¿Vamos a seguir permitiendo esto por 100 años más?


María Landi

 

Columna mensual publicada en el portal Desinformémonos

 

¿Cómo elegir un tema para escribir cada mes sobre Palestina, cuando un simple escaneo de las noticias del día sería motivo para armar con cada una de ellas un expediente entero en la Corte Penal Internacional?

OCHA (la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU) informa que en lo que va de 2017 Israel ha demolido más de 170 estructuras palestinas a lo largo de Cisjordania, incluyendo 40 hogares,  desplazando a unas 300 personas y afectando los medios de vida de otras 4.000 más. A su vez, en todo 2016 Israel demolió o confiscó 1.093 propiedades palestinas, desplazando a 1.600 personas  –la mitad de ellas, menores de edad− y afectando los medios de vida de unas 7.000. Estas cifras son casi el doble que las de 2015.

La familia Mahmoud sentada en los escombros de su vivienda, demolida junto a otras tres más en la localidad de Isawiyah (Jerusalén Este) el 28/2/17.  30 personas quedaron sin techo (Silwanic):

 

En Jerusalén Este, Israel comenzó a construir una autopista que partirá la zona de Jabal al-Mukaber, para lo cual confiscará las tierras de 12 barrios palestinos; unas 57 viviendas que albergan a 500 personas serán demolidas. La finalidad de la autopista segregada será conectar las colonias judías (todas ilegales según el derecho internacional), al tiempo que elimina todos los caminos que comunican a los barrios palestinos, dejándolos como islas desconectadas geográfica y económicamente, lo cual hará aún más difícil para la población palestina acceder a sus centros educativos, de salud y religiosos.

 “Vivimos en un estado de miedo perpetuo”, dijo Mohammed al-Sawahra, un residente de la zona. “Es como si viviéramos en [dos mundos diferentes]. En las zonas palestinas, es como vivir en el tercer mundo, mientras a los israelíes que viven en las colonias construidas en las tierras de Jabal al-Mukaber se les ofrece una vida de confort como en los países del primer mundo
.

Israeli authorities uproot olive trees in order to pave a settler bypass road, Izbat Tabib, West Bank, January 16, 2017. (Keren Manor/Activestills.org)

El ejército israelí arranca olivos en tierras privadas palestinas para construir una carretera exclusiva para los colonos en Izbat Tabib, Cisjordania, el 6/1/17. (Keren Manor/Activestills.org)

También en las afueras de Jerusalén Este viven comunidades beduinas que fueron desplazadas por la construcción de la enorme colonia-ciudad judía Ma’ale Adumim. Sus precarias estructuras están constantemente amenazadas de demolición y sus habitantes de desplazamiento por la expansión de la colonia. Este mes, la totalidad de las 40 estructuras precarias de la comunidad Khan Al-Ahmar, incluida su escuelita (construida según criterios ecológicos y con fondos de la cooperación europea), recibieron órdenes de demolición que, de hacerse efectivas, podrían borrarla enteramente del territorio.

El 20 de febrero, las autoridades israelíes destruyeron por segunda vez en el mes una tubería de agua de ocho kilómetros y medio que unía las humildes comunidades pastoriles de al-Hadidiya y Ras al-Ahmar, en el árido Valle del Jordán, y brindaba agua a 47 familias palestinas. La tubería fue financiada por UNICEF y costó 12.500 euros. Según las autoridades israelíes, “fue desconectada por ser ilegal”, es decir, construida sin permiso, por la simple razón de que los permisos de construcción son imposibles de obtener en más del 60 por ciento del territorio palestino ocupado.

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Si se trata de detenciones, es casi imposible mantener un registro de las decenas de arrestos que el ejército israelí lleva a cabo cada noche en distintas localidades y campos de refugiados de Palestina. La organización Samidoun informa cada día sobre adolescentes procesados por tirar piedras, presos que tras cumplir sentencias de 12 o 15 años son re-arrestados a los pocos días de ser liberados, o de las numerosas detenciones arbitrarias. Es el caso de Mohammed Al-Qiq, un periodista que el año pasado estuvo 94 días en huelga de hambre, al borde de la muerte, protestando por su detención ‘administrativa’ (sin cargos ni juicio); liberado finalmente en mayo, fue detenido nuevamente este mes, también sin cargos. Al-Qiq inició hace dos semanas una nueva huelga de hambre, y ha sido hospitalizado por el rápido deterioro de su salud, debido a las secuelas de su prolongada huelga anterior. Actualmente hay más de 6.500 presos y presas políticas en las cárceles israelíes; más de 500 están en detención ‘administrativa’, y más de 300 son menores de edad. Un caso reciente particularmente escandaloso es el de Ahmad al-Jadur (15), sentenciado a tres meses (y una multa de 800 dólares) por tirar piedras a los soldados, a pesar de que es un enfermo crónico que sufre de epilepsia y leucemia desde hace tres años y requiere tratamiento especializado por su frágil estado de salud.

En Gaza, los modestos pescadores que intentan ganar el sustento para sus familias adentrándose en las poquísimas millas náuticas que les permiten, aun así son rutinariamente hostigados y agredidos por la marina israelí. Esta semana, cinco jóvenes pescadores del clan Bakr fueron arrestados y sus barcas confiscadas; uno de ellos, Muhammad Sabri Bakr, recibió además un disparo por la espalda y se encuentra en estado crítico.

Estos hechos ocurren con demasiada frecuencia como para ser noticia en los medios. La bloqueada, bombardeada y nunca reconstruida Gaza, donde se hacinan dos millones de personas en 350 km2, donde las pacientes de cáncer mueren por no poder salir para recibir tratamiento y los bebés dejan de respirar en las incubadoras (hay cuatro horas de electricidad por día), sólo es noticia cuando algún inofensivo cohete casero sale disparado hacia el territorio israelí.

Fuerzas israelíes vigilando la costa desde el mar de Gaza.

Fuerzas israelíes vigilando Gaza a pocas millas náuticas  de la costa (Ma’an News Agency).

En medio de la sucesión interminable de atrocidades y afrentas rampantes a la más básica humanidad, esta semana un hecho se convirtió en el símbolo perfecto del régimen de apartheid racista: el legendario sistema de ‘in-Justicia’ israelí dio a conocer la sentencia para el soldado Elor Azarya, quien en marzo de 2016 en Hebrón ejecutó de un disparo en la cabeza al joven palestino Abdelfattah Al-Sharif, que yacía desarmado y herido en el suelo –tras intentar un ataque con cuchillo. Azarya, que a esta altura es un héroe nacional en Israel, fue sentenciado a 21 meses de prisión por “homicidio culposo” (involuntario).

Elor Azarya (foto de Twitter).

Elor Azarya (foto de Twitter).

La ejecución extrajudicial habría pasado desapercibida y permanecido en la impunidad –entre tantas cometidas por las fuerzas sionistas desde 2015− si no fuera porque un testigo palestino la filmó  y el video se hizo viral (y por ello está amenazado de muerte por los colonos de Hebrón)[1]. Ante esto, las autoridades tuvieron que arrestar al soldado e iniciar una investigación; un año después, la sentencia constituye una afrenta a todas las víctimas palestinas y a sus familias.

El caso ilustra cómo las leyes, políticas y prácticas del Estado de Israel se aplican de manera radicalmente diferenciada según la identidad étnico-religiosa de las personas. Mientras un soldado que viste uniforme y ejecuta a corta distancia a un palestino indefenso −a la vista de todo el mundo y registrado en video− recibe una condena de un año y medio sólo por ser de nacionalidad judía, hace justamente un año cinco adolescentes palestinos conocidos como los Chicos de Hares fueron sentenciados también por ‘homicidio culposo’ a 15 años de prisión, sin absolutamente ninguna evidencia ni testigo[2].

Fuerzas israelíes encubiertas arrestan a un niño palestino (Foto del sitio web de Samidoun).

Fuerzas israelíes encubiertas arrestan a un niño palestino (Foto del sitio web de Samidoun).

A partir de este caso ‘ejemplarizante’, más adolescentes palestinas/os han recibido en el último año largas sentencias, no tanto por agredir a israelíes, sino apenas por la presunción de que intentaban hacerlo: en febrero, Huzaifa Taha (17) fue condenado a 12 años, acusado de intentar apuñalar a un colono residente ilegal en Jerusalén Este; Nurhan Awad (17) fue sentenciado a 13 años y Muawiya Alqam (14) a 6 años, ambos de Jerusalén y por la misma acusación; las adolescentes Manar Shweiki (16), Nurhan Awad (17) y Marah Bakir (17) fueron condenadas a 6, 13 y 8,5 años respectivamente, acusadas de portar cuchillos con la intención de atacar a israelíes; a la joven Malak Salman (17) le espera en marzo una condena similar por la misma acusación; y por lo mismo, los niños Shadi Farrah y Ahmad al-Zaatari (13) fueron sentenciados a tres años en enero. Dentro de ‘Israel’, la joven Shatila Abu Aida (23) fue condenada a 16 años por atacar con un cuchillo a un israelí. En 2016, Ahmad Manasrah (14) recibió una sentencia de 12 años porque con 13 años se supone que pretendía agredir con un cuchillo a colonos en Jerusalén, hecho que no llegó a cometer; y cinco adolescentes recibieron sentencias más largas que la del asesino Azarya sólo por tirar piedras a los soldados de ocupación: Saleh Ishtayya (16), Muhammad Jaber (14) y Murad Alqam (14) recibieron 3 años; Muhammad Tayeh (17) y Zaid al-Tawil (16) recibieron 2 años y 4 meses[3]. Y la lista podría seguir…

Y seguirá, mientras los gobiernos, los organismos multilaterales y las personas de a pie sigamos permitiéndole a Israel violar los derechos humanos sistemáticamente, día tras día, desde hace casi siete décadas. La ‘comunidad internacional’ (EE.UU. y sus aliados) sabe cómo aplicar sanciones efectivas cuando quiere que en un país haya un cambio de régimen. Pero a Israel se le condena sólo de palabra. El ejemplo más reciente es la Resolución Nº 2334 del Consejo de Seguridad (aprobada en diciembre) que condenó la incesante colonización sionista de Palestina, pero no fue acompañada de ninguna medida para hacerla aplicable.

La respuesta de Israel fue la de siempre: amenazar a los países que la votaron, y anunciar que no va a respetarla y que seguirá expandiendo y construyendo nuevas colonias en el territorio palestino. Y para doblar la apuesta, a principios de febrero el Parlamento aprobó una polémica ley para regularizar las colonias no autorizadas en Cisjordania ocupada, lo que permitirá legalizar de manera retroactiva unas 4.000 viviendas construidas en tierras privadas palestinas. Como declaró la dirigente de la OLP Hanan Ashrawi, esta nueva ley “es la anexión final de Cisjordania” y dará libertad a los colonos “para embarcarse en el robo de tierra con total impunidad”.

Obras de expansión en varias colonias israelíes de Cisjordania a pesar de la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de la ONU (Ahmad Al-Bazz/Activestills.org).


2017 es un año clave para la memoria histórica palestina
, al cumplirse varios aniversarios: 100 años de la Declaración Balfour, por la cual el Imperio Británico le prometió a los sionistas la tierra de Palestina, ignorando la existencia e intereses de la población árabe nativa; 70 años de la Resolución 181 de la ONU, que recomendó la partición de Palestina para darle la mitad del territorio a los colonos sionistas recién llegados de Europa; 50 años (¡medio siglo!) de la ocupación de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este y los Altos del Golán sirios por la maquinaria bélica israelí; 10 años del bloqueo inhumano a la Franja de Gaza; y también 30 años de la primera intifada. En todo el mundo se preparan iniciativas para marcar estos aniversarios con acciones significativas y efectivas encaminadas a terminar con la impunidad de Israel y decir ¡Ya basta! Cualquier persona puede vincularse a las actividades que se realicen en su territorio.

La primera será, entre marzo y abril, la 13ª edición de la Semana contra el Apartheid Israelí, con eventos previstos en más de 200 lugares de cinco continentes para fortalecer y expandir el movimiento BDS, que llama a presionar y aislar a Israel hasta que respete el derecho internacional y los derechos del pueblo palestino. La Semana tendrá un impulso especial en América Latina, donde se espera que éste sea un año clave para el despegue del BDS, un movimiento de base y liderazgo palestino, donde el protagonismo está en manos de la gente y de quienes creemos firmemente que los cambios duraderos se hacen desde abajo.

 

Video de la 13ª Semana contra el Apartheid Israelí:

 

[1] En el video puede verse además cómo el soldado agredido levemente es atendido por paramédicos y llevado a una ambulancia, mientras el joven palestino yace herido en el suelo sin que nadie se moleste en atenderlo, antes de ser ejecutado.
[2] Fueron acusados sin pruebas de haber lanzado piedras y provocado un accidente cerca del pueblo de Hares, en el cual una colona incrustó su coche contra un camión, resultando herida de gravedad una de sus hijas, la cual murió dos años después por complicaciones derivadas de una neumonía.
[3] Fuentes: Samidoun y The Independent.

 

Publicado en América Latina, Apartheid, BDS, Colonias Israelíes ilegales, Demoliciones, Derecho Internacional, Ejecuciones extrajudiciales, Gaza, Jerusalén Este, Limpieza étnica, Los chicos de Hares, Naksa, presos políticos palestinos, Resoluciones de la ONU, Valle del Jordán | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

La campaña Desmontemos el gueto. Colonos fuera de Hebron! ( أخرجوا المستوطنين من قلب الخليل) 

Hebrón/Al Jalil, la ciudad palestina más grande de Cisjordania, es un microcosmos de la ocupación colonial y el apartheid israelíes. El Comité para la Defensa de Hebrón lanzó esta campaña (continuación de la que pedía la apertura de la calle segregada Shuhada: Open Shuhada Street) para luchar contra la guetización y apropiación de la ciudad por parte de los colonos judíos fanáticos y violentos.

Reblogueado desde Los Otros Judíos.

Origen: La campaña Desmontemos el gueto. Colonos fuera de Hebron! ( أخرجوا المستوطنين من قلب الخليل) 

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Jerusalén no es Israel

Pero el régimen sionista está arrasando con la ciudad

 

 María Landi

 

Publicado en el portal Desinformémonos el 29/1/17
El Muro de los Lamentos y detrás la Explanada de las Mezquitas, con la dorada Cúpula de la Roca. Jerusalén Este, Palestina ocupada. (Lonely Planet).

El Muro de los Lamentos y detrás la Explanada de las Mezquitas, con la dorada Cúpula de la Roca. Ciudad Vieja de Jerusalén Este, Palestina ocupada. (Lonely Planet).

Hacía tiempo que quería escribir sobre Jerusalén. La noticia reciente de que Trump podría trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén me decidió a hacerlo.

Quizás al público poco informado esa noticia le resulte ajena, extraña o irrelevante. O incluso el título de esta columna deje perplejo a más de uno. El hecho es que no existe en el llamado conflicto palestino-israelí un tema más sensible ni trascendente que el estatus y control sobre esta ciudad, considerada santa por las tres religiones monoteístas, y capital histórica, política y espiritual del pueblo palestino. Un pueblo árabe que estaba formado –cuando el Estado de Israel fue creado en 1948- por la mayoría musulmana y las minorías cristiana y judía.

Pero la cuestión de Jerusalén no es solamente un debate ideológico-religioso o político: las vidas de miles de familias palestinas están en juego; no sólo su destino, sino su cotidianeidad más fundamental, desde la posibilidad de vivir, estudiar y trabajar en la ciudad donde nacieron, de conservar la vivienda que construyeron con mucho esfuerzo, de ir a rezar a sus lugares sagrados, de dormir bajo el mismo techo con la persona que aman, o simplemente de seguir vivas.

¿Quién sabe que la población palestina no puede entrar libremente a su capital histórica y espiritual, porque Israel la ha rodeado de un muro de ocho metros de alto y 142 kilómetros de extensión, y que sólo pueden entrar a ella, pasando por alguno de los varios checkpoints militares, quienes tienen el privilegio de obtener un permiso (negado a la gran mayoría de solicitantes)?.

¿Quién sabe, cuando recorre la inmensa explanada frente al Muro de los Lamentos, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, que toda esa extensión era el barrio marroquí, destruido y reducido a escombros cuando Israel ocupó la ciudad en 1967? ¿O que toda la Ciudad Vieja está en Jerusalén Este, de modo que según la demarcación reconocida históricamente por la ONU, es territorio ocupado, y correspondería a la capital del supuesto Estado palestino? Cuando los políticos de todo el mundo visitan el Muro de los Lamentos junto a sus pares israelíes ¿tienen en cuenta que están otorgándole legitimidad a un territorio ocupado, y desconociendo el derecho internacional?

Que Jerusalén no es Israel es una verdad tan indiscutible como ignorada. Desde la publicidad de las agencias de viaje, pasando por los anuncios de peregrinaciones cristianas a Tierra Santa, hasta las noticias en los medios de comunicación, todas dan por hecho que Jerusalén es la capital de Israel. La ironía es que este presupuesto sólo es ‘verdad oficial’ para el régimen sionista, que ha construido esa exitosa narrativa. Más allá de la hipocresía y el doble discurso de los gobiernos, el hecho es que ningún país ha reconocido formalmente la soberanía de Israel sobre Jerusalén, porque es inadmisible según el derecho internacional, y así lo han reiterado numerosas resoluciones de la ONU. Y por eso ningún país –ni siquiera sus aliados incondicionales, como Estados Unidos- ha establecido su embajada en Jerusalén (donde Israel tiene su gobierno): todas están en Tel Aviv. De ahí que la noticia del posible traslado tenga tal gravedad.

Imagen antigua de una de las entradas a Jerusalén. (Casa Árabe, España).

Jerusalén, una de las ciudades más antiguas del mundo, ha estado en la encrucijada de culturas y civilizaciones, de peregrinos y conquistadores. A diferencia de lo que afirma el relato sionista, antes de 1948 la ciudad era compartida por las tres religiones; las huellas de esa convivencia perviven en las piedras antiguas y en la memoria de las personas que la evocan. Pero la disputa por Jerusalén (Al Quds en árabe) fue una constante durante la tormentosa primera mitad del siglo XX, con numerosos incidentes entre la población palestina nativa y los colonos sionistas recién llegados de Europa.

La sensibilidad del lugar fue reconocida incluso en la (absurda) propuesta de partición recomendada por la ONU en 1947[1], que preveía para Jerusalén -y su vecina Belén- un estatus especial como ‘zona internacional’. Eso fue ignorado por las milicias sionistas, que en 1948 invadieron la ciudad y expulsaron a la población árabe de la parte occidental, de la cual se apropiaron. Y en 1967 el ejército de Israel ocupó también la parte oriental, anexándola a su territorio, aunque sin darle a su población palestina la ciudadanía israelí, sino apenas un “permiso de residencia” en la ciudad donde nacieron, el cual puede ser revocado cuando el ocupante colonial lo decida.

En 1980 Israel aprobó una ley proclamando que Jerusalén es su “capital única e indivisible”. Sucesivas resoluciones de la ONU han condenado esa ley, reafirmando la ilegitimidad del territorio adquirido mediante la guerra. Pero el hecho es que hasta hoy no se ha tomado ninguna medida efectiva para revertir el control israelí sobre Jerusalén, que aumenta cada día.

Banderas israelíes en el barrio musulmán de la Ciudad Vieja, y detrás la Cúpula de la Roca. (M. Landi).

Banderas israelíes en el barrio musulmán de la Ciudad Vieja, y la Cúpula de la Roca. (M. Landi).

Israel tiene un único propósito: colonizar y judaizar toda la ciudad (así como su historia, su cultura y su identidad) y garantizar una mayoría de población judía[2] del 70 por ciento. Para ello lleva décadas implementando diversas políticas de limpieza étnica que buscan expulsar a la población palestina de Jerusalén: negación de permisos de construcción, y consecuente demolición de las viviendas levantadas sin permiso; desalojos de familias mediante argucias jurídicas para entregar sus viviendas a colonos judíos; negación de permisos de unificación familiar a personas cuyo cónyuge no es de Jerusalén; revocación definitiva de miles de permisos de residencia a quienes están viviendo temporalmente fuera de la ciudad, aunque sea por motivos justificados; constante represión y detenciones de jóvenes y niños; clausura de organizaciones sociales, medios de comunicación y proyectos comunitarios; revocación de permisos de trabajo a personas provenientes de Cisjordania; negación de servicios básicos a los barrios palestinos (a pesar de que sus habitantes pagan impuestos como la parte occidental) y estrangulamiento del espacio público, al punto que la circulación de vehículos hoy es casi imposible, y desplazarse al trabajo o la escuela, aun en transporte público, es una verdadera tortura. Sin mencionar el alto costo de vida, en una ciudad donde la población palestina tiene menos y peores empleos.

El Muro en Jerusalén, separando a barrios y familias palestinas. (S/C.).

El Muro en Jerusalén, separando a barrios y familias palestinas. (S/C.).

Este conjunto de políticas perversas tiene una finalidad simple, perfectamente coherente con el origen del proyecto sionista: vaciar de árabes la tierra de Palestina; y en particular su capital histórica. Jerusalén es una ciudad ocupada, donde la ‘Autoridad Palestina’ no puede entrar ni tiene jurisdicción alguna sobre sus 300.000 habitantes árabes (que tampoco tienen ciudadanía palestina). Su parte oriental está rodeada y asfixiada por colonias israelíes en permanente expansión, que buscan desplazar a las comunidades palestinas, así como ‘cortar’ definitivamente al norte del sur de Cisjordania y hacer imposible establecer allí una futura capital palestina. Además, el muro que la rodea (adicional al que atraviesa Cisjordania de norte a sur) es en su mismo trazado un instrumento de limpieza étnica: incluye dentro del perímetro de la ciudad las colonias israelíes y deja fuera los suburbios palestinos que antes eran parte de Jerusalén[3].

Pero el centro de la tensión es la Ciudad Vieja. Allí se encuentra el complejo de Al Aqsa y la Cúpula de la Roca -tercer lugar más sagrado del mundo para el Islam- en el lugar donde los judíos sostienen que estaba emplazado el segundo templo -destruido por los romanos hace dos mil años-, y por lo tanto también sagrado para su religión.

El complejo de las mezquitas, con la Cúpula de la Roca y Al Aqsa al frente. Tercer lugar más sagrado para el Islam en el mundo. (S/C).

El complejo de las mezquitas, con la Cúpula de la Roca y Al Aqsa. A la izquierda, el Muro de los Lamentos, lugar sagrado para el judaísmo. (S/C).

En una resolución de octubre de 2016, la UNESCO mantuvo a la Ciudad Vieja en la lista de lugares declarados patrimonio de la humanidad en peligro, y criticó las políticas de Israel en la Explanada de las Mezquitas (Haram al-Sharif). Entre ellas, impedir el acceso de expertos para determinar el estado de conservación y los riesgos que corre el lugar debido a las excavaciones arqueológicas que desde 1968 llevan a cabo las autoridades israelíes en su afanosa búsqueda de restos del segundo templo.

Excavaciones arqueológicas en Silwan, barrio palestino pegado a la Ciudad Vieja.

Excavaciones arqueológicas en Silwan, barrio palestino pegado a la Ciudad Vieja. (A. Herrera).

En el complejo de Haram al-Sharif, además, con frecuencia los colonos judíos hacen incursiones y actos de vandalismo dentro de las mezquitas, destruyendo mobiliario y ejemplares del Corán -sin que nadie ponga el grito en el cielo, como ocurriría si bandas musulmanas hicieran incursiones violentas en una sinagoga. A menudo van acompañados de políticos israelíes (varios de los cuales han manifestado explícitamente su deseo de destruir las mezquitas para construir allí su tercer templo), y siempre de la policía, que sólo actúa para reprimir a los palestinos que resisten la agresión.

Y es que la significación de ese lugar va mucho más allá de la fe religiosa: es un poderoso símbolo de identidad para todo el pueblo palestino, incluyendo a cristianas, seculares y agnósticos. Un símbolo tan venerado como añorado, ya que la gran mayoría de la población palestina no tiene permitido visitar Jerusalén. La dorada Cúpula de la Roca aparece en todos los posters de los mártires y los presos políticos, y es el tema recurrente en la infinidad de manualidades hechas en la cárcel que se exhiben en el museo de los prisioneros (en la vecina Abu Dis). No por casualidad allí se inició la segunda intifada, cuando en 2000 el dirigente Ariel Sharon, en un acto de provocación inaudita, entró en la Explanada de las Mezquitas rodeado de soldados armados a guerra.

Barrio palestino de Jerusalén Este. (CEDOC).

Barrio palestino de Jerusalén Este. (CEDOC).

La era Trump promete ser particularmente dura para la causa palestina, considerando el nombramiento de su yerno Jared Kushner (donante millonario del ejército y los colonos israelíes) como Enviado Especial para Medio Oriente, y de David Freeman (un fanático defensor de la colonización y anexión de Cisjordania) como embajador.

Analistas y dirigentes han advertido que el potencial traslado de la embajada de EE.UU. a Jerusalén podría “abrir las puertas del infierno”. Pero los gestos de Trump dan a entender que no teme incendiar el planeta. Y como ha dicho estos días el gran Chris Hedges: ante el advenimiento de una era fascista, “la revuelta es la única barrera”. En eso los palestinos y palestinas tienen bastante que enseñar.

Mujeres palestinas observan la demolición de su vivienda en el barrio palestino Beit Hanina, en febrero de 2013. (WAFA).

Mujeres palestinas observan la demolición de su vivienda en el barrio palestino Beit Hanina, en febrero de 2013. (WAFA).

  NOTAS:
[1] Ver mi columna de noviembre 2016.
[2] Al usar el término “judío/a” en relación a las políticas israelíes, no me refiero a la religión o la identidad cultural judías, sino a la única nacionalidad oficial del Estado de Israel, que por ello puede ser definido como etnocracia o Estado confesional.
[3] Sugestivamente, empresas israelíes han expresado interés en el muro que Trump quiere levantar en la frontera con México.
Ver también en este blog:
Demoliciones, desplazamiento y limpieza étnica en Jerusalén Este 
En la ciudad de la furia 
Silwan: una geografía de la ocupación en Jerusalén Este
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¡No hables de la ocupación, antisemita! El linchamiento mediático del periodista Joan Cañete Bayle y un artículo de Amira Hass

A propósito del ataque individual de un joven palestino contra un grupo de soldados del ejército de ocupación israelí (en acción y emplazados en el territorio ocupado de Jerusalén Este), el blog “Mentiras sionistas” hace un comentario sobre las reacciones histéricas y patoteras al artículo mesurado y certero del periodista catalán Joan Cañete Bayle (con enlace a dicho artículo), y seguidamente transcribe la opinión sobre el hecho de la periodista israelí Amira Hass (traducida al castellano).

Ver también otros dos textos (en inglés) de analistas israelíes:
Isis attack theory suits Netanyahu well, but Jerusalem is not Berlin, de Nir Hasson.
The truck attack that killed four Israeli soldiers in Jerusalem was not ‘terrorism’, de Jonathan Ofir.

Mentiras sionistas

tcallessolojudios2 Soldados israelíes impiden a un palestino a transitar por una calle segregada sólo para judíos en Hebrón, Territorio Ocupado Palestino. Fuente: vídeo.

Anteayer, domingo 8 de enero, Fadi Al Qanbar, un palestino de los territorios ocupados por Israel, arrolló en Jerusalén Este a un grupo de soldados israelíes con un camión, matando a 4 de ellos. El primer ministro israelí, Bejamin Netanyahu, se apresuró a equiparar el atentado a los que el Estado Islámico (ISIS) ha perpetrado de forma indiscriminada contra la población civil de Berlín y Niza. Joan Cañete Bayle, responsable de opinión de El Periódico, publicó esa misma tarde un artículo en el que trataba de contextualizar el atentado en el entorno de las políticas de ocupación y colonización que los palestinos sufren a manos de Israel desde hace décadas. El linchamiento mediático por parte de los defensores de esas políticas no se hizo esperar. Podéis…

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Los números macabros de la ocupación

Saldo criminal de 2016.
Reblogueado desde Sergio Yahni. Reseñas desde Jerusalén.

Sergio Yahni

Soldados y policías en la ciudad de Hebron tras el asesinato de Ramzi Aziz Qarazawi de 21 años de edad en Tel Rumeida, Hebron el 24 de marzo de 2016. Su compañero, Abed al Fatah al-Sharif, también de 21 años fue herido durante el mismo incidente y mas tarde ultimado con un balazo en la cabeza. Portavoces israelíes aseguran que ambos perpetraban un ataque contra las fuerzas militares apostadas en el lugar. Eleor Azaria, el soldado israelí que ultimo a Abed al Fatah al-Sharif esta siendo juzgado por uso indebido de su fusil en una corte militar israelí. Soldados y policías en la ciudad de Hebron tras el asesinato de Ramzi Aziz Qarazawi de 21 años de edad en Tel Rumeida, Hebron el 24 de marzo de 2016.

El año 2016 fue un año mortífero para los jóvenes palestinos. Durante el año que acaba de terminar 47 palestinos menores de 18 años perdieron su vida en manos de las fuerzas armadas de Israel. La mayoría de ellos varones residentes del sur de Cisjordania.

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“El mundo entero está contra nosotros”

La resolución del Consejo de Seguridad enfurece a un Israel cada vez más aislado


María Landi

Publicado en el semanario Brecha el 31/12/16

El 23 de diciembre el Consejo de Seguridad de la ONU (CS) aprobó la Resolución 2334 condenando la continua colonización israelí del territorio palestino. La iniciativa originalmente era patrocinada por Egipto, pero una llamada a medianoche al presidente Sisi de Donald Trump (todavía un simple ciudadano sin ninguna función pública) lo hizo desistir -recordemos que Egipto recibe 1.500 millones de dólares anuales de EE.UU. en ayuda militar. Ante ello, y a pesar de las frenéticas presiones de Israel, la moción fue presentada en conjunto por Malasia, Nueva Zelanda, Senegal y Venezuela, y aprobada por 14 votos, con la abstención de EE.UU.

No fue la primera resolución del CS contra las colonias, aunque la anterior (R465) es de 1980, cuando la empresa colonizadora israelí llevaba 13 años y estaba lejos de la magnitud que ha adquirido 50 años después: hoy ocupa más del 60 por ciento de Cisjordania, donde viven unos 400.000 colonos judíos -además de 200.000 en Jerusalén Este.

Tampoco ha sido la primera permitida por un gobierno estadounidense, pero sí por el de Obama, quien en 2011 vetó una resolución similar. De hecho desde 1967 los gobiernos de EE.UU., desde Johnson hasta Clinton, permitieron la aprobación de 77 resoluciones condenando a Israel. En cambio Obama, considerado el presidente más progresista, y teniendo que vérselas con el gobierno más ultraderechista de la historia de Israel, fue el que más blindó el CS en su favor.

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Chantaje y patoteo

Todo niño malcriado reacciona con berrinches furiosos cuando los mayores intentan imponerle algún límite, precisamente porque no está acostumbrado a ellos. Pero también sabe que, pasado el pataleo, quienes le han permitido crecer haciendo lo que le da la gana seguirán permitiéndoselo. Es cuestión de gritar mucho y fuerte para que se les quite las ganas de volver a contrariarlo. Pasada la bronca, todo seguirá como siempre y el malcriado continuará siendo el matón del barrio con el que nadie quiere meterse.

Así han sido las relaciones entre Israel y la comunidad internacional desde el origen mismo del proyecto sionista, y más aún después de la creación del Estado hebreo. Y vaya si el pataleo le ha redituado: en casi 70 años de existencia, explotando al máximo la culpa europea y los intereses geopolíticos yanquis, Israel ha hecho lo que quiere en Medio Oriente y en el mundo entero, acallando cualquier atisbo de crítica con su arma favorita de bullying: la acusación de antisemitismo.

Estos días Israel está atravesando uno de esos berrinches narcisistas. Netanyahu llamó a los embajadores de los 15 miembros del CS para regañarlos (incluido su principal aliado, por no haber usado el veto), anunció que suspendía sus “relaciones de trabajo” con ellos, y a través de Twitter desparramó una andanada de amenazas, afirmando que no va a respetar la resolución y continuará construyendo colonias en el territorio palestino, incluyendo Jerusalén Este.

Vaya novedad. Desde su fundación, Israel es el Estado que más resoluciones de la ONU ha incumplido. La R2334 no será una excepción, ya que fue aprobada bajo el capítulo 6 de la Carta de la ONU y por eso no tiene carácter vinculante (para que lo tuviera tendría que haberse aprobado bajo el capítulo 7). El texto tiene sólo carácter de recomendación; no incluye medidas coercitivas ni prevé sanciones por su no cumplimiento.

Por eso este cacareo no es más que pura retórica, ya que unos y otro saben que –al menos por ahora- nada va a cambiar en los hechos: Israel continuará ocupando y robando más tierra (y agua) de Cisjordania, construyendo en ella más colonias judías, bloqueando a la Franja de Gaza y demoliendo viviendas palestinas en Jerusalén y en todo el territorio que ha designado como “área C” –y que pretende anexar próximamente, con la ayuda de Trump. La única finalidad del pataleo histérico es quitarle las ganas a la ONU de volver a la carga con iniciativas de cualquier tipo. Porque si reacciona así ante un texto inofensivo, ¿qué no hará si alguna vez se aplica una sanción real?

Para tener una idea de la megalomanía y el autismo de los políticos y la sociedad israelíes, nada mejor que seguir los tuits de su eterno Primer Ministro:

– “Quienes trabajan con nosotros se beneficiarán, porque Israel tiene mucho que ofrecerle al mundo. Pero quienes trabajan contra nosotros perderán; porque sus acciones contra Israel tendrán un precio diplomático y económico.”

– “Esta resolución es un llamado a las armas para nuestros muchos amigos, en EE.UU y en todo el mundo, que están hartos de la hostilidad de la ONU hacia Israel.”

– En la nueva era, habrá un precio más alto para aquellos que intentan dañar a Israel, y ese precio será cobrado no sólo por EE.UU. sino también por Israel”.

Esto último en clara alusión al inminente ascenso de Trump, quien por su parte tuiteó, entre otras expresiones de fidelidad a Israel: “En lo que respecta a la ONU, las cosas serán diferentes después del 20 de enero” y “La ONU no es más que un club de amigos que se juntan para pasarla bien”.


La venganza del ninguneado

Algunos interpretan la abstención de EE.UU. como la cachetada de despedida de Obama, tanto a Trump como a Netanyahu, el ingrato que no reparó en escupir la mano que le daba de comer, desairándolo en cuanta ocasión tuvo. Pues más allá de la retórica hostil y la franca antipatía mutua, la Administración Obama fue la más generosa en su descomunal ayuda económica a Israel. Incluso en septiembre, como regalo de despedida, aprobó el paquete más grande en la historia de la relación entre ambos países: 38.000 millones de dólares para los próximos diez años. Israel, un diminuto territorio con menos de siete millones de habitantes, es el país del mundo que recibe más ayuda de EE.UU.

Y como recordó la misma representante de Obama en el CS, Samantha Power, su gobierno fue el único que en ocho años no permitió que se aprobara una sola resolución condenatoria de Israel. Eso favoreció la incesante expansión sionista, de modo que la abstención llega tarde. Obama sólo se atrevió a confrontar a Netanyahu al final de su mandato, cuando ya no tendrá que lidiar con las consecuencias de su decisión ni con la implementación de la resolución.


Una medida tardía y tímida

La R2334 reitera la inadmisibilidad de la adquisición de territorio por la fuerza, afirma que la construcción de colonias, el traslado de colonos israelíes al territorio ocupado, la alteración demográfica y física del mismo -incluyendo la demolición de viviendas e instalaciones y el desplazamiento de la población ocupada- son violaciones al Derecho Internacional Humanitario (citando el dictamen de la Corte Internacional de Justicia de 2004) y constituyen un obstáculo para alcanzar una paz justa y duradera.

Pero como escribió el periodista catalán Joan Cañete Bayle, la R2334, al igual que todos los intentos de la Administración Obama durante ocho años para impulsar la hace tiempo perimida ‘solución de dos estados’, han apuntado a “salvar a Israel de sí mismo”:

En plena frustración por la imposibilidad de impulsar un proceso de paz, John Kerry dijo: “la solución de los dos Estados es la única alternativa. Porque un Estado unitario o bien acabará siendo un Estado de apartheid o bien destruirá la capacidad de Israel de ser un Estado judío”. (…)  No es que Israel corra el riesgo de convertirse en un Estado de apartheid, es que ya actúa como tal. La resolución es el último aviso de un fiel amigo: estás yendo hacia el desastre. La realidad es que ya están instalados en él.”

Es bueno recordar también que este ‘salvataje’ se da en momentos en que el parlamento israelí está discutiendo un proyecto de ley para legalizar la totalidad de las colonias implantadas en el territorio palestino, enterrando las últimas ilusiones de los defensores de los dos estados.

A su vez, los críticos de la partición, que abogan por un solo Estado democrático, secular y no sionista en toda la Palestina histórica, han señalado los peligros que encierra la resolución:

– Al llamar a distinguir entre el territorio de Israel y los adquiridos mediante la guerra en 1967 (y por lo tanto ilegítimos según el Derecho Internacional), ignora que lo que se llama “territorio de Israel” ni siquiera es el propuesto en el plan de partición de la ONU de 1947, sino el resultado de la guerra de conquista de 1948, plasmado en el armisticio de 1949; y que la condición (hasta hoy incumplida) para reconocer a ese Estado era que Israel permitiera el retorno de los refugiados palestinos.

– Al reiterar la necesidad de alcanzar una solución negociada entre las partes sobre la base de la colección de iniciativas fracasadas (del Cuarteto, de la Liga Árabe, de Francia, de Rusia, de Egipto), ignora que a lo largo de su historia todos los gobiernos y dirigentes sionistas han dado muestras claras de no tener intención alguna de devolver un ápice del territorio apropiado; mucho menos lo que consideran sus áreas estratégicas: al oeste, los grandes bloques de colonias cercanos a la Línea Verde; en el centro, Jerusalén Este; y al este, el valle del Jordán. Es decir, nada.


Oportunidad para el BDS

De todos modos, es indiscutible que la R2334 tiene un importante valor simbólico –y eso es lo que le duele al sionismo-, pues pone en evidencia el amplio consenso mundial a favor de los derechos palestinos, a la vez que el creciente aislamiento de Israel, que por este derrotero va camino a convertirse en un Estado paria.

Sería hipócrita o ignorante no reconocer el papel del movimiento BDS (boicot, desinversión y sanciones a Israel), por lo menos en el deterioro de la imagen internacional de Israel y en el campo de posibilidades que la resolución abre, tanto hacia la profundización de iniciativas de boicot y sanciones (como las aprobadas por la Unión Europea sobre el etiquetado de productos de las colonias) como en la Corte Penal Internacional (CPI) para enjuiciar a dirigentes israelíes por crímenes de guerra.

En efecto, el hecho de que el CS afirme que todas las colonias israelíes son ilegales pues “constituyen una flagrante violación del Derecho Internacional” puede incidir en la investigación preliminar que la CPI está llevando a cabo a raíz de las denuncias presentadas por organizaciones palestinas de DD.HH. por violación de los Convenios de Ginebra y el Estatuto de Roma.

Asimismo, puesto que la resolución pide al Secretario General que informe cada tres meses al CS sobre su implementación, individuos y empresas –tanto israelíes como multinacionales- involucrados en actividades en las colonias estarían más expuestos a boicots, juicios internacionales y otras sanciones. Ello podría traducirse en una mayor presión sobre Israel, similar a la experimentada por Sudáfrica durante la era del apartheid.

Tampoco se puede ignorar que este aire fresco que salió del CS –reflejado en el prolongado aplauso con que sus miembros saludaron la aprobación de la resolución- puede muy pronto ser sofocado por la inauguración de la era Trump. El electo presidente, así como su próximo embajador en Israel (David Friedman, un fanático defensor de la colonización) ya han dado muestras de estar dispuestos a abrazar la agenda extremista del actual gobierno israelí, apoyando incluso la anexión de Cisjordania que reclaman algunos de sus ministros.

Sin duda el gobierno de Trump planteará nuevas contradicciones. En la medida que su discurso, su agenda y su futuro gabinete han dado muestras claras de racismo y antisemitismo (lo que preocupa a amplios segmentos de la comunidad judía en EE.UU.) al mismo tiempo que apoyan incondicionalmente a Israel, podrían contribuir a poner en evidencia que judaísmo y sionismo son dos cosas diferentes. Asimismo, la anexión de lo poco que queda de territorio palestino –facilitada por Trump- podría ser un realitiy-check para que la comunidad internacional abandone el ilusorio paradigma de los dos estados y se disponga a considerar una alternativa más realista para acabar con la etnocracia y el apartheid israelíes.

Pero ya se sabe que los gobiernos no definen su política exterior según principios de derechos humanos, sino en base a intereses -que suelen ser los de los grupos poderosos. Es tarea de los pueblos, de la sociedad civil organizada, empujar los cambios desde abajo. Las y los palestinos han señalado el camino ofreciendo una estrategia que está siendo la única capaz de tener un impacto significativo: la campaña internacional de BDS es más urgente que nunca para hacer frente a los tiempos que se avecinan. Usada estratégicamente, la resolución 2334 puede ser un insumo más en la dirección de más y mejor BDS.

NOTA: Todos los dibujos son de Carlos Latuff.

 

 

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Cosechar en medio del enemigo…

… y a pesar de él

 

María Landi

Columna mensual publicada en el portal Desinformémonos.
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Mujeres cosechando en Kifl Hares, Salfit (Foto: M. Landi)

En el mes de octubre tuve el privilegio de integrar el equipo coordinador de una brigada del estado español y Latinoamérica –convocada por la organización Unadikum– que participó en la cosecha de aceitunas en Cisjordania. El grupo de 22 personas trabajó en los distritos de Nablus (al norte) y Hebrón (al sur), en donde están ubicadas las colonias sionistas con perfil más extremista y violento.

Las comunidades palestinas sufren agresiones de colonos en prácticamente todo el territorio de Cisjordania, pues las colonias ocupan casi el 45 por ciento del mismo; pero particularmente esos dos distritos son los más afectados por la violencia, y ésta suele aumentar en períodos críticos como los de plantación y cosecha de aceitunas.

Los olivos constituyen un elemento fundamental de la economía palestina, ocupando más de la mitad de las tierras agrícolas. Unas 100.000 familias viven de ellos, y toda la vida gira alrededor de la cosecha: la gente espera con ansia que sea buena, porque de ella depende poder financiar los estudios universitarios de las jóvenes, o la boda de los hijos, o realizar reparaciones a la vivienda, comprar un vehículo o insumos de trabajo. Durante un mes entero hombres, mujeres, jóvenes, niñas y niños pasan largas jornadas en el campo; quienes tienen más árboles convocan a amigos, vecinas o familia extendida para que les ayuden a cosecharlos en tiempo y forma.

Los colonos lo saben, y por eso también ellos se preparan para dañar, impedir o robar la cosecha de las comunidades palestinas. Así de simple: no se trata sólo de robarles la tierra, sino también el fruto de ella. De hecho la mayor parte de las tierras agrícolas palestinas se encuentran en la llamada área C, que está bajo control exclusivo del ejército israelí. En esa misma área están asentadas las colonias sionistas, en permanente expansión y decididas a quedarse con toda la tierra. Para ello todo es válido a la hora de arruinar y hacer inviable la subsistencia de las familias palestinas, a fin de que se den por vencidas y abandonen la tierra, que así pasará a manos judías.

Es por eso que en la época de cosecha o plantación de olivos muchos grupos de solidaridad acompañan a las comunidades palestinas ubicadas en las zonas más sensibles de Cisjordania. La finalidad de la presencia internacional es disuadir y reducir la violencia de los colonos, o al menos documentarla cuando no se puede evitar.

Los obstáculos que enfrentan las familias palestinas durante la cosecha pueden resumirse en tres:

el Muro construido por Israel, en un 85% dentro del territorio palestino, ha dejado a muchas comunidades con su tierra del otro lado de la valla, y necesitan un permiso especial del ejército para acceder a ella;

los colonos sionistas roban o vandalizan la cosecha, y atacan a las familias cuando están trabajando en el campo;

los soldados israelíes actúan para proteger a los colonos agresores (garantizando su impunidad) y nunca a los agricultores palestinos agredidos.

Por eso organizaciones palestinas, israelíes e internacionales como OCHA (la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU), además de promover la presencia de observadores y acompañantes internacionales, han creado mecanismos de monitoreo y coordinación con el fin de alertar, documentar e intervenir cuando es posible para frenar la violencia.

Una de ellas es la israelí Yesh Din (que se define como “voluntari@s por los derechos humanos”). Esta organización publicó en noviembre un informe donde cuantifica y resume los incidentes que documentó en las cosechas de olivos en el período 2013-2015.

Entre los incidentes más comunes el informe menciona: vandalización, incendio, envenenamiento o destrucción de árboles de olivo (muchos de ellos, centenarios y hasta milenarios); robo de la cosecha en los árboles cercanos a las colonias, a los cuales sus dueños palestinos tienen acceso negado, restringido o tardío; agresiones físicas directas de los colonos a los agricultores palestinos.

Otro elemento clave que atenta contra el buen resultado de la cosecha es el perverso sistema de permisos, esa pesadilla que rige todos los aspectos de la vida palestina desde la cuna hasta la sepultura: la gente tiene que pedir permiso para desplazarse, para trabajar, para viajar, para ir al hospital, a la universidad, a la iglesia o la mezquita… y también para cosechar o trabajar en su propia tierra.

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Familias palestinas esperando para cruzar el muro y poder acceder a sus tierras (Foto: Oren Ziv).

En efecto, las familias deben solicitar permiso para acceder a las tierras de su propiedad que han quedado del otro lado del Muro, o en el área ocupada (ilegalmente según el derecho internacional) por las colonias sionistas. Para ello deben dirigirse a la autoridad palestina, que a su vez lo solicita al ejército israelí. El trámite puede ser largo y el permiso suele llegar demasiado tarde, o ser insuficiente. En el primer caso, a menudo llega después de la época óptima para cosechar; o al acceder por fin a sus olivos, los agricultores encuentran que están vacíos porque los colonos les robaron todas las aceitunas. En el segundo caso, es frecuente que si una familia pide permiso para diez integrantes, se los den sólo para cuatro. O que si necesita dos semanas para realizar la cosecha de esos árboles, lo obtenga sólo para cuatro días. Así, muchas familias pueden cosechar sólo un 30% de sus olivos.

Lo mismo ocurre en abril, el mes en que debe ararse la tierra y podar los olivos. Cuando ello no es posible, la producción de aceituna es menor y de peor calidad. Nuestra brigada pudo comprobar esto en muchos de los lugares donde trabajó, y fuimos testigos de la frustración de las familias al relatarnos que no pueden cuidar de sus árboles como desearían, ya que el ejército no les permite acceder a ellos. “Antes obtenía dos toneladas de aceitunas [de los olivos que quedaron detrás del Muro]; hoy sólo obtengo 300 kilos”, dijo a Yesh Din un agricultor del poblado de Bil’in.

También fuimos testigos de los abusos de los ocupantes cuando llegamos a la casa de Nisrin, la viuda de Hashem Azzeh, un respetado dirigente comunitario que murió hace un año, víctima de la represión del ejército israelí. Nisrin y sus cuatro hijas e hijos viven en Tel Rumeida, un barrio ubicado en una de las laderas de la ciudad de Hebrón, tristemente famoso porque allí se han instalado algunos de los colonos más fanáticos, que hostigan y agreden permanentemente a sus vecinos palestinos.

Apenas nuestro grupo empezó a cosechar las aceitunas en el pequeño terreno de Nisrin, los colonos llamaron a los soldados para ordenarles que nos echaran. Después de una tensa negociación con éstos, se nos permitió seguir trabajando a condición de no filmar ni tomar fotos. El resto de la jornada estuvimos cosechando bajo la estrecha vigilancia de los soldados armados a guerra, instalados en el terreno privado de la familia. Al día siguiente, los colonos vecinos lanzaron piedras al grupo de brigadistas que volvió para continuar el trabajo. Sin duda el incidente habría terminado mucho peor si Nisrin y sus niñas hubieran tenido que enfrentar a los agresores sin acompañantes internacionales.

 

La impunidad y la ausencia total de estado de Derecho en los territorios ocupados es lo que alienta la repetición de los delitos cometidos por los colonos. La policía del distrito de “Judea y Samaria” (nombre con el que los sionistas designan a Cisjordania ocupada) tiene el peor récord de ineficiencia y negligencia de todo Israel en la resolución de casos denunciados.

Según datos de OCHA, en 2013 fueron dañados o destruidos 10.672 olivos palestinos; en 2014, 9.400, y en 2015, 11.254. Se estima que las cifras de 2016 serán similares.

Yesh Din afirma en su informe que, de las denuncias judiciales presentadas entre los años 2013 y 2015 sobre agresiones de los colonos hacia agricultores palestinos, más del 90% quedaron impunes. Asimismo, de los casos presentados por la organización en la década 2005-2015, el 95% se cerraron sin sanción alguna. Y debe tenerse en cuenta que los casos denunciados son menos de la mitad de los incidentes ocurridos; la mayoría de las víctimas no denuncia por falta de confianza en el sistema israelí o por temor a las represalias de los colonos.

Esta realidad de impunidad e injusticia se resume en las palabras de un agricultor palestino: “¿Ante quién vamos a quejarnos, cuando el juez es el enemigo?”.

Pero a pesar de todos los esfuerzos y planes para expulsarle de su tierra, el pueblo palestino persiste en su voluntad de permanecer en ella, igual que sus milenarios árboles de olivo; no en vano ellos son el símbolo de esa resistencia enraizada profundamente en la tierra, que se expresa en la palabra árabe ‘sumud’.

 

Algunas imágenes tomadas por participantes de la brigada durante sus tres semanas de duración:

 

 

Publicado en aldeas de Nablus y Salfit, Colinas del Sur de Hebrón, Colonias Israelíes ilegales, Hebrón/Al-Khalil, Muro de Apartheid | Etiquetado , , , , | Deja un comentario