Netanyahu en América Latina

Un genocida se acerca a Argentina, Colombia y México. #UnGenocidaEnTuCasa #Netanyahu

 

Comienza viaje ‘oportunista’ de Netanyahu a América Latina

Según el rotativo emiratí Gulf News, el principal objetivo del premier israelí para tal travesía es conseguir más aliados en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y de este modo, tratar de obstaculizar más discusiones y reuniones de la ONU sobre las represiones israelíes contra los palestinos. Para facilitar este fin, a Netanyahu le acompañan varios representantes de empresas y negocios israelíes que tratarán de invertir en los mencionados países latinoamericanos a fin de aumentar los lazos económicos, algo que directamente afectaría los lazos políticos.


Colectividades palestinas de América Latina y el Caribe rechazan visita de Netanyahu

El día 12 de septiembre, Netanyahu visitará Argentina y posteriormente Colombia y México. Distintas entidades palestinas de América expresaron su rechazo a la visita del premier israelí y la normalización de relaciones con un estado que viola sistemáticamente los derechos humanos. La declaración, está firmada por organizaciones de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paragua y Perú. En ella se señala que la presencia del primer ministro del ente sionista “significa un verdadero agravio a países que conforman un continente de Paz y respeto irrestricto a los DDHH y a todas las normas que rigen el derecho internacional y la ley humanitaria internacional, en circunstancias que Netanyahu, representa su violación constante, la opresión permanente y la conculcación de todos los inalienables derechos del Pueblo Palestino a construir su estado independiente y soberano sobre las fronteras de 1967, incluída Jerusalén Oriental como su capital.”

Declaración de movimientos sociales y organizaciones de solidaridad.

 

Argentina, Colombia y México: ¿Nuestros presidentes estrecharán las manos de Netanyahu, manchadas con sangre?

Ellos saben perfectamente que Netanyahu ha cometido crímenes de guerra, violaciones a los derechos humanos, desacato a todas, absolutamente todas las resoluciones y dictámenes de los organismos internacionales, sin embargo, igual que el avestruz, esconderán la cabeza y nada de esto les importará.

 

Mensaje de ciudadanas israelíes de la Coalición de Mujeres por La Paz denunciando la gira de Netanyahu en América Latina: “Mi familia tuvo que irse de Argentina a Israel en la dictadura, y en un momento estando aquí me enteré que Israel siguió vendiendo armas a los generales de las dictaduras durante mucho tiempo, y esas armas fueron usadas contra nosotros, contra los argentinos. Hoy Israel capacita a la policía de Colombia, y espía a ciudadanos y periodistas, pasando información al gobierno de México. Es importante que se sepa que Israel y la industria de armas ganan con la ocupación. ¡Apoyamos las manifestaciones contra Netanyahu en Argentina, Colombia y México, y agradecemos que ustedes también se unan a ellas!”

 

Convocan una marcha en repudio a la visita de Netanyahu a Argentina

El Comité Argentino de Solidaridad con el Pueblo Palestino y otras organizaciones sociales y de derechos humanos del país convocaron hoy una marcha para el próximo 12 de septiembre, en repudio a la visita del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, a quien consideran un “genocida”.


Amplían denuncia penal contra Netanyahu con motivo de su próxima visita a Argentina

El 30 agosto el dirigente político Sergio Ortiz, del Partido de la Liberación, amplió su denuncia penal por la visita próxima a la Argentina del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. La razón es clara: “se trata de un criminal de guerra”.


Agentes de Israel reprimen a militantes argentinos en su propio país

Un grave hecho ocurrió en la mañana del 8/9 en Buenos Aires cuando dos militantes de las Asambleas del Pueblo fueron virtualmente secuestrados, arrastrados hasta el estacionamiento de la Embajada sionista, y alli desnudados, golpeados y amenazados de muerte. Los atacantes salieron de la Embajada, vestían vestimenta negra o gris oscura, tenían el pelo cortado al ras y actuaron como un cuerpo parapolicial a la vista de los transeuntes que caminaban por la Avenida de Mayo, pleno centro porteño y a tres cuadras de la Casa de Gobierno. Luego del mal momento pasado los dos integrantes de las Asambleas se dirigieron a los policías que en un patrullero estaba apostado al lado de la Embajada y denunciaron el hecho. La respuesta fue vergonzosa, ya que les dijeron que se vayan rápido “que bien barata la han sacado”.


Pérez Esquivel: “Netanyahu protege a represores argentinos prófugos”

El Premio Nobel de la Paz argentino, Adolfo Pérez Esquivel, expresó su repudio a la visita a la Argentina del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que se reunirá el martes con el presidente Mauricio Macri, por no permitir la extraditación del represor de la última dictadura cívico militar Teodoro Aníbal Gauto.

Netanyahu: criminal de guerra y ‘huésped de honor’

Rechazado en Europa por crímenes de lesa humanidad, Netanyahu llega a Argentina para promocionar la industria armamentística y de espionaje israelí. Rafael Araya Masry, analista especializado en Medio Oriente, aseguró que “las armas que se utilizan para atacar al pueblo palestino ahora llegan para reprimir.


Acto de repudio y campaña de firmas en Tucumán

LXS ABAJO FIRMANTES, RECHAZAMOS Y REPUDIAMOS LA VISITA DEL PRIMER MINISTRO DEL ESTADO DE ISRAEL A NUESTRO PAÍS, Y EXIGIMOS LA RUPTURA DE TODO TIPO DE LAZOS CON EL ESTADO GENOCIDA DE ISRAEL.
ASIMISMO, CONVOCAMOS A UN ACTO PÚBLICO DE REPUDIO EN PEATONAL MUÑECAS ESQUINA MENDOZA DÍA LUNES 11 DE SEPTIEMBRE A LAS 19 HS. LAS ORGANIZACIONES Y AGRUPACIONES PRESENTES DISPONDRÁN DE 5 MINUTOS DE ORATORIA.
PARA ADHESIONES Y PARA RESERVAR ESPACIO DE ORATORIA, MANDAR CORREO ELECTRÓNICO ANTICIPADO A tucumanxpalestina@gmail.com .

 

Marcha de repudio y protesta en Buenos Aires, 12/9/17.  Más temprano, una delegación del Comité Argentino de Solidaridad con el Pueblo Palestino hacía entrega en Cancillería de una Declaración de Repudio por la visita de Netanyahu al país, en coincidencia con la presencia del primer ministro israelí en el Palacio San Martín. En las inmediaciones hubo un fuerte operativo de seguridad.

La dirigente social y Madre de Plaza de Mayo LF Nora Cortiñas condena la visita de Netanyahu:

 

Una compañía israelí se postula para construir el muro de Trump

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahucalificó de “gran idea” la decisión del presidente estadounidense de construir el muro en la frontera de EE.UU. con México. “El presidente Trump está en lo cierto. Yo construí un muro a lo largo de la frontera meridional de Israel que logró detener la inmigración ilegal”, afirmó.


Trump compara su muro con México al de Israel con los territorios palestinos

“El muro es necesario porque la gente quiere protección y el muro protege. Lo único que tienes que hacer es preguntar a Israel. Tenían un absoluto desastre atravesando al otro lado”, opinó Trump en una conversación con un presentador del canal conservador Fox News.


Netanyahu busca calmar a México; no pide disculpas
 

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, intentó este martes tranquilizar a México sugiriendo que la crisis que provocó su declaración sobre el muro que Donald Trump quiere construir en la frontera sur de Estados Unidos se debe a un “malentendido”.
El sábado, Netanyahu celebró en un tuit la decisión del presidente estadounidense de construir un muro en la frontera con México.
“El Presidente Trump está en lo correcto. Construí un muro en la frontera sur de Israel. Frenó toda la inmigración ilegal. Gran éxito. Gran idea”, había escrito.


Comunicado frente al anuncio del gobierno ecuatoriano de fortalecer relaciones con Israel

El Comité Permanente de Solidaridad EcuadorXPalestina expresa su profunda preocupación ante la noticia difundida este 11 de julio por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana, en la que se anuncia que la canciller ecuatoriana, María Fernanda Espinosa, y el embajador israelí, Edwin Yabo, “acordaron impulsar el fortalecimiento de las relaciones bilaterales en todos los ámbitos, incluidas visitas de alto nivel, y la realización de la segunda reunión de consultas políticas en Israel”.

 

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Almagro, Israel y la mentira como política continental

 


María Landi

 

Columna mensual publicada en el portal Desinformémonos.

 

El Secretario General de la OEA Luis Almagro, no contento con promover la intervención estadounidense en Venezuela -en lugar de tender puentes para reducir la polarización social-, recientemente ha sumado motivos para la indignación popular al visitar Israel y hacer declaraciones que nos ofenden.

Almagro no habló como el representante de un organismo internacional, sino como un simple propagandista de Israel, presentándolo como un Estado normal, progresista y moderno, respetuoso de la democracia y los derechos humanos. Curioso concepto de democracia tiene el Secretario General de la OEA, que según él es compatible con el nacionalismo religioso, la ocupación colonial y el apartheid.

Por contraste, esta semana en una conferencia en la UNAM de Ciudad de México, el historiador israelí Ilan Pappé dejó claro que el Estado de Israel, nacido de la destrucción del pueblo, el territorio y la cultura árabes de Palestina, se sostiene desde hace siete décadas en base a un régimen de limpieza étnica, ocupación militar, colonización territorial y apartheid jurídico.

Ese Estado controla por la fuerza la totalidad del territorio de la Palestina histórica, desde el Mediterráneo hasta el Jordán, manteniendo a la mitad de la población que vive en él (unos seis millones de personas) sin absolutamente ningún derecho (en los territorios ocupados) o con derechos limitados (dentro de Israel) por el simple hecho de no ser judía. Y al tiempo que promueve la inmigración de población judía de todo el mundo, le niega a otros seis millones de palestinos/as el derecho de regresar a su tierra, obligándoles a vivir en el exilio o en miserables campos de refugiados en los países vecinos.

Israel es el Estado que ha desconocido e ignorado más resoluciones de la ONU desde 1948 hasta el presente (incluyendo la Corte Internacional de Justicia y el Consejo de Seguridad). Además de las numerosas resoluciones incumplidas, Israel comete diariamente crímenes de guerra -según el Derecho Internacional Humanitario- contra la población palestina. Entre ellos, desplazamiento forzado, traslado de población ocupante al territorio ocupado, apartheid (como recientemente afirmó la CESPAO, un órgano de la ONU) y genocidio incremental, como llama Ilan Pappé a la combinación de limpieza étnica gradual (en Cisjordania y Jerusalén Este) con ataques y bombardeos periódicos (en Gaza).

Pappé dejó claro lo que hemos dicho en esta columna muchas veces: el llamado “conflicto” palestino-israelí no es una disputa entre dos pueblos por la misma tierra, sino el resultado de una ideología y un proyecto colonial surgidos en Europa a fines del siglo XIX (el sionismo), que se propuso apropiarse del territorio de Palestina, expulsando a su población árabe nativa para sustituirla por colonos (judíos) provenientes de otros países. Los colonos sionistas europeos y blancos que llegaron a Palestina no eran descendientes de las y los palestinos originarios de religión judía, que hasta 1948 convivían pacíficamente con sus compatriotas de religión musulmana y cristiana –en Palestina y en todo el mundo árabe.

En sus declaraciones Almagro afirmó también que los pueblos latinoamericanos tenemos “los mismos principios y valores de respeto a la democracia y los derechos humanos” que Israel. Palabras similares suelen estar en boca de diplomáticos y representantes del régimen sionista en nuestros países. Semejantes afirmaciones deberían ser respondidas categóricamente con una indignación generalizada, pero la verdad es que suelen pasar desapercibidas y hasta toleradas.

A menudo me pregunto por qué los pueblos latinoamericanos, que tenemos siglos de resistencia contra el racismo y el colonialismo, y varias décadas de lucha contra el autoritarismo militar y el terrorismo de Estado, nos dejamos insultar por representantes de un Estado que mantiene la ocupación colonial más larga de la historia moderna (la única que queda en la agenda de la ONU desde su creación) y nos la presenta como “la única democracia de Medio Oriente”.

La dura verdad es que América Latina -al igual que otras regiones del llamado Sur Global- se está convirtiendo en la retaguardia estratégica de Israel, ante el deterioro acelerado de su legitimidad en el hemisferio Norte como consecuencia del avance de la campaña mundial de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS). El sionismo está desplegando en nuestro continente una preocupante ofensiva diplomática, económica y mediática, buscando incrementar su influencia, especialmente a través de la OEA y el BID.

Detrás de su interés en “cooperar” con nuestros países en cuestiones como tecnología agrícola y de irrigación (desarrollada tras décadas de despojo de sus recursos hídricos a las comunidades palestinas, mediante un verdadero apartheid del agua), Israel esconde su codicia por nuestros recursos estratégicos (por ejemplo, el acuífero Guaraní en América del Sur) y también su intención de exportar a nuestros países su modelo de Estado segurocrático, militarizado y represivo.

Aprovechándose de una coyuntura mundial donde aumentan el miedo al terrorismo y la islamofobia, de la impunidad que le ofrece la Era Trump y del giro hacia la derecha en nuestros países, Israel ve una oportunidad única para vendernos su industria de seguridad y armamentística (con el valor agregado de “probado en terreno”, es decir, en los cuerpos palestinos), así como su experticia en la lucha contra “el terrorismo” -que no es otra cosa que la represión brutal de la población palestina, que resiste mayoritariamente por medios no violentos al despojo de su tierra.

Quienes sufrimos el terrorismo de Estado reconocemos a un Estado terrorista, y debemos rechazarlo. Así como rechazamos la incitación de Almagro a la intervención externa en Venezuela, debemos rechazar su trabajo de blanqueo (‘whitewashing’) para normalizar los crímenes de Israel. No tiene nada de ‘normal’ un régimen que desde hace siete décadas viola sistemáticamente todos los derechos humanos del pueblo palestino, asesinándolo extrajudicialmente, encarcelándolo indefinidamente sin cargos ni juicio, apresando a sus niños por tirar piedras al ejército de ocupación y juzgándolos en tribunales militares, robándole y negándole su agua, expulsándolo de sus tierras, demoliendo sus casas, escuelas y hospitales como castigo colectivo o para vaciar la tierra y entregársela a colonos judíos, y permitiendo que éstos roben, destruyan y quemen cultivos, casas y propiedades palestinas con total impunidad.

Los pueblos latinoamericanos no tenemos ningún valor ni principio en común con Israel. Por el contrario, estamos por el fin de toda ocupación militar, de todo régimen colonial, racista y supremacista (basado en la superioridad de un grupo de población sobre otro, como es el caso de la etnocracia israelí), y por la autodeterminación de los pueblos, la misma que se le niega al pueblo palestino.

El paradigma de los derechos humanos y la democracia en el siglo XXI no admite que dos grupos de población viviendo en el mismo territorio sean gobernados por dos sistemas legales y jurídicos distintos en función de su origen étnico o religioso (civil para la población judía, militar para la población palestina), o que la población no judía sea discriminada por más de 50 leyes. Eso se llama apartheid, no democracia.

La mejor respuesta a las mentiras de Almagro como vocero del sionismo la dio Ilan Pappé al concluir su exposición en la UNAM: “Debemos entender que Palestina es un asunto de justicia social y moral. No es el peor conflicto que hay en el mundo, ni el movimiento sionista es el más cruel que ha existido en la historia. Pero es el relato más fabricado de nuestro tiempo. Es la historia más mentirosa del mundo. Y es la que muestra como ninguna otra la hipocresía y el doble rasero de Occidente. Hay muchos regímenes malos en el mundo, pero nadie los describe como positivos, o como “complejos”. El conflicto Palestina-Israel no tiene nada de complicado: es un caso clásico de colonialismo de asentamiento. Y la única solución es la descolonización de Palestina. Eso va a ocurrir cuando el mundo le diga a los sionistas: ‘No les creemos más su relato fabricado. Sabemos demasiado para creerles. ¡Dejen de mentir!’”

 

 

 

 

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Por qué la Autoridad Palestina debería disolverse

 

Ilustración de Christina Hägerfors para la versión original publicada en el NYT.

 


Diana Buttu*

 

La reunión del presidente Trump esta semana con el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, fue lanzada como un esfuerzo por parte del autor de “The Art of the Deal” para reanudar el proceso de paz patrocinado por Estados Unidos, y estancado desde hace mucho tiempo. Pero a medida que se acerca el próximo 50º aniversario de la ocupación israelí, hay algo más que claro: el proceso está peor que estancado. Ante un gobierno de derecha intransigente en Israel, que no cree que la población palestina debe tener plenos derechos, las negociaciones son inútiles.

¿En dónde deja esto al Sr. Trump y a la política estadounidense de promover a la Autoridad Palestina y al Sr. Abbas? Dado el abyecto fracaso de las conversaciones basadas en un marco de bancarrota que favorece fuertemente a Israel, cada vez más palestinos y palestinas están debatiendo la necesidad de un nuevo liderazgo y una nueva estrategia.

Muchos cuestionan ahora si la Autoridad Palestina desempeña algún papel positivo o simplemente es una herramienta de control para Israel y la comunidad internacional. La lógica ineludible es que es hora de que la Autoridad se vaya.

Establecida en 1994 bajo los Acuerdos de Oslo, la Autoridad Palestina estaba destinada a ser un órgano temporal que se convertiría en un gobierno plenamente operativo una vez que se otorgara la condición de Estado, prometida para 1999. La jurisdicción de la açAutoridad ha sido siempre, por ello, limitada: está a cargo de un mero 18% de Cisjordania (dividida en ocho distritos). En comparación con el control general de Israel sobre Cisjordania y la Franja de Gaza ocupadas, los poderes de la Autoridad Palestina son insignificantes.

Para mucha gente palestina, sin embargo, el establecimiento de su propio gobierno fue un sueño realizado. Finalmente, quienes habían vivido bajo ocupación desde 1967 se verían libres del gobierno militar represivo de Israel para pasar a gobernarse a sí mismos. Clamaban por asumir cargos en el nuevo organismo y se enorgullecían de establecer instituciones, a pesar de los obstáculos impuestos por el gobierno israelí. A medida que las negociaciones se prolongaban bajo Oslo, esos obstáculos se hicieron más arraigados.

Después de más de dos décadas, las conversaciones no han producido ningún progreso. Pasé varios años involucrada en las negociaciones del lado palestino, y puedo atestiguar su futilidad. Los delegados palestinos, que necesitaban permisos para entrar a Israel a participar en las conversaciones, eran detenidos rutinariamente en los checkpoints israelíes. Cuando hablábamos del Derecho Internacional y de la ilegalidad de las colonias, los negociadores israelíes se nos reían en la cara.

‘El poder es todo -nos decían-, y ustedes no tienen ninguno’.

A medida que pasaba el tiempo, quedó claro que el presupuesto de la Autoridad y sus prioridades estaban orientadas principalmente a garantizar que el palestino siguiera siendo uno de los pueblos más vigilados y controlados de la tierra. En efecto, la Autoridad Palestina sirvió de subcontratista para el ejército israelí ocupante. Se nos dijo que el enfoque abrumador en la seguridad era necesario para la duración de las conversaciones de paz. Hoy en día, un tercio del presupuesto de aproximadamente 4 mil millones de dólares que tiene la Autoridad va para la Policía; más que para la salud y la educación juntas.

Estas fuerzas de seguridad no brindan un servicio policial normal a la población palestina, sino que ayudan al Ejército israelí a mantener la ocupación y las colonias en constante expansión. La internacionalmente elogiada “cooperación en materia de seguridad” entre Israel y la Autoridad Palestina sólo ha resultado en la detención y el encarcelamiento de personas palestinas, incluyendo los y las activistas no violentas de derechos humanos, mientras que los colonos israelíes armados y violentos pueden aterrorizar a la población palestina con total impunidad. La Autoridad Palestina no tiene jurisdicción sobre los colonos, y el ejército israelí casi siempre mira hacia otro lado.

La razón de ser de la Autoridad Palestina en la actualidad no es liberar a Palestina: es mantener al pueblo palestino en silencio y aplastar el disenso, mientras Israel roba tierras, destruye casas palestinas y construye y expande sus colonias. En lugar de convertirse en un Estado soberano, la Autoridad Palestina se ha convertido en un Estado proto-policial, una dictadura virtual, respaldada y financiada por la comunidad internacional.

Miren a su líder. Con 82 años de edad, Abbas ha tenido el control de la ANP por más de 12 años, gobernando por decreto presidencial durante la mayor parte de ese tiempo, sin mandato electoral. Ha gobernado durante algunos de los peores días de la historia palestina, incluyendo la desastrosa división –que lleva una década− entre su partido Fatah y Hamas (el otro actor importante en la política palestina), y tres devastadores ataques militares israelíes contra Gaza.

Bajo su presidencia, el Parlamento palestino se ha vuelto moribundo e irrelevante. Muchas personas nunca votaron en las elecciones presidenciales o parlamentarias porque el Sr. Abbas no las ha convocado, a pesar de que está previsto en la Ley Fundamental que rige a la ANP. Los últimos sondeos de opinión muestran que su popularidad está en su nivel más bajo: dos tercios de la población palestina está tan desconforme que quiere que renuncie.

Un número igualmente alto ya no cree que las negociaciones les traerán la libertad. La ANP institucionaliza la dependencia de los donantes internacionales, que atan sus manos con condiciones políticas. Como resultado, incluso recurrir a la Corte Penal Internacional para responsabilizar a Israel por la construcción ilegal de colonias debe ser sopesado por las probables repercusiones financieras de una acción tan elemental.

Para eliminar este lazo que ha estado asfixiando al pueblo palestino, la ANP debe ser reemplazada por el tipo de toma de decisiones a nivel comunitario que precedió al establecimiento del cuerpo. Y debemos reformar nuestro principal órgano político: la Organización para la Liberación de Palestina −que también dirige Abbas−, para que sea más representativa del pueblo palestino y de sus partidos políticos, incluido Hamas. Hamas ha indicado durante mucho tiempo que quiere ser parte de la OLP, y sus estatutos revisados, recientemente hechos públicos en Doha (Qatar), afirman esta aspiración.

Con el proceso de negociación muerto, ¿por qué la gente debería estar obligada a aferrarse a la ANP, que únicamente ha servido para socavar su lucha de décadas por la justicia, y para contribuir a dividirla?

Teniendo en cuenta que hay alrededor de 150.000 empleados que dependen de la ANP para recibir sus salarios, no me hago ilusiones de que disolverla será sencillo o sin costo. Pero es la única vía para restaurar nuestra dignidad y un poder de decisión independiente. Una OLP reformada, con renovada credibilidad, será capaz de recaudar fondos palestinos y de las naciones amigas para apoyar a quienes viven bajo la ocupación, como lo hacía antes del proceso de Oslo.

Para algunas personas, esto puede sonar a renunciar al sueño nacional de autogobierno. No lo es. Al desmantelar la ANP, el pueblo palestino puede enfrentar de nuevo a la ocupación israelí de una manera estratégica, en contraste con las ofertas de estatalidad meramente simbólicas de Abbas. Esto significa apoyar las iniciativas comunitarias que organicen protestas masivas no violentas y presionen mediante boicots, desinversiones y sanciones a Israel, al estilo de las que ayudaron a acabar con el apartheid en Sudáfrica.

Esta nueva estrategia puede significar exigir igualdad de derechos dentro de un solo estado, una salida infinitamente más justa y alcanzable que el proceso respaldado por Estados Unidos, el cual pretendía que la paz podría llegar sin considerar los derechos de las personas palestinas refugiadas o con ciudadanía israelí. Ya más de un tercio de la población palestina en los territorios ocupados apoya la solución de un solo Estado, sin que ningún partido político importante abogue todavía por esa opción.

Al desmantelar la Autoridad Palestina y reformar la OLP, la verdadera voluntad del pueblo palestino se hará escuchar. Si el final del juego es dos estados o un estado, es a esta generación de palestinos y palestinas a quienes les toca decidirlo.

 

* Diana Buttu es abogada y fue consejera del equipo negociador de la OLP para el proceso de Oslo, del cual es crítica.
Publicado en el New York Times el 26/5/17. Traducción: Biladi. Editada por María Landi.

 

Diana Buttu habla con elocuencia y lucidez crítica sobre el ‘proceso de paz’ y el tramposo paradigma de Oslo, de los que fue directamente testigo, y sobre la necesidad del BDS. De 2010, pero totalmente vigente (video de Alternate Focus, 36′, en inglés):

 

 

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Gaza x 2

Niños de Gaza refrescándose en el verano (Nidal-Alwaheidi 2015).

Comparto aquí dos artículos que escribí este último mes sobre Gaza:

¿Dejaremos morir a Gaza?, columna mensual en el portal mexicano Desinformémonos.

El experimento Gaza, artículo en el semanario Brecha de Uruguay. Por ser éste de lectura restringida para suscriptores, lo reproduzco abajo del video.


Video: “Gaza: can you imagine?” (Gaza: ¿puedes imaginarte?):

 

El experimento Gaza


María Landi

 

Publicado en el semanario Brecha  de Uruguay el 28/7/17


Estos días el periodista israelí Gideon Levy publicó una de sus incisivas columnas titulada “Israel experimenta con el sufrimiento humano en Gaza”, señalando que el ensayo se lleva a cabo sin aprobación científica ni interés internacional, y que el grupo experimental está compuesto por los dos millones de seres humanos que sobreviven encerrados en esa cárcel de 360 km2.

En efecto, Gaza es un laboratorio de pruebas donde Israel experimenta desde su moderno y sofisticado armamento hasta cuánto puede resistir un grupo humano hacinado, hambreado y encerrado en un pequeño pedazo de tierra sin energía eléctrica ni combustible, sin agua potable ni saneamiento, sin equipamiento hospitalario ni medicinas, sin economía funcionando, sin trabajo, sin presente ni futuro.

Un 70 por ciento de la población de Gaza son familias que huyeron o fueron expulsadas de sus ciudades y pueblos en 1948 por las milicias sionistas que crearon el Estado de Israel. La mitad de sus habitantes vive aún en campos de refugiados, y tiene una alta natalidad. Por eso la Franja es uno de los lugares más densamente poblados del mundo, y se espera que en tres años haya un 10% más de habitantes.

En siete décadas Gaza ha atravesado períodos de régimen militar, colonización, aislamiento y bombardeos periódicos. Pero el actual bloqueo que la ha sumido en la peor miseria fue impuesto por Israel hace justamente diez años, cuando Hamas se hizo con el control de la Franja, después de ganar las elecciones legislativas en 2006. Encerrada por aire, tierra y mar por Israel, Gaza sólo respiraba a través de Egipto (ya sea por el paso de Rafah o los túneles subterráneos). Pero eso se terminó cuando en 2014 el electo Presidente Al Sisi se alió con Israel para endurecer el bloqueo.

En 2015 un informe de UNCTAD alertó que para 2020 la Franja de Gaza sería inhabitable por falta de energía y agua potable, así como por la destrucción de infraestructura vital provocada por la ofensiva israelí de 2014[1]. El informe señaló que 95 por ciento del agua que bebe la población de Gaza no es potable. Tres años después de ese ataque, que dejó un saldo devastador en vidas humanas[2], Gaza atraviesa su peor crisis humanitaria, sanitaria y energética. Un nuevo informe dado a conocer este mes por el Coordinador de Asuntos Humanitarios de la ONU en Palestina muestra que ya se estaría llegando a ese límite.

Desesperación provocada

La población de Gaza es resiliente, valiente, creativa y muy culta (un porcentaje importante ha estudiado en alguna de sus tres universidades y habla varios idiomas); pero está siendo arrastrada hacia la desesperación. Ese es el objetivo más perverso del ‘experimento’.

El cerco israelí impide labrar en un 35 por ciento de la poca tierra disponible y pescar en el 85 por ciento del mar de Gaza (donde la Marina israelí con frecuencia dispara a los pescadores o les confisca sus barcas), así como exportar lo poco que se produce (40 veces menos que en 2005); por eso el desempleo juvenil es del 70 por ciento, y 80 por ciento de la población vive de la ayuda humanitaria. “Nos han convertido en un pueblo de mendigos”, dicen muchos palestinos que tienen salud, edad y formación para desempeñarse exitosamente en cualquier rama de actividad.

La joven analista gazatí Ayah Abubashir dijo estos días que la tasa de suicidio y el uso de drogas han aumentado alarmantemente, al igual que la violencia doméstica y las disputas entre familias o vecinos; la tasa de divorcio subió del 2 al 40 por ciento, y aparecen fenómenos nuevos como la prostitución y la mendicidad infantil, ambas reflejo de la desesperante situación económica.

Dejamos de soñar porque no podemos hacer nada: cada vez que tenemos un proyecto sólo cosechamos frustración, porque no podemos llevarlo a cabo. Yo no hago más planes, sólo pienso en mañana o en la semana que viene, porque no sé qué pasará en Gaza mañana, si habrá una guerra y moriré, si nos veremos todos arrastrados por las batallas políticas internas“, expresó Farah Baker, universitaria de 19 años que es muy activa en las redes sociales porque son su “única manera de trasladarme fuera de Gaza, aunque sea virtualmente“.

Rehenes del juego político

Gaza lleva mucho tiempo sobreviviendo con un déficit energético crónico. La nueva generación no sabe cómo es tener electricidad las 24 horas del día. En cada nueva ofensiva, Israel se asegura de dañar la única planta eléctrica que existe, y luego de impedir que sea reconstruida.

Gaza necesita unos 400 MW de energía, pero debido a la baja producción de su planta (unos 70-80 MW), a los constantes recortes del suministro que recibía de Israel (120 MW) y de Egipto (30 MW) y a las restricciones impuestas al ingreso de combustible, desde hace años la población ha estado viviendo sin electricidad durante ocho o más horas al día. Además de las aguas residuales que son vertidas al mar sin tratamiento, y del agua que no puede ser potabilizada, la falta de energía también hace imposible bombearla hacia las viviendas de los edificios de altura. En febrero Israel también redujo a la mitad el suministro de gas para cocinar.

Pero esta ya difícil situación se agravó aún más el mes pasado cuando el gobierno israelí, accediendo a un pedido del Presidente de la ANP (que decidió dejar de pagarle la energía destinada a Gaza) cortó el ya insuficiente suministro eléctrico, dejando a la población con dos a tres horas de electricidad al día −en un verano en el que las temperaturas están arriba de los 40 grados.

Indiscutiblemente Israel es el principal responsable de esta intolerable situación; pero no es el único. La población de Gaza está siendo rehén de la eterna disputa política entre los rivales Fatah (que controla la ANP, asentada en Cisjordania) y Hamas, que controla Gaza. Una disputa que ciertamente Israel se ha encargado de aceitar por todos los medios posibles. Ahora la ANP de Mahmud Abbas parece decidida a golpear a Hamas a cualquier precio, y no le importa sumir a dos millones de compatriotas en la desesperación. A principios de año anunció un recorte severo (entre 30 y 70 por ciento) de los salarios de sus funcionarios asentados en Gaza; un duro golpe para una economía estrangulada por el bloqueo que necesita vitalmente del consumo interno.

En el CTI infantil del hospital Al Rantisi, los pequeños están conectados a respiradores que solo funcionan unas pocas horas al día. Sus vidas dependen de un generador que a veces se estropea. Bara Ghaben, Ibrahim Tbeil y Musab Arair, menores de un año, y Yara Ismail, de tres, sufrían de insuficiencia cardíaca congénita. Están entre los 16 pacientes que murieron recientemente esperando el permiso para ser trasladados a hospitales fuera de Gaza donde podrían salvar sus vidas. Las solicitudes son tramitadas ante Israel por la ANP, que −como parte de su guerra contra Hamas− desde abril está demorándolas o ignorándolas.

Con estas medidas Abbas espera que la población de Gaza se rebele contra Hamas. Y también quiere castigar a su rival que, en la búsqueda de apoyos externos para superar la crisis insostenible, ha decidido aliarse con su antiguo enemigo Mohammed Dahlan, ex hombre fuerte de Fatah pero hoy rival de Abbas. Dahlan –que en 2007 fue el operador de Abbas para intentar derrotar a Hamas en Gaza− es el favorito del ‘cuarteto árabe’ (Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Jordania) para suceder a Abbas.

Todos contra Gaza

Esta insólita movida se explica también porque las sanciones impuestas a Qatar por Arabia Saudita y sus aliados han dejado a Hamas en un aislamiento aún mayor: Qatar era hasta ahora el único apoyo externo que le quedaba, y su contribución a la reconstrucción de Gaza fue fundamental desde 2014. Dahlan, que tiene muy buenas relaciones con los países del Golfo, puede gestionar ayudas que Hamas necesita desesperadamente. El acuerdo incluiría además que Egipto suministre combustible a Gaza y abra el paso de Rafah, también vital para aliviar el bloqueo. A cambio, Al-Sissi espera que Hamas lo ayude a combatir a los grupos yihadistas que operan en el Sinaí.

Benjamín Netanyahu dijo que la decisión de cortar el suministro eléctrico a Gaza es “un conflicto interno entre palestinos”. Pero Amnistía Internacional, Human Rights Watch y 16 organizaciones de derechos humanos le recordaron a Israel que, según el Derecho Internacional Humanitario, como potencia ocupante tiene obligaciones directas e irrenunciables hacia la población ocupada; y dejarla sin suministro eléctrico constituye un crimen de guerra.

Si algo le faltaba al gobierno ultraderechista de Netanyahu para envalentonarse aún más, era tener a Donald Trump como principal aliado. La provocación gratuita, la arrogancia racista y la violencia de palabra y de acción son la única política hacia el pueblo palestino, que desde Jerusalén hasta Gaza está siendo empujado a la desesperación sin salida. Y como también advertía Gideon Levy, “la persona sin nada que perder es el enemigo más peligroso”.

 

[1] Además de las 500.000 personas que resultaron desplazadas por el ataque, UNCTAD estimó enormes daños económicos y de infraestructura, incluyendo más de 20.000 viviendas (70 por ciento de las cuales todavía están en ruinas), 148 escuelas y 15 hospitales.
[2] 2.200 personas murieron, incluyendo 550 niñas y niños, y más de 11.000 sufrieron mutilaciones o lesiones, muchas permanentes.

Una de las infografías realizadas por Visualizing Palestine para el tercer aniversario de “Margen Protector”.

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A Palestinian walks through flood water following heavy rain in the northern Gaza Strip, February 16, 2017. MOHAMMED SALEM/REUTER

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¿Todavía esperando al Gandhi palestino? Ella/él ya está aquí

Periodista ayudando a dos escolares a pasar a través de un checkpoint relámpago en Cisjordania (Crédito al pie de la foto).

Zaha Hassan*

 

La segunda pregunta más común que se le hace a una persona palestino-americana (después de “¿Dónde está Palestina?”) es: “¿Dónde está el Gandhi palestino?”.

Los estadounidenses quieren saber por qué los palestinos no emplean tácticas no violentas para poner fin a tantas décadas de opresión y colonización de su tierra.

Por supuesto, implícita en esta pregunta está la suposición −cultivada por las representaciones del “árabe enojado” y el musulmán nihilista en los medios masivos (así como por campañas de incidencia bien financiadas por grupos de presión y sus “think tanks”), que presentan a todo el Medio Oriente como un hervidero de odio contra el Occidente cristiano− de que los palestinos están genéticamente predispuestos a la violencia.

La verdad es que si alguna vez se le diera el Premio Nobel de la Paz a un pueblo entero por la moderación que ha demostrado y la obstinada determinación de sobrevivir, perseverar y construir un mañana mejor, a pesar de los intentos sistemáticos de borrarlo −incluso de los intentos de negar su misma existencia, a lo Golda Meir−, habría que dárselo al pueblo palestino.

Porque ¿dónde hay otro precedente de encarcelamiento de dos millones de personas, deliberadamente convertidas en dependientes de alimento, agua y energía durante una década entera, mientras persiste la narrativa de que todo se justifica por la “seguridad” de Israel, como el que sufre actualmente Gaza?

¿Dónde hay otro precedente de siete millones de personas a las que se les niegue el derecho de regresar a sus hogares y propiedades confiscadas hace siete décadas, simplemente porque son de la religión equivocada, mientras que nuevos asentamientos ilegales se expanden furiosamente en el pedazo de tierra de Cisjordania que se supone debería formar parte de su futuro Estado?

¿Dónde hay otro precedente de estados y organismos multilaterales responsables de garantizar la aplicación del derecho internacional y la legalidad, exigiéndole a un pueblo ocupado que haga cada vez más concesiones, y que negocie para legitimar los crímenes de guerra y normalizar la existencia de su ocupante?

La verdad es que cada niñita de Cisjordania que cruza un puesto de control militar para llegar a la escuela es una Rosa Parks. Cada prisionero que arriesga su vida durante semanas en una huelga de hambre para desafiar su encarcelamiento y las condiciones del mismo es un Mandela, y cada residente de Gaza que sobrevive a las privaciones deshumanizantes es un Gandhi palestino.

¿Cuántos miles de alfombras de oración más tienen que desplegarse en las calles de Jerusalén para que la resistencia no violenta palestina sea no sólo reconocida sino apoyada y alentada? ¿Cuántas protestas semanales más deben tener lugar en Bi’lin y otras aldeas en Cisjordania? ¿Cuántas carpas de la paz más tienen que ser levantadas y derribadas en Jerusalén y en el Naqab?

La verdadera cuestión, sin embargo, no es cuantificar las protestas, sino asegurarse de que el mundo las conozca.

Gandhi sabía esto. Martin Luther King Jr. lo sabía también. Y el gobierno israelí, [el lobby judío] AIPAC y los interesados ​​en mantener el dominio de Israel sobre Palestina lo saben. Y es por eso que proyectos legislativos escandalosos como la ley anti-BDS 720 del Senado están circulando por los pasillos del Congreso. El proyecto de ley, elaborado con la participación de AIPAC, convertiría en un delito punible con hasta 20 años de cárcel y una multa de hasta un millón de dólares abogar por el uso de tácticas económicas no violentas contra Israel.

¿Se imaginan a Rosa Parks encarcelada durante 20 años por organizar el boicot a los autobuses segregados? ¿O a Martin Luther King Jr. obligado a pagar un millón de dólares por boicotear los comedores racistas?

Debería quedar claro para todo el mundo que está mal penalizar la libertad de expresión que busca acabar con una injusticia. Cuando se les presentan los hechos, los estadounidenses lo entienden. Y poco a poco, pero con certeza, algunos miembros del Congreso que inicialmente copatrocinaron el proyecto de ley en una típica genuflexión ante AIPAC (“¿Dónde hay que firmar?”) están viendo la luz, como la senadora Gillibrand, que al ser alertada por la American Civil Liberties Union sobre las amenazas a la libertad de expresión y las debilidades  constitucionales del proyecto de ley, y ser convocada por sus votantes en una reunión del ayuntamiento, expresó su voluntad de repensar su apoyo.

Así, mientras que CNN y Fox News pueden no estar mostrando a los cientos y miles de palestinos/as que han estado orando en las calles de Jerusalén la la semana pasada en protesta por el intento disimulado de Israel de ejercer su soberanía sobre el Haram Al Sharif, estos intentos legislativos de los defensores de Israel de acabar con el apoyo a la resistencia palestina no violenta en los territorios ocupados o en el exterior están encendiendo focos de estadio sobre estos temas.

Activistas de todos los movimientos progresistas están tomando consciencia de cómo sus libertades civiles están siendo puestas en peligro para proteger la ocupación israelí en Palestina. Del mismo modo, cuando las aerolíneas estadounidenses aplican la legislación israelí impidiendo a defensores de derechos humanos viajar a Israel (incluyendo a judías estadounidenses, una de ellas rabina), los estadounidenses ven la conexión entre eso y las aborrecibles prohibiciones de viajes impuestas por la Administración Trump.

El pueblo palestino y sus aliados deberían desear (y orar en las calles) que Israel continúe revelando la verdadera naturaleza de su opresión, mientras continúan valiéndose de tácticas no violentas probadas para llevar la justicia y el derecho hacia una comprensión más verdadera de las causas y las soluciones al conflicto Israel-Palestina.

No hay manera más poderosa de exponer una injusticia y de corregir las percepciones erróneas asociadas a esa injusticia que a través del opresor mismo. Rosa Parks, el Dr. King y Gandhi sabían esto, y también los saben los palestinos y palestinas y quienes se solidarizan con ellos.

 

*Zaha Hassan es una abogada de derechos humanos, residente en Washington DC. Fue la coordinadora y asesora legal principal del equipo negociador palestino.
Publicado en Haaretz el 30/7/17. Traducción: María Landi.
Fotos tomadas por María Landi en la Ciudad Vieja y alrededores de Al-Jalil (Hebrón) entre octubre y diciembre de 2011:

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Jerusalén: las imágenes cuentan otra historia

Explanada de las Mezquitas, 27/7/17. Al fondo, la Cúpula de la Roca. (Activestills)

Otra vez las noticias en los medios hegemónicos sobre esta nueva crisis en Jerusalén (Al Quds) nos instalan en el reino del revés.
Es siempre así. No importa lo que los palestinos y palestinas como pueblo ocupado y colonizado hagan o dejen de hacer, y mucho menos lo que Israel como potencia colonial ocupante les haga día tras día y década tras década sin que los grandes medios se den por enterados. Los palestinos son siempre los malos de la película: sus acciones nunca son defensivas, ni de resistencia, ni la reacción ante una escalada de agresiones o provocaciones que desbordó el vaso de su proverbial paciencia.
Las causas, los antecedentes  y el contexto de esa violencia palestina que, según  los medios, parece brotar espontánea y visceralmente de la nada, como una erupción imprevista, nunca importan. Si en una semana las fuerzas israelíes -que andan siempre armadas a guerra en medio de la población civil en las localidades palestinas ocupadas (incluidos los barrios de Jerusalén Este, su Ciudad Vieja y sus lugares santos)- matan arbitrariamente a tres o cuatro palestinos (por protestar, por tirar piedras, por portar un cuchillo, o simplemente por estar en el lugar y en el momento equivocados, que puede ser su propia casa), y por efecto acumulado al final un palestino o palestina dice ‘basta’ y agrede a un soldado o un colono ocupante, las agencias internacionales van a informar sobre la agresión palestina; nunca sobre las anteriores o simultáneas agresiones israelíes.
Esta nueva crisis no es excepción a esa dinámica. Éste es el relato de lo ocurrido, según los medios occidentales: tres violentos palestinos mataron a dos policías israelíes encargados de ‘mantener la seguridad’ en la Ciudad Vieja de Jerusalén; y otro palestino aún más salvaje apuñaló y mató a tres miembros de una familia judía cuando cenaban en su casa. Como resultado de tanta violencia gratuita palestina, las autoridades israelíes han tomado medidas de seguridad (colocando detectores de metales a la entrada de la Explanada de las Mezquitas) para evitar más ataques. Pero los palestinos, que no quieren otra cosa que provocar más violencia, han reaccionado protestando masivamente contra esas justificadas medidas de seguridad.
No importa que esa protesta colectiva palestina haya sido indiscutiblemente no violenta, en forma de ejemplar desobediencia civil masiva, y que no obstante haya sido respondida con la habitual brutalidad de las fuerzas sionistas. ¿Qué violencia hay en que decenas de miles de personas recen en las calles, negándose a entrar a su sitio más sagrado a través de detectores de metales impuestos por una fuerza de ocupación?
Tampoco interesa entender que el rechazo palestino es a mucho más que los detectores de metales: lo que está en juego es nada menos que la pretensión israelí de ejercer soberanía sobre el ultra sensible recinto de la Explanada de las Mezquitas (tercer lugar más sagrado en el mundo para el Islam) y la amenaza de alterar su statu quo; más aún cuando políticos israelíes llaman explícitamente  a destruir las mezquitas y construir en su lugar el Tercer Templo judío.
En el relato occidental complaciente con la narrativa sionista nunca aparecen las brutalidades cotidianas que Israel comete a diario contra la población, los lugares santos y los barrios palestinos de Jerusalén, denunciadas reiteradamente por organismos de derechos humanos, internacionales y de cooperación, y hasta por diplomáticos europeos:
  • el violento proceso de judaización de la ciudad, por el cual todos los días se niega permisos de construcción y a continuación se destruye viviendas palestinas “construidas sin permiso”, dejando a familias enteras sin techo;
  • las constantes agresiones de los colonos usurpadores, instalados por la fuerza en medio de un barrio palestino después de haber expulsado a las familias que vivían allí;
  • los continuos arrestos arbitrarios y la prisión de niños, adolescentes y adultos, siempre acompañados de torturas y vejaciones;
  • las insólitas ‘deportaciones’ por las cuales niños o jóvenes nacidos y residentes en Jerusalén que ‘se portan mal’ son forzados a dejar la ciudad en forma temporal o permanente;
  • el rechazo sistemático a las solicitudes de unificación familiar de palestinas/os de Jerusalén cuyo cónyuge es de Cisjordania, obligando a las familias a vivir separadas o en la ilegalidad;
  • las ejecuciones sumarias y gratuitas de personas ‘sospechosas’ de portar un cuchillo con la intención de atacar israelíes (o incluso de quienes lo hicieron, pero después de ser reducidas o heridas y no representar ningún peligro); y el secuestro de sus cadáveres durante semanas o meses, para que las familias no puedan darles sepultura dentro de las 24 horas, como indica su rito;
  • el castigo colectivo a la familia y la comunidad del palestino que atacó a un israelí, demoliendo su vivienda y dejando a toda su familia en la calle, y sometiendo a todo el barrio o la aldea a toque de queda, allanamientos acompañados indefectiblemente de robo y destrucción de propiedad privada, arrestos violentos y masivos (mientras los israelíes que matan palestinos son aclamados como héroes);
  • la omnipresencia cotidiana de policías militares armados a guerra en las calles de la Ciudad Vieja, ostentando su agresivo poderío bélico para recordarle a la población palestina quién manda, o escoltando a los arrogantes colonos que avanzan escupiendo a los ‘goyim’ (‘gentiles’), o controlando todas las entradas al recinto sagrado de la Explanada de las Mezquitas (Haram Al-Sharif);
  • las continuas incursiones vandálicas de colonos, policías y políticos de ultraderecha en ese recinto, provocando, agrediendo, destruyendo objetos y libros del Corán en el interior de la mezquita de Al Aqsa, y lanzando gas lacrimógeno a los fieles que intentan impedir la profanación.[1]
  • los discursos incendiarios y de incitación explícita al genocidio y la limpieza étnica, e incluso a la destrucción de Al Aqsa, por parte de rabinos, parlamentarios y ministros sionistas -que en cualquier país democrático serían castigados como delitos de odio, pero en Israel son aplaudidos por una sociedad alienada y embrutecida…
  • y tantos otros abusos, provocaciones y arbitrariedades humillantes que ningún medio reporta, y que se van acumulando día tras día, año tras año, hasta que algún palestino dice “basta”, y solo entonces su reacción violenta llena los titulares[2].
Tampoco importan el contexto y los antecedentes del apuñalamiento llevado a cabo en la colonia Halamish, ubicada en tierras robadas a las aldeas palestinas de Ramala, incluyendo Kobar, de donde salió el atacante: la larga historia de violencia de los colonos de Halamish hacia sus ‘vecinos’ palestinos, o el hecho de que esos colonos ilegales están donde no deben estar según el consenso de toda la comunidad internacional. Como bien dijo el periodista Gideon Levy, a nadie en Israel (y tampoco en Occidente) le importa conocer –y menos entender− el testamento que dejó Omar Al-Abed, el joven atacante de la familia Solomon.  “Soy joven, todavía no cumplí los 20. Tenía muchos sueños y aspiraciones, pero ¿qué clase de vida es ésta, en la que nuestras mujeres y jóvenes son asesinados sin justificación?” y en la que los ocupantes coloniales “profanan la mezquita de Al-Aqsa mientras dormimos“.
“¿Qué le habrías dicho a Abed si te lo hubieras encontrado antes de que fuera a sembrar la muerte, aparte de “No matarás”? ¿Que debe ceder y rendirse? ¿Que la justicia no está de su lado, sino del de la ocupación? ¿Que tenga esperanza de vivir una vida normal? ¿Qué podría decirle un israelí a un joven palestino desesperado que en realidad no tiene futuro, ni oportunidad de cambio, ni escenario esperanzador; a un hombre cuya vida es una larga humillación? ¿Qué le habrías dicho?”, se preguntaba Levy.
He sido testigo muchas veces de esos abusos y provocaciones, y he percibido la violencia del poder ocupante -explícita o siempre latente- caminando por las callejuelas de la Ciudad Vieja y conversando con los comerciantes árabes, o visitando familias expulsadas, amenazadas de despojo o con sus viviendas convertidas en ruinas en los barrios palestinos. Y sé que toda la rabia, la impotencia y la profunda indignación que siento ante tanta injusticia e impunidad no son nada comparadas con lo que sienten quienes son todos los días, desde hace siete décadas, el blanco directo de ese proyecto racista de exterminio llamado sionismo. Por eso en momentos como éstos me quedo sin palabras, y solo puedo unirme a tantas mujeres que rezan en las calles o en sus casas para que Alá proteja a esos jóvenes y niños que resisten y prefieren incluso perder la vida con dignidad a seguir viviendo en la humillación.
Las imágenes recopiladas aquí intentan ser un contra relato para desmentir la narrativa dominante en los medios occidentales, que insisten en el viejo vicio de presentar al victimario como víctima con derecho a defenderse.

الله أكبر

 

[1] Nunca dejo de preguntarme: ¿qué pasaría si en un país musulmán se cometieran reiteradamente estos actos vandálicos contra una sinagoga, y no fueran castigados por las autoridades? ¿Qué espacio le dedicarían los medios occidentales a una noticia como esa? ¿Y cuánto tardaría la comunidad internacional en imponer duras sanciones a ese país?
[2] Incluso medios de izquierda históricamente aliados con la causa palestina cometen el error de pedirle a un israelí −con más miedo a ‘los árabes’ que vergüenza por lo que les hace su Estado− que escriban sobre lo que está pasando en Jerusalén desde sus confortables hogares en Tel Aviv. Me refiero a artículos como el de Shlomo Slutzky en el semanario Brecha del 28/7/17.

 

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Cifras de muertos y heridos al día 21 de julio (IMEU):

Breve reporte en español sobre los sucesos en Jerusalén (AJ+):
Tres registros de las fuerzas israelíes atacando con gases, bombas, balas y el cañón de agua fétida (skunk water) a manifestantes en el barrio de Silwan y a la entrada de la Ciudad Vieja, el fin de semana 15-16 y el 23 de julio (0202, A view from East Jerusalem):

Fuerzas israelíes atacan con gases lacrimógenos a manifestantes palestinos en el barrio Wadi Joz, cerca del complejo de Haram Al-Sharif, en Jerusalén, el 21/7/17 (Hispan TV):

Un policía militar patea a un palestino mientras está hincado orando en la calle (Al Jazeera):
Un colono judío ilegal y armado dispara a manifestantes en el barrio palestino Ras al-Amoud:

Colonos judíos provocan a palestinos que están rezando, empujándolos e insultándolos, el 24/7/17 cerca de la mezquita de Al Aqsa.
Policías militares fuertemente armados golpean salvajemente a un palestino con sus armas mientras otros lo sostienen, en la Explanada de las Mezquitas:
Ante las fuerzas de ocupación, la dignidad palestina marcha pacíficamente por las calles de su capital, Al Quds (26/7/17):
Mujeres increpan a los policías militares diciéndoles que no van a aceptar los detectores de metales (26/7/17, Al Jazeera):
Policías militares lanzan granadas de estruendo a la multitud de fieles musulmanes que se dirigen hacia la mezquita de Al Aqsa. 115 personas resultaron heridas (Haaretz):

La policía militar israelí lanza granadas de estruendo, gas lacrimógeno y balas de acero forrado en goma a los miles de fieles que están entrando en el Haram Al-Sharif el 27/7/17. Más de 50 personas resultaron heridas. (Kaamil Ahmed):
Fuerzas israelíes armadas a guerra dentro del hospital Makassed de Jerusalén, luchando con el personal médico para tratar de impedir que lleven a la sala de operaciones a Muhammad Abu Ghanam, manifestante palestino que fue gravemente herido por la policía militar israelí, y que falleció poco después (21/7/17, B’Tselem):

Fuerzas israelíes invaden con violencia el hospital Makassed para secuestrar los cadáveres de los palestinos que asesinaron y retenerlos para que sus familias no puedan enterrarlos dentro de 24 horas como indica el rito musulmán:
El 21 de julio, las fuerzas israelíes invaden el hospital Makassed de Jerusalén Este ocupada para arrestar a los manifestantes palestinos heridos tras la represión del “Día de Ira” para protestar por las medidas ‘de seguridad’ excepcionales tomadas en el Haram Al-Sharif.
Las fuerzas israelíes disparan a la multitud afuera del hospital Makassed, hiriendo a un médico y a un periodista:

Los compañeros del mártir Muhammad Hassan Abu Ghanem sacan su cuerpo clandestinamente del hospital Makassed para que las fuerzas israelíes no lo secuestren y retengan:
Funeral de Muhammad Mahmoud Sharaf (18), del barrio palestino de Silwan, asesinado por un colono en el barrio Ras al-Amoud el 21/7/17:

Funeral de Muhammad Abu Ghanam (20), asesinado por la policía israelí en el barrio palestino de Al-Tur:

Tres registros de la represión israelí en la Explanada de las Mezquitas (Mohammed Abu Hemeid):

El 21/7/17, las autoridades israelíes cortaron la electricidad en los barrios palestinos de Jerusalén Este y a continuación las fuerzas represivas atacaron a los manifestantes:

Líderes cristianos de varias denominaciones (católica, ortodoxa, luterana) entran en el Haram Al-Sharif para expresar su solidaridad a sus hermanos musulmanes (27/7/17).
Los líderes cristianos y el Muftí de Jerusalén coinciden: cualquier ataque contra Al Aqsa o el Santo Sepulcro será enfrentado por los palestinos de Jerusalén unidos en un solo pueblo:
El popular líder ortodoxo Arzobispo Atallah Hanna se dirige a sus hermanos musulmanes para expresar que  como cristianos palestinos están junto a ellos unidos, porque son un solo pueblo que resiste a la ocupación sionista:
El parlamentario israelí del Likud Oren Hazan publicó en su página de Facebook este mensaje: “Si depende de mí, entraría en la casa del terrorista [palestino atacante] y mataría a toda su familia”:
El 20/7/17, Muhammad Hussein Tnouh (26) fue ejecutado por soldados israelíes en la aldea de Tuqu (cerca de Belén, Cisjordania ocupada). Los militares afirmaron que el joven había intentado apuñalarlos; ningún israelí fue herido en el incidente. Según testigos, a Tnouh le pasaron por encima con un vehículo militar, y prohibieron a periodistas y paramédicos asistirlo.  El video muestra el cuerpo de Tnouh en el piso, cubierto por una sábana blanca, mientras los soldados disparan a las personas que intentan acercarse:

28/7/17, checkpoint militar de Qalandiya: el viernes (día de oración) las fuerzas israelíes impiden a personas palestinas de Cisjordania mayores de 55 años (que no necesitan permiso) entrar a Jerusalén para rezar en Al Aqsa. El pretexto esgrimido fue los disturbios violentos ocurridos en la ciudad el día anterior (Ahmad Al-Bazz):

 


Lecturas recomendadas:
Entendiendo lo que sucede en la Jerusalén ocupada 
Seis cosas que hay que decir sobre la violencia en Jerusalén y Cisjordania
Trump y Netanyahu están arrinconando a los palestinos 
The metal detectors are just the first step: Palestinians say Israeli takeover of Al Aqsa is red line that can’t be crossed

Expert Q&A: On the current crisis in Jerusalem 
Facts on Al-Aqsa Uprising: Arrest, Collective Punishment and Extrajudicial Killing
Everything you need to know about tensions at Jerusalem’s holiest place
The slow killing of Jerusalem
The future of Al Aqsa, the future of Palestine
Jerusalem’s red weekend: only when blood flows does Israel relent
Stories from East Jerusalem

 

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Por qué Palestina sigue siendo la cuestión

 

Palestinas manifiestan ante el checkpoint de Qalandiya (entre Jerusalén y Ramala) la víspera del 8/3/15. (Anne Paq/Ahmad Al-Bazz).

John Pilger*

Cuando en la década de 1960, siendo un joven reportero, fui por primera vez a Palestina, me alojé en un kibutz. Las personas a las que conocí eran trabajadoras, llenas de energía, y se llamaban a sí mismas socialistas. Me gustaron.

Una noche durante la cena, les pregunté por las siluetas de personas que se veían a lo lejos, más allá de nuestro perímetro.

“Árabes”, dijeron, “nómadas”, casi escupiendo las palabras. Dijeron que Israel -refiriéndose a Palestina- había sido prácticamente una tierra baldía, y que una de las grandes hazañas de la empresa sionista era hacer florecer el desierto.

Pusieron como ejemplo su cultivo de naranjas de Jaffa, que se exportaban al resto del mundo: un triunfo sobre los caprichos de la naturaleza y la negligencia humana.

Era la primera mentira. La mayor parte los naranjales y de los viñedos pertenecían a palestinos que habían labrado la tierra y exportado naranjas y uvas a Europa desde el siglo XVIII. Los anteriores habitantes de la antigua ciudad palestina de Jaffa llamaban a la ciudad “el lugar de las naranjas tristes”.

En el kibutz nunca se usaba la palabra “palestino”. Pregunté por qué. La respuesta fue un silencio incómodo.

En todo el mundo colonizado, la verdadera soberanía de los pueblos originarios es temida por quienes nunca consiguen ocultar el hecho -y el crimen- de vivir en una tierra robada.

El siguiente paso es negar a la gente su condición humana -como saben demasiado bien las personas judías. A eso le sigue -tan lógicamente como la violencia- ultrajar la dignidad, la cultura y el orgullo de las personas.

En Ramala, tras la invasión de Cisjordania ordenada por el difunto Ariel Sharon en 2002, caminé por calles llenas de coches destrozados y casas demolidas hasta el Centro Cultural Palestino. Los soldados israelíes habían acampado ahí hasta esa mañana.

Me recibió la directora del centro, la novelista Liana Badr, cuyos manuscritos originales yacían desparramados y destruidos por el suelo. Los soldados se habían llevado el disco duro que contenía sus obras de ficción y una biblioteca de obras de teatro y poesía. Casi todo estaba destrozado y mancillado.

No había sobrevivido un solo libro con todas sus páginas, ni una sola cinta original de una de las mejores colecciones de cine palestino.

Los soldados habían orinado y defecado en el suelo, en los escritorios, sobre los bordados y las obras de arte. Habían embadurnado dibujos infantiles con heces y escrito (con mierda): “Nacido para matar”.

Liana Badr tenía lágrimas en los ojos, pero la cabeza bien alta. “Lo reconstruiremos otra vez”, me dijo.

Lo que enfurece a quienes colonizan y ocupan, roban y oprimen, destrozan y mancillan, es la negativa de las víctimas a doblegarse. Y éste es el tributo que todos deberíamos rendir al pueblo palestino. Se niegan a doblegarse. Siguen adelante. Esperan -hasta que vuelven a luchar. Y lo hacen aun cuando quienes los gobiernan colaboren con sus opresores.

En medio del bombardeo israelí de 2014 sobre Gaza, el periodista palestino Mohammed Omer nunca dejó de informar. Tanto él como su familia se vieron afectados, hacían cola para conseguir agua y comida, y las acarreaban entre los escombros. Cuando le llamé por teléfono, podía oír las bombas tras la puerta. Se negó a doblegarse.

Los reportajes de Mohammed, ilustrados por sus gráficas fotografías, fueron un modelo de periodismo profesional que puso en evidencia la complaciente y cobarde manera de informar de los llamados medios hegemónicos de Gran Bretaña y Estados Unidos. La idea de ‘objetividad’ que tiene la BBC (hacerse eco de los mitos y mentiras de la autoridad, una práctica de la que está orgullosa) es puesta en cuestión todos los días por personas como Mohammed.

Durante más de 40 años he documentado la negativa del pueblo palestino a doblegarse ante sus opresores: Israel, Estados Unidos, Gran Bretaña, la Unión Europea.

Desde 2008, Gran Bretaña sola ha concedido a Israel licencias de exportación de armas y misiles, drones y rifles de francotirador por valor de 434 millones de libras.

Quienes han resistido esto -sin armas-, quienes se han negado a doblegarse, son algunos de los palestinos que he tenido el privilegio de conocer:

– Mi amigo el difunto Mohammed Jarella, que trabajó sin descanso para la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA, por su sigla en inglés), me enseñó por primera vez en 1967 un campo de refugiados palestino. Era un día muy duro de invierno, y los niños y niñas en edad escolar temblaban de frío. “Un día… -decía- Un día…”

– Mustafa Barghouti, cuya elocuencia continúa incólume, y que me describió la tolerancia que existía en Palestina entre las personas judías, musulmanas y cristianas hasta que -como me dijo- “los sionistas quisieron tener un Estado a expensas del pueblo palestino”.

– La Dra. Muna El-Farra, una médica de Gaza, cuya pasión era recaudar dinero para hacer operaciones de cirugía plástica a los niños y niñas desfiguradas por las balas y la metralla israelíes. Las bombas israelíes arrasaron su hospital en 2014.

– El Dr. Jalid Dahlan, psiquiatra, cuyas clínicas para la niñez de Gaza —niños y niñas que casi se habían vuelto locos por la violencia israelí— eran oasis de civilización.

Fátima y Nasser son una pareja cuya casa se alzaba en un pueblo cerca de Jerusalén calificado como “Área C”, lo que significa que la tierra fue calificada como sólo para judíos. Sus padres habían vivido ahí; sus abuelos habían vivido ahí. Hoy, los buldózeres están allanando carreteras sólo para judíos, protegidos por leyes sólo para judíos.

Era más de media noche cuando Fátima se puso de parto de su segundo hijo. El bebé era prematuro, y cuando llegaron al checkpoint, con el hospital a la vista, el joven soldado israelí les dijo que necesitaban otro documento.

Fátima tenía una fuerte hemorragia. El soldado se rió e imitó sus gemidos, y les dijo: “Vayánse a casa”. El niño nació allí en un camión. Estaba azul de frío, y muy pronto murió por no recibir los cuidados necesarios. Se llamaba Sultán.

Para las y los palestinos, éstas serán historias familiares. La pregunta es por qué no lo son en Londres y Washington, Bruselas y Sidney.

En Siria, una causa liberal reciente -una causa de George Clooney- está siendo financiada generosamente por Gran Bretaña y Estados Unidos, a pesar de que sus beneficiarios, los llamados rebeldes, están dominados por yihadistas fanáticos -el producto de la invasión de Afganistán e Irak, y de la destrucción de la Libia moderna.

Y sin embargo, la ocupación y la resistencia más largas de los tiempos modernos no son reconocidas. Cuando de pronto las Naciones Unidas se conmueven y califican a Israel de Estado de apartheid -como sucedió este año-, eso provoca indignación, pero no contra el Estado cuyo “propósito principal” es el racismo, sino contra una comisión de Naciones Unidas que osó romper el silencio.

“Palestina -afirmó Nelson Mandela- es el mayor problema moral de nuestro tiempo”.

¿Por qué se oculta esta verdad día tras día, mes tras mes, año tras año?

Cuando se trata de Israel –el Estado de apartheid, culpable de crímenes contra la humanidad y de haber violado el Derecho Internacional más que cualquier otro Estado–, persiste el silencio entre quienes saben y cuyo trabajo consiste en dejar las cosas en claro.

Cuando se trata de Israel, gran parte del periodismo está intimidado y controlado por un pensamiento colectivo que exige silencio sobre Palestina, mientras que el periodismo honrado se ha convertido en disidencia: una clandestinidad metafórica.

Una sola palabra –“conflicto”– permite este silencio. “El conflicto árabe-israelí”, recitan los robots en sus apuntadores electrónicos. Y cuando un veterano periodista de la BBC, un hombre que conoce la verdad, se refiere a “dos relatos”, la contorsión moral es total.

No existe un conflicto, ni dos relatos con su respaldo moral. Existe una ocupación militar impuesta por una potencia nuclear, que es apoyada por la mayor potencia militar del planeta, y existe una injusticia descomunal.

Se puede prohibir la palabra “ocupación”, borrarla del diccionario. Pero no se puede prohibir el recuerdo de la verdad histórica: la sistemática expulsión del pueblo palestino de su patria. Los israelíes lo llamaron “Plan D” en 1948.

El historiador israelí Benny Morris describe cómo uno de sus generales le preguntó a David Ben-Gurion, el primero en ocupar el cargo de Primer Ministro de Israel: “¿Qué haremos con los árabes?”. El Primer Ministro, escribió Morris, “hizo un gesto despectivo y enérgico con la mano”. “¡Expulsarlos!”, dijo.

Setenta años después, este crimen ha sido suprimido de la cultura intelectual y política de Occidente. O es discutible, o meramente controversial. Periodistas con abultados sueldos aceptan con entusiasmo viajes pagados por Israel, su hospitalidad y sus halagos, y después protestan enérgicamente defendiendo su ‘independencia’. El término “tontos útiles” fue acuñado para ellos.

En 2011, me impactó la facilidad con la que uno de los novelistas británicos más aclamados, Ian McEwan, un hombre bruñido por los destellos de la ilustración burguesa, aceptó el Premio Jerusalén de literatura en el Estado de apartheid.

¿Habría ido McEwan a Sun City en la Sudáfrica del apartheid? Ahí también concedían premios, con todos los gastos pagados. McEwan justificó su acción con palabras ambiguas acerca de la independencia de la “sociedad civil”.

La propaganda (del tipo de la que ofreció McEwan, con su golpecito de reprimenda en las muñecas de sus encantados anfitriones) es un arma para los opresores de Palestina. Como el azúcar, insinúa prácticamente todo hoy en día.

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Comprender y deconstruir la propaganda estatal y cultural es hoy nuestra tarea más importante. Se nos está obligando a entrar en una segunda Guerra Fría, cuyo objetivo final es someter y balcanizar a Rusia, e intimidar a China.

Cuando Donald Trump y Vladimir Putin hablaron en privado durante más de dos horas en la Cumbre del G20 en Hamburgo, al parecer acerca de la necesidad de no emprender la guerra el uno contra el otro, los detractores más vociferantes fueron los que se han apoderado del liberalismo, como el escritor político sionista de The Guardian: “No es de extrañar que Putin sonriera en Hamburgo. Sabe que ha conseguido su principal objetivo: ha hecho a Estados Unidos débil otra vez”, escribió Jonathan Freedland. Que empiecen los abucheos al Malvado Vlad.

Estos propagandistas nunca han conocido la guerra, pero aman el juego imperial de la guerra. Lo que Ian McEwan denomina “sociedad civil” se ha convertido en una rica fuente de propaganda afín.

Tomemos un término que los guardianes de la sociedad civil utilizan con frecuencia: “derechos humanos”. Al igual que otro concepto noble: “democracia”, el concepto de “derechos humanos” ha sido casi vaciado de su significado y propósito.

Como el “proceso de paz” y la “hoja de ruta”, los derechos humanos en Palestina han sido secuestrados por los gobiernos occidentales y las ONG corporativas que ellos financian y que reivindican una payasesca autoridad moral.

Así, cuando los gobiernos y las ONG piden a Israel que “respete los derechos humanos” en Palestina, no pasa nada, porque todos saben que no hay nada que temer: nada va a cambiar.

Miren el silencio de la Unión Europea, que complace a Israel mientras éste se niega a cumplir sus compromisos con la población de Gaza, como mantener abierta la cuerda de salvamento que es el paso fronterizo de Rafah, una medida a la que accedió como parte de su rol en el acuerdo de alto el fuego tras el ataque de 2014. El puerto marítimo para Gaza, acordado por Bruselas en 2014, también ha sido abandonado.

La comisión de las Naciones Unidas que mencioné antes (su nombre completo es Comisión Económica y Social para Asia Occidental) describió a Israel como (y cito) “diseñado para servir al propósito principal” de la discriminación racial.

Millones de personas lo entienden. Lo que los gobiernos de Londres, Washington, Bruselas y Tel Aviv no pueden controlar es que la gente de a pie está cambiando como quizás nunca lo haya hecho antes.

La gente se está moviendo en todas partes y, en mi opinión, está más consciente que nunca. Algunas personas ya están en una revuelta abierta. La atrocidad de la Torre Grenfell en Londres ha hecho que las comunidades se unan en una vibrante resistencia que es casi nacional.

Gracias a una campaña popular, el Poder Judicial está hoy examinando las pruebas de un posible juicio a Tony Blair por crímenes de guerra. Aun si fracasa, es un acontecimiento fundamental, que echa abajo otra barrera más entre el público y su posibilidad de reconocer la naturaleza voraz de los crímenes del poder estatal: el desprecio sistemático por la humanidad perpetrado en Irak, en la Torre Grenfell, en Palestina. Esos son los puntos que están a la espera de ser unidos.

Durante la mayor parte del siglo XXI, el fraude del poder corporativo presentado como democracia ha dependido de la propaganda de distracción; se ha basado en gran parte en un culto al “yoísmo”, diseñado para desorientar nuestro sentido de mirar hacia los demás, de actuar juntos, de justicia social y de internacionalismo.

La clase, el género y la raza fueron separados. Lo personal se convirtió en la política y los medios en el mensaje. La promoción del privilegio burgués fue presentada como una política “progresista”. No lo era. Nunca lo es. Es la promoción del privilegio y del poder.

Entre los jóvenes, el internacionalismo ha encontrado una vasta audiencia. Vean el apoyo a Jeremy Corbyn y la recepción que recibió el circo del G20 en Hamburgo. Al entender la verdad y los imperativos del internacionalismo, y al rechazar el colonialismo, entendemos la lucha de Palestina.

Mandela lo dijo de esta manera: “Sabemos demasiado bien que nuestra libertad es incompleta sin la libertad de los palestinos”.

En el corazón de Medio Oriente se encuentra la injusticia histórica de Palestina. Hasta que se resuelva y el pueblo palestino tenga su libertad y su patria, e israelíes y palestinos/as sean iguales ante la ley, no habrá paz en la región, y quizás en ninguna parte.

Lo que Mandela decía es que la propia libertad es precaria mientras gobiernos poderosos puedan negar la justicia a otros, aterrorizar a otros, encarcelar y asesinar a otros en nuestro nombre. Ciertamente, Israel comprende la amenaza de que un día esto pueda dejar de ser normal.

Por eso su embajador en Gran Bretaña es Mark Regev, bien conocido por los periodistas como un propagandista profesional; y por eso se permitió el “enorme engaño” -como lo llamó Ilan Pappé- de las acusaciones de antisemitismo para torcer al Partido Laborista y minar el liderazgo de Jeremy Corbyn. Lo importante es que no tuvo éxito.

Ahora los acontecimientos se están sucediendo rápidamente. La notable campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) está teniendo éxito día tras día: ciudades y pueblos, sindicatos y organizaciones juveniles se están adhiriendo a la campaña. El intento del gobierno británico de impedir a los ayuntamientos aplicar el BDS ha fracasado en los tribunales.

Esto no es paja en el viento. Cuando el pueblo palestino se vuelva a alzar, como se alzará, puede que no tenga éxito al principio; pero lo tendrá finalmente si nosotros entendemos que ellos son nosotros y que nosotros somos ellos.

 

* John Pilger es un premiado periodista y documentalista australiano residente en Londres, autor de varios libros y documentales. Este artículo es una versión abreviada de su ponencia en la Exposición Palestina de Londres, el 8 de julio. Se puede ver aquí el video de su ponencia “Palestine is still the issue” (“Palestina sigue siendo la cuestión”). 
Publicado en Counterpunch el 11/7/17.  Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos y editado por María Landi.
Video del camarógrafo palestino Jaled Hamad, que registró el ataque israelí de 2014 sobre el barrio Shuyaiya de Gaza, incluyendo los últimos minutos de su propia vida:

 

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