La Nakba interminable – Reflexiones de Mohammed El-Kurd


Mohammed y Muna El-Kurd, jóvenes líderes y activistas del barrio Sheikh Jarrah de Jerusalén, cumplieron 25 años este 15 de mayo. Nacieron cuando la Nakba cumplía 50. Eso, y ser hijxs y nietxs de refugiadxs de la Nakba, en un barrio de Jerusalén amenazado de expulsión, y que un tribunal colonial decidiera que debían entregar la mitad de su casa a un grupo de colonos inmigrantes insolentes, violentos y con acento gringo, marcó sus vidas para siempre. Este es el testimonio de Mohammed y su mensaje al cumplir 25 años bajo una Nakba que dura ya 75 años.

 


En las décadas transcurridas desde el acontecimiento que el pueblo palestino conoce como “la Catástrofe”, el despojo se ha convertido en un tema intemporal de la experiencia palestina.

 

 

Mohammed El-Kurd*

 

Si conducen a lo largo y ancho de nuestra magullada geografía, en varios puntos se encontrarán con escombros. A veces son los escombros de una casa en Jerusalén, demolida alguna vez –o más de una– en las últimas décadas. Otras veces, son las ruinas de una aldea despoblada en 1948, ahora mal disimuladas bajo un bosque de pinos plantados por el Fondo Nacional Judío. A veces son los escombros de una casa acribillada a balazos en el Golán sirio ocupado, que se vino abajo durante la invasión de 1967. Otras veces, son los escombros de un edificio residencial bombardeado durante uno de los ataques a la asediada Franja de Gaza, en 2008, 2009, 2012, 2014, 2019 o 2021. O, si estás leyendo esto dentro de unos años, puede que sean los restos de Silwan, Masafer Yatta y el Naqab, localidades todavía vibrantes pero amenazadas.

Mientras recorren este paisaje, es probable que se encuentren en los pueblos y campos de refugiados con afiches de nuestros mártires pegados por todas las paredes. Las fechas de algunos de los afiches pueden ser difíciles de descifrar, pero se puede adivinar cuándo fueron colocados observando su estado: si están inmaculados y brillantes, es que acaban de salir de la imprenta; si están quebradizos y descoloridos, dañados por la lluvia, la suciedad o las balas perdidas, y se despegan de las paredes, es posible que sean de hace algún tiempo, de la segunda intifada o de una de las intifadas que vinieron después. Muchos de los rostros, probablemente la mayoría, les resultarán desconocidos, ya que sus asesinatos quedan al margen del circuito internacional de noticias y sus muertes sólo aparecen en los fugaces titulares locales. Si se detienen a leer, pueden encontrar retratos de un padre y su hijo compartiendo la misma pared, un tío y una sobrina, a veces del mismo año, a veces con generaciones de diferencia.

Todo esto –afiches hechos jirones, pueblos semienterrados y escombros, escombros, escombros– es la prueba material de la Nakba. Este término se utiliza con mayor frecuencia para denotar la catastrófica creación del Estado israelí, cuando las milicias sionistas emprendieron una brutal campaña de limpieza étnica, expulsando a tres cuartos de millón de personas palestinas y convirtiéndolas en refugiadas fuera de las fronteras de su propia patria. Debería ser un nombre familiar en todos lados, aunque no lo es.

Hoy se cumple el 75° aniversario de la Nakba. Mientras me esfuerzo por conjurar todo su devastador alcance, siento la tentación de atiborrar los próximos cuatro párrafos con datos y cifras que detallen sus crueldades esenciales: los nombres de las distintas bandas paramilitares terroristas que conformaron el ejército israelí que hoy nos aterroriza; el número de masacres, de personas exiliadas, refugiadas; los kilómetros cuadrados de tierra robada; los vientres de embarazadas abiertos en Deir Yassin. Pero estaría repitiendo lo que ya se ha dicho en miles de libros y artículos, y lo que también habrán publicado hoy unos cuantos portales no convencionales.

Entonces, ¿por dónde empezar a hablar de la Nakba en su 75° aniversario? Bueno, para empezar, debemos reconocer que incluir las palabras “aniversario” y Nakba en la misma frase es un error; el marco temporal, 75 años, es un error de cálculo. Incluso la traducción de Nakba como “Catástrofe” es reduccionista, porque la Nakba no fue un desastre repentino, ni es una trágica reliquia del pasado. No empezó ni terminó en 1948. Se trata más bien de un proceso de limpieza étnica planificado, organizado y, lo que es más importante, continuado.

Para el pueblo palestino, la Nakba es algo implacable y recurrente. Ocurre en tiempo presente y en cualquier lugar del mapa. No se salva ni un rincón de nuestra geografía, ni una generación desde los años 1940. Para mi propia familia, la Nakba fue la experiencia de mi abuela, expulsada de Haifa por la Haganá en 1948, pero también fueron sus palabras de advertencia sobre lo que inevitablemente sería mi destino cuando colonos con acento de Brooklyn y apoyados por el ejército se apropiaron de la mitad de mi casa en Sheikh Jarrah en 2009, declarándola suya por decreto divino. Para otras familias, la Nakba comenzó cuando un querido abuelo fue expulsado de Yaffa y buscó refugio en Gaza, donde continúa viviendo bajo el estruendo de los aviones de guerra que lanzan bombas sobre los abarrotados campos de refugiados, y que introducen a sus nietos y nietas en su primera (o quizás tercera o sexta) guerra. La Nakba son sus rostros en los afiches que aún no se han impreso.

Aunque esta catástrofe continuada a menudo parece implacable, es importante señalar que no es inevitable. Tiene un culpable: el sionismo; y para hablar de la Nakba hay que hablar de sionismo, la ideología política nacida en Europa central y oriental en el siglo XIX según la cual la creación de un Estado judío sería la única solución viable para la persecución de las personas judías. Theodor Herzl, periodista vienés y uno de los pioneros del sionismo, articuló esta idea en su famoso panfleto de 1896 Der Judenstaat (El Estado judío).

Distintas personas definen el sionismo de diferentes maneras, y muchas lo definen de varias maneras a la vez. Los gobernantes israelíes, por ejemplo, trabajan incansablemente para impulsar el relato de que el sionismo es sinónimo de judaísmo (a pesar de que este último precede al sionismo en miles de años) e impulsan leyes para criminalizar los sentimientos antiisraelíes como antisemitas. Otros, incluidos muchos sionistas liberales, afirman que el sionismo es un movimiento de liberación necesario, nacido de la persecución por el Holocausto, aunque la población palestina no tuvo nada que ver con el Holocausto. Los sionistas religiosos, por su parte, afirman que el sionismo es el destino bíblico, la realización de la antigua promesa de Dios de una tierra prometida, como si Dios fuera una especie de agente inmobiliario. Y en Estados Unidos, sionistas orgullosos como Joe Biden dicen que “inventarían” a Israel si no estuviera ya inventado: un régimen satélite al servicio de sus intereses estratégicos en la región.

El sionismo, tal y como lo definimos quienes hemos vivido bajo su dominio durante los últimos 75 años, es una ideología de despojo, una empresa de colonización expansionista y racista. Y en múltiples ocasiones, los mismos pioneros del movimiento sionista no rehuyeron este encuadre; por citar sólo dos breves ejemplos: David Ben Gurion, que escribió sobre cómo “debemos expulsar a los árabes y ocupar su lugar”, o Ze’ev Jabotinsky, cuyo famoso ensayo “Muro de hierro” es una meditación contundente sobre “la colonización de Palestina” y la probable respuesta de “la población nativa”, la cual –escribió– “siente al menos el mismo instintivo celo amoroso por Palestina que los antiguos aztecas sentían por el antiguo México, y los sioux por sus ondulantes praderas.”

Pero ninguna de estas definiciones o testimonios importa, porque el sionismo se define mejor por sus manifestaciones materiales, y la Nakba –prolongada y actual– sigue siendo la cristalización más clara de la ideología sionista.

En 2020, cuando mi familia y las familias vecinas empezamos nuestra batalla contra la expulsión en Sheikh Jarrah, escribí para The Nation: “Si no te desalojan de tu casa, la demuelen; si no te encarcelan, te disparan en la calle; si no te disparan en la calle, hay un dron sobre tu cielo, en la Franja de Gaza; si no es una bomba, es el exilio. Todas las personas palestinas, en determinado momento de nuestras vidas, nos damos cuenta de que la Nakba está lejos de haber terminado.” Y aquí estoy, tres años después, volviendo a escribir lo mismo.

Quisiera decir que esas palabras de 2020 fueron oportunas, pero la aterradora verdad es que son intemporales. El movimiento sionista se ha esforzado por hacer del despojo un tema intemporal de la experiencia palestina: tanto historiadores como periodistas cuentan historias similares sobre la Nakba. Hemos llegado a un punto en que los escombros se acumulan tan rápido que no podemos seguirles el ritmo.

Cuando empecé a escribir este artículo, un colono israelí armado había matado a Diyar Omari, de 19 años, en el pueblo de Sandalah, a plena luz del día, el 6 de mayo; su asesinato me trajo a la memoria la masacre de Sandalah de 1957, cuando un artefacto explosivo israelí acabó con la vida de 15 escolares de ese poblado, y pensé en centrar este artículo en las historias superpuestas. Pero pensar en escolares me recordó los restos de las bombas israelíes que siguen matando o mutilando a escolares en Masafer Yatta (en las Colinas del Sur de Hebrón), que ha sido declarada “zona de entrenamiento militar” de acceso prohibido, con el único fin de expulsar a sus residentes. Y pensé que debía escribir sobre esa inminente expulsión, y luego otra, y otra ejecución, otra demolición, otra detención arbitraria, otro asedio borrado de los titulares, otro asesinato reportado en voz pasiva, y otro y otro…

Y entonces empezaron a caer bombas israelíes sobre Gaza.

Resulta tentador terminar el artículo ahí, anticipando, pasivamente, aún más destrucción. Declarar a Palestina en estado de destrucción, un “ciclo de violencia” en el que un bombardeo es tan banal como el desayuno. Pero la razón por la que seguimos imprimiendo más afiches es porque aquí las personas todavía no han aceptado la subyugación como su statu quo, todavía pueden conjurar una realidad en la que sean libres. Las personas palestinas seguimos resistiendo a los grilletes del sionismo. Nunca hemos dejado de hacerlo.

Si conducen a lo largo y ancho de nuestra magullada geografía, pasarán junto a mujeres y hombres que elegirán, una y otra vez, la muerte antes que la indignidad. Y si aminoran la marcha para escuchar sus oraciones, se darán cuenta, aunque sea por un breve instante, de que ustedes harían lo mismo.

 

* Mohammed El-Kurd (25) es corresponsal de The Nation. Escribe principalmente sobre el despojo en Jerusalén y la colonización de Palestina. Ha publicado su primer libro de poesía: Rifqa (Haymarket Books, NY, 2021).
Publicado el 15 de mayo de 2023 en The Nation. Traducción: María Landi.

 

En este video realizado para The Nation, Mohammed El-Kurd explica la Nakba y cómo es un proceso continuado que nunca terminó realmente (4′, inglés):

Reflexiones de Mohammed El-Kurd sobre lo que es nacer, vivir y morir bajo una Nakba continuada (1o’, inglés):

Leanne Mohamad: «75 segundos para conmemorar 75 años desde la Nakba palestina: nuestra catástrofe continuada, que destrozó a toda una sociedad en 1948. No solo para recordar la Nakba, sino para resistirla.»

 

 

 

 

 

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Von der Leyen, Borrell y los 75 años de su jardín colonial en Palestina

 

Graffiti sobre la Nakba en un muro de Nazaret (Godong/Alamy Stock Photo).


La letanía de Israel como “vibrante democracia” es el dogma occidental con el que se encubre la limpieza étnica a la población nativa palestina, su despojo, su expulsión, su apartheid o su reclusión en guetos.

 

Daniel Lobato Bellido

 

El miércoles 26 de abril Ursula von der Leyen felicitó el 75º aniversario de la construcción del Estado de Israel en Palestina. Von der Leyen sólo necesitó los primeros 45 segundos de su homenaje para hacer toda la acumulación que le fue posible de la mitología fraudulenta, racista y fascista con la que occidente siempre ha justificado la invasión de Palestina iniciada por colonos europeos hace algo más de un siglo.

Para que no hubiera dudas sobre la orientación ideológica de su discurso, Von der Leyen desde el inicio mostró su júbilo por el “sueño hecho realidad” del artefacto colonial israelí. El sueño de la creación de Israel fue el sueño de la ideología sionista, y por tanto Von der Leyen asumió de inicio el primer postulado del sionismo. Es decir, el sueño de crear un Estado de colonos extranjeros en Palestina, “y eso es más importante que los deseos de los habitantes árabes que viven en esa tierra”, en palabras de Arthur Balfour, ministro de AAEE británico que en 1917 prometió entregar Palestina a los colonos europeos. La Presidenta de la Comisión Europea hizo suyo el desprecio de Balfour hacia los nativos palestinos, su derechos y su mera existencia, ya que ni siquiera los nombró en su discurso. El aplastamiento a la población nativa, junto con otros rasgos, caracterizan al sionismo como una ideología fascista.

Hay que recordar que el sionismo se declaró ideología criminal y racista por la Asamblea General de la ONU en 1975, y que esa resolución se derogó en 1991 para complacer a Israel y así facilitar los fraudulentos Acuerdos de Oslo de 1993. Fueron derrotas de las luchas descolonizadoras en aquel contexto de inicio de la hegemonía de EEUU tras la caída del bloque soviético. Treinta años después nos encontramos con la paradoja de que lobbies israelíes buscan que la ONU respalde oficialmente el sionismo, el colonialismo y el apartheid en Palestina. Intentan persuadir a Antonio Guterres y Miguel Ángel Moratinos para que la ONU adopte la definición de antisemitismo de la IHRA, que no es más que un burdo contrato de obligación de lealtad al régimen colonial israelí.

En sus encadenados estereotipos, Von der Leyen utilizó las masacres contra las personas judías perpetradas durante siglos en Europa para justificar su “refugio seguro” en Palestina. Al expresar esta idea, involuntariamente hizo dos reconocimientos atroces. El primero, que los palestinos deben costear la factura de los crímenes de Alemania y otros países europeos contra las personas judías sin importar el precio que esos nativos palestinos tengan que pagar. El segundo, que todavía hoy las presuntas democracias europeas siguen sin poder garantizar la seguridad de las personas judías y, por eso es necesario que éstas tengan un refugio lejano, siendo eternamente ajenas y casi extranjeras en sus propios países occidentales de nacimiento. Imaginemos si en lugar de personas judías hubiera expresado que, por las persecuciones sufridas en la historia, las personas LGTBI de Europa, completamente diversas y de diferentes países, deberían marcharse y erigir su propio Estado-refugio en un territorio lejano de Asia arrebatado a los habitantes autóctonos.

«Recordemos la Nakba». (Shirien.creates).

Ursula von der Leyen también recitó la Biblia para afirmar que Palestina es la “tierra prometida de los judíos”. Utilizar la Biblia como el acta registral de la propiedad de un territorio eleva a una nueva dimensión mitológica ese “mundo basado en reglas” que repetidamente proclaman EEUU y su subordinada UE. Un mundo “basado en reglas” desconocidas al contrario que la definida legalidad internacional que ha triturado Israel. Si la máxima representante de la UE además hubiera alzado y agitado una Biblia con sus manos ante la cámara, se habría replicado el mismo esperpento que vimos en 2019 en el Consejo de Seguridad de la ONU a cargo del entonces embajador del régimen israelí, Danny Danon.

La calificación de Israel en el vídeo como “vibrante democracia en el corazón de Oriente Medio” tiene un significado supremacista idéntico al “jardín europeo frente a la jungla salvaje del resto del mundo” de Josep Borrell. La letanía de “vibrante democracia” es el dogma occidental con el que se encubre la limpieza étnica a los nativos palestinos, su despojo, su expulsión, su apartheid o su reclusión en guetos. Es un elogio idéntico a la democracia de blancos del apartheid en Sudáfrica que expresaban Ronald Reagan y Margaret Thatcher en los últimos años del régimen colonial de Pretoria. Las disputas políticas y judiciales que observamos en la sociedad colona israelí no son diferentes a las que se daban en la sociedad colona blanca sudafricana en el inicio de su cuenta atrás.

Ursula von der Leyen nos narra con fingida emoción que ella misma ha visto como el régimen colonial israelí ha hecho “florecer el desierto del Negev”, Naqab en su nombre original palestino. En su visita a esa parte de Palestina renombrada como Israel, la máxima representante de la UE sin embargo no quiso ver las políticas de desposesión de tierras y guetificación forzosa que ese gobierno aplica a los palestinos que tienen ciudadanía israelí. Han vivido durante siglos en el Naqab, han aprovechado de forma autóctona y tradicional los recursos naturales e incluso tienen escrituras de propiedad de la tierra de época otomana. Todo eso no importa, ya que para ella esa región florece cuando, tras la usurpación de la tierra y desalojo de sus dueños, Israel impone una agricultura y ganadería industrial capitalista, acorde con el concepto de economía circular entre metrópoli y colonia. La maquinaria israelí aplica las mismas políticas de expolio y desplazamiento forzoso a sus propios ciudadanos indígenas de tercera categoría que las que aplica a los indígenas no ciudadanos de los guetos de Cisjordania y el de Gaza que sobreviven bajo su dictadura militar.

Al igual que el régimen parasitario de Palestina, Von der Leyen llama a este aniversario el “Día de la Independencia” israelí, buscando crear la idea de que los diferentes colonos de diferentes países que han invadido Palestina estos cien años se estaban independizando de alguien, aunque no se sepa de quién.

Los 45 segundos finales del mensaje son un alegato a “los vínculos y valores compartidos” entre la UE y el artefacto colonial israelí. Al igual que la colonización de Argelia tenía su metrópoli en Francia, o la colonización de Angola en Portugal, la colonización de Palestina tiene en la actualidad una metrópoli conjunta formada por EEUU y la UE, y defenderán ese artilugio supremacista hasta el día antes de su futuro colapso. Ese día no habrá disculpas ni rendición de cuentas por occidente, como tampoco Francia acepta asumir las responsabilidades de sus masacres en Argelia.

Ovejas envenenadas. Olivos arrancados. Casas destruidas.
«¿Es esto lo que significa «Hicimos florecer el desierto», papá?» (Khalil Bendib – Bendib.com).

La pareja Von der Leyen-Borrell es la sucesora de la pareja Reagan-Thatcher en su defensa del apartheid y el colonialismo hasta que suene la campana. La historia se repite dos veces, ambas como tragedia para los nativos sudafricanos y palestinos, aunque no falta el componente de farsa en esta versión actual al utilizarse la mitología bíblica como argumento.

¿Y qué hay de los indígenas palestinos excluidos en el discurso de Von der Leyen? El negacionismo de su existencia, de sus derechos y de toda la legalidad que les ampara, incluida la legítima resistencia armada, no consigue silenciar los crímenes contra la humanidad perpetrados por el régimen colonial sionista. Ni siquiera los clichés mitológicos y coloniales de su discurso son novedosos u originales.

Todas las colonizaciones europeas por asentamiento de colonos contra poblaciones indígenas (Norteamérica, Australia, Sudáfrica, Argelia, etc.) han sido justificadas de forma similar a la que ha empleado la máxima representante de la UE: “los nativos no existen, y si existieron, no estaban exactamente en ese lugar. Y si estaban en el lugar, no aprovechaban la tierra ni la merecían. Y si utilizaban la tierra, lamentablemente la perdieron y eso es irreversible, ya no se puede cambiar, como mucho les podemos otorgar algunos derechos humanos. Nosotros también tuvimos la necesidad de instalarnos en esa tierra, porque nosotros también somos indígenas de esa tierra”. Éste es el esquema argumental de la negación al indígena y de la justificación invasora que hoy se aplica en regímenes coloniales victoriosos disfrazados de democracias liberales como EEUU, Canadá o Australia. Israel desearía encontrarse en ese grupo en el futuro, pero no será así.

Setenta y cinco años después, el constructo israelí está derrotado y acabado en el horizonte. Primero, por la población indígena palestina que resiste por todas las vías legítimas en su tierra, y que ya es mayoría demográfica (52% de la población entre el río Jordán y el Mediterráneo, y aumentando) frente a la sociedad colona israelí (48% de la población y decreciendo). Segundo, porque está derrotado militarmente frente a los palestinos, Líbano y otros aliados, y explicar esto excede del objeto de este artículo.

Por delante sólo tiene una cuenta atrás de menos de veinte años. Cuanto antes descolonice sus estructuras menor será el sufrimiento para los nativos, y menor será el precio a pagar y el sufrimiento que irá creciendo día a día para la sociedad colona.

Mientras tanto, durante los años en que Israel se mantenga en pie, Josep Borrell, Ursula von der Leyen y otros cabecillas de la metrópoli occidental seguirán cuidando ese jardín colonial instalado en el corazón de su racista jungla.

 

Publicado en El Salto el 28/4/23.

Una de las ‘versiones comentadas’ del discurso de von der Leyen.

 

 

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17 abril – Dia de las y los presos políticos palestinos



17 DE ABRIL: DÍA DE LOS PRESOS POLÍTICOS PALESTINOS “Cuarenta años han pasado como si nada, porque consideramos que éste […]

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17 abril – Dia de los presos políticos palestinos — Al Quds Andalucía
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Los Chicos de Hares: 10 años en la cárcel por un crimen que nunca ocurrió


EL RÉGIMEN COLONIAL ISRAELÍ ENCARCELA SISTEMÁTICAMENTE A NIÑOS Y NIÑAS, SOLO PORQUE PUEDE


Publicado el 15 de marzo de 2023
por el equipo de la campaña
Libertad para los Chicos de Hares (Free the Hares Boys)

Lo llamamos “un crimen que nunca ocurrió”, porque ¿cómo si no llamaríamos a algo que finge un hecho, inventa a sus víctimas, falsifica a los culpables, y luego se disfraza de justicia a pesar de que es un fraude evidente?

Y sin embargo, aunque no hubo delito del que sean culpables, cinco jóvenes seres humanos están cumpliendo una pena de 15 años de prisión por “cometerlo”. Hoy, 15 de marzo, se cumple una década del robo de sus vidas, un robo cometido por el régimen colonial israelí en Palestina.

Durante los tres años posteriores a su violento secuestro a mediados de marzo de 2013, llevamos a cabo una campaña internacional por la liberación de los Chicos de Hares; éramos varias personas procedentes de Europa y las Américas. Nos reunimos en Palestina justo después de que los chicos –entonces de 15 y 16 años–  fueran secuestrados de sus casas en el poblado de Hares (Cisjordania) en mitad de la noche por hombres armados y con uniforme militar. Tomando té y café con sus familias, debatimos qué se podía hacer para ayudar a liberarlos, sabiendo perfectamente que nos enfrentamos a una máquina colonial desalmada que mata por diversión, encarcela a su antojo y se ríe de la justicia, sólo porque puede.

La campaña internacional Libertad para los Chicos de Hares, llevada a cabo con cero recursos financieros, recibió un gran apoyo en todo el mundo: la gente protestó en Londres y organizó concentraciones de solidaridad desde Costa Rica a Bulgaria, desde México a Escocia, escribió a sus legisladores en Gran Bretaña y a distintas embajadas en Tel Aviv, asistió a las “audiencias” de los chicos en los “tribunales”, compartió su historia en árabe, inglés, español, búlgaro, finlandés, sueco, danés, portugués, italiano, alemán, francés, hebreo y japonés. Una vez más, damos las gracias de todo corazón a todas las personas que se involucraron.

Pero el caso de los Chicos de Hares nunca fue sólo sobre los cinco adolescentes del poblado de Hares: fue –y sigue siendo– una trágica ilustración real y ‘de manual’ de un aspecto crucial del colonialismo de Israel en Palestina: el encarcelamiento de sus habitantes nativos y los intentos de aplastar el alma misma de un pueblo. Por eso consideramos importante, al conmemorar este sombrío décimo aniversario, compartir una vez más la historia de los Chicos de Hares. Esperamos que ella honre la inquebrantable humanidad del pueblo palestino frente a la opresión, y sirva de recordatorio de por qué tú y yo decimos “¡Palestina Libre!”, y lo creemos firmemente.

En nuestros comunicados públicos de hace una década, describimos la historia de los chicos con minucioso detalle, desde el momento de su secuestro por soldados israelíes hasta el día en que se anunció su sentencia en el “tribunal” militar de la ocupación. He aquí una versión abreviada de la misma (versión completa aquí).

 “Abraza y besa a tu madre para despedirte”: ¡Arresten a los niños!

Alrededor de las 18:30 horas del jueves 14 de marzo de 2013, un coche chocó contra la parte trasera de un camión sobre la ruta 5, en el distrito de Salfit, Palestina ocupada. La conductora y sus tres hijas resultaron heridas, una de ellas de gravedad. La conductora, Adva Biton, regresaba a su casa en la colonia  israelí ilegal de Yakir cuando se produjo el accidente. Posteriormente afirmó que el mismo había sido culpa de jóvenes palestinos que lanzaron piedras contra su coche. El conductor del camión, tras declarar inmediatamente después del accidente que se había detenido por un pinchazo, cambió de opinión más tarde y dijo que había visto piedras junto a la carretera (Nota: toda Palestina está llena de piedras, siempre).

No hubo testigos del accidente de coche. Nadie había visto a ningún niño o joven tirando piedras ese día.

Sin embargo, en las primeras horas del día siguiente, soldados israelíes enmascarados, algunos con perros de ataque, irrumpieron en el poblado de Hares, situado no lejos de la ruta 5. Más de 50 soldados rompieron las puertas de las casas de los habitantes exigiendo saber el paradero de sus hijos adolescentes. Esa noche secuestraron (“arrestaron”) a diez jóvenes de entre 15 y 17 años: les vendaron los ojos, los esposaron y los trasladaron a un lugar desconocido. No se informó a las familias de las supuestas fechorías de sus hijos.

Dos noches después, se produjo una segunda oleada de detenciones violentas. “Abraza y besa a tu madre para despedirte”, le dijo un agente del Shabak (servicio secreto israelí) a un adolescente. “Puede que no la vuelvas a ver.” Una semana después, jeeps del ejército entraron de nuevo en el pueblo y detuvieron a varios chicos que acababan de volver de la escuela. En total, 19 adolescentes de los poblados vecinos de Hares y Kifl Hares fueron detenidos en relación con el accidente de coche de colonos. Ninguno de ellos tenía antecedentes de haber lanzado piedras.

Bajo custodia israelí, los menores fueron sometidos a una serie de abusos y malos tratos que equivalen a tortura, incluyendo fuertes palizas, amenazas e intimidación, interrogatorios violentos y condiciones inhumanas (lo que se suponía una “celda” –en al menos un caso en el que se mantuvo recluido a un menor de Hares– era un agujero sin ventanas de 1 m de ancho y 2 m de largo, sin colchón ni manta para dormir, inodoro sucio y seis luces brillantes que nunca se apagaban, lo que hizo que el muchacho perdiera la noción del tiempo).

Tras violentos interrogatorios, la mayoría de los menores fueron puestos en libertad, salvo cinco que permanecieron en Megiddo, una prisión israelí para adultos. Estos pasaron a ser conocidos como los Chicos de Hares. Ellos son: Ali Shamlawi, Mohammed Suleiman, Mohammed Kleib, Tamer Souf y Ammar Souf, todos ellos residentes del poblado de Hares, en Palestina ocupada. Tras su detención, permanecieron recluidos en régimen de aislamiento durante dos semanas, y se les negaron las visitas de sus abogados. Al final, tras sufrir aún más malos tratos, firmaron “confesiones” de haber lanzado piedras aquel día de marzo en la ruta 5. Más tarde, todos dijeron repetidamente a sus abogados y familiares que habían firmado esos documentos escritos en hebreo –idioma que no hablaban ni leían ni escribían– para poner fin a la tortura infligida por agentes israelíes adultos a sus jóvenes cuerpos y mentes.

Esas “confesiones” fueron la única “prueba” contra los cinco adolescentes. Entre los “testigos” del fiscal militar – la población palestina, incluyendo los menores de edad, está sometida a los tribunales militares israelíes, no a los civiles– había agentes de policía y de los servicios secretos, ninguno de los cuales estaba siquiera cerca del lugar ese día, y 61 colonos/as israelíes ilegales, quienes afirmaron – después de que el accidente fuera promocionado en los medios israelíes como un “acto terrorista” – que sus coches también habían sido dañados por piedras en esa carretera. A los abogados defensores nunca se les ha mostrado prueba alguna que estos “testigos” hayan sido interrogados alguna vez, si sus afirmaciones fueron verificadas con imágenes de cámaras CCTV y datos de ingresos hospitalarios, o incluso si los supuestos daños en sus vehículos fueron fotografiados o documentados de alguna otra forma.

En tales circunstancias, los cinco Chicos de Hares fueron acusados de 20 cargos de intento de asesinato cada uno (que más tarde se cambió a homicidio involuntario, cuando dos años después del accidente de coche una de las hijas de la mujer colona murió por complicaciones de neumonía) y se enfrentaban a penas de entre 25 años y cadena perpetua. Tras pasar dos años y medio encarcelados y asistir a más de 100 “audiencias” en el tribunal militar –en las que a veces ni siquiera se permitía hablar a sus abogados–, los cinco jóvenes fueron obligados a firmar un acuerdo: 15 años de prisión más una “multa” de 30.000 NIS (7.500 dólares estadounidenses de la época) para cada uno, que se pagarían a la familia colona como “indemnización”. Si se negaban, se les dio a entender que sus condenas aumentarían a 25 años. 


Themis sangra en el suelo

El veredicto fue una tragedia para los cinco chicos y sus familias. Pero también fue una advertencia; antes de que se anunciara, escribimos: “Si los chicos son condenados, este caso sentaría un precedente legal que permitiría al ejército israelí condenar a cualquier niño o joven palestino por intento de asesinato en casos de lanzamiento de piedras».

Aquí es importante señalar que, según la opinión sionista, tirar piedras es “bueno” cuando lo hacen los colonos israelíes ilegales, pero de alguna manera se convierte en “terrorismo” cuando lo hacen los palestinos nativos –o se les acusa de quizás, tal vez, pensar en hacerlo–. Y ahora el gobierno israelí planea convertir en “ley” el asesinato aprobado por el Estado: la pena capital por “terrorismo”, entendido como cualquier acción palestina que Israel diga que lo es. De hecho, los militares israelíes ya ejecutan diariamente a personas palestinas a su antojo, y lo hacen con total impunidad.

El sistema penal militar israelí condena a las y los palestinos en un asombroso porcentaje del 99,74%. Es decir, “si eres palestino, eres culpable”. Cada año, los “tribunales” militares israelíes procesan a unos 700 niños palestinos (de entre 12 y 17 años, aunque se sabe que incluso han encerrado a más chicos). Los malos tratos y/o la tortura de los niños durante su detención, traslado e interrogatorio están bien probados y documentados. Todo este sistema –con sus detenciones arbitrarias, su encarcelamiento sin pruebas ni cargos siquiera, su total desprecio por los derechos humanos fundamentales o los estándares del debido proceso– es sencillamente una burla de la justicia. En palabras de un destacado abogado británico de derechos humanos, el caso de los Chicos de Hares “se habría ganado en menos de 5 minutos si se hubiera juzgado en un verdadero tribunal de justicia”, y no en los centros de horror que simulan ser tribunales dirigidos por militares israelíes.

En este contexto, ¿qué puede hacer la pobre Themis?

El mundialmente famoso caricaturista político brasileño Carlos Latuff, que contribuyó con tres dibujos pidiendo la libertad de los Chicos de Hares, en uno de ellos dibujó a la diosa griega de la justicia sangrando en el suelo después de que un juez militar israelí le disparara con su rifle. La asesinan –balanza de la justicia en una mano, espada en la otra– y a nadie le importa.


La opresión en todo el mundo: los detalles pueden variar, pero el concepto es el mismo

Los Chicos de Hares son un caso entre muchos otros de niños palestinos sometidos a un sistema militar colonial cuyo objetivo último es destruir el tejido social de un pueblo, junto con las relaciones familiares y las redes comunitarias que lo sustentan. El costo de esta persecución y encarcelamiento constantes e interminables puede medirse en sus repercusiones sociales: la interrupción de las actividades vitales ordinarias de la juventud –escuela, universidad, empleo, matrimonio, amistades– provoca graves daños psicológicos a las víctimas y sus familias. Los niños vuelven de la cárcel desmotivados para estudiar, pierden el respeto a sus padres y madres por no poder defenderlos, se ven obligados a vivir con miedo a que se repita la experiencia de la cárcel.

Es la sensación de no poder llevar una vida normal (algo expresado reiteradamente por personas palestinas de todas las edades y condiciones como su principal aspiración y anhelo) ni proyectarse a sí mismo y a sus seres queridos hacia el futuro. Es la devastadora sensación de que la vida es sencillamente insoportable e imposible, lo cual es uno de los objetivos del Estado colonial sionista que, desde sus inicios, ha intentado borrar por completo al pueblo nativo de Palestina. Con este fin, se utilizan todas las herramientas disponibles, especialmente las que sirven para varios objetivos a la vez. El encarcelamiento es una de esas herramientas: pretende dañar tanto la mente como el cuerpo, el alma y el espíritu, al individuo y a la comunidad. Suprime vidas enteras –algunas temporalmente, otras para siempre–; también ayuda a mantener la sensación de inseguridad tanto entre los encarcelados como entre los que encarcelan, con el fin de continuar la opresión.

Los regímenes coloniales y de ocupación practican en todas partes el encarcelamiento político como forma de garantizar la obediencia, aplastar la resistencia, aterrorizar y controlar a la población. Su objetivo es hacer que la gente viva con miedo constante, para que no se rebele contra la opresión. Así ocurrió en la Sudáfrica del apartheid, en las dictaduras latinoamericanas, en Argelia, en Congo y en otros países africanos y asiáticos bajo el colonialismo europeo, ya fuera francés, belga, holandés o británico.

El palestino, como todos los pueblos oprimidos, sabe bien que los colonizados nunca encuentran justicia en los tribunales del poder colonial. Pero también saben que la lucha de los pueblos oprimidos de todo el mundo es, al final, la misma lucha por la libertad. Tal vez por eso, en los muros de Belfast (en el norte de Irlanda) hay pintados murales que expresan la solidaridad entre los presos políticos irlandeses y los palestinos; en los murales se dan la mano a través de los barrotes de la cárcel; en la vida real se comprenden y apoyan mutuamente sus luchas. Tal vez por eso, en febrero de 2012, cuando el panadero palestino Khader Adnan cumplió 53 días de huelga de hambre contra su detención ilegal, el ex preso político irlandés y huelguista de hambre Tommy McKearney envió un mensaje de solidaridad en video a Khader y a su familia. Tal vez por eso un hombre negro detenido en una protesta contra el racismo en Nueva York fue fotografiado con una camiseta que decía PALESTINA. Tal vez por eso Nelson Mandela –quien también estuvo encarcelado por el régimen del apartheid durante casi tres décadas, y hasta 2008 permaneció en la “lista de terroristas” de Estados Unidos– dijo célebremente: “Todos sabemos (…) que nuestra libertad está incompleta sin la libertad del pueblo palestino.”

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En cuanto a los cinco jóvenes del pueblo de Hares en Palestina ocupada, que continúan encarcelados en las mazmorras sionistas por un crimen que nunca ocurrió –Alí, Tamer, Ammar, Mohammed K. y Mohammed S. –, serán liberados dentro de cinco años, tras haber cumplido 30 años. ¿Qué mundo encontrarán? ¿Qué justicia? ¿Qué libertad? ¿Qué Palestina? ¿Y qué humanidad?

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En 2017, para señalar el primer aniversario de la condena de los Chicos de Hares Boys, publicamos un libro electrónico gratuito titulado Los Chicos de Hares: de Palestina a la prisión israelí, que contiene el resumen de su caso, un extenso análisis sobre el sistema penal militar y el sistema penitenciario israelíes, una visión general de la campaña de tres años por la liberación de los chicos, e ideas para conectar las luchas contra el imperialismo y el encarcelamiento político en todo el mundo. Está dirigido a las personas de conciencia de todo el mundo estudiantes, activistas, trabajadoras/es de derechos humanos, jóvenes y mayores de edad, madres y padres actuales y futuros, amantes de los gatos y otros y pretende servir como herramienta para dotar a la gente de conocimientos sobre cómo las entidades políticas utilizan el encarcelamiento para suprimir y destruir la resistencia a su sistema de opresión. Por favor, léelo y compártelo.

Ver también en este blog:
Los Chicos de Hares pueden pasar el resto de sus vidas en la cárcel
La lucha por la libertad de ‘los Cinco de Hares’ continúa    

Los Chicos de Hares van a cumplir 2 años en la cárcel 
Los Chicos de Hares condenados a más de 15 años de prisión

En el reino de la crueldad (I) 
En el reino de la crueldad (II)
A veces las palabras no son necesarias
Detenidos: Testimonios de niños palestinos encarcelado  s por Israel (fotorreportaje)
Niños palestinos: el delito de tirar piedras 

Poster con motivo de los 5 años de prisión de los Chicos de Hares.

 

 

 

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Argentina: Mekorot, el agua, el apartheid y el “blanqueo” de Israel

Palestinos del valle del Jordán sin red de saneamiento ni agua corriente/ Fotografía: Atef Abu a-Rub/ B’tselem. Por Rafael Araya Masry, especial para PIA Global. Cuando nos dicen que “Israel convirtió el desierto en un vergel”, nos están contando la mitad exitosa de la historia. Por la simple razón que no nos dicen a qué […]

Argentina: Mekorot, el agua, el apartheid y el “blanqueo” de Israel

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El apartheid llevado a nuevos extremos (perspectivas para 2023)

 

Colonos israelíes marchan a través de la Puerta de Damasco hacia el barrio musulmán de la Ciudad Vieja de Jerusalén cantando consignas contra la población palestina durante la Marcha de las Banderas. 29/5/2022. (Oren Ziv/ActiveStills)

 

Maureen Clare Murphy*

 

Estos días en Israel abundan los lamentos de los liberales por el ataque del nuevo gobierno contra el Poder Judicial y otras leyes y mecanismos que salvaguardan la democracia en el país, aunque esa democracia haya sido siempre sólo para la población judía.

Pero incluso para quienes ya saben que la democracia israelí es una violenta mentira, y que ha sido una empresa de colonización mantenida mediante el apartheid y el régimen militar desde el principio, hay mucho por lo que preocuparse. Más obviamente para la población palestina, para la cual expulsarle de su patria y sustituirla por colonos judíos extranjeros ha sido siempre la máxima prioridad del Estado judío.

Al fin y al cabo, el anterior gobierno se disolvió para impedir que expirara una medida ‘temporal’ vigente desde 1967 que aplica el derecho civil israelí a los colonos judíos en Cisjordania.

Al convocar nuevas elecciones, esas normas de emergencia se prorrogaron automáticamente, preservando así el sistema de apartheid. Y en lo que fue la quinta elección en tres años, en noviembre la ciudadanía israelí eligió el gobierno más abiertamente fascista y derechista hasta la fecha.

Según la ONG palestina Adalah, los acuerdos de coalición del nuevo gobierno israelí equivalen a una declaración de intención de cometer crímenes según el derecho internacional.

Los principios rectores del nuevo gobierno comienzan con la afirmación de que “el pueblo judío tiene un derecho exclusivo e incuestionable sobre todas las zonas de la tierra de Israel.”

Adalah, que defiende los derechos de la ciudadanía palestina dentro de Israel, afirma que la intención del gobierno es “profundizar la supremacía judía y la segregación racial como principios subyacentes del régimen israelí.” El grupo pide la intervención urgente de la Corte Penal Internacional y de la Corte Internacional de Justicia, así como la reconstitución del Comité Especial de la ONU contra el Apartheid.

En un nuevo documento de posición, Adalah expone cómo los principios rectores del gobierno israelí y los acuerdos de coalición niegan explícitamente el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación.

Las iniciativas y políticas del gobierno se traducirán en más brutalidad contra el pueblo palestino, con aún menos supervisión judicial y ninguna pretensión de rendición de cuentas. Por ejemplo, una enmienda aprobada por el Parlamento israelí a finales de diciembre subordina la policía israelí al ministro de Seguridad Nacional.

Ese ministro resulta ser Itamar Ben-Gvir, discípulo del rabino genocida Meir Kahane y admirador de Baruch Goldstein, un colono nacido en Estados Unidos que masacró a 29 fieles palestinos cuando rezaban en la mezquita Abrahán de Hebrón en 1994.

El partido Poder Judío de Ben-Gvir entró en la coalición tras llegar a un acuerdo con el Likud, encabezado por Benjamin Netanyahu, que ha vuelto a ser primer ministro. El acuerdo establece la intención de Ben-Gvir de reestructurar el cuerpo de policía y revisar la normativa sobre fuego abierto. Es de esperar que esto provoque aún más muertes de personas palestinas a manos de la policía israelí, que de por sí ya aplica una perversa política de gatillo fácil.

Ben-Gvir supervisará la milicia de reserva

Mientras tanto, Ben-Gvir tendrá el control total de la guardia nacional israelí, creada por el entonces primer ministro Naftali Bennett el año pasado para “institucionalizar la cooperación entre civiles judeoisraelíes armados y la policía”, como dice Adalah.

Bennett pidió la formalización de esta fuerza tras los mortíferos episodios de violencia estatal y turbas terroristas contra la población palestina de Israel durante el estallido de mayo de 2021, apodado la “intifada de la unidad”.

“Las autoridades israelíes otorgaron una amplia inmunidad a los civiles judeoisraelíes por estos ataques, incluso −y de la forma más escandalosa− en el caso del asesinato de Moussa Hassouna”, según Adalah. Hassouna, ciudadano palestino de Israel, fue asesinado a tiros en Lydd en mayo de 2021.

Destacados políticos presionaron a la policía durante toda la investigación de la muerte de Hassouna para que los sospechosos de su asesinato quedaran en libertad. El entonces ministro de Seguridad Pública, Amir Ohana, actual presidente del Parlamento israelí, pidió que los sospechosos de asesinar a Hassouna quedaran en libertad, afirmando que constituían una “fuerza multiplicadora de las autoridades para la neutralización inmediata de la amenaza y el peligro.”

La institucionalización de esta cooperación equivale a la creación de una milicia de reserva para ejercer la violencia contra los palestinos, como la que mató a Hassouna.

El hecho de que exista una fuerza de este tipo debería ser extremadamente preocupante. Que esté controlada por Ben-Gvir lo es aún más, dada su instigación de los ataques de mayo de 2021 y la violencia más reciente de las turbas de colonos contra la población palestina en el barrio Sheikh Jarrah de Jerusalén y en Hebrón, donde vive Ben-Gvir.

Mientras tanto, el partido Sionismo Religioso, dirigido por el ministro de Finanzas también de extrema derecha Bezalel Smotrich, ha acordado con el Likud que el Shin Bet −la tristemente célebre policía secreta israelí− forme una unidad especial para ayudar a la policía a combatir la “delincuencia motivada por el nacionalismo” entre la población palestina de Israel.

Adalah afirma que esta iniciativa forma parte de un “proyecto en curso particularmente insidioso (…) para utilizar el temor real de las comunidades palestinas (…) como pretexto para una actuación policial racializada.” El grupo añade que la actividad encubierta del Shin Bet “recuerda al período de gobierno militar de 1948-1966, y supone un peligro más para los derechos básicos de la población palestina con ciudadanía israelí.”

Además, estas nuevas políticas policiales “equivalen a una expansión de los dos sistemas separados de aplicación de la ley y de control basados en la identidad racial” que operan según “la total discrecionalidad de líderes políticos abiertamente racistas.”

Codificando la impunidad

Mientras Ben-Gvir avanza una normativa más laxa en materia de fuego abierto, el gobierno ha dejado clara su intención de “codificar la política de impunidad casi total de sus fuerzas armadas en los casos donde las víctimas sean palestinas”, en palabras de Adalah.

La expresión política palestina también está en el punto de mira del gobierno, con una propuesta para introducir legislación en un plazo de seis meses que prohibiría desplegar la bandera palestina en instituciones financiadas por el Estado, como las universidades.

Mientras tanto, el nuevo gobierno se ha comprometido a levantar la prohibición de presentarse al parlamento israelí a partidos y candidatos que inciten al racismo. También pretende descalificar a “una lista o un candidato (…) que niegue la existencia del Estado de Israel como Estado judío y democrático o apoye el terrorismo.”

Según Adalah, esto podría impedir participar en las elecciones a “una lista o un candidato que defienda valores democráticos como un Estado de igualdad para todos sus ciudadanos y ciudadanas”. “Si se aprueba, esta enmienda protegerá constitucionalmente las ideologías racistas y cercenará gravemente los puntos de vista democráticos.”

Los acuerdos de coalición también prevén sacar adelante una legislación que aplicaría la pena de muerte por “actos de terrorismo dirigidos a dañar al Estado de Israel como Estado del pueblo judío.”

El lenguaje del acuerdo, afirma Adalah, deja “explícitamente claro que la ley se aplicará racialmente y apuntará específicamente a las personas palestinas, mientras que exime a las personas judeoisraelíes que cometan actos extremos y violentos de terrorismo contra la población palestina.”

La legisladora de Poder Judío Limor Son Har-Melech, correligionaria de Ben Gvir, ha ido aún más lejos al pedir la pena de muerte para cualquier palestino que mate a un judío, pero cadena perpetua para cualquier judío “que mate a un árabe”, una visión extrema del estatus separado y desigual que vive el pueblo palestino bajo el régimen de apartheid israelí.

El gobierno también ha aprobado por la vía rápida proyectos de ley que permitirían revocar la ciudadanía o la residencia israelíes a personas palestinas con condenas “terroristas» que reciban estipendios de la Autoridad Palestina.

 “Es mejor cometer los peores crímenes si eres judío”, dijo Ahmad Tibi, miembro palestino del parlamento israelí, en oposición a la medida. Tibi señaló que no hubo iniciativas para despojar de su ciudadanía a Yigal Amir, el judío que asesinó al primer ministro israelí Isaac Rabin en 1995, ni a Ami Popper, que mató a siete trabajadores palestinos en 1990.

 “Prefiero a los asesinos judíos que a los asesinos árabes”, dijo el legislador del Likud Hanoch Milwidsky en respuesta a Tibi, quien a su vez dijo que el comentario de Milwidsky “resume esta legislatura”, antes de pedirle que lo repitiera en inglés. “Hemos terminado de disculparnos por ello”, dijo Milwidsky en inglés.

Judaización y apropiación de tierras

Una de las principales prioridades del gobierno, como queda claro en los acuerdos de coalición, es la judaización del desierto del Naqab (Negev) y de Galilea, en el sur y en el norte de Israel, respectivamente, donde la población palestina es muy numerosa.

El acuerdo de coalición del partido Poder Judío con el Likud centraliza el “poder de determinar las políticas de ordenamiento territorial y urbanístico en Israel”, según Adalah, poniendo en manos de Ben-Gvir las políticas y autoridades de ordenamiento territorial, parques y ministerio de Medio Ambiente.

Una autoridad ampliada del recién rebautizado Ministerio para el Desarrollo del Negev, Galilea y la Resiliencia Nacional abarcará “zonas periféricas” como las colonias israelíes de la zona C de Cisjordania, lo que permitirá “al Estado canalizar aún más fondos” hacia ellas, en violación del derecho internacional.

Mientras tanto, el gobierno planea “otorgar beneficios adicionales exclusivamente a las ciudades judías de Galilea; se trata de recursos estatales de los que están expresamente excluidas las ciudades palestinas.”

Para afianzar aún más “la hegemonía judía en el ámbito de la vivienda”, como afirma Adalah, el gobierno tiene previsto modificar una ley para legalizar la prohibición [actualmente de facto] de que personas palestinas residan en ciudades exclusivamente judías, eliminando así cualquier salvaguarda  contra la discriminación, algo que muchas comunidades judeoisraelíes llevan tiempo buscando.

Entretanto, la llamada “administración civil” de Cisjordania (COGAT, el brazo burocrático de la ocupación militar) está ahora bajo la supervisión directa de Smotrich, que fue fundador de Regavin, una organización de extrema derecha pro-colonización, la cual entre otras cosas ha protestado por el retraso en la destrucción de Khan al-Ahmar, una comunidad palestina en las afueras de Jerusalén. Regavim también ha presentado iniciativas legales para negar permisos de construcción a las poblaciones palestina y siria en Cisjordania, el Naqab y los Altos del Golán. Antes, los nombramientos para el COGAT los hacían los militares israelíes con la aprobación del ministro de Defensa. Ahora los hará Smotrich.

Así que ahora la población palestina de Cisjordania no solo vivirá bajo la dictadura militar israelí, sino también bajo la de sus colonos más fanáticos y de línea más dura. Como afirma Sarit Michaeli, del grupo israelí de derechos humanos B’Tselem, “esperen ver un aumento masivo de todo lo que tenga como objetivo hacer sufrir a la población palestina, incluyendo las demoliciones [de propiedades] y las confiscaciones de tierras.”

Formalizar la discriminación

El nuevo gobierno pretende formalizar una miríada de medidas por las que la población palestina ha sido discriminada durante mucho tiempo en prácticamente todas las áreas, tanto en virtud de órdenes de emergencia temporales como fuera de los límites de la ley.

Así, la congelación de las solicitudes de unificación familiar palestina −una medida “temporal” impuesta hace dos décadas− se convertirá ahora en una prohibición oficial que impedirá a las personas palestinas con ciudadanía israelí y a las que residen en Jerusalén Este vivir con sus cónyuges de Cisjordania o Gaza.

Estas formas de opresión, que son la realidad de facto desde hace mucho tiempo, sirven a Israel para consolidar su poder y poder colonizar la tierra palestina con la menor resistencia posible. La fragmentación geográfica y social de la población palestina y la ingeniería demográfica son medios primordiales con los que Israel ha ejercido su control colonial.

Ahora que Israel se arrancó la máscara de democracia liberal que ha llevado puesta hasta ahora, los grupos que promueven su agenda en el extranjero están haciendo sonar la alarma.

El objetivo del nuevo gobierno de reformar el poder judicial y debilitar y limitar la autoridad de la Corte Suprema preocupa especialmente a los defensores de Israel en Norteamérica, Europa y otros lugares. Según Adalah, la reforma permitiría al Parlamento israelí promulgar leyes incluso si la Corte Suprema las considera inconstitucionales, y excluir de la revisión judicial “cualquier asunto”.

La Corte Suprema de Israel ya ha servido para avalar las violaciones israelíes de los derechos del pueblo palestino, como el desplazamiento forzoso masivo de población y la expulsión de ciudadanos palestinos del Estado, así como el crimen de guerra del castigo colectivo, como las demoliciones punitivas de viviendas y la retención de los cadáveres de palestinos asesinados para utilizarlos como moneda de cambio. No obstante, −al igual que la supresión de las falsas ‘autoinvestigaciones’ de Israel sobre los asesinatos de palestinos− el debilitamiento del más alto tribunal representa la eliminación de otra supuesta salvaguardia para la protección de los derechos fundamentales.

Silenciar las críticas

Adalah señala que uno de los acuerdos de la coalición estipula la aprobación de una ley “por la que se impone un impuesto sobre las donaciones de entidades gubernamentales extranjeras a organizaciones sociales sin fines de lucro.”

La medida, destinada a matar de hambre y silenciar a los grupos de la sociedad civil críticos con Israel, amplía las medidas represivas ya impuestas a las organizaciones no gubernamentales a ambos lados de la Línea Verde, a medida que el régimen acelera el ritmo de la colonización con toda la violencia que ello conlleva.

El gabinete de seguridad de Israel −un grupo selecto dentro del gobierno− ya ha declarado su intención de castigar a las organizaciones de Cisjordania que emprendan “acciones diplomático-judiciales” contra Israel. Como explica Noa Landau, columnista del diario Haaretz de Tel Aviv, esto equivale a “una declaración oficial de guerra contra todos los grupos de la sociedad civil palestina que luchan contra la ocupación israelí por medios pacíficos.”

El anterior ministro de Defensa, Benny Gantz, se esforzó mucho en utilizar las opresivas y amplias leyes antiterroristas de Israel, haciendo afirmaciones vagas y sin fundamento para justificar la declaración de “grupo terrorista” contra destacadas organizaciones palestinas en octubre de 2021. En agosto de 2022 estos colectivos fueron objeto de allanamientos y se ordenó su clausura.

La nueva decisión del gabinete de seguridad evita al Estado tener que pasar por todo ese esfuerzo de mantener un barniz de legalidad. “En lugar de molestarse en inventar tales conexiones indirectas, el gobierno israelí simplemente declara en negro sobre blanco que, en lo que a él respecta, toda acción diplomática y judicial (…) es fundamentalmente ‘hostil’ y está en el mismo rango que el terrorismo”, escribe Landau.

Grupos sionistas liberales como Peace Now y New Israel Fund, y grupos israelíes contra la ocupación como Breaking the Silence, también están en el punto de mira. Como Smotrich califica a los grupos de derechos humanos de “amenaza existencial para el Estado de Israel”, cualquier grupo que se interponga en el camino del gobierno teocrático puede ver criminalizada su labor.

Como señala Adalah, “los acuerdos de coalición incluyen principios y compromisos que suponen amplias violaciones del principio de separación de poderes y de las relaciones entre religión y Estado.” “Las políticas e iniciativas del gobierno violarán los derechos civiles en todos los ámbitos, incluyendo los de las mujeres y las personas LGBT+.”

Las personas inmigrantes y solicitantes de asilo también estarán entre los grupos más vulnerables, ya que el acuerdo de coalición firmado por el Likud y el Sionismo Religioso reclama una legislación que permita el “encarcelamiento ilimitado de solicitantes de asilo y trabajadores extranjeros que no puedan ser deportados de Israel”, informa Haaretz.

Zvika Fogel, legislador del partido Poder Judío de Ben-Gvir, ha pedido incluso la detención de líderes de la oposición y de dos ex legisladores por “traición al Estado” por sus críticas y convocatorias a protestas masivas contra los planes del gobierno de recortar el Poder Judicial. Entre los líderes de la oposición que quiere detener se encuentra Yair Lapid, hasta hace poco Primer Ministro de Israel.

Está claro que al afirmar que “la ocupación es permanente”, Fogel, Ben-Gvir y sus aliados de extrema derecha, incluido Bezalel Smotrich, son el Estado, y su palabra representa la ley. Como observa un dirigente de J Street −el grupo liberal de lobby pro Israel en EE.UU.−, a Fogel no le pesa el manto del civismo. Dado que “articula la venenosa verdad de los objetivos del partido” que Ben-Gvir enmascara con el lenguaje de la moderación, merece la pena escuchar a Fogel.

Business as usual

A pesar de todo esto, los aliados de Israel se contentan con seguir adelante, como de costumbre, insistiendo en una solución de dos Estados que hace tiempo mataron los anteriores gobiernos israelíes.

La Unión Europea ya ha declarado su intención de mejorar la cooperación con el gobierno de extrema derecha de Tel Aviv. El embajador de EE.UU. en Israel ha declarado en los últimos días a la radiotelevisión estatal de este país que no existen líneas rojas, ni siquiera amarillas, cuando se trata de Israel; a lo sumo, al parecer, severas miradas de desaprobación.

Mientras tanto, Israel está arrasando los restos de los Acuerdos de Oslo, imponiendo sanciones devastadoras a la Autoridad Palestina en castigo por haber impulsado en la ONU la solicitud de una opinión consultiva a la Corte Internacional de Justicia sobre la situación jurídica de la prolongada ocupación israelí.

Con ese largo historial de normalización de violaciones cada vez peores de los derechos palestinos, no es de extrañar que el nuevo gobierno israelí parezca tener la seguridad de que su intención declarada de anexionarse más tierras de Cisjordania −en flagrante violación del derecho internacional− es un hecho consumado.

Fogel, ex jefe del Estado Mayor del “comando sur” del ejército israelí, que abarca la Franja de Gaza, ha llamado a una “guerra final” para “someter a los palestinos de una vez para siempre.”

Si las voces críticas de Israel como Adalah son silenciadas, nadie podrá decir que no hubo sobradas advertencias sobre la horrible violencia que −está garantizado− va a desatarse.

* Maureen Clare Murphy es editora principal de The Electronic Intifada.
Publicado en The Electronic Intifada el 14/1/2023. Traducción: María Landi.
VIDEO compartido por Mohammed El-Kurd en Twitter: Yontan Yossef, concejal de Jerusalén, irrumpe en el barrio Sheikh Jarrah al grito de «Queremos la Nakba ya«. Este hombre es responsable de denegar miles y miles de solicitudes de permisos de construcción palestinas en la ciudad.

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Palestina: balance de 2022, Institute for Middle East Understanding
231 Palestinians were killed in 2022. These are their stories, Yumna Patel
2022 was deadliest year for West Bank Palestinians in nearly two decades, Miriam Berger
2022 in review: Palestine’s moment of truth, Yumna Patel, Mariam Barghouti, Faris Giacaman
A year of resistance and repression: a timeline of ‘Operation Break the Wave’, Mariam Barghouti
Is Ben-Gvir preparing a holy war against the Palestinians?, Jonathan Cook
Land grabs. Homophobia. Radicalized police: What to expect from Israel’s far-right government,   Natasha Roth-Rowland
Smotrich is about to become the West Bank’s overlord. Here’s what’s at stake,  Eliav Lieblich
Fascism strengthens Israeli apartheid, International Jewish Collective for Justice in Palestine
Do I believe in violence?, Mohammed El-Kurd

 

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Nuevo informe palestino sobre el apartheid israelí

No resulta sorprendente que, una vez más, la comunidad internacional haya ignorado -o al menos soslayado- un nuevo informe sobre el apartheid israelí, dado a conocer el 29 de noviembre pasado; es el último de este año, que se suma a la cascada de informes iniciada a principios de 2021 con el de B’Tselem-.
Y no sorprende, repito, porque este importante informe de 220 páginas fue elaborado por la prestigiosa organización de derechos humanos palestina Al-Haq, con la adhesión de otras organizaciones de la sociedad civil palestina*. Hay una inclinación casi atávica en Occidente a soslayar todo lo que tiene autoría palestina. Incluso muy pocos han reconocido que los informes internacionales de 2021-2022 son producto precisamente del trabajo incesante y tenaz de la sociedad civil palestina para describir, documentar y crear conciencia sobre la naturaleza de la dominación israelí.
Tampoco resulta sorprendente que precisamente estas organizaciones se hayan convertido en blanco favorito de la criminalización y persecución por parte del régimen israelí: ellas están eficazmente revelando al mundo la verdad: un lujo que «Israel» no puede darse. A continuación, un artículo sobre este último informe.
* Las otras organizaciones que suscriben el informe son: Addameer (Asociación de apoyo a lxs prisionerxs y los derechos humanos), el Centro Al Mezan para los DD.HH., el Centro de Acción Comunitaria de la Universidad Al-Quds (CAC), el Centro de ayuda legal y DD.HH. de Jerusalén (JLAC), la Iniciativa palestina para la promoción del diálogo global y la democracia (MIFTAH), el Centro Palestino de DD.HH. (PCHR) y la Coalición cívica para los derechos palestinos en Jerusalén (CCPRJ).

Carátula del nuevo informe presentado por Al-Haq el 29 de noviembre de 2022.

 

Grupos de derechos humanos palestinos publican un nuevo informe: “Apartheid israelí: herramienta del colonialismo de asentamiento sionista”

El nuevo informe analiza el apartheid como “elemento estructural del colonialismo de asentamiento sionista”, un marco interpretativo que los informes anteriores con enfoque de derechos humanos sobre el apartheid israelí pasaron por alto.


Yumna Patel

La organización palestina de derechos humanos Al-Haq, junto con una coalición de otras destacadas organizaciones de la sociedad civil palestina, ha publicado un nuevo informe histórico sobre el apartheid israelí, titulado “Apartheid israelí: herramienta del colonialismo de asentamiento sionista”.

El nuevo informe, publicado el 29 de noviembre, analiza el apartheid como “elemento estructural del colonialismo de asentamiento sionista”, un marco interpretativo que hasta ahora habían pasado por alto las organizaciones de derechos humanos internacionales e israelíes en sus propios informes sobre el apartheid israelí.

“La sociedad civil palestina exige la descolonización y el desmantelamiento del colonialismo de asentamiento y del régimen de apartheid de Israel, el cumplimiento del derecho inalienable del pueblo palestino a la autodeterminación −negado sistemáticamente desde el Mandato británico− y el derecho al retorno de la población palestina refugiada y exiliada en la diáspora”, afirmó Al-Haq en un comunicado el día de la publicación del informe.

Desde 2021, varias organizaciones de derechos humanos israelíes e internacionales, como B’Tselem, Human Rights Watch y Amnistía Internacional, han publicado sus propios informes sobre el apartheid israelí. Si bien cada uno de estos informes fue significativo, ya sea para crear conciencia o promover los debates existentes sobre el apartheid israelí, las críticas señalaron que los informes se quedaron cortos en una serie de cuestiones; en particular, el papel de la ideología sionista en la conducción del proyecto de asentamiento colonial israelí.

Lo que pretende el informe de Al-Haq, según sus autores, es replantear la discusión en torno al apartheid israelí para poner en el centro los relatos de la población palestina sobre su propia desposesión y desplazamiento, reconocer el derecho colectivo del pueblo palestino a la autodeterminación y dar prioridad a la descolonización frente a los enfoques de “igualdad liberal” para acabar con el apartheid.

“El apartheid es una forma de colonialismo de asentamiento, o de colonialismo en general. No está aislado de ese contexto”, declaró a Mondoweiss Rania Muhareb, una de las autoras del informe. “A través del marco teórico del colonialismo de asentamiento entendemos por qué existe el apartheid, por qué se aplican estas leyes, políticas y prácticas que discriminan y fragmentan al pueblo palestino”, continuó. “Al comprender el papel que juegan la ideología, las instituciones y la política sionistas, empezamos a ver el contexto más amplio del sistema de apartheid”, dijo Muhareb.

Colonialismo de asentamiento sionista y apartheid

Durante décadas, las y los palestinos han utilizado el término apartheid para describir la realidad de discriminación y opresión en la que viven, tanto dentro como fuera de la Línea Verde.

Aunque el término ‘apartheid’ se ha convertido en sinónimo del contexto sudafricano, según el derecho internacional el crimen de apartheid es un marco que puede aplicarse a cualquier situación de segregación racial institucionalizada.

Organizaciones de derechos humanos −como Al-Haq− sostienen que el régimen de Israel cumple con los criterios establecidos por el derecho internacional para caracterizar el apartheid: una serie de actos inhumanos cometidos con el propósito de establecer y mantener la dominación de un grupo racial sobre otro.

Estos actos inhumanos abarcan una serie de categorías de violaciones cometidas por el régimen israelí contra el pueblo palestino, entre las que se incluyen: la denegación del derecho a la tierra y a la propiedad, políticas de castigo colectivo (como las demoliciones punitivas de viviendas), encarcelamientos y detenciones arbitrarias, ejecuciones extrajudiciales, etc.

Sin embargo, lo que Al-Haq y la coalición de grupos de derechos humanos sostienen en el nuevo informe es que el marco del apartheid no llega lo suficientemente lejos como para comprender con precisión la situación de la población palestina en su conjunto: dentro del territorio ocupado, al otro lado de la Línea Verde y en la diáspora. “Para comprender el régimen de apartheid de Israel es necesario reconocer los fundamentos coloniales del sionismo”, afirma Al-Haq.

En el informe, Al-Haq explora las raíces del sionismo y del movimiento sionista a finales del siglo XIX como uno de los antecedentes del apartheid israelí, argumentando que la creación de organizaciones sionistas paraestatales como el Fondo Nacional Judío (FNJ) y la Organización Sionista Mundial (OSM), permitió la “dominación colonial sionista sobre el pueblo palestino”, y el establecimiento de los cimientos del apartheid israelí.

Organizaciones como el FNJ, la OSM y la Agencia Judía (AJ), anteriores a la creación del Estado de Israel, se establecieron con el propósito de ofrecer derechos y privilegios a las y los inmigrantes judíos a expensas de la población árabe autóctona. Hasta el día de hoy, a estas organizaciones se les siguen confiriendo funciones públicas del Estado; por ejemplo, el control del JNF sobre la distribución y administración de tierras públicas en Israel.

“Las instituciones, leyes, políticas y prácticas sionistas se pusieron en marcha para desplazar y fragmentar al pueblo palestino, negar a las personas refugiadas su derecho a regresar a sus tierras y discriminar a la población palestina en casi [todos] los aspectos de la vida”, afirma Al-Haq.

Rania Muhareb explica que entender el apartheid dentro del contexto del colonialismo de asentamiento sionista es esencial para desmantelar el apartheid israelí, porque sin el marco colonial, la atención se sigue centrando en las leyes y prácticas discriminatorias, en tanto se ignora el sistema opresivo más amplio en funcionamiento.

“Para nosotras, derogar las leyes israelíes que son discriminatorias hacia la población palestina es insuficiente”, afirmó Muhareb. “Porque la cuestión no son sólo las leyes, sino el papel de la ideología y las instituciones sionistas, como el FNJ, la AJ y la OSM, que han privilegiado a las personas de origen o ascendencia judía, y han seguido haciéndolo a través de la colonización de Palestina y el establecimiento de colonias judías en Cisjordania y también dentro de la Línea Verde”, continuó.

“Derogar leyes no es suficiente. Es necesario derogar la ideología y el papel de esas organizaciones. Por eso es esencial vincular estos marcos interpretativos y entenderlos conjuntamente. En última instancia, eso es lo que ayudará en los esfuerzos de movilización contra el apartheid israelí.”

Recomendaciones y demandas

La conclusión del informe de 220 páginas establece una lista de recomendaciones dirigidas a la comunidad internacional −incluidos terceros Estados−, la Corte Internacional de Justicia (CIJ), la Corte Penal Internacional (CPI) y otros organismos de la ONU, sobre qué medidas pueden adoptarse para desmantelar el colonialismo de asentamiento y el apartheid israelíes y “descolonizar completamente Palestina.”

“Esto debe incluir el desmantelamiento de todas las estructuras de dominación, explotación y opresión y la realización de los derechos inalienables del pueblo palestino, entre ellos a la autodeterminación y a regresar a sus hogares, tierras y propiedades”, afirma Al-Haq.

Entre la lista de recomendaciones se encuentran:

  • El reconocimiento y la condena de las leyes, políticas y prácticas discriminatorias de Israel que contribuyen a mantener un sistema de apartheid sobre el pueblo palestino.

  • La imposición de sanciones económicas a Israel.

  • La ruptura de todos los lazos y acuerdos culturales, económicos, comerciales y de cooperación con Israel.

  • La adopción de una resolución para reconstituir el Comité Especial de la ONU contra el Apartheid y el Centro de la ONU contra el Apartheid, con el fin de investigar el crimen de lesa humanidad de apartheid que las autoridades israelíes cometen contra el pueblo palestino en su conjunto.

  • La agilización de la actual investigación del Fiscal de la CPI sobre posibles crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad cometidos en los territorios palestinos ocupados.

“Insistimos en que no puede haber solución a la situación mientras la comunidad internacional siga ignorando las violaciones sistemáticas de los derechos humanos y el régimen colonialista y de apartheid de Israel y, al hacerlo, siga sosteniendo el ilegal proyecto de asentamiento colonial sionista a costa de la liberación palestina”, sostiene Al-Haq.

 

Publicado en Mondoweiss el 6/12/22. Traducción: María Landi.
Documental «Dentro del apartheid israelí» dado a conocer por Mondoweiss en mayo de 2022:

Durante décadas, el pueblo palestino ha acusado a Israel de cometer el crimen del apartheid, al imponer dos sistemas diferentes en el territorio existente entre el río Jordán y el mar Mediterráneo: un sistema que privilegia a la población judía y otro que discrimina a la población palestina. Ahora, el resto del mundo se está poniendo al día. El año pasado, las principales organizaciones de derechos humanos internacionales e israelíes se unieron a sus homólogas palestinas para definir a Israel como un Estado de apartheid. Desde Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza ocupadas, hasta las comunidades palestinas dentro de Israel, este documental es una mirada al interior del apartheid israelí.

 

 

 

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El resurgir de la lucha armada en Cisjordania

 

Posters de los mártires tapizan la Ciudad Vieja de Nablus (noviembre 2022, Ahmad Al-Bazz, MEE).

En el año que termina, Yenín y Nablus -dos ciudades del norte de Cisjordania- volvieron a estar en las noticias debido a la reaparición de actividad armada palestina. Las dos ciudades fueron epicentro de la lucha armada durante la segunda intifada, hace 20 años, y las dos sufrieron también la invasión y destrucción por parte de las fuerzas israelíes.

Al igual que hace dos décadas, en Yenín la actividad se concentra en el campo de refugiados del mismo nombre, y en Nablus en la Ciudad Vieja -y también en el campo de refugiados de Balata-. Según el mandato recibido en los Acuerdos de Oslo, la Autoridad Palestina se dedicó durante estas dos décadas a suprimir y reprimir a las organizaciones armadas en Cisjordania, en estrecha coordinación con las fuerzas israelíes. Y lo hizo de manera eficiente, aparentemente. Todos los militantes que pasaban por las cárceles de la AP, poco después de liberados eran arrestados por Israel (o viceversa). Esporádicamente surgían -y surgen- en ambos lugares episodios de enfrentamientos entre las fuerzas de la AP y distintos grupos armados, desde las brigadas de los partidos históricos (Fatah, Yihad Islámica, Hamas, FPLP) hasta bandas dedicadas a actividades criminales de dudosa índole (en el caso de Balata) que generaron incluso enfrentamientos internos.

Pero las características de esta nueva fase son diferentes (como se verá en los artículos a continuación): los nuevos grupos armados no se identifican con un partido especial, sino que son nuevas formaciones donde participan militantes independientes o de las alas armadas de los distintos partidos en forma unitaria (como ocurre ya en Gaza); sus integrantes son muy jóvenes (entre 18 y 25 años), su extracción es de base comunitaria y -salvo algunas acciones puntuales realizadas en Tel Aviv– actúan principalmente en su zona de residencia, dirigiendo su accionar hacia los soldados y los colonos violentos de los alrededores, en los checkpoints militares y cruces de carreteras, y también defendiendo su ciudad o mujayyam durante las incursiones de las fuerzas israelíes.

Su lucha armada no pretende obtener victorias ante la poderosa maquinaria bélica israelí, sino inspirar a la juventud y despertar un sentido de dignidad y esperanza entre sus conciudadanxs. Prefieren morir resistiendo antes que aceptar la muerte en vida y sin futuro a que los condena el régimen colonial. Quizás por eso, los integrantes de estos nuevos grupos armados son admirados por sus familias y comunidades, que los cobijan y protegen, a pesar del altísimo precio que la brutal y desproporcionada represión israelí les hace pagar.

A continuación, el resumen semanal de coyuntura de Mondoweiss, enviado el 21/11/22:

West Bank dispatch (Despacho desde Cisjordania) – Nov. 14 – 21

Mártires, lobos solitarios y leones clandestinos

En los últimos meses se ha visto la evolución de dos dinámicas en paralelo: la proliferación de ataques de ‘lobos solitarios’ y la expansión de grupos de resistencia armada organizados. Israel se ha esforzado por erradicar ambos tipos de resistencia, pero ha tenido bastante menos éxito a la hora de anticipar y prevenir las acciones de los lobos solitarios.

La semana pasada comenzó con un atentado de apuñalamiento y embestida de ‘lobo solitario’ perpetrado por Muhammad Murad Souf (18), que causó la muerte de 3 colonos israelíes en la zona industrial de Ariel. La semana terminó con la incursión del ejército israelí en Yenín en busca de un combatiente de la resistencia palestina en la mañana del 21 de noviembre, durante la cual los soldados dispararon y mataron al joven Mahmoud al-Saadi durante los enfrentamientos con el ejército. Esta semana también ha sido notable por una declaración del grupo de resistencia armada con sede en Nablus, la Guarida de los Leones, en la que el grupo anuncia que ha adoptado un cambio de táctica para enfrentarse al ejército israelí.

La operación en Ariel se produjo después de dos semanas de relativa tranquilidad en el frente de la resistencia, con escasos informes de operaciones −tanto de ‘lobos solitarios’ como de la resistencia armada organizada− en Cisjordania. Antes del ataque con arma blanca en el asentamiento de Ariel, el último apuñalamiento de un lobo solitario se produjo el 3 de noviembre, cuando un estudiante universitario palestino de 20 años murió tras apuñalar a un policía israelí en la Ciudad Vieja de Jerusalén ocupada. Antes de la operación en Ariel, tampoco se había oído mucho sobre la Guarida de los Leones, que no había emitido ninguna declaración oficial reivindicando la responsabilidad de las operaciones armadas contra la ocupación israelí desde el 9 de noviembre.

Las operaciones de los lobos solitarios son formas de resistencia fundamentalmente ofensivas, y durante los últimos siete años Israel ha sido en gran medida impotente para evitar que se produzcan. Por definición, los ataques de los lobos solitarios no dependen de una amplia red de personas, no requieren recursos significativos y a menudo utilizan cuchillos, pistolas u otras armas rudimentarias. También suelen ser más mortíferos, pues se producen a quemarropa y sin apenas planificación previa. Udai al-Tamimi mató al soldado israelí Noah Lazar utilizando sólo una pistola, y logró eludir una masiva persecución militar durante 10 días antes de hacer su última parada, mientras que Muhammad Souf mató a tres colonos con un cuchillo y un auto.

La respuesta israelí y la vasta campaña de detenciones de cualquier persona en los círculos sociales inmediatos de esos lobos solitarios ha sido tan histérica como ineficaz. La razón principal es que estas operaciones de resistencia individual se han llevado a cabo a menudo de forma espontánea e independiente de cualquier estructura organizativa infiltrada o fuertemente vigilada.

Por otra parte, la actividad militar de los grupos armados en Nablus y Yenín ha sido en gran medida defensiva, al lanzar operaciones contra objetivos militares israelíes cercanos o disparar contra las incursiones de las fuerzas israelíes y las invasiones de colonos cerca de la Tumba de José (Nablus). El número de bajas registradas en las filas israelíes por parte de esos grupos ha sido limitado.

La operación llevada a cabo por Raad Khazem, en la que murieron tres israelíes, fue única en el sentido de que, si bien se trató de un ataque de lobo solitario, Khazem también procedía del campo de refugiados de Yenín, y era producto del resurgimiento de la presencia armada en Yenín. Tras la operación de Khazem, Israel anunció que lanzaría una guerra contra el campo de Yenín y contra los bastiones de la resistencia armada en Cisjordania, y fue la inauguración de la Operación Romper la Ola en Yenín.

En otras palabras, el acto más mortífero de los grupos de resistencia armada, y el que instigó la operación Romper la Ola, fue un ataque de lobo solitario.

Israel se ha acostumbrado a lidiar con grupos armados organizados −compuestos por un amplio número de integrantes− que pueden ser infiltrados, vigilados y convertidos en blanco para ser aniquilados. Los grupos de resistencia armada de Nablus y Yenín han sido objeto de un esfuerzo concertado de contrainsurgencia por parte de Israel, marcado por asesinatos selectivos, amplia recopilación de información y extensos operativos de búsqueda y captura. Uno de los mayores ataques masivos a la Ciudad Vieja de Nablus, el pasado mes de octubre, asestó un importante golpe a la Guarida de los Leones al asesinar a Wadee al-Hawah, uno de los principales líderes del grupo, junto a algunos de sus compañeros. Tras el asesinato de Hawah, varios miembros de la Guarida de los Leones se entregaron a la Autoridad Palestina a cambio de una supuesta amnistía, lo cual dejó en la incertidumbre el destino del grupo.

En general, esto ha significado que la contrainsurgencia israelí ha podido alcanzar objetivos concretos en su intento de erradicar la infraestructura de las organizaciones de la resistencia. Aunque Israel se ha vuelto experto en infiltrar y atacar a estos grupos, la brutal campaña de asesinatos israelí parece haber sido facilitada en parte por las medidas de seguridad relativamente laxas adoptadas por los combatientes de la resistencia, la mayoría de los cuales eran adolescentes y veinteañeros sin formación militar formal.

Pero algo de esto podría estar cambiando, como indica la reciente declaración de la Guarida de los Leones en su canal de Telegram.

El 20 de noviembre, el grupo anunció que el sábado había atraído a una unidad de fuerzas especiales israelíes hacia la Ciudad Vieja de Nablus en su búsqueda de “líderes de la Guarida [de los Leones] que son desconocidos para el público en general.” En una aparente emboscada preparada por el grupo armado, la unidad de fuerzas especiales israelíes se vio enfrentada a tiroteos y explosivos “desde tres direcciones”, lo cual, según el comunicado de Telegram, hizo que el ejército pidiera decenas de refuerzos antes de retirarse. El comunicado continuaba saludando a “todos los combatientes de la Brigada Balata y a nuestras valientes facciones que participaron en esta batalla.”

Pero lo más notable de la declaración era su indicación de que la Guarida de los Leones “ahora está enfrentando al ocupante con tácticas diferentes”. La declaración decía:

[La Guarida de los Leones] ha escondido a sus dirigentes y a sus soldados. La fuente de información de la ocupación sobre la Guarida ha sido cortada, y ni la ocupación ni sus colaboradores saben nada de ella. Por lo tanto, apelamos y les pedimos a todos que no difundan ninguna foto de un combatiente de la resistencia en las redes sociales, ni siquiera en mensajes privados, y que se abstengan de fotografiar a ningún combatiente de la resistencia.

El comunicado continúa apelando a la ciudadanía para que deje de utilizar las cámaras de seguridad. “Ustedes no saben lo que nosotros sabemos de la capacidad de la ocupación para piratear estas cámaras y rastrear con facilidad los movimientos de los combatientes de la resistencia”, afirmó la Guarida de los Leones.

El comunicado finalizaba con la promesa de que la Guarida de los Leones vive y lucha:

Lucharemos hasta el último combatiente, la última bala, la última gota de sangre. Daremos nuestras vidas por vuestros hijos, nuestras vidas por vuestro honor, y todos moriremos, mientras vuestras cabezas se mantienen en alto y vuestras banderas permanecen izadas.”

Traducción: María Landi.

Miembros de las brigadas armadas de Fatah, Hamas y la Yihad Islámica posan juntos en la plaza del campo de refugiados de Yenín (agosto 2022, AFP).

Leer: La historia de la Guarida de los Leones, de Mariam Barguti y Yumna Patel para Mondoweiss, traducido por Javier Villate en su sitio Diferencias.

Leer también:
The Jenin Brigades and The Lions’ Den: Palestine’s new resistance, de Hani Al-Masri para Middle East Eye
The rise of Jenin’s armed resistance, de Shatha Hammad para Middle East Eye
Inside the Lions’ Den: Will Palestinian resistance keep growing?, de Zena Al Tahhan para Al Jazeera
Palestine: Nablus rallies around the Lions’ Den despite setbacks, de Ahmad Al-Baaz para Middle East Eye.

Souvenirs con fotos de los mártires de la Guarida de los Leones en una tienda de la Ciudad Vieja de Nablus (octubre 2022, Ahmad Al-Bazz, MEE).

 

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Conozca a los nuevos reyes de la política israelí

El partido racista, homófobo y ultranacionalista Sionismo Religioso fue el gran ganador de las últimas elecciones en Israel. También es un perfecto reflejo de hacia dónde se dirige el país.

 

«Déjenme adivinar… ¿Netanyahu y Ben Gvir?» (Carlos Latuff).


Jonathan Ofir

 

Israel acaba de celebrar sus elecciones y los ganadores pertenecen a un bloque político de corte extremista, nacionalista y fundamentalista religioso sin precedentes, liderado por el Likud (32 escaños), el Sionismo Religioso, (14 escaños), el Shas (11 escaños) y el Judaísmo Unido de la Torá (7 escaños). Mientras que el Likud, el Shas y el Judaísmo Unido de la Torá son partidos tradicionales bastante conocidos, el apoyo al Sionismo Religioso se ha disparado en los últimos meses, y sus líderes siguen siendo relativamente desconocidos.

Dado que el Sionismo Religioso obtuvo 14 escaños en las elecciones israelíes, a continuación se presenta un resumen de los 14 principales miembros de la lista que formarán parte, casi con toda seguridad, del próximo gobierno israelí.

  1. Bezalel Smotrich

Smotrich es conocido por sus declaraciones homófobas, ultranacionalistas y de intolerancia religiosa. En 2006, Smotrich ayudó a organizar un “desfile de bestias”, que se burlaba del Desfile del Orgullo Gay de Jerusalén y presentaba cabras y burros. En 2015, entonces como miembro del partido Hogar Judío (un partido que en su actual integración, liderado Ayelet Shaked, no llegó al umbral electoral), dijo que era “un orgulloso homófobo”.

Cuando se trata de las personas palestinas con ciudadanía israelí, Smotrich va más lejos aún que Netanyahu, quien advirtió en 2015, en la víspera de las elecciones, que “los árabes vienen a votar en masa”.

En 2016, Smotrich fue noticia a raíz de las informaciones sobre la existencia de una política de facto de segregación racial en las maternidades israelíes, donde tuiteó: “Es natural que mi esposa no quiera compartir la habitación con una mujer que acaba de dar a luz a un bebé que podría querer asesinar al nuestro dentro de veinte años.” Su esposa, Revital, apoyó su opinión. Dijo al Canal 10 de Israel que había “echado a un obstetra árabe de la sala [de partos]. Quiero que manos judías toquen a mi bebé, y no me sentía cómoda en la misma habitación con una mujer árabe.” Y continuó: “Me niego a tener una partera árabe, porque para mí dar a luz es un momento judío y puro.”

Y en 2017, Smotrich dio a conocer su “Plan de Decisión”, el cual propone que la población palestina acepte explícitamente vivir bajo el apartheid como súbdita de segunda clase en “el Estado judío” (renunciando oficialmente a sus “aspiraciones nacionales”), o sea expulsada del país.

Bezalel Smotrich aspira a ser ministro de Defensa o de Finanzas en el próximo gobierno israelí.

  1. Itamar Ben-Gvir

Itamar Ben-Gvir, del Partido Poder Judío, es un terrorista judío convicto, discípulo del rabino terrorista convicto Meir Kahane, y admirador del autor de la masacre de Al-Jalil (Hebrón), Baruch Goldstein, que en 1994 mató a 29 fieles que estaban rezando en la mezquita de al-Ibrahimi.

Puede que Netanyahu haya sido la cara del halcón israelí y de la intransigencia durante los muchos años de su mandato, pero palidece en comparación con Smotrich, y Smotrich parece palidecer en comparación con Ben-Gvir.

Como Smotrich, Ben-Gvir también tiene un plan para expulsar a las y los ciudadanos palestinos “desleales”. Ha conseguido hacerse popular tanto acudiendo a los kibutz (lo que podría decirse que era para burlarse del Partido Laborista), como blandiendo armas y animando a otros a disparar a los palestinos que lanzan piedras en el barrio ocupado de Sheij Yarrah, al este de Jerusalén.  Sin embargo, aunque a menudo se describe a Ben-Gvir como un extremista, es importante señalar aquí que Ben Gvir es la quintaesencia del sionismo.

Ben-Gvir ha atenuado un poco su retórica al convertirse en un político oficial. Los cánticos tradicionales de los jóvenes de sus bases han cambiado de “muerte a los árabes” a “muerte a los terroristas”. Este parece ser un objetivo real que está dispuesto a perseguir, y si consigue el codiciado puesto de Ministro de Seguridad Interior al que aspira, puede tener muchas oportunidades de implementar esta amenaza.

  1. Ofir Sofer

Ofir Sofer ya ha estado en la lista del Sionismo Religioso bajo su antiguo nombre Tkumah (“Renacimiento”) y fue su secretario general desde 2014. Pasó por el partido Yamina (“Hacia la derecha”), se presentó a las elecciones del Likud el año pasado, y luego volvió al Sionismo Religioso este verano. Es un antiguo comandante del ejército.

Al igual que sus compañeros de lista, cree que las y los ciudadanos palestinos de Israel buscan “socavar los cimientos del Estado judío desde dentro.”

  1. Orit Strook

Orit Strook es la mujer de más alto rango en la lista de sionistas religiosos. Fundó la “organización de derechos humanos de Judea y Samaria” en 2002, que trabaja para aplicar nombres bíblicos a los territorios palestinos ocupados y proteger los “derechos humanos” de la población colona invasora frente a la población palestina invadida.

  1. Yitzhak Wasserlauf

Yitzhak Wasserlauf es el presidente de la facción Poder Judío. Con sólo 30 años, se espera que sea el miembro más joven de la Knesset. Pide la deportación de los solicitantes de asilo africanos, además de los palestinos “desleales”, por supuesto.

  1. Simha Rothman

Simha Rothman forma parte del Movimiento del Templo, que busca la destrucción de la mezquita de Al-Aqsa y exhorta a que las y los judíos recen en el recinto, en contra del acuerdo del statu quo, el cual según él es “racista”.

  1. Almog Cohen

Almog Cohen es el fundador de un equipo de supremacistas judíos vigilantes que patrullan el sur de Israel para “luchar contra la delincuencia de los beduinos”. Cohen se jactó recientemente de haber agredido a beduinos en 2013, cuando formaba parte de un equipo SWAT de la policía. En el suceso en cuestión, los agresores golpearon violentamente a un padre y a sus dos hijos que protestaban pacíficamente, orinaron sobre ellos y les amenazaron con un tiro en la cabeza. Al no poder confirmarse la identidad de los policías agresores, el caso se cerró y nadie fue sancionado.

  1. Michal Waldiger

Michal Waldiger es la cara aparentemente más “humana” del Sionismo Religioso. Es una abogada que se dedica a la salud mental, el abuso de drogas y el servicio nacional de las mujeres, y por supuesto también es una defensora de la supremacía judía ultranacionalista.

  1. Amichai Eliyahu

Amichai Eliyahu está enfocado en la lucha contra el mestizaje y en la importancia de Israel para mantener la biología judía. Recientemente, Eliyahu atacó a la líder del Partido Laborista y ministra de Transporte, Merav Michaeli, que tuvo un hijo por gestación subrogada, como “alguien que compró un hijo en Amazon” y que “no nos dará lecciones sobre la tolerancia”. También la criticó por “imponernos sus valores” cuando Michaeli condujo el acto de inauguración de una nueva línea de autobús que circula los sábados, a la que Eliyahu se opone vehementemente.

  1. Zvika Fogel

Zvika Fogel es un brigadier general retirado, antiguo jefe del Comando Sur del ejército. Es el representante militar de alto rango en el Sionismo Religioso, que por lo demás no tiene un gran perfil militar, como es tradicional en muchos partidos sionistas (el propio Ben-Gvir, por ejemplo, fue considerado no apto para el servicio debido a sus antecedentes políticos extremos). Fogel aboga por la anexión del Valle del Jordán, algo que tanto Netanyahu como su rival Benny Gantz han defendido en el pasado y que sin embargo han puesto a un lado, a pesar de que esta anexión ya se ha producido de facto.

  1. Avi Maoz

Avi Maoz es el jefe de Noam, un partido explícitamente anti LGBTQ (patrocinado ideológicamente por el rabino Zvi Thau, de la yeshiva de colonos de Har Hamor) que forma parte de la lista del Sionismo Religioso. Noam cree que Smotrich y los suyos no van lo suficientemente lejos para proteger los valores familiares tradicionales, judío-ortodoxos y conservadores. Su vídeo electoral de julio fue retirado por YouTube por violación de las condiciones de uso, pero puede verse aquí.  En él aparece una familia (madre, padre e hijo) acudiendo a votar, bombardeada por mensajes liberales. Dicen que votan para que “mi hijo pueda ser judío” y para que “se case con una mujer”.

  1. Ohad Tal

Ohad Tal representa una cara relativamente benigna del Sionismo Religioso, y fue hasta hace poco jefe del movimiento juvenil sionista religioso Bnei Akiva. Trabaja en las relaciones con el judaísmo de la diáspora y parece estar abierto a hacer acuerdos en las disputas internas judías respecto al monopolio ortodoxo de los lugares de oración, como el Muro de las Lamentaciones. Quizás no se esperaba que esta cara relativamente más suave apareciera en el parlamento, ya que muy pocos esperaban que la lista sionista religiosa obtuviera más de 10 u 11 escaños.

  1. Limor Son Har Hamelech

Limor Son Har Hamelech es un colono de larga data y uno de los evacuados de la colonia de Homesh en 2005. Esto formaba parte del acuerdo de “desconexión” de Gaza, en el que también se evacuaron cuatro colonias israelíes en Cisjordania. Son Har Hamelech aboga por que los colonialistas israelíes vuelvan a todas las zonas que abandonaron en 2005.

  1. Yitzhak Kroiser

Yitzhak Kroiser pertenece a la facción  Poder Judío y apenas tiene huella política. Es hijo de Yehuda Kroiser, que es el rabino jefe de la colonia judía Mitzpeh Jericó. Yehuda Kroiser dirige una yeshiva de Jerusalén llamada La Idea Judía, que es una institución kahanista.

Son parte de la política sionista mainstream

Por último, vale la pena señalar que muchas de las ideas defendidas por los integrantes de la lista del Sionismo Religioso no son singulares, y han existido en la corriente principal de la política sionista. Ya hemos visto esta vena no apologética en el Likud, como cuando Tzipi Hotovely, entonces viceministra de Relaciones Exteriores, dijo en 2015 en su discurso de investidura: “Esta tierra es nuestra. Toda ella es nuestra. No hemos venido a pedir perdón por ello.”

Hotovely es también una sionista religiosa. Ese tipo de sionismo religioso fundamentalista se ha vuelto cada vez más dominante en la política israelí, así como dentro del liderazgo militar. Si se le llama Sionismo Religioso como partido o no, no importa: es una fuerza en la sociedad israelí.

Además, el reclamo explícito del partido Poder Judío de expulsar a la población palestina con ciudadanía israelí no es sólo compartida por una minoría enloquecida. En el pasado, el líder de Israel Beitenu, y principal voz anti-Netanyahu, Avigdor Lieberman, abogó no sólo por expulsarles, sino por decapitarlos con un hacha. Según una encuesta de PEW de 2016, la ciudadanía israelí estaba dividida de forma bastante pareja respecto a si los palestinos debían ser expulsados o no, pero una clara mayoría de los que se definen como religiosos estaba a favor.

Así que, aunque muchas personas están horrorizadas por el racismo y el fanatismo manifiestos de los partidos Sionismo Religioso y Poder Judío, está claro que no son una aberración o un grupo marginal. Representan las opiniones israelíes mainstream, y estas opiniones son cada vez más prominentes y más influyentes. Es más, parecen ser el futuro de Israel, ya que Poder Judío es aproximadamente tres veces más popular entre la juventud que entre el electorado de más edad. Este es realmente el rumbo por el que va Israel.

Publicado en Mondoweiss el 11/11/22. Traducción: María Landi.

Leer también otros artículos sobre el tema en +972 Magazine.

De izquierda a derecha: Yitzhak Wasserlauf, Itamar Ben-Gvir, Bezalel Smotrich y Orit Strook en la Puerta de Damasco de la Ciudad Vieja de Jerusalén el 20/10/21 (Foto: Yonatan Sindel/Flash90).

 

Previsible, Inevitable, Irreversible


Jonathan Kuttab

Director de Friends of Sabeel North America (FOSNA)

Se ha hablado mucho recientemente de los resultados de las elecciones israelíes y del aterrador giro a la derecha de la política israelí. Hacia la izquierda, Meretz no alcanzó el umbral mínimo, mientras que los laboristas apenas lo hicieron. Itamar Ben Gvir, que fue condenado específicamente por terrorismo e incitación en Israel y declarado terrorista por Estados Unidos, que tiene 53 condenas penales, que dirige abiertamente los cánticos de “Muerte a los árabes” y que aboga públicamente por las deportaciones masivas de árabes, tiene ahora 14 escaños en la Knesset. Su partido es el tercero más grande de Israel y pide ser ministro de policía.

Este racismo fascista y abiertamente descarado hace que muchos amigos de Israel se sientan totalmente incómodos, creándoles una crisis de conciencia. Sin embargo, hay que declarar que la elección de Ben Gvir no es un hecho repentino o reciente. Es previsible, inevitable e irreversible.

Una vez que la mayoría de los judíos israelíes eligieron rechazar el concepto de igualdad y buscaron en su lugar crear un Estado judío, y además una vez que se decidió no entregar las propiedades ocupadas en 1967 para que el pueblo palestino estableciera un Estado propio, y en cambio manteniendo y asentándose agresivamente en esas zonas, era inevitable que Israel hubiera optado por gobernar y oprimir a otra nación a perpetuidad. Los israelíes sintieron que habían ganado, que tenían el poder de retener toda Palestina/Eretz Yisrael. Durante más de medio siglo, fingieron que la ocupación era temporal y emplearon una serie de argumentos y engaños para encubrir sus verdaderas intenciones. Pero la realidad sobre el terreno demostró que Israel nunca tuvo intención de aceptar a las y los palestinos como pueblo ni de permitir la creación de un Estado palestino, ni siquiera dentro del 22% de la Palestina histórica que constituye Cisjordania/Gaza.

La población árabe dentro de sus fronteras tuvo que aceptar esta realidad y dejar de lado cualquier pretensión irreal de ejercer una verdadera soberanía sobre cualquier parte de la tierra. Sin embargo, una vez que la nación gobernada se negó a aceptar esta injusticia y optó por resistir, a pesar del abrumador poder desplegado contra ellos, Israel tuvo que volverse necesariamente más y más fascista, represivo y abiertamente racista. No importaba si la resistencia palestina era no violenta (como el BDS) o no. Cualquier negativa a aceptar la visión sionista de la supremacía y el predominio judío en la Tierra tenía que ser aplastada y silenciada.

En una reciente entrevista con Bill Maher, Benjamin Netanyahu fue muy claro: “Los palestinos son sólo el 1% del mundo árabe. Fue una tontería aceptar el principio de que primero tenemos que hacer la paz con los palestinos. Buscaremos la paz con el otro 99% y sólo después veremos qué hacer con los palestinos.” Ni siquiera hablará con Mahmoud Abbas, y mucho menos tratará a la Autoridad Palestina como un Estado en ciernes, sino que se limitará a utilizarla como un subcontratista cuyo trabajo y deber es evitar que su pueblo se resista de alguna manera a la dominación israelí.

La cuestión es que desde el momento en que se embarcó en este camino, se hizo predecible e inevitable que Israel llevara a cabo acciones que sólo pueden describirse como la aplicación de un régimen de apartheid. Su ideología requería una limpieza étnica o un apartheid para mantenerse. Ha necesitado detener y encarcelar a más y más palestinos/as, aplastar a la sociedad civil, asesinar a periodistas y aterrorizar a la población. Una combinación de sionismo tanto religioso como secular ha negado la igualdad a la población árabe palestina, requiriendo medidas duras para apalearla hasta la sumisión. Y, cuando ese comportamiento fracasa, Israel se redobla y utiliza medidas aún más duras.

En última instancia, a menos que las y los palestinos se den por vencidos y se hagan los muertos (cosa que no tienen intención de hacer), esta lógica empuja a Israel a seguir tomando medidas cada vez más duras. El apartheid se ha convertido en un aspecto necesario e integral del sistema de control de Israel sobre el pueblo palestino. Y la maquinaria del apartheid israelí es cada vez más difícil de ocultar o camuflar. También es cada vez más difícil para la gente justificar moralmente un sistema así. A falta de legitimidad moral, el Estado debe recurrir a la fuerza bruta para mantener su sistema de apartheid.

FOSNA cree que la cuestión de Palestina/Israel es ante todo una cuestión moral y ética. Dado el apoyo masivo que Estados Unidos presta al Estado de Israel y al movimiento sionista, todas y todos estamos implicados en sus políticas, a menos que nos resistamos activamente a ellas. Hacerlo no es tomar partido en una lucha entre dos facciones opuestas, sino defender la justicia, la igualdad y los derechos para todas las personas. Es oponerse al apartheid y a la discriminación y resistir a la opresión. La elección de Ben Gvir y la reelección de Netanyahu deberían dejar más nítidas y claras las cuestiones. Los argumentos que se utilizaron en el pasado para apoyar el sionismo y las políticas de Israel ya no pueden sostenerse. Las personas con conciencia y moralidad deben tomar una posición.

Fuente: newsletter de FOSNA. Traducción: María Landi.

 

«Si [los palestinos] están tirando piedras, ¡dispárenles!» A mediados de octubre pasado, el diputado israelí de extrema derecha Itamar Ben-Gvir fue visto blandiendo una pistola mientras se encontraba en el barrio de Sheij Yarrah, en Jerusalén Oriental ocupada, diciendo a las fuerzas israelíes que dispararan a los palestinos que lanzaran piedras. Los colonos israelíes atacaron el barrio en un momento en que las tensiones aumentaron tras el asesinato de un soldado israelí en un puesto de control la semana anterior. Fuente: Middle East Eye.

 

 

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¡La selección uruguaya de fútbol NO VA a Israel!


COMUNICADO DE LA CAMPAÑA “¡URUGUAY, NO VAYAS!”

¡URUGUAY NO VA A ISRAEL!

 

Ante la confirmación oficial y pública en los medios de prensa de que Uruguay realizará la preparación final para el Mundial 2022 en Abu Dabi, celebramos la noticia:

¡URUGUAY NO VA!

Como dijimos al lanzar la campaña, no queremos que la celeste sea usada para blanquear al apartheid israelí ni para encubrir sus graves violaciones a los derechos humanos y colectivos del pueblo palestino.

Fundamentamos nuestro planteo en la carta que presentamos el 3 de junio en la AUF, con la firma de más de 20 organizaciones sociales, de derechos humanos y vinculadas al fútbol de nuestro país.

En estos meses, la AUF recibió cuatro cartas de clubes y asociaciones de fútbol de Palestina explicando las continuas y graves agresiones que Israel comete contra el fútbol y el deporte palestinos, e infinidad de mensajes de organizaciones de todo el mundo pidiéndole que la Selección no se prestara a lavar con el fútbol los crímenes de Israel.

Entre los múltiples mensajes enviados a la AUF se incluyen: de un ex entrenador de la selección de fútbol de Palestina, del músico Roger Waters, de grupos judíos antisionistas de varios países, de instituciones religiosas, de organizaciones de derechos humanos y colectivos de solidaridad de los cinco continentes y de territorios tan distantes como Palestina/Israel, Sudáfrica, India, Canadá, EE.UU., Europa, Australia, Aotearoa/Nueva Zelanda, Turquía, y de nuestra propia región. ¡Agradecemos profundamente toda la solidaridad y el apoyo recibidos desde tantos territorios!

Esperamos que esos mensajes hayan sido leídos y escuchados por los jugadores de la selección y los dirigentes de la AUF; y tenemos la esperanza de que serán tenidos en cuenta en el futuro. Porque como dijimos desde el primer día: con el apartheid no se juega.

Por una PALESTINA LIBRE, ¡URUGUAY NO VA!

Coordinación por Palestina

 

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Con Susan Shalabi, Vicepresidenta de la Asociación Palestina de Fútbol
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¡LIBERTAD PARA HAFEZ HURAINI!

 

Hafez Hureini es un conocido y querido líder comunitario del poblado Al-Tuwani, en las Colinas al Sur de Hebrón. Practica y enseña la acción no violenta. Su hijo Sami, también líder comunitario, es fundador del novedoso colectivo Jóvenes de Sumud. Ambos participan en la resistencia pacífica para defender a las comunidades de Masafer Yatta de la inminente expulsión de su tierra. El 13 de septiembre Hafez fue atacado por colonos ilegales armados con barras de metal y M16, pero como ‘castigo’ los soldados lo detuvieron a él por intentar defenderse, no a los atacantes. Traduzco un hilo de la periodista Yumna Patel en Twitter:


El apartheid israelí en acción

Una grave injusticia está ocurriendo ahora mismo en Cisjordania ocupada, mientras hablamos. Un palestino fue atacado por colonos armados y enmascarados mientras cultivaba su tierra. Le atacaron con tubos de metal y le rompieron ambos brazos.

Al defenderse de los colonos −algunos de ellos armados con ametralladoras M16−, hirió a uno de ellos. Cuando apareció el ejército israelí, impidió que los médicos lo evacuaran, mientras los colonos pinchaban los neumáticos de la ambulancia. Los soldados lo detuvieron y lo pusieron bajo custodia.

Después de que sus brazos quebrados fueran tratados en un hospital israelí, los soldados lo llevaron a una base militar para interrogarlo. Está detenido bajo la acusación de intento de asesinato, y mañana comparecerá ante un tribunal militar (un tribunal que tienen una tasa de condenas del 99,7%).

Los colonos israelíes que atacaron a Hafez Huraini y le rompieron los brazos no han sido detenidos ni acusados de ningún delito, a pesar de las pruebas de video que les muestran instigando el ataque y golpeando a Huraini.

En Cisjordania ocupada los palestinos viven bajo legislación militar, y los colonos israelíes, que están en el territorio ilegalmente, viven bajo la legislación civil. Hay dos sistemas de leyes diferentes para dos pueblos distintos, basados en su etnia y nacionalidad. Eso es apartheid.

Mañana Huraini irá a juicio. Hay una gran posibilidad de que se prolongue su detención [así ocurrió el 15/9], y podría estar encarcelado durante meses, incluso años, si se le condena en el tribunal de la ocupación. Mientras tanto, los colonos responsables del ataque violento viven libremente.

#FreeHafezHuraini
#DefendMasaferYatta 

Seguir a Yumna Patel en: @yumna_patel

Leer el relato de otro hijo de Huraini, Mohammed, en Mondoweiss: Israeli settlers attacked my father on our land. The settlers are free, while my father sits in prison

Leer otra crónica de Basil Adraa y Yuval Abraham que desenmascara -con fotos e imágenes de video- el falso relato de los colonos sobre un «linchamiento» provocado por Huraini y sus vecinos: How the Israeli media reported ‘a lynching’ that never happened.

 

Las fuerzas de ocupación israelíes siguen reprimiendo a los activistas populares de #MasaferYatta para impedirles defender su tierra. Los organizadores de base están desempeñando un papel activo en la denuncia de los crímenes israelíes y la movilización del mundo para #DefenderMasaferYatta
Vídeo: Juventud de Sumud, publicado por Stop the Wall en su página de Facebook.

 

 

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16-19 de septiembre: Días de Acción Global por Masafer Yatta

#DefenderMasaferYatta


Llamamos a una movilización global del 16 al 19 de septiembre en solidaridad con la población palestina de Masafer Yatta, para apoyar su firmeza y resistencia a la intensificación de la limpieza étnica que lleva a cabo el régimen de apartheid israelí.

Comenzamos nuestra movilización el 16 de septiembre, cuando se cumple el 40º aniversario de la masacre en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Shatila en el Líbano, perpetrada en 1982 por una milicia fascista de la Falange Cristiana bajo la supervisión directa del ejército de ocupación israelí de la época. Desde nuestros refugiados y refugiadas que aún luchan por su derecho a regresar a sus hogares, hasta quienes hoy nos vemos amenazadas/os por la expulsión, el pueblo indígena palestino en todo el mundo exige el fin de la impunidad israelí.

Los Días de Acción Global culminarán antes de la apertura de la Asamblea General de la ONU que comienza el 20 de septiembre. Desde Masafer Yatta, nos unimos al resto de la sociedad civil palestina para instar a la ONU a que investigue el apartheid israelí.

El proyecto colonialista de asentamiento de Israel ha instaurado un brutal régimen de apartheid para expulsarnos y apoderarse de nuestra tierra.

La expulsión forzosa de más de 1.000 personas que vivimos en ocho aldeas de la zona Masafer Yatta, aprobada por la Corte Suprema de Israel en mayo de este año, sería la mayor limpieza étnica masiva llevada a cabo por el apartheid israelí desde 1967.

Desde hace décadas, la ocupación militar israelí clasificó ocho aldeas palestinas de Masafer Yatta como “zona de tiro militar”. Los jeeps militares, los tanques, los helicópteros, las armas y los soldados israelíes tienen libertad para disparar munición real en medio de las viviendas palestinas, aterrorizando a las familias, especialmente a niñas y niños. Desde el 21 de junio, las aldeas de Jinba, Al-Markez y Al-Majaz están bajo asedio permanente y bajo la amenaza de las balas israelíes. Esto por no hablar de los actos diarios de terror y violencia perpetrados contra personas palestinas de todas las edades por los grupos de colonos judío-israelíes fanáticos.

Al igual que en otras sociedades racistas, coloniales y de apartheid, denegar a las comunidades nativas y oprimidas su derecho a la educación es un pilar central en el intento de los opresores de mantener su supremacía.

Estudiantes y docentes de Masafer Yatta están particularmente amenazados/as, y están dando la voz de alarma. El 18 de agosto, cuando las y los escolares se preparaban para volver a clase, las escuelas de Jinba y Al-Fajit ₋dos de las principales escuelas de Masafer Yatta₋ recibieron órdenes de demolición de las autoridades de ocupación israelíes. También impidieron a estudiantes y docentes llegar a sus centros educativos: confiscaron los autos que transportaban al personal docente a la escuela, intimidaron violentamente a escolares y docentes, e interrumpieron las clases durante horas, todos los días.

Esto se suma a otras prácticas y políticas de apartheid, como la demolición de viviendas, el apartheid del agua y el continuo robo de tierras.

Unámonos para #DefenderMasaferYatta.

Súmense a la creciente exigencia mundial de que la ONU tome medidas para desmantelar el apartheid israelí.

Durante los Días de Acción Global, hagámosle saber a la ONU que es hora de responsabilizar a Israel, de reactivar los mecanismos contra el apartheid y de imponerle sanciones legales y selectivas, como se hizo para acabar con el apartheid en Sudáfrica.

Del 16 al 19 de septiembre, tomemos el ejemplo de las y los palestinos que protestan en Masafer Yatta, organicémonos y exhortemos a los gremios estudiantiles y docentes a defender las escuelas y la educación en Masafer Yatta, y exijamos el fin del apartheid israelí, del colonialismo y de la ocupación militar:

  • Organicen/súmense a las protestas, vigilias y concentraciones en todo el mundo y exijan a la ONU que #UNinvestigateApartheid.

  • Inspírense en Masafer Yatta y levanten tiendas de campaña solidarias en sus localidades y ciudades.

  • Súmense a las tormentas en las redes sociales y utilicen los hashtags #DefendMasaferYatta y #UNinvestigateApartheid.

  • Presionen a sus gobiernos y parlamentos para que tomen medidas, incluyendo la aplicación de sanciones legales y específicas, así como de embargo militar y de seguridad, y pidan cuentas a quienes son cómplices del apartheid israelí.

Fortalezcan y construyan campañas de BDS para que las empresas e instituciones que avalan al apartheid israelí rindan cuentas por su complicidad. Consulten cómo crear campañas de BDS en apoyo a Masafer Yatta aquí.

Inspírense en el sumud [tenacidad] de las y los habitantes de Al-Fajit, Al-Markez y Al-Tuwani, que han reconstruido sus viviendas después de que las excavadoras israelíes las redujeran a escombros varias veces desde principios de 2022, y de las y los estudiantes y docentes que desafían la represión, decididos a construir un futuro de libertad, justicia e igualdad.

Por favor, comuníquennos cualquier consulta o acción que tengan previsto organizar por el correo: endethniccleansing@riseup.net

Firman:

Juventud de Sumud
Comité de defensa de Masafer Yatta
Campaña popular palestina contra el muro (Stop the Wall)
Comité de Coordinación de la Lucha Popular (PSCC)
Comité Nacional Palestino de BDS (BNC)
Nueva Federación Palestina de Sindicatos
Coalición para la defensa de la tierra

Publicado en el sitio web de Stop the Wall. Traducción: María Landi.

 

 

¡LIBERTAD PARA HAFEZ HURAINI!

En el reino del revés, la víctima es el terrorista

Hafez Hureini es un conocido y querido líder comunitario del poblado Al-Tuwani, en las colinas al Sur de Hebrón. Practica y enseña la acción no violenta. Su hijo Sami, también líder comunitario, es fundador del novedoso colectivo Jóvenes de Sumud. Ambos participan en la resistencia pacífica para defender a las comunidades de Masafer Yatta de la inminente expulsión de su tierra. Estos días Hafez fue atacado por los colonos ilegales, y como ‘castigo’ los soldados lo detuvieron a él, no a los atacantes. Traduzco un hilo de la periodista Yumna Patel en Twitter:


El apartheid israelí en acción

Una grave injusticia está ocurriendo ahora mismo en Cisjordania ocupada, mientras hablamos. Un palestino fue atacado por colonos armados y enmascarados mientras cultivaba su tierra. Le atacaron con tubos de metal y le rompieron ambos brazos.

Al defenderse de los colonos −algunos de ellos armados con ametralladoras M16−, hirió a uno de ellos. Cuando apareció el ejército israelí, impidió que los médicos lo evacuaran, mientras los colonos pinchaban los neumáticos de la ambulancia. Los soldados lo detuvieron y lo pusieron bajo custodia.

Después de que sus brazos quebrados fueran tratados en un hospital israelí, los soldados lo llevaron a una base militar para interrogarlo. Está detenido bajo la acusación de intento de asesinato, y mañana comparecerá ante un tribunal militar (un tribunal que tienen una tasa de condenas del 99,7%).

Los colonos israelíes que atacaron a Hafez Huraini y le rompieron los brazos no han sido detenidos ni acusados de ningún delito, a pesar de las pruebas de video que les muestran instigando el ataque y golpeando a Huraini.

En Cisjordania ocupada los palestinos viven bajo legislación militar, y los colonos israelíes, que están en el territorio ilegalmente, viven bajo la legislación civil. Hay dos sistemas de leyes diferentes para dos pueblos distintos, basados en su etnia y nacionalidad. Eso es apartheid.

Mañana Huraini irá a juicio. Hay una gran posibilidad de que se prolongue su detención [así ocurrió el 15/9], y podría estar encarcelado durante meses, incluso años, si se le condena en el tribunal de la ocupación. Mientras tanto, los colonos responsables del ataque violento viven libremente.

#FreeHafezHuraini
#DefendMasaferYatta 

Seguir a Yumna Patel en: @yumna_patel

Leer el relato de otro hijo de Huraini, Mohammed, en Mondoweiss: Israeli settlers attacked my father on our land. The settlers are free, while my father sits in prison

Leer otra crónica de Basil Adraa y Yuval Abraham que desenmascara -con imágenes de video- el falso relato de los colonos sobre un «linchamiento» provocado por Huraini y sus vecinos: How the Israeli media reported ‘a lynching’ that never happened.

Las fuerzas de ocupación israelíes siguen reprimiendo a los activistas populares de #MasaferYatta para impedirles defender su tierra. Los organizadores de base están desempeñando un papel activo en la denuncia de los crímenes israelíes y la movilización del mundo para #DefenderMasaferYatta
Vídeo: Juventud de Sumud, publicado por Stop the Wall en su página de Facebook.

 

Publicado en Colinas del Sur de Hebrón, Desalojos forzados, Firing Zone 918, Limpieza étnica, Masafer Yatta, Represión/protestas noviolentas | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Masafer Yatta resiste la limpieza étnica (videos)

El régimen israelí está destruyendo vidas, familias y hogares en la zona de Masafer Yatta. Al igual que en el resto de Palestina, pero en este lugar de manera intensiva y concentrada; ante la total indiferencia e inacción de la comunidad internacional. Comparto aquí estos materiales: 1) un texto y un video (20′, en inglés) elaborados por Yumna Patel (directora de noticias de Mondoweiss en Palestina) y su equipo; 2) un texto breve y un video (4′, en inglés) de la TV Social de Israel. En un siguiente post compartiré una acción urgente de la sociedad civil palestina por Masafer Yatta.

Protesta de habitantes de Al-Rakiz, Masafer Yatta, 2021. Keren Manor/Activestills)

 

Salvar a Masafer Yatta: la lucha contra la expulsión


Yumna Patel

 

En mayo de 2022, el Corte Suprema de Israel dictaminó la expulsión de la población palestina que vive en las Colinas del Surde Hebrón, en Cisjordania ocupada, y la entrega de sus tierras al ejército israelí. Conozca a las personas palestinas que luchan por permanecer en sus hogares y resistir lo que los grupos de derechos humanos califican de crimen de guerra según el derecho internacional.

En mayo de 2022, el Corte Suprema israelí dictaminó la expulsión de cientos de familias palestinas que vivían en las Colinas del Sur de Hebrón, en la Cisjordania ocupada, conocidas localmente como Masafer Yatta, y la entrega de sus tierras al ejército israelí.

El ejército ha utilizado durante años enormes extensiones de tierra como zona de tiro activo, poniendo en peligro a las comunidades locales. Ahora, con el respaldo de la Corte Suprema, el ejército tiene el poder de expulsar a unas 1.300 personas de la zona y de demoler completamente ocho aldeas.

Los grupos de derechos humanos dicen que es un acto que equivaldría a un desplazamiento forzoso, un crimen de guerra según el derecho internacional.

“Este tribunal es opresivo y racista, y sólo apoya a la parte israelí, y punto”, dijo a Mondoweiss Sami Hureini, activista local y residente de Masafer Yatta.

“Después de más de veinte años en los tribunales, desde el año 2000 hasta hoy, la decisión nunca ha cambiado; esa es la mayor injusticia”, continuó Hureini.

“La gente aportó todas las pruebas históricas de propiedad sobre esta tierra. Pero la ocupación tiró todo esto por la borda. No existe la justicia en este tribunal.”

Zona de tiro 918

Masafer Yatta es el hogar de varias comunidades pastoriles palestinas, que residen en varias aldeas y caseríos. La población residente remonta su presencia en la zona a varias décadas atrás, antes de que fuera ocupada por Israel en 1967.

En los 1980, Israel declaró las 3.000 hectáreas de Masafer Yatta como zona de tiro activa para el entrenamiento militar, denominándola Zona de Tiro 918. Dentro de los límites de la zona de tiro había 12 aldeas palestinas habitadas.

En 1999, el ejército israelí expulsó a toda la población de Masafer Yatta, que entonces eran unas 700 personas, alegando que “vivían ilegalmente en una zona de tiro”. En respuesta, las familias presentaron un recurso ante la Corte Suprema de Israel, lo que marcó el inicio de su batalla legal de 20 años.

Tras la presentación, la Corte emitió una orden judicial provisional que permitía a los aldeanos volver a sus casas y utilizar la tierra para fines agrícolas, pero les prohibía realizar cualquier nueva construcción, incluyendo viviendas o infraestructuras esenciales, como electricidad o agua corriente.

Mientras tanto, el ejército siguió utilizando la tierra como zona de tiro, incluyendo ejercicios de entrenamiento con tanques, helicópteros, bombas, cohetes y munición real.

El ejército también continuó demoliendo viviendas en la zona. Según el grupo israelí de derechos humanos B’Tselem, desde 2006, Israel ha demolido 64 casas en las comunidades de Masafer Yatta, desplazando al menos a 346 personas, entre ellas 155 menores de edad.

La población residente afirma que el ejército utiliza la designación de zona de tiro como parte de una política más amplia para tratar de expulsarles de su tierra.

“Intentan convencer al mundo diciendo que es una zona de tiro para el ejército. Pero la ocupación opta por llegar a una zona en la que ya vive gente y la declara zona de tiro para el entrenamiento militar”, dijo Hureini a Mondoweiss. “Las zonas de tiro se utilizan como excusa para desplazar a la gente, ni más ni menos.”

Documentos recientemente revelados respaldan las afirmaciones de la población palestina. Las actas de una reunión “ultra secreta” de 1979 revelan que el ex primer ministro israelí, entonces ministro de Agricultura, Ariel Sharon, explicó que había creado zonas de tiro en toda Cisjordania con el único propósito de “crear reservas de tierra para las colonias [judías]”.

Violencia de los colonos

Mientras la población palestina de Masafer Yatta vive bajo la amenaza constante de expulsión, hay cientos de colonos israelíes en la zona que llevan una vida muy diferente. Hay 10 colonias y puestos de avanzada [colonias incipientes] israelíes en Masafer Yatta, salpicados a lo largo del perímetro de la zona de tiro.

Según el derecho internacional, estas colonias exclusivamente judías son ilegales. Sin embargo, a lo largo de los años, el gobierno israelí ha seguido promoviendo la expansión de las colonias en Cisjordania a gran ritmo.

Y mientras a la población palestina que vive en la zona se le impide en gran medida construir viviendas y acceder a recursos básicos como el agua, la electricidad y las carreteras pavimentadas, a los colonos israelíes se les ofrecen viviendas subvencionadas por el gobierno, agua corriente, electricidad y carreteras construidas exclusivamente para el uso de los colonos.

“El colono tiene todo lo que necesita: agua, electricidad y recursos ilimitados. Es como si viviera en Europa, no en tierra ocupada”, dijo Hureini a Mondoweiss sobre la colina de su pueblo, at-Tuwani, desde la cual se ve la colonia israelí de Havat Ma’on.

“En la misma zona, hay dos sistemas y leyes diferentes para dos pueblos distintos. Esto forma parte del sistema de apartheid que Israel nos impone a diario”, dijo.

Los colonos israelíes de Masafer Yatta atacan con frecuencia a la población palestina, sus casas y su ganado. Los residentes afirman que los ataques se producen a diario, y a menudo tienen lugar bajo la supervisión del ejército y la policía israelíes.

Los colonos israelíes rara vez son acusados o investigados por los ataques cometidos contra la población palestina. Según el grupo de derechos humanos israelí Yesh Din, el 92% de las investigaciones sobre ataques de colonos a palestinos se cierran sin acusación.

¿A dónde iremos?

Majda Abu Sabha es una de las habitantes de Jirbet al-Fhajit, una pequeña aldea situada en lo más profundo de la zona de tiro.

En el último año, el ejército israelí ha destruido su casa tres veces; la última demolición tuvo lugar hace apenas unas semanas. Ahora vive en una tienda de campaña junto a los escombros de su casa.

“Llegaron de repente. Estábamos ocupados trabajando. Había excavadoras, camiones y soldados. Fue indescriptible”, dijo Abu Sabha a Mondoweiss, relatando la última demolición de su casa.

“Entraron con fuerza. No nos permitieron sacar nuestras pertenencias ni los muebles de nuestras casas. Nuestros hijos e hijas y nuestro ganado durmieron a la intemperie”, dijo. “No dejaron ni una sola carpa, ni una casa. Incluso destruyeron nuestras carpas.”

Algo menos de 900 estructuras están bajo amenaza inminente de demolición en la zona de tiro. Esas estructuras comprenden casas, corrales de ganado, letrinas, cisternas de agua, mezquitas y escuelas, incluida una escuela a pocos metros de los escombros de la casa de Abu Sabha.

“No les molestamos, este es nuestro hogar. ¿A dónde se supone que debemos ir?” preguntó Abu Sabha. “No tenemos otra alternativa a este lugar. Estamos bajo una amenaza constante. En cualquier momento pueden venir y tomar nuestras casas. ¿Adónde iremos?”.

Publicado el 2/8/22 en Mondoweiss. Traducción: María Landi.

Niñxs de Jinbeh, Masafer Yatta, durante un ejercicio militar en su aldea. 2020 (Keren Manor/Activestills).

 

Las mujeres de Masafer Yatta cuentan sus historias de resistencia


TV Social Israel

Mientras Israel lleva a cabo su plan de expulsiones en esta región de Cisjordania, las mujeres palestinas hablan de lo que significa enfrentarse a un Estado que las considera un “enemigo”.

Más de 1.000 personas viven en la región de Masafer Yatta, en las colinas del sur de Hebrón, Cisjordania ocupada. Se trata de un grupo de comunidades campesinas que viven en su mayoría en cuevas y se ganan la vida criando ovejas y cultivando. En mayo de este año, en el Día de la Independencia de Israel, la Corte Suprema israelí dictó una sentencia de expulsión de la población palestina de Masafer Yatta, contraviniendo el derecho internacional.

Se trataba de la culminación de un proceso que comenzó a principios de los 1980, cuando Israel confiscó 30 millones de metros cuadrados en la región para utilizarlos como zona de entrenamiento militar, denominada “Zona de tiro 918”, como excusa para expulsar a la población palestina. En 1999 Israel deportó a toda esta gente, antes de que un recurso ante la Corte Suprema les permitiera regresar a la espera de una decisión definitiva sobre el asunto.

De forma repentina y simbólica, mientras las y los ciudadanos israelíes ondeaban banderas y hacían barbacoas para celebrar la independencia de Israel a principios de este año, la Corte Suprema emitió su sentencia definitiva a favor de la expulsión de las y los habitantes de Masafer Yatta. El juez David Minz −que también es un colono− fue el autor de la opinión mayoritaria.

En las últimas semanas, mientras se ponen en marcha los planes israelíes de expulsión, las activistas Rachel Shor y Naomi Nur Zahor han visitado Masafer Yatta para hablar con las mujeres que viven allí, y han filmado sus conversaciones para TV Social, un medio independiente y alternativo que busca desmantelar las estructuras de poder opresivas.

Las mujeres de Masafer Yatta cargan con identidades complejas, cada una con su propia historia, y se enfrentan colectiva e individualmente a lo que implica la expulsión, a la inminente demolición de sus casas, a lo desconocido y a un Estado que las considera continuamente como el «enemigo», y aplica contra ellas una larga serie de prácticas racistas y discriminatorias.

Este informe está dedicado a ellas: Kifah, Hiba, Sanaa, Majda, Zohariya, Dalia y Farissa.

Publicado el 29/8/22 en +972 Magazine. Traducción: María Landi.

Demolición en la aldea Al-Mirkez, Masafer Yatta, mayo 2022. (Yuval Abraham).

– Leer también: The scars that don’t heal in Masafer Yatta 
– Leer en este blog: La crueldad como política de Estado – La historia de Harun
– Ver otros artículos y videos en los sitios web de B’Tselem, +972 Magazine, Mondoweiss, QNN, PNN.

 

 

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Gaza: Los nombres y rostros de lxs 17 niñas/os palestinos asesinados en el ataque sionista. Y más!


 


Al menos 49 palestinos/as murieron y más de 360 ​​resultaron heridos/as cuando los ataques aéreos israelíes cayeron sobre la Franja sitiada durante tres días. Dieciséis niños y niñas murieron durante el bombardeo sionista entre el 5 y el 7 de agosto de 2022 a Gaza. Estos  niños palestinos esperaban un verano lleno de alegría. Planeaban jugar al fútbol, […]

Gaza: Los nombres y rostros de los 17 niñas/os palestinos asesinados en el ataque sionista — Mi blog en varios idiomas, desde 2011 مدونتي بعدة لغات منذ

Compartido desde el blog de Abdo Tounsi

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Vidas que sí importan: la presa palestina Saadia Matar

Saadia Matar
Por Alicia Alonso Merino.
El pasado 2 de julio falleció en la cárcel israelí de Daemon la presa palestina Saadia Matar. No, no se trata de un número más de las 230 personas palestinas presas que han fallecido en las cárceles israelíes desde el año 1967. Tampoco se trata sólo de la segunda […]

Vidas que sí importan: la presa palestina Saadia Matar – Alicia Alonso Merino

«El día de su juicio, Saadia Matar fue condenada por un tribunal militar a 15 años de prisión y una multa de 15.000 shekels, sin que la condena fuera definitiva. La intervención de un juez militar, que no es un profesional culturalmente independiente si no sometido a la obediencia jerárquica de su superior, vulnera el derecho a un juicio justo con las debidas garantía. Una realidad que se aplica a toda la población palestina.

El delito de Saadia Matar fue ser palestina, su condena fue la pena de muerte. Descanse en paz ella, no así sus verdugos.»

Reblogueado desde Los Oros Judíos

 

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