Susiya resiste la amenaza de una nueva demolición


María Landi*

 

 

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Imágenes de la campaña “Salvemos a Susiya” llevada a cabo por activistas palestinas e israelíes.

 

Mientras la mayoría de la gente en Palestina esperaba ansiosa la fiesta de Eid al-Fitr que marca el final del sagrado mes de Ramadán, los 340 habitantes de Susiya temían la llegada de esa fecha, porque las autoridades israelíes les anunciaron que la demolición de su aldea comenzará después de Ramadán.

Desde que en mayo la Suprema Corte israelí rechazó la solicitud de sus habitantes de prohibir futuras demoliciones, Susiya ha estado en peligro de ser destruida por completo. Cerca de la mitad de las estructuras de la aldea están marcadas para ser demolidas en cualquier momento. Esta mitad consiste en 10 viviendas, la clínica, el jardín de infantes, 8 refugios de animales y otras 12 estructuras. La población de Susiya piensa que la demolición ocurrirá antes de la audiencia de apelación en la Suprema Corte, prevista para el 3 de agosto.

Los pobladores se reunieron con las autoridades ocupantes la semana pasada para tratar de llegar a un acuerdo que les permita ser reubicados sin que sus propiedades sean destruidas. En la reunión los militares dieron a entender que estaban siendo presionados para expulsarlos por la organización sionista Regavim -un movimiento extremista de carácter religioso-nacionalista que se propone expulsar a toda la población palestina de lo que considera la Tierra Judía.

Breve video de Rabinos por los DDHH explicando la historia de Susiya (activar subtítulos en inglés; 1:44′):
 Imágenes pasadas y presentes de la vida, el paisaje y las habitantes de Susiya:

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Una historia de resiliencia y resistencia

Según informa el blog “Susya forever”, “Colinas del Sur de Hebrón es una de las regiones más hermosas y difíciles de Palestina. Las noches son frías en invierno, y la poca lluvia no nutre el suelo; los días de verano son calientes, y los manantiales se secan. Los habitantes de la zona viven en condiciones de extrema pobreza, sin adecuada infraestructura de electricidad, agua y transporte. Esta situación es resultado en parte del abandono de la ANP, pero el principal responsable es la ocupación israelí, que ha hecho insoportable la vida de la población, hostigada constantemente por los colonos, amenazada con la demolición de sus viviendas y la expulsión de su tierra por el ejército o la “Administración Civil” [en realidad, la misma autoridad militar]; por encima de todo, se les niega la libertad de movimiento y el derecho a una vida digna.”

Susiya está ubicada en el extremo sur de Cisjordania, a unos 15 kilómetros al sur de Hebrón. Es un conjunto de estructuras precarias (básicamente carpas y cuevas) donde vive esta comunidad de pastores con sus animales. La aldea ha existido por cientos de años, mucho antes de que la moderna colonia judía vecina fuera construida en 1983.

Durante años, sus habitantes han sufrido enormemente bajo la ocupación. En 1986 las autoridades israelíes confiscaron parte de las tierras de la aldea para establecer un “sitio arqueológico”. Muchos pobladores sufrieron la angustia de ser expulsados de su tierra y perder sus hogares. Al no tener alternativa, se establecieron en sus cercanas tierras agrícolas para intentar reanudar sus vidas.

En 2001 el ejército israelí destruyó con gran violencia la nueva aldea, en una acción de castigo colectivo por la muerte de un judío residente en la colonia cercana, también llamada Susiya. Las carpas, aljibes y cultivos fueron destruidos, las cuevas bloqueadas y los animales asesinados. Nasser Nawajah, residente de Susiya relata:

Cuando tenía dieciséis años, el ejército allanó Susiya después que Yair Har Sinaí, de la colonia cercana, fuera asesinado en julio de 2001. Yo y otros jóvenes de Susiya fuimos arrancados de  nuestros hogares en medio de la noche, y nos dejaron afuera esposados durante horas. Luego nos interrogaron, pero ninguno de nosotros tenía nada que ver con la muerte del colono; nadie de Susiya tenía nada que ver. Cuando me liberaron y volví a casa, la aldea ya no existía: el ejército había destruido todo. Ahí  fue cuando decidí que no iba a ser como mi padre, que había sido expulsado de su hogar por segunda vez, y nadie había oído sus gritos. Mi voz sería escuchada“.

Registro de un ataque de colonos a la familia Nawajah, en 2008 (video de 1:09′):
Un soldado golpea y arresta violentamente a Nasser cuando intenta documentar para B’Tselem la detención de niños de su familia que estaban pastoreando a sus ovejas en su tierra, en 2010 3:42): 
Un colono ataca a Nasser y destruye la cámara de B’Tselem, en 2012  (video de Ta’ayush, 0:52′):
El ejército de ocupación reprime con violencia una manifestación pacífica de palestinas, israelíes e internacionales contra la amenaza de demolición de Susiya, en 2012 (7:16′): 

 

Al mismo tiempo, los colonos continuaron expandiéndose. En 2001 se creó la “Granja Dahlia” y  se estableció un “puesto de avanzada” [nuevas colonias ilegales incluso para la ley israelí] en el “sitio arqueológico Susiya” de donde la comunidad palestina había sido expulsada con el pretexto de que la tierra sería destinada para uso público.

En septiembre de 2001 la Suprema Corte de Israel ordenó destruir esos puestos de avanzada y devolver las tierras a la aldea. A pesar de ello, el ejército y los colonos continuaron atacando a la comunidad palestina e impidiéndole recuperar sus tierras cercanas a la colonia judía.

En 2010 la aldea presentó una demanda ante la Suprema Corte para poder recuperar su tierra y frenar los ataques de los colonos. Poco después, los colonos apoyados por Regavim presentaron una contra-apelación. El resultado fue que la familia Nawajah fuera expulsada por tercera vez de su tierra.

La apelación de Regavim fue en venganza por la demanda palestina y pretende presentar una falsa simetría entre los residentes de la aldea palestina y los de la colonia judía. El hecho real es que los aldeanos no se ‘apropiaron’ de ninguna tierra judía, sino que han sido propietarios de ellas por generaciones.

Los colonos alegan que los aldeanos constituyen un “riesgo a la seguridad”, pero la realidad contradice esa lógica. La colonia Susiya deliberadamente carece de una valla de seguridad, y es la aldea palestina la que sufre ataques frecuentes. En su apelación, los palestinos presentaron 93 casos de violencia perpetrada por los colonos, a menudo armados y enmascarados. Desde entonces los incidentes han ido en aumento.

Mediante amenazas y violencia, los colonos han impedido a los habitantes de Susiya acceder a unas 300 hectáreas de su tierra, en la cual también hay numerosos aljibes. Se ha documentado a los colonos cortando árboles de olivo, robando cosechas y dañando propiedades. Desde 2007, los residentes de Susiya han presentado 126 denuncias ante la policía israelí en Hebrón; casi todas han sido archivadas sin que se formularan cargos.

En 2013 y después de una larga espera, la Administración Civil rechazó una propuesta de plan territorial para Susiya presentada por la aldea con el apoyo de la organización Rabinos por los DDHH. La autoridad ocupante explicó su rechazo diciendo que planea trasladar a la población de Susiya a Yatta, la cercana ciudad palestina ubicada en el Área A -en teoría bajo control de la ANP. El traslado forzoso significaría perder sus tierras y su forma de sustento y de vida pastoril, pero Israel afirma cínicamente que será beneficioso para los habitantes de Susiya:

Vemos el actual plan [propuesto por la aldea] como otro intento de impedirle a una población pobre y carenciada avanzar y elegir entre un ingreso parcial y otros potenciales recursos; es impedirle a la mujer palestina romper el ciclo de pobreza y privarla de oportunidades educativas y profesionales. Del mismo modo, al condenar a los niños palestinos a vivir en una aldea pequeña y primitiva, sin medios para el desarrollo, el plan les impide conocer las oportunidades disponibles para cualquier persona. Nuestra recomendación es que el plan sea rechazado de plano.

Después que el plan fuera rechazado, Rabinos por los DDHH solicitó a la Suprema Corte que revocara la decisión. Pero en mayo la Corte se alineó con la autoridad ocupante, castigando a los habitantes de Susiya por “tomar la ley en sus propias manos” y continuar construyendo sin permiso. El veredicto ignoró que son los colonos y las autoridades israelíes las que violan el Derecho Internacional, no los nativos palestinos.

La Suprema Corte de Israel se hizo eco de la visión de Yochai Damri, un líder colono de la región, que espera apoderarse de la tierra vaciada. Hablando al periódico británico The Independent, Damri describió a los aldeanos de Susiya como “criminales que invadieron un área que no les pertenece”.

Video de la anterior demolición de Susiya:
“A community to be destroyed”, video realizado por el Alternative Information Center cuando pendía la amenaza de demolición en 2012 (3:46′): 

 

El Área C como mecanismo de limpieza étnica

Susiya está ubicada en la llamada ‘Área C’ de Cisjordania. Eso significa,  según los Acuerdos de Oslo, que está bajo total control administrativo y militar de Israel.

Desde el punto de vista del Derecho Internacional Humanitario, tanto el traslado de población ocupante al territorio ocupado como la expulsión de la población ocupada de su territorio son considerados crímenes de guerra. Por eso las demoliciones y el desplazamiento forzado en el Área C constituyen no sólo una provocación, sino una violación sistemática del Derecho Internacional. De hecho el ejército israelí lleva a cabo demoliciones en el Área C de forma rutinaria, desplazando familias palestinas a un ritmo elevado.

La ausencia de planeamiento territorial en todas las regiones designadas como Área C evidencia la política intencional israelí de expulsar a la población palestina del 60% del territorio de Cisjordania. Esa ausencia va acompañada de demoliciones y sistemática negación a los palestinos de permisos para construir, mientras las colonias judías en la zona se expanden continuamente.

Mientras en 1972 se aprobó el 97% de los 2134 permisos palestinos solicitados, en 2005 se aprobaron sólo 13 de los 189 permisos solicitados (el 6,9%), a pesar de la dramática disminución de solicitudes. En el mismo período, se construyeron 18.472 viviendas en las colonias judías.

Esto va acompañado de una negación de la infraestructura básica de electricidad, agua, educación y servicios de salud a las comunidades palestinas, mientras en la misma zona los colonos cuentan con excelentes servicios y planificación urbana. Estos hechos muestran claramente que no se trata de problemas legales, sino de una política estatal que busca expulsar a la población palestina del Área C.

Una realidad que es idéntica a las políticas que Israel aplica también sobre las comunidades palestinas al oeste de la Línea Verde, particularmente en el desierto del Negev/Naqab. El plan sionista es siempre el mismo y no ha cambiado desde hace siete décadas: judaizar toda la tierra de Palestina y expulsar a la población árabe nativa.

Los residentes de Susiya viven en carpas y cuevas sin acceso a agua corriente ni electricidad. El asentamiento ilegal israelí cercano posee de estos servicios básicos en abundancia.

Los residentes de Susiya viven en carpas y cuevas sin acceso a agua corriente ni electricidad. La colonia ilegal israelí (luces atrás) posee todos los servicios de una ciudad de primer mundo.

From Al Araqib to Susiya“, realizado por Jenny Nyman para ADALAH, muestra el desplazamiento forzado a ambos lados de la Línea Verde (15′):

 

Indignación generalizada

La inminente destrucción de Susiya ha provocado una inusual resistencia en el principal aliado de Israel: Estados Unidos. John Kirby, vocero del Departamento de Estado, calificó la demolición prevista como “nociva y provocadora” y afirmó “instamos enérgicamente a las autoridades israelíes a que se abstengan de llevar a cabo cualquier demolición en la aldea”. También dijo: “nos preocupa que las demoliciones (…) establezcan un patrón para el desplazamiento y la confiscación de tierras”.

El coordinador humanitario de Naciones Unidas para los territorios palestinos ocupados (OCHA), Robert Piper, también visitó Susiya acompañado por altos diplomáticos europeos, y declaró en un comunicado: “Susiya simboliza un patrón de injusticia que se repite en muchas partes de Cisjordania. Demasiadas comunidades son amenazadas e intimidadas, ya sea por los procesos legales, las excavadoras o la violencia de los colonos, para que se trasladen o renuncien a sus tierras agrícolas y de pastoreo de las que dependen para sobrevivir”. OCHA calcula que 280 palestinos se han quedado sin hogar en lo que va del año por las demoliciones.

La Unión Europea también ha condenado la inminente expulsión. En junio, representantes de los 28 países miembros llegaron a la aldea para demostrar su oposición colectiva al plan israelí.

El 19 de julio Nasser Nawajah, que trabaja para la organización israelí de derechos humanos B’Tselem, escribió a la responsable de política exterior de la UE, Federica Mogherini, exigiendo que el bloque suspenda los acuerdos comerciales con Israel hasta que éste respete el Derecho Internacional. Según el “acuerdo de asociación” vigente desde 2000, la UE sólo puede profundizar sus relaciones con Israel si éste respeta los derechos humanos.

Aunque la amenaza de demolición y expulsión pende sobre muchas comunidades vulnerables ubicadas en el Área C, en las últimas semanas Susiya se ha convertido en el centro de la atención general y en un símbolo de la resistencia y resiliencia palestinas, sintetizadas en la expresión árabe sumud.

Además de la presión y las visitas diplomáticas, activistas de toda Palestina, organizaciones israelíes e internacionales mantienen una presencia permanente en Susiya –especialmente desde el fin del Ramadán-, y las grandes agencias y medios de comunicación de todo el mundo se han hecho presentes en el lugar (incluidos The Guardian, The New York Times, The Washington Post, Al Jazeera, etc.). Las activistas han lanzado también campañas masivas en las redes sociales y convocaron a movilizaciones de apoyo a Susya en varias ciudades de Palestina e Israel. De concretarse la demolición anunciada, esta vez tendrá una enorme visibilidad, y contribuirá sin duda a deteriorar aún más la pésima imagen internacional de Israel.

Las y los habitantes de Susiya continúan luchando sin rendirse por su derecho a vivir en su tierra. Y mientras temen la llegada de los buldóceres, a pocos metros, en la colonia judía, las máquinas preparan la tierra para seguir construyendo.

* Elaborado en base al artículo de Charlotte Silver en Electronic Intifada y al blog Susiya Forever.

 

“My home is everything”, con testimonios de habitantes de Susiya (10:17′):
Ver aquí una bellísima galería de fotos tomadas por las mujeres de Susiya en 2010-2011 en un taller del Centro Creativo y de Aprendizaje de Susiya.
Ver aquí varios videos cortos sobre Susiya.
Blog Susiya Forever
Páginas en Facebook:
Susiya Forever
Stand with Susiya – No to Demolition
Susiya Centre
Campaña en Thunderclap para realizar una ‘tormenta de Twitter’, del Comité de Coordinación de la Lucha Popular
Petición para firmar contra la destrucción de Susiya (de Rabinos por los DDHH)
Campaña de B’Tselem
Carta de Nasser Nawajah al ministro Neptali Bennett (2014, en inglés).
Displacement“, un video que ilustra en 5:53 minutos la limpieza étnica y el desplazamiento forzado de palestinos/as que Israel lleva a cabo desde el Mediterráneo hasta el Jordán:

Ver también en este blog: Este pueblo es invencible.

 

Acerca de María Landi

María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén).
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