De cómo el poder de los rabinos está alimentando una guerra santa en Israel

 

La población palestina, las personas seculares y las mujeres se enfrentan a un ambiente cada vez más hostil a medida que se afianzan las tendencias teocráticas

 

Jonathan Cook*
 

 

Un hombre judío pasa ante un puesto de venta de retratos de rabinos en el pueblo israelí de Netivot, en 2016 (AFP).

¿En qué país del mundo un clérigo de alto rango, remunerado por el Estado, instó a sus seguidores la semana pasada a convertirse en “guerreros” y a emular a un grupo de jóvenes que habían asesinado a una mujer de otra fe?

El clérigo lo hizo con impunidad. De hecho, sólo estaba haciéndose eco de otros colegas de alto rango que dieron su aval a un libro −una vez más, sin castigo alguno− donde se insta a sus discípulos a asesinar bebés pertenecientes a otras religiones.

¿En qué lugar del mundo puede el jefe del clero llamar a las personas negras “monos” e instar a la expulsión de otras comunidades religiosas?

¿En qué lugar una élite clerical tiene tanto poder que sólo ellos deciden quién puede casarse o divorciarse −y son respaldados por una ley que puede encarcelar a quien trate de casarse sin su aprobación−? Incluso pueden cerrar el sistema ferroviario nacional sin previo aviso.

¿En qué parte del mundo estos santos hombres son tan temidos que las imágenes de mujeres son borradas de las vallas publicitarias, las universidades introducen la segregación de género para apaciguarlos, y las mujeres se ven literalmente empujadas a la parte trasera del autobús?

¿Ese país es Arabia Saudita? ¿O Myanmar? ¿O quizás Irán?

No. Es Israel, el único autoproclamado Estado Judío del mundo.

¿Qué “valores compartidos”?

Casi no existe un político en Washington con intenciones de ser electo que no haya afirmado en algún momento el “vínculo inquebrantable” entre Estados Unidos e Israel, o que no reafirme los “valores compartidos” entre ambos países. Pocos, al parecer, tienen idea de los valores que Israel representa realmente.

Hay muchos motivos para criticar a Israel, incluida su brutal opresión del pueblo palestino bajo ocupación y su sistema de discriminación y segregación institucionalizada contra la quinta parte de su población que no es judía: la minoría palestina.

Pero los críticos han ignorado en gran medida las crecientes tendencias teocráticas en Israel.

Ellas no resultan regresivas solamente para la población judía de Israel −puesto que los rabinos ejercen un control cada vez mayor sobre las vidas de las personas judías religiosas y laicas por igual, especialmente las mujeres−. También tiene implicaciones alarmantes para la población palestina, tanto para la que vive en los territorios ocupados como para la que vive en Israel, puesto que un conflicto nacional de reconocido origen colonial está siendo gradualmente transformado en una guerra santa, alimentada por rabinos extremistas con la bendición implícita del Estado.

Un cartel electoral muestra al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu estrechando la mano del presidente estadounidense Donald Trump en Tel Aviv, el 3 de febrero (AFP).

Control sobre los asuntos civiles

A pesar de que los padres fundadores de Israel eran declaradamente seculares, la separación entre Iglesia y Estado allí siempre ha sido débil −en el mejor de los casos−, y ahora está desapareciendo a un ritmo cada vez más acelerado.

Después de la creación del Estado de Israel, David Ben Gurión, el primer Primer Ministro de Israel, decidió subordinar importantes áreas de la vida de las personas judías israelíes a la jurisdicción de un rabinato ortodoxo, el cual representa la corriente más estricta, tradicional y conservadora del judaísmo. Otras corrientes más liberales no tienen una representación oficial hasta el día de hoy en Israel.

La decisión de Ben Gurión reflejaba en parte el deseo de asegurar que su nuevo Estado abrazara dos concepciones diferentes del ‘ser judío’: tanto a quienes se identificaban como judíos/as en un sentido étnico o cultural secular, como a quienes mantenían las tradiciones religiosas del judaísmo. Ben Gurión esperaba fusionar a las dos en una nueva noción de “nacionalidad” judía.

Por esa razón, a los rabinos ortodoxos se les dio el control exclusivo sobre partes importantes de la esfera pública: los asuntos del estado civil tales como conversiones, nacimientos, muertes y matrimonios.

Justificaciones bíblicas

Reforzar el poder de los rabinos era una necesidad urgente de los dirigentes seculares de Israel para ocultar los orígenes coloniales del Estado. Esto podría lograrse utilizando la educación, con el fin de enfatizar las justificaciones bíblicas para la usurpación de las tierras pertenecientes a la población nativa palestina.

Como observó el difunto pacifista Uri Avnery, la reivindicación sionista estaba “basada en la historia bíblica del Éxodo, la conquista de Canaán, los reinos de Saúl, David y Salomón (…) Las escuelas israelíes enseñan la Biblia como historia verdadera.”

Este adoctrinamiento, combinado con una tasa de natalidad mucho más alta entre los judíos religiosos, ha contribuido a una explosión en el número de personas que se identifican como religiosas. Ahora constituyen la mitad de la población de Israel.

Hoy en día, alrededor de una cuarta parte de la población judía israelí pertenece a la corriente ortodoxa (que lee la Torá literalmente), y uno de cada siete pertenece a la ultra-ortodoxa, o haredim, la más fundamentalista de las corrientes religiosas judías. Los pronósticos sugieren que en 40 años, esta última constituirá un tercio de la población judía del país.

Judíos ultraortodoxos rezan ante el Muro de los Lamentos en Jerusalén, el 21 de enero (AFP)


“Conquistar el gobierno”

Tanto el poder creciente como el extremismo de los ortodoxos en Israel se pusieron de relieve en la última semana de enero, cuando uno de sus rabinos más influyentes, Shmuel Eliyahu, defendió públicamente a cinco estudiantes acusados de asesinar a Aisha Rabi, una palestina madre de ocho hijos/as. En octubre pasado los jóvenes apedrearon su coche cerca de Nablus (en Cisjordania ocupada), obligándola a abandonar la carretera.

Eliyahu es hijo de un ex rabino jefe de Israel, Mordechai Eliyahu, y él mismo forma parte del Consejo Rabínico Principal, que controla muchas áreas de la vida israelí. También es el rabino municipal de Safed, una ciudad que en el judaísmo tiene el estatus equivalente a Medina en el Islam o Belén en el cristianismo, por lo que sus palabras tienen mucho peso entre los judíos ortodoxos.

A principios de este mes, salió a la luz el vídeo de una charla que dio en el seminario donde estudiaban los cinco acusados, en la colonia ilegal de Rehalim, al sur de Nablus. Eliyahu no sólo alabó a los cinco como “guerreros”, sino que también dijo a sus compañeros de estudio que tenían que derrocar al “podrido” sistema judicial secular. Les dijo que era vital “conquistar también el gobierno”, pero sin armas ni tanques. “Ustedes tienen que apoderarse de las posiciones clave en el gobierno”, les instó.

Jueces infractores

En realidad, ese proceso ya está muy avanzado.

La Ministra de Justicia Ayelet Shaked, quien debería haber sido la primera en denunciar los comentarios de Eliyahu, está estrechamente alineada con los colonos religiosos. Significativamente, ella y otros ministros del gobierno han mantenido un cuidadoso silencio.

Esto se debe a que los representantes políticos de las comunidades judías religiosas de Israel, incluidos los colonos, se han convertido ahora en la pieza clave de los gobiernos de coalición. Ellos son los que deciden quién manda, y pueden extraer enormes concesiones de los otros partidos.

Desde hace algún tiempo, Shaked ha estado utilizando su posición para incorporar al sistema jurídico a los jueces más abiertamente nacionalistas y religiosos; incluso al más alto tribunal del país, la Corte Suprema.

Dos de los 15 jueces actuales de la Corte, Noam Sohlberg y David Mintz, son infractores de la ley, pues viven en colonias de Cisjordania, en abierta violación del Derecho Internacional. Varios jueces más nombrados por Shaked son religiosos y conservadores.

Esta es una victoria significativa para los religiosos ortodoxos y los colonos. La Corte es la última línea de defensa de la sociedad laica contra los ataques a la libertad religiosa y a la igualdad de género. Y es el único recurso para las personas palestinas que buscan mitigar los peores excesos de las políticas violentas y discriminatorias del gobierno israelí, el Ejército y los colonos.

La ministra de Justicia israelí Ayelet Shaked pronuncia un discurso en Jerusalén en 2017 (AFP)

Pueblo elegido

El colega de Shaked, Neftalí Bennett, otro ideólogo del movimiento de los colonos, ha sido Ministro de Educación en el gobierno de Netanyahu durante cuatro años. Este puesto ha sido por mucho tiempo fundamental para los ortodoxos, porque es el que moldea a la próxima generación israelí.

Después de décadas de concesiones a los rabinos, el sistema educativo de Israel ya está fuertemente sesgado hacia la religión. Una encuesta realizada en 2016 mostró que el 51 por ciento del alumnado judío asistía a escuelas religiosas segregadas por sexo −que ponen el acento en el dogma bíblico−, en comparación con el 33 por ciento de sólo 15 años antes.

Esto puede explicar por qué una encuesta reciente reveló que el 51 por ciento cree que los judíos tienen un derecho divino a la tierra de Israel, y un poco más −56 por ciento− cree que los judíos son un “pueblo elegido”.

Es probable que estos resultados empeoren aún más en los próximos años. Bennett ha estado dando mucho más peso en el plan de estudios a la identidad tribal judía, los estudios bíblicos y las reivindicaciones religiosas sobre el Gran Israel −incluidos los territorios palestinos, que él quiere anexar−.

Por el contrario, las ciencias y las matemáticas son crecientemente menospreciadas en el sistema educativo, y están totalmente ausentes en las escuelas para los ultraortodoxos. La evolución, por ejemplo, ha sido en su mayor parte borrada del programa de estudios, incluso en las escuelas laicas.

 “Sin piedad” hacia los palestinos

Otra esfera clave del poder estatal que está siendo tomada por los religiosos, y especialmente por los colonos, son los servicios de seguridad. El Comisionado de Policía Roni Alsheikh vivió durante años en una colonia conocida por sus ataques violentos contra la población palestina; y el actual rabino en jefe de la fuerza, Rahamim Brachyahu, también es un colono.

Ambos han promovido activamente un programa destinado a reclutar a más judíos religiosos para la Policía. Nahi Eyal, fundador del programa, ha dicho que su objetivo es ayudar a la comunidad de colonos a “encontrar nuestro camino hacia las posiciones de mando”.

Esa tendencia está aún más arraigada en el Ejército israelí. Las cifras muestran que el grupo nacional-religioso, al que pertenecen los colonos −aunque sólo sean el 10 por ciento de la población−, constituye la mitad de todos los nuevos cadetes de oficiales. La mitad de las academias militares de Israel son ahora religiosas.

Esto se ha traducido en el papel cada vez más importante de los rabinos ortodoxos extremistas en la motivación de los soldados en el campo de batalla. Durante la invasión terrestre de Gaza por parte de Israel en 2008-2009, los soldados recibieron panfletos del rabinato del Ejército con mandatos bíblicos para persuadirlos de “no mostrar misericordia” hacia los palestinos.

Un policía militar israelí durante enfrentamientos en Cisjordania ocupada el 12/1/2018 (AFP)


Llamando a matar bebés

Mientras tanto, el gobierno ha alentado a la población ultraortodoxa en rápido crecimiento a trasladarse a las colonias de Cisjordania construidas especialmente para ella, como Modi’in Illit y Beitar Illit. Esto, a su vez, está alimentando gradualmente el surgimiento de un nacionalismo agresivo entre sus jóvenes.

En el pasado los haredim eran abiertamente hostiles −o en el mejor de los casos ambivalentes− hacia las instituciones estatales israelíes, por creer que un Estado judío era sacrílego hasta que el Mesías llegara para gobernar a los judíos.

Ahora, por primera vez, jóvenes haredim están sirviendo en el ejército israelí, lo que aumenta la presión sobre el mando militar para que se adapte a su ideología fundamentalista religiosa. Se ha acuñado un nuevo término para estos soldados haredim halcones: se les llama los “hardal”.

Brachyahu y los capellanes de los hardal están entre los rabinos veteranos que han respaldado un libro aterrador: La Torá del Rey, escrito por dos rabinos colonos, que insta a los judíos a tratar sin piedad a los no judíos, y específicamente a las y los palestinos.

El libro ofrece la bendición de Dios para el terror judío; no sólo contra las comunidades palestinas que intentan resistirse a ser desplazadas por los colonos, sino también contra todas las personas palestinas, incluso bebés, bajo el principio de que “está claro que crecerán para hacernos daño”.

Se extiende la segregación de género

El dramático aumento de la religiosidad también está creando problemas internos en la sociedad israelí, especialmente para la población secular y para las mujeres.

En algunas partes del país, en los afiches para las próximas elecciones −al igual que en los anuncios en general− se está “limpiando” los rostros de las mujeres para no ofender al público.

El mes pasado, la Corte Suprema criticó al Consejo de Educación Superior de Israel por permitir que la segregación entre hombres y mujeres en las aulas de las universidades se extendiera al resto del campus, incluyendo bibliotecas y áreas comunes. Las estudiantes y las profesoras se enfrentan a códigos de vestimenta de “modestia”.

El Consejo incluso ha anunciado que tiene la intención de profundizar la segregación, debido a que está resultando difícil persuadir a los judíos religiosos para que asistan a la educación superior.

La violencia de la patota

Israel siempre ha sido una sociedad profundamente estructurada para mantener separada a la población judía de la población palestina, tanto físicamente como en términos de derechos. Esto es igualmente cierto para la importante minoría palestina de Israel −una quinta parte de la población−, que vive casi totalmente separada de la población judía en comunidades segregadas. Sus hijas e hijos son mantenidos alejados de los niños y niñas judías en escuelas separadas.

Pero el creciente énfasis en una definición religiosa de la identidad judía significa que la población palestina se enfrenta ahora no sólo a la fría violencia estructural diseñada por los fundadores seculares del Estado, sino también a una hostilidad irascible, legitimada bíblicamente por los extremistas religiosos.

Ello se hace más patente en el aumento acelerado de los ataques físicos contra la población palestina y sus propiedades, así como a sus lugares sagrados, tanto en Israel como en los territorios ocupados. Entre los israelíes, esta violencia se legitima como ataques con “precio” (“price tags”), como si los palestinos se hubieran causado a sí mismos ese daño.

YouTube está lleno ahora de vídeos de colonos armados o blandiendo palos que atacan a las personas palestinas, por lo general cuando tratan de acceder a sus olivares o manantiales, mientras que los soldados israelíes se quedan de brazos cruzados, o colaboran.

Los ataques incendiarios se han extendido desde los olivares hasta los hogares palestinos, a veces con resultados horribles, cuando las familias son quemadas vivas.

Rabinos como Eliyahu han avivado esta nueva ola de ataques con sus justificaciones bíblicas. El terrorismo de Estado y la violencia patotera se han fusionado.

Un monumento con la foto de Ali Dawabsheh, el bebé palestino de 18 meses muerto junto a su madre y su padre cuando colonos incendiaron su casa durante la noche, en Duma, en 2015 (AFP).


Destruir al-Aqsa

El mayor foco de atención se encuentra en Jerusalén Este ocupada, donde el creciente poder simbólico y político de estos rabinos mesiánicos amenaza con estallar en el complejo de la Mezquita de al-Aqsa.

Durante mucho tiempo los políticos seculares han jugado con fuego en este lugar sagrado del Islam, utilizando excusas arqueológicas para tratar de convertirlo en un símbolo del derecho histórico judío a la tierra, incluyendo los territorios ocupados.

Pero su afirmación de que la mezquita está construida sobre dos templos judíos −el último de los cuales fue destruido hace dos milenios− ha sido rápidamente reconfigurada con fines políticos modernos e incendiarios.

La creciente influencia de los judíos religiosos en el Parlamento, en el gobierno, los tribunales y los servicios de seguridad significa que los funcionarios se vuelven cada vez más audaces a la hora de reivindicar físicamente la soberanía sobre al-Aqsa.

También implica una indulgencia cada vez mayor hacia los extremistas religiosos, que exigen algo más que el control físico del sitio de la mezquita: quieren que al-Aqsa sea destruida y reemplazada por un Tercer Templo.

La guerra santa congrega

Poco a poco, Israel está transformando un proyecto colonial de asentamiento contra el pueblo palestino en una batalla contra el resto del mundo islámico. Está convirtiendo un conflicto territorial en una guerra santa.

El crecimiento demográfico de la población religiosa en Israel, el desarrollo en el sistema educativo de una ideología cada vez más extremista basada en la Biblia, la apropiación de los principales centros de poder del Estado por parte de los religiosos, y el surgimiento de una clase de rabinos influyentes que predican el genocidio contra los vecinos de Israel han sentado las bases para una tormenta perfecta en la región.

La pregunta ahora es en qué momento los aliados de Israel, en Estados Unidos y Europa, se despertarán finalmente para ver la catastrófica dirección hacia la que se dirige Israel, y tendrán la voluntad de tomar las medidas necesarias para detenerlo.

 

La Cúpula de la Roca, en el complejo de la Mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén, el 24 de enero (AFP)

*Jonathan Cook, periodista británico residente en Nazaret desde 2001, es autor de tres libros sobre el conflicto israelo-palestino. Ha sido galardonado con el Premio Especial de Periodismo Martha Gellhorn. Ver aquí su sitio web y blog.
Publicado el 13/2/19 en Middle East Eye. Traducción: María Landi.

 

Anuncios
Publicado en Colonias Israelíes ilegales, Israel, Jerusalén Este, Limpieza étnica, Mujeres, Religión, sionismo | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

El problema ‘progresista excepto con Palestina’

Los PEPs existen en todas partes. Infinidad de personas (judías y no judías) que se consideran de izquierda se han comprado la hasbara sionista para consumo occidental, y creen que Israel es una democracia y un país avanzado. Evidentemente mucho tiene que ver con la mirada orientalista y colonial que ve a los árabes como el ‘otro’ oscuro, temible e incomprensible, y a los colonizadores sionistas europeos como ‘los nuestros’.

Reblogueado desde “Los Otros Judíos”.

NOTA: Por un error de traducción, donde dice: “Quinta Fundación de Tierra Santa” debe decir: “Los 5 de Tierra Santa” (the Holy Land Five), abreviatura con que se conoce a los cinco presos políticos que dirigían la Fundación para Tierra Santa, encarcelados en EE.UU. y acusados de “financiar al terrorismo” (Hamas).

Los otros judíos

Por Marjorie Cohn.

Traducción: Fernando Moyano. 

Como judía progresista, encuentro que muchos de mis familiares y amigos siguen siendo lo que llamamos “PEP”, progresista, excepto Palestina. En medio de las cada vez más graves injusticias creadas por el sistema israelí de apartheid y la ocupación ilegal de las tierras palestinas por parte de Israel, ya es hora de que esto cambie.

Tengo la esperanza de que la “tormenta de fuego” provocada por la reciente columna de Michelle Alexander en el New York Times , “Time to Break the Silence on Palestine”, finalmente generará el calor necesario para forzar a más personas y grupos de la izquierda a superar la hipocresía fundamental de los “progresistas“, excepto el enfoque de Palestina.

Ver la entrada original 2.462 palabras más

Publicado en Apartheid, BDS, Israel, Limpieza étnica, Masacres israelíes, Normalización, sionismo | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

Hacer turismo en tierra robada

Amnistía Internacional denuncia que las compañías Airbnb, TripAdvisor, Booking y Expedia son cómplices de las violaciones de derechos humanos en el territorio palestino ocupado

 

María Landi

 

 

Hice el curso de entrenamiento con armas de lucha antiterrorista. ¡Fue lo mejor de mi estancia en Israel!” Esta es una reseña publicada en el sitio TripAdvisor por un viajero que participó en un paquete de ¿turismo aventura? de los muchos que se ofrecen en las colonias israelíes ilegales asentadas sobre tierras robadas a las comunidades palestinas de Cisjordania.

En efecto, el 30 de enero Amnistía Internacional (AI) denunció que las grandes compañías de reservas turísticas Airbnb, Booking, Expedia y Tripadvisor fomentan las violaciones a los derechos humanos palestinos al incluir en sus listados alojamientos y actividades turísticas en colonias israelíes (todas ilegales según el Derecho Internacional Humanitario)[1].

En su informe titulado Destino: ocupación, AI afirma que esas cuatro empresas “están llevando el turismo a las colonias israelíes ilegales”, y con ello alimentando la ocupación del territorio palestino. Además, AI acusa al gobierno israelí de usar “la creciente industria turística en las colonias como un método para legitimar su existencia y favorecer su expansión”.

Después de una larga campaña de presión por parte del movimiento palestino y global de BDS, así como de organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch, en noviembre pasado Airbnb anunció que sacaba de sus listados 200 alojamientos situados en colonias ubicadas en Cisjordania (lo cual provocó una fuerte reacción de Israel, y una ambigua rectificación por parte de la compañía). AI critica que la decisión de Airbnb no incluyó Jerusalén Este, que también es territorio ocupado, y donde la empresa anuncia más de 100 alquileres turísticos en colonias ilegales.

El centro de la campaña está enfocado sobre Tripadvisor, que publicita más de 70 atracciones, tours, restaurantes, cafés, hoteles y apartamentos turísticos ubicados en 27 colonias (en tanto Booking tiene unos 45 hoteles y viviendas, y Expedia nueve, incluyendo cuatro grandes hoteles).

 

AI observa que cualquier forma de negocio con empresas de las colonias contribuye al mantenimiento de esos asentamientos ilegales, y tiene “impactos devastadores” sobre los derechos humanos de la población palestina. También recuerda que según el Derecho Internacional Humanitario, la presencia de población ocupante en el territorio ocupado constituye un crimen de guerra. Además, al hacerse cómplices de abusos a los derechos humanos, las compañías incumplen sus obligaciones de responsabilidad corporativa.

En mi columna de diciembre hablaba de los terroristas que viven en las colonias israelíes asentadas en Cisjordania −esos de los que los medios occidentales no hablan−. Decía también que las observadoras o acompañantes internacionales aprendemos a conocer las colonias más violentas, cuyos nombres muy pronto se nos hacen ‘familiares’. Quizás por eso resulta doblemente indignante leer en el informe de AI sobre las ofertas turísticas que esas mismas colonias ofrecen a través de las mencionadas plataformas. Resulta intolerable imaginar que, cuando un grupo de matones sale de la colonia para cometer ataques y tropelías contra las comunidades palestinas vecinas, al mismo tiempo hay allí turistas bañándose en las piscinas (con el agua que se les roba a esas comunidades), practicando deportes, visitando un sitio arqueológico o asistiendo a clases de lucha antiterrorista con las mismas armas que disparan contra los cuerpos palestinos.

AI pone el acento en el lucro que las colonias obtienen explotando como insumos turísticos recursos que pertenecían a comunidades palestinas y de los cuales fueron despojadas por la fuerza (principalmente la tierra y el agua, pero también minerales, sitios arqueológicos y sagrados)[2].

En el capítulo 5 el informe presenta cinco estudios de caso. No es casualidad que como observadora internacional haya conocido de primera mano esos cinco lugares: ellos son ejemplos acabados de violaciones a los derechos humanos, tanto por el despojo como por la violencia que su existencia y actividades provocan a las comunidades palestinas.

 

Ubicación de las 5 colonias judías en Cisjordania tomadas como estudios de caso en el informe de AI.

El primer caso es la periferia de Jerusalén, en la desértica y conflictiva zona llamada E1, donde el gobierno israelí está tratando de expulsar a la comunidad beduina de Khan Al-Ahmar para expandir sus colonias. Una de ellas, Kfar Adumim (con tres colonias satélites), concentra hasta 30 ofertas turísticas promocionadas por Airbnb: desde alojamientos de lujo a 440 dólares la noche (con “una vista espectacular del desierto”, piscina climatizada y jacuzzi) hasta carpas por 235 dólares la noche para “experimentar la tranquilidad del desierto y probar la cálida hospitalidad israelí”.

Mientras los turistas pudientes disfrutan de estas amenidades, a corta distancia la población de Khan Al-Ahmar, que habita en chozas de lona y lata, sin electricidad ni agua potable, con cada vez menos tierras para el pastoreo, resiste las amenazas de desplazamiento y demolición de sus instalaciones (que incluyen una encantadora escuelita construida con criterios ecológicos).

Conozco bien el segundo caso porque viví en la región de Nablus, y muchas veces me tocó acudir al llamado de las comunidades palestinas de Qaryut y Yalud para documentar los constantes ataques, robos y vandalismos causados por los vecinos judíos de la colonia Shiloh. Debido a ella, además, la población de esas aldeas ha perdido acceso a sus tierras de cultivo y a su principal carretera. El informe me permitió saber que, además de colonos violentos, Shiloh alberga un ‘sitio arqueológico’ que es promocionado como atractivo turístico a través de TripAdvisor, Airbnb y Booking.

El tercer caso es el más conocido, pues se trata de la emblemática Hebrón (una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo), considerada un microcosmos del apartheid israelí. Es el único lugar de Cisjordania donde unos 700 colonos (custodiados por 2000 soldados) están instalados en el corazón de la Ciudad Vieja (donde viven 30.000 palestinos/as). Para ‘protegerlos’ se ha creado un sistema que prohíbe a las personas palestinas manejar o caminar por ciertas calles (donde se les ha bloqueado incluso la entrada a sus casas, obligándolas a hacerlo por las azoteas y patios vecinos), y deben pasar diariamente por numerosos checkpoints militares donde son revisadas, demoradas y abusadas de mil maneras, tanto por los soldados como por los colonos, famosos por su violenta insolencia.

En ese entorno asfixiante, TripAdvisor publicita un museo y un provocativo tour que semanalmente realizan los colonos (protegidos por soldados armados a guerra) por sus cuatro asentamientos ubicados en el corazón de la Ciudad Vieja, para lo cual paralizan la vida económica y social palestina.

El cuarto caso es la aldea de Jirbet Susiya, al sur de Cisjordania. Esa comunidad pastora, formada por familias que viven en humildes carpas y chozas, tampoco cuenta con electricidad ni agua potable. Están allí desde que fueron expulsadas de sus tierras cercanas para establecer en ellas un sitio arqueológico explotado por los residentes de la vecina Susya, una colonia judía residencial con todas las comodidades del Primer Mundo.

Airbnb y TripAdvisor anuncian allí varias propiedades y otras atracciones, como una vinería boutique. Los turistas que disfrutan en esas instalaciones no tienen la menor idea de que allí vivían humildes familias campesinas que fueron desplazadas por la fuerza para construir en sus tierras agrícolas esas atracciones turísticas y la moderna Susya. Tampoco saben que, debido a las pretensiones de expansión de la colonia, la población palestina vecina ha sufrido varias demoliciones y vive bajo la constante amenaza de nuevas expulsiones.

En el quinto caso AI denuncia que TripAdvisor actúa como agente de reservas del Parque Nacional “Ciudad de David”, una publicitada atracción turística que se encuentra emplazada en medio de Silwan, un populoso barrio palestino de Jerusalén Este ocupada. El museo y parque arqueológico es administrado por una organización privada llamada Elad, la cual −con apoyo del gobierno israelí− está dedicada afanosa y agresivamente a expulsar a la población palestina de Silwan para sustituirla por colonos judíos. Lo ha dicho el portavoz del grupo: Elad quiere “judaizar” Jerusalén Este. Cientos de residentes palestinos/as están amenazados de desalojo forzoso, ya que Elad planea ampliar la Ciudad de David para incluir más residencias para colonos.

 

El informe de AI es tajante: Airbnb, Booking, Expedia y TripAdvisor, al publicitar propiedades y atracciones turísticas en las colonias israelíes, están lucrando con crímenes de guerra y contribuyendo a normalizar, fortalecer y expandir la colonización de Palestina.

Como era de esperar, la campaña de AI para exigir a las cuatro empresas que dejen de hacer negocios en las colonias fue condenada rápidamente como “antisemita” por miembros del gobierno israelí. “Amnesty se ha convertido en un líder de la campaña antisemita #BDS. El informe (…) es un intento escandaloso de distorsionar los hechos, negar la herencia judía y deslegitimar a Israel”, dijo en Twitter el ministro de Asuntos Estratégicos y Seguridad Pública Gilad Erdan.

El informe de 96 páginas (ver aquí un resumen en castellano) concluye con numerosas recomendaciones, entre las que destacan:

Los gobiernos de todo el mundo deben adoptar medidas para regular las actividades de las empresas, a fin de impedir que alimenten la economía de las colonias y sostengan así el proyecto de colonización ilegal de Israel. El no hacerlo los convierte en cómplices, afirma AI. En el contexto específico de las actividades turísticas citadas en el informe, los gobiernos deben tomar medidas reglamentarias para garantizar que compañías de turismo digital como Airbnb, Booking, Expedia y TripAdvisor no hagan negocios con colonos israelíes y no promuevan sus servicios turísticos en el territorio palestino ocupado.

– Para cumplir con sus responsabilidades de respetar el Derecho Internacional Humanitario y los Derechos Humanos, Airbnb, Booking, Expedia y TripAdvisor deben dejar de publicar alojamientos y actividades turísticas de las colonias −o gestionadas por colonos− en el territorio palestino ocupado, incluida Jerusalén Este.

Por ser TripAdvisor el principal objetivo de la campaña, AI invita a firmar la petición para exigir a la compañía que deje de promocionar propiedades y atracciones turísticas de las colonias israelíes ubicadas en la Cisjordania ocupada. La petición está ilustrada con un efectivo mensaje audiovisual de 1:23’ (ver abajo) presentado con un irónico copete: “Aprende a disparar como un soldado, pasea en camello o visita lugares históricos… ¡todo en tierra robada! Gracias a TripAdvisor, puedes hacer todas estas actividades cuando visites una de las muchas colonias israelíes ilegales.”

Como viajeras/os responsables, tenemos opciones: podemos dejar de usar esas plataformas, o mejor aún, sumarnos a la campaña de presión para exigirles que dejen de ser cómplices con el robo de Palestina. Seguir usándolas como si nada, es participar de la complicidad.

 

[1] La resolución 2334 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada en 2016, considera, igual que varias resoluciones anteriores de otros organismos de la ONU, de la Corte Internacional de Justicia y del Comité Internacional de la Cruz Roja, que las colonias israelíes en territorio ocupado violan el Derecho Internacional Humanitario.
[2] La utilización de recursos naturales del territorio ocupado por parte de la potencia ocupante también constituye un crimen de guerra.
Columna publicada en el portal Desinformémonos el 3/2/19. Todas las fotos son del informe de Amnistía Internacional (excepto la de Silwan).

 

Las colonias israelíes ilegales están en tierras palestinas robadas. No son destinos turísticos y nadie debería hacer lucro con ellas“, dice Amnistía Internacional.

 

Publicado en Apartheid, Colinas del Sur de Hebrón, Colonias Israelíes ilegales, Demoliciones, Derecho Internacional, Hebrón/Al-Khalil, Jerusalén Este, Resoluciones de la ONU, Susiya | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario

Hartos de los mitos, estos judíos estadounidenses están desafiando su educación sobre Israel

Hace tiempo venimos diciendo que la percepción sobre Israel está cambiando entre las nuevas generaciones judías de Estados Unidos. Este artículo de Tom Pessah aporta mucho sobre el tema. Traducido por J.M. para Rebelión, reblogueado desde Los Otros Judíos.

Leer también el importante pronunciamiento de la organización estadounidense Jewish Voice for Peace declarándose antisionista, y sus elaboradas y meditadas razones para llegar a esa decisión.

Los otros judíos

Miembros del grupo estadounidense judío antiocupación If NotNow protestan contra la decisión de Trump de trasladar la Embajada de los Estados Unidos a Jerusalén, Washington DC, 14 de mayo de 2018. Foto: Gili Getz

         25 de enero de 2019

Por Tom Pessah.

Crecieron con los mitos de un Estado judío heroico, se unieron a organizaciones sionistas y escucharon los temas de conversación. Pero algo en el camino les hizo cuestionar todo.

Algunos de los encuentros más extraños que tuve en los años que pasé viviendo y estudiando en los Estados Unidos fueron con judíos estadounidenses. A menudo me sentía como si me hubieran metido en un musical mientras que la gente esperaba que encajara en la imagen mítica de cómo se suponía que se comportaba un israelí. El único problema era que no tenía idea del argumento que debía interpretar.

Me preguntaron sobre mi tiempo en…

Ver la entrada original 1.865 palabras más

Publicado en Israel, Limpieza étnica, Normalización, sionismo | Etiquetado , , | Deja un comentario

Imágenes del ultraje: Jerusalén en 2018

El Centro de Información de Wadi Hilweh, en el barrio de Silwan (Al Quds/Jerusalén) realizó un video de 9:35 minutos (en árabe, subtitulado en inglés) que recopila las agresiones israelíes a personas, propiedades y lugares sagrados de la población palestina en su capital histórica durante 2018. Arrestos, represión, invasión de colonos judíos al recinto de Al Aqsa (Explanada de las Mezquitas), demoliciones de viviendas, violación de cementerios, se cuentan entre la infinidad de  violencias que la población palestina de Al Quds soporta cotidianamente.

Son el rostro de la limpieza étnica que el régimen sionista lleva a cabo en la ciudad, y que se ha intensificado brutalmente desde el ascenso de Trump y el traslado ilegal de su embajada a Jerusalén. Una operación que se realiza ante los ojos del mundo y que cuenta con la complicidad o aquiescencia de la comunidad internacional. Esas agresiones buscan no solo hacer intolerables las condiciones de vida y supervivencia palestinas, sino atacar el centro mismo de su identidad  como pueblo con un arraigo milenario en la que ha sido y es su capital histórica, política, cultural y religiosa.

Todo eso se revela en las imágenes seleccionadas por Silwanic, pero también nos muestran la inagotable capacidad de resistencia, resiliencia y dignidad de la población palestina para defender su ciudad santa y permanencer en ella.

 

Ver también otros artículos relacionados pinchando en la etiqueta “Jerusalén Este” o escribiendo “Silwan” en el buscador del blog.

 

Publicado en Apartheid, Demoliciones, Jerusalén Este, Limpieza étnica, Represión/protestas noviolentas | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

En el único Apartheid de Medio Oriente

Palabras de Jeff Halper al compartir en su Facebook el artículo de abajo (traducción mía del inglés):
Para quienes vivimos aquí, el apartheid no es un eslogan: es la realidad, y es cada vez más y más evidente. Abajo hay un informe sobre una nueva y brutal carretera de apartheid en la “gran” Jerusalén, que separa a los conductores palestinos de los israelíes mediante un muro de cuatro metros y medio que se yergue en su centro, y es parte de la barrera de apartheid de 750 kilómetros de largo que rodea y fragmenta el territorio palestino −otro clavo más en el ataúd de la “solución de dos estados”−.
Para quienes conocen nuestro trabajo en el ICAHD (Comité israelí contra las demoliciones de casas, que yo dirijo): esta carretera de apartheid (como la llaman incluso los israelíes) pasa cerca de la casa de la familia Shawamreh en Anata; una casa que ha sido demolida seis veces por las autoridades israelíes (que durante los últimos 51 años se han negado a conceder permisos de construcción a las familias palestinas), y fue reconstruida cada vez por activistas del ICAHD.
El proceso de judaización de Cisjordania ha concluido: esta carretera y la nueva construcción de colonias (como la que ayer se anunció que va a rodear y asfixiar completamente a Belén, ya rodeada por el Muro) representan operaciones de limpieza para incorporar aún más a Cisjordania dentro de Israel propiamente dicho, reduciendo el espacio vital, económico y político de la población palestina y eliminando para siempre la perspectiva de un Estado palestino viable. Hasta tal punto se ha completado el proceso de judaización que ahora existe de facto un solo Estado entre el Mediterráneo y el río Jordán: un Estado israelí en el que la mitad de la población bajo su dominio −unos 6 millones de personas− está encerrada en celdas sin derechos humanos, nacionales ni civiles. (¡Esto en “la única democracia de Medio Oriente”!).
No hay forma de remover a casi 800.000 colonos y la vasta infraestructura que Israel ha construido para que en su lugar pueda surgir un Estado palestino realmente viable y sostenible. La elección que ISRAEL nos ha dejado es cruda: el apartheid o la transformación del Estado único que Israel ha creado en un Estado democrático con igualdad de derechos para todos/as sus ciudadanos/as. Por qué el apartheid es preferible a la democracia para los gobiernos del mundo, para muchas personas progresistas (incluyendo judías liberales) y para cristianos evangélicos que apoyan la opresión en Tierra Santa de los primeros cristianos del mundo es algo inexplicable para mí. Pongan la foto de abajo junto a sus representaciones religiosas de la Tierra Santa, para entender el abismo entre el paisaje bíblico idealizado con el que todos crecimos y las brutales realidades políticas que han desfigurado esa tierra hasta dejarla irreconocible. ¿Será que eso puede conmover a alguien?

 

Israel inaugura una nueva carretera de Apartheid en Jerusalén
que separa a la población palestina de la población colona judía

 

Nir Hasson

 

Después de un retraso de años, la ruta 4370 en el área de Jerusalén se ha inaugurado. Esta carretera conecta la colonia Geva Binyamin con la Ruta 1 (la carretera Jerusalén-Tel Aviv) entre French Hill y el Túnel Naomi Shemer, que conduce al Monte Scopus. La carretera, que ha sido llamada la “carretera del Apartheid”, está dividida en el medio por un muro de ocho metros de altura. Su lado oeste sirve a los palestinos (que no pueden entrar a Jerusalén) mientras que el lado este sirve a los colonos, que ahora pueden llegar a French Hill y al Monte Scopus más fácilmente desde Anatot, Geva Binyamin y la Ruta 60, al norte de la ciudad.

Cisjordania tiene muchas vías segregadas, pero ninguna de ellas está dividida a lo largo de toda su longitud por un muro. La carretera se construyó hace más de una década, pero se mantuvo cerrada debido a una disputa entre el ejército y la policía sobre la dotación de personal de un nuevo checkpoint, que se abrió debido a la carretera. La carretera ha sido renovada recientemente por Moriah, la empresa de infraestructura de la ciudad de Jerusalén -aunque la carretera se encuentra fuera de la jurisdicción de la ciudad y no servirá a sus residentes-. El presupuesto para la obra provino del Ministerio de Transporte.

Policía fronteriza israelí en un nuevo checkpoint (puesto de control militar) en la ruta 4370, 9 de enero de 2019. (Foto: Olivier Fitoussi).

Se espera que la mayoría de sus usuarios sean colonos que viven al norte de la ciudad, que vienen a Jerusalén todos los días para trabajar y estudiar. En los últimos años, la congestión ha aumentado considerablemente en el checkpoint (puesto de control militar) de Hizma, por el que pasan los colonos. Por ahora, la nueva carretera se abrirá solo entre las 5 AM y el mediodía, cuando el tráfico es más intenso. El jefe del Consejo Regional de Binyamin, Yisrael Gantz, quien participó en la ceremonia de apertura, llamó a la carretera “nada menos que una línea de oxígeno para los residentes de la región, que trabajan, estudian y salen a divertirse en la ciudad. En una exitosa empresa de cooperación entre el consejo regional, el municipio de Jerusalén y el Ministerio de Transporte, el acceso a la capital se ha revolucionado”, señaló.

Parte del trabajo incluyó la construcción de un nuevo checkpoint, que encerrará a los palestinos de Cisjordania. Los conductores del lado palestino podrán rodear Jerusalén sin tener que entrar en la ciudad.

A la ceremonia de apertura del martes asistieron el alcalde de Jerusalén, Moshe Leon, el ministro de Transporte, Yisrael Katz, y el ministro de Seguridad Pública, Gilad Erdan. Leon indicó que “el camino es una verdadera bendición para los residentes de Pisgat Ze’ev y French Hill. La apertura de esta carretera durante períodos de alta congestión distribuirá de manera más uniforme parte de la presión en las carreteras existentes, lo que llevará a una importante flexibilización”. Agregó que “además de resolver los problemas de congestión del tráfico, estamos fortaleciendo el Consejo Regional de Binyamin e inaugurando el vínculo natural entre esta zona y Jerusalén”.

Katz comentó que el camino es “un paso importante para vincular a los residentes del Consejo de Binyamin con Jerusalén y para fortalecer el área metropolitana de Jerusalén”. Erdan agregó que la carretera es un ejemplo de la capacidad para crear una vida común entre israelíes y palestinos al tiempo que aborda los problemas de seguridad”.

El municipio de Jerusalén explicó que “este fue un proyecto de transporte que surgió como resultado de la cooperación entre el Consejo Regional de Binyamin y el Ministerio de Transporte. El camino fue rehabilitado por Moriah, con fondos del ministerio. Servirá a los residentes árabes, especialmente a los que viven en el campamento de refugiados de Shuafat. Facilitará la congestión en los vecindarios de Pisgat Ze’ev y French Hill, distribuyendo el tráfico de manera más equitativa”.

 

Ruta 4370, el 9 de enero de 2019. (Foto: Olivier Fitoussi)

Publicado en Haaretz  / Traducción: Palestinalibre.org

Ruta 4370, el 9 de enero de 2019. (Foto: Olivier Fitoussi)

Leer también en Mondoweiss: Israel’s new ‘Apartheid Road’ separates Palestinian and Israeli drivers with 8-meter wall
Publicado en Apartheid, Checkpoints, Colonias Israelíes ilegales, Israel, Jerusalén Este, Muro de Apartheid | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Amos Oz, el mito y la máscara

Mucho se ha escrito sobre Amos Oz tras su muerte a fines de diciembre pasado. Entre tantos elogios a su literatura como a sus ideas políticas ‘pacifistas’, poco de lo publicado ha contribuido a esclarecer sobre los límites de su supuesto pacifismo, que nunca dejó de ser sionista y, como tal, justificó lo injustificable. Sorprendentemente, incluso desde el campo pro-Palestina se han sumado esos elogios. Por eso creo necesario darle la palabra a quienes han preferido poner en su lugar a uno de los más prestigiosos representantes de la mal llamada “izquierda sionista” israelí. Reproduzco (traducidos) los textos del británico Ben White y el palestino Haidar Eid, y comparto los enlaces hacia los de Miko Peled, Jonathan Ofir y Marc H. Ellis (los tres judíos).

 

 

Amos Oz, el mito imperecedero del sionismo liberal

 

Ben White*

 

Marginada durante mucho tiempo en Israel por una derecha nacionalista ascendente, la llamada “izquierda sionista” ha mantenido una importante influencia moral e intelectual fuera de Israel. El escritor Amos Oz, fallecido a los 79 años el pasado 28 de diciembre, fue quizá la encarnación más conocida de esta corriente política y fue ampliamente venerado internacionalmente como “el padrino de los pacifistas israelíes”, como afirmó The New Yorker en 2004.

Sin embargo, esta imagen del artista o profeta liberal (alimentada en gran parte por cambios políticos en Israel que hacen que hasta los críticos más moderados sean ahora calificados de “traidores”) contrasta fuertemente con las opiniones de Oz acerca de acontecimientos pasados y presentes, y en particular acerca de lo que el sionismo ha significado para los palestinos.

Justificar la Nakba

La izquierda sionista de la que Oz formó parte ha empleado mucha energía para justificar la limpieza étnica de Palestina. Una contribución fundamental de Oz a ello es la siguiente metáfora: “La justificación [del sionismo] en términos de los árabes que habitan en esta tierra es la justicia de un hombre que se ahoga y se aferra a la única tabla a la que puede aferrarse”, escribió en su libro In the Land of Israel. “Y según todas las normas de la justicia natural, objetiva y universal, al hombre que se ahoga aferrado a esta tabla se le permite hacerse un hueco en la tabla aunque al hacerlo tenga que apartar un poco a otras personas. Aunque las demás personas, que están sentadas en esa tabla, no le dejen alternativa a la fuerza”.

Excepto que a los palestinos no se les pidió “compartir la tabla”: fueron expulsados en masa, sus pueblos fueron arrasados y sus centros urbanos despoblados, y siguen excluidos de su propia patria simplemente porque no son judíos. Además, ¿quién sino un monstruo negaría a un hombre que se ahoga un sitio en la tabla de salvamiento? De modo que la metáfora de Oz cumple una doble función: hace desaparecer la Nakba y acusa a las víctimas de esta de ser unos brutos insensibles a los que hay que “obligar” a “compartir una tabla”.

Falsa simetría

Oz utilizó las metáforas para promover una falsa simetría y eludir la responsabilidad política. Palestinos e israelíes son “vecinos” que necesitan unas “buenas vallas”, un matrimonio que necesita “un divorcio justo”, un paciente que necesita una operación “dolorosa”. En 2005, declaró [al diario francés] Libération: “Israel y Palestina […] son como el carcelero y su preso, esposados el uno al otro. Al cabo de tantos años apenas hay diferencias entre ellos: el carcelero no es más libre que su preso”. Esta eliminación de las estructuras de poder y la equiparación de la realidad del ocupado con la subjetividad del ocupante eran típicas.

“La confrontación entre los judíos que retornan a Sion y los habitantes árabes del país no es como una película de vaqueros o una epopeya, sino que es más una tragedia griega”, escribió (la cursiva es mía). Repitió una y otra vez variaciones de esta formulación: “El choque entre un judío israelí y un árabe palestino […] es un choque entre el derecho y el derecho […] un conflicto entre víctimas”.

Hablar de “tragedia” es desdibujar deliberadamente las líneas de causalidad, sustituir la responsabilidad por una desgracia lamentable y, es de suponer, considerar que el movimiento sionista (o incluso al propio Oz) es como el héroe trágico al que ennoblece su propia conciencia de sí mismo, aunque de hecho sus actos tengan consecuencias nocivas para otras personas.

En efecto, como observó Saree Makdisi, “no es del todo cierto que para Oz haya dos partes más o menos igual de culpables en este conflicto. En última instancia, los verdaderos villanos en la versión de la historia de Oz son los palestinos, que deberían haber reconocido el sionismo como un movimiento de liberación nacional [y] recibirlo con los brazos abiertos”.

En un artículo escrito hace unos años, Oz afirmaba que “la existencia o destrucción de Israel nunca fue una cuestión de vida o muerte” para países como Siria, Libia, Egipto o Irán. Pero entonces añadió como de pasada una frase elocuente: “Quizá lo ha sido para los palestinos pero, afortunadamente para nosotros, son demasiado pequeños para vencernos”. El colonialismo siempre ha sido una “cuestión de vida o muerte” para el colonizado y Oz lo sabía.

Proteger a Israel de las críticas en el extranjero

A pesar de su reputación de ser crítico con las acciones del gobierno israelí, en el ámbito internacional Oz desempeñó un papel importante justificando sus crímenes de guerra. Como señalaba un obituario, durante la invasión de Líbano y el aplastamiento de las dos Intifadas palestinas por parte de Israel, “Israel necesitaba voces que hablaran al mundo exterior ofreciendo un rostro más humanitario que el de Ariel Sharon”. A las tres semanas del inicio de la segunda Intifada, cuando ya habían muerto unos 90 palestinos, Oz utilizó un artículo de opinión en The Guardian para atacar “al pueblo palestino” del que afirmaba que estaba “asfixiado y envenenado por un odio ciego”.

Durante el devastador ataque israelí a la Franja de Gaza en 2014, Oz compartió entusiasmado con los medios de comunicación internacionales los argumentos de su gobierno: “¿Qué haría usted si su vecino del otro lado de la calle se instala en la terraza, sentara a su hijo pequeño en el regazo y empezara a disparar con una ametralladora contra la habitación de sus niños?”.

Oz rechazó además hasta unos modestos intentos de hacer que Israel asumiera sus responsabilidades: en 2010 escribió una carta oponiéndose a un intento por parte de estudiantes judíos y palestinos de que la Universidad de Barkeley desinvirtiera de dos empresas de armas que suministran al ejército israelí. Oz incluso difamó esta resolución de desinversión calificándola de antisemita.

Argumentos familiares

En última instancia, Oz creyó y repitió muchos de los mismos argumentos antipalestinos esgrimidos por los sucesivos gobiernos israelíes y nacionalistas de derecha. En un epílogo de 1993 a The Land of Israel, Oz denunció “al movimiento nacional palestino […] como uno de los movimientos nacionales más extremistas e intransigentes del mundo”, que ha provocado miseria “a su propio pueblo”.

En ese mismo prólogo Oz rechazó la afirmación palestina de que el sionismo era un “fenómeno colonial” al escribir con una involuntaria ironía: “Los primeros sionistas que llegaron a la tierra de Israel a principios de este siglo [XX] no tenían nada que colonizar ahí”. En 2013 Oz declaró: “Los kibbutzniks [habitantes de los kibbutz] no querían quitarle a nadie sus tierras. Se asentaron deliberadamente en espacios vacíos del país, en las marismas y en los desiertos en los que no había población en absoluto”.

En un artículo de opinión de 2015 Oz expresó su horror ante la idea de una mayoría palestina en un único Estado democrático: “Empecemos con una cuestión de vida o muerte. Si no hay dos Estados, habrá uno. Si hay uno, será árabe. Si es árabe, es imposible saber cuál será la suerte de nuestros hijos y los suyos”.

Se ha hablado mucho acerca del “viaje” político de Oz a partir su educación en una familia de sionista revisionistas, pero el rechazo de Oz de la solución de un Estado recuerda a las palabras del líder revisionista Vladimir Jabotinsky cuando afirmaba que “el nombre de la enfermedad es minoría” y “el nombre de la cura es mayoría”.

Colonialismo de asentamiento

El perfil político de Oz en Occidente no se limita a la vida y obra de una persona. También tiene que ver con el persistente romanticismo del kibbutz y las ilusiones respecto a la realidad de los Acuerdos de Oslo y el acuerdo de paz patrocinado por Estados Unidos. Por encima de todo quizá tiene que ver con el profundo apoyo al colonialismo de asentamiento en Palestina y la constante fuerza de la mitología sionista.

Un artículo de The New York Times acerca de la vida de Oz afirmaba que Israel había “nacido de un sueño, de un anhelo” y describía a Oz como “en muchos sentidos el nuevo judío por excelencia que esperaba crear el sionismo. Cuando era adolescente dejó Jerusalén por propia voluntad y […] se trasladó a un kibbutz, una de las comunidades agrícolas socialistas donde los israelíes vivieron sus fantasías más auténticas de cultivarse a sí mismos y la tierra para ser robustos y fuertes” (la cursiva es mía).

El colonialismo de asentamiento siempre ha significado la elevación de la subjetividad del colono y la eliminación violenta del colonizado. La historia del movimiento sionista en Palestina no fue diferente. Palestina no era un lugar real en el tiempo, con su historia, costumbres, pueblo e historias propios sino más bien un telón de fondo para que se cumpliera la visión de los colonos de una “restitución”. Los palestinos no eran personas reales, vivas y que respiraban sino salvajes nobles, bárbaros y fanáticos religiosos. Como afirmó el director de cine israelír Udi Aloni, “la izquierda judía israelí […] no ve a los palestinos como sujetos en una lucha, solo se ven a sí mismos”.

En una reseña mordaz del libro de Oz publicado en 2017, Dear Zealots, el expresidente del Knesset [parlamento israelí] Avraham Burg describió a Oz  “como un fanático defensor” de la partición que “pisotea todo en el camino a su expirada solución [de los dos Estados]”. Para Oz “es inconcebible un solo Estado árabe”; sus “opiniones acerca de los árabes asoman aquí y allá, y no son exactamente halagadoras”. Como escribió Burg: “Hay muchas preguntas y este pequeño libro de Amos Oz en absoluto ofrece soluciones”.

*Ben White es autor del libro Israeli Apartheid: A Beginner’s Guide and Palestinians in Israel: Segregation, Discrimination and Democracy. Es colaborador de Middle East Monitor y Al Jazeera, al-Araby, Huffington Post, The Electronic Intifada, la sección de The Guardian Comment is Free” y otros medios publican sus artículos.
Publicado en Middle East Eye. Traducido por Beatriz Morales Bastos para Rebelión.

Oz se mudó al kibbutz cuando era un adolescente en la década de 1950 y permaneció allí 30 años (Palestina Libre).

 

Amos Oz no era una paloma

 

Haidar Eid*

 

Una vez más, me encuentro en la incómoda posición de tener que escribir un obituario crítico sobre otro miembro de la llamada “izquierda” israelí, o más bien del “campo de la paz”. Hace cuatro meses fue Uri Avnery, fundador del movimiento Gush Shalom, y hoy es el apreciado novelista israelí Amos Oz, quien ha muerto a la edad de 79 años. Aunque mi área de interés es la literatura, es la política de este hombre lo que más me interesa.

Como la mayoría de los líderes de la “izquierda” sionista blanda, Oz sólo se oponía a la ocupación de Cisjordania y la Franja de Gaza, y nunca condenó el pecado original: el gran robo de Palestina en 1948. Para él −sionista comprometido hasta el último momento− la ocupación de 1967 es el origen del “conflicto palestino-israelí”.

Me interesa su posición con respecto a dos cuestiones importantes: el derecho al retorno y la solución de los dos estados. Su posición representa la de la llamada “izquierda” israelí, o sionismo blando.  Después de servir en la Guerra de los Seis Días de 1967, Oz fue una de las primeras figuras públicas en oponerse a la ocupación de Cisjordania y Gaza, y se convirtió en defensor de la solución de dos estados, es decir, dos entidades étnicas basadas en la identidad etnorreligiosa.

Además, Oz defendió los crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos por Israel en varias ocasiones, incluyendo el ataque masivo contra el Líbano en 2006, la masacre de Gaza en 2008-2009 y, como madre de todas las sorpresas, apoyó al presidente estadounidense Donald Trump en el traslado de la embajada de Estados Unidos a Jerusalén, hasta el punto de considerar que “todos los países del mundo deberían seguir al Presidente Trump y trasladar su embajada en Israel a Jerusalén.”

Uno puede hacerse una idea de la ideología que impulsa su escritura en las tres piezas de su obra que más conozco, y que resultan ser las más célebres en Israel, a saber: En la Tierra de Israel, Mi Miguel y Una historia de amor y oscuridad.

En la que es considerada como sus memorias, Una historia de amor y oscuridad, hay una interacción entre literatura e ideología, y esta última prevalece a expensas de la estética. A través de su glorificación del kibutz −sin importar que esté construido en una tierra robada que pertenecía a palestinos nativos− se convirtió en un participante activo y defensor de la agresiva política colonialista de su país. En su obra los palestinos son (mal)representados como personajes marginados y pasivos, nunca son actores activos. La obra literaria de Oz fue realmente una fusión de literatura e ideología israelí.

Oz, como Avnery, pertenecía a un grupo de israelíes que tratan de establecer sus propios parámetros restrictivos para la lucha palestina o de calificar su apoyo a ella para que sirva a sus agendas políticas. En este contexto, es de suma importancia distinguir entre las diferentes variantes de dicho apoyo o reconocimiento.

Oz eludió cuidadosamente el marco político definido por las fuerzas políticas y la sociedad civil palestinas como estrategia para poner fin a la ocupación militar de Cisjordania y la Franja de Gaza en 1967, hasta el punto de que cuando empleó el término colonialismo, limitó su aplicación al territorio ocupado en 1967, no a la Palestina histórica. El peligro de esta formulación es que elude la cuestión del derecho al retorno de millones de refugiados/as palestinos/as, así como el sistema legalizado e institucionalizado −ahora de rango constitucional− de racismo y discriminación contra las y los ciudadanos palestinos de Israel. Por lo tanto, ignora los derechos −reconocidos por la ONU− de la inmensa mayoría del pueblo originario de Palestina.

El suyo es un ejemplo de los intentos de algunos israelíes por restringir el alcance de los derechos fundamentales palestinos a la libertad, la igualdad y la justicia. Se trata de una práctica bien conocida de la “izquierda sionista” israelí para limitar los derechos del pueblo palestino a quienes viven en Cisjordania y la Franja de Gaza, ignorando a los 7 millones de refugiados/as cuyo derecho al retorno está garantizado por el Derecho Internacional y los 1,6 millones de ciudadanas/os palestinas/os de Israel, que son objeto de las políticas racistas del Estado. Oz, como otros sionistas blandos, luchó por el “derecho de Israel a existir” sin desmantelar su sistema de apartheid y de asentamientos coloniales, de la misma manera que algunos liberales blancos lucharon para mejorar las condiciones de opresión de la población negra bajo el apartheid en Sudáfrica.

Por eso, al igual que muchos otros palestinos y palestinas, cuestiono la sinceridad de los israelíes que nunca denuncian el carácter racista de Israel, y mucho menos el crimen mayor que cometió contra nuestro pueblo en 1948. Los y las israelíes con las que contamos son los que reconocen nuestros derechos internacionalmente sancionados, incluido el derecho al retorno. Oz no era uno de ellos. Por el contrario, estaba comprometido con el proyecto sionista en Palestina mediante su defensa de la solución racista de dos estados, y su ilimitada defensa de una mayoría judía en el 78 por ciento de la Palestina histórica.

No es de extrañar que Edward Said tuviera una opinión diferente de Oz. Cito de su obra The End of the Peace Process: Oslo and After:

El predecible Amos Oz ha exigido que decidamos entre la paz y la violencia, como si Israel ya hubiera aterrizado sus aviones, desmantelado Dimona[1], dejado de bombardear y ocupar el sur del Líbano (dos libaneses de 70 años fueron asesinados por aviones israelíes en los bombardeos sobre el mercado: ¿por qué eso no es violencia y terror?), y retirado todas sus tropas del 97% del territorio de Cisjordania que sigue controlando, junto con los checkpoints militares que ha plantado entre cada uno de los principales centros palestinos.

Estaba pensando en esas palabras en 2009, cuando los F16s y los helicópteros Apache israelíes bombardeaban mi barrio, matando a cientos de mujeres y niños, y yo, naturalmente, me pregunté: ¿por qué Amos Oz apoya esto?

Con su muerte, y la de Avnery antes de la suya, estamos asistiendo al fin de la fachada de la llamada “izquierda” israelí.

 

[1] Dimona es la base donde Israel tiene su armamento nuclear secreto. Se calcula que posee entre 200 y 400 cabezas nucleares. Israen no permite inspecciones del OIEA, y se ha negado a firmar el Tratado de No Proliferación Nuclear. (N. de la T.).
*Haidar Eid es Profesor Asociado de Literatura Postcolonial y Postmoderna en la Universidad Al-Aqsa de Gaza. Ha escrito extensamente sobre el conflicto árabe-israelí, incluyendo artículos publicados en Znet, Electronic Intifada, Palestine Chronicle y Open Democracy. Ha publicado trabajos académicos sobre estudios culturales y literatura en varias revistas, incluyendo Nebula, Journal of American Studies in Turkey, Cultural Logic y Journal of Comparative Literature.
Publicado el 30/12/18 en Mondoweiss. Traducción: María Landi.

 

Leer también:
Marc H. Ellis: Amos Oz y el fin del sionismo liberal
Miko Peled: Amos Oz Remembered: The Sharp Talons of a Zionist “Dove”
Jonathan Ofir: Amos Oz was the wizard of liberal-Zionist zealotry

 

Publicado en autodeterminación, Derecho Internacional, Israel, Resoluciones de la ONU, sionismo | Etiquetado , , , , | Deja un comentario