle la cara: quiero que todo el mundo lo vea como es. Es mucho más fácil ayudar, porque te sientes bien; es un sentimiento muy reconfortante, y la gente te lo agradece mucho…”

Ver aquí una serie de fotos del checkpoint tomadas por Tamar (click en la imagen para ver la galería en tamaño grande):


Rompiendo estereotipos

Alrededor del checkpoint –obviamente del lado palestino- se mueve un universo de vendedores callejeros que ofrecen desde café y falafel hasta aspirinas, ropa, fruta, almohadas o lo que se pueda vender. La gran mayoría son niños y jóvenes pobres del vecino campo de refugiados que da el nombre al checkpoint.

Como parte de su tarea, Tamar toma fotos de lo que ocurre, lo cual le ha traído muchos problemas con los soldados. Pero desde hace un tiempo empezó a tomar fotos de los niños y jóvenes que venden en los alrededores del checkpoint. Al principio se encontró con mucha hostilidad y resistencia. Pero poco a poco, como ella misma dice con orgullo, se fue ganando las sonrisas que ahora retrata.

Parte del secreto es que todos la ven ya como una amiga; y también que tuvo la buena idea de imprimir y regalarles las fotos que les toma. “¡Eso les encanta! Porque es lo único que tienen, lo único verdaderamente suyo: todo el dinero que ganan tienen que entregárselo a su padre, y al final del día no tienen nada para ellos; las fotos se vuelven así el único tesoro que pueden conservar”. Y agrega: “Todos tenemos álbumes de fotos de nuestra infancia, de nuestra vida… pero ellos no tienen nada; ¡no tienen infancia!” Y no sólo los niños: ahora también los adultos se lo piden. Y cuando me muestra las fotos, los va nombrando a cada uno.

Algunos de los vendedores amigos de Tamar.

Algunos de los vendedores amigos de Tamar.

Empezó a hacerlo después de una de las veces que fue al tribunal militar de Ofer: “Yo siempre pensaba: por favor, que no sea ninguno de los que conozco…; pero ese día ví llegar engrillado y esposado a uno de los niños de Qalandiya. No había ningún familiar suyo en la sala (viene de una familia muy, muy pobre del campo de refugiados). Yo lo miré fijo, pero él no me veía. Y yo seguí mirándolo intensamente, hasta que él levantó la cabeza y me vio: y entonces empezamos a conectarnos, y estuvimos así durante toda la audiencia. Lo que ese chico había hecho era simplemente sacudir una tela metálica del checkpoint, y por eso lo acusaron de “tratar de dañar una instalación militar”. Entonces pensé: a él lo arrestaron, pero podrían haberlo matado. Tamar, tienes que empezar a tomar fotos de los chicos de Qalandiya.” En efecto, más adelante un joven le pidió que tomara una foto de él y de su amigo, y dos meses después el amigo fue asesinado por el ejército en el campo de refugiados. Y la foto de Tamar fue la última que la familia tuvo de él. “Se llamaba Ali Jalifa”, dice.

Las fotos de Tamar están tomadas con una cámara sencilla (“para poder esconderla en el bolsillo”); no son profesionales ni de una gran calidad. Pero ella logra captar el alma de cada niño o joven en la sonrisa que le regalan. Esas sonrisas suelen iluminar unos bellos ojos oscuros y expresivos, llenos de vida en un lugar que sólo inspira pesadumbre y desaliento. Ella dice que esas sonrisas rompen los estereotipos, sobre todo en Israel: “La sonrisa no es el símbolo de Palestina. Y entonces de pronto la gente ve esos rostros sonrientes… y algo los hace sentir incómodos… Y funciona, de alguna manera funciona. Los niños son niños; están allí, y no van a desaparecer: ¡míralos!” Le pregunto si siempre sonríen para su cámara: “¡Oh sí… oh sí!”, dice con orgullo, sonriendo ella también.

A menudo va al campo de refugiados de Qalandiya, donde conoce a muchas familias; pero no entra en las casas, porque siente que no es una relación justa: la gente le ofrece generosamente comida y bebida, pero ella no puede invitarles a su casa. Entonces cuando insisten, les dice: “¡Cuando la ocupación se termine, voy a venir a todas las casas!”.

Ver aquí una colección de las sonrisas retratadas por Tamar:



Contar las historias

Además de sacar fotos, Tamar siente que su deber es contar -desde su punto de vista como mujer judía israelí- las historias de las que es testigo. No le importa si la sociedad israelí o el mundo no quieren conocerlas: están ahí, escritas, y las fotos las documentan; es importante como registro para la historia, dice. “No soy ingenua: yo escribo en hebreo, pero la mayoría de la sociedad israelí no quiere ver, no quiere oír, elige no saber, no quieren hacerse responsables. Nunca logré traer a mis amigas para que por lo menos vieran lo que es Qalandiya”.

Las historias de Tamar hablan de ambulancias demoradas durante seis o siete horas con pacientes graves, de pacíficos vendedores de café arrestados durante una manifestación y juzgados por “arrojar bombas molotov”, de niños detenidos por andar por la calle en una moto de juguete, de soldados adolescentes aburridos, portando armas automáticas y entrenados para odiar y humillar a todos los árabes, de una niña enferma con su madre a las que no se les permite pasar el checkpoint porque no tienen el original del permiso para vivir en su ciudad, de un bebé prematuro en riesgo de vida que es sacado de la incubadora para ser revisado en el checkpoint antes de pasarlo a otra ambulancia (las ambulancias palestinas no pueden entrar en Jerusalén y por eso en el checkpoint los enfermos deben ser transferidos a una ambulancia israelí, sea cual sea su estado), de un niño grave a cuyo padre no se le permite ir con él al hospital, de un hombre que acaba de ser operado del corazón y colapsa después de esperar un día entero sin poder pasar, de las multitudes de hombres y mujeres que cada viernes de Ramadán soportan horas de espera, humillaciones y gritos de los soldados, bajo el calor y en ayunas, para intentar ir a rezar en Al Aqsa, sabiendo que probablemente no lo lograrán…

Y transmiten, también, su culpa y su impotencia ante la monstruosa maquinaria cuyo único objetivo es destruir el espíritu y la vida cotidiana del pueblo palestino. Y así como las fotos buscan ponerles rostros concretos a esa masa abstracta llamada “los palestinos”, las historias les ponen nombre, porque Tamar quiere que los lectores sepan cómo se llama el protagonista de cada una: “Tiene un nombre, no es simplemente ‘un palestino’: se llama Jaled, o Hisham…”. A través de esas historias concretas, ella consigue eficazmente mostrar el rostro despiadado y brutal de la ocupación, así como la tenaz voluntad de vivir y resistir que hace invencible a ese pueblo.

Galería de imágenes de ambulancias registradas por Tamar en Qalandiya:


El corazón en Gaza

Tamar reconoce que sí interviene en el checkpoint en dos tipos de casos: cuando se trata de un asunto de vida o muerte, o cuando son personas de Gaza. “Gaza para mí es un asunto muy sensible; es la mayor cárcel del mundo. Los israelíes dicen que se retiraron de Gaza, pero es mentira: controlamos todo, cada nacimiento y cada muerte en Gaza; hasta el número de documento de identidad que recibe cada recién nacido, todo está bajo control de Israel”.

Además en Gaza vive su gran amigo Adnan. Cuando habla de él, sus ojos brillan y sonríe enigmáticamente. Al preguntarle cómo es esa relación, responde de inmediato: “Es mi alma gemela. No sé cómo describirlo… Me hace reír, me calma cuando estoy desesperada o furiosa… Él está en la cárcel que es Gaza y es el que me consuela a mí, que soy la privilegiada”. Lo conoció en Qalandiya hace años. Él había ido a Ramala por unos estudios médicos, y para volver a Gaza hay que pasar por el checkpoint; pero no lo dejaban, por alguna arbitrariedad burocrática. “Era el último día del año, con un clima horroroso: una neblina densa y un frío mortal. Empecé a hacer llamadas a los contactos que tenía, pero nada funcionó; tuvieron que volverse a Ramala” (eso ocurre con mucha frecuencia, me dice). Al día siguiente hizo otra llamada a una persona muy poderosa, y a los 15 minutos el permiso estaba listo. “Desde entonces estamos en contacto frecuente y cercano. Cuando hay un ataque a Gaza, llamo varias veces al día para saber cómo están él y su familia… Es muy duro…” dice, y guarda silencio.

Galería de imágenes  de represión registradas por Tamar en Qalandiya:


“Algunos elegirán cambiar y otros serán forzados a hacerlo”

Le pregunto a Tamar si su proceso personal ha afectado las relaciones con su propia gente. “Corté un montón de relaciones. Mi marido y mis hijos comprenden y están orgullosos de mí; mi hija es mi traductora al inglés. También mi marido cambió muchísimo… y no es fácil para los hombres, porque están más aferrados a los esquemas machistas”.

Tamar cree que la sociedad israelí puede cambiar, así como cambió en el pasado; y si cambió para peor, se puede revertir. “Los israelíes tendrán que ser forzados a cambiar, a aceptar convivir con los palestinos; pero con el tiempo se acostumbrarán. Va a llevar mucho tiempo, generaciones seguramente”, como pasó en todos los lugares donde hubo conflicto: Sudáfrica, Irlanda, Alemania (actual destino preferido de los emigrantes israelíes).

Los muros de Qalandiya hablan

En el muro de Qalandiya: “Basta de matar a mis hijos, esposos, padres“.

Pero se niega a especular sobre el porvenir: “No tengo una visión del futuro, porque para mí eso es un desperdicio de energía; mi energía debo emplearla en lo que hago. Yo no soy política. Lo único que quiero es que las cosas sean un poco menos malas, que la gente no sufra tanto, que esta ocupación se termine; quiero que la gente pueda vivir una vida normal, moverse libremente, mantener a su familia, vivir con decencia y justicia. Y no quiero que controlemos a otro pueblo. Yo no puedo decir qué es mejor, no sé cuál será la solución final, y no importa cuál es mi idea. Creo que hay que trabajar en todos los frentes posibles, y así ir sumando gota tras gota hasta llenar el océano”.

De algo está segura: el cambio se va a dar después de que los israelíes tengan que pagar un precio más alto que hasta ahora. “No hemos pagado con sangre ni con dinero, y en cambio lucramos con este sistema. Todos, todos lucramos con la ocupación. Tal vez el cambio vendrá con la próxima intifada. Junto con la presión exterior”.

Por eso también colabora editando testimonios de Breaking the Silence (la organización de ex soldados(as) israelíes) y con el proyecto “Who profits?”, de la Coalition of Women for Peace, de la que es integrante. Esto significa que apoya el BDS (movimiento global de boicot y sanciones a Israel), pero no quiere abundar en los motivos: “Simplemente porque es la estrategia correcta -dice-: si funcionó en Sudáfrica, tiene que funcionar en Palestina”.

Tamar con uno de sus amiguitos (foto sin crédito).

Tamar en Qalandiya con uno de sus amiguitos vendedores (Foto: Nurit Yarden).


NOTAS
– Todas las fotos (salvo la última) pertenecen a Tamar Fleishman.
– Las historias de Tamar se pueden leer en inglés en The Palestine Chronicle.
– Sus fotos están publicadas en su página de Facebook.
Publicado en Apartheid, autodeterminación, BDS, Checkpoints, Gaza, Israel, Jerusalén Este, Muro de Apartheid, Niños y niñas palestinas, Represión/protestas noviolentas | Etiquetado , , , , , , , , | 1 comentario

En la ciudad de la furia

Nora Sub Laban mirando la Cúpula de la Roca desde la ventana de su hogar amenazado, en la Ciudad Vieja de Jerusalén.

Nora Sub Laban mirando la Cúpula de la Roca desde la ventana de la casa donde nació y de donde los colonos y el Estado de Israel quieren expulsarla, en la Ciudad Vieja de Jerusalén.


La limpieza étnica avanza en Jerusalén Este,
ante la indiferencia internacional
 

El miércoles 18 de marzo no fue un día fácil en Jerusalén (Al Quds); pero tampoco fue inusual para una población que todos los días debe luchar para sobrevivir y permanecer en su ciudad, sometida a un proceso de judaización violento y excluyente. 

Llegué a Al Quds al día siguiente de enterarme de que a un buen amigo de Belén, casado con una palestina de Jerusalén  -donde vive con ella y sus cinco hijos e hijas-, las autoridades israelíes le retiraron el permiso para vivir y entrar en la ciudad. Ahora sólo pueden verse los fines de semana, cuando su familia viene a reunirse con él en Belén. Si su esposa se mudara con él a Belén (a sólo 10 kilómetros de distancia), perdería para siempre el derecho a vivir –y a entrar- en la ciudad en la que nació y donde vive toda su familia. 

Activistas y vecinos se solidarizan con la familia visitándoles en su casa amenazada.

Activistas, periodistas y vecinas se solidarizan con la familia Sub Laban, visitándoles en su casa amenazada.

Mi visita a la ciudad respondía al llamado público de la familia Sub Laban pidiendo la presencia de acompañantes internacionales ante la amenaza de desalojo inminente de la casa donde han vivido por tres generaciones, en el corazón del barrio musulmán de la Ciudad Vieja, a dos cuadras de la Explanada de las Mezquitas. Dos días antes, colonos judíos respaldados por policías habían intentado irrumpir en la vivienda para apropiarse de ella; la rápida reacción de familiares, vecinos y activistas, sumada a la presentación de un recurso judicial, lograron evitar este segundo intento de expulsión (ya hubo otro en febrero). 

Conversando con Rafat, Ahmad, Heba y su madre Nora -mientras compartíamos té y una generosa comida- fui conociendo los detalles de una historia que se parece demasiado a tantos otros relatos de despojo sufrido por familias palestinas: tierras, viviendas, bienes, identidad, historia, cultura y espiritualidad son igualmente objeto del proyecto sionista de colonización, en el cual no hay lugar para la población nativa árabe. 

Nora con su hija e hijos leyendo las noticias sobre su caso

Nora con su hija e hijos leyendo las noticias sobre su caso (María Landi).

Antes de 1967, la familia pagaba una renta anual por la vivienda a las autoridades jordanas (que regían en Cisjordania y Jerusalén Este después de la guerra de 1948). Después de que Israel ocupara y anexara Jerusalén Este, la vivienda pasó a manos del Estado judío, con el que la familia negoció un acuerdo y siguió pagando en calidad de inquilino protegido. En 1980 la familia fue obligada por la municipalidad a realizar trabajos de reparación en la casa, así que tuvo que dejarla temporalmente;  cuando intentó regresar, los colonos –que la habían ocupado- se lo impidieron, alegando que ya no vivía allí; después de una batalla legal de 15 años, la familia Sub Laban logró finalmente regresar en 2000. 

Pero en 2010 el Estado entregó la propiedad a la organización de colonos Ateret Cohanim, una de las tantas creadas con la finalidad de expulsar a la población palestina de Jerusalén y poblarla exclusivamente con judíos. Desde ese momento empezó una nueva batalla legal que continúa hasta hoy, en la cual la familia reclama su derecho a permanecer viviendo en la casa que habita desde 1953. Aunque está prevista una audiencia decisiva para el 31 de mayo, los colonos no quieren esperar hasta entonces y se han propuesto apropiarse del inmueble por la fuerza. 

Forcejeos con la policía cuando los colonos intentan ocupar la vivienda por la fuerza.

Forcejeos con la policía cuando los colonos intentan ocupar la vivienda por la fuerza.

La casa de la familia Sub Laban está en un área de la Ciudad Vieja particularmente sensible, donde los colonos judíos se han apropiado de gran parte de las viviendas vecinas. “En la década de 1970 y 1980 comenzaron a tomar las viviendas una por una, y ahora somos la única familia palestina en el edificio”, dijo Rafat, mientras su madre me mostraba el patio adonde los colonos con frecuencia les hostigan arrojando agua y basura. Este creciente y agresivo proceso de apropiación judía de las viviendas palestinas hace que se hable de la hebronización de Jerusalén, refiriéndose al que también se da en la Ciudad Vieja de Al Khalil (Hebrón). Desde la azotea de la casa en disputa pude apreciar enfrente la enorme yeshiva (escuela religiosa) y las muchas viviendas vecinas que ya están en manos judías. 

El único argumento esgrimido por los colonos –al igual que en otros casos del también amenazado barrio de Sheik Sharrah- es que la vivienda perteneció antes de 1948 a propietarios judíos.“Pero entonces Israel debería también devolverle a las familias palestinas todas las casas que perdieron en 1948 y en 1967 y que pasaron a manos del Estado y hoy están habitadas por judíos”, afirmó Hussam, un activista local, y agregó: “Los grupos de colonos toman las casas y se las dan a familias judías, e incluso les pagan para vivir en ellas”.

Hacer click en la foto para ver toda la galería en tamaño completo:

De ser desalojada, la familia Sub-Laban no podrá seguir viviendo en Jerusalén, donde los alquileres son extremadamente altos. Tendrán que ir a vivir a Cisjordania, y una vez que hayan pasado siete años perderán su permiso de residencia, y ni ellos ni sus descendientes podrán entrar libremente o vivir en su ciudad.

El domingo 22, activistas israelíes del grupo “Free Jerusalem” convocaron a una concentración de solidaridad frente a la casa de la familia. Varias internacionales nos sumamos a la acción. Fue interesante ver cómo a medida que los tambores y consignas llenaban el callejón de la Ciudad Vieja, las pocas familias palestinas que quedan viviendo en el lugar -habitualmente recluidas para evitar las agresiones de los colonos- se animaban a asomarse a las ventanas y hasta a salir a la calle para unirse con entusiasmo a nuestro grupo.

Activistas y vecinas corean consignas contra la judaización del barrio (

Activistas y vecinas corean consignas contra la judaización del barrio (

La suerte de la familia se definirá en los próximos días, cuando la Corte Suprema de Israel determine si acepta la solicitud de congelar la orden de desalojo que el juez de Distrito ya rechazó. Activistas locales, israelíes e internacionales estaremos junto a Nora y sus hijos, cualquiera sea el desenlace.

Y los Sub Laban, honrando el espíritu palestino de sumud, no se darán por vencidos. El símbolo de su esperanza en el futuro fue la llegada de una nueva integrante a la familia: Nora -llamada así en honor de su abuela- nació el mismo día que lograron frenar el desalojo.

Ver aquí  y aquí imágenes de la manifestación del domingo 22 frente a la cada de la familia Sub Laban.
Seguir las novedades de este caso en las páginas de Facebook: Stop Nora’s Eviction y Free Jerusalem. 
Nora con la nieta nacida el día que estuvo a punto de ser desalojada por los colonos.

Nora con la nieta nacida el día que estuvo a punto de ser desalojada por los colonos.


… y del otro lado de las murallas de la Ciudad Vieja…

Mientras estaba con la familia Sub Laban me enteré que un par de horas antes los colonos habían tomado una nueva vivienda en otro de los barrios más sensibles de Jerusalén Este: Silwan, a poco más de una cuadra al sur de la muralla de la Ciudad Vieja que encierra la Explanada de las Mezquitas y el Muro de los Lamentos. 

A Silwan –que antiguamente era una aldea y hoy es una zona formada por varios pequeños barrios- fui por primera vez hace cuatro años. Desde entonces vuelvo siempre, porque ese lugar vulnerable y su población empobrecida me recuerdan las barriadas populares de las ciudades latinoamericanas (cerros de Caracas, favelas de Rio, pueblos jóvenes de Lima). Y cada vez que llego a Silwan descubro nuevas banderas israelíes ondeando sobre los techos de las viviendas tomadas por los colonos, en una guerra que se libra casa por casa, en cada metro cuadrado de tierra donde 50.000 palestinos y palestinas resisten el despojo; no por casualidad la mayor cantidad de presos de Jerusalén –menores y mayores- son de Silwan.

Parte de los barrios que componen Silwan, al sur de la Ciudad Vieja de Jerusalén.

Parte de los barrios que componen Silwan, al sur de la Ciudad Vieja de Jerusalén (María Landi).

La organización que tiene a su cargo el proceso de judaización de Silwan se llama Elad, y es tan violenta como poderosa. Wadi Hilweh es el barrio más disputado de Silwan, porque según la narrativa sionista es el lugar donde podría haber estado el  palacio del rey David. Allí se ha construido el parque temático “Ciudad de David” y –en una búsqueda desesperada de vestigios que justifiquen el pasado judío del lugar y su conexión con la colonización presente- se están realizando permanentes excavaciones ‘arqueológicas’ que han dañado gravemente innumerables viviendas de Silwan y ponen en peligro los mismos cimientos de la cercana mezquita de Al Aqsa.

En la mañana del miércoles 18, según informó el Wadi Hilweh Information Center (WHIC) –con cuyo director Jawad Siyam estuve conversando poco después de que fuera liberado por la policía israelí-, la organización de colonos Elad, protegidos por la policía israelí y sus guardias privados entraron en el predio propiedad de la familia Al-Malhi y se apoderaron de tres de las cuatro viviendas del mismo. Los colonos quitaron todo el mobiliario, cambiaron las cerraduras de las puertas y tapiaron las ventanas. Asimismo, construyeron una habitación de chapa en el terreno.

Ver aquí una secuencia fotográfica de la apropiación del predio de la familia Al-Malhi.

Para apoderarse de la vivienda de la familia Al-Malhi, la noche antes la policía citó a Muntaser Al-Malhi y a su madre para que se presentaran el miércoles por la mañana en la comisaría cercana, y cuando se dirigían hacia allí fueron detenidos. En otros dos de los apartamentos los colonos entraron cuando no había nadie en su interior.

Jawad Siyam, director del WHIC cuando es arrestado por la policía.

Jawad Siyam, director del WHIC cuando es arrestado por la policía.

La policía israelí acordonó la zona para impedir que los vecinos se acercaran a la propiedad. Esto originó una confrontación entre ellos y la policía, en la cual el niño Mohammed al-Malhi (13) fue brutalmente golpeado, arrastrado y arrestado. Jawad Siyam también fue detenido, pero ambos fueron liberados horas más tarde.

Poco después los colonos armados se apoderaron también de dos terrenos, uno de 500 metros cuadrados que funcionaba como espacio de recreación para los niños del barrio, y otro de unos 1200 metros cuadrados. Después de nivelar la tierra con una excavadora, los colonos instalaron caravanas en ellos.

En la noche del mismo miércoles 18, integrantes de la familia Al-Malhi (Um Mohammad y sus hijas) intentaron entrar en la única vivienda del predio que no fue tomada por los colonos, pero sus guardias privados se lo impidieron. Las mujeres entonces se sentaron en la calle frente a la entrada de su casa. Cuando jóvenes del lugar se acercaron para apoyarles, fuerzas especiales de la policía israelí irrumpieron lanzando granadas de gas lacrimógeno y balas de acero forradas en goma, golpeándoles y arrestando a Ibrahim Al-Malhi (15).

Ver aquí la represión sufrida por la familia Al-Malhi cuando intentó entrar en su casa.
La familia Al- en la entrada de su vivienda a la que ya no les permiten entrar.

La familia Al-Malhi en la puerta de su vivienda a la que ya no le permiten entrar.

Según informó el WHIC, el grupo Elad compró a un integrante de la familia Al-Malhi para que le facilitara la adquisición del predio falsificando documentos de propiedad.

En septiembre pasado los colonos se habían apropiado de 23 viviendas más en Silwan, expulsando por la fuerza a los residentes de uno de los apartamentos. Y en octubre ocuparon otros dos edificios. En la mayoría de los casos la apropiación se produjo porque Elad usó a un intermediario palestino para comprar las viviendas a las familias, aprovechándose de la situación de extrema necesidad en que se encuentran la mayoría de los habitantes de Silwan -que además se ven forzados a vender ante la amenaza de que, de no hacerlo, serán expulsados por la fuerza y perderán sus viviendas.

Mohammed    cuando es arrestado y arrastrado por las policía israelí

Mohammed al-Malhi (13) cuando es arrestado y arrastrado por las policía israelí


Casa por casa, metro a metro…

El mismo grupo que se concentró en apoyo a la familia Sub Laban convocó para el viernes 27 de marzo a una marcha que partirá desde su casa en la Ciudad Vieja hacia Sheik Sharrah, otro barrio palestino de Jerusalén Este que es objeto de judaización violenta desde hace una década. Allí varias familias palestinas ya han perdido sus viviendas, que fueron transferidas a colonos judíos con los mismos artilugios legales.

La marcha será en solidaridad también con la familia Shamasneh, que está a punto de perder su hogar en Sheik Sharrah. La disputa legal comenzó en 2009, cuando una organización de colonos impulsó el reclamo de la casa donde los Shamasneh han vivido por más de 40 años como inquilinos protegidos, alegando que la misma pertenecía a un propietario judío antes de 1948.

La realidad es que la guerra que dio origen al Estado de Israel generó desplazamientos y reacomodos de población en Jerusalén: así como las familias palestinas fueron expulsadas del oeste de la ciudad, las familias judías abandonaron los barrios del este, y la ciudad quedó dividida. Pero la legislación discriminatoria de Israel permite sólo a los judíos reclamar la propiedad que dejaron tras las líneas enemigas en 1948, y no a los palestinos. Es el caso de los Sub Laban, que no pueden recuperar la propiedad que tenía en Jerusalén Oeste antes de 1948.

Banderas de Israel en casas del barrio musulmán tomadas por los colonos.

Banderas de Israel en casas del barrio musulmán de la Ciudad Vieja tomadas por los colonos (María Landi).

Varias organizaciones derechistas de colonos se dedican a rastrear el pasado judío de las viviendas palestinas en Jerusalén Este y a entablar demandas judiciales para ‘liberar’ la propiedad y entregarla a manos judías (que ni siquiera son los antiguos propietarios, sino nuevos colonos, en muchos casos inmigrantes procedentes de EEUU o Rusia).

En agosto de 2013, la Corte Suprema de Israel confirmó que el inmueble pertenecía a una familia judía antes de 1948 y ordenó el desalojo de los 10 integrantes de la familia Shamasneh. Sin embargo, por ‘razones humanitarias’ –atendiendo a que el padre de familia tiene más de 80 años y ha vivido allí la mitad de su vida- ordenó que el desalojo se postergara por 18 meses, que se cumplieron a fines de febrero de este año.

Integrantes de la familia a punto de ser desalojados de su hogar en Sheik Sharrah
Integrantes de la familia Shamasneh a punto de ser desalojados de su hogar en Sheik Sharrah


Las muchas formas de la guerra demográfica

Los casos mencionados arriba son sólo ejemplos de una política más amplia impulsada por el movimiento de colonos, con pleno apoyo del Estado, para consolidar el anillo de colonias que rodean a Jerusalén (y en particular a su Ciudad Vieja) a fin de garantizar el control judío sobre la totalidad de la ciudad y hacer imposible que Jerusalén Este sea la futura capital de Palestina.

El régimen sionista –que ocupó y anexó la ciudad a Israel en 1967, a pesar de la condena de la comunidad internacional- quiere forzar una mayoría demográfica en una ciudad que es santa para tres religiones, además de capital histórica y centro político, social y espiritual de Palestina. Para ello ha diseñado diversas políticas que, sumadas, resultan en un proceso gradual y silencioso -pero implacable- de expulsión de la población árabe de la ciudad. Éstas son sólo algunas de ellas:

  • La población palestina de Jerusalén no tiene ciudadanía israelí ni palestina: apenas tiene un ‘permiso’ para vivir en la ciudad donde nació, que las autoridades israelíes pueden retirarle en cualquier momento (por ejemplo, si se ausenta de la ciudad por más de siete años, aunque sea para vivir a pocos kilómetros).

  • Jerusalén está rodeada por un Muro de 8 metros de alto y 120 km de largo, y ‘cerrada’ por ocho checkpoints que impiden el acceso a la ciudad a la población palestina de Cisjordania o Gaza. Sólo mediante permisos especiales (otorgados con criterios sumamente restrictivos que excluyen a los hombres menores de 50 años, a los activistas y otros perfiles) algunos miles de palestinos pueden acceder a Jerusalén (permisos que también pueden ser retirados en cualquier momento).

  • A pesar de que sus habitantes pagan los mismos impuestos que la población judía, los barrios palestinos de Jerusalén Este reciben un presupuesto deliberadamente inferior en materia de servicios públicos, escuelas y centros de salud, y las políticas de planeamiento urbano están designadas para impedir el crecimiento y la estabilidad en las áreas palestinas; en ellas la calidad de vida es pésima, mientras Jerusalén Oeste luce como una ciudad de Primer Mundo.

  • Para las familias palestinas es prácticamente imposible obtener permisos de construcción, de modo que al construir sin permiso arriesgan que su casa sea demolida. Más aun: cuando las autoridades israelíes ordenan la demolición de una vivienda, el propietario debe hacerse cargo de llevarla a cabo por sí mismo, o de lo contrario pagar sumas exorbitantes a la municipalidad de Jerusalén por el ‘servicio’ de demolición.

  • Israel prohíbe a los y las palestinas de Jerusalén vivir en la ciudad con cónyuges procedentes de Cisjordania. Así, innumerables parejas palestinas tienen que vivir separadas a uno y otro lado del Muro, o uno de los cónyuges debe vivir clandestinamente en Jerusalén, sin acceso a ningún servicio como residente de la ciudad. Y si el cónyuge de Jerusalén se traslada a vivir en Cisjordania, arriesga perder para siempre su permiso de residencia en la ciudad en la que nació. Las solicitudes de “unificación familiar” son cada vez más difíciles de obtener; y para éste como para muchos trámites más, las familias palestinas invierten enormes sumas de dinero en abogados y burocracia, a menudo con un resultado negativo.

Banderas de Israel en viviendas ocupadas por colonos. Detrás, la Cúpula de la Roca.

Banderas de Israel en viviendas ocupadas por colonos. Detrás, la Cúpula de la Roca (María Landi)

FUENTES:
TeleSur
Ma’an News

Haaretz
Silwanic (en inglés y en castellano)
Alternative Information Center 

 NOTA: El título de este artículo está tomado de la canción de la banda argentina Soda Stereo.
Publicado en Apartheid, Israel, Jerusalén Este, Limpieza étnica | Etiquetado , , , | 2 comentarios

Sobre las elecciones israelíes: Ilan Pappé, Gideon Levy, Amira Hass, Yousef Munayyer, Yara Hawari, Stop the Wall, Comité Nacional Palestino del Movimiento BDS

María Landi:

Netanyahu será recordado por contar la verdad sobre Israel: No habrá Estado palestino

Las elecciones israelíes –convocadas por el reelecto primer ministro Netanyahu cuando decidió disolver el gobierno a fines del año pasado, calculando que podría constituir uno con más apoyos del que tenía- han dado lugar a muchos comentarios y análisis, que pueden resumirse en lo siguiente:
– los israelíes una vez más eligieron la peor opción, en este caso un gobernante con una pésima imagen internacional, responsable además del acelerado deterioro de la imagen de Israel en el mundo;
– demostraron que no les importa en absoluto la ocupación y colonización de Palestina, y que están dispuestos a continuarla indefinidamente, apoyando a un candidato que dos días antes declaró explícitamente que jamás existirá un Estado palestino;
– las alternativas como el viejo laborismo reciclado, la llamada ‘izquierda’, la ultra-ultra derecha y los partidos religiosos perdieron votos a favor de Netanyahu;
– la única novedad fue la unidad de todos los partidos árabes (representantes del 20% de la población palestina con ciudadanía israelí), cuya “Lista unificada” les permitió conseguir más sitios en el parlamento y constituirse en la tercera fuerza política del país. Si bien su impacto dentro de la política israelí será muy limitado, la unidad alcanzada entre sectores muy diversos puede ser un ejemplo inspirador para la profunda división política que los palestinos de Cisjordania y Gaza no han podido superar.

A continuación una sarcástica opinión del periodista Gideon Levy (traducida por el blog Los Otros Judíos), y una lista de otros análisis recomendables sobre las elecciones, en general coincidentes en que el triunfo de Netanyahu es la mejor opción para la causa palestina. En palabras del coordinador del movimiento BDS en Palestina, Mahmoud Nawajaa: “Al declarar que no entrará en ningún tipo de negociación con los palestinos, Netanyahu ha eliminado todas las excusas para que los gobiernos no impongan sanciones a Israel y para que continúen apoyando su régimen de apartheid.”


Ilan Pappé: Los mensajes de las elecciones israelíes

Ali Abunimah: Why I’m relieved Netanyahu won

Gideon Levy: Netanyahu merece al pueblo israelí e Israel se merece a Netanyahu

Comité Nacional Palestino del movimiento BDS: Israel vota por la ocupación permanente y el apartheid: debe enfrentar el aislamiento internacional

Stop the Wall: Votación hacia un Estado paria

Yousef Munayyer: Netanyahu’s Win Is Good for Palestine

Amira Hass: Among Joint List’s many tasks: Convincing Arabs it was worth voting

Yara Hawari: Israel is supposedly the only democracy in the Middle East, yet 4.5 million Palestinians under its control can’t vote

Originalmente publicado en Los otros judíos:

Palestina colgantePor Gideon Levy.

Quisiera decirle gracias, Primer Ministro Benjamin Netanyahu. Gracias por decir la verdad. La semana pasada Ud. se reveló como el primer primer ministro israelí que dice la verdad. Hace por los menos 25 años que la mayoría de los estadistas israelíes mienten, engañan al mundo, a los israelíes y a sí mismos. Hasta que apareció Netanyahu – justo él entre todos los estadistas – y dijo la verdad. Si tan solo esta verdad hubiera sido contada por un primer ministro hace 25 años, incluso tal vez hace 50,  cuando nació la ocupación. Aun así, es mejor tarde que nunca. El público lo recompensó por esta verdad, y Netanyahu fue elegido para un cuarto mandato.

Netanyahu dijo la semana pasada que si era reelegido, con él no habría Estado. Simple y claro. Esta  verdad pura y simple también fue el caso para todos sus predecesores –…

Ver original 565 palabras más

Publicado en Apartheid, BDS, Derecho Internacional, Israel, Proceso de paz, sionismo | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Diez hechos sobre las elecciones israelíes y el voto de los palestinos

María Landi:

Por Ben White, traducido por Javier Villate en su blog Disenso.

Originalmente publicado en Disenso:

Ben White

Fuente: 10 facts about Israel’s elections and the Palestinian vote, Middle East Monitor, 11/03/2015

La parlamentaria palestina de la Knesset Hanin Zoabi es sistemáticamente perseguida por sus ideas políticas y su lucha en defensa de los derechos de los palestinos.

El 17 de marzo, los israelíes acudirán a las urnas para elegir un nuevo gobierno. He aquí diez hechos sobre las elecciones parlamentarias y el voto de los palestinos.

1. Solo uno de cada siete palestinos puede votar en las elecciones israelíes.  Solo uno/a de cada siete palestinos/as vive dentro de las fronteras israelíes anteriores a 1967 y tienen ciudadanía israelí. Una tercera parte vive bajo el control militar israelí en Cisjordania y la Franja de Gaza y no puede votar (aunque los colonos judíos que viven entre ellos sí pueden hacerlo). Por otra parte, alrededor de la mitad de todos los palestinos son refugiados…

Ver original 710 palabras más

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Elecciones en Israel: gane quien gane, perderán los palestinos

María Landi:

Otro artículo esclarecedor sobre las perspectivas -y peligros- que se presentan para la cuestión de los derechos palestinos en el escenario electoral israelí. Un certero análisis de Jamie Stern-Weiner, traducido por Javier Villate en su blog Disenso.

Originalmente publicado en Disenso:

Jamie Stern-Weiner

Fuente: No matter who wins the Israeli elections, Palestinians lose, Mondoweiss, 24/02/2015

Carteles de la campaña electoral de Unión Sionista y del partido de Netanyahu, el Likud. El primero dice “Nosotros o él” y el segundo, “Nosotros o ellos”.

Si Benjamín Netanyahu no hubiera entrado en política, estaría en Broadway sobreactuando como un villano de pantomima. El primer ministro de Israel, halcón entre los halcones, es teatralmente insoportable, hasta el punto de que incluso los más firmes aliados de Israel en la comunidad judía estadounidense le han pedido que baje el tono. Es ese tipo de persona que no solo se presenta en tu casa sin ser invitado, sino que trae consigo su ropa sucia, para que se la laves, vacía tu nevera, orina en el fregadero y, luego, bruscamente, se va hecho una furia, quejándose del servicio.

Pocos políticos estadounidenses y europeos derramarán…

Ver original 1.003 palabras más

Publicado en Apartheid, autodeterminación, Colonias Israelíes ilegales, Derecho Internacional, Israel, Refugiados/as, Resoluciones de la ONU | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

El plan de la ‘oposición’ israelí para un pseudoestado palestino

María Landi:

Por si alguien tiene alguna -ingenua- esperanza de que un triunfo de la oposición laborista en las próximas elecciones de Israel podría traer algún cambio para el futuro de Palestina, el excelente Ben White se encarga de mostrar cuál es el plan del laborismo para un futuro ‘Estado’ palestino.

Conviene recordar, además, que el partido Laborista históricamente fue responsable -más aun que el Likud- de la limpieza étnica y la colonización imparable de Paletina. Traducido por Javier Villate en su blog Disenso.

Originalmente publicado en Disenso:

Ben White

Fuente: The Zionist Union’s plan for a Palestinian Bantustan, Middle East Monitor, 10/03/2015

Isaac Herzog, presidente del Partido Laborista israelí y líder de la Unión Sionista.

Cuando los israelíes acudan a las urnas la semana que viene, el único rival serio del primer ministro Benjamín Netanyahu será el laborista Isaac Herzog. Este encabeza la coalición electoral Unión Sionista, de la que forman parte el Partido Laborista y Hatnuah, de Tzipi Livni.

Desde 2009, Netanyahu y sus aliados en el parlamento han frustrado los esfuerzos de EEUU y la comunidad internacional para avanzar en el proceso de paz. Hace apenas dos días, Netanyahu aclaró que, en caso de ganar las elecciones, no habrá “ninguna concesión y ninguna retirada” de los territorios palestinos ocupados.

¿Pero qué dicen Herzog y Livni? ¿Qué pasaría si, cuando escampe, la Unión Sionista es invitada a encabezar el próximo gobierno israelí? ¿Cuál es…

Ver original 838 palabras más

Publicado en Apartheid, autodeterminación, Israel | Etiquetado , | Deja un comentario