Actualización al día 31 de la huelga de hambre

 


ACTUALIZACIÓN al día 17 de mayo

 

El día 16 de mayo, al cumplirse 30 días de la huelga de hambre, y ante la intransigencia de las autoridades israelíes para atender las demandas de los presos, el líder de la huelga de hambre Marwan Barghouti, recluido en total aislamiento en un sótano de la prisión de Yalame, anunció que, de continuar Israel con su intransigencia, dejaría de tomar agua.

Sólo a 39 de los huelguistas se les permitió recibir visitas de sus abogados/as, a pesar de una resolución de la Corte Suprema de Israel autorizándolas. El domingo 14 los abogados de los dirigentes Ahmad Sa’adat (FPLP) y del mismo Marwan Barghouti (Fatah) pudieron visitarlos por primera vez desde iniciada la huelga de hambre. Los encontraron débiles y con dificultades para moverse y caminar, habiendo perdido más de 12 kg. Los detenidos denunciaron que el hostigamiento de las autoridades carcelarias es constante, llegando en algunas prisiones a confiscarles incluso la sal.

También continúan trasladándolos continuamente en condiciones que se hacen cada vez más penosas a medida que aumenta su debilidad física: esposados de manos y pies, en vehículos cerrados y sofocantes, esperando largas horas en los checkpoints. Las visitas con familiares y cualquier comunicación con ellos siguen estando prohibidas, al igual que la revisión de los huelguistas a cargo de médicos independientes.

En el 30º día de huelga, la salud de los prisioneros sigue deteriorándose: los huelguistas están reportando muchos más casos de fatiga severa, vómitos de sangre, visión borrosa y pérdida de peso de 20 kilogramos y más. Sin embargo, siguen enfatizando su compromiso de continuar hasta lograr sus demandas. El veterano Karim Younes, preso desde hace 34 años, sometido a aislamiento y traslados continuos, envió un mensaje reafirmando el espíritu de resistencia: “Aseguramos a las masas de nuestro pueblo que las noticias de su solidaridad y apoyo nos llegan a pesar del aislamiento y del asedio, y creemos firmemente en la inevitabilidad de la victoria, no importa cuán feroz sea la batalla“.

Movilización de solidaridad en Galicia, incluyendo el desafío de tomar agua y sal, lanzado por un hijo de Marwan Barghouti:

El miércoles 17, 76 prisioneros detenidos en la prisión de Ofer fueron trasladados al denominado “hospital de campaña” en Hadarim. Los presos en huelga han denunciado a estos hospitales de campaña como una falsa cobertura  donde no se proporciona atención médica real y en su lugar se insta a los huelguistas a comer alimentos a cambio de recibir tratamiento médico, con la intención de mantener a los huelguistas fuera de hospitales civiles y fuera de vista. Un huelguista de hambre, Hafez Qundus, fue trasladado al hospital de Soroka con sangrado interno.

También el día 17, la desobediencia civil se intensificó –tal como pidió Barghouthi en su reunión con su abogado, y se hizo eco en el llamado del Comité Nacional de Apoyo a la Huelga. Las familias de prisioneros y activistas que apoyan la huelga de hambre bloquearon la sede de Naciones Unidas en Ramala y emitieron una declaración en protesta por la inacción de la organización para proteger a los prisioneros, y su silencio ante la huelga de hambre. En un comunicado titulado “No aceptaremos que nuestros presos sean mártires”, exigen la inmediata intervención del Alto Comisionado de DD.HH., el inicio de una investigación urgente sobre los crímenes de guerra y violaciones a los Convenios de Ginebra que Israel está cometiendo dentro de las cárceles, y tomar medidas contra la detención arbitraria, la tortura y la falta de atención médica que sufren los presos.  El comunicado termina diciendo:

“Nosotros, como familiares de los prisioneros palestinos, expresamos nuestra profunda preocupación por la vida de nuestros hijos, padres, hijas, hermanos y hermanas que luchan en su batalla de estómagos vacíos por nuestra libertad colectiva como nación desposeída y desplazada.

Consideramos que ésta es la primera de una escalada de acciones directas contra los que continúan siendo cómplices de los crímenes de guerra de la entidad sionista,  hasta el reconocimiento de los derechos y demandas de los presos.

Saludamos a los huelguistas que rechazan una vida de humillación.”

Mientras tanto las protestas y movilizaciones crecen en todos los territorios ocupados. El 15 de mayo, conmemorando el 69º aniversario de la Nakba (la “catástrofe” que significó la creación de Israel con la destrucción de 500 localidades palestinas, la expulsión de sus 800.000 habitantes y el asesinato de 13.000), hubo huelga general, concentraciones y marchas que fueron brutalmente reprimidas.

A medida que las protestas aumentan, la policía de la Autoridad Palestina ha atacado y dispersado las manifestaciones, especialmente a medida que crece la desobediencia civil, incluyendo bloqueos de carreteras. Al mismo tiempo, la Autoridad Palestina se ha negado a poner fin a la coordinación de seguridad con la ocupación israelí, a pesar de la demanda de los presos y el Comité Nacional de Apoyo a la Huelga. Según informó Samidoun, altos funcionarios de seguridad de la Autoridad Palestina sostuvieron reuniones con funcionarios israelíes para discutir el fin de la huelga. Los presos han subrayado que el liderazgo designado por ellos es el único órgano que debe negociar con las fuerzas israelíes en nombre de los huelguistas.

Tales acciones ocurren mientras las fuerzas de ocupación israelíes continúan atacando las protestas de apoyo a los prisioneros y deteniendo e hiriendo a manifestantes. Decenas de palestinos resultaron gravemente heridos -y Saba Obeid (22) muerto el viernes 12 en el pueblo Nabi Saleh- por las fuerzas de ocupación israelíes por protestar por la libertad y dignidad de los prisioneros en huelga de hambre.

La solidaridad popular global también continúa creciendo, paralela a la inoperancia y silencio de los gobiernos. Diariamente la organización Samidoun reseña y reporta cientos de actos de solidaridad en ciudades de los seis continentes. El día 17 Samidoun concluía su reporte diario con estas palabras:

“La Red de Solidaridad con los Presos Palestinos Samidoun insta a todos los partidarios de Palestina a continuar movilizándose, manifestándose y organizándose en plazas públicas, oficinas gubernamentales y fuera de las embajadas israelíes, como han pedido los prisioneros. Instamos también a que participen en el llamamiento urgente a presionar al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) a tomar una posición real y poner fin a su complicidad en la violación de los derechos de los presos palestinos. Hacemos hincapié en la importancia de intensificar la campaña mundial de boicot, desinversión y sanciones contra Israel y las corporaciones como HP que se benefician del encarcelamiento de palestinos. Nos unimos a las familias de los presos para enfatizar que no aceptaremos que los prisioneros huelguistas se conviertan en mártires.”

Fuente: SamidounTraducción: María Landi.

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De cómo el nacimiento violento de Israel destruyó Palestina

Refugiadas palestinas en improvisados campamentos tras ser expulsadas de sus hogares por las milicias sionistas. (Archivos de la época).


Ramzy Baroud

Mientras celebra la Nakba palestina como su victoriosa independencia, Israel se está preparando para una gigantesca celebración del 50º aniversario de la ocupación de Jerusalén Este, Cisjordania y Gaza.

Dos fechas se usan a menudo para enmarcar el llamado ‘conflicto palestino-israelí’: Nakba el 15 de mayo de 1948, y Naksa el 5 de junio de 1967.

Nakba significa “catástrofe”, un término que era usado comúnmente para describir la violencia usada contra la población árabe palestina durante el período del colonialismo británico en Palestina, que se extendió desde 1917 hasta 1948.

El término Nakba se transformó para definir el cenit de la colonización y el asentamiento británico y sionista en Palestina, que en última instancia condujo a limpiar étnicamente a la población palestina de su territorio histórico entre 1947 y 1948.

El 15 de mayo de 1948 fue el acto final de todas las “catástrofes” previas.

Naksa, por otro lado, significa “desengaño”.

En ese período había grandes esperanzas entre la población árabe de que los ejércitos árabes conseguirían derrotar a Israel, recuperar la Palestina histórica y preparar el camino para que la población refugiada –despojada durante la Nakba− regresara a sus hogares.

Para entonces, el número de refugiadas/os había crecido exponencialmente, y los campos de refugiados reventaban de miseria e indigencia.

Durante la Nakba, cerca de 500 localidades fueron destruidas, pueblos palestinos enteros fueron vaciados, y aproximadamente 800.000 personas fueron expulsadas para hacer lugar a los inmigrantes judíos que venían de todos los rincones del globo.

Imágenes de la Nakba. Archivo Palestine Remembered.

La guerra de 1967, sin embargo, fue un gran desengaño. Los árabes fueron derrotados estruendosamente.

La falta de preparación y las expectativas exageradas del lado árabe, y la enorme ayuda financiera y militar de EE.UU. y Occidente a Israel llevaron a una derrota humillante para los árabes en todos los frentes: Cisjordania, la frontera occidental de Jordania, la Franja de Gaza, el Sinaí egipcio y los Altos del Golán sirios.

La derrota definió decisivamente el marcador militar para Israel, consolidando como nunca antes sus relaciones con Estados Unidos; e −igualmente importante− condujo a un cambio fundamental en el discurso.

Después de la guerra y durante mucho tiempo, la Nakba fue relegada en gran parte a los libros de historia, y las nuevas fronteras de Israel −que adquirió enormes tierras árabes, incluyendo toda la Palestina histórica− se convirtieron en el nuevo marco de referencia.

La derrota de 1967 puso fin a un dilema anterior, en el que la lucha armada palestina era a menudo dictada por los países árabes, principalmente Egipto, Jordania y Siria.

La ocupación del 22 por ciento restante de Cisjordania desplazó el enfoque hacia Jerusalén Este, Cisjordania y Gaza, y permitió a la facción palestina Fatah redefinir su papel a la luz de la derrota árabe y la posterior división.

La Organización para la Liberación de Palestina (OLP) insistió en que la derrota en la guerra no debía comprometer la integridad de la lucha, y que Palestina −toda Palestina− seguía siendo la cuestión acuciante. El mensaje de Gamal Abdul Nasser, el presidente egipcio, parecía, por primera vez, desconcertado, aunque siguió abogando por una confrontación militar convencional con Israel.

Esa división se puso de relieve más claramente en la cumbre de agosto de 1967 en Jartum, donde los líderes árabes se enfrentaron en torno a prioridades y definiciones. ¿Deben las conquistas territoriales de Israel redefinir el estatus quo? ¿Deberían los árabes enfocarse en volver a la situación anterior a la de 1967 o a la de 1948?

Siria, por otra parte, no asistió a la cumbre.

No obstante, los árabes acordaron que no habría negociaciones, reconocimiento ni paz con Israel, cuyo comportamiento seguía siendo una fuente de pérdidas, derrotas y hostilidad en toda la región.

13/6/1967: Prisioneros de guerra egipcios arrestados por las fuerzas israelíes en el desierto del Sinaí después de la Guerra de los Seis Días. [Getty Images]

La respuesta a la guerra tampoco fue prometedora internacionalmente.

El Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la Resolución 242 el 22 de noviembre de 1967, reflejando los deseos de la administración estadounidense de Lyndon B. Johnson de capitalizar el nuevo estatus quo. La resolución exigía la retirada israelí “de los territorios ocupados” a cambio de la normalización con Israel.

El nuevo discurso del período posterior a 1967 alarmó a los líderes palestinos, pues se dieron cuenta de que cualquier arreglo político futuro probablemente ignoraría la situación que existía antes de la guerra, y sólo intentaría remediar los agravios posteriores.

La victoria de 1967 fue otra oportunidad para que Israel, empoderado por su triunfo militar, reescribiera la historia. El discurso oficial israelí reflejó esa sensación de poder recién adquirido.

De hecho, Israel se sintió lo suficientemente poderoso como para cambiar su discurso: de presentarse como un país victimizado que defendía su frontera de las hordas árabes, pasó a mostrarse como un país con supremacía sobre las ideas, la historia y el sentido común. Aunque había conquistado toda Palestina y sometido a sus millones de habitantes, seguía declarándolos inexistentes.

En efecto, la infame declaración hecha por la ex primera ministra israelí Golda Meir de que los palestinos “no existían” y que “no hay tal cosa como un pueblo palestino” era mucho más peligrosa que un simple comentario racista, como acertadamente entendieron muchos.

La declaración fue hecha dos años después de la Naksa.

Palestinas marchando en Ramala en el 65º aniversario de al-Nakba (Ahmad Mesleh).

Cuantas más tierras Israel se apropiaba ilegalmente por medios militares, y más población palestina era limpiada étnicamente de su patria ancestral, más necesidad urgente sentían los líderes israelíes de borrar de los anales de la historia al palestino como un pueblo con una identidad, una cultura y derecho a una nacionalidad.

Si los palestinos “existieran” en la imaginación israelí, no podría haber ninguna justificación moral para la creación de Israel; ningún giro sería lo suficientemente poderoso como para regocijarse con el nacimiento del “milagro” israelí que “hizo florecer el desierto”.

El nacimiento violento de Israel exigía insensiblemente la destrucción de toda una nación −una nación con una historia, un idioma, una cultura y una memoria colectiva únicas. Por lo tanto, el pueblo palestino tenía que ser aniquilado para eliminar cualquier posible sentido de culpabilidad, vergüenza y responsabilidad legal y moral por parte de Israel por lo que le había sucedido a millones de personas desposeídas.

Si un problema no existe, entonces no hay obligación alguna de solucionarlo. Así, la negación del pueblo palestino era la única formulación intelectual que permitiría a Israel sostener y promover sus mitos nacionales.

Tampoco sorprende que la lógica israelí fuera lo suficientemente convincente para quienes −impulsados ​​por la necesidad política, el celo religioso o simplemente el autoengaño− sentían la necesidad de celebrar también el “milagro” israelí.

Su nuevo mantra -tal como fue repetido hace algunos años por uno de los políticos estadounidenses más oportunistas e ignorantes: Newt Gingrich- era: “El palestino es un pueblo inventado“.

Esta lógica penetró en todas las facetas de la sociedad israelí.

A pesar de un incipiente movimiento en Israel que intenta desafiar la narrativa oficial, en la literatura israelí el palestino es una “sombra muda”, como elocuentemente lo expresó Elias Khoury.

La sombra es un reflejo de algo real, pero intangible. Es mudo para que se le pueda hablar, pero nunca pueda responder.

La “sombra muda” palestina existe y no existe.

Pero desafiar el sentido común y reescribir la historia es un viejo hábito israelí. El discurso oficial de Israel sobre lo que ocurrió durante la Nakba no fue algo acabado hasta los años ‘50 y ‘60.

En un artículo de Haaretz titulado “Pensamiento catastrófico: ¿Intentó Ben Gurion reescribir la historia?”, Shay Hazkani reveló el intrigante proceso por el cual el primer primer ministro de Israel, David Ben Gurion, trabajó en estrecha colaboración con un grupo de eruditos judío-israelíes para elaborar una versión de los acontecimientos que describiera lo que había ocurrido en 1947-48.

Ben-Gurion probablemente nunca escuchó la palabra ‘Nakba’; pero muy temprano, a fines de los años ‘50, el primer primer ministro de Israel comprendió la importancia del relato histórico“, escribió Hazkani. Ben Gurion quería propagar una versión de la historia que fuera consistente con la posición política de Israel, pero carecía aún de “evidencia” para apoyar esa posición. La “evidencia” fabricada finalmente se convirtió en “historia”, y no se permitió ninguna otra narrativa que desafiara la versión de Israel sobre la Nakba.

El líder israelí encargó a los académicos oficiales la tarea de crear una historia alternativa que continúa permeando el pensamiento israelí hasta el día de hoy.

La distracción de la historia −o de la realidad actual de la horrible ocupación de Palestina− ha estado en marcha durante casi 70 años.

“Israelíes, ¿qué hay que celebrar, exactamente: 50 años de derramamiento de sangre, abuso, despojo y sadismo? Sólo las sociedades que no tienen conciencia celebran esos aniversarios”. Gideon Levy.

El absurdo de que Israel celebre el 50º aniversario de haber ocupado Jerusalén Este, Cisjordania y Gaza no escapa a todos los israelíes, por supuesto.

Un Estado que celebra 50 años de ocupación es un Estado que ha perdido el rumbo, y cuya capacidad de distinguir el bien del mal se ha desbarrancado“, escribió el comentarista israelí Gideon Levy en Haaretz. “Israelíes, ¿qué hay que celebrar, exactamente: cincuenta años de derramamiento de sangre, abuso, despojo y sadismo? Sólo las sociedades que no tienen conciencia celebran esos aniversarios“.

Levy sostiene que Israel ha ganado la guerra de 1967, pero “ha perdido casi todo lo demás“.

Desde entonces, la arrogancia de Israel, su odio por el derecho internacional, “su desprecio continuo por el mundo, su jactancia y su bullying” han alcanzado niveles sin precedentes.

El artículo de Levy se titula “Nuestra Nakba”.

El valiente Levy tiene razón, por supuesto; pero si hay que juzgar la “Nakba” israelí en términos estrictamente morales, entonces la vergüenza debe comenzar mucho antes: por lo menos 20 años antes de la guerra de 1967.

Más voces judías están uniéndose a un movimiento intelectual palestino que durante mucho tiempo ha intentado redefinir las raíces de la lucha palestina.

Escribiendo en Forward, Donna Nevel se niega a aceptar que la discusión sobre el conflicto en Palestina empieza con la guerra y la ocupación de 1967. Nevel es crítica con los llamados “sionistas progresistas” que insisten en enfocar la conversación sólo en la cuestión de la ocupación, limitando así cualquier posibilidad de salida a la “solución de dos Estados”.

Esa “solución” no sólo está muerta y es inviable prácticamente, sino que la discusión en sí misma excluye del todo a la Nakba.

La Nakba no entra en estas conversaciones porque es el legado y la manifestación más clara del sionismo“, escribió Nevel. “Aquellos que ignoran la Nakba –como han hecho consistentemente las instituciones sionistas e israelíes− se están negando a reconocer la ilegitimidad del proyecto sionista desde el comienzo de su implementación“.

Esta es precisamente la razón por la cual la policía israelí recientemente bloqueó la Marcha del Retorno, realizada anualmente por la población palestina de Israel.

Durante años, Israel ha estado alerta ante un movimiento creciente de personas palestinas, israelíes y de todo el mundo que está presionando por un cambio de paradigma para entender las raíces del conflicto en Palestina.

Ese nuevo pensamiento fue el resultado racional del fin del “proceso de paz” y la desaparición de la “solución de dos Estados”.

Incapaz de sostener sus mitos fundacionales, pero incapaz también de ofrecer una alternativa, el gobierno israelí está utilizando medidas coercitivas para responder al movimiento en ciernes: castigar a quienes insisten en conmemorar la Nakba, multar a las organizaciones que participan en tales eventos, e incluso percibir como traidor a cualquier individuo o grupo judío que se desvíe del pensamiento oficial.

En estos casos, la coerción casi no funciona.

La Marcha [del Retorno] ha crecido rápidamente en tamaño durante los últimos años, desafiando medidas cada vez más represivas de las autoridades israelíes“, escribió Jonathan Cook en Al Jazeera.

Parece que casi 70 años después de la fundación de Israel, el pasado sigue pesando.

Afortunadamente, a las voces palestinas que han estado luchando contra la narrativa oficial israelí se les está uniendo un creciente número de voces judías.

Es a través de una nueva narrativa común que se podrá alcanzar una verdadera comprensión del pasado, con la esperanza de que la visión de un futuro de paz pueda reemplazar a la actual, que sólo puede sostenerse mediante la dominación militar, la desigualdad y la pura propaganda.

Publicado en Al Jazeera el 1º de mayo de 2017. Traducción: María Landi
Cifras de la Nakba. Fuente: IMEU
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Médicos de India, guardias de Chechenia

Gideon Levy


La crueldad es la única motivación que guía la respuesta israelí a la huelga de hambre de los presos palestinos. Todo lo demás son mentiras sobre la seguridad.

 

No lejos de casa, cientos de personas están sin comer; miles no pueden dormir de noche, preocupadas por  sus seres queridos en huelga de hambre. No tienen la menor idea de cómo están, pues nadie tiene permiso para visitarlos. Desde hace 21 días [son 24 ahora] el único alimento que ha entrado en sus bocas es agua con sal.

El Servicio Penitenciario de Israel los está torturando. Primero les quitó la sal; después los puso en aislamiento, los multó y aumentó el peso de su ya cruel carga. Los medios israelíes raramente informan sobre la huelga. Conocen el corazón de sus clientes: a la mayoría de los israelíes  no les importa la huelga, y algunos están felices: déjenlos morir.

Pronto van a empezar a tratar de alimentarlos por la fuerza. Si todos los médicos en Israel cumplen con la valiente, moral y correcta posición de la Asociación Médica Israelí –y eso es dudoso, considerando los médicos del servicio de seguridad Shin Bet y del Servicio Penitenciario Israelí-, no habrá nadie para forzar el tubo hacia adentro de sus cuerpos indefensos y desnutridos. Por eso Israel ha amenazado con traer médicos de India para que lleven a cabo la tarea. Y luego quizás también importe guardias carcelarios de Chechenia para que disparen a muerte a los presos en huelga de hambre, en caso de que la crueldad de los guardias penitenciarios israelíes no sea suficiente.

El Ministro de Seguridad Pública Gilad Erdan está orquestando esta crueldad. Erdan no es un mal tipo, ciertamente no es peor que el promedio; pero sabe que la crueldad hacia los prisioneros, al igual que toda crueldad hacia la población palestina, le ayudará en las primarias del Likud. Por eso lo está planeando; y así, Erdan termina siendo peor que los malvados.

La crueldad es la única motivación que guía la respuesta israelí a la huelga de hambre de los presos palestinos. Todo lo demás son mentiras sobre la seguridad y excusas políticas huecas destinadas sólo a ocultar la crueldad. ¿Por qué no permitir que los presos condenados a cadena perpetua se saquen una foto con sus familias? ¿Por qué no darles otro cuarto de hora de visita? Eso es maldad pura. No negociar con los líderes de la huelga de hambre es maldad. Y esperar hasta que los primeros pierdan la consciencia es maldad. Y dejar que lleguen al límite y sólo entonces empezar a negociar es maldad. Y aceptar algunas de sus demandas sólo después de que los primeros huelguistas estén casi muertos, es crueldad. Y por encima de  todo, no aceptar sus demandas (todas ellas justificadas) es una crueldad incomparable.

Las cosas son simples, en blanco y negro: los prisioneros quieren que las condiciones de reclusión vuelvan a ser como eran hace unos pocos años. Incluso entonces no eran extraordinarias. Pero este gobierno de Israel quiere torturarlos.

Difícilmente se encontrará una palabra de verdad en los medios israelíes sobre las condiciones de vida de las y los presos palestinos: sólo mentiras nefastas que describen “mansiones” y “fiestas”. Ni una palabra sobre el hecho de que la mayoría de ellos son presos de opinión; todos son “terroristas”, y por lo tanto todos merecen el mismo trato. No sólo se desdibuja maliciosamente su identidad, sino también sus demandas.

¿Quién sabe siquiera lo que quieren? Destruir al Estado de Israel, eso es lo que quieren, según la ignorancia popular. De hecho, ni una sola de sus exigencias es política. Ni una sola es exagerada; a no ser que colocar baños decentes para las familias que esperan horas afuera de las prisiones sea una exigencia exagerada, si se trata de familias palestinas.

Ahora están esperando a ver quién pestañea primero y quién la tiene más grande. Hasta entonces, los huelguistas serán torturados casi hasta la muerte. Entre ellos hay jóvenes y viejos, sanos y enfermos; y todos están siendo torturados, porque su lucha es justa y su sacrificio es grande. Incluso Israel podría permitirse apreciar esto. El final no lo decidirá el Servicio Penitenciario de Israel sino el Shin Bet, el organismo malvado que en Israel es responsable de todo lo que ocurre en árabe.

El acuerdo que se alcanzará al final de la huelga de hambre podría haber sido hecho en el segundo día. Pero entonces se les habría ahorrado a los “terroristas” una dosis de sufrimiento, y eso, por supuesto, es malo para la nación judía. Entonces primero los vamos a castigar, a poner en aislamiento, a alimentar por la fuerza, a importar médicos, a exportar crueldad; y sólo después les vamos a dar otros 15 minutos de visita con sus familias, y quizás incluso les pongamos aire acondicionado en la prisión de Nafha.

¿Por qué no ahora?

 

Publicado en Haaretz el 8/5/17. Traducción de María Landi.
Información actualizada diariamente sobre la huelga de hambre en:
Libertad y Dignidad – Información de emergencia (Javier Villate).
Palestina Libre
Samidoun
Addameer

 

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La huelga de hambre de los presos palestinos y la bancarrota moral de Israel

Imagen de Marwan Barghouti en el Muro junto al checkpoint que separa a Jerusalén de Ramala


María Landi

 

Una versión algo diferente y reducida de esta entrada fue publicada en el semanario Brecha el 6/5/17 bajo el título: “Luchando con el estómago vacío“.

 

El 17 de abril, Día Internacional de las y los Presos Políticos Palestinos, más de 1.500 prisioneros iniciaron una huelga de hambre colectiva. Se trata de la medida más numerosa y plural llevada adelante en las cárceles de la ocupación colonial israelí en muchos años, y ha recibido la adhesión de todos los partidos políticos palestinos: nacionalistas, marxistas e islamistas.

Bajo la consigna “Libertad y Dignidad”, los presos no piden otra cosa que respetar sus derechos fundamentales establecidos en el derecho internacional. Por un lado, exigen cambios en las condiciones de reclusión: acceso a lectura y estudios universitarios, dos visitas mensuales de una hora de duración (actualmente es una sola de 45 minutos), condiciones humanas en los traslados, atención médica adecuada y liberación de enfermos terminales o discapacitados; y por otro, poner fin a las inhumanas políticas de detención: la tortura, el régimen de aislamiento prolongado, la detención ‘administrativa’ (sin juicio y por tiempo indefinido) y el traslado de los detenidos a Israel −en violación de la IV Convención de Ginebra−, lo que dificulta severamente las posibilidades de visitas familiares.

Según la organización Addamir, hay unos 6.300 presos y presas, incluyendo 500 en detención ‘administrativa’, 300 menores de edad, 61 mujeres y niñas, 13 parlamentarios y 28 periodistas. Al menos 1.000 tienen prohibido recibir visitas por “motivos de seguridad” (sobre todo los de Gaza), y entre 15 y 20 permanecen en total aislamiento. En 50 años desde la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, más de 800.000 personas han sido detenidas por Israel, lo que equivale al 40 por ciento de la población masculina palestina.

Manifestación en Ramala en apoyo a la huelga de hambre de los presos políticos (Hamde Abu).


El ‘Mandela palestino’

No es la primera huelga de hambre masiva de presos palestinos; pero lo que hace especial a ésta es que su líder y vocero es Marwan Barghouti (57), dirigente y parlamentario de Fatah, preso desde hace 15 años y condenado a cinco cadenas perpetuas por su papel en la resistencia durante la segunda intifada (un juicio plagado de irregularidades, en el cual el acusado rechazó la asistencia legal y la legitimidad del tribunal del ejército de ocupación).

Barghouti es el preso más famoso y carismático dentro y fuera de las cárceles, y se lo conoce como “el Mandela palestino”. Una campaña por su libertad iniciada en 2013 −simbólicamente, desde Roben Island, la prisión sudafricana donde Mandela pasó su largo cautiverio− ha recibido el apoyo de cientos de parlamentarios y personalidades y de varios premios Nobel de la Paz. En una carta publicada en The New York Times, Barghouti explicó las razones de esta huelga de hambre y denunció las permanentes violaciones de los derechos humanos que Israel comete contra los presos y sus familias.

Tenía tan solo 15 años cuando fui encarcelado por primera vez. Apenas tenía 18 cuando un interrogador israelí me forzó a abrir las piernas mientras estaba desnudo en la sala de interrogatorio, para golpear mis genitales. Me desmayé del dolor, y la caída resultante dejó una cicatriz perenne en mi frente. El interrogador más tarde se burló de mí, diciendo que yo nunca procrearía, porque las personas como yo sólo engendran terroristas y asesinos”, escribió.

Barghouti acusa a Israel de mantener un sistema “inhumano de ocupación colonial y militar” y de “apartheid jurídico” que busca “romper el espíritu de los prisioneros y de la nación a la que pertenecen, infligiendo sufrimiento a sus cuerpos, separándolos de sus familias y comunidades, utilizando medidas humillantes para obligarnos al sometimiento. A pesar de semejante tratamiento, no nos rendiremos”.


La medida se extiende y crece el apoyo popular

El apoyo a la huelga de hambre continúa creciendo dentro y fuera de Palestina, y cada día más presos y prisiones se suman a la medida. Hasta ahora son siete las presas que se unieron a la protesta desde la cárcel de Hasharon. La huelga general convocada para el jueves 27 de abril en los territorios ocupados tuvo prácticamente un 100 por ciento de acatamiento, incluso en Jerusalén y en comunidades palestinas de Israel. El viernes 28, la población convocó a un ‘día de ira’, con numerosas protestas que fueron brutalmente reprimidas por las fuerzas israelíes; se reportaron decenas de manifestantes heridos o detenidos. Las protestas generalizadas y la respuesta represiva se repitieron el viernes 5 de mayo en todas las ciudades de Cisjordania. En las principales universidades y plazas palestinas se han levantado carpas de solidaridad, y grupos de familiares y estudiantes se han sumado al ayuno. Uno de los hijos de Marwan Barghouti convocó por las redes sociales al desafío de beber agua y sal en apoyo a los presos políticos, generando respuestas individuales y colectivas en todo el mundo.

El 1º de mayo, la Federación Sindical Mundial emitió una declaración de apoyo a los presos palestinos, a la cual se unió la Confederación Sindical Internacional. El mismo día los sindicatos palestinos llamaron a unirse al movimiento BDS, boicoteando las empresas israelíes e internacionales que son cómplices de la ocupación, el colonialismo y el apartheid, y presionando a los gobiernos para que corten relaciones militares y comerciales con Israel. “Reiteramos nuestro llamado al boicot contra Histadrut, el sindicato oficial israelí, por su complicidad con las violaciones del derecho internacional y su negativa a tomar una postura clara de apoyo a los derechos del pueblo palestino”, agregaron.

Desde las prisiones de Ramle y Ramon, también enviaron mensajes a la clase trabajadora los dirigentes del FPLP en huelga de hambre Kamil Abu Hanish y Ahmad Saadat. “Hoy les llamamos (…) a redoblar su apoyo a nuestra lucha, al pueblo palestino y a los prisioneros. Les instamos a que actúen para aislar al Estado ocupante y hacerlo responsable por 70 años de crímenes contra el pueblo palestino. Les instamos a intensificar el movimiento de boicot, desinversión y sanciones contra el Estado ocupante y contra corporaciones como Hewlett-Packard y G4S que lucran con el encarcelamiento, el apartheid y el colonialismo. Los movimientos (…) de los oprimidos pueden y deben participar en esta batalla en todo el mundo, como parte integral de la lucha contra el racismo, el imperialismo y el capitalismo.”, escribió Abu Hanish. Saadat también llamó a “enfrentar las fuerzas salvajes del capitalismo, la ocupación, el colonialismo y el racismo. (…) Una de las tareas comunes es defender los derechos de las personas refugiadas y migrantes, y de las clases empobrecidas, en cualquier parte del mundo”.

El jueves 4, al entrar en el 18º día de huelga de hambre, más prisioneros se sumaron a la protesta, incluyendo a líderes de primer nivel de todos los partidos palestinos: el secretario general del marxista FPLP, Ahmad Saadat y su compañero Ahed Abu Ghoulmeh; los líderes de Hamas: Abbas el-Sayyed, Ibrahim Hamed y Hasan Salameh; el líder de la Yihad Islámica Ziad Bseiso. También se participan en la huelga el líder del FDLP: Wajdi Jawdat, el líder del Partido del Pueblo (comunista) Bassam Kandakji, y los presos palestinos más antiguos: Nael Barghouthi y Karim Younes.

El compromiso de unidad se anunció en conferencias de prensa simultáneas en Gaza y Ramala, y fue recibido con manifestaciones populares masivas en ambos territorios ocupados. Ante miles de personas congregadas ante la estatua de Mandela en Ramala, Fadwa Barghouti leyó un mensaje de su esposo desde la cárcel:

“Israel no puede silenciarnos, ni aislarnos, ni rompernos. Nuestra voluntad es sólida e inquebrantable; la ocupación lo probó una y otra vez y fue incapaz de someternos o subyugarnos: continuamos rebelándonos contra nuestro cautiverio y los intentos de humillarnos (…)

Confiamos en que la fidelidad de los prisioneros a su pueblo y a su país será recibida con lealtad, y que esta batalla sea parte integrante de la batalla de nuestro pueblo por la libertad y la dignidad. Nos encontraremos pronto, en libertad.”

En el Reino Unido, estudiantes de la universidad de Manchester se unieron a la huelga de hambre. Cientos de instituciones y profesionales del Derecho de todo el mundo expresaron su solidaridad en una declaración iniciada en Estados Unidos por el National Lawyers Guild. También emitieron declaraciones de apoyo el bloque de izquierdas del Parlamento Europeo y la Asociación Parlamentaria del Mediterráneo. La organización Samidoun registró 161 acciones de apoyo a los presos palestinos entre el 14 de abril y el 7 de mayo en todo el mundo.


La receta israelí: más represión

Mientras el apoyo popular a la protesta crece en Palestina y en el mundo, las autoridades israelíes han respondido con la única arma que conocen: la violencia represiva, dentro y fuera de las cárceles. Los líderes de la protesta fueron puestos bajo total aislamiento y están siendo trasladados de una prisión a otra. A los huelguistas les han confiscado pertenencias personales (en algunas prisiones incluso la sal que ingieren con agua), les han prohibido ver las noticias o comunicarse y han suspendido las visitas, tanto familiares como legales. Por este motivo, los defensores de presos boicotearon los tribunales militares, negándose a asistir a las audiencias. Sólo integrantes del Comité Internacional de la Cruz Roja han sido autorizados, en algunas prisiones, a visitar a los presos en huelga de hambre.

A su vez, la amenaza de alimentación forzada se cierne sobre los huelguistas: el Ministerio de Salud Pública de Israel ha coordinado con la Policía y el Servicio de Prisiones el eventual traslado de presos a hospitales militares. Se busca así evitar que sean transferidos a centros públicos, donde el personal médico se ha negado a aplicar la ley de 2015 que permite la alimentación forzada (ratificada por la Corte Suprema), ya que viola el código de ética y es considerada tortura en las declaraciones de Malta y de Tokio de la Asociación Médica Internacional. Previendo estas dificultades, el gobierno israelí está considerando la posibilidad de traer médicos extranjeros para alimentar por la fuerza a los huelguistas.

El 4 de mayo un tribunal israelí accedió a la solicitud de organizaciones de derechos humanos y autorizó que los huelguistas pudieran recibir visitas de sus abogados -aunque no de las familias. Sin embargo, al día siguiente las abogadas de Addamir denunciaron que se les había prohibido visitar a los huelguistas, desconociendo la resolución judicial; sólo pudieron ver a otros presos que no están ayunando y obtener información indirecta a través de ellos. Los prisioneros confirmaron el aumento del hostigamiento y las agresiones de las autoridades penitenciarias contra los huelguistas: penosos traslados de una prisión a otra, requisas nocturnas, despojo de pertenencias y provocaciones constantes. Los huelguistas, cuya salud se deteriora aceleradamente, se encuentran recluidos en total aislamiento, sin comunicación alguna con el exterior, sin otra ropa que el uniforme penitenciario, sin ningún material de lectura, teniendo que tomar agua del grifo, y hasta se les ha prohibido hacer las oraciones diarias.

Por otro lado, varios dirigentes de la huelga denunciaron intentos divisionistas de negociar con ellos excluyendo a Marwan Barghouti, a lo cual todos se negaron categóricamente. Ahmad Saadat, el respetado secretario general del FPLP, rechazó dialogar con las autoridades y les remitió a Marwan Barghouti, líder de la huelga. Abdel Mayid Shadid, dirigente de Fatah, denunció que las autoridades del Servicio de Prisiones habrían ofrecido un acuerdo sólo a los huelguistas de las cárceles de Nafha y Ramon -que también fue rechazado por los presos.

Concentración en el centro de Nablus en solidaridad con los presos políticos (Ahmad Al-Bazz).


Potencial peligroso

La cuestión de los presos y presas políticas es una de las más sensibles en Palestina −un país donde el 21% de la población ha estado o está en la cárcel. La huelga de hambre y la represión despiadada que las fuerzas sionistas están desplegando dentro y fuera de las cárceles acelera el imparable deterioro de la imagen internacional de Israel, que no tiene argumentos convincentes para justificar la tortura y el encarcelamiento masivo, los tribunales militares para niños o la detención indefinida sin juicio. Como tampoco puede justificar que la mitad de los seres humanos (más de seis millones) que viven bajo su dominio carezcan de derechos fundamentales por el simple hecho de ser palestinos/as.

La lucha de los presos también tiene un potencial político: para una población tan desgastada por la brutalidad impune de la ocupación como desesperanzada por la corrupción y las divisiones de sus dirigentes, el llamado que sale de las cárceles a la unidad por encima de sectarismos puede levantar la moral y empoderar a la gente. Un movimiento de resistencia civil masiva, creciendo de abajo hacia arriba, con un liderazgo potente como el de Marwan Barghouti, estaría en las antípodas de las estériles gestiones de Mahmoud Abbas buscando el apoyo de los gobiernos occidentales. No es difícil comprender la preocupación del desprestigiado ‘Presidente’ palestino ante el aumento de la popularidad de su rival, así como de una agitación popular que difícilmente podrá controlar.

Al entrar en el día 20º, los presos en huelga de hambre hicieron un llamado a redoblar la solidaridad y la movilización, advirtiendo que muchos de ellos están sufriendo un grave deterioro de su salud. También alertaron sobre la inminencia de una embestida feroz del régimen para quebrar la resistencia de los prisioneros, incluyendo la alimentación forzada. A su vez, representantes del gobierno israelí han declarado que no importa si algunos mueren, porque no hay lugar para tantos presos en las cárceles.

Israel ciertamente tiene un historia criminal y perverso en desactivar la resistencia palestina cuando ésta alcanza niveles significativos de unidad y movilización, como está ocurriendo con esta huelga de hambre. En junio de 2014, cuando los prisioneros estaban tomando una medida similar, y los dirigentes de Fatah y Hamas habían alcanzado un histórico acuerdo de unidad, el régimen sionista desató una brutal cacería en Cisjordania (usando como pretexto el secuestro de tres colonos); y un mes después inició el ataque más sanguinario de su historia sobre la bloqueada población de Gaza, bombardeando y destruyendo la infraestructura civil de la Franja, asesinando a 2.200 personas y dejando heridas y con lesiones permanentes a más de 11.000.

¿Qué precio tuvo que pagar Israel por la masacre de 2014? En la era de Trump, ¿alguien duda de que el régimen sionista estaría dispuesto a utilizar todo su poder letal para quebrar un liderazgo palestino fuerte y unido e impedir cualquier mínima victoria de la resistencia?

Protestas y represión en la Puerta de Damasco, Ciudad Vieja de Jerusalén/Al Quds:

¿Hasta cuándo?

Israel pretende desacreditar al movimiento de prisioneros y a su líder acusándoles de “terroristas”. Dejando de lado que la mayoría de quienes han pasado por las cárceles jamás tomó un arma, o que cada año 700 niños palestinos son juzgados en tribunales militares por tirar piedras, quienes vivimos bajo dictaduras y conocimos los tribunales militares sabemos que la distinción entre unos presos políticos y otros es fútil. ¿Con qué autoridad se puede condenar la resistencia de un pueblo que viene soportando un régimen colonial por 69 años y una ocupación militar por 50? En una reciente entrevista con el Washington Post, la parlamentaria y ex presa palestina Jalida Yarrar afirmó: “El problema no son las acciones del pueblo ocupado, sino la ocupación misma. La gente sólo está reaccionando contra ella. Hay que conocer mejor lo que sufre el pueblo palestino a diario por falta de libertad, por los checkpoints, por las colonias, por no poder acceder a sus tierras, a su agua… ¿Qué esperan que haga un pueblo que soporta todo esto?” El propio Marwan Barghouti, quien en su momento censuró los atentados contra civiles israelíes, afirmó no obstante en su juicio que “no habrá paz ni seguridad sin el fin de la ocupación”.

Una verdad demasiado obvia, que sin embargo parece necesario recordar a los gobiernos occidentales que repiten como un mantra el dogma de la propaganda sionista para justificar décadas de atrocidades contra el pueblo palestino: “Israel tiene derecho a defenderse”. La afirmación carece de toda validez en el derecho internacional humanitario, que por el contrario establece claramente los deberes de la potencia ocupante hacia la seguridad y bienestar de la población ocupada. El primero de ellos, que toda ocupación debe ser temporal. Cincuenta años parece demasiado tiempo para seguir tolerando la impunidad de israelí. Y menos aún sus vanas justificaciones. Los presos palestinos están diciendo BASTA con la única arma que tienen: sus estómagos vacíos.

 

Más información actualizada diariamente sobre la huelga de hambre en:
Libertad y Dignidad – Información de emergencia (Javier Villate).
Palestina Libre
Samidoun
Addameer
La sociedad civil palestina ha desarrollado innumerables muestras de apoyo a sus 1600 presos en huelga de hambre desde el 17 de abril. Para acercarlas a Latinoamerica, BDS Chile -junto a Federación Palestina de Chile – tradujo la canción “Agua y Sal” del cantautor palestino Qasem Al Najjar:
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Libertad y Dignidad: los presos políticos palestinos en huelga de hambre masiva

Columna publicada en el portal Desinformémonos el 23/4/17.

Muro junto al checkpoint de Qalandiya con el rostro de Marwan Barghouti y el reclamo de libertad.

El 17 de abril, Día Internacional de las y los Presos Políticos Palestinos, más de 1.500 prisioneros iniciaron una huelga de hambre colectiva. Se trata de la medida más numerosa y plural llevada adelante en las cárceles de la ocupación colonial israelí en muchos años, y ha recibido la adhesión de todos los partidos políticos palestinos, incluyendo los marxistas y los islamistas. El día 19, las presas políticas anunciaron que se unían a la huelga de sus compañeros –en principio por diez días.

Hay una larga historia de huelgas de hambre colectivas organizadas por los presos palestinos, con hitos importantes en 2004 y 2012. Con frecuencia concluyeron con el compromiso de las autoridades de aceptar sus demandas; el problema es que el régimen sionista también tiene una larga historia de incumplimiento y traición de los compromisos negociados con el pueblo palestino.

Esta huelga de hambre, iniciada bajo la consigna “Libertad y Dignidad”, exige cambios en las condiciones de reclusión, tales como: tener libros, periódicos y acceso a los estudios universitarios; volver al régimen de dos visitas mensuales de una hora de duración (actualmente es una sola de 45 minutos) y permitir la visita de familiares de segundo grado. Pero la protesta apunta también a denunciar y exigir el fin de las políticas de detención arbitrarias y violatorias del derecho internacional humanitario: el régimen de aislamiento prolongado, las detenciones ‘administrativas’ (sin cargos ni juicio, por tiempo indeterminado) y el traslado de los prisioneros a Israel -en violación del IV Convenio de Ginebra-, lo que restringe severamente las posibilidades de visitas familiares. Además, denuncian la negligencia médica que provoca la muerte de detenidos y exigen la liberación de discapacitados y enfermos terminales (se estima que más de 1.000 se encuentran en graves condiciones de salud, sin recibir atención médica adecuada).

El vocero de la protesta es el dirigente y líder del partido Fatah, Marwan Barghouti, preso desde hace 15 años y condenado a cinco cadenas perpetuas por su papel en la resistencia armada durante la segunda intifada (un juicio en el que el acusado rechazó la asistencia legal y declaró que no reconocía la legitimidad de un tribunal militar integrado por el ejército de ocupación).

Barghouti es el preso más famoso y carismático dentro y fuera de las cárceles, y hay quienes lo han bautizado “el Mandela palestino”. Su popularidad sin duda aumentará al liderar esta huelga, y a la vez puede ser garantía de su éxito, en un país donde el 21% de la población ha estado o está en la cárcel. De hecho en Cisjordania la gente ya se ha volcado a las calles y ha habido incidentes con el ejército en varias ciudades –sobre todo Belén y Ramala-, donde varios manifestantes fueron heridos y detenidos.

Según cifras oficiales palestinas, hay alrededor de 6.500 palestinos en 22 cárceles israelíes (todas -menos una- dentro del territorio de Israel), incluyendo 600 en detención administrativa, 300 menores de edad, 60 mujeres y niñas, 12 parlamentarios y 28 periodistas. Al menos 1000 presos tienen prohibido recibir visitas familiares por “motivos de seguridad” (sobre todo los de Gaza), y entre 15 y 20 permanecen en total aislamiento, sin contacto con otros presos o familiares. Según la organización palestina Addameer, en estas cinco décadas desde la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, más de 800.000 palestinos han sido detenidos o encarcelados por Israel, lo que equivale a alrededor del 40 por ciento de la población masculina de Palestina.

El portavoz del Comité de Asuntos de los Prisioneros y Ex-prisioneros de la ANP, Akram Atalah Alayasa, dijo que las autoridades israelíes han comenzado a poner bajo aislamiento a quienes participan en la huelga, les han confiscado pertenencias personales, prohibido ver la televisión o comunicarse, y han suspendido todas las visitas. El Comité informó que el Servicio de Prisiones Israelí ha tomado medidas principalmente contra los presos que lideran la acción: por ejemplo, Marwan Barghouti fue trasladado desde la prisión de Hadarim a la de Jalame y puesto en régimen de aislamiento, al igual que otros dirigentes. Las autoridades también anunciaron que “será procesado en un tribunal disciplinario”, pues lo acusan de utilizar a su esposa para sacar una carta de la cárcel y hacérsela llegar al New York Times.

A su vez, la amenaza de alimentación forzada se cierne sobre los huelguistas: el Ministerio de Salud Pública de Israel ha coordinado con la Policía y el Servicio de Prisiones el eventual traslado de presos a hospitales militares. Se busca así evitar que sean transferidos a centros públicos, donde el personal médico se ha negado a aplicar la ley que permite la alimentación forzada (ratificada por la Corte Suprema), ya que viola su código de ética y es considerada tortura en el derecho internacional de los derechos humanos.

En la carta publicada en el NYT el día 16 como columna de opinión, Marwan Barghouti explica de manera elocuente las razones de esta medida de lucha colectiva, al tiempo que denuncia las permanentes violaciones del derecho internacional de los derechos humanos que Israel comete diariamente contra los prisioneros y sus familias, con el único fin de quebrar su resistencia y su misma existencia como pueblo.

Tenía tan solo 15 años cuando fui encarcelado por primera vez. Apenas tenía 18 cuando un interrogador israelí me forzó a abrir las piernas mientras estaba desnudo en la sala de interrogatorio, para golpear mis genitales. Me desmayé del dolor, y la caída resultante dejó una cicatriz perenne en mi frente. El interrogador más tarde se burló de mí, diciendo que yo nunca procrearía, porque las personas como yo sólo engendran terroristas y asesinos”, escribió.

Barghouti acusa a Israel de mantener un sistema “inhumano de ocupación colonial y militar” y de “apartheid jurídico” que busca “romper el espíritu de los prisioneros y de la nación a la que pertenecen, infligiendo sufrimiento a sus cuerpos, separándolos de sus familias y comunidades, utilizando medidas humillantes para obligarnos al sometimiento. A pesar de semejante tratamiento, no nos rendiremos”.

En efecto, el pueblo palestino lleva 100 años resistiendo la colonización sionista y 50 años la ocupación militar israelí. Este año de aniversarios significativos, es una oportunidad para redoblar la solidaridad con la justa lucha por sus derechos. Desde 2005 esa solidaridad tiene nombre y apellido, y es la campaña palestina y global de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) a Israel hasta que respete el derecho internacional y ponga fin al régimen de ocupación, colonización y apartheid que impone sobre el pueblo palestino.

La campaña es exitosa y crece cada día en todos los continentes, a pesar de los intentos israelíes de deslegitimarla y criminalizara. Y es que cuando la justicia y la razón están del lado de los pueblos, la Historia avanza en esa dirección. Mientras los presos palestinos resisten con la única arma que tienen: sus estómagos vacíos, y se avecinan tiempos de represión muy dura dentro y fuera de las cárceles, sólo nos queda preguntarnos qué podemos hacer para apoyar su lucha por libertad y dignidad. Permanecer indiferentes no es una opción.

 

Fuentes: Samidoun, Addameer, Huffington Post, The New York Times, El Economista, Palestina Libre.
Carta de Marwan Barghouti a parlamentarios del mundo.
Seguir las noticias sobre la huelga de hambre en: Libertad y Dignidad Palestina Libre (español) y Samidoun (inglés).
Colonos y soldados sionistas celebran con una barbacoa frente a la prisión de Ofer la huelga de hambre de los presos palestinos:
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Aunque no les guste, es APARTHEID

Columna mensual publicada en el portal Desinformémonos.
 

Poster de la SAI 2017 en América Latina, con espacio para inscribir las actividades de cada país.

 Entre marzo y abril se está realizando en muchos países, por décimo tercer año consecutivo, la Semana del Apartheid Israelí (SAI). Surgida en 2004 en la universidad de Toronto, la iniciativa se ha extendido por todo el mundo y más allá del ámbito universitario. En más de 200 ciudades de los 6 continentes se realizan cada año mesas redondas, talleres, proyección de películas, exposición de fotos, publicaciones y movilizaciones. El objetivo de la SAI es mostrar la naturaleza del régimen colonial y de apartheid que Israel impone sobre el pueblo palestino, y así contribuir al avance del movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS).

Este año la Semana tuvo como marco una tormenta desatada en el seno de la ONU. La Comisión Económico-Social para Asia Occidental (CESPAO) dio a conocer un informe de 75 páginas titulado “Las prácticas israelíes hacia el pueblo palestino y la cuestión del apartheid”. Elaborado por dos reconocidas figuras expertas de la academia estadounidense: Virginia Tilley y Richard Falk, el informe describe y analiza minuciosamente el régimen israelí y concluye que “más allá de toda duda razonable, Israel es culpable de políticas y prácticas que constituyen el delito de apartheid, definido jurídicamente en instrumentos internacionales” tales como la Convención Internacional para la Supresión y Castigo del Crimen de Apartheid (1973), la Convención Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial (1966), y la misma Declaración Universal de DD.HH.

El informe confirma la existencia de un régimen institucionalizado para la dominación y la discriminación, que se materializa en la doctrina del Estado Judío (donde la nacionalidad sólo es otorgada a las personas judías, independientemente de dónde hayan nacido); en un conjunto de leyes discriminatorias (como la ley militar que se aplica a la población palestina en los territorios ocupados pero no a los colonos judíos); en la “ingeniería demográfica” que, buscando garantizar una mayoría judía, otorga la nacionalidad a cualquier persona judía del mundo mientras se la niega a la población palestina y prohíbe el retorno de las personas refugiadas; la discriminación en el acceso a la educación, la salud, el empleo, la vivienda, los permisos de residencia y de construcción a las 300.000 personas palestinas que viven en Jerusalén Este; la desigualdad en el acceso a la tierra, el agua y otros recursos entre la población judía y la palestina; la existencia de espacios segregados entre ambas (localidades, viviendas, carreteras, sistemas de transporte y hasta matrículas de vehículos). Finalmente, llama a gobiernos y sociedad civil en todo el mundo a aplicar medidas de boicot, desinversión y sanciones para presionar a Israel hasta que ponga fin a este régimen de discriminación y opresión.

Rima Jalaf, Secretaria Ejecutiva de la CESPAO, anunciando su renuncia. (M. Ali Akman/Anadolu).

Que las políticas israelíes cumplen con la definición legal de apartheid ya había sido dicho. Un estudio realizado en 2009 por el Consejo de Investigación de Ciencias Humanas de Sudáfrica llegó a la conclusión de que Israel practica el apartheid en Cisjordania y la Franja de Gaza. En 2012, el Comité de la ONU para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD, que vigila el cumplimiento de la Convención del mismo nombre) criticó a Israel por violar el derecho a la igualdad en muchas de sus políticas. Dentro de Israel, el comité criticó la “segregación entre las comunidades judías y no judías”, la falta de “igual acceso a la tierra y la propiedad”, y “la persistente política de demoliciones de casas y desplazamiento forzado de las comunidades indígenas beduinas”. En los territorios ocupados, las colonias judías fueron consideradas parte de un régimen de “segregación de facto” que llevó al CERD a recordarle a Israel la “prohibición” de emplear políticas de “apartheid”.

Pero el informe de la CESPAO va más allá, afirmando que el sistema de apartheid domina a todo el pueblo palestino, y que el método principal para implementarlo es la “fragmentación estratégica” de la población en unidades territoriales separadas y regímenes jurídicos distintos (como ciudadanos con derechos limitados dentro de Israel, como apátridas en los territorios ocupados, como “residentes permanentes” en Jerusalén Este, o como refugiados sin derecho al retorno).

Inmediatamente después de publicado el informe, los gobiernos de EE.UU. e Israel comenzaron a presionar al Secretario General de la ONU para que lo retirara. Gutèrres, a su vez, transmitió la orden a la Secretaria Ejecutiva de la CESPAO, la jordana Rima Jalaf, quien debido a las presiones decidió presentar la renuncia a su cargo. En su carta de dimisión la funcionaria reafirmó las conclusiones del informe que acusa a Israel de fundar un régimen de segregación racial con la intención de imponer a un grupo étnico sobre otro, y afirmó: “Resulta lógico que el criminal agreda a todo el que defienda la causa de la víctima. A pesar de todo yo no estoy dispuesta a someterme a estas presiones. (…) Estoy absolutamente convencida de que la discriminación entre seres humanos por razón de su religión, color de piel, género o raza, es inaceptable. Estoy persuadida de que decir la verdad ante el opresor no es solo es un derecho de todos sino también un deber. (…) La dolorosa realidad es que el régimen de apartheid sigue vigente en el siglo XXI.”

Aunque Jalaf dejó su puesto y el informe fue retirado del sitio web de la CESPAO, cada vez más analistas advierten que el genio ha salido de la botella y ya no podrá ser controlado. Cuando todavía resuenan los ecos de la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad (diciembre 2016) condenando la incesante colonización israelí del territorio palestino, esta semana el Consejo de DD.HH. de la ONU aprobó cuatro resoluciones –a pesar de los denodados esfuerzos del representante de Israel para impedirlo− reiterando dicha condena. El organismo exhortó a los Estados a abstenerse de mantener relaciones comerciales o de cualquier tipo con las colonias asentadas en el territorio ocupado, y a advertir a sus empresas y ciudadanos de los riesgos legales, financieros y de reputación que correrán al involucrarse en actividades con dichas colonias.

Folleto de la Red Internacional Judía Antisionista (IJAN) distinguiendo entre antisionismo y antisemitismo.

Todo esto se da mientras el régimen sionista extrema su ofensiva para criminalizar y deslegitimar al movimiento BDS, que sigue creciendo en el mundo. El parlamento israelí aprobó una ley que prohíbe la entrada al país (y por lo tanto, también a los territorios palestinos, que no tienen soberanía alguna) de personas que integren o apoyen al movimiento BDS. Políticos, activistas, académicas y líderes religiosos ya han sido víctimas de la norma al aterrizar en Tel Aviv. En Europa la ofensiva se centra en presionar para que se apruebe legislación que penalice y asimile cualquier crítica a Israel con antisemitismo −considerado delito de odio. Misteriosas ONG aparecidas de la nada se encargan de monitorear dichas críticas y de entablar demandas judiciales o campañas mediáticas para descalificar al movimiento BDS con falsas acusaciones. Esta semana, y apostando fuerte, las autoridades israelíes citaron al fundador y principal vocero palestino del BDS, Omar Barghouti, sometiéndolo −con pretextos impositivos− a prolongados interrogatorios durante días. Dirigentes políticos y sociales de muchos países han criticado esta persecución contra el activista.

Y aunque pueda tener algún resultado puntual, esta ofensiva no parece destinada a tener éxito. A largo plazo, la hora sudafricana llegará también para el apartheid israelí. “Pueden arrestar a quien quieran, pero no van a impedirle a la gente usar el BDS como una herramienta de lucha por la libertad de Palestina”, afirmó Adnan Ramadan, co-fundador del movimiento en Palestina. “No va a funcionar porque el BDS no es una persona, ni dos, ni diez; es un movimiento de cientos de miles de personas, que se toman muy en serio la lucha contra la ocupación y tienen fuertes motivaciones para resistir. Llevamos más de 60 años resistiendo; Israel puede matar gente, asesinar y arrestar a los líderes, pero no podrá detener la lucha”.

Mientras tanto, la Semana del Apartheid sigue creciendo a la par de la campaña de BDS, también en América Latina. Este año habrá actividades en Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Costa Rica, Ecuador, México y Uruguay.

El músico Roger Waters definió bien el momento presente al referirse a los debates existentes en EE.UU. acerca del BDS: “Una cita de uno de mis héroes, Mahatma Gandhi, viene a mi mente. Proféticamente dijo: ‘Primero te ignoran, luego se ríen de ti, después te atacan; y entonces ganas’. El movimiento BDS está cumpliendo con su promesa y se ajusta a la descripción de Gandhi. Antes descartado por muchos como una estrategia inútil que “nunca funcionaría”, el BDS ha ganado mucho terreno últimamente, trayendo consigo la reacción esperada.”

Video oficial de la 13ª Semana del Apartheid Israelí.

 

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Palestina. Histórico informe de la ONU respalda el Boicot a Israel

Esta semana otra vez asistimos a un nuevo ataque de histeria sionista (y yanqui) por el informe de un organismo de la ONU que afirmó que Israel aplica un régimen de apartheid sobre el pueblo palestino.
¿Qué es lo que tiene que escandalizarnos: el nombre, o la realidad? Si no les gusta que les acusen de apartheid y genocidio, NO LOS PRACTIQUEN, como bien ha dicho Miko Peled (israelí antisionista, de cuna super sionista).
Ya en 2012, el Comité CERD de la ONU, que vigila la aplicación de la Convención para la Eliminación de la Discriminación Racial, emitió un informe lapidario sobre las leyes y políticas de segregación aplicadas por Israel.

Artículo de Ali Abunimah en Electronic Intifada, traducido y publicado por Palestina Libre, reblogueado desde Los Otros Judíos.

Los otros judíos

end-israeli-apartheid.jpgNuevo informe de la ONU concluye que “Israel ha establecido un régimen de apartheid que domina al pueblo palestino en su conjunto” y pide un amplio apoyo al Movimiento de Boicot. Foto: Ryan Rodrick Beiler, ActiveStills

Por Ali Abunimah.

Un nuevo informe de la ONU ofrece un apoyo explícito a la campaña dirigida por palestinos Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) para poner fin al Apartheid de Israel y apoyar una paz justa.

El histórico informe de respaldo al boicot, sanciones económicas y otras iniciativas de base se produce en un momento en que Israel está tratando desesperadamente de criminalizar y reprimir el apoyo internacional a los derechos de los palestinos.

Publicado por la Comisión Económica y Social para Asia Occidental (Cespao) de las Naciones Unidas, el informe concluye que “Israel ha establecido un régimen de apartheid que domina al pueblo palestino en su conjunto”.

Se encuentra “más allá de…

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