Por qué Palestina sigue siendo la cuestión

 

Palestinas manifiestan ante el checkpoint de Qalandiya (entre Jerusalén y Ramala) la víspera del 8/3/15. (Anne Paq/Ahmad Al-Bazz).

John Pilger*

Cuando en la década de 1960, siendo un joven reportero, fui por primera vez a Palestina, me alojé en un kibutz. Las personas a las que conocí eran trabajadoras, llenas de energía, y se llamaban a sí mismas socialistas. Me gustaron.

Una noche durante la cena, les pregunté por las siluetas de personas que se veían a lo lejos, más allá de nuestro perímetro.

“Árabes”, dijeron, “nómadas”, casi escupiendo las palabras. Dijeron que Israel -refiriéndose a Palestina- había sido prácticamente una tierra baldía, y que una de las grandes hazañas de la empresa sionista era hacer florecer el desierto.

Pusieron como ejemplo su cultivo de naranjas de Jaffa, que se exportaban al resto del mundo: un triunfo sobre los caprichos de la naturaleza y la negligencia humana.

Era la primera mentira. La mayor parte los naranjales y de los viñedos pertenecían a palestinos que habían labrado la tierra y exportado naranjas y uvas a Europa desde el siglo XVIII. Los anteriores habitantes de la antigua ciudad palestina de Jaffa llamaban a la ciudad “el lugar de las naranjas tristes”.

En el kibutz nunca se usaba la palabra “palestino”. Pregunté por qué. La respuesta fue un silencio incómodo.

En todo el mundo colonizado, la verdadera soberanía de los pueblos originarios es temida por quienes nunca consiguen ocultar el hecho -y el crimen- de vivir en una tierra robada.

El siguiente paso es negar a la gente su condición humana -como saben demasiado bien las personas judías. A eso le sigue -tan lógicamente como la violencia- ultrajar la dignidad, la cultura y el orgullo de las personas.

En Ramala, tras la invasión de Cisjordania ordenada por el difunto Ariel Sharon en 2002, caminé por calles llenas de coches destrozados y casas demolidas hasta el Centro Cultural Palestino. Los soldados israelíes habían acampado ahí hasta esa mañana.

Me recibió la directora del centro, la novelista Liana Badr, cuyos manuscritos originales yacían desparramados y destruidos por el suelo. Los soldados se habían llevado el disco duro que contenía sus obras de ficción y una biblioteca de obras de teatro y poesía. Casi todo estaba destrozado y mancillado.

No había sobrevivido un solo libro con todas sus páginas, ni una sola cinta original de una de las mejores colecciones de cine palestino.

Los soldados habían orinado y defecado en el suelo, en los escritorios, sobre los bordados y las obras de arte. Habían embadurnado dibujos infantiles con heces y escrito (con mierda): “Nacido para matar”.

Liana Badr tenía lágrimas en los ojos, pero la cabeza bien alta. “Lo reconstruiremos otra vez”, me dijo.

Lo que enfurece a quienes colonizan y ocupan, roban y oprimen, destrozan y mancillan, es la negativa de las víctimas a doblegarse. Y éste es el tributo que todos deberíamos rendir al pueblo palestino. Se niegan a doblegarse. Siguen adelante. Esperan -hasta que vuelven a luchar. Y lo hacen aun cuando quienes los gobiernan colaboren con sus opresores.

En medio del bombardeo israelí de 2014 sobre Gaza, el periodista palestino Mohammed Omer nunca dejó de informar. Tanto él como su familia se vieron afectados, hacían cola para conseguir agua y comida, y las acarreaban entre los escombros. Cuando le llamé por teléfono, podía oír las bombas tras la puerta. Se negó a doblegarse.

Los reportajes de Mohammed, ilustrados por sus gráficas fotografías, fueron un modelo de periodismo profesional que puso en evidencia la complaciente y cobarde manera de informar de los llamados medios hegemónicos de Gran Bretaña y Estados Unidos. La idea de ‘objetividad’ que tiene la BBC (hacerse eco de los mitos y mentiras de la autoridad, una práctica de la que está orgullosa) es puesta en cuestión todos los días por personas como Mohammed.

Durante más de 40 años he documentado la negativa del pueblo palestino a doblegarse ante sus opresores: Israel, Estados Unidos, Gran Bretaña, la Unión Europea.

Desde 2008, Gran Bretaña sola ha concedido a Israel licencias de exportación de armas y misiles, drones y rifles de francotirador por valor de 434 millones de libras.

Quienes han resistido esto -sin armas-, quienes se han negado a doblegarse, son algunos de los palestinos que he tenido el privilegio de conocer:

– Mi amigo el difunto Mohammed Jarella, que trabajó sin descanso para la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA, por su sigla en inglés), me enseñó por primera vez en 1967 un campo de refugiados palestino. Era un día muy duro de invierno, y los niños y niñas en edad escolar temblaban de frío. “Un día… -decía- Un día…”

– Mustafa Barghouti, cuya elocuencia continúa incólume, y que me describió la tolerancia que existía en Palestina entre las personas judías, musulmanas y cristianas hasta que -como me dijo- “los sionistas quisieron tener un Estado a expensas del pueblo palestino”.

– La Dra. Muna El-Farra, una médica de Gaza, cuya pasión era recaudar dinero para hacer operaciones de cirugía plástica a los niños y niñas desfiguradas por las balas y la metralla israelíes. Las bombas israelíes arrasaron su hospital en 2014.

– El Dr. Jalid Dahlan, psiquiatra, cuyas clínicas para la niñez de Gaza —niños y niñas que casi se habían vuelto locos por la violencia israelí— eran oasis de civilización.

Fátima y Nasser son una pareja cuya casa se alzaba en un pueblo cerca de Jerusalén calificado como “Área C”, lo que significa que la tierra fue calificada como sólo para judíos. Sus padres habían vivido ahí; sus abuelos habían vivido ahí. Hoy, los buldózeres están allanando carreteras sólo para judíos, protegidos por leyes sólo para judíos.

Era más de media noche cuando Fátima se puso de parto de su segundo hijo. El bebé era prematuro, y cuando llegaron al checkpoint, con el hospital a la vista, el joven soldado israelí les dijo que necesitaban otro documento.

Fátima tenía una fuerte hemorragia. El soldado se rió e imitó sus gemidos, y les dijo: “Vayánse a casa”. El niño nació allí en un camión. Estaba azul de frío, y muy pronto murió por no recibir los cuidados necesarios. Se llamaba Sultán.

Para las y los palestinos, éstas serán historias familiares. La pregunta es por qué no lo son en Londres y Washington, Bruselas y Sidney.

En Siria, una causa liberal reciente -una causa de George Clooney- está siendo financiada generosamente por Gran Bretaña y Estados Unidos, a pesar de que sus beneficiarios, los llamados rebeldes, están dominados por yihadistas fanáticos -el producto de la invasión de Afganistán e Irak, y de la destrucción de la Libia moderna.

Y sin embargo, la ocupación y la resistencia más largas de los tiempos modernos no son reconocidas. Cuando de pronto las Naciones Unidas se conmueven y califican a Israel de Estado de apartheid -como sucedió este año-, eso provoca indignación, pero no contra el Estado cuyo “propósito principal” es el racismo, sino contra una comisión de Naciones Unidas que osó romper el silencio.

“Palestina -afirmó Nelson Mandela- es el mayor problema moral de nuestro tiempo”.

¿Por qué se oculta esta verdad día tras día, mes tras mes, año tras año?

Cuando se trata de Israel –el Estado de apartheid, culpable de crímenes contra la humanidad y de haber violado el Derecho Internacional más que cualquier otro Estado–, persiste el silencio entre quienes saben y cuyo trabajo consiste en dejar las cosas en claro.

Cuando se trata de Israel, gran parte del periodismo está intimidado y controlado por un pensamiento colectivo que exige silencio sobre Palestina, mientras que el periodismo honrado se ha convertido en disidencia: una clandestinidad metafórica.

Una sola palabra –“conflicto”– permite este silencio. “El conflicto árabe-israelí”, recitan los robots en sus apuntadores electrónicos. Y cuando un veterano periodista de la BBC, un hombre que conoce la verdad, se refiere a “dos relatos”, la contorsión moral es total.

No existe un conflicto, ni dos relatos con su respaldo moral. Existe una ocupación militar impuesta por una potencia nuclear, que es apoyada por la mayor potencia militar del planeta, y existe una injusticia descomunal.

Se puede prohibir la palabra “ocupación”, borrarla del diccionario. Pero no se puede prohibir el recuerdo de la verdad histórica: la sistemática expulsión del pueblo palestino de su patria. Los israelíes lo llamaron “Plan D” en 1948.

El historiador israelí Benny Morris describe cómo uno de sus generales le preguntó a David Ben-Gurion, el primero en ocupar el cargo de Primer Ministro de Israel: “¿Qué haremos con los árabes?”. El Primer Ministro, escribió Morris, “hizo un gesto despectivo y enérgico con la mano”. “¡Expulsarlos!”, dijo.

Setenta años después, este crimen ha sido suprimido de la cultura intelectual y política de Occidente. O es discutible, o meramente controversial. Periodistas con abultados sueldos aceptan con entusiasmo viajes pagados por Israel, su hospitalidad y sus halagos, y después protestan enérgicamente defendiendo su ‘independencia’. El término “tontos útiles” fue acuñado para ellos.

En 2011, me impactó la facilidad con la que uno de los novelistas británicos más aclamados, Ian McEwan, un hombre bruñido por los destellos de la ilustración burguesa, aceptó el Premio Jerusalén de literatura en el Estado de apartheid.

¿Habría ido McEwan a Sun City en la Sudáfrica del apartheid? Ahí también concedían premios, con todos los gastos pagados. McEwan justificó su acción con palabras ambiguas acerca de la independencia de la “sociedad civil”.

La propaganda (del tipo de la que ofreció McEwan, con su golpecito de reprimenda en las muñecas de sus encantados anfitriones) es un arma para los opresores de Palestina. Como el azúcar, insinúa prácticamente todo hoy en día.

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Comprender y deconstruir la propaganda estatal y cultural es hoy nuestra tarea más importante. Se nos está obligando a entrar en una segunda Guerra Fría, cuyo objetivo final es someter y balcanizar a Rusia, e intimidar a China.

Cuando Donald Trump y Vladimir Putin hablaron en privado durante más de dos horas en la Cumbre del G20 en Hamburgo, al parecer acerca de la necesidad de no emprender la guerra el uno contra el otro, los detractores más vociferantes fueron los que se han apoderado del liberalismo, como el escritor político sionista de The Guardian: “No es de extrañar que Putin sonriera en Hamburgo. Sabe que ha conseguido su principal objetivo: ha hecho a Estados Unidos débil otra vez”, escribió Jonathan Freedland. Que empiecen los abucheos al Malvado Vlad.

Estos propagandistas nunca han conocido la guerra, pero aman el juego imperial de la guerra. Lo que Ian McEwan denomina “sociedad civil” se ha convertido en una rica fuente de propaganda afín.

Tomemos un término que los guardianes de la sociedad civil utilizan con frecuencia: “derechos humanos”. Al igual que otro concepto noble: “democracia”, el concepto de “derechos humanos” ha sido casi vaciado de su significado y propósito.

Como el “proceso de paz” y la “hoja de ruta”, los derechos humanos en Palestina han sido secuestrados por los gobiernos occidentales y las ONG corporativas que ellos financian y que reivindican una payasesca autoridad moral.

Así, cuando los gobiernos y las ONG piden a Israel que “respete los derechos humanos” en Palestina, no pasa nada, porque todos saben que no hay nada que temer: nada va a cambiar.

Miren el silencio de la Unión Europea, que complace a Israel mientras éste se niega a cumplir sus compromisos con la población de Gaza, como mantener abierta la cuerda de salvamento que es el paso fronterizo de Rafah, una medida a la que accedió como parte de su rol en el acuerdo de alto el fuego tras el ataque de 2014. El puerto marítimo para Gaza, acordado por Bruselas en 2014, también ha sido abandonado.

La comisión de las Naciones Unidas que mencioné antes (su nombre completo es Comisión Económica y Social para Asia Occidental) describió a Israel como (y cito) “diseñado para servir al propósito principal” de la discriminación racial.

Millones de personas lo entienden. Lo que los gobiernos de Londres, Washington, Bruselas y Tel Aviv no pueden controlar es que la gente de a pie está cambiando como quizás nunca lo haya hecho antes.

La gente se está moviendo en todas partes y, en mi opinión, está más consciente que nunca. Algunas personas ya están en una revuelta abierta. La atrocidad de la Torre Grenfell en Londres ha hecho que las comunidades se unan en una vibrante resistencia que es casi nacional.

Gracias a una campaña popular, el Poder Judicial está hoy examinando las pruebas de un posible juicio a Tony Blair por crímenes de guerra. Aun si fracasa, es un acontecimiento fundamental, que echa abajo otra barrera más entre el público y su posibilidad de reconocer la naturaleza voraz de los crímenes del poder estatal: el desprecio sistemático por la humanidad perpetrado en Irak, en la Torre Grenfell, en Palestina. Esos son los puntos que están a la espera de ser unidos.

Durante la mayor parte del siglo XXI, el fraude del poder corporativo presentado como democracia ha dependido de la propaganda de distracción; se ha basado en gran parte en un culto al “yoísmo”, diseñado para desorientar nuestro sentido de mirar hacia los demás, de actuar juntos, de justicia social y de internacionalismo.

La clase, el género y la raza fueron separados. Lo personal se convirtió en la política y los medios en el mensaje. La promoción del privilegio burgués fue presentada como una política “progresista”. No lo era. Nunca lo es. Es la promoción del privilegio y del poder.

Entre los jóvenes, el internacionalismo ha encontrado una vasta audiencia. Vean el apoyo a Jeremy Corbyn y la recepción que recibió el circo del G20 en Hamburgo. Al entender la verdad y los imperativos del internacionalismo, y al rechazar el colonialismo, entendemos la lucha de Palestina.

Mandela lo dijo de esta manera: “Sabemos demasiado bien que nuestra libertad es incompleta sin la libertad de los palestinos”.

En el corazón de Medio Oriente se encuentra la injusticia histórica de Palestina. Hasta que se resuelva y el pueblo palestino tenga su libertad y su patria, e israelíes y palestinos/as sean iguales ante la ley, no habrá paz en la región, y quizás en ninguna parte.

Lo que Mandela decía es que la propia libertad es precaria mientras gobiernos poderosos puedan negar la justicia a otros, aterrorizar a otros, encarcelar y asesinar a otros en nuestro nombre. Ciertamente, Israel comprende la amenaza de que un día esto pueda dejar de ser normal.

Por eso su embajador en Gran Bretaña es Mark Regev, bien conocido por los periodistas como un propagandista profesional; y por eso se permitió el “enorme engaño” -como lo llamó Ilan Pappé- de las acusaciones de antisemitismo para torcer al Partido Laborista y minar el liderazgo de Jeremy Corbyn. Lo importante es que no tuvo éxito.

Ahora los acontecimientos se están sucediendo rápidamente. La notable campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) está teniendo éxito día tras día: ciudades y pueblos, sindicatos y organizaciones juveniles se están adhiriendo a la campaña. El intento del gobierno británico de impedir a los ayuntamientos aplicar el BDS ha fracasado en los tribunales.

Esto no es paja en el viento. Cuando el pueblo palestino se vuelva a alzar, como se alzará, puede que no tenga éxito al principio; pero lo tendrá finalmente si nosotros entendemos que ellos son nosotros y que nosotros somos ellos.

 

* John Pilger es un premiado periodista y documentalista australiano residente en Londres, autor de varios libros y documentales. Este artículo es una versión abreviada de su ponencia en la Exposición Palestina de Londres, el 8 de julio. Se puede ver aquí el video de su ponencia “Palestine is still the issue” (“Palestina sigue siendo la cuestión”). 
Publicado en Counterpunch el 11/7/17.  Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos y editado por María Landi.
Video del camarógrafo palestino Jaled Hamad, que registró el ataque israelí de 2014 sobre el barrio Shuyaiya de Gaza, incluyendo los últimos minutos de su propia vida:

 

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Gaza al borde del colapso. Ramzy Baroud y Gideon Levy


Las noticias que llegan de Gaza son las peores desde 2014 (cuando hace justamente tres años, Israel lanzó el ataque más feroz y destructivo sobre la indefensa y bloqueada población de esa cárcel al aire libre, asesinando a 2.200 personas, dejando malheridas a más de 11.000 y destruyendo la infraestructura urbana). Parecería que Israel, Egipto, la ANP de Abbas, Estados Unidos, Arabia Saudita y sus aliados se hubieran confabulado para llevar al extremo la crisis humanitaria, energética y ambiental más grave que soportan los dos millones de personas encerradas en esos 350 kilómetros cuadrados. Estos dos textos de Gideon Levy y Ramzy Baroud (entre muchos otros posibles) tratan de dar cuenta de esta situación desesperada a la que, una vez más, la comunidad internacional elige darle la espalda.
Publico esta entrada exactamente cuando se cumplen tres años del inicio de la masacre llamada “Margen protector”. Trágicamente, el 10 de julio de 2014 fue el día que este blog tuvo más visitas en toda su historia: 8000. Israel había iniciado otra carnicería, y la gente buscaba desesperadamente información sobre lo que pasaba en Gaza.  Nunca lo olvidaré, y no precisamente porque ese record de popularidad me cause satisfacción alguna. Vaya este homenaje a las víctimas y sobrevivientes, con la promesa de que no olvidamos, no perdonamos, y no nos reconociliamos. Con los criminales de guerra y de lesa humanidad, jamás. Y a su impunidad, igual que al perverso régimen sionista, les llegará la hora.

Una familia de Gaza compartiendo la ‘cena’ de Ramadan (iftar).


Israel experimenta con el sufrimiento humano en Gaza


Gideon Levy

Uno de los mayores experimentos con seres humanos que se han llevado a cabo en cualquier lugar se está realizando justo ante nuestros ojos, y el mundo permanece en silencio.

El proyecto está en su apogeo y el mundo no muestra ningún interés. Este experimento con seres humanos, no aprobado por ninguna institución científica internacional cuya supervisión es exigida por la Declaración de Helsinki, busca examinar la conducta humana en situaciones de estrés y privación extremos.

El grupo experimental no está compuesto por unas pocas personas, ni por unas decenas o centenares, ni por algunos miles o decenas de miles, ni siquiera por algunos centenares de miles de personas. La población sometida al experimento es, al menos, de dos millones de seres humanos.

Hasta ahora, han resistido la prueba increíblemente bien. Aunque hay alguna turbulencia dentro de la olla a presión en la que están confinados, todavía no ha explotado. La Franja de Gaza está siendo vigilada para ver cuándo y de qué forma acaba explotando. Aparentemente, es solo cuestión de tiempo.

Tal como ha sido presentado por Israel, la Autoridad Palestina y Egipto, ¿qué pasa con dos millones de seres humanos cuando se les priva de electricidad casi todo el tiempo, día y noche? ¿Qué les pasa en invierno, en primavera y, sobre todo, ahora, en el espantosamente caluroso verano de Oriente Medio?

Al igual que todos los experimentos de esta clase, éste está siendo conducido de forma escalonada. La rana debe ser hervida poco a poco hasta que estire la pata.

En un principio, Gaza fue privada de electricidad durante una tercera parte del día, luego la mitad y ahora el nivel ha sido aumentado de tal manera que los dos millones de habitantes del enclave tienen electricidad solo 2,5 horas al día. Vamos a ver lo que les pasa. Vamos a ver cómo responden. ¿Y qué sucede cuando se les suministra electricidad solo una hora al día? ¿O una hora a la semana? Este experimento está todavía en sus primeras fases y nadie puede prever su final.

La ubicación de este experimento es uno de los territorios más malditos de la Tierra. Cuarenta kilómetros de largo, su anchura varía entre los 5,7 y los 12,5 kilómetros, lo que nos da un total de 365 km2. La Franja de Gaza es uno de los lugares más densamente poblados del mundo. Según la CIA, en julio de 2016 había allí 1.7 millones de personas; la Autoridad Palestina ha estimado su población en dos millones en octubre de 2016.

En cualquier caso, un millón de las personas palestinas que viven en Gaza son refugiadas o hijos y nietos de refugiados, y aproximadamente la mitad siguen viviendo en campos de refugiados. En comparación con los demás campos de refugiados que existen en otros países árabes, los de Gaza son considerados especialmente miserables, tal vez con la excepción de los que hay en Líbano y Siria. Los refugiados de Gaza fueron expulsados o huyeron del territorio ocupado por Israel en 1948 y representan aproximadamente una quinta parte de la población refugiada palestina que hay en el mundo.

Esta población no ha conocido prácticamente ningún periodo de tranquilidad, seguridad o mínimo bienestar económico. Su situación actual puede ser la peor y más desesperante, y un informe de la ONU ha concluido que, dentro de dos años y medio, para 2020, la Franja de Gaza ya no será habitable, en gran parte debido al gravísimo problema del agua. Los nuevos cortes de electricidad están agravando aún más la difícil situación en que se encuentran estos seres humanos a medida que el experimento continúa.

En la última década, esta atribulada franja de tierra se ha convertido en una jaula, la jaula más grande del planeta.

Gaza está rodeada: por Israel al norte y al este, por Egipto al sur y por el mar al oeste, donde las fuerzas navales israelíes han impuesto un bloqueo absoluto. Desde la llegada de HAMAS al gobierno en Gaza, Israel, con la colaboración de Egipto, ha impuesto un bloqueo. Aunque ha sido aliviado ligeramente con el paso de los años, sigue siendo un bloqueo, especialmente por lo que se refiere al movimiento de personas hacia y desde Gaza y la prohibición casi total de exportación de bienes.

Pero ni siquiera eso es suficiente. Los tormentos de Gaza están lejos de haber acabado. Ahora le llega el turno al suministro de electricidad.

Gaza tiene una única central eléctrica, que no puede producir toda la electricidad que se necesita. Construida en 2002 con una capacidad de producción de unos 140 MW, la planta está limitada por la capacidad de carga de su red y en 2006 tan solo producía 90 MW, por lo que importaba 120 MW adicionales suministrados por Israel, pagados en su totalidad, por supuesto.

La planta fue bombardeada por Israel tras la captura del soldado israelí Guilad Shalit, en el verano de 2006, cuando estaba produciendo el 43 por ciento de la electricidad que consumían los gazatíes. Tras su reconstrucción, la planta alcanzó una capacidad de producción de unos 80 MW. Pero también para esto depende totalmente de Israel, que es el único proveedor de repuestos y del combustible diesel que alimenta la central.

Cuando se estableció el bloqueo, Israel comenzó a restringir la cantidad de combustible que suministraba a Gaza. Los gazatíes necesitan entre 280 y 400 MW de electricidad, dependiendo de la estación del año. Aproximadamente una tercera parte de toda la electricidad requerida, unos 120 MW, provenía de Israel y otros 60–70 MW los producía la central. Había una escasez crónica de electricidad en Gaza incluso antes de esta última reducción. Los gazatíes han estado sin electricidad durante varias horas al día desde hace años.

El 11 de junio de este año, el gabinete de seguridad de Israel decidió reducir el suministro de electricidad a Gaza en respuesta a una solicitud del presidente de la Autoridad Palestina (AP), Mahmud Abás. Este es el origen inmediato del agravamiento de la crisis. La lucha por el poder entre Abás y HAMAS, que gobierna Gaza, una lucha en la que Israel colabora de manera apreciable con la AP, ha creado la crisis actual. En esta situación, no hay buenos y malos, sino solo malos.

Unas dos semanas después de la citada decisión del gabinete israelí, Tel Aviv recortó nuevamente su suministro de electricidad y eliminó otros ocho megavatios de los 120 que venía proporcionando. En consecuencia, la distribución de electricidad en algunas partes de Gaza, especialmente en el oeste y el sur, se ha reducido a solo dos horas y media al día. Dos horas y media de electricidad al día.

Resulta difícil imaginar la rutina del día a día con este calor sofocante y solo dos horas y media de electricidad al día. Resulta difícil imaginar cómo se puede mantener fresca la comida, asusta pensar en todas las tareas humanas ordinarias que se hacen sin electricidad, es horrible lo que pueden estar pasando los enfermos de los hospitales cuyas vidas dependen de la electricidad.

El 4 de junio, Mohamed Azaizeh, que trabaja en la organización israelí de derechos humanos Gisha, escribió un artículo en HAARETZ en el que describía lo que estaba pasando en el hospital Al Rantisi de Gaza.

En la unidad de cuidados intensivos infantil, los niños estaban conectados a unos respiradores que solo podían funcionar unas pocas horas al día. Sus vidas dependen ahora de un generador. A veces, el generador se estropea. El director del hospital, el doctor Mohamed Abu Sulwaya, calificaba la situación del hospital como catastrófica. Evidentemente, en los otros hospitales de Gaza la situación es parecida.

Así las cosas, los habitantes de Gaza vuelven a ser víctimas de maquinaciones políticas que se desarrollan a su costa. Las luchas desenfrenadas por el poder y los juegos ególatras entre Abás y HAMAS, entre Egipto y HAMAS, y entre Israel y todos los demás tienen consecuencias que llegan hasta los respiradores pediátricos para los niños del hospital Al Rantisi.

Mientras las partes en conflicto se dedican a afianzar sus posiciones y el mundo responde con apatía, nadie puede prever adónde llevará todo esto. La falta de electricidad se traduce en falta de agua potable y en inundaciones de aguas residuales no tratadas. Los gazatíes están acostumbrados a todo eso, pero incluso la fantástica e incomparable resistencia de los habitantes de este diminuto territorio tiene sus límites.

La principal responsabilidad por esta situación recae en Israel, por el bloqueo que impone. Pero, ciertamente, no es el único culpable.

La AP y Egipto tienen también su parte de responsabilidad en este crimen. Sí, crimen. Estamos en 2017 e impedir que millones de seres humanos reciban electricidad significa privarles de oxígeno y agua. La responsabilidad de Israel clama a los cielos porque Gaza sigue estando bajo ocupación parcial israelí.

Aunque Israel retiró a su ejército y sus colonos de la Franja de Gaza, mantiene la responsabilidad exclusiva de muchos otros aspectos de la vida en Gaza. Esto hace que el Estado judío sea responsable de suministrar electricidad a los habitantes del territorio. La AP también tiene una parte importante de responsabilidad en esta situación, tomando decisiones que perjudican a su propio pueblo. Y Egipto también: aunque le gusta referirse a sí mismo como hermano de los palestinos, su papel en el bloqueo de Gaza es intolerable.

Gaza se está muriendo, lentamente. Su sufrimiento no le importa a nadie en otras partes del mundo. Ni en Washington, ni en Jerusalén, ni en El Cairo, ni siquiera en Ramala. Es increíble que nadie se preocupe de que dos millones de personas hayan sido abandonadas a la oscuridad por la noche y al calor sofocante de los días de verano, sin ningún sitio a donde ir y sin esperanza. Nada.


Gideon Levy
, premiado periodista israelí, es columnista de Haaretz y miembro de su consejo editorial. Su último libro, The Punishment of Gaza, acaba de ser publicado por Verso. Publicado originalmente en: Gaza: Israel’s experiment on humans in situations of extreme stress and deprivation | Middle East Eye, 30/06/2017. Traducción: Javier Villate (@bouleusis). Publicado en Diferencias.


Empujando a Gaza al suicidio: las políticas de la humillación


Ramzy Baroud

 

Mohammed Abed es un taxista de 28 años del pueblo de Qarara, cerca de la ciudad de Khan Younis, en la Franja de Gaza. No tiene dientes.

La falta de cuidados médicos y de un adecuado trabajo odontológico le han llevado a perder todos sus dientes, que se pudrieron y cayeron a una edad muy temprana. Sin embargo, sus carencias económicas le impidieron comprar una dentadura postiza. Su entorno, en cierto momento, decidió echarle una mano, reuniendo los pocos cientos de dólares necesarios para que Mohammed pudiera volver a comer.

Mohammed no es desempleado. Trabaja diez horas, a veces más, al día. El viejo taxi que hace circular entre Khan Younis y la ciudad de Gaza no es propiedad suya. Su salario diario oscila entre los 20 y los 25 shekels, unos 6 dólares.

Tener que mantener a una familia con cuatro hijos con semejantes ingresos hizo que fuera imposible para Mohammed pensar en gastos aparentemente tan pueriles como comprar una dentadura postiza o ir al dentista.

Y aunque parezca raro, Mohammed es afortunado.

El desempleo en Gaza es uno de los más elevados del mundo, estimado en alrededor de un 44%. Aquellos que están “empleados”, como Mohammed, siguen teniendo que luchar para sobrevivir. Un 80% de los habitantes de la Franja dependen de la ayuda humanitaria para sobrevivir.

En 2015, la ONU advirtió que Gaza será inhabitable hacia 2020. En aquel momento, todos los hechos apuntaban a ello: la falta de electricidad, el agua contaminada, la toma de la mayor parte de las tierras cultivables por parte del ejército israelí, las restricciones al movimiento a los pescadores etc.

El bloqueo militar israelí se prolonga ya diez años, y la situación continúa empeorando.

La Cruz Roja informó el pasado mayo de otra “crisis inminente” en el sector sanitario de Gaza debido a la falta de electricidad.

La crisis energética se ha extendido hasta incluir los suministros de gas para cocinar. El pasado febrero Israel redujo a la mitad dichos suministros.

“Las gasolineras dejaron de aceptar botellas de gas vacías pues los tanques estaban vacíos”, según el director de la Asociación de propietarios de gas y petróleo de la Franja de Gaza, Mahmoud Shawa, quien describe la situación como “muy crítica”.

Hace tres meses, la Autoridad Palestina (AP), controlada por Mahmoud Abbas, decidió reducir los salarios de decenas de miles de empleados públicos de la Franja de Gaza.

El dinero que suministraba la AP jugaba un papel muy importante manteniendo a flote la precaria economía del territorio. Con la mayor parte de los empleados recibiendo la mitad o menos de sus salarios, la economía de Gaza, que apenas funciona, está muriendo.

“H” es un profesor de universidad y su esposa “S” es médica. Esta familia de clase media con 5 hijos ha vivido una vida relativamente cómoda en la Franja, incluso durante los primeros años del bloqueo. Ahora deben vigilar sus gastos cuidadosamente para no terminar como la mayoría de gazatíes.

El salario de “S” viene de Ramala. Y ahora sólo recibe 350$ de lo que un su día fue un sueldo significativamente más alto. “H” no recibe el sueldo de Cisjordania, pero también se ha reducido a la mitad, pues la mayor parte de sus estudiantes son demasiado pobres como para pagar las tasas.

Mu’min, habitante del campo de refugiados de Nuseirat, lo tiene peor. Como profesor retirado, y con una pensión que no llega a los 200$ mensuales, Mu’min debe luchar para llevar comida a la mesa cada día. Como padre educado de cuatro hijos adultos y una mujer que se recupera de un infarto y que apenas puede caminar, Mu’min sobrevive prácticamente a base de donaciones.

Sin acceso a Cisjordania por el bloqueo de los israelíes, y con severas restricciones al movimiento a través del paso de Rafah con Egipto, Gaza vive sus días más oscuros, literalmente. Desde el 11 de junio, Israel comenzó a reducir el suministro eléctrico a la empobrecida franja, algo que hizo a petición de Mahmoud Abbas.

Los resultados han sido devastadores. Ahora los hogares de Gaza reciben unas escasas 2 o 3 horas de electricidad al día, y ni siquiera a hora determinadas.

“S” me cuenta que su familia está en alerta constante. “Cuando llega la electricidad a cualquier hora del día o de la noche  todos nos ponemos en acción”. “Todas las baterías deben ser cargadas tan rápido como sea posible y debemos poner la lavadora, incluso a las 3 de la mañana”.

Pero los gazatíes son supervivientes. Han soportado estas dificultades durante años y, de alguna forma, han subsistido. Pero ciertos pacientes de cáncer no pueden sobrevivir por mera dureza del carácter.

Rania, que vive en la ciudad de Gaza, es madre de tres hijos. Ha estado luchando contra el cáncer de mama durante un año. Sin quimioterapia, y con unos hospitales que apenas funcionan, ha tenido que realizar el arduo viaje a Jerusalén cada vez que ha tenido que ser tratada para salvar la vida.

Esto, hasta que Israel decidió no conceder más permisos a los pacientes terminales de Gaza, algunos de los cuales han muerto esperando dichos permisos y otros, como Rania, siguen esperando que ocurra un milagro antes de que el cáncer se extienda por sus cuerpos.

Pero Israel y Egipto no son los únicos responsables. La AP está usando el bloqueo como moneda de cambio para presionar a sus rivales, Hamás, en control de la Franja desde hace una década.

Hamás, por su parte, está supuestamente buscando la alianza con su viejo rival, Mohammed Dahlan, nombrándole jefe del comité de Asuntos Exteriores de Gaza a cambio de aligerar el bloqueo en la frontera egipcia.

Dahlan es también rival de Abbas. Ambos han estado años compitiendo por el liderazgo de Fatah.

La petición de Abbas a Israel de presionar a Gaza por medio de la reducción del suministro eléctrico, junto con la reciente bajada de salarios, van dirigidos a presionar a Hamas para que no se alíe con Dahlan.

Los palestinos de Gaza están sufriendo, de hecho, muriendo.

Pensar que los propios líderes palestinos están involucrados en la manipulación e intensificación del bloqueo es desalentador.

A la vez que se esfuerza en promover las luchas internas palestinas, Israel sigue adelante con su política de colonización en Cisjordania y Jerusalén Este, y los palestinos mientras tanto siguen enfrascados en luchas intestinas de carácter personal y por el “control”, absurdo, de su tierra ocupada.

En esta lucha política, personas como “H”, “S” y Rania, junto a otros dos millones, parecen no tener ninguna importancia.

Magdalena Mughrabi, subdirectora regional para Oriente Medio y el Magreb de Amnistía Internacional, elevó la voz de alarma el 14 de junio cuando advirtió que “el último corte de electricidad podría convertir la ya precaria situación de la Franja en una verdadera catástrofe humanitaria”.

“Durante diez años, el bloque ha privado a la población palestina de Gaza de sus derechos y necesidades básicas. Bajo el peso de un bloqueo ilegal y de tres guerras, la economía se ha visto duramente afectada y las condiciones humanitarias han empeorado severamente”, afirma.

Omar Shakir, director de Human Rights Watch en la región, rechazó el hecho de que los cortes de electricidad a Gaza fueron realizados por petición de la AP.

“Israel controla las fronteras, el espacio aéreo y las aguas de Gaza, por lo que Israel tiene una obligación que va más allá de simplemente responder a las demandas de la AP”.

Entre el rechazo de Israel a las peticiones internacionales para poner fin al bloqueo y el patético juego de poder entre los líderes palestinos ha dejado a los gazatíes solos ante el peligro, incapaces de moverse libremente o de vivir en unas condiciones de vida mínimamente dignas.

Fátima, una madre de Rafah, de 52 años, me confiesa que intentó suicidarse unos días atrás, y que lo habría hecho si sus hijos no lo hubieran impedido.

Cuando le digo que aún tiene mucho por lo que vivir, llora, y no dice nada.

La tasas de suicidios en la Franja es siempre muy alta, y la desesperación es considerado el principal factor detrás de tan alarmante fenómeno.

Ramzy Baroud es un premiado analista, intelectual y activista nacido en Gaza de una familia palestina refugiada. Actualmente reside en Seattle. Publicado en MEMO – Monitor de Oriente.


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6000 bombardeos israelíes en 51 días produjeron estos resultados. Ni un solo político o militar israelí recibió castigo alguno. Hasta ahora. (Visualizing Palestine).

Gaza: 50 años de ocupación. Línea de tiempo. (Al Jazeera).

 

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Tenemos que hablar de Israel

Checkpoint de Qalandiya durante Ramadán, el 21/6/17. (Foto: Ahmad al-Bazz/Activestills.org)

María Landi

 

Columna de opinión publicada en el semanario Brecha el 30/6/17

 

Al cumplirse este mes 50 años de la conquista israelí de los territorios palestinos que la ONU inequívocamente considera ocupados (Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este), han circulado variados análisis en los medios convencionales y especializados, periodísticos y académicos. Buena parte de ellos, basándose en documentos desclasificados en los últimos años, se enfocan en cuestionar o directamente refutar la versión oficial israelí sobre los motivos de la Guerra de los Seis Días: la exitosa aventura bélica fue una acción ‘defensiva y preventiva’ ante el inminente ataque de sus vecinos árabes. Curiosa guerra defensiva, que en menos de una semana triplicó el territorio que Israel había adquirido (también por la guerra) en 1948, pues también ocupó la península del Sinaí egipcia y los Altos del Golán sirios (ocupados hasta hoy).

Dejando de lado las controversias sobre las razones que tuvo Israel para atacar a sus vecinos en 1967, la mayor parte de los análisis serios se centran en los resultados de medio siglo de ocupación militar, y coinciden en que no hay nada que celebrar. Desde el punto de vista del Derecho Internacional Humanitario, se sigue definiendo al régimen como “ocupación beligerante”, de la cual derivan deberes para Israel como potencia ocupante. Los numerosos informes y resoluciones de distintos organismos de la ONU -desde el Consejo de Seguridad hasta los relatores y comités especializados-que condenan a Israel y le exigen poner fin al statu quo se basan precisamente en su sistemático incumplimiento de sus responsabilidades hacia la población ocupada (cuyos derechos humanos también son violados según el otro gran cuerpo legal: el Derecho Internacional de los Derechos Humanos).

Desde el punto de vista político, lo que Israel ha hecho en estos 50 años es la mejor prueba de cuáles eran sus verdaderas intenciones en 1967: la apropiación y colonización de la totalidad del territorio de la Palestina histórica. Ese proyecto comenzó enseguida de terminada la guerra y continúa imparable hasta hoy: más de 250 colonias inundan Cisjordania y Jerusalén Este[1] –algunas, verdaderas ciudades donde viven cientos de miles de israelíes−, todas ilegales según el Derecho Internacional y la Corte Internacional de Justicia. Miles de millones de dólares fueron invertidos en construir la infraestructura que sostiene las colonias: carreteras segregadas, servicios públicos, sanitarios y educativos (incluidas universidades) exclusivos para ellas, grandes parques industriales, el Muro o ‘barrera de separación’, y por supuesto instalaciones militares y policiales para controlar el territorio, proteger a los colonos y reprimir a la población palestina que resiste el despojo.

Cuando una viaja por ese territorio fragmentado, entre comunidades palestinas cada vez más estranguladas, aisladas y hostigadas por las colonias en constante expansión, todos los discursos y justificaciones de Israel sobre la seguridad y la necesidad de ‘defenderse’ se caen, y el proyecto original sionista se revela en toda su dimensión: tomar la mayor cantidad posible de tierra con la menor cantidad posible de árabes. Nadie invierte durante medio siglo en levantar ciudades y poblar un territorio, trasladando a él a 700.000 compatriotas, si tuviera la remota intención de devolverlo algún día a sus legítimos dueños. El ‘proceso de negociaciones’ iniciado hace un cuarto de siglo en Oslo no fue otra cosa que una cortina de humo para ganar tiempo y seguir creando en el terreno ‘hechos consumados’ irreversibles que hicieran imposible la existencia de un ‘Estado palestino’ con Jerusalén Este como capital. Quien afirme lo contrario es hipócrita o está mal informado. Y no hay un solo gobierno del mundo que no lo sepa.

Pero si los gobiernos no están dispuestos a ir más allá de su hueca retórica condenatoria, la sociedad civil está tomando el protagonismo y desplegando estrategias con impacto real, tanto en la economía como en la imagen internacional de Israel. Y eso sí está cambiando en la última década, desde que la sociedad civil palestina convocó a una campaña internacional de boicot, desinversión y sanciones (BDS) para que el costo de mantener el statu quo sea cada vez más alto para Israel.

Uno de los cambios más exitosos está dándose en las nuevas generaciones de la comunidad judía. Este mes el diario The Times of Israel dio a conocer el resultado “devastador” de una encuesta realizada por el Brand Israel Group de Estados Unidos: Israel está perdiendo apoyo de manera acelerada en ese país, especialmente entre la juventud universitaria judía. La encuesta revela que la campaña para presentar al Israel más allá del conflicto (sobre todo sus logros high-tech) no ha sido efectiva. Mientras en 2010 el apoyo a Israel era del 73%, en 2016 bajó al 54%. Y entre la juventud universitaria judía, el apoyo cayó un 27%. El estudio encontró que la sociedad estadounidense sabe más sobre Israel desde 2010, y que cuanta más información tiene, peor es su opinión. Lo cual desmuestra que los esfuerzos del BDS y la solidaridad con Palestina están siendo eficaces.

Como ilustración de ese fenómeno, en mayo una delegación de 133 jóvenes judíos/as (principalmente de Estados Unidos, pero también de Canadá, Australia, Reino Unido, Bélgica) estuvo en Cisjordania apoyando a comunidades palestinas en su resistencia a la ocupación[2]. Hay imágenes impactantes del numeroso grupo vistiendo camisetas con el slogan “Occupation is not our Judaism”, levantando un campamento de protesta junto a una comunidad beduina en su propia tierra y resistiendo con ella la agresión de los soldados, que tres veces destruyeron con gran violencia el campamento. Esos jóvenes volvieron a sus familias, comunidades y universidades a contar lo que vivieron[3].

 

Imágenes de la visita de la delegación judía internacional a la comunidad Sarura (Colinas del Sur de Hebrón):

En contraste con esta tendencia, no deja de sorprenderme la arraigada tradición uruguaya de considerar y tratar a Israel como un país democrático normal. El “milagro start-up”, la experticia en temas que van desde seguridad e inteligencia hasta tecnología agrícola, parecen ser la única faceta de Israel. A políticos, legisladoras, sindicalistas, artistas e izquierdistas en general no parece molestarles que Israel sea un Estado sin Constitución ni fronteras definidas, que se declara exclusiva y excluyentemente judío, que otorga la nacionalidad en función de esa identidad, y sólo reconoce el matrimonio religioso (pero no el interreligioso ni del mismo sexo).

Tampoco parece importarles que “la única democracia de Medio Oriente” mantenga la ocupación colonial y militar más larga de la historia moderna, y a seis millones de personas viviendo bajo su dominio sin absolutamente ningún derecho (en los territorios ocupados) o con derechos limitados como ciudadanas de tercera por no ser judías (en Israel), y a otros seis millones repartidas por el mundo o en campos de refugiados en los países vecinos sin permitirles regresar a su patria ancestral, ni siquiera de visita o para morir en ella.

Aun a quienes vivimos 12 años de dictadura nos cuesta imaginar cómo tres generaciones de palestinas/os han vivido sin conocer un solo día de normalidad, sin el miedo de que sus tierras o sus barcas de pesca sean confiscadas, sus casas demolidas, sus seres queridos encarcelados o asesinados, su ciudad bombardeada, su permiso de trabajo o de residencia en su ciudad cancelado…

Muchas veces me he preguntado si esta naturalización de Israel se debe a indiferencia o ignorancia. En ambos casos se trata de un serio problema ético. En el primero, por la simple razón que ya expuso el Arzobispo Desmond Tutu: si eres neutral en situaciones de injusticia, estás tomando partido por el opresor. Y en el segundo porque, en tiempos de inmediatez mediática, cuando podemos ver el video de una ejecución sumaria en tiempo real, ignorar lo que pasa es una opción consciente. Y no tengo dudas de que muchos –dentro y fuera de la comunidad judía− eligen no informarse para no tener que enfrentar verdades dolorosas o por lo menos incómodas.

En cualquier caso, una cosa es cierta: la narrativa sionista que por décadas logró exitosamente presentar a Israel como un ejemplo de civilización en medio de la barbarie, e incluso como la víctima que tiene derecho a defenderse de sus salvajes vecinos árabes, se está resquebrajando. El sionismo cada vez tiene más dificultades para acallar las críticas con el gastado chantaje del antisemitismo, simplemente porque no puede pasar el examen de la verdad.

Por eso, como dice el periodista Joan Cañete Bayle, hay que hablar más del Israel real. De sus leyes y sus mitos fundacionales, del pensamiento único sionista, de la nula separación entre Estado y religión. Dar voz a los colonos. Publicar el contenido de los textos de estudio. Escuchar a los líderes espirituales de los partidos religiosos. Entrevistar a los jóvenes recién llegados de Brooklyn que se instalan en las colonias más hardcore de Cisjordania al grito de que esa tierra les pertenece por derecho divino y no a las familias que llevan generaciones cultivando los olivos. Y preguntarles a quienes manifiestan en Tel Aviv por los derechos animales o en el día del orgullo LGTBI, qué piensan de los derechos humanos en Gaza.

NOTAS
[1] Conviene recordar que las colonias fueron retiradas de Gaza en 2005 por el gobierno de Ariel Sharon, pero sólo para intensificar la colonización de Cisjordania y Jerusalén en condiciones de seguridad que resultaban muy costosas en la Franja. No obstante Gaza sigue siendo considerada territorio ocupado para el Derecho Internacional Humanitario, porque su territorio está controlado por agua, tierra y aire por una potencia militar enemiga y beligerante.
[2] La iniciativa fue llevada adelante por los grupos Center for Jewish Nonviolence y IfNotNow en coalición con organizaciones palestinas e israelíes. Durante varios días, más de 500 activistas rehabilitaron cuevas ancestrales de la aldea de Sarura, repararon caminos que la conectan con aldeas vecinas, plantaron huertos y mantuvieron una presencia permanente en el “Campamento de la Libertad: Sumud”. A pesar de la represión, la movilización permitió que dos familias palestinas desplazadas pudieran retornar a Sarura y permanecer allí.
[3] En julio de 2016 una delegación igualmente numerosa del CJNV y All that’s left: anti occupation collective también estuvo en la zona por diez días, apoyando a la comunidad de Um Al-Jeir a plantar huertos y reconstruir sus viviendas demolidas por el ejército, acompañando a la comunidad de Susiya a visitar su tierra ancestral de la que fue expulsada (para construir un “parque arqueológico” judío), y a la población palestina de la ciudad de Hebrón a montar un cine comunitario, desmantelado por los soldados. Ver aquí un video de la visita.  
Algunos registros del Campamento de la Libertad: Sumud y la represión del ejército israelí:

 

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De México a Palestina, conectando las luchas por un mundo sin muros


Dos encuentros continentales y una campaña acercan Palestina a Latinoamérica


Columna publicada en Desinformémonos el 25/6/17

 

Desde el muro del Apartheid israelí en tierra palestina hasta el muro de Estados Unidos en la frontera con México, actualmente existen casi 70 muros en el mundo que nos separan, que establecen límites entre los ricos, poderosos −los socialmente aceptables− y “los otros”. Hay también infinitos muros invisibles, que igualmente se erigen unilateralmente, definiendo límites que causan millones de muertes cada año, destruyen medios de vida y esperanzas, dividen familias y pueblos. Comité Nacional Palestino de BDS.

Este mes de junio, Palestina parece haber estado más cerca de América Latina.

Los días 13 y 14 de junio se celebró en Oaxaca la Primera Asamblea Internacional de Coordinación del Observatorio de Derechos Humanos de los Pueblos[1], en la que participaron más de 500 intelectuales, legisladores, activistas y luchadores sociales de una decena de países de América Latina, así como de Estados Unidos, Europa y Palestina.

Al dar a conocer los resolutivos, la coordinadora internacional del Observatorio, Daniela González López, informó que la Asamblea determinó continuar con la movilización para denunciar la agresión imperialista de los Estados Unidos y sus aliados (entre éstos, Israel) y su política intervencionista en todo el mundo, pero especialmente en Latinoamérica y Medio Oriente.

La Declaración final de la Asamblea expresó su preocupación en particular por la situación en Venezuela, Colombia, Brasil, Argentina y México, países “donde los pueblos están siendo atropellados por las oligarquías”. Además de rechazar los asesinatos y persecución a dirigentes y proyectos populares que enfrentan al gran capital en esos países, la Declaración afirmó: “Apoyamos la lucha por la liberación y soberanía del pueblo palestino. Entendemos que las políticas de colonización, ocupación y apartheid que Israel realiza en su contra son las mismas que han y siguen afectando a nuestros pueblos en América Latina”, mostrando que por fin hay una creciente consciencia sobre la amenaza que representa el sionismo para todos los pueblos del mundo, no sólo el palestino[2].

Entre los seis “Llamados de acción para construir un mundo sin muros” aprobados en la Asamblea, cuatro tienen que ver con Palestina, y de nuevo se hizo la oportuna conexión entre el Muro de Apartheid construido por Israel en Palestina y el Muro de Trump en la frontera con México. Las acciones anunciadas fueron:
– Saludar y adherir a la Conferencia Internacional por un Mundo sin Muros, hacia la Ciudadanía Universal, convocada por el presidente Evo Morales y movimientos sociales de Bolivia, realizada una semana después en Cochabamba.
– Sumarse al Día de Acción Stop Cemex, el 9 de julio (ver más abajo).
– Una delegación de solidaridad de activistas de Estados Unidos y México a Palestina ocupada, en octubre.
– Una Caravana internacional por la unidad de los pueblos contra los muros de la infamia, contra el paramilitarismo, por la defensa del territorio, la soberanía y los derechos humanos (que saldrá de Oaxaca el 27 o 28 de octubre para llegar el 10 de noviembre a Nogales, Sonora), en la cual participarán activistas del movimiento BDS provenientes de Palestina.
– Un encuentro en la frontera México-EE.UU., del 10 al 12 de noviembre, organizado por SOA Watch.
– La Semana internacional “Un Mundo sin Muros”, a partir del 9 de noviembre (también con participación de activistas de Palestina y el movimiento BDS).

I Asamblea Internacional de Coordinación del Observatorio de DD.HH. de los Pueblos

Por otro lado, el 20 y 21 de junio se celebró en Cochabamba la Conferencia Mundial de los Pueblos por un Mundo sin Muros, hacia la Ciudadanía Universal, que reunió a 2.500 participantes de Latinoamérica y del mundo. El evento identificó como causas de la crisis mundial “los conflictos bélicos e intervenciones militares, el cambio climático y las enormes asimetrías económicas entre los Estados y al interior de ellos. Estas situaciones destructivas tienen su origen en el orden mundial dominante, que en su voracidad desmedida por el lucro y la apropiación de los bienes comunes genera violencia, promueve desigualdades y destruye a la Madre Tierra. La crisis migratoria es una de las manifestaciones de la crisis integral de la globalización neoliberal.

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Los dos entierros del señor Balfour

Excelente aporte documental y analítico del activista español Daniel Lobato sobre la conspiración colonial británica y europea que dio origen al proyecto colonizador sionista, y las voces judías críticas a ese proyecto que fueron silenciadas desde el comienzo.
Reblogueado desde “Los Otros Judíos”.

Los otros judíos

Balfour_portrait_and_declaration

Por Daniel Lobato.

El cristiano sionista frente al judío antisionista

Hace cien años hubo un político británico racista, obsesivo e imbuido de una mística cristiana por la que se creía representante de designios divinos. Se llamaba Arthur James Balfour. Era el paradigma del hombre blanco británico colonial fabricado en la matriz evangélica e imperialista de la era Victoriana. Como primer ministro en 1905 promulgó una ley de extranjería prohibiendo la entrada en Gran Bretaña de los judíos que huían de pogromos (masacres) en la Rusia zarista. Años después, en 1917, como Ministro de Asuntos Exteriores, hizo que el gobierno británico prometiera entregar un trozo de tierra, Palestina, al minúsculo movimiento sionista internacional de entonces (Weizmann, Rothschild) sin preguntar su opinión a los nativos de esa tierra.

Es la Declaración Balfour que cumple este año su centenario, una inmoral e ilegítima decisión, desencadenante del genocidio y limpieza étnica…

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El último obstáculo de la ONU para que Israel pueda librarse de los palestinos

 

Protesta en la aldea de Al Masara (Belén, Cisjordania ocupada). Foto: Rachelle Friesen

 


Jonathan Cook
*

 

Funcionarios israelíes y estadounidenses están en el proceso de evitar conjuntamente el supuesto “acuerdo final” de Donald Trump para poner fin al conflicto entre israelíes y palestinos. Esperan así rebajar la cuestión palestina a una nota al pie de página en la diplomacia internacional.

La conspiración −una de verdad− fue muy evidente la semana pasada durante una visita a la región de Nikki Haley, representante de Washington ante la ONU. Su escolta era Danny Danon, su contraparte israelí y un ferviente oponente al Estado palestino.

Danon hace que el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu parezca moderado. Ha defendido la anexión de Cisjordania y que la población palestina sea gobernada al estilo apartheid. Haley parece imperturbable. Durante una reunión con Netanyahu, le dijo que la ONU era “un matón para Israel”. Ella le ha advertido al poderoso Consejo de Seguridad que se centre en Irán, Siria, Hamas y Hezbolá, en lugar de Israel.

Para proteger a su diminuto aliado, Washington está amenazando con recortar miles de millones de fondos estadounidenses al organismo mundial, sumiéndolo en crisis y poniendo en peligro las operaciones humanitarias y de mantenimiento de la paz.

De camino a Israel, Haley se detuvo en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, exigiéndole que pusiera fin a su oposición “patológica” a las muchas décadas de ocupación y violaciones de derechos humanos por parte de Israel.

Washington siempre ha mimado a Israel, dándole millones de dólares cada año para que compre armas para oprimir a los palestinos, y usando su veto para bloquear las resoluciones de la ONU que obligarían a cumplir el Derecho Internacional. Informes expertos de la ONU, como el reciente sobre el régimen de apartheid que Israel impone sobre el pueblo palestino, han sido enterrados.

Pero lo peor está por venir. Ahora el marco de las leyes e instituciones internacionales establecidas después de la Segunda Guerra Mundial corre el riesgo de ser desmembrado.

Ese peligro se puso de relieve el domingo, cuando se supo que Netanyahu había instado a Haley a desmantelar otra agencia de la ONU muy odiada por Israel: la UNRWA, que se ocupa de más de cinco millones de personas palestinas refugiadas en toda la región.

Desde la guerra de 1948, Israel se ha negado a permitir que estas personas refugiadas regresen a sus tierras (ahora en territorio de Israel), obligándolas a vivir en campamentos miserables y atestados, a la espera de un acuerdo de paz que nunca llega. Esta población palestina desposeída sigue dependiendo de la UNRWA para la educación, la atención de salud y los servicios sociales.

La UNRWA, dice Netanyahu, “perpetúa” en lugar de resolver sus problemas. Prefiere que pasen a ser responsabilidad del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que se ocupa de todas las demás poblaciones refugiadas.

Su demanda es un giro en U monumental, tras 70 años en proceso. De hecho, fue Israel quien en 1948 insistió en que hubiera un organismo de refugiados de la ONU separado para la población palestina.

UNRWA fue creada para impedir que las y los refugiados palestinos cayeran bajo responsabilidad del precursor del ACNUR, la Organización Internacional para los Refugiados. Israel temía que la OIR, formada inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, diera a la población palestina refugiada la misma importancia que a los judíos europeos que huían de las atrocidades nazis.

Israel no quería que los dos casos fueran comparados, especialmente porque estaban tan íntimamente conectados. Fue el surgimiento del nazismo lo que reforzó la reivindicación sionista de un Estado judío en Palestina, y que los refugiados judíos se asentaran en tierras de las cuales la población palestina acababa de ser expulsada ​​por Israel.

Además, a Israel le preocupaba que el compromiso de la OIR con el principio de repatriación pudiera obligarlo a aceptar de nuevo a los y las refugiadas palestinas.

La esperanza de Israel entonces era precisamente que la UNRWA no resolviera el problema de las personas palestinas refugiadas; más bien, que se las arreglara por sí misma. La idea estaba encapsulada en el axioma sionista: “Los viejos morirán y los jóvenes olvidarán”.

Pero millones de descendientes de la población palestina refugiada todavía claman por su derecho al retorno. Y si no pueden olvidar, Netanyahu prefiere que el mundo les olvide.

En la medida que las guerras sangrientas se apoderan de Medio Oriente, la mejor manera de lograr ese objetivo es disolver a las palestinas entre los 65 millones de personas refugiadas en el mundo. ¿Por qué preocuparse por el caso palestino cuando hay millones de sirios y sirias recientemente desplazados por la guerra?

Pero la UNRWA plantea un desafío, porque está profundamente arraigada en la región e insiste en una solución justa para la población palestina refugiada.

El inmenso personal de la UNRWA incluye a 32.000 administrativas, docentes y médicos, muchos de los cuales viven en campos de refugiados de Cisjordania −territorio palestino que Netanyahu y Danon codician. La presencia de la ONU es un impedimento para la anexión.

El lunes Netanyahu anunció su determinación de impedir que Europa financie a organizaciones israelíes de derechos humanos, que son los principales organismos de monitoreo en Cisjordania, y una fuente de datos clave para las agencias de la ONU. Y ahora se niega a reunirse con cualquier líder mundial que hable con estos grupos de derechos humanos.

Con Trump en la Casa Blanca, una Europa plagada de crisis y cada vez más débil, y el mundo árabe en caos, Netanyahu quiere aprovechar la oportunidad para sacar también a la ONU del camino.

Las instituciones globales como la ONU y el Derecho Internacional que ella defiende fueron creadas después de la Segunda Guerra Mundial para proteger a los grupos más débiles e impedir una repetición de los horrores del Holocausto.

Hoy, Netanyahu está dispuesto a arriesgarlo todo, derribando el orden internacional de posguerra, si con este acto de vandalismo colosal finalmente puede sacarse de encima a los palestinos.

 

* Premiado periodista y analista británico residente en Nazaret. Publicado el 15 de junio en Counterpunch. Traducción: María Landi.
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Grupos cristianos palestinos llaman a intensificar el BDS


Este mes se dio a conocer una carta abierta firmada
por numerosos grupos que forman la Coalición Nacional de Organizaciones Cristianas de Palestina (NCCOP) y dirigida al Consejo Mundial de Iglesias −pero válida para todas las iglesias, comunidades y personas cristianas del mundo. La carta, donde advierten que están “al borde de un colapso catastrófico” y que “ésta podría ser nuestra última oportunidad para salvar la presencia cristiana en esta tierra”, llega en un año de aniversarios dramáticos en la historia de opresión que sufre el pueblo palestino a manos de la ocupación colonial sionista.
En diciembre se cumplirán además 8 años desde que se dio a conocer el documento del movimiento Kairos Palestina, un llamado desesperado del movimiento ecuménico palestino a las iglesias y personas cristianas del mundo para que les ayuden a poner fin a la ocupación colonial en su tierra. La situación desde entonces no ha hecho más que agravarse en el terreno, a manos del gobierno más fascista y extremista de toda la historia de Israel.
Kairos Palestina es un motor de la NCCOP, y es parte del movimiento palestino y global de BDS.

Líderes cristianos ortodoxos junto a la gobernadora de Ramala Laila Ghannam.

 

Carta abierta

de la  Coalición Nacional de Organizaciones Cristianas de Palestina (NCCOP) al Consejo Mundial de Iglesias y al movimiento ecuménico

12 de junio de 2017

 

Aprendan a hacer el bien; busquen la justicia: defiendan al oprimido (Is. 1,17)
 

Antecedentes

Nos hemos reunido este mes en Belén, Palestina ocupada. Llevamos 100 años sufriendo la injusticia y la opresión que se infligió sobre el pueblo palestino, empezando por la injusta e ilegal Declaración Balfour[1], intensificada a través de la Nakba que nos convirtió en refugiados/as, seguida por la ocupación israelí de Cisjordania, Jerusalén oriental y Gaza, y la actual fragmentación de nuestro pueblo y nuestra tierra mediante políticas de aislamiento, confiscación de tierras, construcción de colonias ilegales y del Muro de apartheid. Todavía estamos sufriendo a causa esa declaración política emitida por un Imperio Occidental, basada en una premisa teológica retorcida. Incluso algunas iglesias y unos pocos líderes cristianos apoyaron el establecimiento de un Estado colonial en nuestra tierra, ignorando totalmente –e incluso deshumanizando− a nuestro pueblo, que había existido en esta tierra durante siglos, y que pagó el precio de las atrocidades cometidas contra los judíos en Europa. Cien años más tarde, con miles de vidas perdidas, pueblos y aldeas borradas de la faz de la tierra −aunque no de nuestra memoria−, millones de refugiados, miles de hogares destruidos y el encarcelamiento continuo de prisioneros, nuestra Nakba continúa.

¡Cien años más tarde, y todavía no hay justicia en nuestra tierra! La discriminación y la desigualdad, la ocupación militar y la opresión sistemática son la regla. Hoy nos encontramos frente a un callejón sin salida, y hemos llegado a un punto muerto. A pesar de todas las promesas, las cumbres interminables, las resoluciones de la ONU, los llamamientos de líderes religiosos y seculares, el pueblo palestino todavía anhela su libertad e independencia y busca justicia e igualdad. Humanamente hablando, hemos llegado al “momento de lo imposible”, como dijo recientemente el patriarca católico emérito Michel Sabbah. ¿No será que hemos llegado a este “momento imposible” porque las cosas fueron construidas desde el principio −hace cien años− sobre una premisa injusta? ¿Debemos esperar que semejante declaración injusta no cree otra cosa que conflicto y destrucción?

Hoy es también una oportunidad para recordar el Llamamiento de Amán, que fue proclamado hace diez años. Agradecemos a quienes estuvieron entonces junto a nosotros/as, en una “costosa solidaridad”, para defender la verdad y la justicia. También nos preocupa que, diez años después, la situación haya empeorado en el terreno, y siga deteriorándose. Al igual que otras iniciativas que abogan por el fin de la ocupación, el Llamamiento de Amán no logró sus objetivos de construir y alcanzar una paz justa, y hoy debemos preguntarnos: ¿por qué?

También nos preocupa el ataque sistemático de Israel a la resistencia palestina creativa y a nuestros aliados en todo el mundo que utilizan ese método de presión para que Israel ponga fin a la ocupación[2]. Muchas nuevas leyes han sido aprobadas en Israel y en todo el mundo para oponerse ilegalmente a esta resistencia no violenta creativa, y para detener todos los esfuerzos hacia la paz. No se trata sólo de un ataque a la libertad de conciencia y de expresión, sino también de un ataque a nuestro derecho y deber de resistir el mal con el bien. ¡Israel está tratando incluso de impedir que las y los peregrinos visiten Belén[3], la ciudad de Emanuel!

Si bien estamos agradecidos por la “costosa solidaridad” articulada en el Llamamiento de Amán y practicada por muchas iglesias alrededor del mundo, nos preocupa que algunas iglesias hayan debilitado sus posiciones en los últimos diez años como resultado de la presión manipuladora. Muchas todavía se esconden tras la cobertura de la neutralidad política, por miedo a ofender a sus contrapartes en el diálogo inter-religioso.

Finalmente, nos encontramos en un ambiente de guerras y persecución religiosa en nuestra región. El extremismo religioso está en aumento, y las minorías religiosas han pagado un precio alto y doloroso. Les damos las gracias por sus esfuerzos en favor de las personas refugiadas y para poner fin a los conflictos en nuestra región. También les agradecemos su apoyo a las y los cristianos perseguidos en lugares como Irak y Siria.


Nuestro llamamiento

“Felices quienes tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados” (Mt. 5, 6)
“Felices quienes sufren persecución por la justicia, porque suyo es el reino de los cielos.
Felices cuando la gente les insulte, les persiga y diga todo tipo de mentiras
contra ustedes por mi causa.” (Mt. 5, 10-11)

Al encontrarnos frente a este “momento imposible”, no nos da ningún placer decir que “se los habíamos dicho” hace ocho años, cuando declaramos el momento de Kairos. Estamos de pie frente a lo imposible, pero no hemos perdido la esperanza, ya que como seguidores y seguidoras del Resucitado, somos el pueblo de la esperanza. Sin embargo, les necesitamos, y les necesitamos ahora más que nunca. Necesitamos vuestra costosa solidaridad. Necesitamos mujeres y hombres valientes que estén dispuestos a ponerse en la vanguardia. Éste no es momento para la diplomacia cristiana superficial. Les instamos a escuchar nuestro llamamiento y a actuar en consecuencia; les pedimos:

  1. Llamar a las cosas por su nombre: reconocer que Israel es un Estado de Apartheid según el Derecho Internacional y en conformidad con lo que dijeron desde Desmond Tutu hasta el informe de la CESPAO (ONU): “Israel es culpable de imponer un régimen de apartheid sobre el pueblo palestino“. Nos perturba el hecho de que estados e iglesias traten a Israel como si la situación fuera normal, ignorando la realidad de ocupación, discriminación y muerte cotidianas en esta tierra. ¡Tal como las iglesias se unieron para acabar con el apartheid en Sudáfrica, y el Consejo Mundial de Iglesias desempeñó un papel profético y de liderazgo valiente y fundamental, esperamos ahora que hagan lo mismo!

  2. Condenar inequívocamente la Declaración Balfour por injusta, y exigir al Reino Unido que pida perdón al pueblo palestino y lo compense por las inmensas pérdidas. Pedimos que las iglesias y las personas cristianas apoyen el reclamo palestino de justicia. Fue esa declaración infame, después de todo, la que sentó las bases para instalar el concepto de un Estado etno-religioso –la misma cosa que nuestra región está sufriendo hoy.

  3. Adoptar una postura teológica clara y más firme contra cualquier teología o grupo cristiano que justifique la ocupación y privilegie a una nación sobre la otra basándose en una etnicidad o en un pacto. Les pedimos que adopten y vivan la teología sugerida por Kairos Palestina, y que organicen conferencias para sensibilizar sobre este tema.

  4. Tomar posición contra el extremismo religioso y contra cualquier intento de crear un Estado religioso en nuestra tierra o región[4]. Les pedimos que nos apoyen en la lucha contra los fundamentos del extremismo, y que busquen nuestro consejo cuando actúen contra el extremismo religioso, para no poner en peligro ni perjudicar nuestra situación aquí.

  5. Revisar y cuestionar a sus contrapartes en el diálogo inter-religioso, y estar dispuestos incluso a retirarse si fuera necesario, en caso de que la ocupación y las injusticias cometidas en Palestina/Israel no sean cuestionadas en esos espacios.

  6. Encabezar campañas para que los líderes de las iglesias y los grupos de peregrinación visiten Belén y otras ciudades palestinas de este lado del Muro, en cooperación con las agencias turísticas y de peregrinación palestinas, en respuesta a las recientes pretensiones de Israel. Les pedimos que desafíen públicamente cualquier intento de Israel o de otros grupos cristianos por desalentar a las peregrinaciones de visitar los lugares palestinos.

  7. Defender nuestro derecho y nuestro deber de resistir la ocupación de manera creativa y no violenta. Les pedimos que hablen en favor de adoptar medidas económicas de presión que obliguen a Israel a poner fin a la ocupación, y que apoyen incluso medidas de presión en los ámbitos deportivo, cultural y académico, hasta que Israel cumpla con el Derecho internacional y las numerosas resoluciones de la ONU que le ordenan poner fin a la ocupación y colonización, y permitir que las y los refugiados regresen a sus tierras y hogares. Éste es nuestro último recurso pacífico. En respuesta a la guerra declarada por Israel contra el BDS, les pedimos que intensifiquen esas medidas.

  8. Constituir grupos de lobby en defensa de las comunidades cristianas palestinas. Les pedimos que desafíen pública y legalmente a las organizaciones cristianas que desacreditan nuestro trabajo y nuestra legitimidad.

  9. Por lo mismo, proponemos que con la mayor urgencia se cree un programa estratégico dentro del Consejo Mundial de Iglesias −similar al Programa “Combatir el racismo”− para liderar esfuerzos de cabildeo, promoción y desarrollo de programas activos que trabajen por la justicia y la paz en Palestina/Israel y ayuden a mantener la presencia cristiana en Palestina, apoyando el trabajo de las iglesias, sus organizaciones y sus iniciativas pacíficas.

Como testigos fieles, reconocemos, afirmamos y continuamos la tradición profética de larga data, especialmente la iniciada por el Llamamiento de Ammán y articulada en el documento Kairos Palestina. Comprendemos totalmente la presión que los líderes de las iglesias están enfrentando aquí y en el exterior para no decir la verdad, y es por eso que estamos haciendo este llamado. La situación es más que urgente. Estamos al borde de un colapso catastrófico. El statu quo actual es insostenible. Ésta podría ser nuestra última oportunidad para alcanzar una paz justa. Como comunidad cristiana palestina, ésta podría ser nuestra última oportunidad para salvar la presencia cristiana en esta tierra. Nuestra única esperanza como cristianas y cristianos viene del hecho de que en Jerusalén, la ciudad de Dios, y nuestra ciudad, hay una tumba vacía; y Jesucristo, que triunfó sobre la muerte y el pecado, nos trajo a nosotros y a toda la humanidad una nueva vida.

Nos sobrevienen pruebas de toda clase, pero no nos desanimamos; estamos llenos de perplejidad, pero no desesperados; somos perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos. (2 Cor. 4, 8-9).

 


Jerusalén:

Caritas-Jerusalem
Arab Catholic Scouts Group
Arab Orthodox Society Jerusalem
Department of Service to Palestinian Refugees – Middle East Council of Churches
Greek Catholic Sayedat Al Bishara Association
International Christian Committee
Laity Committee in the Holy Land
National Christian Association
Pontifical Mission Palestine
SABEEL – Ecumenical Liberation Theology Center
Seeds of Better life
Union of Arab Orthodox Club – Jerusalem
Association –YMCA
Gaza:
Oficina del Consejo de Iglesias de Cercano Oriente (NECC)
Belén – Red de Organizaciones Cristianas de Belén (NCOB):
The East Jerusalem YMCA /Beit Sahour Branch
The Arab Educational Institute
Holy Land Trust, Bethlehem
Wi’am Center, Bethlehem
Saint Afram Assyrian Society
Holy Land Christians Ecumenical Foundation, Bethlehem
Joint Advocacy Initiative (JAI)
Arab Orthodox Club Beit Sahour
Arab Orthodox Club, Beit Jala
Arab Orthodox Club, Bethlehem
The Arab Orthodox Charitable Society, Beit Sahour
Bethlehem Bible College
Siraj Center for Holy Land Studies
Alternative Tourism Group, ATG, Beit Sahour
Senior Citizen Charitable Society
Environmental educational Center, Beit Jala
Saint Vincent Charitable Society, Beit Jala
Shepherds’ Children Society, Beit Sahour
KAIROS PALESTINA

“Papa Francisco: Palestina quiere justicia. Parroquia de Jerusalén”.


[1]
Se refiere a la carta del canciller Lord Balfour al magnate judío David Rothschild (1917), en la cual Gran Bretaña daba luz verde al movimiento sionista para iniciar la emigración judía europea hacia Palestina, y con ella el proyecto colonial sionista. (N. de la T.).
[2] Se refiere a la exitosa campaña global de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), iniciada en 2005 por la sociedad civil palestina (de la cual las instituciones cristianas son parte activa), que Israel está buscando criminalizar en todo el mundo. (N. de la T.).
[3] Se refiere a anuncios hechos por el gobierno israelí de que próximamente prohibiría a grupos de peregrinación cristiana alojarse en Belén (ciudad netamente palestina), con la intención de perjudicar económica y socialmente a la población palestina y mantener el control económico e ideológico israelí sobre el turismo religioso. (N. de la T.).
[4] Se refiere en particular a la reiterada pretensión israelí de que el pueblo palestino reconozca a Israel como un Estado Judío, lo cual implica reconocer la superioridad (o exclusividad) de la población de confesión judía en materia de derechos sobre la Tierra Santa. (N. de la T.).
Fuente: Kairos Palestine. Traducción: María Landi

Integrantes de Kairos Palestina en Belén.

 

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